Filosofía de célula, virus y viroides

Es complicado definir vida. Por la sencilla razón de que es un fenómeno evolutivo. Es decir, no es un estado estacionario. La vida misma ha concretado algunas de sus características desde su origen. Incluso ha adquirido algunas que consideramos hoy como algo esencial, consustancial a la vida. Pero que no las tenía al principio.

Para resolver la cuestión podemos recurrir a dos enfoques. Uno inclusivo, que trate de recoger todo lo que sea vida. Es un enfoque maximalista. Otro restrictivo. Que busca qué es lo mínimo que comparten todas las formas de vida. Incluso las más extremas, las que están en la frontera, las que dudamos en incluirlas dentro de lo vivo, como virus y viroides. Este es más bien minimalista. Sea cual sea el enfoque, en ambos casos hay que ir a las raíces, al origen de la vida. Para comprender qué tenía entonces, y definirla así (restrictivo) o para recoger toda la variedad que ha desarrollado desde entonces (inclusivo).

Hoy, tras haber leído un artículo de opinión de Edward Trifonov, me centro en el enfoque restrictivo. Gracias a él podemos llegar a una idea: la de información almacenada en moléculas, capaz de autoreplicarse fielmente, pero no exactamente, y de crear un entorno favorable a ese proceso; o de aprovecharlo si lo encuentra.

Viroide
Tomado de Cronodon.com

Esa definición altera la idea que tenemos de célula. Porque la célula ya no sería la vida, sino ese entorno favorecedor. Un entorno que la vida crea porque contiene las instrucciones para ello. O también un entorno que la vida aprovecha cuando lo encuentra. Y así incluimos virus y viroides como formas de vida. Porque sabrían usar entornos ya creados, aunque no sean propios. Tendrían por tanto dos modalidades: vida y vida a la espera de ser vida.

Con este concepto la vida baja a un nivel molecular. Y no sale de ahí. Y todo lo demás su hábitat. La vida no sería, entonces, un fenómeno celular. La célula dejaría de ser la unidad mínima de vida para cederle el trono a una molécula capaz de autorreplicarse al encontrar un entorno favorable para ello. Y capaz de pervivir mientras lo encuentra y no lo encuentra.

¿Y tú y yo? ¿Qué seríamos tú y yo? Seríamos portadores de vida. Pero no seríamos vida. Seríamos su producto, su entorno, su hábitat.

Bueno, como puedes comprobar, todo esto es modos de mirar. Uno de entre varios posibles. Ni siquiera uno que me convenza plenamente porque yo me inclino por entender la vida como una propiedad emergente, algo que ninguno de sus elementos tiene pero que aparece cuando se juntan todos. Algo que posee el conjunto pero no las partes. Igual que las ruedas de un coche o su volante no tienen la propiedad “ir a alguna parte” a no ser que se organicen con todos los elementos necesarios.

Pero me ha interesado mirar así. Me gusta contemplar las cosas desde varios ángulos. Me amplía. De hecho, admito que tiene mucho sentido desde el punto de vista de la biología molecular.

Pero, ¿sabes que te digo? Que sea yo un ser vivo o un mero portador, me voy. A tomar un café. Ahora mismo… :P

Cómo conseguir que la geología sea fiable

La Geología, como ciencia, tiene un problema. Su método. Y es que hay partes en esa ciencia cuyas preguntas sí que pueden responderse con la metodología habitual de cualquier ciencia: observación, experimentación, modelización y simulación. Peeeero…

Pero en Geología las incertidumbres son muy grandes. Y los resultados tienen que acomodarse a esas incertidumbres y contener un amplio margen de error.

¿Por qué en geología existe tanta incertidumbre? Porque es muy complicado observar y experimentar. Y sin buenas observaciones y experimentos, es complicado alimentar modelos y simulaciones con datos de calidad para que rindan resultados con garantía.

