La luciérnaga fundida

A través del mail y a través de un comentario en el blog me han llegado vídeos de los cortos para este concurso de “La luciérnaga fundida“. Son cortos elaborados por Evelyn Navarro, de un IES de Murcia (no me dijo cuál) y por alumnado de Estefanía Miquel, del IES Felipe II, de Mazarrón.

Lo primero, pedirles disculpas a ambas por el retraso. He tenido un poco abandonado el blog. ¡Lo siento mucho!

Lo segundo, incluir aquí los vídeos para que los disfrutéis. A mí me han gustado. :)

Creo que es bueno que iniciativas como estas tengan la máxima difusión posible. Lo que siento es haber tardado tanto en hacerme eco de ellas. :)

Felicidades por vuestro trabajo! :)

Un avance de la programación de aula para mis clases de Biología y Geología (metodología)

He buscado en las páginas oficiales de la Consejería de Educación de La Junta de Andalucía algún lugar donde yo pudiera dejar a la vista mi programación de aula. Por si aprovecha a otros, por si alguien me la pudiera mejorar, por si alguien me la pudiera contradecir y ofrecerme alternativas a mí, a mi alumnado y a sus familias.

Y no he encontrado nada.

Así que… pues aquí mismo. Te dejo este avance de mi programación de aula para el curso 2010-2011 en mi blog. Un espacio privado a falta de un espacio público. ¡Qué se le va a hacer!

Te recuerdo que sólo es un avance. Por tanto, habrá flecos. Especialmente porque no quiero alargarme y cansarte. Pero lo esencial sí va a estar. Y lo esencial son dos aspectos en los que quiero centrarme: metodología y evaluación. En este post te cuento la metodología y en otro, seguidito, la evaluación.

¡Ojo! Partiendo antes de una base. Mi alumnado dispondrá de ordenadores y conexión a internet. O no. Por lo que la metodología y la evaluación tendrán que ser resistentes a cortes de conectividad. Que valga para un roto y un descosido, vamos. En ese sentido, probablemente el que podamos hacer uso de la mucho mayor velocidad que la red inalámbrica interna tiene, comparada con cualquier conexión a internet, será un factor decisivo (sirviendo en local, p.ej.).

Metodología

¿Qué hace el alumnado?

Habitualmente, callan y escuchan. Pues yo quiero que se pasen la hora hablando. En grupos de no menos de cuatro y no más de cinco. Hablando sobre cómo reflejar, en un producto digital, los aprendizajes que vayan realizando sobre una temática previamente elegida por el grupo (de entre las que le ofrece la materia independientemente de qué hayan elegido otros grupos). Y reflejándolos, claro. Dejando huella de la conversación que ha habido. Porque me interesan tanto o más los procesos que los productos. Que, por cierto, aunque se creen en grupo, serán de dos tipos. Invidivudales, encargados de reflejar el conocimiento adquirido a partir de los contenidos, con su aplicación a un contexto concreto. Colectivos, que buscan exactamente el camino opuesto: a partir de un contexto elegido previamente, de un problema o situación acordado por cada grupo, ver cómo encajan en él los contenidos ofrecidos por el currículum de la materia. Los individuales durarán lo que tarde en lograrse el conocimiento. El colectivo estará ahí todo el año. Será una tarea de fondo y con vocación integradora (recibiendo aportes de otras materias, pero también de lo informal y de  lo no formal).

Así que hablar y crear productos digitales. Pero no sólo eso. Porque eso es lo que hace un alumno o alumna por estar en un grupo. Pero por estar en una clase, tendrá que comunicar, también, ese conocimiento logrado. Tanto el individual como el colectivo. Y compartirlo, ponerlo a disposición del resto. Y, si lo desea, tomar lo que quiera de lo que otros y otras comparten. Sí, eso que antes se llamaba copiar, ¿qué pasa?; sí, eso que, no sólo quiero que ocurra, sino que se reflejará positivamente en la evaluación, gracias a un mecanismo de cita de las fuentes.

Esa misma comunicación que se produce con los compañeros tendrá que darse conmigo y con sus familias. Porque, luego te lo cuento, yo voy a compartir mi proceso de evaluación con las familias. Y cuando digo compartir, digo compartir. No digo contar, informar… Digo coevaluar, si quieren.

Para poder realizar esto contará con dos referentes. El referente hecho a base de contenidos curriculares de la materia y el referente que incluye procesos asociados a competencias que querremos poner en juego en el aula. Serán referentes anchos para poder operar sobre ellos. Serán referentes excesivos para poder elegir, seleccionar, adaptar, estrecharlos para ajustarlos a cada persona. Y también serán referentes abiertos, en los que cabrán más contenidos y más procesos, si se consideran necesarios, si vienen. Los dos documentos serán publicados justo al inicio del curso. Aquí, en este blog (si la Consejería no le pone remedio claro, creando un espacio público que sirva para eso..).

Ah! Se me olvidaba. Ambos referentes contendrán los criterios de evaluación para cada uno de sus elementos. Pero sobre ellos no te puedo decir nada aún, porque esos criterios tendrá que crearlos en el aula el alumnado. Incluso personalizándolos, diferenciándose unos y otros en cuáles han elegido. Incluso cambiándolos a lo largo de proceso, en función de qué vaya resultando. Pero eso no lo puedo publicar al principio, no. Sólo te lo podré contar después de la primera o segunda semana de clase, que es a lo que nos vamos a dedicar esos días por completo. Necesitaremos tiempo porque en los criterios de evaluación, en la manera de demostrar que se ha logrado crear conoocimiento en cada elemento de los referentes, no valdrán verbos asociados con “recordar” ni con “comprender“. Sí podrán estar “analizar“,  “opinar“, “implementar“, “crear“, “comunicar“, “emocionar“, que demuestran mejor las competencias. Y será imprescindible un contexto.

