¡Qué rápidos somos!

La velocidad de la evolución de una especie depende, fundamentalmente, de su ciclo reproductivo. No puede evolucionar muy rápidamente que digamos el galápago europeo si las hembras alcanzan su madurez sexual a los 18-20 años. Evidentemente, una bacteria que se replica cada pocas horas evoluciona mucho, mucho más rápido.

También influye el entorno. Los retos ambientales. Las exigencias para la supervivencia. No es lo mismo, continuando con el ejemplo tonto de antes, un tranquilo riachuelo, con galapaguito incluido, que el interior del cuerpo humano, patrullado constantemente por células que se quieren cargar a la bacteria intrusa. Más estrés, más retos, inducen mayor selección y, por tanto, mayor evolución.

Pero hay otra cosa que evoluciona aparte de los seres vivos y entidades afines (donde digo entidades afines quiero decir virus). La cultura. Es decir, el conjunto de soluciones que ponemos al conjunto de problemas que vivimos, estando influida la cultura presente por la cultura pasada. En este caso, la cultura tendría su reproducción en el intercambio de ideas, en el flujo de información. Y el estrés serían los retos que te decía que afrontábamos.

Virus de la gripe H1N1

Fuente: http://tinyurl.com/nu2ou7

Ahora vivimos un problema que está iniciándose. La gripe A. Es una gripe nueva en el sentido de que está sucediendo fuera de su estación habitual. Y también porque su capacidad de contagio es más alta de lo acostumbrado. No parece una gripe muy potente, pese a la alarma inicial. Todavía.

Porque lo realmente relevante es que el virus de la gripe ha aumentado su arsenal de competencias, de recursos. Al menos ese tipo H1N1. Ya sabes que hay otros virus de la gripe. Y que nos preocupa mucho H5N1, el virus de la gripe aviar, que es bastante más potente en su capacidad de hacer daño (capacidad patogénica es el término adecuado). ¿Imaginas un cerdo infectado por ambos virus simultáneamente? ¿Imaginas los dos, H1N1 y H5N1 en la misma célula, mezclándose y produciendo algunas partículas víricas inadecuadas, pero algunas otras muy capaces porque combinan propiedades de ambos? Es verdad que es un suceso poco probable, pero un suceso poco probable en una población muy, muy, muy grande se convierte, al cabo de un tiempo, en inevitable. Y es que cerdos hay muchos. No serían necesarios tantos, pero hoy por hoy hay muchos.

¿Y qué está pasando? Pues que frente a la evolución del virus está la evolución cultural, la creación científica.

Que parece que ha abierto la puerta de un arma ¿definitiva? contra la gripe.

Acabo de leer un artículo en PLoS ONE sobre una moleculita que es ese arma. En concreto, un tipo de ARN que no es ninguno de los que conoces. No es ARN mensajero, ni ARN ribosómico ni ARN ribosomal. Es ARN de interferencia (no sé de qué te extrañas al enterarte de que hay muchos más tipos de ARN de los que cuentan en las clases; en las clases, los profes, decimos cosas que se sabían hace 20 ó 30 años y tardamos mucho en incorporar lo que se ha descubierto después de que termináramos nuestros estudios). ARN de interferencia, te decía. Y ya te conté de él. Con un vídeo muy chulo incluido.

Resulta que Sui Hong-Yan, Zhao Guang-Yu, Huang Jian-Dong, Jin Dong-Yan, Yuen Kwok-Yung y Zheng Bo-Jian (yo los pongo a todos, que se lo han currado) han descubierto cómo introducir en cultivos celulares un taxi genético con ese ARNi. (Su artículo tiene la siguiente referencia, por si hay entendidos que la precisen: doi:10.1371/journal.pone.0005671).

¿Que qué es un taxi genético? Pues cualquier cosa que lleva en su interior un gen que me interesa. En este caso, es un virus atenuado, que no causa daño, pero que sí mete en las células el gen que quiero. Un lentivirus, por si te interesa el palabro. ¿Que no te interesa? ¿Y si te digo que el VIH, el virus del sida también es un lentivirus? Pero no te preocupes, que el que usan como taxi genético no causa daño. De hecho, se vende y todo, y cualquiera puede comprarlo (bueno, barato no es)…

EGFP

Fuente: http://tinyurl.com/lkkdgq

¿Cómo saben que el taxi ha cumplido su función? Porque, en realidad, no lleva un gen. Lleva dos. Uno, el que me interesa. Y otro el marcador, que es un gen que sirve para fabricar una proteína fluorescente (EGFP le llaman, y es de color verdecito, y también se vende aunque a precio algo más baratito que el virus). Si la célula brila, sabemos que realmente entró el lentivirus y está funcionando.

