¿Y si me callo yo y habla Rob Dunbar?

Rob Dunbar es un buen ejemplo de que la educación trasciende el lugar y el momento, que se ha expandido y que ya no le pertenece sólo a la escuela, sino que puede estar en todo lugar y todo momento que desees (si tienes conexión a internet, claro). Él pronunció una conferencia en abril de 2010. Y ahora la puedes ver y seguir (incluso con subtítulos, aunque su inglés es razonablemente claro).

Fíjate tú… Antes, yo tendría que escuchar o leer la conferencia de Rob Dunbar, o escuchar o leer a alguien que la hubiera escuchado, y luego contártela a ti. ¿Por qué no saltarnos directamente todos esos pasos? Es que él es muy claro exponiendo a qué riesgos nos enfrentamos con el cambio climático en marcha. Y con una vertiente del mismo que está siendo muy poco atendida, comparada con otras: el CO2 atmosférico, además de quedarse en el aire, también se disuelve en el agua marina. Y eso hace que los océanos se vuelvan más y más ácidos.

¿Sabes lo que puede hacer el agua más ácida con los caparazones calcáreos de una enormidad de organismos marinos? No te lo voy a contar, no. Voy a dejar que metas un huevo de gallina en un vaso lleno de vinagre y que mires, al día siguiente, qué ha pasado con su cáscara (con cuidado, eso sí, no te vayas a manchar).

Es muy probable que la atmósfera y la vida sobre el nivel del mar aguanten una cierta cantidad de exceso de CO2. Más o menos. Pero el océano parece que no, que su biodiversidad no aguantaría tanto. Estamos ya a 390 ppm y deberíamos mantenernos en 350 ppm para evitar los riesgos de que colapse la biodiversidad marina. Por cierto… No se ven signos que que podamos parar el incremento antes de que llegue a 450 ppm, así que…

Que te lo cuente Rob Dunbar…

CO2 y PIB
Fuente: Entrezenygen

No sé qué te habrá parecido el mensaje… Sólo te digo que su lista de publicaciones científicas es amplísima. Hay gente que le discute. Escépticos climáticos les llaman. No suelen decir que se trata de gente con poca formación biológica o geológica, o de gente que si la tiene sufre el síndrome de “Belén Esteban” (si digo una barbaridad me harán caso, ya que no tengo suficiente entidad intelectual como para ser un investigador puntero). O, lisa y llanamente, de gente que defiende intereses económicos empresariales, no intereses generales. Y es que la principal fuente de CO2 atmosférico es la actividad económica, como muestra la gráfica que relaciona ambas cosas en China.

Tampoco suelen decir que ni uno de sus argumentos ha colado jamás.

Sed de materias primas y fondos oceánicos

Un yacimiento mineral es un concepto económico, no geológico. Todo depende de que sea rentable extraer mineral de algún lugar para que ese sitio sea considerado yacimiento. Es lo que ocurre con los fondos marinos, con las llanuras abisales. Todo muy sencillito, ¿no? Pues no, para nada. Porque… ¿quién es el dueño de los fondos abisales? ¿Qué país?

¡La ONU! A través de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos. Que es la que regula dónde y a qué se puede acceder, y qué tecnologías está permitido emplear. Hace muy poquito ha aprobado un nuevo reglamento dentro de su Código Minero para poder prospectar en busca de un tipo de materiales en concreto (sulfuros polimetálicos, luego te cuento). Y la primera que ha pedido autorización, China. ¡Qué hambre de materias primas tienen!

Para España esta noticia también es interesante. Porque una de las áreas que puede tener gran riqueza de minerales y que ahora se abre a la prospección está frente a la Bahía de Cádiz (aunque en aguas internacionales, que lo único sobre lo que los países tienen jurisdicción es la plataforma continental).

¿Qué hay en esas llanuras abisales que pueda merecer la pena? Pues básicamente tres tipos de materiales. Nódulos polimetálicos (también se les llama nódulos de manganeso), lo sulfuros polimetálicos que ya te indicaba y costras de ferromanganeso.

