140 caracteres contra la soberbia

En este V Congreso de Educared he visto cometer un pecado terrible a los organizadores. No organizar innovadoramente. Y era curioso, porque el congreso iba sobre innovación…

Verás. Uno de los comentarios más recurrentes durante los días del congreso ha sido la crítica al formato. Ponentes hablando y congresistas escuchando. Al menos, esa era la sensación. Al menos, esa era la concepción que se desprendía del hecho de que la wifi fuera de pago (inicialmente). Luego rectificado por el reparto de tarjetas de media hora. Si es que a eso se le puede llamar rectificado. Porque inicialmente las tenías que pedir, no te las ofrecían. E inicialmente te las daban de una en una. Gotitas de 30 minutos…

¿Había voluntad de facilitar la participación a través de SMSs pagados, a través de wifi pagada, o abierta con cuentagotas? Pues, qué quieres que te diga, que no, que no… Que no es eso.

De fondo creo subyace la concepción tradicional de congreso, con gente que dice algo y otros que pagan por escuchar. Sólo así se entiende que algo tan barato como una wifi (comparativamente con el resto de los gastos) fuera de pago. O abierta con cuentagotas. Es todo un síntoma de no entender el poder de lo social. ¡Que era lo que se predicaba!

Y es que a mí algunas de las ponencias no me interesaban especialmente. De hecho, algunas (muchas) han sido francamente aburridas en las formas, con poco cuidado hacia la audiencia, con mensajes bastante triviales, sin gran elaboración, sin gran profundidad, sin explorar consecuencias más allá de clichés. Pero en todas pasaba algo esperanzador. Hasta de la peor nacíó una conversación en twitter. Un buen puñado de congresistas que se, con su participación, se convertían en ponentes durante 140 caracteres. Y esa conversación era infinitamente más interesante que su punto de partida (la ponencia), Ponía en valor la peor conferencia. (Por cierto, lo mejor por las tardes, cuando se contaban experiencias).

Entonces… ¿qué tiene más valor? ¿Una conferencia o lo que diversa gente dice de ella? En un congreso innovador, ambas. Mejor dicho, su integración. Me imagino a ponentes lanzando ideas e invitando a opinar. Me imagino a parte de la audiencia escribiendo blogs o microblogs sobre lo que les suscitan esas ideas lanzadas. Y me imagino a otra parte de la audiencia atenta a uno y otros. Y también al ponente atento a la retroalimentación, continuando la conferencia fuera ya de los focos. A lo mejor durante días. A lo mejor no. Y claro, me imagino a gente que no estuvo viendo la presentación por vídeo y siguiendo enlaces a blogs y microblogs, aportado algo también.

Y, por supuesto, me imagino a empresas inteligentes abriendo la wifi, facilitando la participación, no creando problemas. Porque de todo ese talento que aparece en la participación, una empresa inteligente debería saber hacer uso.

No, definitivamente alguien tomó una decisión equivocada. O no supo tomar la correcta. Tener la wifi cerrada, o abierta con cuentagotas, no ha sido una buena idea en Educared. Me hace desconfiar de cómo se entiende realmente la innovación, de cómo se entiende la gestión de la participación. Me hace desconfiar de todas las buenas palabras que acerca de la educación he oído en las empresas organizadoras.

Pero también este pecado (no facilitar eficientemente vías a la participación) lo he visto en muchos otros lugares. Este y otros veranos en múltiples cursos de verano universitarios. O en sitios donde alguien de la administración va a contar los planes. ¡Oye! O en mis propias clases…

Este de la wifi es un pecado de soberbia. En él, el que va a contar algo no cree que los que van a escuchar tengan algo que decir. Yo, por mi cuenta, prometo pecar lo menos posible cuando sea yo quien habla. Y prometo interrumpir tanto como pueda cuando soy yo quien escucha, pero sólo si tengo algo interesante que decir. Y decirlo cortito para ser muy respetuoso con tu tiempo.

Con 140 caracteres.