Libros de texto en la ciencia

Libro de texto
Fuente

El libro ha sido, sobre todo desde la imprenta, la manera en la que nos hemos comunicado. Y ha cumplido un buen papel, sin duda. En la ciencia, especialmente.

Al inicio de una ciencia, cada investigador tiene una visión particular de lo que debería ser. Y tiene que escribir grandes libros, hechos a veces de muchos tomos, para explicarse. Porque la ciencia está en sus inicios y no puede hacer referencia a muchas ideas compartidas. Se ve obligado a contar “su” ciencia desde los cimientos.

Pero conforme la ciencia avanza y se impone un paradigma, los libros adquieren otra función: recoger lo básico, lo que es común, lo que está aceptado. En cuanto a ideas y a métodos de investigación que han generado esas ideas. Y nace el libro de texto para cumplir con eso. A partir de ese momento, los investigadores no tienen que contarlo todo, sino solo lo más nuevo. Se pasa de una ciencia individual a otra más colectiva. Con los libros de texto recogiendo el acervo común. Así, la formación de los futuros investigadores finalizaría cuando conocieran el contenido de los libros de texto y pasaran a investigar la realidad por su cuenta, añadiendo cosas.

Y la comunidad científica deja de comunicarse entre sí mediante libros para hacerlo mediante artículos en revistas científicas. Es decir, se pasa obras extensas a obras intensas. En las cuales se examina, con un nivel altísimo de detalle un fenómeno nuevo que encaja en el paradigma, o una aplicación nueva del paradigma a algo conocido anteriormente, o la resolución de una anomalía, o la aparición de una anomalía, o una nueva manera de obtener información relevante… Así, el libro de texto ya no es útil para exponer la ciencia particular de un investigador, pero sí que puede exponer la ciencia compartida por todos. Los artículos se ocupan de las cosas nuevas que ensanchan el paradigma o lo desafían, mientras que en el libro de texto aparece la versión estable del paradigma.

Pero que el libro de texto haya sido útil para la formación de los nuevos científicos no quiere decir que sea una buena idea usarlo para todo.

Se ha pensado que el libro de texto pudiera ser una herramienta también útil en la formación básica de la población. Y se ha demostrado, una y otra vez, su fracaso. Y lo que es peor. Se ha venido seleccionando a la población en función del conocimiento que se supone adquirido de los paradigmas a través de los libros de texto. Y digo supone porque los medios de verificación han sido meras repeticiones del paradigma o sencillas (o no tanto) aplicaciones de sus conceptos básicos a situaciones definidas, con una única respuesta válida.

Es decir, que algo que nació con un sentido (transmisión de los paradigmas de una ciencia), ha sido usado para otro destino completamente distinto (como única herramienta educativa y como principal herramienta de la clasificación de las personas).

Libro conectado
Fuente: Zonageek

El libro de texto da lo que da: el estado actual de un paradigma. Es decir, se centra en el pasado. Pero no dice nada del futuro. Y, además, suele obviar los caminos por los que se ha llegado a ese paradigma, lo que puede llevar a creer que ese es el único posible. Además, raramente los libros de texto son interdisciplinares, no mezclan ideas de varios ámbitos. No es su función. Y tampoco se ocupan de promover talentos distintos de los requeridos para formar investigadores. No hablan de expresión corporal y artística, tomas de decisiones complejas que requieran integración de informaciones, cambios de opinión ante mejores evidencias, sistemas para compartir y reutilizar lo compartido por otros, no incluyen nada respecto a cómo aplicar las ideas a situaciones nuevas o de nuevas maneras… Tampoco es su papel.

La escuela se ha apropiado de una herramienta que no era suya y la ha usado mal. Ha usado un martillo como calzador. Eso no quiere decir que los libros de texto sean inútiles, como tampoco lo es un martillo. Es la (pésima) consecuencia de diseñar el sistema educativo entorno a disciplinas, entorno al detalle.

Muy probablemente cada rama del saber seguirá necesitando sus libros de texto. Y muy probablemente, quitando los libros de texto de la educación terminaremos promoviendo su buen, pero limitado, uso: transmitir paradigmas ya asentados, que miran al pasado pero no dicen nada del futuro. Porque el futuro es de las interacciones, y de la innovación, y del liderazgo, y de la flexibilidad mental, y de la creatividad… Y eso no aparece en los libros de texto.