En Geología solo se puede observar extensa y directamente lo que haya en la superficie. Esto es lo que se llama un método directo. Observas realmente lo que hay, experimentas con ello. Pero solo tenemos acceso real a la superficie. Tú pensarás ¿Y no podemos excavar? Y sí, sí podemos. Podemos sondear lo que haya cerca de la superficie. Pero… ¡Pero no podemos llenar de agujeros todo el planeta! ¿Entonces? ¿Qué hacemos? Es verdad que los sondeos son un método directo porque realmente tomas datos de lo que existe. Pero con ellos solo podemos saber realmente lo que había en ese agujero. Para otros lugares tenemos que extrapolar. Es decir, tenemos que intentar suponer lo que allí hay a partir de diversos datos de diversos sondeos. Es verdad que se puede comprobar si el método va bien. Porque se puede intentar predecir qué nos vamos encontrar y luego excavar. Y así comprobar que vamos bien o tenemos que corregir algo. Pero, en último término, siempre tenemos que extrapolar, que suponer. Y eso conlleva incertidumbre.

Y con el resto de la Tierra, ni te cuento. Son regiones en las que no hemos estado y no es previsible que podamos ir. Será muy complicado obtener datos de allí. ¿Entonces? Usamos métodos indirectos. En vez de medir lo que no podemos, medimos lo que sí podemos o sea más fácil. Y buscamos a ver si hay una relación entre lo uno (lo que no puedo) y lo otro (lo que sí). Si encuentro una asociacion, entonces basta con fijarse en una cosa para calcular la otra. Es lo que se llama un método indirecto. Esto también implica grandes incertidumbres. Porque puede que la asociación no sea correcta.

Te pongo un ejemplo. Yo miro los meteoritos y, como el planeta se formó a base de la unión de muchos de ellos, supongo que si averiguo su composición química, averiguo la del planeta. ¿Correcto? No. Porque queda la incertidumbre de si los meteoritos que hay hoy representan bien a los meteoritos que hubo cuando nació nuestro planeta. Es posible que alguno de los tipos de entonces ya no exista hoy al haberlo engullido la Tierra en su crecimiento.

O sea… ¿Que no hay manera de despejar las incertidumbres? Sí, sí la hay.

Puedo estudiar algo con varios métodos e ir reduciendo los resultados posibles hasta quedarme solo con los más probables. Te lo explico gráficamente.

Correlación 1 Correlación 2
Tomado de Perl/Bioinfo Modificado de Perl/Bioinfo

Como ves en el gráfico de la izquierda, con un método de investigación, el que sea, hay una cantidad de resultados posibles muy grandes. Todos los que están dentro de la zona verde. Aunque los más probables son todos los que están dentro de la línea negra. Demasiado poco concreto parece el método… Pero si aplicamos un segundo método y obtenemos unos segundos resultados, como muestra el gráfico de la derecha, aunque también haya incertidumbre, solo la región de intersección es válida para los dos. Por tanto, hemos reducido la gama de lo que puede ser a un valor más concreto. Y si aplicáramos un tercer método, aún habría más posibilidad de afinar.

Aunque la Geología es una ciencia de incertidumbres, también cuenta con maneras de evitarlas. Y lo que cuenta es muy, muy fiable. Aunque seguro que el planeta tiene reservadas sorpresas para nosotros todavía.

Pastafarismo y bosón de Higgs

Dice wikipedia:

FSM
Flying Spaghetti Monster en Wikipedia (Head CC-BY-SA 3.0)

El pastafarismo, o también religión del Monstruo de Espagueti Volador (del inglés: Flying Spaghetti Monster, FSM), neologismo derivado de pasta (espagueti) y rastafarismo, es una religión paródica, surgida como protesta social en EE.UU. para denunciar y oponerse a la difusión de la hipótesis del diseño ¿inteligente?, impulsada por sectores políticos y religiosos conservadores durante los mandatos del Presidente George W. Bush, y a las corrientes de opinión que pretendían su equiparación con teorías aceptadas por la comunidad científica como la de la evolución biológica.

