Nuestros smartphones podrían analizarnos la sangre

El futuro de la mHealth parece sin duda prometedor. Este innovador campo, que combina el uso de dispositivos y aplicaciones móviles con los avances en medicina, abarca diferentes iniciativas, como el desarrollo de apps específicas relacionadas con la salud o el uso de nuestros smartphone para conocer nuestras constantes vitales.

Aunque a día de hoy la implantación de la mHealth no se realiza de manera rutinaria en los cuidados médicos, lo cierto es que el gran potencial de smartphones y tablets nos permite pensar en un éxito seguro en los próximos años. Cada vez es mayor el número de usuarios que utilizan estos dispositivos, por lo que la aplicación de la mHealth en medicina presenta un futuro inmejorable.


Chemistry World


De hecho, la última iniciativa de Motorola, conocida como Project Ara, tendría previsto lanzar los novedosos phoneblocks o teléfonos modulares durante 2014. Como os explicamos anteriormente, este tipo de modelos no solo serían una buena forma de luchar contra la obsolescencia programada, sino que también ayudarían al desarrollo de la mHealth.

Otro esfuerzo en pro de la salud móvil ha sido llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Burgos, que tratan de llevar los dispositivos móviles al terreno de los análisis médicos. Porque aunque parezca pura ciencia ficción, los exámenes de sangre del futuro podrían realizarse a través de un smartphone.

Su último trabajo, publicado en la revista Journal of Materials Chemistry A, plantea que los dispositivos móviles servirían para medir las concentraciones de hierro en sangre. Elevados niveles pueden provocar graves problemas de salud, tales como daño hepático o artritis.

La estrategia se basa en utilizar la 8-hidroxiquinoleína, un agente quelante muy conocido, que es capaz de atrapar iones de hierro, formando complejos químicos con él. Este compuesto se usaría en discos poliméricos, cuyo color varía en función de la concentración de hierro que consiguiera inmobilizar la 8-hidroxiquinoleína.

¿Qué tiene que ver esta estrategia química con un smartphone? El equipo de José Miguel García ha adaptado esta reacción química, para que pueda ser visualizada desde cualquier dispositivo móvil. Si tomamos una fotografía de los discos coloreados, podemos compararla con una imagen de referencia y mediante un análisis de los parámetros RGB obtenidos, sabremos el resultado final de la reacción.

Su idea ha permitido que los niveles de hierro puedan ser conocidos en algo menos de 15 minutos, un tiempo inusual, mucho más corto que el que necesitan los clásicos análisis de sangre. De hecho, la idea de estos científicos no tendría por qué ser aplicada solo en el ámbito de la mHealth, sino que la medida de la concentración de hierro también se podría usar en áreas como la alimentación (por ejemplo para medir los niveles en el vino) o en el estudio de la calidad de las aguas.

Fuente: http://alt1040.com

¿Qué es exactamente un mol?


La definición de qué es un mol cambió el mundo de la química. Los moles permiten pasar de un nivel de moléculas a unidades más manejables a través del peso, o lo que es lo mismo, cualquier químico puede saber cuántos átomos y moléculas contiene una muestra simplemente pesándola ¿Cómo?

Básicamente un mol de cualquier sustancia es un peso igual al peso molecular expresado en unidades de masa atómica. Esto implica que un mol de cualquier sustancia contiene exactamente el mismo número de moléculas.


Todos los elementos de la tabla periódica tienen una determinada masa atómica. Por ejemplo, el hidrógeno tiene una masa atómica de 1,0079, mientras que el oxígeno tiene una masa atómica de 15,999. De este modo una molécula de agua (H2O, dos átomos de hidrógeno unidas a uno de oxígeno) tendrá una masa atómica aproximada de 18. O lo que es lo mismo, un mol de agua pesará aproximadamente 18 gramos. Igualmente un mol de átomos de neón pesará 20,180 gramos. Pero ¿cómo se puede saber cuántas moléculas existen en estos 18 gramos de agua pura, es decir, en un mol de agua?

Amadeo Avogadro descubrió a principios del siglo XIX la relación entre la cantidad de moléculas o átomos de una sustancia y los moles. En general, un mol de cualquier sustancia contiene 6,022 x 1023moléculas o átomos de dicha sustancia. Así pues En un mol de agua (H2O) hay 6,022 × 1023 moléculas de H2O, o lo que es lo mismo, 2 × 6,022 × 1023 átomos de hidrógeno y 6,022 × 1023 átomos de oxígeno.

