Las insuficiencias de la economía

La economía es una cien cia limitada. Sirve para lo que sirve, y no sirve para lo que no sirve. El problema es que se está utilizando mal. Como si la economía fuera un sistema de decisiones universal. Y ni lo es ni puede serlo.

Una de las consecuencias más graves es la insostenibilidad que rige el uso de los recursos, con el beneficio como único criterio. Otra de las consecuencias es la desigualdad desatada. Que genera problemas sociales pero también ambientales. Desigualdad que afecta a cuestiones tan básicas como la salud, sin ir más lejos.

Estamos en una crisis que va más allá de lo financiero. Y hay razones que dicen por qué la economía no sirve para salir de ella, razones que atañen a sus insuficiencias como ciencia. O mejor dicho, a sus insuficiencias como tecnología de la decisión.

Que son bien conocidas por los científicos y que se sabe que fueron la causa de la actual crisis.1) Se basa en la eficiencia de Pareto: no empeorar a nadie para mejorar a alguien. Esto, así dicho, tiene buena pinta. Pero la realidad es que la eficiencia de Pareto mantiene distribuciones de Pareto. En la que los ricos no pueden perder para mejorar a los pobres. Esa es la principal consecuencia de esa eficiencia. Por tanto, los datos macroeconómicos no dicen nada del reparto. O mejor dicho, sí dicen. Que va a seguir igual. Que el 80-90% del crecimiento que indica la macroeconomía irá al 10-20% más pudiente. La economía no habla de a quién va el dinero. No de un modo explícito. No en sus ecuaciones. 

Fuente: The 80/20 rule
2) La economía se ocupa de maximizar la producción (para maximizar beneficios), no de mejorar el nivel de vida. Que los datos macroeconómicos mejoren no significa que la gente vaya a vivir mejor. Ni peor. Significa que habrá más productos a la venta. No queda claro si habrá más dinero para adquirirlos ni si serán los productos adecuados para tener una vida más plena y feliz.3) La economía no indica finalidades de los productos no dicen para qué se produce lo que vamos a producir más. Ni para quién. Solo dicen que vamos a producir más, no quién los obtendrá y si los disfrutará quien más los necesita. Los datos de crecimiento macroeconómico no garantizan ninguna equidad o sostenibilidad por sí mismos. Solo garantizan que hoy habrá productos. Pero de mañana no dicen nada. Y de si han llegado a quien más los precisa, tampoco. 

4) La economía no atiende lo que no es monetizable (no tiene valor de cambio) por ser insustituible. Es decir, la economía no entiende de lo que no se puede cambiar por dinero. Y hay muchas cosas que no se pueden cambiar por dinero. Porque el dinero es instrumento de cambio. Sirve para comprender cuál es la relación entre peces y libros cuando vas a una tienda. Eso es lo que se llama valor de cambio. Pero ¿qué pasa si algo es insustituible? La economía asume que el valor no es lo mismo que el precio y no le importa. Por lo que esos datos macroeconómicos no nos dicen si estamos perdiendo algo que no podremos recuperar, ni nos indican cómo están evolucionando las relaciones sociales que, a la postre, es lo que importa. Porque la economía no sabe poner precio a un ecosistema o a las relaciones sociales. Y si se dañan pero así se obtiene un beneficio, pues muy bien.

5) La economía, al monetizar mal muchos elementos, no da información de ellos. Y confunde la ausencia de información con valor cero. Así, si hay una crisis en ciernes, no avisa de ella hasta que llega. Y no dicen cómo se abordará. La macroeconomía no está dando suficientes señales de cómo vamos a abordar la triple crisis que nos va a llegar: alimentaria (no disponemos de suelos buenos, que lógicamente ya están ocupados y solo tenemos suelos marginales, de peor calidad, para producir cada vez más comida; ni tecnologías, ya que vivimos de las rentas de la revolución verde, para dar de comer a una población creciente y crecientemente exigente); ambiental (no hace falta comentarla…); energética (fin del petróleo abundante y barato; quizá aún sea abundante, pero no barato; y no están disponibles fuentes de energías que lo puedan suplir por completo, ni lo van a estar en un tiempo). Los datos macroeconómicos no nos dicen si nos estamos preparando suficientemente para eso.

6) La economía no se ocupa de lo abundante, solo de lo escaso. Lo cual quiere decir, aplicado a estos datos macroeconómicos, que vamos a reducir la escasez, pero no a garantizar que los productos sean los adecuados y que lleguen a quien más los necesita. Y también esos datos pueden representar que algo que era abundante ahora es escaso y tenemos que esforzarnos en producirlo. Lo que hace crecer la economía pero disminuir nuestro bienestar. Es curioso que la economía, para crecer, necesita que, primero, haya escasez. Crea los problemas que luego resuelve…

Fuente: Mayra Falcón
7) La economía se preocupa de intercambiar productos por dinero, no de satisfacer a todo el mundo. Por definición la economía deja demanda insatisfecha. Toda la demanda que compraría el producto por debajo del precio. Pero no puede porque por debajo del precio no hay oferta. Lo cual, para artículos que no sean de necesidad, no es un problema. Pero sí lo es para servicios públicos, en los que no puede quedar demanda insatisfecha. 

