[Libro] La ciencia en la sombra

Muchos padres de alumnos ayudaron a hacer este libro. El tema de los crímines y su resolución es una cosa que interesa más a nivel familiar que la Proteómica de las plantas (sic). Lo de CSI o Bones es falso: cuando llegas a un accidente violento o crimen, los cadáveres están en formas poco estéticas, rodeados de un charco de sus propias heces y orines si han pasado varias horas después de la muerte. Y si han pasado varios días pueden estar descompuestos, llenos de gusanos o casi ser una papilla maloliente. De eso y de muchas cosas más habla el libro que os quiero comentar.

Habla de las huellas dactilares y de sus inicios. Curiosamente, al igual que con la prueba de ADN, la primera vez que se utilizó con fines policiales sirvió para liberar a un inocente y no para condenar un culpable. El primer caso famoso resuelto en España gracias al estudio de las huellas dactilares y al uso de fotografías fue el robo del Tesoro del Delfín en el Museo del Prado, ocurrido en septiembre de 1918.

Aunque la probabilidad de coincidencia de la huella entera es realmente baja (virtualmente nula), sí es más probable que haya coincidencia en huellas parciales. Es lo que le pasó a Brandon Mayfield, un abogado y padre de familia de Portland (Oregón). Se había convertido al Islam y había estado en una manifestación de apoyo a los talibanes; pero el caso es que una de las huellas parciales del 11-M coincidía con las suyas. Le cayó la ley antiterrorista en EEUU y fue arrestado durante dos semanas. Posteriormente se demostró que no tenía nada que ver.

Es muy importante no contaminar las escenas. Hay casos no resueltos en los que la contaminación de la escena tuvo un carácter importante, como en el caso del crimen del cortijo de Los Galindos, en agosto del año 1975, todo el pueblo pasó por allí mientras buscaban al juez, que estaba de vacaciones, o el de los marqueses de Urquijo, asesinados en 1980 mientras dormían: el mayordomo limpió y adecentó los cadáveres antes de que apareciera la policía, para, según él, que no vieran a los señores en pijama y camisón.

En 1959 el patólogo forense sir Sidney Smith detalló un caso en Falkirk, Reino Unido, en el cual a partir de las huellas pudo predecir que el autor sería bajito, con la pierna izquierda más corta, la pelvis desequilibrada hacia la izquierda, escoliosis, arrastraba el pie izquierdo y tendría el dedo del pie izquierdo deformado o amputado, posiblemente debido a una poliomielitis. Y acertó.

El primer caso resuelto gracias a la identificación de una mordedura fue el de Linda Peacock, una joven de quince años cuyo cuerpo fue hallado estrangulado y con signos de violencia el 6 de agosto de 1967. Una mordedura en el pecho derecho permitió identificar al culpable, que resultó ser Gordon Hay, un vecino de diecisiete años con antecedentes por delincuencia juvenil.

En España no podemos acogernos a la 5ª enmienda, como en EEUU: podemos acogernos al artículo 24 de la Constitución, tal como hizo cierto acusado que empezaba a caer en contradicciones.

También hay que tener en cuenta un aspecto de la filosofía del derecho. La ciencia forense solo puede determinar los actos, pero no juzgar las intenciones. Hay un principio que establece que «el acto no hace a una persona culpable a menos que la mente también sea culpable». Por ejemplo, dos personas van de caza, a una se le dispara la escopeta y el compañero muere. Ahora imaginemos otra situación: dos personas van de caza, uno dispara la escopeta y el compañero muere. En el primer caso, se trata de un accidente; en el segundo, se ha cometido un homicidio o un asesinato porque el disparo ha sido intencionado. Un perito forense puede determinar en ambos casos el modelo de escopeta, la distancia del disparo y el tipo de cartucho, y un médico forense estudiará las heridas que produjeron los perdigones. Difícilmente ninguno de los dos puede valorar la intencionalidad del disparo, ya que eso debe determinarse en el juicio y, según la conclusión del juez, la condena al tirador será muy diferente.

Es importante conocer los pasos de la descomposición de los cadáveres, ya que nos pueden situar la hora de la muerte en función de cómo estén los cuerpos. Es algo que debe estudiarse y de hecho, existen unas instalaciones llamadas «granjas de cadáveres» en las que se dejan cuerpos, de diversas tallas y estaturas, en diferentes condiciones para observar cómo se descomponen. La más famosa es la de la Universidad de Tennessee. Para bien o para mal, los cadáveres siguen las leyes de la física y la química que gobiernan el universo.

Para que la carne de ternera de calidad esté buena, tienen que haber pasado varios días desde su sacrificio porque es necesario que haya pasado el rigor mortis en que está dura como una piedra. Pasada esa fase, la carne se queda tierna y es el momento óptimo para su consumo.

Mientras estamos vivos, tenemos aproximadamente dos kilogramos de bacterias repartidas por diferentes partes del cuerpo, principalmente en el intestino, y en el caso de las mujeres también en la vagina. Cuando morimos comienzan a comernos por dentro. Curiosamente la velocidad en a que lo hacen depende de ciertos factores: en obesos y bebés es bastante más rápido porque, en proporción, hay más tejido blando; si has muerto por una enfermedad infecciosa, las mismas bacterias se pueden haber adelantado y la descomposición será más rápida (habrían empezado a comerte incluso antes de morir); si antes de morirte has tenido un tratamiento con antibióticos o has muerto envenenado o intoxicado, puede haber eliminado bacterias y la descomposición será mucho más lenta.

En España no tenemos costumbre de embalsamar a la gente. Por ejemplo, cuando aquí mueren los reyes, lo que hacemos, es dejar que se pudran (literalmente) en una sala destinada a tal efecto en El Escorial llamada «el pudridero». Pasados treinta o cuarenta años, los restos son enterrados en la cripta del Real Monasterio del Escorial. Ahora mismo en el pudridero se encuentran los cuerpos de Juan de Borbón y de su esposa María de las Mercedes, que cuando sean enterrados completarán el espacio de la Cripta Real, por lo que habrá que habilitar algo para los siguientes.

Los huesos guardan su historia más tiempo que la carne. De hecho, un cadáver queda en los huesos en apenas 2 o 3 años. Así que una cicatriz o un lunar habrá desaparecido, pero una fractura de un hueso se conservará durante mucho tiempo al igual que una ficha dental. Los huesos se están formando y degradando continuamente y es por ello que cuando nos rompemos un hueso se repara si lo dejamos inmovilizado.

En las cremaciones no siempre se queda todo reducido a cenizas. Puede quedar algún pequeño hueso o algún diente; por ello, arrojarlas al mar está prohibido en Europa, o sea, que debes aleare más de 12 millas náuticas de la cosa o hacerlo a través de alguna empresa con autorización. También puedes esnifar las cenizas como hizo Keith Richards

, guitarrista de los Rolling Stones.

Para estudiar los huesos se tienen que hervir y luego tratar con diferentes productos químicos. Los laboratorios cuentan con los equipos necesarios, aunque no siempre fue así. El antropólogo forense William Bass cuenta que una vez tuvo que llevarse una cabeza medio descompuesta a casa porque en la Universidad no contaba con el equipamiento necesario. La puso a hervir en una olla en la que cabía muy justa en la cocina de su casa, pero cuando rompió el hervor, el ímpetu de la burbuja hizo que la olla se volcara, desparramando todo el contenido por la cocina y dejando un profundo olor a caldo de carne.

Explica la cantidad de información que puede sacarse de los huesos, pero todo ello llevaría para un par de artículos bien extensos e interesantes; pero ya no sólo por la información debida a un crimen, sino por la información de los huesos que pueden dar de la historia, como los de Quevedo. Parece ser que cuando le preguntaron si quería música en su funeral contestó: “La música páguela quien la oyere”.

Tener los ojos azules es debido a una mutación que se dio en los alrededores del Mar Muerto hace unos 1.500 o 1.600 años, lo que descarta que los neandertales tuvieran ojos azules.

Habla también de algún caso en que se ha encontrado a algún asesino gracias a la reconstrucción facial gracias a la que reconocieron a uno 18 años después del crimen. También explica cómo identificaron los restos de Josef Mengele, médico de Auschwitz y apodado “el Ángel de la Muerte”.

Habla también de errores que pueden producirse si no se va con mucho cuidado, como en el caso de Asunta Basterra, una niña de doce años asesinada Santiago de Compostela. Se encontró una mancha de semen en la camiseta de la víctima que resultó ser de un aprendiz de panadero de Madrid. El imputado, sin embargo, pudo acreditar que el día de los hechos estaba en Madrid y no en Santiago. ¿Qué había pasado? Pues que el mismo laboratorio estaba procesando una muestra suya procedente de un preservativo que había entregado personalmente a la policía ya que después de una fiesta había sido acusado de violación. Dicha muestra había contaminado la de Asunta, posiblemente por haber utilizado las mismas tijeras y no haberlas limpiado de manera correcta. Así que si no se va con cuidado en el laboratorio la cosa puede acabar mal.

Pero los beneficios de la genética y las pruebas de ADN son enormes. Gracias a la iniciativa Innocence Project que pretende rebatir casos que se habían procesado antes de la existencia del ADN se han liberado más de 300 personas erróneamente condenadas, de las cuales, 14 estaban condenadas a pena de muerte. Uno no puede dejar de pensar si los culpables todavía siguen libres y que se dejara de investigar el caso por tener ya un culpable.

Trabajar en un servicio de genética forense presenta, además, muchos dilemas éticos. Pensemos, por ejemplo, en la identificación de un cadáver hallado en un accidente. Los restos están muy deteriorados, por lo que el juez solicita muestras de sangre a los padres para confirmar la identidad. Resultado: el fallecido es hijo de su madre, pero no del que supuestamente es su padre. En cualquier servicio de genética forense, todos los años, se encuentran con algún caso similar.

Pero eso no es lo más grave. Para empezar, del informe que tú le envíes al juez dependerá la inocencia o culpabilidad de una persona, por lo que, como en todo, debes ser competente haciendo tu trabajo.

El ADN mitocondrial siempre pasa por línea materna, como ya he explicado en algún artículo. Lo que no sabía es que dado que el ADN de la mitocondria se duplica, y además lo hace independientemente de cuando se duplica la célula puede aparecer una mutación que se mantenga, de modo que coexistan dos genomas mitocondriales diferentes. Este fenómeno se llama heteroplasmia.