En fin, a lo que iba. Que han metido en células cultivadas en laboratorio ese trocito de ARNi, de ARN de interferencia. Y funciona. Las células que sintetizan esa molécula son inmunes al H1N1. Pero, y esto es lo más interesante, también son inmunes al temible H5N1. Y, por lo que parece, su inmunidad dura bastante. Porque han sometido a las células de los cultivos a infecciones reiteradas, muy reiteradas, una y otra vez. Y no deja de funcionar el ARNi. Una y otra vez rechaza la infección.

Lo de los ARN de interferencia es algo muy bestia. Es una auténtica revolución en marcha. ¿Sabes inglés? Pues escucha y mira al Premio Nobel Philip Sharp. ¿No sabes? ¡Pues aprende, que ya toca, que te estás perdiendo mucho! P.ej., podrías asistir a esta clase de un tipo como él. ¡Hombre! Yo no le he entendido todo, y dura una hora. Pero merece la pena, creo. Para eso y para muchas cosas más.

Tras la poesía de los colores del otoño

Tomado de pachd.com/free-images/nature-images.html

Naranjas, amarillos, marrones… los colores de la caída de la hoja, del otoño. Pero tras la habitual (y bonita) imagen, lo que hay son proteínas y ARN. La otoñada sucede porque existen ORE1, miR164, EIN2.

Eso no significa que haya menos poesía, o que debamos tener una visión reduccionista. La otoñada es preciosa y pasear pisando hojas caídas, con el olor a bosque a punto de dormir, es un privilegio.

Pero como el aprendizaje es emoción, deberíamos poder aprender algo, interrogarnos acerca de lo que nos gusta, de lo que nos conmueve. Conocer más no provoca que pierda belleza lo que miro. A mí no. El encanto de lo no sabido es mucho menor que la impresión de profundidad, de historia, que hay en cualquier rincón de la biología.

Lo primero, que los amarillos, marrones, naranjas, están ahí, han estado siempre. Sólo que ocultos por el verde. Antocianos tapados por clorofila.

Esa es un cuestión que aporta belleza. El otoño revela lo oculto. A mi me parece bonito.

Además, la caída de la hoja sucede porque existen células capaces de morir por el bien del conjunto. Eso, ya le da mucho sentido al otoño. No hace falta ser biólogo para comprender que la hoja, cayendo, protege al resto de la planta. Con la hoja perdería mucha agua en una época en la que hay poca. Porque el agua helada no es agua. Con la hoja ganaría menos de lo que gastaría, ya que los días son cortos. Y la hoja, de todas maneras moriría, en la primera helada. Mejor hacerla caer y tratar de recuperar lo que se pueda, en vez de usar la hoja, apostar por ella, y verse sorprendido por la primera helada. Esa, ya, es una cuestión que me impresiona. Me refiero a que lo vivo haya inventado la muerte de partes para que un conjunto más grande sobreviva. No hay nada menos adaptativo que la muerte… salvo si formas parte de algo mayor.

Esa ya es una cuestión llamativa. Tanto como admirar los colores. Por lo menos para mí.

¿Que hay árboles que no pierden la hoja? Pues claro. Pero su forma foliar se ha adaptado. Reducen tanto como pueden la superficie. Apuestan por una hoja que gane poco, pero que pierda poco. Y así pueden vivir donde otros no. Son hojas aciculares, con forma de aguja. Como la de los pinos. Los que tienen hojas planas, anchas, con formas múltiples pero siempre dispuesta a interceptar la luz del sol, esos no. Esos no pueden vivir en invierno. Sólo pueden sobrevivir.

Los hay que afrontan pocas heladas. Para ellos merece la pena inventar el anticongelante (es fácil, pueden usar algunos azúcares). Es decir, fabricar algo que poner dentro de la hoja para aguantar el hielo las pocas veces que ataque. Pero los árboles de más al norte o más alto no. A esos no les merece la pena gastar tantos días, uno tras otro, en anticongenlante. Sale más barato perder la hoja unos meses y, cuando vengan buenos tiempos fabricar las nuevas, las de esa temporada.

Vale, el otoño es poesía, pero también es un balance entre costes y beneficios. ¿Usar anticongelante o no? ¿Crear hojas de grandes ganancias o de grandes pérdidas? Esas preguntas tienen respuestas diferentes en función de dónde vivas, de cuánto frío haga allí, de cuánto sol te dé en los días buenos. No hay, en lo vivo, nada bueno o malo, nada acertado o equivocado. Todo es cuestión de contexto.

Esa ya es otra cuestión llamativa. Tanto como admirar los colores. Por lo menos para mí.

Ahora que vendrá la primavera, me apetecía acordarme del otoño. Porque no hay una buena primavera si no se hicieron los deberes del otoño. Porque, económicamente, estamos en un duro otoño. A lo mejor, los árboles, con su capacidad de aprovechar lo que se pueda, de revelar lo oculto, de sacrificar partes por el bien del conjunto, de hacer buenas y sensatas cuentas, a lo mejor los árboles son un modelo.