Es decir, que el pastafarismo trata de evidenciar que la religión es la religión y su campo el de la creencia. Y que la ciencia es la ciencia, y su campo el del conocimiento objetivo. Y que mezclar ambas conduce a un absurdo. ¿Quién podrá decir, si el pastafarismo acumula suficientes seguidores, que una idea absurda que proponga no llegue a la escuela?

Pero…

Pero, la verdad, qué quieres que te diga… Después de ver el aspecto del bosón de Higgs, y después de saber que le llaman (erróneamente) la “partícula de dios” (god particle, a pesar de que su nombre original era goddamm particle, o partícula puñetera), después de todo eso, te decía, a lo mejor termino creyendo en la existencia real del “Flying Spaghetti Monster“, la divinidad del pastafarismo… Jejeje…

Bosón de Higgs
Visto en Boing-Boing (Maggie Koerth-Baker)

Te dejo la mejor explicación que he encontrado del bosón de Higgs, y de cómo dota a las partículas, no solo de masa, también de identidad.

Espacio y tiempo más allá y más acá del ojo y de lo cotidiano

A veces no terminamos de comprender lo muy extraña que le hubiera debido parecer nuestra ciencia, y nuestra concepción del mundo, a gentes de hace apenas cuatro o cinco siglos, o más atrás. Definitivamente, los instrumentos que nos permiten explorar lo muy pequeño y lo muy grande, arrancado con los microscopios y los telescopios, fueron la fuente de la revolución científica que trajo el establecimiento del método científico. Que no es otra cosa que un protocolo para considerar que el conocimiento adquirido a través de la experiencia es objetivo, y no subjetivo. Es decir, que da igual el observador, lo observado será siendo lo mismo.

En la raíz de esa exploración de los espacios mínimos y máximos está la lente. Que es el instrumento que hemos usado para domesticar la luz. Para hacerla converger en un punto y poder observar. O para hacerla diverger y poder amplificar la información qué hay en esa luz. O, combinándolas, aprovechar las propiedades de ambos tipos.

Hoy tenemos más maneras de explorar los mundos pequeños y los gigantescos. Hoy hemos aprendido a mirar con más detalle las distintas informaciones que proceden de allí. Fotones de todas las longitudes de ondas, partículas subatómicas, cargas eléctricas, gravedad… Hoy tenemos más información sobre esos mundos que la que nos da la mera luz.

Para los mundos de tiempos muy cortos o de tiempos muy prolongados hemos descubierto otra herramienta. El cálculo diferencial y el cálculo integral. Aquí nuestro microscopio y nuestro telescopio es, en los dos casos, la matemática.

No puedo ni imaginar lo extraño que hubiera resultado para gentes del siglo II d.C., p.ej., ver este vídeo…

La ciencia y la censura

Tengo muchas dudas acerca de qué hacer con un blog como este. Por un lado me parece un espacio de reflexión personal necesario. El que no haya escrito en los últimos tiempos refleja que no estoy leyendo lo suficiente de ciencia. En ese sentido, el blog es mi conciencia. Pero por otro veo más ágiles otros modos de comunicar lo que pienso, descubro, dudo… Google plus es uno de esos modos.

Google Plus
Logo de Google Plus

En google plus la posibilidad de comentar una noticia es mucho más ágil que en el blog. Y la posibilidad de que esa noticia sea compartida por otros, lo cual convierte en mucho, mucho más social el trabajo. Me lleva mucho menos tiempo escribir allí que en el blog. Para muchas cosas es más eficiente. Para comentar la cotidianeidad o la novedad. Ese tipo de cuestiones aparecerán allí mucho más que aquí.

Pero a veces la novedad y la reflexión se encuentran. Esta es una de esas veces. Y te traigo aquí lo que escribí allí. Porque creo que merece una reflexión. ¿Qué papel juega la sociedad en la orientación de la ciencia? Y es que la ciencia es una actividad social, y como tal, sujeta a la decisión política. ¿Puede la política evitar que conocimientos científicos sean divulgados? Yo creo que sí. ¿Indiscriminadamente? Yo creo que no.