Aunque el cromosoma Y es muy pequeño, también es muy útil en los casos de violación y de abuso sexual donde aparece mezclado el ADN de la víctima con el de la mujer, ya que será específico del hombre. Por un lado, al tener poca variabilidad, no sirve para inculpar a un sospechoso, pero sí sirve para excluirlo en caso de que sea diferente.

El problema del ADN es cuando hay gemelos idénticos, como ocurrió en un caso en Marsella: una serie de violaciones quedó sin castigo porque el perfil genético coincidía con dos gemelos idénticos. Si hubiera habido huellas digitales sí hubiera podido discriminarse.

El luminol que tan conocido es por las series de TV se utilizó por primera vez en España en octubre de 2001 en el caso del cuerpo de una mujer que apareció en una zanja de la Casa de Campo de Madrid. La inspección ocular determinó que el cuerpo había sido trasladado allí post mortem. La policía empezó a investigar el entorno de la víctima. Al aplicar luminol en la trastienda del comercio donde trabajaba, aquello se iluminó como unos grandes almacenes en Navidad (sic), a la vista de lo cual el sospechoso se derrumbó y confesó.

Al llegar a una escena de un crimen, los investigadores se fijan en la forma y diámetro de las gotas de sangre (deducen si ha sido de un balazo o de un objeto contundente). Por otro lado, como los insectos que devoran los cadáveres lo hacen siempre en la misma secuencia, pueden saber muchas cosas sólo analizando los que tiene en aquel momento, y si la fauna de insectos es diferente del lugar donde se ha encontrado el cadáver, ya sabemos que lo mataron en otro lugar. En el metro de Londres hay, incluso, razas de insectos propias de cada línea.

Nos explica cómo funciona el test de embarazo y la relación que tiene otros tests como el de alguna droga o de sangre. Y también nos cuenta el caso de Patricia Stallings en el que todo apuntaba a que había envenenado a su hijo con etilenglicol… hasta que tuvo otro hijo y fue dado en adopción por el estado, mostrando a los pocos meses síntomas similares a los de su hermano que había muerto (dejo que leáis el caso en el libro).

Aunque tuviéramos una base científica para afirmar que sabemos que alguien va a delinquir, ¿podemos culpabilizarle por algo antes de que cometa el delito? Creo que estaremos todos de acuerdo en que, hasta que no se comete un delito, todos somos inocentes.

Y también nos recuerda que podemos ser condenados porque los letrados no saben estadística, citando para ello los casos de Sally Clark o del de Lucia de Berk.

Gran libro, del que se aprende, uno de aquellos que podríamos calificar para todos los públicos e imprescindible como cualquier otro libro del mismo autor.

Portada del libro

Título: “La ciencia en la sombra”
Autor: José Miguel Mulet

[Libro] ¿Enferman las mariposas del alma?

Francisco Mora, autor del libro que os quiero comentar, es un apasionado de la neurociencia. No sé si este es el segundo o tercer libro de él con este tema como línea central. Os hago el resumen de las cosas que mas me han llamado la atención.

El ser humano nace con un proyecto indeterminado, abierto, como si fuera un libro que está por escribir. Y eso es el hombre, en la salud y también en la enfermedad, un libro por escribir, con la idea, además real, de que es un libro que se escribe a sí mismo.

Los primates desarrollan un miedo innato a las serpientes y una correspondiente reacción de huida. Pues bien, una lesión en la corteza prefrontal orbitaria hace que estos animales pierdan el miedo a las serpientes y, aun a riesgo de su propia vida, jueguen con ellas y se las lleven a la boca como si de un objeto o congénere de juegos se tratara.

No es difícil ver que esas lesiones cerebrales no sólo pueden llevar a poner en peligro su vida, sino el de la colonia. Y es posible que la propia colonia de primates rechace al animal, dado que transgrede códigos de supervivencia que están escritos en lo más profundo del cerebro.

Los chimpancés transmiten conocimientos de generación en generación. Es lo que nosotros llamamos cultura. Los chimpancés tienen culturas para cada una de sus colonias, separadas por muchos kilómetros. Ello se ha concluido con años de estudios prolongados en el tiempo y basados en la observación. Se han descrito hasta 39 patrones de conductas propias que se han ido transmitiendo a los descendientes.

Un aspecto central en el reconocimiento del yo es saber que el que está en el espejo es uno mismo. Al principio se creía que esta faceta estaba reservada sólo al ser humano, pero ver a los chimpancés quitándose trocitos de comida de entre los dientes que ven mientras se mirándose al espejo ya nos puede hacer sospechar que no somos los únicos. El experimento definitivo que mostró ese resultado fue uno en que bajo anestesia se hizo a unos chimpancés una raya roja por encima de una de las orejas y en la mitad superior de la oreja del lado contrario. Al despertar y verse en el espejo, de inmediato se pudieron a investigar aquellas manchas rojas en su cara y tocarlas con los dedos para luego olérselos.

Estos mismos experimentos se hicieron con monos rhesus, y ninguno desarrolló este tipo de conducta. De hecho, estuvieron todo el tiempo tratando de pelearse con el mono que estaba al otro lado del espejo.

Los humanos tenemos la facultad de ponernos en el lugar del otro, entender sus estados psicológicos, emocione e intenciones. Es lo que ha venido a ser conocido como tener “una teoría de la mente”. El chimpancé no alcanza a tener una teoría de la mente como la humana ni un lenguaje como los humanos; pero sí tiene, sin embargo, atisbos de entender a otros chimpancés e intuir sus intenciones.

Dado que tenemos ciertas estructuras en el cerebro que no tienen los chimpancés, podemos tener enfermedades mentales asociadas a esas zonas que nunca tendrán los chimpancés, por ejemplo la esquizofrenia. Es una enfermedad que no se da igual en las diferentes culturas. Los pacientes africanos tienen mayor incidencia de alucinaciones visuales, muy poco frecuentes en nuestra cultura Occidental; los pacientes de la India o la Isla Mauricio padecen una pérdida de sentimientos. Todo esto nos da una idea de la poderosa influencia del entorno.

Habla también el Alzheimer y cómo hay genes que predisponen a ello. Bárbara McCulley tenía a sus 70 años miedo a padecer Alzheimer, ya que es la más joven de 10 hermanos y todos ellos padecen o han padecido Alzheimer (el padre también desarrolló la enfermedad). Desde luego, si hay genes involucrados en esta enfermedad, esa familia los tiene.

La amígdala es la estructura cerebral que representa la puerta de entrada al sistema límbico (emocional) y, por tanto, implicada en el significado emocional de toa la información sensorial que entra en el cerebro. Las lesiones en la amígdala impiden que los animales puedan asociar estímulos visuales a emociones; por ejemplo, en los primates les impiden tener respuestas emocionales de placer (al ver alimentos) o de agresividad (al ver una serpiente), por lo que se vuelven más mansos. Lo curioso es que en los seres humanos producen un impedimento ya no de reconocer las caras de las personas sino el mensaje emocional de las mismas. Un paciente con una lesión en la amígdala reconocerá a un amigo en una foto, pero es incapaz de decir si dicha foto contiene una expresión de alegría o tristeza. Tampoco son capaces de reconocer la entonación emocional cuando se les habla.

Los psicópatas son aquellas personas que tienen una conducta antisocial, emociones anormales y desajustadas a la sociedad en la que vive. No diferencia el bien del mal, no expresa remordimientos ni sentimiento de culpa.

Cuenta un psicópata llamado David Berkowtz que asesinó a cinco chicas jóvenes:

(…) después de matar volvía a casa silbando. La tensión y el deseo de matar habían sido tan intensos, que cuando finalmente exploté, todas las tensiones y presiones desaparecían, simplemente se evaporaban, aunque por poco tiempo. No sentía deseos sexuales, sólo hostilidad. Quería destrozarla por todo lo que ella representaba… una chica hermosa, una amenaza para mí, hacia mi masculinidad.

Mientras en personas normales, en las fuertes emociones se activa la corteza cingulada posterior, en los psicópatas esa parte no sólo no está activa, sino que presenta un fuerte descenso en su actividad.

No obstante, los estudios por neuroimagen sobre el razonamiento moral tanto en personas normales como las que muestras una conducta moral aberrante apuntan a que no hay una parte específica en el cerebro, y que la emoción es una fuerza conductora; pero distribuida al igual que podría ser la memoria.

El ser humano es un “loco” que controla su locura. Un ser con la capacidad de controlar el filtro por el que la identidad personal pasa a las palabras u a la conducta. Un filtro, además, que es inherente a nuestra consciencia.

Buen libro, recomendado para todos los públicos.

Portada del libro

Título: “¿Enferman las mariposas del alma?”
Autor: Francisco Mora

[Libro] Tecnosiniestro. El lado oscuro de la red

Estamos en la era de la información y ello comporta ventajas e inconvenientes. El problema es que no conoceremos ni las unas no los otros hasta que el tiempo pase; pero el problema es que habrá muchos inconvenientes inesperados y uno de ellos será una pérdida de gran parte de la intimidad. De eso y de otras cosas habla este libro del que paso a comentar las cosas que más me han llamado la atención.

Ada Lovelace decía en 1842 que “el motor analítico no tiene ninguna pretensión de originar nada” y que “puede hacer todo lo que sepamos ordenarle que haga”.

El profesor japonés de robótica Masahiro Mori llamó “efecto valle de lo siniestro” para explicar por qué nos sentimos tan incómodos ante cuando objetos no humanos se comportan como humanos.

Habla de hasta qué punto la información debe o puede ser pública. Si te detienen en EEUU, en muchas jurisdicciones publicarán en Internet tu presunto delito junto a la foto de tu ficha policial. El Tribunal Supremo ha dictaminado que esas publicaciones se ajustan a la ley. Las fotos suelen publicarse justo después de la detención, sin ni siquiera saber si el detenido es culpable o no.

Ya en la década de los 1933, Dehomag, la filial alemana de IBM ofreció al gobierno nazi su sistema de lectura de tarjetas perforadas para elaborar un censo nacional de población. El sistema facilitaría la identificación de judíos y gitanos para su deportación y exterminio durante la Segunda Guerra Mundial.

Internet ha crecido mucho más de lo que se esperaba. En 1981, a los creadores del TCP/IP ni se les pasó por la cabeza que algún día iba a haber más de 4.294.967.286 (232) direcciones de Internet de las que crearon. Con el nuevo sistema IPv6 se puede llegar a las 340.282.366.920.938.463.463.374.607.431.768.211.456 (2128) direcciones. No creo que las utilicemos todas.

