Evolucionismo vs creacionismo 2014

Hace un par de días se celebraba en Estados Unidos un debate muy polémico en las redes sociales, en el que se enfrentaban el conocido científico y presentador Bill Nye, más conocido como The Science Guy, y Ken Ham, famoso defensor de las teorías del Génesis. La discusión entre evolucionismo y creacionismo duró casi tres horas.

¿Tiene sentido a estas alturas polemizar sobre la teoría de la evolución? Hace 155 años, Charles Darwin publicaba su archiconocido libro On the Origin of Species, y desde aquella época la ciencia apuesta firmemente por el evolucionismo. ¿Suena lógico negar esta teoría y apoyarse en creencias religiosas a estas alturas?
Ya en 1859, el debate estaba abierto. El año en que Darwin publicó su famoso libro, supuso también el pistoletazo de salida a las críticas y sátiras sobre su figura. Pocos respaldaban que el ser humano pudiera haber evolucionado de los primates. Incluso conocidas bebidas alcohólicas, como el famoso "anís del mono" trataron de ridiculizar al científico británico, como vemos en la imagen de la izquierda.
Por fortuna, la evidencia científica ha podido respaldar con pruebas las teorías darwinistas. El conocido como evolucionismo es aceptado de forma unánime en la comunidad científica, aunque exista una parte de la sociedad que se mantenga escéptica ante estos argumentos.
En Estados Unidos, por ejemplo, el debate sobre evolucionismo y creacionismo no ha sido frenado. La discusión mantenida entre Nye y Ham (que podéis ver a continuación) ejemplifica a la perfección las dos caras de la moneda: las corrientes religiosas que argumentan con ideas de la Biblia (sin pruebas reales, más que la propia fe de los creyentes) y las ideas científicas, que se actualizan con nuevas hipótesis, comprobación de ideas mediante experimentos y aceptación de teorías si están apoyadas por la evidencia.

El creacionismo también evoluciona

Lejos de mantenerse anclado en la búsqueda de apoyos únicamente religiosos, los defensores del creacionismo han buceado en la bioquímica para tratar de usar argumentos científicos en la defensa de sus tesis. Este es el caso de la conocida teoría del diseño inteligente.
Esta idea es el "último refugio" de las corrientes creacionistas de raíz judeocristiana, en palabras del conocido investigador Juli Peretó, del Instituto Cavanilles de la Universidad de Valencia. Este bioquímico argumenta que parte del "éxito" de las teorías del diseño inteligente se basan en la incultura científica de la sociedad.
En un artículo publicado por la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular, Peretó explica que el creacionismo no es más que pseudociencia, que además se está extendiendo preocupantemente por los campus universitarios de Estados Unidos y algunos países europeos (como por ejemplo Polonia).
Esta difusión de ideas creacionistas no se sustenta, sin embargo, en una base científica, puesto que la propia Royal Society de Londres afirmó en 2006 que el evolucionismo estaba sumamente respaldado, negando la posibilidad de que el creacionismo pudiera tener cabida como teoría científica.
Este argumento también es respaldado por Stephen Jay Gould, que explica que "el creacionismo afirma que el evolucionismo no puede basarse en pruebas científicas", un razonamiento falso a tenor de las pruebas aportadas por los defensores de la teoría de la evolución.
A pesar de que en España el evolucionismo es sumamente aceptado (no solo en el seno de la comunidad científica, sino también en el sistema educativo), es importante no dejarse llevar por hipótesis al azar que no se sustenten en evidencias. Los debates de evolucionismo vs creacionismo que se dan en Estados Unidos, a mi juicio, no podrían sostenerse aquí, ya que las teorías religiosas relacionadas con la biología no están tan aceptadas como en otras regiones del planeta.
Fuente: http://alt1040.com/