El Día del Mol se celebra cada año el 23 de octubre en Estados Unidos entre las 6:02 de la mañana y las 6:02 de la tarde aprovechando los dígitos del número de Avogadro.

Fuente: muyinteresante.es

Biocarburantes celulósicos

He leído, en el número de septiembre de 2009, un buen artículo de George W. Huber y Bruce E. Dale. En él plantean una alternativa, al menos a corto plazo, a la dependencia del petróleo.

Que se puedan producir biocombustibles es interesante por varias razones. La que te mencionaba al principio de que su uso no contribuiría de forma neta al calentamiento global (el CO2 que se emite es el CO2 que las plantas captaron), lo que convertiría al combustible en una fuente de energía renovable. ¡Claro! Las plantas toman el CO2 del aire y su transformación en combustible lo devuelve, en un bucle cerrado. Es un concepto radicalmente distinto del de usar combustibles fósiles, en el que tomas CO2 que se retiró de la atmósfera hace millones de años y lo añades. De golpe, además. Por otro lado, aumentaría probablemente los ingresos del sector agrícola. Y cambiaría la situación geopolítica al fomentar el abastecimiento local de combustibles.

Pero… Pero no todo es color de rosa. La producción de biocombustibles puede competir por los suelos cultivables con la comida. Requieren, al menos inicialmente, de subvenciones, lo que conllevaría un notable gasto público, que debe merecer la pena inequívocamente (es decir, que apostar por los biocombustibles podría desviar recursos de otras soluciones que resulten mejores, realmente). Y la generación de biocombustibles no es gratis. Incluso, durante su síntesis se produce CO2, que habría que tener en cuenta a la hora de hacer un balance completo. Sí, sé que al principio te decía que su uso no producía descarga neta de CO2. Pero su elaboración sí. Bajo la forma de fertilizantes para las plantas, combustible para las máquinas, destilado de las materias primas… Esto se podría evitar si para producir biocombustibles se usaran sólo biocombustibles. Así se evitarían emisiones netas de CO2.

Resumiendo, yo creo que los biocombustibles son una buena idea, si cumplieran tres premisas.

  • Primera, no restar comida.
  • Segunda, no aumentar la superficie cultivada.
  • Tercera, producirse con los propios biocombustibles para evitar emisiones netas de CO2.

Son restricciones exigentes, pero inevitables. Y que no solucionan el problema de sustituir el petróleo, pero que pueden dar un 10% de alivio. Y es que es probable que el futuro no esté hecho de una solución, sino de un mosaico de ellas. Y es posible que los biocombustibles sean parte de la solución. O quizá no. Por eso te cuento. Para que puedas saber y tomar buenas decisiones.

Biocombustibles

Fuente: http://tinyurl.com/yj4ma9y

Existen biocombustibles de primera generación. Que emplean los mismos productos vegetales que nosotros comemos o que damos al ganado. Se trata de materiales fáciles de procesar y relativamente baratos. Pero no cumplen con la primera premisa. Nos quitan comida y presionan sobre los precios de la que no nos quitan. Y para evitar esos daños aparecen los biocombustibles de segunda generación.

Los de segunda generación, o celulósicos, emplean residuos vegetales. Serrín y restos de construcción, residuos agrícolas y cultivos leñosos de crecimiento rápido. Estos materiales son abundantes, baratos y no deberían afectar a la producción de alimentos. Tampoco son inocuos, ojo, que muchos de ellos deberían terminar fertilizando suelos (especialmente los residuos agrícolas). Pero a las alturas que estamos, lo inocuo no existe.

¿Cuánto petróleo ahorrarían? En EE.UU., los autores calculan que la biomasa celulósica de aquel país servirá para sustituir la mitad del consumo de combustibles para automoción. Y a nivel mundial, aunque es más difícil de calcular, es posible que la biomasa celulósica total pueda equivaler a entre 1 y 5 veces la producción mundial anual de petróleo de 2009 (unos 30.000 millones de barriles). Un enorme potencial.

Pero… Ha habido avances, sí, aunque faltan las técnicas definitivas. La materia prima es la celulosa. Que está hecha de glucosa, pero dispuesta de tal manera que forma una esqueleto molecular rígido, intrincado. Curioso que no podamos comer con provecho la celulosa, aunque esté hecha de lo mismo que el azúcar. Y es que en ella, las glucosas están ordenadas de forma diferente. Sí, sí, la celulosa es una molécula digna de conocer (te la cuento pronto, prometido).