En Amazings.es, sobre cuando nace una idea científica

Post en Amazings.esEstoy aprendiendo a escribir breve. Es lo que tiene colaborar en Amazings.es, que con tanto genio por ahí suelto, algo se te pega. :)

He escrito allí otro post (Las buenas ideas, antes fueron malas) en el que trato de contar una cosa sobre la ciencia. Hay momentos de incertidumbre a lo largo de la historia del conocimiento. Momentos en los que no está claro qué sucede. Suelen aparecer en los inicios de alguna exploración, o cuando desarrollas algún tipo de instrumental que te da acceso a nueva información. Son momentos en los que hay diversas explicaciones posibles, que compiten entre sí. Son momentos de diversidad de ideas. Descabelladas muchas. Pero alguna es más cierta que las demás. Solamente una, eso sí.

Es un proceso muy darwiniano, creo… :)

Porque la mejor idea no es la que mejor explique el proceso en sí, sino la que mejor encaje con todas las demás ideas que tenemos. Gana la idea que más se adapte al contexto, que menos distorsione lo que ya sabemos.

Esto es algo que, en muchas ocasiones, no se suele tener en cuenta. No basta un descubrimiento científico que contradiga algo que se supone cierto para tirar abajo todo el edificio de la ciencia. Por dos razones. Una, porque se necesita una anomalía persistente, insatisfactoria, resistente a todas las explicaciones científicas que tratan de abordarla. La otra, porque los resultados suelen ser interpretables en la mayoría de los casos. Bajo la luz de la estadística y de las demás ideas que tenemos acerca de cómo es el mundo. Por tanto, hay que ir abandonando ese mito de que los experimentos dan conclusiones inequívocas.

Por eso tardan tanto algunas ideas de apariencia descabellada en imponerse (y así debe ser; lo descabellado, en la mayoría de los casos, suele terminar siendo eso, descabellado). Porque tensionan tanto el estado actual del saber que es necesario tiempo para avanzar, descubrir nuevas ideas, nuevos fenómenos. Y en muy diversos campos. Eso no sucede sino hasta después de mucho tiempo de muy duro trabajo.

En el post de Amazings.es te cuento el caso de los antecedentes de la Tectónica de Placas. Que, sorprendentemente (o no tanto) se remontan al siglo XVII. Y el instrumento precursor de todo aquel descubrimiento fueron el sextante y los relojes marinos de precisión, que permitieron elaborar buenos mapas y dejar volar la imaginación de gente como Antonio Snider. Pero se necesitó el duro trabajo de mucha gente durante dos siglos para llegar al estado de conocimiento que tenemos hoy.

Un resumen sobre el método científico

  • El pensamiento científico aspiraba a obtener la verdad. Hoy no, hoy aspira a obtener interpretaciones de hechos y procesos compatibles con la verdad, pero no la verdad misma. Aspira a lo que pudiera ser verdad.
  • El pensamiento científico actual sabe que el conocimiento procede de la experiencia. Pero también del propio pensamiento, que filtra la experiencia y la interpreta. La experiencia sin interpretación no tiene gran sentido.
  • El pensamiento científico produce multitud de explicaciones, pero no todas son válidas, aunque sean científicas. Para aceptarlas como científicas tienen que resultar coherentes entre sí.
  • No basta con lo anterior. Es necesario verificar. Bien mediante experimentación, bien mediante simulación por ordenador, bien mediante contraste entre predicciones y resultados…
  • No en todas las ciencias se verifica de la misma manera. Por tanto, el método científico difiere algo (o mucho) entre unas ciencias y otras.
  • Cuando se pretende verificar, suele ocurrir que haya que recurrir a interpretarlos mediante la estadística porque:
    • Los resultados no son exactamente los previstos.
    • El experimento tuvo que ser simplificado para llevarlo a cabo y no coincide exactamente con la realidad.
    • No se pueden realizar medidas directas de algo y haya que recurrir a estimaciones indirectas (p.ej., valorar otro parámetro relacionado; o valorar esa magnitud en otro lugar u otras condiciones).
  • El proceso se puede resumir en el gráfico adjunto:

