Sed de materias primas y fondos oceánicos

Un yacimiento mineral es un concepto económico, no geológico. Todo depende de que sea rentable extraer mineral de algún lugar para que ese sitio sea considerado yacimiento. Es lo que ocurre con los fondos marinos, con las llanuras abisales. Todo muy sencillito, ¿no? Pues no, para nada. Porque… ¿quién es el dueño de los fondos abisales? ¿Qué país?

¡La ONU! A través de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos. Que es la que regula dónde y a qué se puede acceder, y qué tecnologías está permitido emplear. Hace muy poquito ha aprobado un nuevo reglamento dentro de su Código Minero para poder prospectar en busca de un tipo de materiales en concreto (sulfuros polimetálicos, luego te cuento). Y la primera que ha pedido autorización, China. ¡Qué hambre de materias primas tienen!

Para España esta noticia también es interesante. Porque una de las áreas que puede tener gran riqueza de minerales y que ahora se abre a la prospección está frente a la Bahía de Cádiz (aunque en aguas internacionales, que lo único sobre lo que los países tienen jurisdicción es la plataforma continental).

¿Qué hay en esas llanuras abisales que pueda merecer la pena? Pues básicamente tres tipos de materiales. Nódulos polimetálicos (también se les llama nódulos de manganeso), lo sulfuros polimetálicos que ya te indicaba y costras de ferromanganeso.

Nódulos polimetálicos
Koelle en Wikipedia

Los nódulos polimetálicos son algo bien conocido desde hace más de 150 años. Se trata de concreciones que crecen, a partir de un núcleo inicial, a base de capas. Como una cebolla, vamos. Sólo que las capas no son de cebolla, sino de hierro y óxidos de manganeso, alternadas. ¿Qué sirve como núcleo, para empezar a formar un nódulo? Cualquier cosa sólida que haya por allí abajo. Un diente de tiburón, sin ir más lejos. O cualquier desperdicio que haya tirado alguien que vaya navegando (siempre que se hunda, claro). El tamaño típico de una de estas piedras es de 5-10 cm (el de una patata, vamos). Aunque su abundancia varía, pueden cubrir hasta un 70% del fondo en algunas áreas.

Sea cual sea su mecanismo de formación (que aún no está claro cuál es, o mejor dicho, cuáles), parece que son un recurso no renovable, ya que para lograr cada centímetro de grosor parecen invertir 2-3 millones de años. Aunque eso plantea la incógnita de cómo es posible que no queden enterrados en los sedimentos, que caen más rápido de lo que ellos se forman. Así que no se descarta que intervengan procesos biológicos, que son mucho más veloces que los geológicos.

Eso sí, aparecen en muchos lugares. Incluso en lagos. Pero con las técnicas actuales parece que sólo algunos son rentables. Se considera que sí lo es una zona de algunas decenas de kilómetros cuadrados que pueda rendir unos 15 Kg/m2 de material. Níquel, cobre y cobalto es lo más interesante, aunque no lo único, que se puede obtener de ellos.

Sulfuros polimetálicos
Autoridad Internacional de Fondos Marinos

Los sulfuros polimetálicos proceden de humeros submarinos. Se trata de lugares donde surge agua de la roca, calentada hasta 400ºC (puede alcanzar esa temperatura y mantenerse líquida gracias a la gran presión que experimenta dentro de las rocas del fondo marino). En esas condiciones, el agua es un ácido potente capaz de lixiviar muchos materiales, disolviéndolos, arrancándolos del mineral en el que están y arrastrándolos consigo. Pero en cuanto sale al exterior, se enfría súbitamente y tiene que depositar su carga metálica. Poco a poco se forma un tubo hueco, que recuerda una chimenea por el negro del agua que sale de él (color que se debe a los metales que arrastra).

Por su mecanismo de formación, están asociados a dorsales oceánicas y puntos calientes, aunque la mayoría de ellos se encuentran en lugares ya apagados, no activos.

Se trata de un proceso relativamente rápido (entre décadas y siglos) que puede acumular hasta 100 millones de toneladas de material susceptible de ser explotado.

Humero
Fuente: NSF

Pero eso sí, se trata de lugares de rica biodiversidad, con especies aún no completamente conocidas. Y habría que recordar el “Principio de Precaución“, no vayamos a cargarnos algo importante a cambio de muy poco. Que esas especies pueden jugar un importante papel ecológico. Incluso geológico. Y es que se trata de gusanos que no tienen sistemas digestivos, sino que viven en simbiosis con bacterias capaces de obtener energía de compuestos metálicos, sin intervención de luz solar por ningún lado (quimiosíntesis, vaya). Si al explotar este tipo de yacimientos destruyéramos estos hábitats, ¿qué pasaría si descubriéramos que se trata de bacterias aptas para colonizar Marte o Europa? ¿Qué pasaría si participaran en algún proceso clave para otros recursos minerales de los fondos marinos? ¿Qué ocurriría si intervienen en algún tipo de actividad que reduce la toxicidad de los metales vertidos al mar por las manifestaciones volcánicas? ¿Y si pudieramos usar alguna de sus enzimas para algún tipo de proceso industrial? No, no, hay que ser muy cuidadoso, que las sorpresas están a la vuelta de la esquina. Si fuera por una cuestión de supervivencia, está claro: nosotros antes que los gusanos. Pero para fabricar tonterías, hay que mirar mucho si merece  la pena destruir por destruir.

Costras de ferromanganeso
http://geology.uprm.edu/Morelock/9_image/hydro.jpg

Y finalmente están las costras de ferromanganeso enriquecidas en cobalto. Se trata de precipitados metálicos de origen bacteriano que se forman en lugares desprovistos de sedimentos. Cuando quedan enterrados bajo ellos dejan de crecer. Pueden tener hasta unos 25 cm de espesor, aunque se forman a un ritmo de 1-6 mm por cada millón de años (uno de los procesos más lentos en los que intervienen seres vivos). No se da a grandes profundidades y requiere ciertas pendientes para poder evitar quedar tapado por sedimentos.

Los recursos mineros del fondo marino son, desde luego, algo a tener en cuenta, claro. Pero para transformarlo en bienestar, no en riqueza (no es lo mismo, como demuestra la actual crisis económica). Y cuidando de no hacer daño durante los procesos de extracción que se pongan en marcha.