¿Os gusta que las marcas tengan lo datos de GPS y demás de vuestro coche? Eric Guthier conducía su nuevo Pontiac Sunfire por el centro de Montreal en 2001 cuando chocó contra otro vehículo matando a su conductor. La fiscalía optó por utilizar los datos del EDR de su coche, un dispositivo análogo a la caja negra de los aviones, que revelaron que aquel coche iba entre los 130 y 160 km/h. Seguramente, Guthier ni siquiera sabía que lo llevaba, pero los datos de aquel sistema sirvieron para condenarlo. No obstante, en otros casos también ha servido para exculpar a un inocente.

Tanto se quiere saber que a los atletas de los Juegos Olímpicos de 1988 se les quería poner una pulsera gracias a la cual la audiencia pudiera saber en tiempo real su pulso, tensión arterial y otros patrones biológicos. Adam Clarke Estes, articulista de Gizmodo, levantó la voz de alarma al afirmar que la “Fuelband” podía saber si estabas teniendo relaciones sexuales, incluso que se pudiera saber si estabas fingiendo un orgasmo o alertar a tu cónyuge si estabas teniendo una aventura. El problema es que si te lo quitas por alguna razón da pie a sospechar en esas lagunas de tiempo que está haciendo algo indebido.

A medida que empezamos a aceptar dispositivos diseñados para estar “siempre conectados”, apagarlos puede levantar sospechas. Hay que entender que los sensores trabajan para el mejor postor y no muestran ninguna lealtad hacia sus propietarios. El seguimiento de los móviles es algo que da mucha información. Si un móvil intenta conectarse a la red de la Sala VIP de British Airways probablemente es de alguien que tiene dinero, o si está buscando la red de empleados del Royal Bank of Scotland tendrá una idea aproximada de dónde trabaja.

El objetivo real es controlar todos nuestros movimientos, nuestros gastos, etc. ¿Estamos dispuestos a regalar esa información y que las empresas comercien con dicha información?

Google escanea todos los correos personales y te recuerdan que les diste permiso para hacerlo al abrir una cuenta de gmail. Pero también escaneará los correos que envíes a alguien con una cuenta en gmail. Cuando denunciaron a Google por ello, uno de los argumentos que dieron para escanear esos correos de un remitente externo era como si “el asistente del destinatario” abriera esa una carta.

En el Reino Unido, en el consistorio de Slough hicieron volar una cámara de imágenes térmicas sobre el condado de Berkshire y descubrieron 6.350 edificios que podían ser “cobertizos con camas”; en otras palabras, transformaciones ilegales de edificios industriales en infraviviendas de alquiler. En 2001, el Tribunal Supremo de los EEUU dictaminó que era inconstitucional utilizar imágenes de termovisión para detectar el calor disipado bajo el techo de una casa. No obstante, la votación fue muy reñida.

Hubo webs que colgaban las fotos de dichas imágenes, con permiso de los propietarios; pero claro, los que no daban permiso acababan siendo sospechosos porque… ¡algo tendrían que ocultar!, ¿no?

La Target Corporation de Minneapolis creó un modelo para detectar en qué momento una clienta podía estar embarazada. Apenas un año después, un cliente muy enfadado pidió ver al encargado de un supermercado porque su hija, que iba al instituto, estaba recibiendo cupones para ropita de bebés y cunas: “¿Queréis animarla a que se quede embarazada?”, les dijo. Al cabo de unos días, aquel mismo padre llamó para disculparse con el supermercado. El programa informático se había dado cuenta del embarazo de aquella chica antes que su padre.

Cuando pasamos tarjetas de fidelización saben exactamente lo que compramos. Pero hecha la ley, hecha la trampa. Con las tarjetas gratuitas de algunos supermercados que daban puntos, algún cajero listillo se hizo una tarjeta y, a los clientes que no pasaban tarjeta alguna, el mismo cajero pasaba la suya. Alguno que otro disfrutó de viajes… hasta que la empresa se enteró.

Hay empresas como Xerox que, cuando cumplimentas formularios para las ofertas de empleo, miran qué navegador o qué sistema operativo utilizas. Según ellos, si usas otro que no sea Explorer tienes mayor probabilidad de rendir más y cambiar menos de trabajo. Otras empresas exigían a sus candidatos las contraseñas de sus redes sociales. Algunos optaban por eliminar sus cuentas, pero entonces el propio empresario pensaba: ¡algo tendrá que ocultar!

Las empresas manipulan hasta los aromas. Según dice el autor, en los funerales se lanzan potentísimos esprays para evitar el olor a cadáver en descomposición. Cuenta, incluso, que hay hoteles que en las bodas ponen fragancias de rosas y en las reuniones de negocios fragancias de cuero. Hasta Walt Disney en sus parques temáticos: dicen que en la Mansión Encantada hay olor a humedad y moho.

Otra intimidad que saltó a debate es la de los resultados médicos de cada uno, sobre todo, a partir de la aparición de las pruebas del VIH. Decían que sus resultados tenían que ser públicos para proteger al resto de la población. Incluso dos canadienses fueron condenados en 2003 a penas de cárcel por no haber compartido con sus parejas que eran portadoras del VIH. ¿Qué pasaría si te exigieran resultados médicos y tuvieras la enfermedad de Huntington? Esta última es una suerte de lotería genética porque si uno de tus progenitores la padece, tienes un 50% de probabilidades de heredarla. Hoy por hoy no tiene cura y los enfermos mueren por complicaciones asociadas a la enfermedad.

Es cierto que si tienes una pareja que ha dado positivo en el test de Huntington, posteriormente, en caso de querer tener hijos, puedes recurrir a que te implanten embriones que no lo tengan. Pero también es cierto que hay gente que no quiere hacerse las pruebas de ciertas enfermedades porque prefieren no saber si tienen cierta enfermedad o no.

Es difícil saber qué hacer con la información y cuáles son los derechos que prevalecen sobre otros derechos. En una ocasión, un cirujano especialista en trasplantes hospitalarios puntero de EEUU contaba que un enfermo necesitaba un trasplante de riñón y acudió al hospital acompañado de su hija veinteañera. Cuando les hicieron la prueba de compatibilidad fue evidente que no era su hija genética. El hospital convocó a su consejo de ética quien decidió que debían compartir la información con la hija, pero el padre se opuso a ello. El hospital finalmente se lo dijo a la hija y ésta, al saberlo, la hija se fue hecha una furia; aunque volvió una semana después ya más calmada. ¿Qué derecho prevalece aquí? ¿el el padre a querer que su hija no sepa que no es el padre biológico o el de la hija a saberlo?

Todos queremos disfrutar de los beneficios de la investigación, pero nos da miedo entregar nuestros datos genéticos y los de nuestros hijos. A los neonatos se les hace una prueba clínica en la que se le extrae una gota de sangre del talón. Dicha gota se deposita en una tarjeta de papel de filtro, se seca y se conserva en un archivo. En el fondo, es algo que pretende tener cualquier gobierno: una base de datos de ADN que incluya a todos sus ciudadanos. En EEUU se ha llegado a denunciar a dos estados por conservar esa gota sin consentimiento de los padres. En 2010 accedieron a destruir 5 millones de gotas.

Por una donación de semen se paga hasta 100 dólares con un máximo de 1200 al mes. Los bancos de semen lo compran y venden. Esto no es malo, pues así se puede evitar peligro de algún incesto accidental y también conviene que los críos de una misma zona geográfica no sean parecidos genéticamente. Lo que pasa es que todos queremos lo mejor, y lo mejor es casi siempre igual para todos.

Existe el caso del Donante 401 del Fairfax Cryobank, un hombre de etnia alemana que mide 1,93 y pesa 108 kg. En 2004 dejó de donar semen, pero todavía se conservan viales. La empresa Fairfax Cryobank tiene lista de espera por ese semen. En 2006 una artista californiana llamada Melissa Weiss tenía 17 viales que le habían costado 175 dólares la unidad; como renunció a tener hijos, los donó. La cosa llegó más lejos, porque una mujer abrió un juego en Internet una especie de grupo de juegos para su hijo, concebido con semen del donante. Hoy día son unos 150 hermanastros y se reúnen. Dicen que todos se parecen. No me sorprende.

Si a lo anterior añadimos un joven quinceañero que fue capaz de encontrar a su padre biológico con un bastoncillo y algo de trabajo detectivesco, ya vemos que la confidencialidad de los donantes de semen son hoy día información al alcance de todos. O, al menos, mucho más que antes.

No todo es malo en la información. Casi tres cuartas partes de las primeras 250 personas que fueron exoneradas gracias al ADN en los EEUU habían sido víctimas de declaraciones de testigos oculares que no se ajustaban a lo ocurrido.

También habla de la necesidad de cadáveres de las diferentes universidades, que en India los venden entre 390 y 520 euros y que en EEUU los encargan a una “empresa de servicios”.

Hace muchos años, un banco de Nueva York, con la intención de combatir el fraude, empezó a solicitar las huellas dactilares de sus clientes cuando depositaban cheques o los cobraban en efectivo. El banco no tardó nada en dejar de hacerlo porque sus clientes no querían que los trataran como criminales.

Cuando Apple presentó el iPhone 5s traía un escáner de huellas. Los del Chaos Computer Club tardaron dos días en derribar esa defensa de entrada en el móvil.

Una vecina de Hamilton, en la provincia canadiense de Otnario perdió un boleto de lotería premiado. Los empleados de la Comisión de Loterías y Juegos de Ontario fueron capaces de localizarla y hacerle entrega del premio de 50 millones de dólares canadienses. Y eso que habían recibido 435 peticiones de personas que afirmaban haber comprado el boleto. ¿Imagináis la cantidad de datos que necesitaron y que pudieron obtener para esa averiguar todo ello?

En la ciudad de Calgary empezaron a publicar las “Casas más caras de la ciudad”. Los dueños dijeron que aquello era un atentado contra su intimidad, pero los periodistas contraatacaron diciendo que eran datos públicos. Posteriormente, los bufetes de abogados enviaban cartas informando de que las tasaciones de las casas de sus vecinos eran diferentes y que ellos les podrían “ayudar” a sacar tajada.

También los asuntos privados acaban siendo del dominio de todos. La custodia de un dálmata de 9 años de edad fue el motivo de una demanda de dos millones de dólares en el divorcio entre un millonario de Calgary y la que no tardaría en ser su ex mujer. Aunque fue un arreglo en privado sabemos que papá se quedó con el dálmata y las declaraciones de su hijastro fueron muy reveladoras: “Ahora mi madre está forrada”.