Fuente: Sala de Inversión
De verdad que me he esforzado en mirar las grietas buscando luz, pero por ellas solo he visto oscuridad. Sobre todo porque creo que la mejoría de los datos macroeconómicos que puedan suceder se deberán a lo que digo en la última frase del último argumento: lo que haga crecer la economía disminuirá nuestro bienestar y la sostenibilidad del planeta. 

Vamos a toda máquina, y con gran eficacia, hacia no se sabe dónde. Porque la economía no lo sabe. No entiende de rumbos, solo de velocidades.

Sobre la relación entre deforestación y enfermedad

Recibí un día una llamada telefónica de Javi Peláez (Irreductible), que me proponía colaborar con Amazings.es. Ni me lo pensé. Es más, pregunté que a quién había que matar. Por supuesto, no hizo falta que me dijera que no se pagaba nada a los colaboradores. Es más, si hubieran pagado lo habría rechazado. Hace tiempo que tengo claro que quiero convertir mi trabajo en algo distinto de dinero. Y Amazings.es coincide completamente con mi filosofía.

Y el otro día les envié mi primera colaboración. Va sobre la relación entre deforestación y malaria. Una relación que está empezando a estar bien establecida, como cuentan investigaciones en Brasil y Kenya.

¿Mi conclusión en ese post? Pues que los árboles no dan dinero, no. SON el dinero. Allí, plantados, en su sitio. Creciendo. Prestando servicios ecosistémicos. Sin gastar en su mantenimiento. Ya se apañan ellos. Y mientras, suministrando servicios sanitarios (y de muchos más tipos). Útiles para los que viven allí.

Pásate por Amazings.es si quieres y lo miras… Y de paso mira más, que seguro que encuentras muchos post que te satisfarán alguna de tus curiosidades, o te serán útiles para tus clases, o para charlar del contenido con alguien… :)

Buen viaje en Amazings.es!

Biocarburantes celulósicos

He leído, en el número de septiembre de 2009, un buen artículo de George W. Huber y Bruce E. Dale. En él plantean una alternativa, al menos a corto plazo, a la dependencia del petróleo.

Que se puedan producir biocombustibles es interesante por varias razones. La que te mencionaba al principio de que su uso no contribuiría de forma neta al calentamiento global (el CO2 que se emite es el CO2 que las plantas captaron), lo que convertiría al combustible en una fuente de energía renovable. ¡Claro! Las plantas toman el CO2 del aire y su transformación en combustible lo devuelve, en un bucle cerrado. Es un concepto radicalmente distinto del de usar combustibles fósiles, en el que tomas CO2 que se retiró de la atmósfera hace millones de años y lo añades. De golpe, además. Por otro lado, aumentaría probablemente los ingresos del sector agrícola. Y cambiaría la situación geopolítica al fomentar el abastecimiento local de combustibles.

Pero… Pero no todo es color de rosa. La producción de biocombustibles puede competir por los suelos cultivables con la comida. Requieren, al menos inicialmente, de subvenciones, lo que conllevaría un notable gasto público, que debe merecer la pena inequívocamente (es decir, que apostar por los biocombustibles podría desviar recursos de otras soluciones que resulten mejores, realmente). Y la generación de biocombustibles no es gratis. Incluso, durante su síntesis se produce CO2, que habría que tener en cuenta a la hora de hacer un balance completo. Sí, sé que al principio te decía que su uso no producía descarga neta de CO2. Pero su elaboración sí. Bajo la forma de fertilizantes para las plantas, combustible para las máquinas, destilado de las materias primas… Esto se podría evitar si para producir biocombustibles se usaran sólo biocombustibles. Así se evitarían emisiones netas de CO2.

Resumiendo, yo creo que los biocombustibles son una buena idea, si cumplieran tres premisas.

  • Primera, no restar comida.
  • Segunda, no aumentar la superficie cultivada.
  • Tercera, producirse con los propios biocombustibles para evitar emisiones netas de CO2.

Son restricciones exigentes, pero inevitables. Y que no solucionan el problema de sustituir el petróleo, pero que pueden dar un 10% de alivio. Y es que es probable que el futuro no esté hecho de una solución, sino de un mosaico de ellas. Y es posible que los biocombustibles sean parte de la solución. O quizá no. Por eso te cuento. Para que puedas saber y tomar buenas decisiones.

