CIO XIV: La necesidad de cambiar la evaluación y los problemas para hacerlo

Hace algunas semanas Antonio (Onio72) me propuso convocar la decimocuarta entrega del Claustro Ideal Oficial. Es un formato con un largo recorrido, que me gusta especialmente. Permite reflexión, revisitar ideas, aportarlas y discutirlas entre muchos… Y no me costó nada decirle que sí a Antonio, que además en un gran compañero 2.0!

En esta decimocuarta convocatoria me guastaría tocar un tema que me preocupa. ¿Cómo es y cómo debería ser la evaluación de la escuela  2.0 y  qué resistencias sistémicas dificultan esa evolución?

No creo que baste con examinar qué queremos para la evaluación. Creo también que hay que mirar también qué tenemos y como modificamos lo que tenemos hasta llegar al modelo que se busca. Y, en general, hay tanta insatisfacción con el modelo actual que ese cambio no debería ser muy difícil. Pero la realidad es que no está sucediendo. ¿Por qué?

Entiendo que el modelo actual parte de un consenso. Un consenso que va más allá de la escuela. Un consenso social. En ese consenso, la gente de la calle tiene una opinión más o menos común acerca de lo que hacen el personal docente, lo que hace el alumnado y lo que hacen las familias. Los docentes damos clase. Es decir, explicamos con más o menos acierto y con más o menos enfoque motivador, tratamos de mantener el ruido de la clase bajo para que esas explicaciones sean fluidas y abarquen todo el programa, organizamos algunos ejercicios para practicar lo aprendido que realizan todos los alumnos simultáneamente o se los llevan a casa, ponemos un examen de cuando en cuando y lo calificamos en función de cuánto se ha ajustado al libro de texto. La sociedad también cree que el alumnado debe mantener silencio y atender, salvo cuando se le pregunte, hacer los ejercicios en los tiempos de clase que se le indiquen, ir a casa y hacer la tarea encargada y estudiar antes de los exámenes para responder a preguntas que no conoce a ciencia cierta cuáles serán. Y a las familias también se les reserva su rol, sin duda. Contribuir al fomento del estudio y ayudar a mantener la “disciplina” (las más de las veces, exigirles que no interrumpan en clase).

¡Ojo! No digo que eso sea lo que los docentes creen que es la educación (aunque muchos sí lo creen). Digo que la sociedad tiende a creer que la educación es así.

Lo increíble es que un modelo como ese, tan insatisfactorio, no estemos logrando sustituirlo con rapidez. Porque quitamos la parte activa del alumnado del aula, llevándola a su casa. Porque le obligamos a estar callado. Porque no hay cooperación. Porque cada profesor es una isla. Porque no hay información cruzada ni trabajo cooperativo de equipos docentes. Porque no hay aprovechamiento eficiente de las tIC. Porque no hay evaluación, sino calificación. Porque no hay competencias. Porque genera aprendizajes no permanentes. Porque aunque las metodologías puedan ser avanzadas, al final el examen es con papel y boli pero sin fuentes de información disponibles. Porque siembra fracaso escolar para ese año o para los siguientes. Porque las familias tienen un papel subordinado o de meros espectadores. Porque la sociedad no está presente por ningún lado. Porque el libro de texto sustituye al currículum. Porque se centra en productos finales y no en procesos de aprendizaje. Porque hay exámenes centrados en datos, sobre todo. Porque la escuela sigue siendo un filtro.

¿Sigo?

Es un consenso social que ha funcionado largo tiempo (¡muchas décadas!). En tiempos con menor población, en tiempos con otros objetivos. La escuela era, entonces, un lugar que proporcionaba títulos. Y el título presuponía logrados una serie de aprendizajes teóricos o teórico-prácticos. Y con ese título ibas al mercado laboral. Un título logrado mediante un examen que verificaba que en algún momento supiste al menos el 50% del currículum (o sea, lograr un 5), aunque luego no lo recordaras.

Pero hoy las sociedades han decidido que ese ya no es el consenso social que quieren. Se tomó la decisión, en 2003, de querer otra cosa. Y se plasmó en DeSeCo. Firmado por unanimidad por todos los países de la OCDE. Creo que el único tratado internacional firmado por unanimidad en el último cuarto de siglo. Un acuerdo que dice que el enfoque de la educación es el desarrollo de una serie de competencias. Unas básicas, otras avanzadas, dependiendo del nivel educativo.

Pero lo que debe llamarnos la atención no es que el consenso actual sea malo para las sociedades modernas, basadas en la información y la comunicación. No. Lo que debe sorprendernos es que no hayamos logrado cambiar eso gran cosa. Que tras casi una década, el modelo antiguo perviva. No, sólo perviva no. Que aún esté fuertemente arraigado. Al menos en España.

Es como si estuviéramos jugando al fútbol contra otro equipo, al cual le han expulsado al portero y a tres de sus jugadores y, a pesar de eso, nos va ganando por 4-0. Y encima jugamos con precaución por si nos cae otro gol. ¡Es que no estamos metiendo tantos goles como esperábamos a un equipo que tiene por portería el arco iris!

Eso nos tiene que llevar a examinar con detalle cuáles son las raíces de las resistencias al cambio. Y abordarlas. Porque el modelo nuevo, el modelo de competencias, no llegará solo. O sí. Pero después de mucho, mucho, mucho tiempo y mucha, mucha, mucha gente (docentes, alumnado, familias) quemada por el camino.

Está muy bien hablar de blogs, de escuela 2.0 y de todo eso. ¡Me encanta, es parte de mi vida! Pero ¡esa es la meta, no el camino! Llevamos mucho hablando de metas. ¿Y de caminos? ¿Cuándo nos vamos a poner a hablar de caminos? ¿Cuándo vamos a diseñar los pasos para incluir las competencias en la práctica docente? Yo, la verdad, ese diseño no lo veo aún. Y me da un poco igual que se logren grandes avances metodológicos (estoy exagerando, claro).

Porque aún no hemos logrado avances significativos en la evaluación.

Creo…

¿Tú qué opinas? ¿Hemos avanzado tanto en evaluación como en metodología? ¿Crees posible cambiar la educación sin cambiar la evaluación? ¿Qué cambios habría que introducir? ¿Qué resistencias tendrá que afrontar el nuevo modelo? ¿Cómo te imaginas tu evaluación dentro de 3-5 años? ¿Cómo piensas llegar allí?

Por supuesto, tengo mi opinión y la voy a aportar, pero en los comentarios, como tú. Aquí sólo la pregunta.

Por cierto… hay en twitter (si tienes twitter) una etiqueta: #evaladebate. Úsala como creas conveniente, si quieres, para comentar allí cosas de evaluación.

Otro “por cierto”… EABE10 ¡se hace! Y la evaluación 2.0 creo que debería estar por allí. ¿Te parece bien hacer alguna aportación aquí para que también vaya allí?