Mucho antes de la era de Internet, un redactor utilizó el “Reemplazar” para cambiar cada aparición de “Jesucristo” por “el Profeta Mahoma” en los ficheros que almacenaban la Enciclopedia Británica. A punto estivo de llegar a la imprenta.

Estamos tan acostumbrados a que las máquinas tienen razón que somos capaces de desatender a la razón para confiar en ellas. Por ejemplo, cuando los escáneres y lectores de tarjetas empezaron a entrar en los supermercados, a algunos hackers se les ocurrió cambiar los códigos de barras de los productos más caros por los de otros para que nadie les pudiera acusar de robar. Al llegar a la caja, igual llegabas con una bolsa de patatas y en la caja ponía: “Cola de bogavante: 14,99 dólares”; y si decías algo a la cajera, esta última señalaba a la pantalla y repetía: “Cola de bogavante: 14,99 dólares”.

Kevin Poulsen fue un hacker que consiguió secuestrar todas las líneas telefónicas de Los Ángeles KIIS-FM para asegurar ser la primera persona en llamar y ganar un Porsche 944 S2, y también hizo lo propio en otra emisora por 20.000 dólares. Hasta lo buscaba el FBI por entrar en los ordenadores del gobierno. Tuvo que pasar 51 meses en una prisión federal: la mayor condena hasta el momento por un delito informático.

A veces, los fallos informáticos pueden venir de lo menos sospechado. Cierto autor alemán incorporó en un libro que publicó un código SQL que aprovechaba un error de la página web de Amazon de manera que cuando hacían un “Look inside” lo redirigía a la página de compra. Aunque las páginas web también pueden estar hechas de mala fe, como la de Ryanair en su día que, para quitarte un seguro que te ofrecían (y cobraban aparte, por supuesto), tenías que encontrar la opción y si no la veías y te empeñabas en no quererla te redirigía a “Por favor, elija su país de residencia”. O al famoso Siri de Apple. En 2011, cuando le pedían información sobre anticonceptivos se quedaba en blanco, y a las mujeres que querían abortar las dirigía a centros de apoyo en los que se desaconsejaba. Luego hablan de manipulación.

También habla de las impresoras 3D y las cosas que pueden hacer. Eric Moger, vecino de Waltham Abbey, en el condado de Essex se sometió a cirugía menor para quitarse unos pólipos nasales. En el curso de la operación, los cirujanos le descubrieron un agresivo tumor facial que tuvieron que extirparle, con lo que se llevaron media cara. Gracias a las impresoras 3D recibió una prótesis que no sólo mejoró su aspecto, sino que le permitía comer y beber con normalidad en lugar de hacerlo con una sonda nasogástrica.

Nunca sabemos cómo se utilizará la información que tienen sobre nosotros. En cierta ocasión, había un hombre que aparcaba en la plaza 11 de cierto parking. Sin él saberlo, en la plaza 12 aparcaba una figura de primer orden del crimen organizado. A menudo, intercambiaban saludos por la mañana, y eso bastó para que la policía lo incluyera como “socio” del mafioso investigado. El simple hecho de hacer una búsqueda en Google te puede buscar la ruina: un presunto asesino había buscado “cómo disolver un cadáver”. Obviamente, al jurado no le hizo ninguna gracia.

Hay quien tiene miedo de todo esto. El autor, incluso, conoce a una persona que paga en efectivo las hamburguesas que come porque un día la gente la meterá en el mismo saco que fumar o abusar del alcohol; de esta manera, no quedará rastro como si la pagara con una tarjeta de crédito.

Portada del libro

Buen libro, curioso, y que abre mucho los ojos de los peligros de la existencia de la información a estas escalas. Recomendado para todos los públicos.

Título: Tecnosiniestro, el lado oscuro de la red
Autor: Thomas P. Keenan
Traducción: Albert Fuentes

[Libro] El sentido de la existencia humana

Todos los libros de Edward O. Wilson son una gozada. Y este no es menos. Si ya el título atrae, el contenido lo hace más. Os hago el resumen de las ideas que más me han llamado la atención.

En su uso más habitual, la palabra «sentido» implica intencionalidad; la intencionalidad implica creación; y la creación implica un creador. Nuestra especie ha empezado a traspasar el umbral más importante —y sin embargo menos investigado— de la era tecnocientífica: estamos a punto de dejar atrás la selección natural, el proceso que nos creó, y dirigir nuestra propia evolución mediante la selección volitiva: el rediseño a nuestro antojo de la biología y naturaleza humanas. Podríamos generar vidas más largas, una memoria agrandada, una visión mejorada, una conducta menos agresiva, una superioridad atlética, un olor corporal agradable? La lista de la compra es infinita.

La eusocialidad es el nivel más alto de organización social que se da en ciertos animales. Pero es una rareza por dos razones. Una es su extrema singularidad. De entre los centenares de miles de líneas evolutivas de animales que la Tierra ha presenciado estos últimos cuatrocientos millones de años solo sabemos que se ha dado sólo diecinueve veces, dispersa entre insectos, crustáceos marinos y roedores subterráneos. Serían veinte si incluimos a los seres humanos. Quizás sean más, pero su número sigue siendo demasiado pequeño.

Sabemos que las especies eusociales aparecieron en una etapa muy tardía de la historia de la vida. Pero en cuanto aparecieron tuvieron gran éxito ecológico. De las diecinueve líneas independientes que se conocen entre los animales, dos de entre los insectos —las hormigas y las termitas— dominan globalmente al resto de invertebrados de la tierra. Aunque sólo representan apenas veinte mil de entre el millón de especies de insectos que conocemos, las hormigas y las termitas suman más de la mitad de la totalidad de insectos del planeta.

Por muy individualistas que creamos ser, tenemos casi una obsesión compulsiva a pertenecer a grupos o a crearlos cuando se necesitan; grupos que se anidan, solapan o separan de formas diversas, además de oscilar entre muy grandes y muy pequeños. Casi todos los grupos compiten con otros grupos similares de alguna manera u otra. Aunque lo expresemos con delicadeza y en tono desinteresado, tendemos a considerar que nuestro propio grupo es superior, y construimos nuestras identidades personales como integrantes de ese grupo. La existencia de la rivalidad, incluyendo el conflicto militar, ha sido un sello distintivo de todas las sociedades humanas desde la prehistoria, como nos demuestra la evidencia arqueológica.

Aunque nos creamos por encima de otros seres vivos seguimos formando parte de la flora y la fauna de la Tierra. La existencia humana quizás sea más sencilla de lo que pensábamos. No estamos predestinados a nada, y la vida no es un misterio indescifrable. Los demonios y los dioses no luchan por nuestra lealtad. En vez de ello, somos artífices de nuestro éxito, independientes, frágiles y estamos solos; somos una especie biológica que se ha amoldado a un mundo biológico. Nuestra supervivencia a largo plazo radica en que nos comprendamos a nosotros mismos con inteligencia; y en que logremos una independencia de pensamiento más significativa de la que se tolera hoy en día incluso en nuestras sociedades democráticas más avanzadas.

El autor no afirma que nos guiemos por el instinto de la misma forma que los animales. Pero para entendernos a nosotros mismos debemos aceptar que poseemos instintos, y hemos de tener en cuenta que venimos de unos antepasados.

Un rasgo hereditario propio de la conducta humana es el abrumador deseo instintivo de pertenecer a un grupo ya de entrada, algo que tenemos en común con la mayoría de animales sociales. El aislamiento forzado es casi una tortura, y puede inducir a la locura. La pertenencia de una persona a su grupo —su tribu— define gran parte de su identidad. También le concede, hasta cierto punto, un complejo de superioridad. Un grupo de psicólogos dividió un conjunto de voluntarios en equipos de forma aleatoria para que se enfrentaran en una serie de juegos sencillos; los voluntarios no tardaron en opinar que los miembros de los otros equipos eran menos competentes y de poco fiar, incluso a sabiendas que los habían repartido al azar.

Cuando estamos en un grupo tenemos dos tipos de comportamiento: el competitivo con los miembros del propio grupo y el altruista. La historia de la humanidad fomentó ambas selecciones y de aquí, de la competencia y la cooperación, surgió la moral y el honor. Dentro de un grupo, los individuos egoístas se imponían sobre los altruistas; pero los grupos formados por altruistas se imponían sobre aquellos compuestos por egoístas. Es decir, aunque corramos el riesgo de simplificar demasiado, la selección individual fomentaba el pecado, mientras que la selección grupal fomentaba la virtud.

Estos dos niveles de selección siempre están en conflicto, y no es posible que gane uno de ellos. Si nos entregáramos completamente a las ansias instintivas derivadas de la selección individual acabaríamos desintegrando la sociedad. Y en el otro extremo, si nos resignáramos a las ansias de la selección grupal nos convertiríamos en robots angelicales —una versión gigantesca de las hormigas—.

Hay un paralelismo entre estos dos tipos de selección y los parásitos, tanto los biológicos como los sociales. Por ejemplo, un ladrón eficaz persigue sus propios intereses y los de sus hijos, pero sus acciones perjudican al resto del grupo. Aquellos genes que continúen esa actitud pueden incrementarse de una generación a otra, pero esa actitud, a la vez, debilita el grupo. Pero consideremos el caso contrario: un valiente guerrero conduce a su grupo hacia la victoria, pero muere en el campo de batalla, dejando atrás poca descendencia o ninguna. Sus genes heroicos desaparecen con él, pero el resto de individuos del grupo, y los genes heroicos que comparten, se benefician e incrementan.

Los dos niveles de selección natural (individual y grupal) que demuestran estos extremos, son opuestos. A la larga conllevarán, o bien un equilibrio entre los genes opuestos, o la erradicación definitiva de uno de los dos. Podemos resumir la contienda con esta máxima: los miembros egoístas prosperan dentro de sus grupos, pero los grupos formados por altruistas se sobreponen a los grupos formados por egoístas.

Nuestra especie está basada en la vista y el oído, y no en el olfato ni el gusto. Aunque os creemos que somos buenos en otros sentidos porque podemos distinguir productos químicos con la nariz, la lengua o el paladar. Pero al lado de otros animales tenemos las de perder. Al lado nuestro, son unos genios en ese aspecto. Más de un 99% de las especies de animales, plantas, hongos y microbios dependen exclusivamente o casi exclusivamente de un conjunto de sustancias químicas (feromonas) para comunicarse con miembros de su misma especie. También reconocen otras sustancias químicas (alelomonas) para identificar especies distintas que podrían ser presas, depredadores o simbiontes.

