Bombas de lluvia vivas

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Nuestro cerebro trabaja incansablemente para convertir correlaciones en causalidades. Es decir, que no para de buscar las razones de que dos cosas sucedan relacionadas. Y en esa operación hay una dificultad… ¿Cuál de las dos es la causa y cuál de las dos la consecuencia? ¿Cuál ocurre porque la otra la provoca?

Es frecuente oír hablar de los árboles como capaces de atraer lluvia. Pero la ciencia piensa en el árbol como consecuencia, más bien que como causa. Es decir, hay árboles porque llueve, no llueve porque hay árboles.

Pero se ha propuesto un mecanismo justo para lo contrario. Que sitúa al árbol como causa. Que provoca lluvia.

Y eso porque una gran masa forestal, una gran cantidad de árboles, al evapotranspirar, al tomar agua del suelo y expulsarla por los estomas de sus hojas, provocan una baja presión local. Mmmm… A ver si me explico… Que el aire húmedo sobre grandes bosques sube; y al subir crea un pelín de vacio  que es rellenado por aire del alrededor (¡evidentemente no es un vacío, pero te lo digo así para que me entiendas!). Y ya sabes, las cosas van de alta presión (donde están apretadas) a bajas presiones (donde están menos apretadas; y si el aire sube, desde luego que aprieta mucho menos que si baja). Por tanto, el bosque o la selva actuarían como una gigantesca aspiradora que aspira aire de zonas lejanas, aire que si viene del mar acude cargado de humedad. Y entonces llueve.

En otras palabras, las grandes zonas boscosas no sólo aportan agua a la atmósfera. Crean los vientos que traerán más agua.

Nubes y selva

Fuente: http://tinyurl.com/amnthv

Bueno, al menos eso es lo que propone Douglas Sheil, examinando a fondo una hipótesis propuesta por Anastassia Makarieva y Víctor Gorshkov. Y lo que dicen tiene unas consecuencias importantes. Y claras. Si desaparece la masa arbórea, desaparece la lluvia. O lo que es lo mismo, que el cambio climático puede verse acelerado si reducimos el tamaño de la selva. Aquí, el tamaño importa. Tanto que con la hipótesis clásica (la lluvia es la razón de las grandes masas de árboles) se puede esperar una pérdida de lluvias del 30% por deforestación. Y con la nueva hipótesis, lo que se espera es una pérdida del 90%.

Makarieva y Gorshkov plantean que a lo largo de una serie de transectos (de largas línea rectas que recorren mientras recolectan datos) han verificado que la lluvia decae exponencialmente al alejarse del mar, si el transecto sucede en zonas sin árboles. ¡No te asustes por palabras raras para ti! Exponencialmente quiere decir que cuando sumas kilómetros multiplicas la pérdida de lluvias. O si lo quieres de otro modo, que en los primeros kilómetros, cercanos al mar, cae toda la lluvia y que tierra adentro cae muy muy poco. Y en pocos centenares de kilómetros, se agotó la humedad. Pero si el transecto va por zonas con árboles, con muchos árboles, la humedad tarda en agotarse miles de kilómetros, no cientos. Y esa diferencia es la que les llevó a proponer este mecanismo del que te he hablado.

Sin este mecanismo, zonas como la cuenca del Congo o el Amazonas perderían casi toda su lluvia sin árboles. Porque están en el interior de los continentes, si la hipótesis se verifica.

Referencias:

Sheil, D., & Murdiyarso, D. (2009). How Forests Attract Rain: An Examination of a New Hypothesis BioScience, 59 (4), 341-347 DOI: 10.1525/bio.2009.59.4.12
A. M. Makarieva; V. G. Gorshkov., & Petersburg Nuclear Physics Institute, Gatchina, St. Petersburg, Russia (2007). Biotic pump of atmospheric moisture as driver of the hydrological cycle on land
Hydrol. Earth Syst. Sci., 11, 1013-1033