Anémicos pero inteligentes

El asadito del domingo es un clásico de la cultura argentina. La gran mayoría de los argentinos come carne casi todos los días, y mira con cara rara a quienes se proclaman vegetarianos. Pero pese lo que les pese a estos últimos, la carne es la que nos hizo realmente humanos. Nuestro cerebro es el más grande del reino animal, en relación con el tamaño de nuestro cuerpo, y es un devorador de energía. Algo había que darle, y lo mejor que teníamos cerca, hace 1,5 millón de años, eran las sobras de carne que dejaban los grandes depredadores.
El primer humano más parecido a nosotros fue el llamado Homo erectus, que evolucionó hace 1,8 millón de años en Africa. Fue el primero en disfrutar de nuestro cuerpo adaptado a correr grandes distancias sin cansarse, fue el primero en dominar el fuego y también nos inició en la ingesta habitual de carne.
Paleoantropólogos españoles al mando de Manuel Domínguez-Rodrigo, de la Universidad Complutense de Madrid, descubrieron unos fragmentos fósiles de Homo erectus en la famosa Garganta de Olduvai, Tanzania, Africa. Esta es una región que ha develado grandes claves para el conocimiento de estos antepasados. Los fragmentos son partes de un cráneo que –se cree– pertenecieron a un infante que falleció a los 2 años.

VITAMINAS PARA LOS NIÑOS

Lo que llamó la atención de los paleoantropólogos no fue su corta edad, sino unas marcas porosas que descubrieron en los restos fósiles. Marcas típicas de hiperostosis porosa, que aparecen cuando el individuo sufre anemia por insuficiencia de vitaminas B12 y B6. Suele ser el resultado de no consumir suficiente carne, rica en esas dos vitaminas. Animales tan cercanos a nosotros como los chimpancés, que no son dependientes de la carne, no sufren de este problema, razón por la cual los investigadores concluyen que la carne ya era una parte más que importante de la dieta de Homo erectus.
El cráneo del niño se había adelgazado tanto por la falta de nutrientes que dejó expuesta la parte esponjosa del interior del hueso, por lo que siguió creciendo de forma anormal. Según los investigadores, esto debe haber ocurrido por una falta de ingesta de carne de la madre del niño, que seguramente todavía seguía amamantando. Puede haber ocurrido porque el grupo de la mujer estaba pasando un período de escasez. Si bien éste sería el caso más antiguo de anemia descubierto hasta la fecha, las implicancias de este hallazgo van más allá de saber que ya nos afectaba a los humanos hace 1,5 millón de años. La ingesta de carne se ha relacionado muchas veces con el desarrollo del cerebro y de la inteligencia entre los humanos.

CEREBRO, ESE GLOTON ENERGETICO

Si un científico extraterrestre se pusiese a mirar fotografías de cada una de las especies de primates de la Tierra, una le llamaría poderosamente la atención, no sólo porque es la única desnuda, sin pelaje, sino por el gran tamaño de su cabeza. Y sí, somos cabezones, ¡qué se le va a hacer! Así nos cuesta, también, ya que el cerebro se lleva entre el 18 y el 25 por ciento de nuestro presupuesto energético, a pesar de representar apenas el 2 por ciento del peso total del cuerpo. Piensen en sus ojos, que siguen estas palabras, en los músculos del cuello que mantienen la cabeza erguida, en la gran cantidad de órdenes que hay que coordinar para poder leer este artículo. De todo eso se ocupa el cerebro, y sin siquiera molestarnos.
Nuestros científicos extraterrestres podrían ver una serie de postales para seguir el camino evolutivo del cerebro humano. Primero verían a los Australopithecus, que ya se diferenciaban del resto de los primates con un cerebro de unos 400 cm3. Luego, el Homo habilis, hace 1,6 a 2,5 millones de años, que ostentaba un cerebro de entre 650 y 800 cm3. Y más cerca el Homo erectus, que caminó la Tierra en el período que va entre 1,8 y 500 mil años, con un tamaño cerebral de entre 850 a 1000 cm3.
Ese punto final estaría marcado por el crecimiento de los pliegues exteriores del cerebro, tan característicos, que parecen las arrugas de nuestras manos cuando las tenemos mucho tiempo bajo el agua. Es la corteza cerebral, que comenzó a crecer hasta llegar a su tamaño actual, superando al resto de las partes del cerebro. La corteza es la responsable de los procesos de aprendizaje y es la que nos permite relacionar causa y efecto de manera más eficiente. Es decir, la que nos da esta inteligencia superior a la de cualquier otro animal.
Una de las teorías que explican cómo y por qué evolucionó el cerebro de esa forma ubica al potencial para la inteligencia como algo secundario. Creció tanto de tamaño como parte de una adaptación general de nuestro cuerpo para correr mucho tiempo sin cansarnos. ¿De qué nos sirve para correr? Es que si se sobrecalienta, el cerebro puede dañarse, pero al tener más células resulta más fiable y resistente al calor de una carrera en la sabana africana de hace 2 millones de años.
Ahora bien, todas esas células de más crearon también muchos caminos neuronales que permitieron un poder de asociación mayor y más rápido, de manera que ambas adaptaciones pueden haber ocurrido en paralelo: la necesidad de neuronas para vencer el recalentamiento y la de una mayor organización.