Hay los colores y apariencias relucientes de los insectos, las ranas y las serpientes, cuya función es advertir a los posibles depredadores. Son mensajes urgentes cuyo objetivo no es deleitar a los predadores, sino transmitirles lo siguiente: «si me comes morirás, caerás enfermo o como mínimo mi gusto te será desagradable». Los naturalistas tienen un principio a propósito de estas advertencias. Si un animal es bonito y además no reacciona ante la cercanía de un humano, no sólo será venenoso sino que probablemente sea incluso mortal. Las lentas serpientes coral y las despreocupadas ranas dardo venenosas serían algunos de los ejemplos.

Hay otras muchas especies que no se basan en la vista o el oído, sino en los olores, y los extremos a los que se llega son impresionantes. Una palomilla bandeada (Plodia interpunctella) macho, por ejemplo, puede reaccionar ante sólo 1.3 millones de moléculas por centímetro cúbico. Quizás eso parezcan muchas feromonas, pero de hecho es una cantidad ridícula en comparación con, por ejemplo, un gramo de amoníaco (NH3), que contiene 1023 moléculas (cien mil millones de billones). La molécula de la feromona, aparte de ser lo suficientemente potente como para atraer a los machos adecuados, también debe contar con una estructura relativamente singular, de manera que existan pocas posibilidades de atraer a un macho de la especie equivocada —o lo que es peor, a un depredador que coma polillas—. Algunos de los atractores sexuales de las polillas son tan específicos que los de especies cercanamente emparentadas sólo se diferencian de ellos por un átomo, por la posesión o ubicación de un doble enlace o incluso por sólo un isómero.

No somos la única especies que esclavizamos. Existen cieras hormigas que entran en el nido de las vícimas soltando una pseudoferomona (sic) que las alarma. Para las defensoras es como si oyeran una señal de alarma que viene de todas partes, así que entran en pánico y optan por retirarse. Las invasoras se hacen con las crisálidas y se las llevan a su nido. Al nacer actúan como hermanas de sus captoras y les sirven voluntariamente de esclavas.

Es posible que las hormigas sean las criaturas feromónicas más avanzadas de la Tierra. En sus antenas tienen más receptores olfativos y sensoriales que cualquier otro insecto que conozcamos. También son baterías andantes de glándulas exocrinas, cada una de las cuales se especializa en la producción de diferentes tipos de feromonas. A la hora de regular sus vidas sociales utilizan entre diez y veinte tipos de feromonas, número que varía según la especie. Cada tipo transmite un significado distinto. Y eso es sólo el principio del sistema de información. Varias feromonas pueden emitirse al mismo tiempo para crear señales más complejas. Cuando se desprenden en momentos diferentes o en lugares distintos, transmiten un significado alternativo. Incluso es posible difundir más información modificando la concentración de moléculas. Por ejemplo, existe al menos una especie de hormiga cosechadora americana —que investigué en su momento— que si desprende una cantidad de feromonas apenas detectable incita a las obreras a prestarle atención y acudir a ella. Una concentración un poco más fuerte provoca que las hormigas busquen con excitación de un lado para otro. La concentración más elevada de la sustancia, si se produce cerca de la hormiga objetivo, la incita a un ataque enloquecido contra cualquier objeto orgánico externo que esté a su alrededor.

¿Por qué los seres humanos no nos comunicamos por feromonas como las hormigas? Una de las razones es que, aunque esté muy bien, dicha comunicación es demasiado lenta.

El altruisomo tampoco es sólo cosa del ser humano. Las hormigas también tienen rasgos, como mínimo, parecidos. Y mejor que nosotros si nos paramos a pensarlo un poco.

A medida que las hormigas envejecen, pasan más tiempo en las cámaras y túneles más externas de su hormiguero, y son más proclives a emprender exploraciones peligrosas en el exterior. También son las primeras que salen a luchar contra las hormigas enemigas y otros intrusos que invadan sus territorios y aparezcan en las entradas del hormiguero. Ésta es una diferencia significativa entre humanos y hormigas: nosotros enviamos a nuestros hombres jóvenes al campo de batalla, las hormigas mandan a sus señoras mayores. Aquí no aprenderemos ninguna lección moral, a no ser que nos interese dar con una fórmula barata para lidiar con las personas de la tercera edad.

Las hormigas enfermas siguen a las viejas hasta el perímetro del hormiguero, e incluso salen al exterior. Considerando que no hay hormigas médicas, no salen del nido para encontrar una clínica, sino principalmente para proteger al resto de la colonia de una posible enfermedad contagiosa. Algunas hormigas mueren fuera del hormiguero víctimas de infecciones de hongos y gusanos trematodos, lo que les permite a estos organismos esparcir sus propias crías. Este comportamiento puede malinterpretarse fácilmente. Si el lector ha visto demasiadas películas de Hollywood —como yo— sobre alienígenas invasores y zombis, quizás se pregunte si el parásito controla el cerebro de su anfitrión. La realidad es mucho más sencilla. La hormiga enferma tiene una tendencia hereditaria a proteger a sus compañeras abandonando el hormiguero. El parásito, por su parte, ha evolucionado para poder aprovecharse de estas hormigas tan socialmente responsables.

Hace una previsión de cómo serían los extraterrestres en caso de que los encontráramos. La única vez que había leído algo serio antes de este autor fue de Isaac Asimov en la que tenía en cuenta muchos detalles físicos. Los que maneja este autor son más a nivel sociológico que no físico.

Los filósofos llevan más de dos mil años intentando explicar la conciencia. Aunque por supuesto, ése es su trabajo. Al no tener grandes conocimientos de biología, sin embargo, la mayoría no han llegado a ninguna parte, lo cual es comprensible. No creo que sea demasiado duro afirmar que la historia de la filosofía, si la resumimos, está principalmente constituida por intentos fallidos de explicar el cerebro.

Me dejo montones de ideas y conceptos de este libro. Es curioso, pero es muy corto para la cantidad de información que da. Uno de aquellos libros imprescindibles que da pena que se terminen. Recomendado para todos los públicos.

Portada del libro

Título: El sentido de la existencia humana
Autor: Edward O. Wilson
Traducción: Xavier Gaillard Pla

[Libro] El hombre tecnológico y el síndrome de Blade Runner

He de reconocer que este libro me ha gustado por un lado y me ha parecido muy malo por otro. En un principio, me ha aportado reflexiones que no han sido las habituales, algunas de las cuales comentaré; pero por otro lado, hay demasiadas páginas donde va diciendo las ideas de uno u otro personaje quizás (y es una sensación propia) enfatizando al personaje no tanto como la idea. Y por si fuera poco, el lenguaje no es precisamente llano en bastantes momentos. No por utilizar un lenguaje más complejo ni que conozcas a más gente en la historia las ideas que dices son más o menos interesantes. Paso a explicar esas ideas que comento.

Para hablar del hombre tecnológico hemos de hablar antes del hombre en sí, porque nos guste reconocerlo o no, no sabemos exactamente cómo somos, cómo pensamos, por qué tenemos conciencia, etc. Y así el autor da un repaso por la filosofía, la historia y aquellos cambios que, más que tecnológicos, han sido cambios que han afectado al hombre y en su forma de comportarse.

No todas las personas son humanos. No todos los humanos son personas. La novedad nos confunde y las fronteras nos asustan. Neil Harbisson se instaló un “ojo artificial” conectado al cerebro que le permite “escuchar colores”, así como “ver colores invisibles”. El problema vino cuando tuvo que renovar su pasaporte ya que el gobierno británico se negaba a considerarlo “ciudadano”. Harbisson luchó por su derecho a que aquel ojo fuera considerado como parte de él y su identidad.

El 7 de junio de 2015 el New York Times informaba que habían muerto 5 personas y otras 20 estaban heridas tras los accidentes que habían sufrido aquel fin de semana. Todas las víctimas por choques de automóviles. En el siglo XIX se calcula que en la misma ciudad el número de caballos oscilaba entre 100.000 y 200.000, cada uno de los cuales producía una media de 10 Kg de excrementos más 1 litro de orina al día. Ahora pensad en el olor y en las enfermedades relacionadas. Por tanto, aunque no moriría ante gente atropellada, cabría plantearse cuántos fallecimientos habría asociados a las infecciones derivadas de los caballos.

Keats condenó a Newton por desacralizar presuntamente la Naturaleza al explicar científicamente los fenómenos físicos. Para Keats era un sujeto “que no creía en nada menos que fuera tan claro como los tres lados de un triángulo” y solía brindar contra él y contra las matemáticas.

Wittgenstein se negaba a hablar e filosofía con los miembros positivistas el Círculo de Viena y en su lugar les leía poemas de Rabindranath Tagore.

Kasparov estaba habituado a jugar contra máquinas, más lógicas, menos intuitivas, más frías y menos emocionales. A primera vista, el cálculo está concentrado al corto plazo mientras que la creatividad y la capacidad humana a largo plazo. No obstante, en su partida contra Deep Blue una jugada le sorprendió por su “heterodoxia”: movió una torre a una posición completamente carente de sentido cuando podría haber hecho un jaque al rey. La respuesta vino veinte jugadas después. Aquella previsión era imposible para los humanos y Kasparov dejó de estar seguro de su superioridad.

Si una máquina es capaz de vencer en una cosa a un ser humano, ¿no podríamos ir construyendo poco a poco una máquina que nos ganara en todos los campos? ¿Podría llegar a una de esas máquinas pasar un test de Turing? Si respondemos que no, entonces, hemos de asumir que dicho test no es de inteligencia, sino de humanidad.

En una ocasión Steve Jobs dijo que cambiaría toda su tecnología por una tarde de conversación con Sócrates. La educación es, sobre todo, la comunicación personal entre profesor y alumno. Los profesores contemporáneos continúan con esa tradición. La verdadera educación está en la imaginación y el pensamiento comunicado a través del lenguaje vivo.