Poderes extraordinarios deben conllevar deberes extraordinarios. La ciencia nos ha llevado a impresionantes cotas de poder para modificar nuestra vida, para moldearla. Una ciencia tan poderosa debe estar sujeta a la voluntad de la gente. Una ciencia tan poderosa debe estar atada a la democracia. Pero sujeta no quiere decir impedida. Una parte esencial de la ciencia es la comunicación. Sin comunicación no hay ciencia, no hay transferencia de conocimiento para validar sus resultados, para usarlos, para tomar mejores decisiones. La ciencia, aún sujeta, debe seguir siendo libre.

En algún punto ha de estar el equilibrio… En algún punto deben coexistir la legítima aspiración de las sociedades a que sus recursos invertidos en ciencia resulten optimizados y la legítima aspiración de la ciencia a conocer y comunicar todo lo que pueda ser conocido y comunicado.

Bozal
Tomado de Letras Perras (CC-BY-NC-ND)

Aquí te dejo lo que pensé que debía escribir en G+ acerca de esta noticia que me ha repugnado, para ver si existía la posibilidad de conversar con alguien sobre el tema. Una noticia en la que creo que ese equilibrio no se ha alcanzado. Una noticia en la que la democracia representativa se manifiesta, cada vez más, como un sistema opresivo e injusto, sujeto a grupos de presión y a tomas de decisión alejadas de la voluntad de las personas, cada vez menos capaz de garantizar la voluntad de la gente. Creo que es una muy mala noticia: “Canadian government is ‘muzzling’ its scientists” (El gobierno canadiense pone “bozal” a sus científicos).

Creo que la noticia de la BBC importa. Voy a tratar de dar bandazos de un lado a otro intentando explicar mi posición…

Por un lado, estoy convencido de que la ciencia debe estar sujeta a la política mediante la financiación pública de unas determinadas líneas de investigación que se consideren prioritarias. La sociedad debe consensuar a qué dedica recursos limitados, claro que sí.

Pero por otro lado toda línea de investigación científica debe poder ocurrir. Debe haber libertadpara investigar. Incluso si puede causar daño. Porque la ciencia no es tecnología, sino conocimiento.

Pero los resultados que puedan causar daño deberían estar sujetos a algún tipo de vigilancia por parte de la sociedad, que les impida convertirse en tecnología lesiva.

Pero si no comunicas tus resultados, la ciencia no sucede. Debe haber libertad para transferir ese conocimiento a otras instancias. A tus pares para que lo revisen y validen, a otros interesados y usuarios para que lo puedan incorporar a sus tomas de decisiones.

Parece que poderes extraordinarios, como los que suministra el conocimiento acumulado por varios miles de años de ciencia, varias décadas de ciencia acelerada, requieren deberes extraordinarios. En alguna parte está la divisoria entre lo que está bien que ocurra y lo que no. Pero no es una línea neta, definida. Más bien una zona gris. En alguna parte está la ciencia que acelera nuestra búsqueda de la felicidad y proporciona utilidad a la gente. Y en alguna parte la ciencia que hoy resulta inútil, que no aporta gran cosa a la sociedad.

Pero, lo que nunca, nunca debe existir en la ciencia, es censura sin proporción. Censura incapaz de equilibrar medios y objetivos. Censura administrativa indiscriminada. Impedir a la ciencia hablar con la prensa, o con cualquiera, es impedir a la ciencia transferir conocimiento a la sociedad. Solo debe hacerse cuando esté absolutamente justificado.

Ejemplo de censura que creo útil: no deben publicarse los resultados de las mutaciones que convierten al virus de la gripe H5N1 en letal.

Ejemplo de censura que me repugna: la prensa debe pedir permiso al gobierno de Canadá para entrevistar a científicos, los cuales tienen prohibido hablar con ellos sin esa censura previa. Sea cual sea la línea de investigación del científico.