Fuentes de biocombustibles de segunda generación

Fuente: http://tinyurl.com/yfd9qv3

Ya existía una vieja técnica, de principios del siglo XX. Que, además, se usó profusamente durate la Segunda Guerra Mundial por el ejército alemán para convertir carbón en petróleo, por las dificultades de suministro que tenían. Si se trata la celulosa a altas temperaturas, y se añade oxígeno, rinde un gas, llamado syngas, rico en CO, H2 y alquitranes. El cual puede convertirse en combustible líquido mediante un proceso denominado de Fischer-Tropsch. es un procedimiento bien conocido, pero resulta caro y consume mucha energía.

Otra posibilidad es calentar la celulosa a menos temperatura (300-600ºC) en un entorno libre de oxígeno. Eso rinde biopetróleo y un residuo sólido parecido al carbón. el biopetróleo no es como el petróleo geológico. Es mucho más ácido y menos calorífico. Tan ácido que dejaría inservibles los motores. Por tanto, habría que refinarlo. Por cierto, que este método también acepta residuos animales. De hecho, en una refinería ubicada en Texas se logran 45.000 litros diarios de diésel a partir de los residuos orgánicos de mataderos, y a buen precio.

Hay una variante de este método que somete a la celulosa a temperaturas de 500ºC durante un segundo. Eso la descompone en moléculas pequeñas, aún rícas en O. Elemento que abunda en la celulosa y que hay que quitar si se quiere producir combustible (hecho, sobre todo, de C y H). Eso se logra con catalizadores que producen gasolinas. El proceso dura unos 14 segundos pero aún está por desarrollar una planta prototipo.

Todos esos tratamientos han de mejorarse antes de volverse prácticos, comerciales. Deben romper la celulosa de modo barato, sin producir materiales tóxicos, con bajo consumo de energía, rindiendo concentraciones elevadas de azúcares fermentables y aptos para convertirlos en biocombustibles, y a costes competitivos con el petróleo. Y, por desgracia, aún no han cumplido esos requisitos. Todos y cada uno.

Sí hay una técnica que es prometedora (AFEX, la llaman). Cocer bajo presión la biomasa a 100ºC, con amoniaco. Cuando se reduce la presión el amoniaco se evapora y se retira, con lo que sólo queda la mezcla de azúcares, con un rendimiento del 90%. Y a partir de ella, se obtendrá el biodiesel.

En resumen, las técnicas están cerca de ser comerciales y hay que ir mirando los problemas desde ya. Principalmente el problema de la competencia entre biocombustibles y comida. Ante esa disyuntiva el mercado no sabe hacer las cosas bien, no es un buen tomador de decisiones. Porque el mercado sabe asignar recursos de modo eficiente para la producción, pero no para que un recurso llegue a todos. El mercado sabe establecer precios, pero el precio marca el límite entre los que tendrán el recurso y los que no.

Y la comida es imprescindible en un mundo de más de 6.000 millones de personas. Coger un coche no.

Mínimo cambio para mejorar máximos fármacos (parece)

El deuterio es un isótopo del hidrógeno (hay otro, que es el tritio, pero de ese no hablamos hoy). Eso quiere decir que son iguales en número de protones y en número de electrones, pero no en número de neutrones.

En otras palabras, se comporta como el hidrógeno, se une a las mismas moléculas que el hidrógeno. Sólo que pesa un poquito más que el hidrógeno.

Tomada de thales.cica.es/rd/Recursos/rd99/ed99-0226-01/capitulo5af.html

¿O no se comporta exactamente igual? Pues no, no se comporta lo mismo del todo. Resulta que los enlaces que forma el deuterio son más fuertes que los que forma el hidrógeno. Ten en cuenta que el hidrógeno es importantísimo en biología. Porque forma puentes de hidrógeno, que es el velcro de las moléculas. Recuerda que los puentes de hidrógeno son enlaces muy débiles, pero muy numerosos. Su fortaleza está en la suma, no en cada uno. Y si sustituyo el hidrógeno por el deuterio, tengo moléculas mucho más estables, que se rompen mucho más difícilmente.

¿Te imaginas un fármaco así? Se degradaría más lentamente. El cuerpo lo eliminaría más despacio. Actuaría más tiempo. Requeriría tomar menos dosis.

Fármacos “pesados”, con isótopos pesados.

Y parece que, en algunos casos, al menos por ahora, funciona.

Pudiera crear una nueva generación de fármacos, con duraciones más largas en el interior de cuerpo. Y con duraciones variables, en función del número de deuterios que se hayan incluido. Más o menos, según interese.