A todo esto… ¿qué hago yo?

Pues estar disponible para atender a los grupos en lo que me demanden. Y observar qué procesos están poniendo en juego las personas que hay en la clase. Incluyendo en esa observación tanto la que se produce de manera que no interrumpe el proceso, actuando desde fuera (observador), como la que provoca el proceso para observarlo (interlocutor). P.ej., una entrevista. Y anotando información sobre todo ello y poniendo esa información a disposición de las familias, del resto de los miembros del equipo docente y, también, de los compañeros y compañeras de mi departamento. Claro está, también generaré tiempos para realizar atención individual cuando se precise, bien yo mismo, bien estableciendo las conexiones necesarias entre el alumnado. Y, cómo no, tratando de que haya momentos de recapitulación, en la que la clase completa esté realizando el mismo proceso.

Además de a los procesos estaré atento a los productos. Mientras se elaboren, no al final. Al final, si algo está mal, es un error. Pero si lo miro durante su elaboración, es una oportunidad de aprendizaje. Espero contar con alguna herramienta que funcione como portafolio y me permita hacer esto eficientemente. Y, de paso, que permita lo que te decía antes, el mecanismo de copia y opinión entre el alumnado.

No sólo estaré atento a procesos (individuales, grupales, colectivos) y productos (individuales, colectivos). Corregiré exámenes. Sí. Pero serán exámenes con función validadora, no calificativa. Exámenes coherentes con los criterios de evaluación elegidos por el alumnado. Por tanto, nadie más adecuado para elegir las preguntas que deban demostrar conocimiento que el propio alumnado (aunque sea yo quien debe validarlas).

También quiero crear situaciones prácticas, en las que el conocimiento no surja de la gestión de la información, sino del escrutinio de la realidad desde el punto de vista de la materia.

¿Y las familias?

Hasta ahora las familias se ocupaban de la función de regañar. Regañar a sus hijos o hijas si las notas no eran buenas, regañar al profesorado si algo no iba como se supone que debía ir. Yo quiero ofrecer un espacio para cambiar eso. Quiero que las familias hablen. Con sus hijos e hijas. Cada día. Y no sobre notas, no, que las notas no son sino números, sino sobre aprendizajes. Que la pregunta “qué has aprendido hoy” sustituya a la típica “qué has sacado”. Hablar cada día un ratito, de usos y contextos de los aprendizajes logrados.

Y, por supuesto, que hablen conmigo. Que me suministren información sobre el otro gran espacio de aprendizaje que es la casa. Que programemos la actividad del alumnado allí y que haya evaluación de la misma. Y, si llegamos a acuerdos, que esa evaluación se incluya en el proceso educativo como fruto de un trabajo conjunto. Para empezar, podemos hablar, y mucho, de los criterios de evaluación que cada alumno o alumna haya elegido.

También creo que hay un espacio para discutir qué herramientas tIC (con minúscula) usará el alumnado en su trabajo de aula. Porque muchos alumnos y alumnas sabrán usar unas u otras (su PLE, su personal learning environment), pero estará bien ver cómo encajan los PLE entre sí. Y con ello, se transforman en GLE (group learning environment). Y es que no es lo mismo aprender sólo que aprender en sociedad.

El resto del equipo docente también juega…

Porque uno de los objetivos de la metodología es ser transformadora y transformarse. Para eso tiene que estar dotada, no sólo de visibilidad, sino de transparencia (una visibilidad fiable, no tamizada por filtros que la desvirtúen). Así que no bastará con hacerlo. También tendré que contarlo.

¿Y el resto de compañeros de toda Andalucía, España, el mundo…?

¡También juegan! Por supuesto que la transparencia que tenga hacia el equipo docente en el que esté incluido se hará extensiva a cualquier docente, a través de las redes sociales que se estimen convenientes. “Mi claustro es el mundo” es una frase de Jordi Adell recogida en una de las páginas oficiales del Congreso sobre Modelos de Integración de las tIC en el Aula, así que muy mala no debe ser, creo.

Si eres parte de mi alumnado, o de sus familias, quizá quieras echarle un vistazo a alguno de estos contenidos. O quizá no. Quizá estés cansado o cansada de leer esto… Da igual. Déjalo para cuando te apetezca. Este post no se va a ir. Va a quedar aquí como mi compromiso contigo.

EDUTEKA - Aprendizaje Por Proyectos

La ciencia básica crea la riqueza de hoy y de mañana

En tiempos de crisis estamos oyendo que hay que recortar los gastos. Nadie duda eso. Yo, al menos no. entre otras cosas, porque un gasto menor es más respetuoso con el medio ambiente. Esta crisis le vendrá mal a mucha gente, es cierto. Fundamentalmente a los que consumen y a los que trabajan para los que consumen. Pero a muchos otros les viene fantásticamente bien. A aquellos cuyos recursos son expoliados. A los que el consumo de los privilegiados les supone contaminación o pobreza a ellos. No, no es una crisis mala para todos.

