Lo que nos perdemos si solo miramos

Marcgravia evenia
Fuente: Science

Creemos que lo más importante es lo que se ve. Y eso es solo porque somos primates. Si fuéramos murciélagos (he estado a punto de decir quirópteros, su nombre científico) lo más importante sería lo que oyéramos. Pero, ¿y si fuéramos un murciélago vegetariano, que se alimenta de néctar y que vuela en la oscuridad? El olor podría servir, pero el viento lo dispersaría de modos poco predecibles y eso significaría un precioso tiempo perdido y, con él, energía malgastada.

La solución procede de la planta, Marcgravia evenia. Mejor dicho, de sus hojas con forma de platillo. Y es que resulta que ella, como otros cientos de especies tropicales, quieren ser visitadas por alguna de las cuatro decenas de especies de murciélagos que se alimentan de néctar. Porque dependen de ellos para la polinización.

Y la solución que ofrece la planta a un murciélago es a la vez extraña y obvia. Sus hojas hacen que el sonido emitido por ellos les devuelva un eco característico aunque reciba la señal desde ángulos muy diversos.

Es un excelente caso que ejemplifica la coevolución. Que es más una norma que una excepción. De hecho, se pueden estudiar relaciones ecológicas del pasado mirando características de una especie que, en el presente, son inexplicales. Es el caso del berrendo, un antílope norteamericano cuya extraordinaria velocidad hace que carezca completamente de depredadores. En el pasado, era la presa del extinto guepardo norteamericano. Sin esa paleorelación, no se podría entender por qué es como es, más veloz de lo que realmente necesita.

Así, que nos quedamos con dos ideas. Una, que hay muchas más cosas de las que vemos. Otra, que los ecosistemas son seres vivos, sí, pero también sus relaciones. Un zoológico conserva diversidad biológica, pero no relaciones, no diversidad ecológica. Y es que la diversidad no es solo genes, no es solo especies. Es también, y sobre todo, relaciones. Si realmente queremos conservar, tienen que ser espacios naturales, no artificiales.

Cuando tu barrio se queda pequeño (si eres hormiga)

La asociación entre hormigas y ciertas plantas es bien conocida por la ciencia desde hace algún siglo. Y siempre ha llamado la atención. Y es que no termina de quedar claro quién manda en quién, si la planta en la hormiga o la hormiga en la planta. Lo que está claro es que la planta ofrece alojamiento y comida y la hormiga ofrece defensa frente a herbívoros y cuidados del jardín.

Sí, sí, cuidados del jardín. Y es que las hormigas se encargan de podar plantas que rodeen a su casa-árbol. Para que le llegue más luz, para que tenga más suelo (más agua y nutrientes, vamos).

Se trata de comportamientos complejos, desde luego, en el que no se puede descartar algún papel para feromonas y hormonas vegetales, y en el que se puede insertar algún actor más (cómo áfidos).

Cuenta Elisabeth Penisini, en Science, lo que David Edwards y su equipo han comprobado que les sucede a las hormigas que tienen éxito en su asociación con un árbol (y que se publicará proximamente en The American Naturalist). Que tienen tanto éxito que hay más hormigas que árboles. Pues que colonizan a otros. Y su acción no es buena, en principio. Porque pueden llegar a afectar seriamente el tronco. Tanto, que el árbol colapse. Y las hormigas tampoco se ven tremendamente beneficiadas. Porque si el árbol colapsa pierden su hogar. Y, además, el árbol, que no sabe quiénes son ni qué hacen, no les da comida. Y, por tanto, las hormigas no lo defienden frente a predadores.

Pero esto es imprescindible para la evolución. Si no… ¿cómo van las hormigas a descubrir nuevos árboles? ¿Y los árboles a descubrir nuevas hormigas?

Tomada de http://tinyurl.com/nhgrp3

Supongo que en las relaciones árbol-hormiga hay, en realidad, un amplísimo abanico de situaciones. Y que los autores del artículo, de la Universidad de Leeds, lo que han visto es los dos extremos. Una situación en la que todo está atado y bien atado, y otra en la que la relación está tanteándose, a ver si es posible.

Y es que tendemos a ver la naturaleza más como estados que como procesos.

Y entonces es cuando nos equivocamos un montón. La naturaleza se parece más a un vídeo que a una foto una foto que a un vídeo (corrección gracias a Javier, que con las prisas ya no sé ni lo que digo).

Muy probablemente, lo que llamamos relación mutualista pueda pasar a parasitismo de la hormiga o a explotación por la planta, si algunas circunstancias del medio cambian.

En la naturaleza, nada es para siempre. Nada está asegurado a un plazo de unas pocas décadas. Deberíamos recordar esto.