Esta noticia no viene en los libros de texto, pero sí en el currículum…

¿La debatimos si te es útil? En G+ mejor, creo…

Neutrinos que tendrán que encajar en la ciencia, o cambiarla

CERN
Fuente: Cyberspaceorbit

Hoy hemos comentado en clase sobre la naturaleza de la ciencia. Hemos descubierto que la ciencia es una actividad que busca conocimiento objetivo. Y en eso se diferencia de la creencia. Por tanto, para explicar un fenómeno, un hecho, un sistema material… solo puede haber *una* teoría. En cambio, puede haber muchas religiones, todas verdaderas para cada persona.

También hemos comprobado que la ciencia no aporta verdades. Sí puede, en cambio, revelar que algo es mentira. Porque cualquier experimento podría dar al traste con lo que hoy consideramos verdad… Es decir, que la ciencia está hecha de teorías que consideramos verdad provisionalmente. Que son útiles para tomar decisiones, pero que podrían cambiar.

En eso también se diferencian de las religiones, de las creencias. Que afirman que todo lo que indican es cierto para los que decidan creer en ellos. No hablan de conocimiento provisional ni objetivo, como la ciencia.

Y hemos usado el ejemplo de los neutrinos que parecen ir más rápido que la luz. Porque han salido en los periódicos, se han hecho famosos. Y porque no encajan en el conocimiento que hay hoy en día… ¿Qué ocurre cuando algo no encaja? Que hay que investigar más, mucho más. Con la mente puesta en que todo podría cambiar. Pero sabiendo que, hasta que no sepamos a ciencia cierta qué ocurre, seguiremos con la verdad provisional aceptada que llamamos teoría. Seguirá guiando nuestras tomas de decisión. Mientras tanto… Y sabiendo que algún día tendremos que cambiarlas, cuando cambiemos de teoría.

Por cierto… Es importante que sepamos que estos conocimientos no vienen en los libros de texto. Es importante que no creamos que los libros de texto son importantes. Son un pequeño complemento. Pequeño y muy caro. Si los colocamos en un lugar central en la educación nos perderemos la posibilidad de aprender de lo que pasa un día concreto, a lo largo del curso… Eso no lo trae un libro de texto, no…

Libros de texto en la ciencia

Libro de texto
Fuente

El libro ha sido, sobre todo desde la imprenta, la manera en la que nos hemos comunicado. Y ha cumplido un buen papel, sin duda. En la ciencia, especialmente.

Al inicio de una ciencia, cada investigador tiene una visión particular de lo que debería ser. Y tiene que escribir grandes libros, hechos a veces de muchos tomos, para explicarse. Porque la ciencia está en sus inicios y no puede hacer referencia a muchas ideas compartidas. Se ve obligado a contar “su” ciencia desde los cimientos.

Pero conforme la ciencia avanza y se impone un paradigma, los libros adquieren otra función: recoger lo básico, lo que es común, lo que está aceptado. En cuanto a ideas y a métodos de investigación que han generado esas ideas. Y nace el libro de texto para cumplir con eso. A partir de ese momento, los investigadores no tienen que contarlo todo, sino solo lo más nuevo. Se pasa de una ciencia individual a otra más colectiva. Con los libros de texto recogiendo el acervo común. Así, la formación de los futuros investigadores finalizaría cuando conocieran el contenido de los libros de texto y pasaran a investigar la realidad por su cuenta, añadiendo cosas.

Y la comunidad científica deja de comunicarse entre sí mediante libros para hacerlo mediante artículos en revistas científicas. Es decir, se pasa obras extensas a obras intensas. En las cuales se examina, con un nivel altísimo de detalle un fenómeno nuevo que encaja en el paradigma, o una aplicación nueva del paradigma a algo conocido anteriormente, o la resolución de una anomalía, o la aparición de una anomalía, o una nueva manera de obtener información relevante… Así, el libro de texto ya no es útil para exponer la ciencia particular de un investigador, pero sí que puede exponer la ciencia compartida por todos. Los artículos se ocupan de las cosas nuevas que ensanchan el paradigma o lo desafían, mientras que en el libro de texto aparece la versión estable del paradigma.