Biocombustibles

Fuente: http://tinyurl.com/yj4ma9y

Existen biocombustibles de primera generación. Que emplean los mismos productos vegetales que nosotros comemos o que damos al ganado. Se trata de materiales fáciles de procesar y relativamente baratos. Pero no cumplen con la primera premisa. Nos quitan comida y presionan sobre los precios de la que no nos quitan. Y para evitar esos daños aparecen los biocombustibles de segunda generación.

Los de segunda generación, o celulósicos, emplean residuos vegetales. Serrín y restos de construcción, residuos agrícolas y cultivos leñosos de crecimiento rápido. Estos materiales son abundantes, baratos y no deberían afectar a la producción de alimentos. Tampoco son inocuos, ojo, que muchos de ellos deberían terminar fertilizando suelos (especialmente los residuos agrícolas). Pero a las alturas que estamos, lo inocuo no existe.

¿Cuánto petróleo ahorrarían? En EE.UU., los autores calculan que la biomasa celulósica de aquel país servirá para sustituir la mitad del consumo de combustibles para automoción. Y a nivel mundial, aunque es más difícil de calcular, es posible que la biomasa celulósica total pueda equivaler a entre 1 y 5 veces la producción mundial anual de petróleo de 2009 (unos 30.000 millones de barriles). Un enorme potencial.

Pero… Ha habido avances, sí, aunque faltan las técnicas definitivas. La materia prima es la celulosa. Que está hecha de glucosa, pero dispuesta de tal manera que forma una esqueleto molecular rígido, intrincado. Curioso que no podamos comer con provecho la celulosa, aunque esté hecha de lo mismo que el azúcar. Y es que en ella, las glucosas están ordenadas de forma diferente. Sí, sí, la celulosa es una molécula digna de conocer (te la cuento pronto, prometido).

Fuentes de biocombustibles de segunda generación

Fuente: http://tinyurl.com/yfd9qv3

Ya existía una vieja técnica, de principios del siglo XX. Que, además, se usó profusamente durate la Segunda Guerra Mundial por el ejército alemán para convertir carbón en petróleo, por las dificultades de suministro que tenían. Si se trata la celulosa a altas temperaturas, y se añade oxígeno, rinde un gas, llamado syngas, rico en CO, H2 y alquitranes. El cual puede convertirse en combustible líquido mediante un proceso denominado de Fischer-Tropsch. es un procedimiento bien conocido, pero resulta caro y consume mucha energía.

Otra posibilidad es calentar la celulosa a menos temperatura (300-600ºC) en un entorno libre de oxígeno. Eso rinde biopetróleo y un residuo sólido parecido al carbón. el biopetróleo no es como el petróleo geológico. Es mucho más ácido y menos calorífico. Tan ácido que dejaría inservibles los motores. Por tanto, habría que refinarlo. Por cierto, que este método también acepta residuos animales. De hecho, en una refinería ubicada en Texas se logran 45.000 litros diarios de diésel a partir de los residuos orgánicos de mataderos, y a buen precio.

Hay una variante de este método que somete a la celulosa a temperaturas de 500ºC durante un segundo. Eso la descompone en moléculas pequeñas, aún rícas en O. Elemento que abunda en la celulosa y que hay que quitar si se quiere producir combustible (hecho, sobre todo, de C y H). Eso se logra con catalizadores que producen gasolinas. El proceso dura unos 14 segundos pero aún está por desarrollar una planta prototipo.

Todos esos tratamientos han de mejorarse antes de volverse prácticos, comerciales. Deben romper la celulosa de modo barato, sin producir materiales tóxicos, con bajo consumo de energía, rindiendo concentraciones elevadas de azúcares fermentables y aptos para convertirlos en biocombustibles, y a costes competitivos con el petróleo. Y, por desgracia, aún no han cumplido esos requisitos. Todos y cada uno.

Sí hay una técnica que es prometedora (AFEX, la llaman). Cocer bajo presión la biomasa a 100ºC, con amoniaco. Cuando se reduce la presión el amoniaco se evapora y se retira, con lo que sólo queda la mezcla de azúcares, con un rendimiento del 90%. Y a partir de ella, se obtendrá el biodiesel.

En resumen, las técnicas están cerca de ser comerciales y hay que ir mirando los problemas desde ya. Principalmente el problema de la competencia entre biocombustibles y comida. Ante esa disyuntiva el mercado no sabe hacer las cosas bien, no es un buen tomador de decisiones. Porque el mercado sabe asignar recursos de modo eficiente para la producción, pero no para que un recurso llegue a todos. El mercado sabe establecer precios, pero el precio marca el límite entre los que tendrán el recurso y los que no.

Y la comida es imprescindible en un mundo de más de 6.000 millones de personas. Coger un coche no.