CALORIAS PARA EL CEREBRO

¿Y cómo entra el tema de la carne en todo esto? Su incorporación como alimento debe haber generado grupos más complejos entre los Homo erectus y un tipo de interacción social que requería un intelecto maquiavélico mayor. A la vez que fue la única forma de conseguir la energía para alimentar a ese glotón que nos gobierna. Fue toda una serie de adaptaciones las que nos hicieron humanos, y la carne fue clave.
Como vimos, el costo energético de tener un cerebro grande es importante, y la energía la obtenemos principalmente de las calorías del alimento. Se cree que la única forma de que el cerebro pudiese haber crecido tanto fue gracias a la gran cantidad de proteínas y calorías que aportó la carne, potenciado con el inicio del arte de cocinar.
Al menos hace unos 800 mil años se sabe que los Homo erectus dominaban el fuego, y ahora se tiene en claro que eran comedores habituales de carne desde hace 1,5 millón de años. Ya en los años ’90, el primatólogo Richard Wrangham, de la Universidad de Harvard, había propuesto que la rápida expansión del cerebro en Homo erectus, iniciada hace 1,5 millón de años, y potenciada hace unos 600 mil, sólo podía deberse a que estos antiguos humanos aprendieron a cocinar los alimentos, y en especial la carne.
Diferentes descubrimientos arqueológicos, fósiles y genéticos, y prácticos, han terminado por darle la razón de que la energía necesaria para alimentar a los 86 millones de neuronas que tenemos en el cerebro sólo podría aportarla la carne cocida. Si no fuese así, deberíamos pasar 9 horas al día comiendo para conseguir las calorías necesarias a partir de alimentos sin procesar, como hacen los otros primates, como chimpancés o gorilas.
¿Qué tiene que ver la cocción en todo esto? Es que digerir los alimentos requiere también energía, y si no están procesados ni cocinados, le cuesta más trabajo al estómago. Al estar cocidos, es más eficiente y rápida la absorción de las calorías, por lo que en menos tiempo conseguimos más calorías para el glotón ese que está manejando sus ojos ahora. Es todo cuestión de eficiencia energética. Así es que ustedes pueden estar aquí leyendo gracias a que el Homo erectus empezó a comer carne de forma habitual, se puso a jugar con el fuego y terminó inventando la cocina.
Fuente: Suplemento Futuro de Pagina12

¿Por qué se arrugan las yemas de los dedos al sumergirnos en agua durante mucho tiempo?

Hasta ahora solíamos pensar que era el simple efecto de un exceso de absorción de agua por parte de la piel. Sin embargo Mark Changizi, un neurobiólogo evolutivo de los laboratorios 2AI de Idaho (Estados Unidos), ha captado la atención de la comunidad científica al postular que en realidad se trata de un ingenioso mecanismo corporal de defensadesarrollado por nuestros ancestros para poderagarrarse mejor a superficies húmedas. En un artículo publicado en la revista Brain,
Behavior and Evolution, Changizi explica que las arrugas en la yema de los dedos crean canales que permiten que el agua se drene mientras presionamos nuestros dedos contra una superficie mojada, a la vez que aumenta la superficie de contacto, permitiendo movimientos más ágiles y seguros.

De hecho, revisando estudios que datan de la década de 1930 Changizi comprobó que individuos con daños en los nervios de los dedos no experimentan este fenómeno de los dedos rugosos tras humedecerlos. Esto indica que la respuesta depende del sistema nervioso. Además, se ha comprobado que otros primates, en concreto los monos macacos, también responde así cuando pasa mucho tiempo con las manos mojadas. Ahora Changizi se propone estudiar si a otros mamíferos que viven en ambientes húmedos se les arrugan los dedos. 

Fuente:www.muyinteresante.es

Mas info: http://campusmexico.mx/2013/01/09/%C2%BFpor-que-se-arrugan-los-dedos-en-el-agua-una-respuesta-seria/

Darwin se confiesa

La Universidad de Cambridge publica las cartas del naturalista en internet. En ellas aseguraba que escribir su teoría de la evolución fue como confesar un asesinato.