O sea, que es tiempo de recortar gasto, sí. Pero los hay que confunden gasto con inversión. Y a la inversa. Sólo así se entiende que se diga, sin pestañear, que comprar una casa es una inversión y que estudiar el universo es un gasto. Que abrir una tienda de bisutería sea una inversión y que la educación sea un gasto. Que recalificar terrenos en la primera línea de costa sea generar riqueza y que mejorar la salud de los desnutridos sea consumir recursos.

No entendemos nada de nada, me temo.

Hay que recuperar la palabra inversión para la ciencia.

Pero hay una dificultad. La riqueza que genera la ciencia básica tarda en verse. Tienen que descubrirse cosas, tiene que llegarse a conocimiento. Eso es lento. Luego, ese conocimiento debe convertirse en tecnología posible. Finalmente, esa tecnología debe alcanzar la rentabilidad, debe producir ingresos a quien la produce y ofrecer servicios que merezcan la pena a quien la adquiere. Por cierto, que yo creo que a esto le falta un pasito más. Y es que la rentabilidad personal de la tecnología debe ser compatible con su rentabilidad social.

Escucha a Brian Cox, que te lo cuenta mucho mejor que yo (subtitulado en inglés). Que te dice que cada objeto que hoy usas tuvo su origen en algún descubrimiento de la ciencia básica, que no estuvo pensado para desarrollarlo, pero que lo fundamentó. Hoy estamos creando el mañana. El mañana no es un gasto, es una inversión.

Servicio de Educación Permanente

Educación PermanenteEl Servicio de Educación Permanente está en los Servicios Centrales de la Consejería de Educación, en Torre Triana. Un lugar que me hace sonreír cada vez que pienso en él. Sí, ya sé. Es el lugar de la Administración, tan denostada ella (y con tantísima razón muchas veces). Pero es un lugar donde yo fui feliz durante un breve año. Es el sitio en el que descubrí, no la idea de servicio público, no (llevo más de dos décadas dando clases!). Pero sí la intensidad del servicio público.

Verás. Ayer te hablaba del IEDA. Pero el IEDA es una pieza más en todo un entramado, el de Educación Permanente (la antes llamada Educación de Adultos), que trata de arreglar un grave problema. Un gravísimo problema del que te hablaba ayer cuando te contaba lo del IEDA. Que en Andalucía (en casi toda España también, pero ahora me preocupa un poco más Andalucía) hay una gran cantidad de personas que no tienen titulación educativa o sólo tienen la titulación básica. De hecho, la mayoría.

Y eso… ¿Por qué es un problema?

Imagina que mañana se arregla la crisis (ni de coña, pero bueno, tú imagina…). Ahora comenzarán a surgir empresas, que son la célula de la actividad económica. ¿Qué empresas? ¿Empresas de innovación? ¿De servicios con alto valor añadido? ¿Empresas que generan grandes retornos sociales? No, no es posible. Porque esas empresas requieren personal cualificado. Tanto en los empleados como en los emprendedores que las pusieron en marcha. Y eso lleva un tiempo. Aunque… si la gente pasa por el sistema educativo, si la gente se esfuerza por elevar su nivel de conocimientos, la formación de personal cualificado se abrevia enormemente. Incluso algunos o algunas ya estarán directamente cualificados para esos trabajos que surjan. Y, el personal laboral cualificado hace mejor el trabajo, sin duda. Aporta más productividad.

Pero esa no es la realidad educativa de Andalucía. No hoy. No para la mayoría de la educación. No, cuando llegue la recuperación económica, no estaremos preparados para lograr lo máximo de ella, me temo.

Y todo eso sin mencionar la cantidad de personas que no son felices con lo que hacen, que les gustaría que su vida laboral fuera de otra manera. Todo eso sólo mencionando el dinero, no la felicidad.

¿Va a cambiar? ¿Va a ser diferente el futuro? No lo sé. Lo que sí sé es que si finalmente cambia, si finalmente es diferente, si finalmente se arregla esta generación perdida que fue en busca de dinero fácil en trabajos poco productivos para el futuro del país, si eso se rectifica será gracias, entre otros, a los miembros del Servicio de Educación Permanente. Y a ti, que estás leyendo esto. Porque tú, sin conocerlos a ellas y ellos, muy probablemente, en algún momento, participarás del entramado educativo en el que él ha sido, es y será, una persona decisiva. Un entramado educativo empeñado en atender a gente para que mejore su cualificación, para que incremente sus conocimientos. Un entramado educativo que hace uso intensivo de las competencias como bandera. Un entramado educativo en el que también hay cientos de docentes tan implicados como ellas y ellos. Un equipo hecho de gente que descansa poco y piensa mucho. Sin los que no se habría logrado nada de nada. Gente a la que tenemos mucho que agradecer por sus esfuerzos. Tú, yo, Andalucía y, probablemente, la educación en España.

En resumen, un entramado educativo que funciona, a mi juicio, mejor, mucho mejor, que el sistema educativo ordinario. Sí, ese que cuenta con tantos recursos. Sí, ese que atiende sólo a un tramo de edad. Sí, ese en el que el aprendizaje memorístico predomina sobre el aprendizaje en competencias. Sí, ese en el que aún hay exámenes escritos que te piden “recuerda, comprende, define, repite, acierta” en vez de “usa, opina, argumenta, crea, haz”.

Un entramado que trata de hacer suyo el (magnífico) discurso de Sir Ken Robinson (incluso antes de que fuera pronunciado). Una intervención que, perfectamente, podría haber hecho cualquier miembro de ese servicio en sustitución de Robinson (subtitulado).