Cuando agotemos nuestros recursos y en caso que desapareciéramos, ¿podría otra civilización como la nuestra volver a aparecer? Veamos qué nos tenía que decir Fred Hoyle:

Se ha dicho frecuentemente que, si la especie humana falla en su forma de vida de aquí en la Tierra, alguna otra especie tomará su lugar. En el sentido del desarrollo de la inteligencia, esto no es correcto. Ya hemos agotado, o pronto lo haremos, los requisitos previos físicos necesarios, por lo que a este planeta concierne. Con el carbón agotado, el petróleo agotado, los minerales metálicos e elevada ley agotados, no hay especie, por competente que sea, que pueda dar el gran salto desde las condiciones primitivas hasta una tecnología de alto nivel. Ese es un asunto de una sola oportunidad. Si fallamos, este sistema planetario falla en lo que se refiere a la inteligencia. Lo mismo ha e ser cierto para otros sistemas planetarios. En cada uno de ellos habrá una oportunidad y solo una.

De Hawking afirma que es el ejemplo de cómo un mismo individuo puede ser un “sabio” en un asunto y un perfecto “idiota” en todos los demás. Tanto leer a grandes personajes y conocer palabras grandilocuentes para no saber decir sencillamente “discrepo” o “en mi opinión está equivocado”. Es mejor, porque si encima estás equivocado acabas peor.

Plantea si somos egoístas ya desde niños. Experimentos hechos en niños de 7 años, al dar a escoger diferentes opciones tomaban la que era más igualitaria, aunque los dos se quedaran pobres. Por ejemplo, de poder elegir entre una elección de 2 caramelos para mí y cuatro para ti o escoger uno para cada uno, esta última es la que seleccionaban. No por egoísmo, sino igualdad.

Se cuenta en la tradición judía que un día un ángel se presentó a un hombre envidioso y le dijo que le daría lo que quisiera, pero que a su vecino le concedería el doble de lo mismo. Entonces, el envidioso no tardó ni un minuto en solicitarle al ángel que, por favor, le arrancara un ojo.

No debemos tener miedo a los transgénicos. De hecho, muchos alimentos que tomamos actualmente no tienen nada que ver con los originales. Hace 3500 años las zanahorias no tenían nada que ver con las actuales. Seguramente, ni siquiera eran naranjas. El color naranja viene del siglo XVI de Holanda, donde la casa real es los Orange.

Habla de la solidaridad. Por ejemplo, la donación de sangre o las donaciones que hacemos de nuestros órganos cuando muramos podríamos pensar, efectivamente que es un gesto muy solidario. También hay donantes de semen, pero con este último se produce una curiosa paradoja y es que el donante recibe una compensación económica por las molestias ocasionadas fijada por el gobierno de turno. Si esta compensación es de 50 euros y donáramos cada día, podríamos ganar 1500 euros al mes. En cuanto a los óvulos, la compensación es de 1000 euros, ya que entre las molestias porque, entre otras cosas, tienen que someterse a anestesia general.

El mercado negro de órganos es una industria floreciente. Que exista no es achacable exclusivamente a quienes lo usan sino a aquellos que han prohibido uno legal usando para ello la violencia ejercida por el Estado. Hay mercados que son ilegítimos u que deben estar prohibidos, como aquellos que hacen daño a terceros; pero los órganos de cada persona pertenecen a dicha persona. Satanizan poner precio desde una posición moralista. Otro caso es el de los “vientres de alquiler”. Si en vez de llamarse así se llamara “gestación subrogada” igual no estaría prohibida. Es un tema que, desde luego, exige un mayor debate.

Nos piden que donemos de forma gratuita, pero también está claro que los profesionales que ponen el órgano en su sitio cobran lo suyo. Entonces, ¿por qué se exige solidaridad a unos pero no a otros? ¿por qué, si dono mis órganos, no tengo derecho a cobrar en vida tal y como hacen los demás?

El amor puede producir tanta tristeza como felicidad, tanta alegría como dolor, una serie de contradicciones. Ortega y Gasset decía que era una especie de “imbecilidad transitoria”, ya que “sin anquilosamiento de la mente… no podríamos enamorarnos.”

Henry David Thoureau planteaba qué debíamos hacer con las leyes injustas: ¿deberíamos estar contentos para cumplirlas? ¿trabajar para enmendarlas y obedecerlas hasta que lo hubiéramos logrado? ¿o debíamos incumplirlas desde el principio? Hay quien plantea que debe hacerse una “desobediencia civil” ante tales leyes. Otro ejemplo: ¿deberían estar las publicaciones científicas consultables de forma gratuita por cualquiera? Hay que tener en cuenta que muchas de ellas han sido financiadas con nuestros impuestos.

Adam Smith advertía en La riqueza de las naciones que habría que meter en la cárcel a aquellos empresarios que se reuniesen porque estarían pactando precios u otras argucias para controlar los mercados.

Habla también de los que van vendiendo humo. Estamos en una época diferente a la de la Ilustración donde el conocimiento no sólo está al servicio del pueblo, sino escrito también por el propio pueblo. Entonces, ¿estamos en una época ilustrada? Antes podía ser perdonable no llegar a tener algún conocimiento, pero hoy día ya se sobreentiende que estamos informados.

En 2007, el Tribunal Supremo absolvió a una curandera que había cobrado 18.000 euros a un enfermo terminal de cáncer. Entre los tratamientos sugeridos estaba poner una vela y una fotografía delante de un vaso de agua. El razonamiento de los jueces fue que la esperanza es humanamente entendida, pero la confianza en la magia no puede recabar la protección del derecho penal (…) el ciudadano medio de nuestra sociedad tiene un nivel de información sobre estas enfermedades y sus características, que difícilmente puede alegar confianza racional en poderes paranormales.

Vamos, que si te fías de ellos, luego no te quejes.

Y si habla así de los médiums, ¿qué pasa con los políticos? Platón fue el primero que denunciió a los políticos en la democracia como un hatajo de charlatanes con licencia para mentir a los incautos. Los llamó sofistas, algo así como caricaturas del auténtico sabio que era el “filósofo”.

Entonces habría que preguntarse cuáles son los conocimientos que los jueces suponen que tiene el ciudadano medio.

Finalmente, ¿podremos hacer un robot que sea humano? La respuesta es que mientras no sepamos cómo es realmente el pensamiento de los humanos, parece que no.

Libro no recomendado al público general, sino aquellos que gusten de la filosofía con montones de personajes y alguna idea que tenían. ¿Que si me ha valido la pena leerlo? Sí pero, como algunas películas, no lo volvería a hacer.

Portada del libro

Título: “El hombre tecnológico y el síndrome de Blade Runner”
Autor: Santiago Navajas

[Libro] La insensatez de los necios

Engañamos. Y no sólo a los demás, sino también a nosotros mismos. El engaño y la Naturaleza están totalmente conectados a todos los niveles. En este libro, el autor nos muestra estas ideas y nos las va desmenuzando en los diferentes escenarios y entornos en los que se da, o sea, en todos. Pero no sólo es del engaño de lo que habla este libro, porque hablar de ello es tambiém hablar de nuestro comportamiento, de cómo somos los humanos y de cómo es la Naturaleza. Paso a haceros el habitual resumen.

Mentimos sobre acontecimientos remotos en el espacio o en el tiempo; sobre los detalles y el significado del comportamiento de los demás; sobre nuestros pensamientos y deseos más íntimos, pero lo sorprendente es que también nos engañamos a nosotros mismos y el lenguaje amplía toda esta posibilidades. Proyectamos sobre lo demás rasgos que son en realidad nuestros y luego ¡los atacamos por ello! Reprimimos los recuerdos penosos, inventamos otros totalmente falsos, racionalizamos el comportamiento inmoral, acusamos sin cesar para elevar la opinión que tenemos de nosotros mismos y recurrimos a toda una serie de mecanismos de defensa del yo.

Por haber engaño lo hay hasta en el genoma, puesto que hay elementos egoístas que recurren a técnicas moleculares de disimulo para reproducirse más que otros genes. Los predadores se hacen invisibles a sus presas y las presas se intentan hacer invisibles para sus predadores. De hecho, cuando en la Naturaleza surge algún nuevo estilo de engaño toma por sorpresa a individuos que carecen de defensa contra él. A medida que ese tipo de engaño se difunde, la selección natural favorece el desarrollo de defensas en la víctimas.

La confianza en uno mismo es una variable interna que depende del autoengaño. Los hombres son más propensos a tenerla. Engañamos cuando alardeamos o cortejamos, entre otras cosas. Si al dueño de un BMW se le pregunta por qué se ha comprado un coche de esa marca, nunca citará el afán de impresionar a otros; pero si se le pregunta por qué otras personas se compran dicho coche, dirá que es porque quieren alardear.

Lo mismo sucede a nivel de grupo o asociación. Tendemos a las generalizaciones positivas de nuestro propio grupo y reservamos las malas cualidades para los grupos a los que no pertenecemos.

También está la hipocresía moral: solemos juzgar a otros con más rigor que a nosotros mismos por las mismas infracciones y también somos más estrictos con los miembros de otro grupos que con los integrantes del nuestro.

Cuando se pide a alguien que relate alguna circunstancia autobiográfica en la que la hicieron enojar (fue víctima) o en la que provocó el enojo de otro (victimario) hay mucha diferencia. El victimario suele describirlo como algo significativo y comprensible mientras que la víctima como algo arbitrario, innecesario o incomprensible.

En el reino animal también se da, y no sólo a nivel de uno respecto a otras especies, sino como en los humanos, dentro de la misma especie. El colmo está en ciertos calamares que simulan ser hembras: lo hacen con tal perfección que incluso engañan a otros simuladores que se les acercan buscando copular.

Los niños tampoco se libran. Solemos pensar en su inocencia, pero entre los dos y tres años los niños ya dominan un amplio repertorio de actitudes engañosas cuyos primeros atisbos se ven ya a los seis meses, entre los que están el llanto fingido y la sonrisa falsa. Son capaces de decir “No me importa” cuando sabemos positivamente que sí. También tienen berrinches en los que amenazan con lastimarse. Y ya no hablemos de cuando crecen. Loa hijos mienten a los padres para evitar castigos, pero también los padres mienten a los hijos y lo consideran legítimo en muchas ocasiones. Los hijos, por otro lado, son muy sensibles a las contradicciones e hipocresías de sus progenitores y si te descubren haciendo algo que les has prohibido es muy probable que te lo recriminen duramente.

Más de la mitad de las especies de la Tierra son agentes patógenos o parásitos de la otra mitad, y esta estimación grosera seguramente es mayor en la realidad porque las especies patógenas y los parásitos son habitualmente mucho más pequeños y más difíciles de detectar que sus huéspedes.