El naturalista británico Charles Darwin (1809-1882) sentía que escribir su teoría de la evolución, base de la biología como ciencia, era como «confesar un asesinato», según reveló a su mejor amigo en unas cartas publicadas en la web de la biblioteca digital de la Universidad de Cambridge



Darwin mantuvo durante años correspondencia regular con el botánico inglés Joseph Hooker (1817-1911), con el que compartió algunos de sus sentimientos más privados, como la tristeza por la muerte de su nuera o sus reticencias acerca de su trabajo.
Investigadores británicos han descubierto ahora esta especial relación entre las más de 1.400 cartas inéditas que el científico escribió y recibió a lo largo de toda su vida.
Fue con Hooker con quien Darwin expuso por primera vez su revolucionaria teoría sobre el origen de las especies, que contradecía directamente a la religión, una atrevida afirmación que sólo compartió con su amigo en prueba de la confianza que le profesaba.
"Cuando llegaron los últimos rayos de luz estaba casi convencido (contrariamente a la opinión con la que comencé) de que las especies (es como confesar un asesinato) no son inmutables", escribió el investigador con esos paréntesis desde la reclusión en la que vivió durante sus años de estudio.
Hooker por su parte respondía con preguntas que iniciaron un intenso debate entre ambos, aunque apoyó a su amigo firmemente ante las críticas que recibió en el debate religioso posterior a la publicación del Origen de las especies en 1859.
Ambos se conocieron en su juventud, mientras viajaban como investigadores botánicos, Darwin en las islas ecuatorianas de Galápagos y Hooker en la Antártida, y aunque pronto sus carreras se separaroncontinuaron viéndose ocasionalmente y manteniendo el contacto por carta. En las misivas revelaron su tristeza por las pérdidas familiares; Darwin describió a Hooker la muerte de su nuera Amy al dar a luz y la preocupación por su hijo, que tras quedar viudo se marchó a Gales.
"Nunca he visto a nadie sufrir tanto como el pobre Frank. Se ha ido al norte de Gales a enterrar el cuerpo en una pequeña iglesia entre las montañas... Me gusta escuchar que está decidido a esforzarse y trabajar en todos los aspectos, pero no sé durante cuanto tiempo será capaz de mantener esta voluntad", explicó Darwin.

Fuente: MDZ +Cultura 


Los virus, un cruce de caminos entre evolución, biotecnología, biología molecular y ecología

Dogma central de la biología molecular inicial
Tomado de UCM Genética
Dogma central de la biología molecular revisado
Tomado de UCM Genética

Tras muchos años de investigación y discusión aún no hemos decidido si los virus son organismos vivos o no. Pero sí estamos de acuerdo en una cosa: si son vida, no son vida autónoma. Dependen de células para ejecutar el dogma central de la biología molecular. Y, con él, las funciones vitales de reproducción (fabricar nuevo ADN viral), nutrición (incorporar elementos a su estructura) y evolución (experimentar cambios en su material hereditario que se traduzcan en reproducción diferencial). En cambio, para la función de relación siempre son autónomos. Puesto que poseen proteínas mediante cuyas formas reconocerán a sus dianas.

Así, el virus encuentra en la célula un entorno favorable para su forma de vivir. Posee energía, sustancias a partir de las cuales obtener las suyas propias, maquinaria celular que podrá poner a su servicio. Un virus, si está vivo, solo lo está dentro de una célula. Nunca fuera de ella.

Quizá haya que pensar en los virus como seres vivos que saltan la frontera de la vida en ambos sentidos, hacia un lado y hacia otro.

Pero no solo saltando y ya está. Por que usan de modos distintos y diversos el dogma central de la biología molecular. Sí, esa expresión que suena rara, pero que solo quiere describir cómo pasa la información de unas moléculas a otras. Eso que parecía tan sencillo cuando mirábamos a las células, pero que se complica enormemente al añadir a los virus.

Y pueden hacer todo esto de dos formas. Una, de un modo destructivo para la célula. Replicándose masivamente. Con lo cual se convierten en causa de enfermedad y muerte para los organismos. O no. O también pueden integrarse en ella. Replicándose pausadamente. Y también replicándose cuando la célula lo hace. Y, de ese modo, en ocasiones, conferirle propiedades nuevas, cambiar a la propia célula. Porque los virus, al replicarse, pueden arrastrar genes consigo. Genes que pasan de un organismo a otro. Genes que enriquecen las respuestas que puede dar la célula infectada pero también su patrimonio hereditario. Es lo que se denomina herencia horizontal, independiente de la reproducción. Aún hoy discutimos qué papel ha jugado y juega en la evolución.