Pero que el libro de texto haya sido útil para la formación de los nuevos científicos no quiere decir que sea una buena idea usarlo para todo.

Se ha pensado que el libro de texto pudiera ser una herramienta también útil en la formación básica de la población. Y se ha demostrado, una y otra vez, su fracaso. Y lo que es peor. Se ha venido seleccionando a la población en función del conocimiento que se supone adquirido de los paradigmas a través de los libros de texto. Y digo supone porque los medios de verificación han sido meras repeticiones del paradigma o sencillas (o no tanto) aplicaciones de sus conceptos básicos a situaciones definidas, con una única respuesta válida.

Es decir, que algo que nació con un sentido (transmisión de los paradigmas de una ciencia), ha sido usado para otro destino completamente distinto (como única herramienta educativa y como principal herramienta de la clasificación de las personas).

Libro conectado
Fuente: Zonageek

El libro de texto da lo que da: el estado actual de un paradigma. Es decir, se centra en el pasado. Pero no dice nada del futuro. Y, además, suele obviar los caminos por los que se ha llegado a ese paradigma, lo que puede llevar a creer que ese es el único posible. Además, raramente los libros de texto son interdisciplinares, no mezclan ideas de varios ámbitos. No es su función. Y tampoco se ocupan de promover talentos distintos de los requeridos para formar investigadores. No hablan de expresión corporal y artística, tomas de decisiones complejas que requieran integración de informaciones, cambios de opinión ante mejores evidencias, sistemas para compartir y reutilizar lo compartido por otros, no incluyen nada respecto a cómo aplicar las ideas a situaciones nuevas o de nuevas maneras… Tampoco es su papel.

La escuela se ha apropiado de una herramienta que no era suya y la ha usado mal. Ha usado un martillo como calzador. Eso no quiere decir que los libros de texto sean inútiles, como tampoco lo es un martillo. Es la (pésima) consecuencia de diseñar el sistema educativo entorno a disciplinas, entorno al detalle.

Muy probablemente cada rama del saber seguirá necesitando sus libros de texto. Y muy probablemente, quitando los libros de texto de la educación terminaremos promoviendo su buen, pero limitado, uso: transmitir paradigmas ya asentados, que miran al pasado pero no dicen nada del futuro. Porque el futuro es de las interacciones, y de la innovación, y del liderazgo, y de la flexibilidad mental, y de la creatividad… Y eso no aparece en los libros de texto.

Cuando buenos descubrimientos no sirven (hasta 1.700 años después)

Hace ya mucho que se sabe que la Tierra es redonda. Y también, cuál es su tamaño. No solo eso, también hace mucho que se sabe a qué distancia está la Luna y cual es su tamaño, también. E incluso, hubo una propuesta de tamaño para el Sol que se quedó corta, bastante corta. Pero que dejaba bien claro que el astro era mucho más grande que la Tierra. Los protagonistas fueron Eratóstenes, Hiparco y Aristarco.

Eratóstenes
Fuente: jcarpint

Ya es famosa la historia de Eratóstenes, y ha sido muy contada. Hacia el 240 a.C. (¡hace 2.250 años!), comprobó que en la fecha equivalente a nuestro 21 de junio, al mediodía, el Sol estaba exactamente vertical (cénit se llama eso) sobre la ciudad egipcia de Siena. Y eso hacía que sus rayos iluminaran pozos hasta el fondo. Pero en Alejandría, 750 Km al norte, no pasaba lo mismo. Basándose en este dato Eratóstenes llegó a la conclusión de que la superficie de la Tierra tenía que ser curva. Y calculó que el planeta era una esfera de 6.000 Km de radio. La cifra real es 6.370, luego erró en un 6%… ¡hace 2.250 años!