Nódulos polimetálicos
Koelle en Wikipedia

Los nódulos polimetálicos son algo bien conocido desde hace más de 150 años. Se trata de concreciones que crecen, a partir de un núcleo inicial, a base de capas. Como una cebolla, vamos. Sólo que las capas no son de cebolla, sino de hierro y óxidos de manganeso, alternadas. ¿Qué sirve como núcleo, para empezar a formar un nódulo? Cualquier cosa sólida que haya por allí abajo. Un diente de tiburón, sin ir más lejos. O cualquier desperdicio que haya tirado alguien que vaya navegando (siempre que se hunda, claro). El tamaño típico de una de estas piedras es de 5-10 cm (el de una patata, vamos). Aunque su abundancia varía, pueden cubrir hasta un 70% del fondo en algunas áreas.

Sea cual sea su mecanismo de formación (que aún no está claro cuál es, o mejor dicho, cuáles), parece que son un recurso no renovable, ya que para lograr cada centímetro de grosor parecen invertir 2-3 millones de años. Aunque eso plantea la incógnita de cómo es posible que no queden enterrados en los sedimentos, que caen más rápido de lo que ellos se forman. Así que no se descarta que intervengan procesos biológicos, que son mucho más veloces que los geológicos.

Eso sí, aparecen en muchos lugares. Incluso en lagos. Pero con las técnicas actuales parece que sólo algunos son rentables. Se considera que sí lo es una zona de algunas decenas de kilómetros cuadrados que pueda rendir unos 15 Kg/m2 de material. Níquel, cobre y cobalto es lo más interesante, aunque no lo único, que se puede obtener de ellos.

Sulfuros polimetálicos
Autoridad Internacional de Fondos Marinos

Los sulfuros polimetálicos proceden de humeros submarinos. Se trata de lugares donde surge agua de la roca, calentada hasta 400ºC (puede alcanzar esa temperatura y mantenerse líquida gracias a la gran presión que experimenta dentro de las rocas del fondo marino). En esas condiciones, el agua es un ácido potente capaz de lixiviar muchos materiales, disolviéndolos, arrancándolos del mineral en el que están y arrastrándolos consigo. Pero en cuanto sale al exterior, se enfría súbitamente y tiene que depositar su carga metálica. Poco a poco se forma un tubo hueco, que recuerda una chimenea por el negro del agua que sale de él (color que se debe a los metales que arrastra).

Por su mecanismo de formación, están asociados a dorsales oceánicas y puntos calientes, aunque la mayoría de ellos se encuentran en lugares ya apagados, no activos.

Se trata de un proceso relativamente rápido (entre décadas y siglos) que puede acumular hasta 100 millones de toneladas de material susceptible de ser explotado.

Humero
Fuente: NSF

Pero eso sí, se trata de lugares de rica biodiversidad, con especies aún no completamente conocidas. Y habría que recordar el “Principio de Precaución“, no vayamos a cargarnos algo importante a cambio de muy poco. Que esas especies pueden jugar un importante papel ecológico. Incluso geológico. Y es que se trata de gusanos que no tienen sistemas digestivos, sino que viven en simbiosis con bacterias capaces de obtener energía de compuestos metálicos, sin intervención de luz solar por ningún lado (quimiosíntesis, vaya). Si al explotar este tipo de yacimientos destruyéramos estos hábitats, ¿qué pasaría si descubriéramos que se trata de bacterias aptas para colonizar Marte o Europa? ¿Qué pasaría si participaran en algún proceso clave para otros recursos minerales de los fondos marinos? ¿Qué ocurriría si intervienen en algún tipo de actividad que reduce la toxicidad de los metales vertidos al mar por las manifestaciones volcánicas? ¿Y si pudieramos usar alguna de sus enzimas para algún tipo de proceso industrial? No, no, hay que ser muy cuidadoso, que las sorpresas están a la vuelta de la esquina. Si fuera por una cuestión de supervivencia, está claro: nosotros antes que los gusanos. Pero para fabricar tonterías, hay que mirar mucho si merece  la pena destruir por destruir.