Es cierto que todos los virus pueden comportarse de modo destructivo. Y también es cierto que no todos pueden comportarse de manera integrada.

Esas capacidades extraordinarias de los virus hacen que podamos considerarlos herramientas biotecnológicas. Capaces de portar un gen que les hayamos confiado hacia el interior del genoma de un ser vivo elegido por nosotros. Son una de nuestras armas más potentes para transformar a los seres vivos que deseemos transformar en nuestro beneficio. Incluidos nosotros. Comprender y dominar los virus, domesticarlos, puede significar adquirir un poder inmenso para manipular la biosfera. Otra cuestión es cómo usar bien ese poder…

Se calcula que el número de virus excede al de células en un factor de 10. Si fueran vida, si los consideráramos así, serían, con mucho, la forma más abundante de vida del planeta. Y ninguna célula está a salvo de ellos. Ninguna. Que sepamos.

Por tanto, si son vida, deben ser una forma de vida evolucionada a partir de lo que consideramos “vida normal”. Porque sin células no puede haber virus.

Filosofía de célula, virus y viroides

Es complicado definir vida. Por la sencilla razón de que es un fenómeno evolutivo. Es decir, no es un estado estacionario. La vida misma ha concretado algunas de sus características desde su origen. Incluso ha adquirido algunas que consideramos hoy como algo esencial, consustancial a la vida. Pero que no las tenía al principio.

Para resolver la cuestión podemos recurrir a dos enfoques. Uno inclusivo, que trate de recoger todo lo que sea vida. Es un enfoque maximalista. Otro restrictivo. Que busca qué es lo mínimo que comparten todas las formas de vida. Incluso las más extremas, las que están en la frontera, las que dudamos en incluirlas dentro de lo vivo, como virus y viroides. Este es más bien minimalista. Sea cual sea el enfoque, en ambos casos hay que ir a las raíces, al origen de la vida. Para comprender qué tenía entonces, y definirla así (restrictivo) o para recoger toda la variedad que ha desarrollado desde entonces (inclusivo).

Hoy, tras haber leído un artículo de opinión de Edward Trifonov, me centro en el enfoque restrictivo. Gracias a él podemos llegar a una idea: la de información almacenada en moléculas, capaz de autoreplicarse fielmente, pero no exactamente, y de crear un entorno favorable a ese proceso; o de aprovecharlo si lo encuentra.

Viroide
Tomado de Cronodon.com

Esa definición altera la idea que tenemos de célula. Porque la célula ya no sería la vida, sino ese entorno favorecedor. Un entorno que la vida crea porque contiene las instrucciones para ello. O también un entorno que la vida aprovecha cuando lo encuentra. Y así incluimos virus y viroides como formas de vida. Porque sabrían usar entornos ya creados, aunque no sean propios. Tendrían por tanto dos modalidades: vida y vida a la espera de ser vida.

Con este concepto la vida baja a un nivel molecular. Y no sale de ahí. Y todo lo demás su hábitat. La vida no sería, entonces, un fenómeno celular. La célula dejaría de ser la unidad mínima de vida para cederle el trono a una molécula capaz de autorreplicarse al encontrar un entorno favorable para ello. Y capaz de pervivir mientras lo encuentra y no lo encuentra.

¿Y tú y yo? ¿Qué seríamos tú y yo? Seríamos portadores de vida. Pero no seríamos vida. Seríamos su producto, su entorno, su hábitat.

Bueno, como puedes comprobar, todo esto es modos de mirar. Uno de entre varios posibles. Ni siquiera uno que me convenza plenamente porque yo me inclino por entender la vida como una propiedad emergente, algo que ninguno de sus elementos tiene pero que aparece cuando se juntan todos. Algo que posee el conjunto pero no las partes. Igual que las ruedas de un coche o su volante no tienen la propiedad “ir a alguna parte” a no ser que se organicen con todos los elementos necesarios.

Pero me ha interesado mirar así. Me gusta contemplar las cosas desde varios ángulos. Me amplía. De hecho, admito que tiene mucho sentido desde el punto de vista de la biología molecular.