Aristarco, algo después que Eratóstenes, calculó un posible tamaño para la Luna y para el Sol. Equivocó ambos, pero lo valioso de su trabajo es que dejaba bien claro que el Sol era un objeto enorme. Mucho más grande que la Tierra. Y eso que el creía que su tamaño era 20 veces más pequeño que el real…

Hiparco, después, de ellos, basándose en la sombra de la Tierra proyectada sobre la Luna, calculó que la distancia entre Luna y Tierra era 60 veces el radio terrestre, cifra que se aproxima muchísimo a la realidad. Y, a continuación, calculó, también con mucha exactitud, el tamaño de la Luna.

O sea… ¿Que hace 2.250 años ya sabíamos cómo era el sistema solar? Pues básicamente sí. ¿Y qué pasó para se tardara 1.700 años, que se tuviera que esperar a la época de las ideas de Copérnico, apoyadas por el telescopio de Galileo, para que apareciera la teoría heliocéntrica?

Pues que los conocimientos de estos científicos griegos contradecían gravemente la lógica, el conocimiento, el saber el sentido común de entonces, de hace 22 siglos. Que era la teoría geocéntrica. La cual, por otro lado, es bastante lógica. A ver…, ¿tú cómo ves la Tierra, plana o esférica? ¿Y tú ves que la Luna sea más pequeña que el Sol? ¿Y no es el ser humano lo más importante de la creación bíblica, tan importante que tiene que vivir en el centro del Universo?

No, no… hubo que esperar a contar con mejores observaciones, 1.700 años después, para que las ideas lanzadas por Eratóstenes, Aristarco e Hiparco se tradujeran en una forma de pensar más avanzada. También hubo que esperar a que la ciencia sustituyera a la religión como la principal manera de explicar el mundo.

Y es que, en su época, hace 22 siglos, esas ideas creaban más problemas de los que resolvían. Porque no se sabía lo suficiente.

En Amazings.es, sobre cuando nace una idea científica

Post en Amazings.esEstoy aprendiendo a escribir breve. Es lo que tiene colaborar en Amazings.es, que con tanto genio por ahí suelto, algo se te pega. :)

He escrito allí otro post (Las buenas ideas, antes fueron malas) en el que trato de contar una cosa sobre la ciencia. Hay momentos de incertidumbre a lo largo de la historia del conocimiento. Momentos en los que no está claro qué sucede. Suelen aparecer en los inicios de alguna exploración, o cuando desarrollas algún tipo de instrumental que te da acceso a nueva información. Son momentos en los que hay diversas explicaciones posibles, que compiten entre sí. Son momentos de diversidad de ideas. Descabelladas muchas. Pero alguna es más cierta que las demás. Solamente una, eso sí.

Es un proceso muy darwiniano, creo… :)

Porque la mejor idea no es la que mejor explique el proceso en sí, sino la que mejor encaje con todas las demás ideas que tenemos. Gana la idea que más se adapte al contexto, que menos distorsione lo que ya sabemos.

Esto es algo que, en muchas ocasiones, no se suele tener en cuenta. No basta un descubrimiento científico que contradiga algo que se supone cierto para tirar abajo todo el edificio de la ciencia. Por dos razones. Una, porque se necesita una anomalía persistente, insatisfactoria, resistente a todas las explicaciones científicas que tratan de abordarla. La otra, porque los resultados suelen ser interpretables en la mayoría de los casos. Bajo la luz de la estadística y de las demás ideas que tenemos acerca de cómo es el mundo. Por tanto, hay que ir abandonando ese mito de que los experimentos dan conclusiones inequívocas.

Por eso tardan tanto algunas ideas de apariencia descabellada en imponerse (y así debe ser; lo descabellado, en la mayoría de los casos, suele terminar siendo eso, descabellado). Porque tensionan tanto el estado actual del saber que es necesario tiempo para avanzar, descubrir nuevas ideas, nuevos fenómenos. Y en muy diversos campos. Eso no sucede sino hasta después de mucho tiempo de muy duro trabajo.