Si Andalucía, alguna vez, logra un alto nivel de emprendedores, de trabajadores cualificados, un alto nivel de desarrollo económico, si además mucho gente alcanza sus sueños, logra ser feliz con lo que hace, si todo eso pasa, ese Servicio debería ser uno de los recordados. Sí, muchos más también. Pero hoy estoy hablando de él. Porque creo que acumula sobre sus espaldas un gran mérito. Porque creo que es uno de los grandes actores del cambio educativo en Andalucía y en España. Porque creo que muy pocos le conocen y saben de su enorme trabajo y valía. Porque mucho de lo bueno que veo en las redes sociales en las que participo junto a otros docentes, ya lo había visto antes trabajando con ellos. Porque ha abierto caminos. Porque esos caminos apenas son visibles para mucho profesorado preocupado por la educación, y me gustaría que supieran de ellos. Porque ha hecho de la parte de Administración de la que se encarga un lugar donde el trabajo es extenuante y donde el servicio público está por encima de cualquier otro interés, y donde se acierta con mucha más frecuencia de la que se yerra, a base de trabajo.

IEDA, buen trabajo de buena gente

Hay un Instituto virtual en Andalucía. Bueno, hay dos, pero sólo uno es oficial. Del otro, del no oficial, ya te hablaré otro día. Del que te quiero contar hoy es del oficial, del IEDA. El IEDA es el Instituto de Educación a Distancia de Andalucía. No te contaré qué hacen. Te contaré lo que piensa el alumnado que está allí. Te cuento algo de lo que piensa Belén, una de las alumnas.

Mi Instituto sólo tiene una ventana, pero desde ella puedo ver el Mundo.
Mi Instituto no tiene paredes, los trabajos los colgamos en la red.
Mi Instituto no se cierra ni tiene alarmas, entras cuando quieres.
En Mi Instituto a los profesores les encanta que hablemos en clase, es más, lo propician.
En Mi Instituto me siento como en casa.
En Mi Instituto los alumn@s no solemos crecer en estatura, pero lo hacemos como personas.
En Mi Instituto los profesor@s escuchan, porque facilitan los medios para oírte.

O mejor, léela tú, por favor, que yo sólo he citado un trocito. Creo que te gustará. Es justo lo que a mí me gustaría que dijera mi alumnado. Ni más ni menos. O también lo que dice Jorge. O Priscila.

El IEDA está orientado hacia alumnado mayor de 18 años. Alumnado que no pudo lograr todo lo que le ofrecía el sistema educativo antes de esa edad. Alumnado que no consiguió el título de la ESO y se ha dado cuenta de que lo necesita. O que sí lo tiene y quiere más, quiere el bachillerato. O que no teniendo el título quiere lograr entrar a un ciclo formativo de formación profesional a través de la prueba de acceso.

El IEDA forma parte del sistema educativo orientado a personas adultas. Un sistema educativo que está evolucionando velozmente, con las necesidades de la sociedad. Un sistema educativo en el que la educación a través de internet, completamente a distancia o combinada con atención presencial algunos días, gana protagonismo y genera cada día más servicio público. Un sistema que sirve para arreglar mucho de lo que el sistema educativo ordinario estropea. Sí, estropea. Sé lo que estoy diciendo. Y creo que estropear es el verbo adecuado para un sistema que genera mucho abandono temprano.

El profesorado del IEDA acompaña a su alumnado y usa metodologías orientadas a competencias, no las típicas memorísticas. Es otro enfoque, con el que me siento muy identificado. Es gente con la que me siento muy agusto hablando de educación.

Han preparado un buen vídeo sobre el trabajo que ofrecen a la gente interesada en lo que te decía antes. En lograr un título que no tuvieron o en acceder a un ciclo formativo que les puede ayudar a aumentar sus opciones laborales. Te lo pongo aquí. Por si eres tú o por si conoces a alguien que creas que le puede ser útil. Espero que te guste tanto como a mí. Y espero que, si es tu caso, te fíes de ellos y ellas tanto como yo.

     

Ohm, piedras, desnivel. Y luego más cosas.

Riachuelo y piedras
Fuente: Blog de David Thompson

Un alumno del curso de Diversificación de 3º de ESO, al que le doy clase, me ha contado cómo ve la ley de Ohm. Sí, esa que dice que I = (VA-VB)/R. Me dice que la diferencia de potencial es como la pendiente, que cuanto mayor sea, más fuerza lleva el agua, más material arrastra. También me dice que cuantas más piedras haya, más se frena el agua. Y que acelerar se puede representar en matemáticas con la multiplicación y que frenar equivale a reducir, a dividir.

¿Sabe este alumno mío algo de física? ¿Y geología, sabe geología? ¿Cómo anda de matemáticas?

He visto cómo creaba esa idea. He visto dónde buscaba y he visto cómo se la contaba a los compañeros para que la supieran. He visto cómo hacia una diapositiva y buscaba una buena imagen. Al día siguiente, al preguntarle por el tema, lo recordaba sin titubear. A la semana siguiente, cuando le pregunté si lo recordaba resultaba que sí, que sí lo recordaba.

Además, sobre esa idea ha construido otras. Como la de agente geológico. O la de energía potencial. O la de electrón. O la de función afín. O la de conductor eléctrico…

Mmmmm… ¿Debería hacerle un examen? No me apetece nada hacerle pasar por esa experiencia. Que sólo serviría para que se quede reflejado en papel algo que yo he visto en el aula.

¿Tú qué crees?