Proceso científico

  • Las teorías científicas son un conjunto de hipótesis que encajan entre sí y sirven para poder explicar una amplia variedad de observaciones.
  • Un paradigma incluye teorías científicas que encajan entre sí, las razones que las han generado, los instrumentos y formas de usarlos con los que se construyeron, los valores (sociales, económicos, estéticos, éticos…) bajo los que surgió ese conocimiento, los problemas que resuelve.
  • A diferencia de otros campos del conocimiento, en la ciencia no caben varios paradigmas, alternativos, para atender un problema. Sólo hay uno para cada campo, que es el aceptado por la gran mayoría y el que más y mejor explica. Y no cambia hasta que no lo acepta esa gran mayoría.
  • La aceptación de una hipótesis, una teoría, incluso un paradigma, se lleva a cabo mediante publicación y revisión por pares. Es decir, por la comunida de todos los científicos que trabajan sobre ese problema. Así, la revista científica es la principal manera de hacer ciencia. Algo sin publicar y revisar no es ciencia. Pero no todas las publicaciones son igual de importantes (dependen de un ranking llamado “factor de impacto”).
  • Los hechos científicos que no encajan en las teorías aceptadas se consideran anomalías y quedan pendientes de resolución (bien por nuevos descubrimientos que les permitan encajar, bien por acumulación de anomalías que lleven a cambio de teoría o, incluso, sin son muchas o muy importantes esas anomalías, cambio de paradigma). Suelen ser el motor del avance de la ciencia.
  • Así, el trabajo de un científico consiste en comprobar que nuevas observaciones encajen en las hipótesis-teorías-paradigmas que ya tenemos. O en mejorar la precisión de las observaciones o el uso del instrumental. Sólo de vez en cuando encuentra anomalías. Y muy de vez en cuando esas anomalías le llevan a descubrir nuevas hipótesis-teorías-paradigmas.
  • Si no hay suficientes científicos ocupándose de un problema, o si este no puede ser observado con precisión, objetivamente, ese problema no se considera científico.

Te propongo una tarea. No es completa ni mucho menos. Seguro que tú la mejoras con tus aportaciones. Incluso tal vez te apetezca comentármelas si se te ocurren.

  1. Toma como punto de partida una situación del pasado (como mínimo anterior al siglo XVII) que te parezca que cuadre con la definición de “pensamiento mágico” (que tendrás que encontrar por tu cuenta).
  2. Aplícale cada uno de los pasos del proceso científico:
    1. Acumula datos objetivos y fiables sobre esa situación haciendo búsquedas en internet.
    2. Emite una hipótesis (y explica por qué la emites) acerca de una posible explicación.
    3. ¿Cómo podrías verificar esa hipótesis?
    4. ¿Cómo crees que habría sido acogida esa hipótesis en los tiempos en que existía pensamiento mágico acerca de la situación que estás estudiando?
    5. En el caso de que tu hipótesis hubiera sido acogida con escepticismo ¿Podrías aplicar la noción de paradigma para explicar ese resultado?

En qué consiste el trabajo científico

La verdad es que cuando se le pregunta a la gente qué hacen los científicos, la mayoría, la inmensa mayoría, contestan: “descubrir cosa útiles para la sociedad”.

Pues no. Y no. Ni lo uno ni lo otro.

Pocos científicos pocas veces descubren realmente cosas. Descubrir algo nuevo es un gran hito en la vida de un/a científico/a. La mayor parte de su trabajo, en cambio, es, comprobar, mejorar la precisión y exportar ideas o instrumentos o técnicas.

  • Comprobar sería verificar si suceden los resultados que un paradigma predice bajo unas determinadas circunstancias. Buscar los límites de los paradigmas, vaya.
  • Mejorar la precisión sería afinar los resultados predichos contrastándolos con los reales e introduciendo valores menores, de ajuste, en el paradigma, que lo completan pero sin cambiarlo.
  • Exportar significaría plantearse si un paradigma generado para un campo del conocimiento funcionaría bien en otro. O si un instrumento aún nunca aplicado rendiría resultados que merecieran la pena. O si una técnica de investigación contrastada como buena en un terreno del saber también lo sería en otro.

¿Y qué campos se investigan? Pues no hay especial priorización de los campos. Al menos desde la ciencia. Los estímulos para ocuparse más de un campo u otro surgen de subvenciones o inversiones. Para mí mejor la subvención pòrque aporta un enfoque más democrático, más atento a las necesidades de los ciudadanos, que espera retornos bajo la forma de servicios útiles para la población. La inversión espera retornos meramente financieros y sólo para los que aportaron dinero.