Pero, ¿sabes que te digo? Que sea yo un ser vivo o un mero portador, me voy. A tomar un café. Ahora mismo… :P

Complemento es mal nombre para ese amplificador colaborativo y protagonista

Tenemos unas 30 proteínas en la sangre que nos defienden. Actúan como un equipo para conseguir una cosa muy difícil: lograr montar una respuesta grande ante una señal pequeña. Por tanto, es un sistema amplificador. Pero que, a la vez, tiene que estar muy controlado. Para evitar falsas señales, falsas activaciones.

Se le llamó complemento porque, cuando se descubrió, se entendió que “complementaban” la acción de los anticuerpos. Que iban con ellos vamos… Y resulta que ese es un mal nombre. Que es justo al revés. Que los anticuerpos complementan al complemento… Y es que la evolución ha ido desarrollando armas inmunes en una secuencia. Pero nosotros las hemos ido descubriendo en otro orden. Es la razón de que nuestra nomenclatura sea mala, poco explicativa. Las denominaciones de muchos elementos de la inmunología obedecen al estado del conocimiento cuando fueron halladas, no a su significado real. Que, probablemente, hemos ido entendiendo después. Incluso mucho después, tras hacer nuevos descubrimientos y encajar mejor las piezas. Que descubramos algo no significa que lo entendamos del todo porque es posible que nos falten las interacciones con elementos que aún no conocemos.

Por esa misma razón, los nombres tan extraños de las proteínas del complemento. Que sí, que es lógico que todas ellas se llamen “C” seguido de un número. Incluso se puede entender eso de “C1q” o “C1r” o “C1s”. Porque las proteínas del complemento se fragmentan en trozos (de ahí las letras) y cada pedazo tiene su propia función, diferente del resto de pedazos y también diferente de la cadena de la que procede. Pero…. Pero resulta que la “C2″, p.ej., no es la segunda proteína que actúa. ¡Es la segunda que se descubrió! De ahí que sus secuencias de actuación resulten extrañas… P.ej. C1, C4, C2, C3, C5, C6, C7, C8 y C9.

Con los macrófagos, el complemento es la principal herramienta de respuesta innata. Por tanto, con macrófagos, el complemento es el que actúa todos los días y todos los días vence a millones de posibles patógenos sin que tú te enteres de ello. Recuerda que el objetivo de la inmunidad innata es que no caigamos enfermos… El complemento ha sido “patito feo” de la inmunología cuando en realidad es una de sus estrellas.

Activación del complemento
Tomado de Revista Médica Vallejiana

¿Qué logra el complemento? Lisar células. Que revienten, vamos. Y lo consigue colocando en sus membranas poros. Poros que desbaratan los gradientes (las diferencias de concentración y/o carga entre dentro y fuera de la célula; eso que es imprescindible para vivir). Pero no solo hacen eso. También facilitan la fagocitosis (opsonizan), ayudan a inflamar y colaboran con el barrido de los restos de la batalla (eliminación de los inmunocomplejos formados durante la respuesta).  Incluso amplifican a su amplificador, estimulan la respuesta específica que los estimula a ellos. En un bucle que nos lleva, en la mayoría de las ocasiones, a la curación.

Pero no lo olvides… El complemento funciona perfectamente sin anticuerpos. Colaborar con ellos es una de las cosas que hace. Pero por su cuenta consigue luchar, y luchar bien. Tan suficientemente bien que, junto con los macrófagos, impide que nos sintamos enfermos (si te sientes así es que se ha activado la inmunidad específica).

Hay tres modos de activar el complemento. La más antigua evolutivamente (pero no la primera que se descubrió) es la vía alternativa (qué mal nombre para la forma más habitual de activarse el complemento en el día a día…). En ella el complemento identifica y ataca directamente patrones moleculares habituales en patógenos. Y lleva unos 500 millones de años haciéndolo en vertebrados, probablemente más en otros animales… La más moderna evolutivamente es la vía clásica (que fue la primera que se descubrió, de ahí su nombre, tan equivocado él). Esta solo existe en vertebrados y requiere de inmunoglobulinas para activarse. Y hay una tercera, identificada no hace mucho, que se llama vía de las lectinas. Que, evolutivamente, es intermedia. Más antigua que la clásica, más moderna que la alternativa. La vía de las lectinas mezcla características de la vía alternativa y de la clásica. De la alternativa tiene que es activada por antígenos bacterianos genéricos (que son portados por muchas clases de bacterias). De la clásica tiene que no es el antígeno quien activa directamente, sino unas proteínas adaptadoras, intermediarias. Las llamadas ficolinas y también las llamadas MBP (alias MBL; los científicos son así, le ponen a veces varios nombres a lo mismo y no se aclaran…).