Y, de paso… ¿tú qué crees que creería un inspector de esto?

Creo en otra evaluación, con más bits

Un bit

No me gustan los títulos. Porque reducen enormemente lo que el alumnado ha aprendido. Lo reduce a un bit de información!!! ¿Lo tengo? 1 ¿No lo tengo? 0. No hay término medio.

Y no me gustan los exámenes que conducen a los títulos. Aparte de que no sé poner notas, no veo que sea posible expresar lo que el alumnado ha aprendido en un examen típico (otra vez, la evaluación con pocos bits). Para empezar, las preguntas difíciles quedan excluidas. Porque el factor sorpresa (nadie conoce qué cuestiones caerán) aunado a una pregunta difícil es sinónimo de suspenso seguro. Y si las preguntas difíciles queda excluidas, estoy ayudando poco a mi alumnado. Mmmm… Esto lo tengo que explicar más despacio. Más abajo, quizás, lo logre.

Examen típico

Fuente: http://tinyurl.com/ydfrd7v

Para continuar, no entiendo cómo alguien puede aprobar con el 50% (o el 45%) del currículum. Además, un aprobado en esas condicciones excluye posteriores posibilidades de aprender. No volveré a examinar de preguntas suspensas si el examen está aprobado. Y además. los exámenes son profundamente injustos ya que un alumno que suspende con un ejercicio quizá podría aprobar con otro distinto. Y están basados, en la mayoría de los casos en recordar y comprender datos, no en usarlos….

¡Que no me gustan los exámenes típicos, joder! :twisted:

Así que creo que quiero evaluar ya de otra manera. ¿Con exámenes? Pues lo que me diga el alumnado, no me niego. Pero prefiero evaluar con rúbricas y atendiendo a procesos de aprendizaje. Con rúbricas consensuadas, participativas, acordadas con el propio alumnado. Conmigo como representante del currículum ante el alumnado y como representante del alumnado ante el currículum. Y personalizadas. Las tIC me premiten crearlas fácilmente. Rúbricas destinadas a evaluar el proceso de aprendizaje que se pone en marcha cuando alguien trata de resolver un problema o tomar una decisión. Rúbricas que incluyan la adquisición o creación de información, su selección, su organización y su uso para generar un producto respuesta. Y un portafolio donde pueda ir mirando lo que hay, y orientar el proceso. Bueno, y también para que, además de la nota, el alumnado se lleve los productos del portafolio, esos que le representan y representan su aprendizaje.

¿Y la nota? Bueno… Alguna habrá que poner. Eso, ya veremos. Lo de menos es la calificación.

¡Oye! Que si el alumnado quiere, ¡pues habrá exámenes! Eso sí, nada como lo que ha habido hasta ahora. Con preguntas orientadas a competencias. Y propuestas por el propio alumnado, si así lo desean (aunque validadas o matizadas por mí). Donde la dificultad de la pregunta (elegida) cuente en el resultado, y donde la sorpresa no sea parte crucial. Donde los verbos empleados impliquen competencias. Ah! Y donde aprobar el examen no exista, sino que sea aprobar cada pregunta. Y cada pregunta debe formar parte de una tarea en la que los contenidos se usan para lograr una meta, resolver una situación problemática, tomar una decisión. Es decir, que los exámenes tendrán que ver con algunos tipos de tarea que pondremos para todo el curso. Ciencias naturales y economía, ciencias naturales y matemáticas, ciencias naturales y crisis, ciencias naturales y amor… ¡Yo qué sé!

Y por cierto. ¿Si un examen sale mal? Pues las preguntas que estén bien, quedan. Y las que no, a repetirlas desde otro enfoque. ¿Y si vuelven a salir mal? Pues otro enfoque. Y así mientras haya tiempo en el año.

Y donde el proceso de aprendizaje cuente más que el producto.

¿Que es difícil? Pues sí…. Eso me temo…

Y más difícil puesto que voy a tocar el núcleo del (mal) consenso social actual sobre la escuela: la evaluación. Supongo que vendrán tiempos compliados…

Pero es que no puedo seguir evaluando como siempre. De hecho, ya hace tiempo que no lo hago, pero aún me faltan cosas que te he contado por implementar.

Si no evalúo como creo que debo (con competencias, tareas, participación, tIC, procesos y productos -pero menos-…), si no evalúo así no seré honrado.

No le estaré dando a la evaluación los bits que merece.

Y así hasta que la evaluación se parezca más al primer dibujo que al segundo…

Bloques de colores

Escuela del siglo XIX

Fuente: http://tinyurl.com/ydcpsry

CIO XIV: La necesidad de cambiar la evaluación y los problemas para hacerlo

Hace algunas semanas Antonio (Onio72) me propuso convocar la decimocuarta entrega del Claustro Ideal Oficial. Es un formato con un largo recorrido, que me gusta especialmente. Permite reflexión, revisitar ideas, aportarlas y discutirlas entre muchos… Y no me costó nada decirle que sí a Antonio, que además en un gran compañero 2.0!

En esta decimocuarta convocatoria me guastaría tocar un tema que me preocupa. ¿Cómo es y cómo debería ser la evaluación de la escuela  2.0 y  qué resistencias sistémicas dificultan esa evolución?

No creo que baste con examinar qué queremos para la evaluación. Creo también que hay que mirar también qué tenemos y como modificamos lo que tenemos hasta llegar al modelo que se busca. Y, en general, hay tanta insatisfacción con el modelo actual que ese cambio no debería ser muy difícil. Pero la realidad es que no está sucediendo. ¿Por qué?