Resulta curioso que la ciencia no aspire, realmente, a encontrar novedades. Más bien trata de que lo que se mira pueda interpretarse desde un paradigma ya conocido. Que encaje con lo que ya sabemos, vamos, que no sea disonante. Precisamente ese es el criterio que se adopta, generalmente, para decir que algo ha tenido éxito en ciencia, que se ha resuelto bien. Que no sea una novedad sino que concuerde con lo conocido hasta ese momento.

Y es que un/a científico/a es persona. No quiere ver su trabajo de toda una vida derrumbado. No quiere que algo nuevo, recién descubierto, lo cambien todo. Porque una novedad podría significar que mucho de lo investigado hasta ese momento no valga. Por esa parte la ciencia es conservadora, muy conservadora. Y así debe ser.

Anomalías

Fuente: http://tinyurl.com/ycs53px

Pero por otra parte…

No todo el trabajo científico sale bien. Y entonces se las considera anomalías. En la ciencia, algo que no sale como se esperaba no derrumba inmediatamente el edificio del saber. Para nada… Puede haber mil y una razones para que el resultado haya sido inesperado y no pasa nada. Así que se considera una anomalía y ya está. Lo que ocurre es que cuando se acumula una anomalía tras otra no hay más remedio que replantearse la situación. Ahí es cuando la ciencia está en condiciones de aportar algo nuevo. No a partir de las anomalías aisladas, pero sí a partir de las anomalías acumuladas. Que se convierten en un reto intelectual. En un desafío que, cuanto más dura y cuantos más casos incorpora, más atractivo es y a más científicos y científicas llama.

Y es que, aunque el trabajo científico sea comprobar, mejorar precisión, o exportar ideas-instrumentos-técnicas entre campos, quienes lo hacen son personas con elevada curiosidad, dispuestas a sacrificar tiempo, recursos, esfuerzo en la búsqueda de una meta que no tiene garantizado el éxito. En enfrentarse a retos, enigmas, problemas, que ponen a prueba la capacidad intelectual, el ingenio. Independientemente de que tengan o no valor para la sociedad. De hecho, muchos de los problemas reales, acuciantes, no son enigmas, sino que se resolverían bien con trabajo en los tres aspectos habituales ya mencionados.

Pero también son personas que quieren ser útiles. Y aunque el papel de ser útiles a la sociedad lo juegan más los tecnólogos que los científicos, si tienen la suerte de que su campo se convierte en clave, (casi) toda persona quiere ayudar a los demás…

No todos ni todas se atreven a investigar novedades. Porque el éxito sólo lo obtienen un puñado muy reducido. Que son los que la sociedad termina reconociendo y aclamando.

A su vez, el descubrimiento de esa novedad abre un tiempo de nuevas expectativas. Surgen nuevos conceptos que hay que poner a prueba, que hay que comprobar si funcionan en muchas y variadas circunstancias, nuevos instrumental que hay que aplicar para aumentar la precisión, nuevas ideas que se pueden exportar. Las novedades matan parte del trabajo de los científicos, pero crean más trabajo, renuevan la ciencia.

Entonces… ¿Se ocupa la ciencia de aquello que es importante para la sociedad? Pues no… El criterio básico no es la importancia, sino la factibilidad. Que algo se pueda hacer. Y la anomalía. Que algo no se conozca. ¿Y qué pasa si un problema importante para la sociedad no tiene un paradigma reconocido por los científicos, o se ha abandonado ese paradigma? Que el problema queda abandonado también. De él, la ciencia no se ocupa. Tenga la importancia que tenga para la sociedad. Hasta que llegue alguien y brillantemente lo reconecte. Mediante una buena idea o un buen instrumental. P.ej, el estudio de las emociones estuvo aislado de la ciencia biológica durante mucho tiempo, hasta que se contó con instrumental adecuado para explorar el cerebro.

¿Sientes decepción? Esto es la ciencia… A veces es… No sé… A veces no me gusta.

Nacimiento, vida, muerte de un paradigma

Cuando se estudia algo por primera vez, hay pocos datos reunidos, o no se entiende bien. O faltan técnicas para observarlo con eficacia. Surgen entonces muchas ideas que aspiran a poder explicarlo. Ideas que son candidaos a paradigmas (oye, que si esto te suena raro, quizás estaría bien que te pasaras por ” Paradigma ” donde te contaba lo básico que he aprendido yo sobre ese tema, y que luego vuelvas por aquí). Y esos candidatos a paradigmas, te decía, compiten entre sí. Pero pasa el tiempo y vienen los datos, poco a poco, pero sin parar. Eso depura las ideas, los candidatos a paradigma . Elimina muchos, fusiona otros, apoya algunos.