Sea como sea que se active el complemento, al final siempre produce lo mismo: el complejo proteico de ataque a la membrana. Un poro, vamos. Un destructor de gradientes. Un eliminador de diferencias entre dentro y fuera. O sea, letal. Pero las tres vías tienen otro elemento común: en todas ellas hay proteínas del complemento que son troceadas, escindidas. Y algunos de los fragmentos se unen a la membrana del patógeno para atacarla. Pero otros fragmentos difunden por el medio que rodea a nuestras células, ejerciendo funciones inmunitarias complementarias. Como inflamar, o activar a otras células, p.ej. Digamos que el complemento es una ruta muy versátil. Y muy antigua y eficaz, tanto en su versión llamada alternativa como en la de las lectinas. Quizá la podríamos considerar nuestra mejor arma contra microorganismos. De hecho los organismos que se considera que tienen un sistema inmune más potente, más resistente, son bastante antiguos: los tiburones. O sea, que la evolución ha confiado durante mucho tiempo en el complemento y los anticuerpos parecen haber nacido para ayudarle. Aunque luego se han empleado, también, para activar a otras células. Como hace el complemento… Anticuerpos y completemento, caminos paralelos…

Y un tercer elemento común es la cascada de señales. Que consiste en que una proteínas del complemento, o un trozo de ella una vez rota y activada (y es que algunas de sus proteínas se activan al romperse; ahora después te cuento), pone en marcha a la siguiente. La cual pone en marcha a la siguiente. Y así. Pero no una a otra, no. Lo he dicho mal. Una a muchas. Y aquí reside el mecanismo amplificador. Para que te hagas una idea: la C3b activa millones de la siguiente en apenas un par o tres de minutos.

Aclaramiento de inmunocomplejos
Tomado de Revista Médica Vallejiana

Te decía hace un momento que la fragmentación de proteínas del complemento activa a algunas de ellas. Es decir. Que existen en una forma inactiva que ha de ser cortada para que cada trozo ejecute su función. ¿Por qué? Para dos cosas. Una, para tener mayor control de lo que sucede (el complemento es peligroso, no puede estar permanentemente en marcha, solo cuando se le necesite). Y otra para repartirse el trabajo las distintas proteínas. Unos trozos servirán para abrir un agujero. Otros para hacer más atractivo al patógeno para los macrófagos. Otros son amplificadores de la vía y despiertan a millones de sus compañeras. Otros provocan inflamación para crear un entorno más desfavorable al patógeno. Otros avisan a otras células para que se añadan a la lucha.

Muchas células del sistema inmune tienen en su membrana receptores capaces de reconocer a algún miembro de la familia del complemento. Por si el patógeno es capaz de resistir los agujeros que les hace el complejo de ataque a su membrana. Y no solo células del sistema inmune, no. Muchas células de tejidos, por todo el cuerpo, tienen proteínas reguladoras del complemento. Para evitar que falle y se líe a hacer agujeros en cualquier sitio. Pero también las hay que se unen a él para retirar los restos tras el éxito, también para el trabajo de limpieza. De eso se encargan los glóbulos rojos, a los que se pegan moléculas del complemento y los restos del patógeno que ellas traigan adheridos. Y los hematíes descargan todo eso en el hígado, la central de limpieza. Allí trabajan macrófagos para destruir todos esos componentes. Y parte de ellos tú los desechas mediante la bilis. Trozos de patógenos que ni siquiera sabías que habían entrado en ti.

Por vía fecal. Recuérdalo la próxima vez que pases por el cuarto de baño… :-P

Endosimbiosis bacteriana y políticos a los que les toca la lotería varias veces

Las mitocondrias son orgánulos que proceden de un proceso de endosimbiosis. Sí, sí, ese proceso por el que un organismo introduce dentro de sí a otro y, en vez de digerirlo se lo queda y se aprovecha de él y lo mantiene. O quizás fue al revés, que el que se introducía buscaba matar al hospedador, pero de alguna manera este aguantó con él dentro y terminaron colaborando.