Entiendo que el modelo actual parte de un consenso. Un consenso que va más allá de la escuela. Un consenso social. En ese consenso, la gente de la calle tiene una opinión más o menos común acerca de lo que hacen el personal docente, lo que hace el alumnado y lo que hacen las familias. Los docentes damos clase. Es decir, explicamos con más o menos acierto y con más o menos enfoque motivador, tratamos de mantener el ruido de la clase bajo para que esas explicaciones sean fluidas y abarquen todo el programa, organizamos algunos ejercicios para practicar lo aprendido que realizan todos los alumnos simultáneamente o se los llevan a casa, ponemos un examen de cuando en cuando y lo calificamos en función de cuánto se ha ajustado al libro de texto. La sociedad también cree que el alumnado debe mantener silencio y atender, salvo cuando se le pregunte, hacer los ejercicios en los tiempos de clase que se le indiquen, ir a casa y hacer la tarea encargada y estudiar antes de los exámenes para responder a preguntas que no conoce a ciencia cierta cuáles serán. Y a las familias también se les reserva su rol, sin duda. Contribuir al fomento del estudio y ayudar a mantener la “disciplina” (las más de las veces, exigirles que no interrumpan en clase).

¡Ojo! No digo que eso sea lo que los docentes creen que es la educación (aunque muchos sí lo creen). Digo que la sociedad tiende a creer que la educación es así.

Lo increíble es que un modelo como ese, tan insatisfactorio, no estemos logrando sustituirlo con rapidez. Porque quitamos la parte activa del alumnado del aula, llevándola a su casa. Porque le obligamos a estar callado. Porque no hay cooperación. Porque cada profesor es una isla. Porque no hay información cruzada ni trabajo cooperativo de equipos docentes. Porque no hay aprovechamiento eficiente de las tIC. Porque no hay evaluación, sino calificación. Porque no hay competencias. Porque genera aprendizajes no permanentes. Porque aunque las metodologías puedan ser avanzadas, al final el examen es con papel y boli pero sin fuentes de información disponibles. Porque siembra fracaso escolar para ese año o para los siguientes. Porque las familias tienen un papel subordinado o de meros espectadores. Porque la sociedad no está presente por ningún lado. Porque el libro de texto sustituye al currículum. Porque se centra en productos finales y no en procesos de aprendizaje. Porque hay exámenes centrados en datos, sobre todo. Porque la escuela sigue siendo un filtro.

¿Sigo?

Es un consenso social que ha funcionado largo tiempo (¡muchas décadas!). En tiempos con menor población, en tiempos con otros objetivos. La escuela era, entonces, un lugar que proporcionaba títulos. Y el título presuponía logrados una serie de aprendizajes teóricos o teórico-prácticos. Y con ese título ibas al mercado laboral. Un título logrado mediante un examen que verificaba que en algún momento supiste al menos el 50% del currículum (o sea, lograr un 5), aunque luego no lo recordaras.

Pero hoy las sociedades han decidido que ese ya no es el consenso social que quieren. Se tomó la decisión, en 2003, de querer otra cosa. Y se plasmó en DeSeCo. Firmado por unanimidad por todos los países de la OCDE. Creo que el único tratado internacional firmado por unanimidad en el último cuarto de siglo. Un acuerdo que dice que el enfoque de la educación es el desarrollo de una serie de competencias. Unas básicas, otras avanzadas, dependiendo del nivel educativo.

Pero lo que debe llamarnos la atención no es que el consenso actual sea malo para las sociedades modernas, basadas en la información y la comunicación. No. Lo que debe sorprendernos es que no hayamos logrado cambiar eso gran cosa. Que tras casi una década, el modelo antiguo perviva. No, sólo perviva no. Que aún esté fuertemente arraigado. Al menos en España.

Es como si estuviéramos jugando al fútbol contra otro equipo, al cual le han expulsado al portero y a tres de sus jugadores y, a pesar de eso, nos va ganando por 4-0. Y encima jugamos con precaución por si nos cae otro gol. ¡Es que no estamos metiendo tantos goles como esperábamos a un equipo que tiene por portería el arco iris!

Eso nos tiene que llevar a examinar con detalle cuáles son las raíces de las resistencias al cambio. Y abordarlas. Porque el modelo nuevo, el modelo de competencias, no llegará solo. O sí. Pero después de mucho, mucho, mucho tiempo y mucha, mucha, mucha gente (docentes, alumnado, familias) quemada por el camino.

Está muy bien hablar de blogs, de escuela 2.0 y de todo eso. ¡Me encanta, es parte de mi vida! Pero ¡esa es la meta, no el camino! Llevamos mucho hablando de metas. ¿Y de caminos? ¿Cuándo nos vamos a poner a hablar de caminos? ¿Cuándo vamos a diseñar los pasos para incluir las competencias en la práctica docente? Yo, la verdad, ese diseño no lo veo aún. Y me da un poco igual que se logren grandes avances metodológicos (estoy exagerando, claro).

Porque aún no hemos logrado avances significativos en la evaluación.

Creo…

¿Tú qué opinas? ¿Hemos avanzado tanto en evaluación como en metodología? ¿Crees posible cambiar la educación sin cambiar la evaluación? ¿Qué cambios habría que introducir? ¿Qué resistencias tendrá que afrontar el nuevo modelo? ¿Cómo te imaginas tu evaluación dentro de 3-5 años? ¿Cómo piensas llegar allí?