Fuente: http://tinyurl.com/ydmvrcm

Al final, sólo puede quedar uno. Jejeje… Como en una buena película con un mal actor (bueno, en realidad solo la primera mitad de la película me gustó).

Ese uno que triunfa parece explicar suficientemente bien el problema, el objeto que estamos estudiando. Y es aceptado por la mayoría.

Es el primer paradigma.

Y a partir de ahí, según cuenta Thomas S. Kuhn, la ciencia se convierte en una actividad que se resiste al cambio. El primer paradigma ha venido para quedarse. Tanto como pueda. Y la ciencia se resiste al cambio porque está hecha por personas. Personas que se han formado, que han invertido mucho tiempo en aprender algo y usarlo. Y que no quieren que cambie porque cambiar significaría perder mucho de lo que se ha trabajado. Algo que no le gusta a nadie.

Y es que ningún paradigma nace perfecto. Todos contienen anomalías, situaciones que no se explican bien con ellos. Es verdad, funcionan en la mayoría de las situaciones, pero lo más habitual es que no en todas. Y aunque el paradigma no nace perfecto se acepta. Porque tiene éxitos. Y se acepta mientras tiene éxitos. Mientras es capaz de explicar cosas y más cosas. A la espera, a la esperanzada espera de que alguien tenga una feliz idea y las anomalías queden resueltas sin abandonar el paradigma.

Esto es lo que se llama ciencia normal. Los científicos ponen a prueba el paradigma una y otra vez. Buscan situaciones en los que se pueda aplicar y comprueban si efectivamente funciona, si efectivamente explica lo que ocurre. Muchas de esas situaciones funcionan, en muchas de esas situaciones el científico o la científica tienen éxito. En algunas no. Y así van engordando la lista de éxitos, pero también la de anomalias.

Y conforme más se sabe, conforme más éxitos hay, pero también más problemas descubrimos. Problemas que captan cada vez más la atención de otros científicos. Problemas sobre los que hay cada vez más información, problemas que hay que ir resolviendo, problemas que no se resuelven bien pensando, actuando, midiendo del modo en que lo hace la ciencia normal. Mientras el paradigma sea útil, mientras proporcione éxito a los científicos, todo va bien, a pesar de las anomalías, sí, pero…

Pero puede llegar un momento en que el paradigma se estanque. Y no suministra más éxitos. Entonces son las anomalías las que copan el interés de los científicos. Esas situaciones en las que el paradigma no funcionó. O puede que, aunque el paradigma no se haya estancado, las anomalías supongan un reto muy atractivo. Un reto que, quien lo venza, consigue reconocimiento, prestigio.

En cualquiera de los casos, se empiezan a relajar las reglas del paradigma. Se empieza a probar con otras opciones (otras teorías, otros instrumentos, otros protocolos de trabajo). Se hace ciencia no normal.

Si triunfa esa especie de cruzada contra las anomalías, las teorías o los métodos o los protocolos o los enfoques o las ideas que se usaron se tendrán que aceptar, se tendrán que integrar en el paradigma. Pero, ¿qué ocurre si hay alguna incompatibilidad? Pues surge una revolución científica. Dos paradigmas se enfrentan entre sí. Se reestudia todo lo que el viejo explicó a la luz del nuevo. Y si el nuevo tiene éxito, el viejo se abandona. Eso no pasa de un día para otro. Bueno, a veces pasa muy rápido, pero lo normal es que lleve su tiempo. Porque, te recuerdo, la ciencia la hacen personas. Y nadie quiere renunciar al trabajo de su vida, nadie quiere afrontar que hay modos nuevos y más exitosos de explicar las cosas.

Es curioso. La ciencia promueve el cambio, pero también se resiste a él. Esa lucha está bien, porque abandonar un paradigma es una cosa muy gorda y sólo debe hacerse cuando realmente merece la pena. Pero también hay que saber que hay momentos de cambio, en la que hay que abandonar mucho de lo logrado y avanzar hacia nuevas metas.

¡Qué gracia! Como en educación…. Y es que en educación, creo, han llegado tiempos de cambio. Porque no proporciona el éxito que proporcionaba. Esa es la condición de cambio. En la ciencia y en todo.