Costras de ferromanganeso
http://geology.uprm.edu/Morelock/9_image/hydro.jpg

Y finalmente están las costras de ferromanganeso enriquecidas en cobalto. Se trata de precipitados metálicos de origen bacteriano que se forman en lugares desprovistos de sedimentos. Cuando quedan enterrados bajo ellos dejan de crecer. Pueden tener hasta unos 25 cm de espesor, aunque se forman a un ritmo de 1-6 mm por cada millón de años (uno de los procesos más lentos en los que intervienen seres vivos). No se da a grandes profundidades y requiere ciertas pendientes para poder evitar quedar tapado por sedimentos.

Los recursos mineros del fondo marino son, desde luego, algo a tener en cuenta, claro. Pero para transformarlo en bienestar, no en riqueza (no es lo mismo, como demuestra la actual crisis económica). Y cuidando de no hacer daño durante los procesos de extracción que se pongan en marcha.

Cómo llega el mercurio a los peces (y luego a tu bocadillo)

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El mercurio es un problema. Es un elemento tóxico. Neurotóxico. Eso quiere decir que perjudica al cerebro y especialmente a las capacidades cognitivas. Incluso en bajas cantidades. Eso es algo ya bien estudiado.

Pinche aquí para ver el vídeo

La principal fuente de mercurio es la quema de combustibles fósiles que, vía atmósfera (aunque también vía agua de escorrentía), termina llegando al mar. Lo que ha descubierto el equipo que dirige Dave Krabbenhoft es cómo el mercurio se procesa en los océanos hasta terminar en la cadena trófica. Y no ha sido un trabajo fácil, no. Ten en cuenta que el Pacífico es enorme. Enorme. Detectar en él el mercurio no era fácil. Y detectar variaciones en la concentración mucho menos. Y estaba lejos de ser fácil descubrir el mecanismo por el que el mercurio termina concentrado en seres vivos en un cuerpo de agua tan grande, tan enorme, tan enoooooooorme como el Paciífico.

Pues lo han hecho. Han sido capaces y han verificado que la cantidad de mercurio biodisponible (es decir, capaz de ser asimilado por los seres vivos). Y han proyectado que puede pasar en los próximos 40. Y asusta. Un aumento del 50% para 2050 de seguir las cosas como están.

Metilmercurio

Fuente: http://tinyurl.com/yzusss3

El mecanismo que han hallado para que el mercurio se incorpore a los seres vivos no es complejo. Las algas de la superficie marina lo absorben y, al morir y hundirse, esa lluvia de restos algales termina a 300-800 metros de profundidad, donde la actividad bacteriana descompone esa materia orgánica. Y donde la actividad bacteriana convierte el mercurio en metilmercurio, que es la forma fácilmente asimilable por los seres vivos. Y resulta que el gran predador de peces a esas profundidades es el atún.

Fuente: http://tinyurl.com/ylz29j2

Aquí entra en juego el proceso de biomagnificación. Que es fácil de entender. Imagina que comes comida contaminada por algo que no puedes expulsar. Pues se acumula en tu interior, ¿no? Ahora imagina que alguien se come a quien comía comida contaminada. Pues se come todo lo acumulado y a su vez lo retiene, no lo expulsa. Y así sucesivamente. Hasta llegar al atún. El atún del Pacífico suele mostrar elevados niveles de mercurio. Que no es que hagan un bocadillo tóxico, no. Pero muchos bocadillos a lo largo de años sí que lo son. Porque el mercurio se acumula.

El proceso que han descubierto los integrantes del equipo de Krabbenhoft es algo muy automático, en lo que tenemos poca capacidad de influir. Eso quiere decir que deberíamos tener cuidado con las emisiones de mercurio, pues una vez lanzado tenemos poco control sobre lo que ocurra.

¿Te das cuenta de una cosa? Si el Pacífico, el oceano más grande, no es capaz de diluir el mercurio, que está en pequeñas cantidades, es muy probable que todo lo que arrojamos al medio ambiente termine volviendo a nosotros.

El mar no es tan grande como parece. No para el mercurio, al menos.