En el post de Amazings.es te cuento el caso de los antecedentes de la Tectónica de Placas. Que, sorprendentemente (o no tanto) se remontan al siglo XVII. Y el instrumento precursor de todo aquel descubrimiento fueron el sextante y los relojes marinos de precisión, que permitieron elaborar buenos mapas y dejar volar la imaginación de gente como Antonio Snider. Pero se necesitó el duro trabajo de mucha gente durante dos siglos para llegar al estado de conocimiento que tenemos hoy.

Un error histórico (matemático)

La polisemia es un fenómeno lingüístico que sucede cuando una palabra tiene varios significados. Y entonces hay que mirar el contexto para averiguar qué se quiere decir con ella. Pero la polisemia también en un fenómeno matemático. Y también hay que mirar el contexto. Aunque es increíble que en matemáticas haya polisemia. Tan ordenadita que se considera a ese campo del saber…

Y tú dirás: “bueno, pero seguro que será algo sin importancia, o poco frecuente…”. Pues no. La polisemia, en matemáticas, afecta a algo muy gordo. Sumar y restar, por un lado, y el signo de los números enteros por el otro. Algo fundamental que trae de cabeza a muchos alumnos y alumnas.

Y es algo muy grave, porque puedes confundir un verbo con un adverbio…

No,no, decididamente, algún matemático (yo no sé quién fue) metió una pata muy gorda que con los años nos ha causado molestias a todos los científicos. Porque las matemáticas son el lenguaje de la ciencia.

Reglas matemáticas
Fuente: Interlink Headline News 2.0

Resulta que sumar (o restar) es un verbo, claro. Poner, quitar, crecer, reducir, añadir, disminuir, subir, bajar, adelantar, retrasar… Todas ellas son acciones asociadas con “sumar” y “restar”. Todas ellas son acciones asociadas a los signos “+” y “-”.

Pero resulta que más (o menos) es un adverbio. Un tipo de palabra completamente distinta al verbo. Arriba, abajo, delante, detrás, antes, después, izquierda, derecha… Todas ellas son modificadores (hacia dónde, cuándo) relacionados con “más” o “menos”. Y también todas ellas son palabras asociadas a los signos “+” y “-”.

Mmmm… No, no es una buena idea que dos cosas distintas sean representadas por el mismo símbolo. Porque el alumnado puede confundir +7 con +7. ¿Parecen iguales? Pues sí, sí. Pero uno quiere decir “suma 7 (o gana, o pon, o crece…)” y otro quiere decir “7 hacia la derecha (o hacia arriba, o hacia el frente, o hacia el futuro…)”. No, no son lo mismo. Aunque lo parezcan.

Y es que si es “sumar 7″, el + no forma parte del número. Dice qué hace el número, pero no forma parte de él. Pero si es “más siete”, el signo forma parte del número. No le puedes quitar el signo a un número por la misma razón que no le puedes quitar la parte alta horizontal al siete. El signo forma parte del número en ese caso.

¿Qué han hecho los matemáticos para reparar el problema? Pues no mucho. Podrían haber inventado signos nuevos, que aclararan la situación. Pero en vez de eso la dieron por buena. Porque ellos saben distinguir entre signo y operación. Eso sí, cuando tienen dudas, usan los paréntesis. La operación va fuera del paréntesis y el signo dentro. Y como ellos trabajan sobre una recta, la recta de los números, pues ocurre que +(-7), que se lee “poner siete a la izquierda” da el mismo resultado que -(+7), que se lee “quitar siete de la derecha”. Es decir, para un matemático, esta polisemia, realmente, no tiene gran importancia.

Pero para una célula no es lo mismo “poner siete a la izquierda” que “quitar siete a la derecha”.

Si las matemáticas son la lengua de la ciencia, no deberían ser polisémicas. No en algo tan básico. Pero ya no tiene arreglo…

Ojala alguien hubiera pensado en esto hace ya siglos, cuando se formalizaron los números enteros como entidades matemáticas… Mi alumnado se habría evitado problemas y rechazo hacia ese saber tan necesario… Y esa fastidiosa regla de “más por más, más; más por menos, menos…” para averiguar qué significa +(-7) sin comprenderlo realmente.