El caso es que fue hubo una simbiosis. La cual fue única, sucedió una única vez. ¿Cómo sabemos eso? Porque las mitocondrias de diversos organismos tienen diferentes genomas. Es decir, hay mitocondrias que han perdido genes por el camino de la historia. Probablemente porque a la célula no le hacía falta que los tuvieran, quizá por habérselos pasado al genoma de la célula. El resultado es que todas las mitocondrias tienen ADN propio, pero ese ADN no es exactamente igual en todas las mitocondrias de todos los eucariotas.

Reclinomonas
Reclinomonas tomado de EOL

Hay algunos genes mitocondriales que están presentes en todas ellas, estén en el eucariota que estén. Sin embargo, eso no garantiza que la endosimbiosis fuera un proceso único, no. Eso garantiza que en todas ellas hubo un evento de endosimbiosis común. Pero los demás genes, pudieron llegar por otros eventos. Y la mitocondria ser el resultado de varias endosimbiosis.

Pero no.

Pero hay un protozoo, llamado Reclinomonas americana, que tiene todos los genes. Todos. Todos los genes que tienen todas las demás mitocondrias. Cualquier gen que haya en una mitocondria cualquiera en un eucariota cualquiera, ese gen lo tienen las de Reclinomonas americana. Y sí que sería muy, muy, muy, muy improbable que haya habido varios episodios de endosimbiosis y que todos le hayan pasado a Reclinomonas. Eso es como cuando hay políticos que dicen que le tocan premios importantes de la lotería varias veces (y encima ponen cara de ofensa porque no nos lo creamos…).

La estadística sirve para mentir. Pero la estadística no miente…

Rickettsia
Rickettsia tomada de MicrobeLibrary

Además, comparando los genes de las mitocondrias con los de las bacterias, hemos encontrado una candidata a ser pariente de ellas: Rickettsia prowazekii. Las mitocondrias y Rickettsia debieron tener antepasados comunes.

Ya sabes a quién le debes tu energía…

La próxima vez que oigas un nombre raro, no huyas de él. Al revés. Trata de averiguar si es algo importante en tu vida. Que una palabra extraña, o que no conoces, no te aparte ni del saber, ni de lo que podrías hacer con ese saber.

La resistencia a los antibióticos tiene 30.000 años.

Los científicos quedaron sorprendidos al ver la rapidez con la que las bacterias se hacían resistentes a los antibióticos cuando estos fueron desarrollados hace menos de un siglo. Ahora, investigadores de la Universidad McMaster (Canadá) han descubierto que esta resistencia ya existía hace al menos 30.000 años.
Foto: OMS
“Se considera que la resistencia antibiótica es un problema actual y que los antibióticos están perdiendo efectividad debido a la propagación de la resistencia en los hospitales”, explica Gerry Wright, director científico del Instituto Michael G. DeGroote de Investigación sobre Enfermedades Infecciosas de Canadá y uno de los autores principales del estudio. “La pregunta más importante es de dónde viene esta resistencia”.

Los resultados de un nuevo estudio publicado en la revista Nature muestran que la resistencia es un fenómeno natural anterior al uso clínico de los antibióticos. Los científicos descubrieron la existencia de genes resistentes a los antibióticos junto a genes que codificaban ADN de antiguas formas de vida como el mamut, el caballo, el bisonte y plantas del último periodo interglaciar, en el Pleistoceno, hace al menos 30.000 años.
Después de años estudiando el ADN bacteriano extraído de suelo congelado en el permafrost de Yukón, los expertos del Centro de ADN Antiguo de la Universidad de McMaster (Canadá) se centraron en la resistencia a la vancomicina, un grave problema clínico que surgió en la década de 1980 y que sigue asociándose con brotes de infecciones contraídas en hospitales en todo el mundo.
“Identificamos la presencia de estos genes a unas profundidades que coinciden con la edad de otros ADN, como el del mamut”, afirman los autores, que demostraron que, si bien no eran contemporáneos, formaban parte del mismo árbol genealógico. Se trata de la segunda vez que se ha ‘resucitado’ una antigua proteína en un laboratorio.
Wright cree que este avance tendrá importantes repercusiones y que abre el camino para la investigación de la resistencia antibiótica más remota. “Los antibióticos son parte de la ecología natural del planeta, y tenemos que ser extremadamente cuidadosos en la forma de usarlos. Los microorganismos han descubierto una forma de burlarlos mucho antes de que incluso sepamos cómo aprovecharlos”, subraya Wright.
Fuente: cienciaylocura.net