Se ha podido demostrar que, ante el ataque de un agente patógeno, la respuesta inmunitaria consume mucha energía. En el caso de la fiebre, por cada grado que aumenta el cuerpo, la tasa metabólica aumenta en un 15%. Por otro lado, la pérdida de proteínas es del orden del 20% y en algunas raras enfermedades más del 40% de proteínas musculares. Los pollitos criados en ambientes sin gérmenes llegan a pesar un 25% más que los criados en ambientes convencionales. Las necesidades metabólicas de los mamíferos criados en ambientes asépticos descienden alrededor de un 30%.

El cerebro es un órgano muy costoso. Aunque representa un 3% del peso del individuo consume un 20% de la energía metabólica que gasta el organismo en reposo. En la década de 1950 se demostró que hacer cálculos aritméticos no exigía más energía: el 20% de la tasa metabólica corresponde al cerebro, ya estemos contentos, deprimidos o drogados. El gasto disminuye levemente en las fases de sueño.

Este gasto es, además inevitable: no gastar ese 20% durante cinco minutos nos llevaría a morir o, al menos, un daño irreversible. También se sabe que el tejido cerebral es el más activo genéticamente de todo el organismo, casi el doble que en el hígado y los músculos, que son los competidores inmediatos.

Algunas estimaciones indican que más de la mitad de los genes se expresan en el cerebro, o sea, más de 10.000. Este dato implica que la variación genética vinculada a los rasgos mentales y comportamiento debe ser especialmente amplia y fina. Entre esos rasgos deben figurar el grado de honestidad y las estructuras ligadas al engaño y el autoengaño.

Explicar nuestros problemas, e incluso secretos, tiene efectos inmunitarios positivos y ejerce, a largo plazo, efectos beneficiosos positivos también para el humor. Las confesiones en muchas religiones, las psicoterapias, etc. son un ejemplo de ello. Cuando viajamos le contamos secretos a extraños porque jamás los hemos visto y, esto es fundamental, esperamos no volver a ver. Hay psicólogos que dicen que compartir nuestros pensamientos son experiencias de aprendizaje sumamente placenteras.

¿Qué ocurriría si tuviéramos que identificar nuestra identidad heterosexual en el caso de que así nos lo exigieran como ocurre, por ejemplo, en las Fuerzas Armadas de EEUU:

Aunque sólo sea durante un día, intente no mencionar a su cónyuge, su familia, su novia o su novio ante cualquier persona que conozca o con la cual trabaje. Esconda la foto que tiene sobre el escritorio, cambiar el género del pronombre que usa para referirse a su cónyuge, vigile todo lo que dice o hace de modo que nadie se dé cuenta de que es heterosexual. Cierre la puerta de la oficina si tiene una conversación personal. Inténtelo. E imagine luego cómo sería actuar así durante toda la vida. Es atroz; deforma la mente y aniquila la autoestima. Estos hombres y mujeres arriesgan voluntariamente la vida para defendernos. Y les exigimos vivir de esta manera

El autoengaño a veces nos sirve para no tener que culpabilizarnos. Los fumadores no quieren oír los daños acusados por el tabaco y hay personas que evitan hacerse el test del VIH para no oír malas noticias. En este caso, el autoengaño sirve para mantener y proyectar una imagen positiva de nosotros mismos.

Cuando hay metas grupales comunes, como ocurre durante una guerra, el autoengaño es un elemento poderosísimo para aglutinar a la gente.

Disonancia cognitiva es cuando enunciamos argumentos para intentar racionalizar contradicciones. El expresidente Roosevelt arrancó de su hogar a miles de ciudadanos estadounidenses de origen japonés y los confinó en centros especiales durante la Segunda Guerra Mundial en previsión de posibles deslealtades. Nunca hubo ninguna prueba de ellas. La única que hubo fue la enunciada por un general del ejército: “El hecho mismo de que no se haya producido ningún sabotaje es un indicio inquietante de confirma que se producirá un sabotaje”

Habla de algunas compañías aéreas que no seguían las recomendaciones de seguridad de la FAA. Un experto comentó al respecto: “Mientras la sangre no llegue al río, la tendencia es ignorar el problema o convivir con él”.

El autor explica que la historia que se enseña en las escuelas poco o nada tiene que ver con la realidad. Por ejemplo, los libros de historia de los EEUU sólo suelen dedicar al periodo de esclavitud apenas un párrafo y suelen excluirse los conflictos. Al final, la historia es una especie de ejercicio de autoalabanza. El autor, en la escuela, en la década de los años 1960 leía libros cuyo título eran, por ejemplo: La democracia estadounidense: sistema ejemplar. No hace falta leer el el libro para saber que el resumen del mismo es saber por qué son la nación más grande y el pueblo más extraordinario que haya en la Tierra.

No es cosa sólo del pasado. Hay más países que continúan con el autoengaño. Turquía anuló contratos militares con Francia por valor de 7.000 millones de dólares esta última aprobó una ley que reconocía el genocidio armenio por parte de los turcos. En la década de los 1990 todavía los supervivientes recordaban las atrocidades.

Hay pruebas contundentes de que los japoneses, durante la Segunda Guerra Mundial, montaron un sistema de esclavitud sexual en los territorios conquistados de Asia. Las mujeres nativas de cada lugar —chinas, coreanas, indonesias, etc.— eran obligadas a satisfacer las necesidades sexuales y los invasores, muchas veces a punta de bayoneta. Se referían a ellas eufemísticamente como “mujeres de consuelo”. Algunas de aquellas mujeres eran golpeadas, desnudadas y obligadas a prestar un gran número de servicios sexuales por día a soldados. En 1990 el gobierno japonés se negó a dar reparaciones, incluso a reconocer los hechos. Y está claro, si no reconoces el mal, no tienes nada que indemnizar. Finalmente, en 1993, el gobierno japonés reconoció que había organizado los “albergues de consuelo”, pero se negaron a las indemnizaciones.

El estudio de la historia no tiene la misión, por tanto, de mostrar los hechos reales, sino explicar una historia por la cual los diferentes países tengan un motivo de orgullo. Por falsa que sea. No ha existido un solo Holocausto, sino muchos.

Alguien ha dicho que en una guerra, la primera víctima es la verdad. En realidad, la verdad ya está muerta mucho antes de que la guerra comience. El autoengaño es un factor importante en todos los conflictos armados, en especial cuando se trata de lanzar una guerra ofensiva. Todos creen que la cosa durará cuatro días y que, obviamente, ganarán. Hay incluida una disciplina e la formación militar que se dedica al estudio de la incompetencia militar.

El Banco Mundial aconseja a los países en vías de desarrollo que abran sus mercados a la importación de bienes extranjeros y reduzcan drásticamente las disposiciones del estado de bienestar. Cuando ese programa se pone en práctica y fracasa, el diagnóstico es simple: “Nuestro consejo era bueno, pero ustedes no pudieron aplicarlo con suficiente rigor”. Con semejante procedimiento, el riesgo de que las teorías sean refutadas es mínimo.

La ciencia tiene una serie de mecanismos que la protegen del engaño y del autoengaño, pero no deja de ser vulnerable a la creación e pseudociencias, por no hablar de las imposturas lisas y llanas. No obstante, a largo plazo, la falsedad no tiene posibilidades y por esa razón, con el tiempo, la ciencia supera a otras empresas humanas que compiten con ella.

Cuando un gobierno o una empresa hacen campaña de ventas, los objetivos menores como la seguridad se dejan de lado.

Y si creemos que nosotros estamos fuera de toda esta vorágine, basta hacernos una pregunta: si fuéramos capaces de hacer una autocrítica, ¿qué admitiríamos?

Me ha encantado este libro porque es de aquellos que abre los ojos a la realidad, en un lenguaje sencillo, muy documentado y entretenido. Un libro largo. Recomendado para todos los públicos.

Portada del libro

Título: La insensatez de los necios
Autor: Robert Trivers
Traducción: Santiago Foz

[Libro] Vamos a comprar mentiras

Las empresas que fabrican alimentos funcionales y cosméticos o bien nos engañan o bien nos inducen a que pensemos algo que no es real, cada uno aplique la definición que crea que encaja mejor. Esa es la conclusión que uno saca cuando lee el libro que quiero comentaros hoy. Está escrito por José Manuel López Nicolás, doctor en Ciencias Químicas de la Universidad de Murcia, al que tengo el gusto y placer de conocer personalmente y al que he escuchado en numerosas y maravillosas charlas. Os hago el habitual resumen.

El término alimento funcional fue propuesto en la década de los 80 en Japón, pero se centra en aquellos que confieren al consumidor una determinada propiedad beneficiosa para la salud, independientemente de sus propiedades puramente nutritivas. Pueden obtenerse eliminando un componente (lactosa, gluten, etc), incrementando la concentración de un componente que ya tenían (vitaminas, minerales, etc) o añadir un componente que no tenían (un lactobacilo o ácidos grasos como el omega-3).

Lo primero que hay que decir es que no hacen falta si llevamos una dieta equilibrada. Y, la verdad, después de haber leído el libro, no puedo dejar de preguntarme si servirían de algo en caso de no llevar dicha dieta equilibrada. La pregunta es, ¿es cierto lo que publicitan? Y en caso de ser así, ¿es por lo que anuncian a bombo y platillo?

Antes de la creación de la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) y la puesta en marcha del Reglamento (CE) 1924/2006, todo lo que rodeaba a la publicidad alimentaria era un cachondeo donde reinaba el fraude y la mentira. En 2009, el famoso Actimel recibió en Alemania el Premio a la Mentira Publicitaria Más Insolente por el eslogan “Actimel activa tus defensas”. Pero no era la única: de 44.000 solicitudes presentadas sólo se aprobaron 222.

El problema es que se dejaron una puerta abierta. En el Reglamento (CE) 1169/2011 dicen que si pones en un producto el 15% de la cantidad diaria recomendada de vitamina B6 ya puedes decir que “ayuda al normal funcionamiento del sistema inmunitario”. Utilizan la técnica del asterisco, es decir, muestran algo que se ve mucho y que induce al ciudadano a pensar que aquello es por lo que el producto es bueno, pero si mira lo que dice el asterisco es porque incluye ese porcentaje de la vitamina que le permite ponerlo. Lo que no dice es que un plátano, por ejemplo, contiene tres veces más de vitamina B6 y es tres veces más barato. Y esa técnica del asterisco la utilizan marcas como Danone con el citado Actimel o Hacendado. ¿Legal? Sí ¿Ético? Cada uno juzgue por sí mismo.

Por otro lado, el Reglamento (CE) nº 1924/2006 dice que (…) la utilización de declaraciones nutricionales y de propiedades no deberá: a) ser falsa, ambigua o engañosa. Y es dudoso que aquí entre la técnica del asterisco.