Paradigma

Paradigma es una palabra importante. Bueno, es importante si quieres saber de ciencias. El sentido moderno de paradigma parte de Thomas S. Khun y lo desarrolló en un libro llamado “La estructura de las revoluciones científicas“. Sí, ya sé. Se trata de un texto de filosofía de la ciencia y promete ser… ¡pesado!

Y para nada. Es un texto con mucho fondo, con muchas ideas, pero es fácil de leer. Yo sí pienso que es muy recomendable para cualquiera que opine que la ciencia es cosa suya. Para vosotras y vosotros, tanto el concepto de paradigma como el libro de Khun podrían ser útiles. Y es que interesados en ciencias hay muchos y por muchas y diversas razones, además de científicos.

Un paradigma es todo el conocimiento reunido y articulado (relacionado entre sí), que permite afrontar con éxito un conjunto amplio de problemas. Ese conocimiento incluye conceptos, procedimientos, instrumental, pero también valores (éticos, estéticos, culturales, sociales). Esos saberes tan variados actúan todos juntos, como un todo. Pero no solo eso. Además es un conocimiento aceptado mayoritariamente por los que saben de ese tema, por los que se ocupan de esos problemas que el paradigma aspirar a resolver. Es un saber compartido. E incluye problemas resueltos que sirven como modelo para abordar otros.

Paradigmas para ayudar a tomar decisiones

Fuente: http://tinyurl.com/oymqdp

De verdad que no sé explicarlo más sencillo. ¡Lo siento! Quizá me aclare un poco más si te digo que frente a todo problema desarrollamos posibles paradigmas. Es decir, desarrollamos ideas, formas de actuar, formas de pensar, herramientas, recopilaciones de problemas ya resueltos que sirven de inspiración…

¿Pero son paradigmas esos saberes? Todavía no. Porque se necesita que los compartamos con muchos otros. Y que esos otros los acepten. Y que esos otros sean la inmensa mayoría de la comunidad interesada en el problema. Entonces sí que tendremos un paradigma.

Si te fijas, en la ciencia hay paradigmas, pero también en el comportamiento, en lo social, en la política, en el arte… Un paradigma reinante ahora mismo en la política española es que el enfrentamiento es beneficioso para algunos. Y así nos va. Un paradigma reinante en los medios de comunicación es que aireando miserias de la gente se gana dinero. Y así nos va. Un paradigma reinante en la economía mundial ha sido que la acción del Estado sobre la economía es mala. Y así nos ha ido. Un paradigma reinante ahora es que los impuestos son malos. Y así nos irá en el futuro. En tu vida, seguro que hay una serie de paradigmas. Que te sirven tanto para resolver problemas como para pertenecer a un grupo (al grupo de los que resuelven problemas de una determinada manera).

Entonces, ¿hay alguna diferencia entre los paradigmas científicos y los de los demás campos? Pues sí. Una. Una, pero muy gorda. En un campo de la ciencia que trata de resolver un problema concreto, sólo hay un paradigma. Bueno, eso no es verdad del todo. Hay momentos de crisis en los que hay más de un paradigma, pero esos momentos de crisis se resuelven y uno gana. Otro día te hablo de esas crisis. Por ahora, lo normal es que en un campo de la ciencia que se ocupa de algún problema en concreto sólo haya un paradigma.

En la ciencia, en cuestión de paradigmas, ¡¡¡sólo puede quedar uno!!! En el resto de los campos (arte, política, medios de comunicación…) pueden convivir varios paradigmas. Eso es indicativo de que no es ciencia (ojo, que no ser ciencia no es peyoritario, no es despreciativo; es una mera descripción).

¿Cómo es que sólo hay uno? ¿Cómo actúa la ciencia para que termine siendo así? Porque aunque los problemas pueden ser explicados de varias maneras, una es mejor que otras (explica mejor, predice mejor, relaciona mejor) y termina por ser aceptada por la mayoría de los científicos. Así, la ciencia es un sistema que proporciona métodos para seleccionar un paradigma, uno solo, frente a otros. Por tanto, la ciencia es un sistema que promueve consensos. Probablemente, la ciencia es el sistema de consenso más eficiente del mundo.

Te aseguro que el concepto de paradigma es tan importante que hay gente que le dedica… ¡un rap! Lo que pasa es que he sido totalmente incapaz de traducirlo. A ver si pillo a Patrick y me echa una mano…

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