Por supuesto, tengo mi opinión y la voy a aportar, pero en los comentarios, como tú. Aquí sólo la pregunta.

Por cierto… hay en twitter (si tienes twitter) una etiqueta: #evaladebate. Úsala como creas conveniente, si quieres, para comentar allí cosas de evaluación.

Otro “por cierto”… EABE10 ¡se hace! Y la evaluación 2.0 creo que debería estar por allí. ¿Te parece bien hacer alguna aportación aquí para que también vaya allí?

Parecidos y diferencias entre Toledo y los miniportátiles que le dan al alumnado

Van a modificar el entorno urbano de Toledo. La idea es recuperar las márgenes del río para la vida cotidiana de la gente de Toledo. Por otro lado, creo que ya lo sabéis, se van a entregar portátiles al alumnado de 5º y 6º de primaria en (casi) toda España. Y digo casi porque hay un partido que ha roto España y ha logrado que ciudadanos de este país no obtengan ese derecho.

Y quería yo analizar, primero los parecidos, y luego las diferencias. Voy primero con los parecidos que es más fácil. Sólo hay uno. Ambos proyectos cuestan más de 100 millones de euros.

Vamos con las diferencias. El proyecto de Toledo ha recibido una amplia y favorable acogida en los medios. El de los portátiles no. El proyecto de Toledo ha recibido una amplia y favorable acogida pues es urbanístico; y alrededor de lo urbanístico hay un amplio consenso social que consiste en que “cuanto más, mejor”. El de los portátiles, al ser educativo, y por tanto suejto a debate político ha sido recibido con enorme desconfianza social. El de Toledo ha aunado a gente de ambos partidos. El de los portátiles no.

Que no digo yo que el proyecto urbanístico de Toledo no merezca la pena, no. Eso es algo que no me corresponde decirlo porque eso se paga con dinero que no es mío. Además, si viviera en Toledo muy probablemente me gustaría, y me gustaría mucho. Lo que digo es que es envidiable el consenso social suscitado alrededor del urbanismo. Y que ese consenso social no se traslade a educación me apena. Me apena que se diga que invertir 100 millones de euros está hacer 19 kilómetros de paseo y acceso está bien, muy bien, y sea recogido por los medios de comunicación como un logro ciudadano; y que, por el contrario, ocurra que invertir 100 millones de euros en dotar de portátiles a un amplio segmento de la población para que mejore su nivel educativo tenga una fortísima contestación social que afirme que es tirar el dinero, con un potente trasfondo de lucha política por el poder, que instrumentaliza la educación en vez de sacarla de la batalla y tratar de llegar a consensos.

¿Que hay fallos en lo de los portátiles? Pues claro. En Andalucía van con software libre y por lo que sé eso no ocurre en otros lugares (Extremadura sí, no?). También, que es una medida desconocida y que se tendrían que haber hecho experiencias piloto más profundas para saber las consecuencias y afinar los mecanismos de gestión (que haya sido un éxito en Argentina o en Nueva Zelanda no garantiza que sea un éxito en España). Que es verdad que en educación se va a impulsos y los hay que tratan de apuntarse esto como un éxito político en vez de buscar el consenso desde el inicio.

Sí, sí, hay muchos fallos.

Pero no es de eso de lo que yo quería hablar. Yo quería hablar de que sí hay consenso social alrededor de 19 kilómetros de accesos y paseo (a 5 millones de euros el kilómetro) y no lo hay en la entrega de portátiles. De que la sociedad no respalda medidas educativas que tienen un fuerte trasfondo de acierto. De que la sociedad desconoce el beneficio de la educación. Que lo erráticos que son los partidos políticos respecto a educación no indica que ellos estén mal. Indica que la sociedad, en su conjunto, está fatal.

Quería yo hablar de lo poco que se sabe en España acerca de qué es la educación.

Quería yo hablar de que si preguntas a alumnado y familias qué consideran más importante, si las notas que obtienen o lo que hayan aprendido, no vacilan en afirmar que las notas. Y que si les preguntas qué es más importante para aprobar un examen, estudiar un par de horas o tres el día antes o atender en clase decenas de horas durante el trimestre, pues tampoco vacilan. Estudiar un par de horas.

Quería yo hablar de lo bien que han explicado la urbanización políticos y empresarios inmobiliarios, y de la cantidad de puestos de trabajo que genera. Y de o mal que estamos explicando la educación los docentes.

Y sí que lo tenemos que estar haciendo mal cuando la gente cree que el aprendizaje es venir a clase, estar calladito (atender o no es lo de menos), estudiar un rato antes del examen y aprobar. Y cuando cree que la enseñanza es ponerte a hablar hora tras hora.

Fíjate… Ahí sí hay consenso social, en esa imagen…

Tenemos un problema…

El futuro de internet y el futuro de la educación: conectados

En “Catorce de mayo de 2009” te contaba cómo veía el futuro de la cooperación entre docentes, cómo me imaginaba mi trabajo dentro de un tiempo.

Casi un año después, creo, sinceramente, que me quedé muy, muy, muy corto. Creo que lo que allí contaba está, no para dentro de diez años, sino para dentro de dos o tres o cuatro. Porque el futuro de internet va mucho más allá de lo que yo allí imaginaba.