Sunderland, E., Krabbenhoft, D., Moreau, J., Strode, S., & Landing, W. (2009). Mercury sources, distribution, and bioavailability in the North Pacific Ocean: Insights from data and models Global Biogeochemical Cycles, 23 (2) DOI: 10.1029/2008GB003425

Bombas de lluvia vivas

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Nuestro cerebro trabaja incansablemente para convertir correlaciones en causalidades. Es decir, que no para de buscar las razones de que dos cosas sucedan relacionadas. Y en esa operación hay una dificultad… ¿Cuál de las dos es la causa y cuál de las dos la consecuencia? ¿Cuál ocurre porque la otra la provoca?

Es frecuente oír hablar de los árboles como capaces de atraer lluvia. Pero la ciencia piensa en el árbol como consecuencia, más bien que como causa. Es decir, hay árboles porque llueve, no llueve porque hay árboles.

Pero se ha propuesto un mecanismo justo para lo contrario. Que sitúa al árbol como causa. Que provoca lluvia.

Y eso porque una gran masa forestal, una gran cantidad de árboles, al evapotranspirar, al tomar agua del suelo y expulsarla por los estomas de sus hojas, provocan una baja presión local. Mmmm… A ver si me explico… Que el aire húmedo sobre grandes bosques sube; y al subir crea un pelín de vacio  que es rellenado por aire del alrededor (¡evidentemente no es un vacío, pero te lo digo así para que me entiendas!). Y ya sabes, las cosas van de alta presión (donde están apretadas) a bajas presiones (donde están menos apretadas; y si el aire sube, desde luego que aprieta mucho menos que si baja). Por tanto, el bosque o la selva actuarían como una gigantesca aspiradora que aspira aire de zonas lejanas, aire que si viene del mar acude cargado de humedad. Y entonces llueve.

En otras palabras, las grandes zonas boscosas no sólo aportan agua a la atmósfera. Crean los vientos que traerán más agua.

Nubes y selva

Fuente: http://tinyurl.com/amnthv

Bueno, al menos eso es lo que propone Douglas Sheil, examinando a fondo una hipótesis propuesta por Anastassia Makarieva y Víctor Gorshkov. Y lo que dicen tiene unas consecuencias importantes. Y claras. Si desaparece la masa arbórea, desaparece la lluvia. O lo que es lo mismo, que el cambio climático puede verse acelerado si reducimos el tamaño de la selva. Aquí, el tamaño importa. Tanto que con la hipótesis clásica (la lluvia es la razón de las grandes masas de árboles) se puede esperar una pérdida de lluvias del 30% por deforestación. Y con la nueva hipótesis, lo que se espera es una pérdida del 90%.

Makarieva y Gorshkov plantean que a lo largo de una serie de transectos (de largas línea rectas que recorren mientras recolectan datos) han verificado que la lluvia decae exponencialmente al alejarse del mar, si el transecto sucede en zonas sin árboles. ¡No te asustes por palabras raras para ti! Exponencialmente quiere decir que cuando sumas kilómetros multiplicas la pérdida de lluvias. O si lo quieres de otro modo, que en los primeros kilómetros, cercanos al mar, cae toda la lluvia y que tierra adentro cae muy muy poco. Y en pocos centenares de kilómetros, se agotó la humedad. Pero si el transecto va por zonas con árboles, con muchos árboles, la humedad tarda en agotarse miles de kilómetros, no cientos. Y esa diferencia es la que les llevó a proponer este mecanismo del que te he hablado.

Sin este mecanismo, zonas como la cuenca del Congo o el Amazonas perderían casi toda su lluvia sin árboles. Porque están en el interior de los continentes, si la hipótesis se verifica.

Referencias:

Sheil, D., & Murdiyarso, D. (2009). How Forests Attract Rain: An Examination of a New Hypothesis BioScience, 59 (4), 341-347 DOI: 10.1525/bio.2009.59.4.12
A. M. Makarieva; V. G. Gorshkov., & Petersburg Nuclear Physics Institute, Gatchina, St. Petersburg, Russia (2007). Biotic pump of atmospheric moisture as driver of the hydrological cycle on land
Hydrol. Earth Syst. Sci., 11, 1013-1033