Realidad aumentada en vehículo

Fuente: http://tinyurl.com/yessp5c

Creo que el futuro de la web X.0 va en la línea de acoplarte al lugar que desees, con los objetos que desees, en el instante que quieras. La red como manera de acoplarte a un lugar-espacio-objeto/persona elegidos. A diferencia de la realidad física, que te permite acoplarte al lugar-espacio-objeto/persona en el que esté tu cuerpo. Y también, que el acoplamiento a los objetos o personas te proporcione o te permita suministrar la información que deseas. No toda la información, sino información ya filtrada por tu voluntad.

Así, el internet de dentro de unos años será algo que estará en todos los lugares, en todo momento, en todos los objetos y en todas las personas. Para que establezcas una interacción con el objeto o persona que elijas, en el lugar que quieras, en el momento que prefieras.

¡Anda! Como el futuro de la educación…

Cámara de realidad aumentada

Fuente: http://tinyurl.com/2buf25

Porque veo la educación del futuro como una actividad permanente. Basada en la realidad aumentada. Aprenderás de una silla, con la información que esa silla te podrá facilitar (tu peso, el tiempo que lleves sentado, tu presión arterial, si debes levantarte de una vez para hacer ejercicio…). Aprenderás a las seis de la tarde, dando un paseo, porque será el momento en el que te apetecerá aprender. Aprenderás de alguien que vive en EE.UU., porque es la persona que entiendes que más te puede enseñar. Y luego de tu amigo, con el que has quedado para tomar algo. Y luego de la copa de vino, que te suministrará información si lo deseas. O del propio vino o del plato en el que viene la tapa.

Pero también la veo como una actividad social. Como una actividad que haces con otros. No siempre con los mismos, no. Con gente con la que coincides, con gente que está aprendiendo lo mismo que tu, o lo miró hace algún tiempo. Y dejó pistas (etiquetas) acerca de qué otras cosas le interesaron. Por si quieres seguir los caminos por los que ya pasó. O siendo tú el que dejes pistas (ya te digo, etiquetas) de a dónde te llevó aprender algo, con qué lo conectaste.

Pero para esa realidad aumentada, que viene, no lo dudes, es preciso estar preparado. Es preciso saber cómo aprender. La escuela, entonces, se convertirá (¿o se convierte ya?) en un lugar, no que te enseña cosas, sino que te enseña a que aprendas cosas.

Porque seis horas al día, durante 180 días al año, durante unos cuantos años (entre 12 y 20) es mucho, mucho menos que toda una vida. Que toda tu vida.

Así las cosas, creo que el futuro no pertenece al detalle. Pertenece a la conexión. Ha muerto el mundo del especialista en el que muchos crecimos, el mundo de alguien que lo sabía todo de algo muy concreto. Y ha nacido el mundo del conectador, del relacionador, de la persona nexo, capaz de encontrar los lazos entre ideas. Así, los docentes nos tendremos que ocupar cada vez más de las relaciones, y cada vez menos de los detalles. Estando conectados y sembrándolas constantemente por si a alguien le sirve. Sabiendo que lo dicho puede ir mucho más allá de la audiencia física. Dejando constancia de nuestro trabajo diario. Aspirando a tener más alumnado que nuestro alumnado. Y siendo alumnos nosotros constantemente, dejándonos enseñar por otros. Para empezar, dejándonos enseñar por otros docentes y por aquellos a los que enseñamos.

Eso significa abandonar viejas formas de transmitir información. Verticales, unidireccionales, vinculadas un lugar-grupo-momento. Eso significa cambiar la eduación hacia lo horizontal y lo multidireccional, y hacia lo deslocalizado. Y eso no se improvisa. Necesitamos nuevas técnicas para tratar la información. ¿Técnicas complejas? No, no, para nada. Técnicas sencillas, incluso técnicas muy viejas, muy bien conocidas. Que ni siquiera necesitan de la web X.0. Pero que se ven muy potenciadas por ella.

Por ejemplo, te dejo dos técnicas simples a más no poder, pero dirigidas hacia convertirte en un “conectador”. Son un par de ideas que les propongo en ocasiones a mi alumnado por si te sirven. Una es la de la “conversación sobre qué estás haciendo tú y qué estoy haciendo yo“. Otra es la de “qué pasaría si A fuera B“.

En la primera técnica, simplemente deja lo que estás estudiando y habla con otra persona de la clase. Averigua qué está leyendo (eso sí, que te lo diga en 30 segundos, vamos, que no tenemos todo el día) y cuéntale tú lo que estás leyendo tú. Y hablad de qué tiene que ver lo uno con lo otro. Así de fácil. Luego, vuélvete a tu trabajo con las nuevas ideas.

En la segunda, céntrate en la idea que estás estudiando (llámala “A”). Y compárala con cualquier objeto o proceso que conozcas (llámalo “B”). Ahora, busca una lista de relaciones que tiene “B” con lo que sea (p.ej., si “B” era un coche seguro que te vienen a la cabeza: carretera, gasolina, cartel, cruce, señal, adelantamiento, accidente, pasajero, lluvia, limpiaparabrisas…). Para acabar, trata de averiguar qué cosas cumplen en “A” esas funciones (qué sería en “A” el limpiaparabrisas, o un adelantamiento, o un cartel, o un pasajero…).

Te dejo un par de vídeos por si no te crees lo que te contaba…

Felices interconexiones!

P.S. Tras escribir el post he visto que Dolors Reig y PRoFeBLoG han lanzado también cosas relacionadas (y más profundas que esto que yo te he dejado aquí) en los respectivos blogs. Échales un vistazo si te parece.

Pinche aquí para ver el vídeo

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