Algo similar sucede con los “Bio” y “Eco” que sólo pueden aplicarse a alimentos que procedan de la agricultura y ganadería ecológica, desapareciendo los Biomanán, Biofrutas y yogur Bio, entre otros. El Biomanán pasó a Bimanán, los Biofrutas a Bifrutas y los Danone pasaron a Activia. Las leches calcio pueden decir que ayudan al mantenimiento de los huesos (Reglamento (UE) 1169/2011) si aportan 5,6 microgramos de vitamina K por cada 100 ml. Una cantidad ridícula, pues en 100 gramos de una ensalada de lechugas variadas hay 315 microgramos de Vitamina K.

Explica los problemas actuales por el gran consumo de azúcar que hacernos, pero no sólo el que nos ponemos en el café, sino en el de las bebidas azucaradas. El problema es tan grave que en Nueva York quisieron incluso prohibir las bebidas que contenían más de 16 onzas (0.464 litros), pues 6.000 ciudadanos de esa ciudad mueren cada año por obesidad y uno de cada ocho presenta problemas de diabetes. Por tanto, recomienda reducir el consumo de azúcar.

Habla del daño que están haciendo esos anuncios que dicen “sin aditivos”, “sin colorantes”, “sin conservantes” (“sin porquerías”, como hizo la marca Hero). ¿Qué es lo que la mayoría de la gente piensa cuando lee esos eslóganes? Pues que son malos. Y no lo son. Sin muchos de esos productos muchos no podríamos tener comida disponible. Por cierto, el producto que se anunciaba “sin porquerías”, habían sustituido en la etiqueta los clásicos E-500 ii, E-503 ii y E-399 i por el nombre del producto químico. ¿No podemos considerar esto un intento de engaño? Además, fijaos en la perversión porque si por porquerías se referían a esos aditivos, sí que los llevaban realmente.

Habla de los bulos que corren muchas veces por Internet, como que el colorante 4-metilimidazol en Coca-Cola y Pepsi era una sustancia cancerígena. Y de hecho lo es, siempre y cuando seas capaz de consumir 21.000 latas diarias… Antes morirías por un tsunami de cola.

El autor deja clara su posición, en lo que a los medios de comunicación se refiere:

No soporto la equidistancia como norma. Siempre he defendido que no se puede cruzar el río sin mojarse. Debido a esta forma de pensar, debo ser contundente a la hora de dar mi opinión sobre la creciente presencia de la pseudociencia en los medios de comunicación. Me parece indignante y un peligro contra la salud que cada vez más medios cedan su púlpito para que homeópatas, antivacunas, antiantenas, conspiranoicos, futurólogos, esotéricos o similares expresen libremente sus opiniones sin ningún rigor científico ni posibilidad de réplica. El medio de comunicación es totalmente responsable no solo de entrevistar a estos personajes cuyo mensaje está calando en la sociedad, sino de otorgarles portadas, contraportadas, programas de TV o radio en horario de máxima audiencia.

Nos habla también de la nanotecnología y su papel en la alimentación. Un pelo tiene de grosor entre 80.000 y 100.000 nanómetros de anchura y una hoja de papel unos 100.000. Un nanómetro sería la longitud que crece una uña ¡en un segundo! El diámetro de la doble hélice del ADN tiene de diámetro unos 2,5 nanómetros y hay virus que tienen del orden de 100.

Países como EEUU, China, Japón, Rusia, Taiwan han apostado fuerte por la nanotecnología, pero en España, a pesar de contar contar con una buena base científica, el número de empresas que realizan investigación en este campo no superan el centenar. Hemos de investigar en nanotecnología, pero es también importante explicar al público los conocimientos generados por esas investigaciones.

También habla de la confusión que inducen las empresas al consumidor con eslóganes como “Reducir el colesterol” o “Ralentizar el envejecimiento celular”. ¿Son eslóganes de publicidad alimentaria o sanitaria? Si fuera sanitaria, la normativa exigiría que demostraran su efectividad con pruebas.

El Gobierno de Navarra llamó productos “milagro” a los complementos alimenticios por ser aquellos que se comercializan como poseedores de propiedades para el tratamiento o prevención de enfermedades, para modificar el estado físico o psicológico, o para restaurar, corregir o modificar funciones fisiológicas, sin estar respaldadas por suficientes pruebas técnicas o científicas acreditadas, expresamente reconocidas por la administración sanitaria. Y es que si lo hicieran sería realmente un milagro.

Respecto a los cosméticos, estamos totalmente desprotegidos.

Según la legislación actual la interpretación e la publicidad debe hacerse tomando como parámetro el del consumidor medio, que es aquel normalmente informado y razonablemente atento y perspicaz, quien, además, deberá haber interpretado el anuncio en su conjunto teniendo en cuenta los factores sociales, culturales y lingüísticos.

¿Normalmente informado? ¿Razonablemente atento y perspicaz? ¿Interpretar el anuncio en su conjunto? Todas estas subjetividades son resquicios legales a los que se han acogido las empresas para escapar de las multas, ya que según argumentan ellas no tienen la culpa de que el consumidor se crea al pie de la letra ciertos mensajes publicitarios claramente exagerados.

Así que el título de ese capítulo viene como anillo al dedo: “Nueve de cada diez empresas de cosméticas te toman el pelo”.

Lancôme hace gala, por ejemplo, de “reactivar genes y estimular las proteínas de la juventud recuperando la piel su calidad original en tan solo 7 días”. ¿Alguien puede decir cuáles son los genes y proteínas de la juventud? ¿Existen los genes y proteínas de la vejez o de la niñez? Como ya se ve, en el campo de los cosméticos es un despiporre. Curiosamente, para los americanos (la FDA), eso de activar los genes rebasaba la línea entre la cosmética y la medicina, pero en Europa no; así que según las legislaciones, en Europa reactiva los genes y en América no. ¿Es un despiporre o no?

También explica cómo L’Oréal decía las maravillas de una proteína llamada arginina, pero hay un problema: la arginina no es una proteína, sino un aminoácido. La firma cambió su publicidad diciendo que era un “activo esencial” porque con la quimiofobia que existe en la sociedad, ¿cómo iban a llamarla amino-ÁCIDO?

Habla de aquellos productos que se publicitan “sin parabenos”, un tipo de conservantes, por la sospecha de que podían causar cáncer de mama. Según estudios posteriores no es así pero sigue publicitándose y, lo que es más irónico, esos productos utilizan otros conservantes de los que no se han hecho estudios a largo plazo.

Y si eres estudiante también explica por qué una sardina te ayudará igual o mejor que el De Memory con la memoria pero más barato (del orden de 100 veces).

Finalmente, explica las líneas generales a seguir en caso de que sospechemos algún tipo de publicidad engañosa y enumera los que considera culpables de este tipo de cosas. El último culpable somos nosotros. Y realmente somos nosotros quienes compramos esos productos que nos venden con eslóganes que, aun siendo legales, son engañosos (o, si preferís, inducen a engaño).

O todos (legisladores, administración, medios de comunicación, científicos, ciudadanos, etc.) arrimamos el hombro o la trampa siempre irá por delante del conocimiento… que no les quepa la menor duda.

Si bien el autor ha dado el primer paso para intentar cambiar las cosas, yo ya he dado el segundo dejando de comprar un buen lote de productos que habitualmente compraba.

Un libro diferente, que se ha convertido en el referente de lo que podemos esperar sobre lo que nos anuncian en el sector de la alimentación funcional y la cosmética. Recomendado para todos los públicos.

Portada del libro

Título: “Vamos a comprar mentiras”
Autor: José Manuel López Nicolás

[Libro] En el poder y en la enfermedad

El autor del presente libro, David Owen, ha sido rector de la Universidad de Liverpool y miembro independiente de la Cámara de los Lores, así como ministro de Sanidad y de Asuntos Exteriores, y cofundador del Partido Socialdemócrata. Todo quedaría en un político más, pero lo que hace particular al autor y al libro es que antes de ser político ejerció la medicina y se planteó el problema de si las dolencias que podían tener los hombres de poder podían afectar a su toma de decisiones. Es de ello de lo que trata el libro que hoy os quiero comentar.

Es cierto que hay políticos que toman decisiones más o menos inteligentes, más o menos competentes, por así decirlo; el problema es si esa decisión la han tomado realmente de forma racional. El libro desarrolla dos líneas de argumentación. La primera es que tengan, como comentábamos, alguna enfermedad; y la segunda es que se emborrachen de poder y lleguen a padecer lo que llama el síndrome de Hybris.

La historiadora y premio Pulitzer Barbara Tuchman escribió que somos poco conscientes de que el poder:

“genera locura, de que el poder de mando impide a menudo pensar, de que la responsabilidad del poder muchas veces se desvanece conforme aumenta su ejercicio. La responsabilidad general del poder es gobernar de la manera más razonable posible en interés del Estado y de los ciudadanos. En ese proceso es una obligación mantenerse bien informado, prestar atención a la información, mantener la mente y el juicio abiertos y resistirse al insidioso encanto de la estupidez. Si la mente está lo suficientemente abierta para percibir que una determinada política está perjudicando en vez de servir al propio interés, lo bastante segura de sí misma como para reconocerlo, y lo bastante sabia como para cambiarla, eso es el súmmun del arte de gobernar.

(…)

La estupidez, la fuente del autoengaño, es un factor que desempeña un papel notablemente grande en el gobierno. Consiste en evaluar una situación en términos de ideas fijas preconcebidas mientras se ignora o rechaza todo signo contrario (…) por tanto, la negativa a sacar provecho de la experiencia.

Y el autor entonces nos habla de lo que él define como síndrome de Hybris. No es un término médico, al menos, todavía. Su significado se desarrolló en Grecia como descripción de un acto: aquel en el cual un personaje poderoso, hinchado de desmesurado orgullo y confianza en sí mismo, trataba a los demás con insolencia y desprecio. Para dicho personaje era como una diversión tratar así a los otros. Y puede afectar no sólo a políticos, sino a gente de poder de grandes organizaciones o empresas.

Da una serie de características que acostumbran a cumplir los que padecen este síndrome:

1.- Ven el mundo como un escenario en el que pueden ejercer su poder y buscar la gloria en vez de verlo como un lugar con problemas que requieren un planteamiento pragmático.
2.- Predisposición a acciones que den buena imagen de ellos.
3.- Una preocupación desproporcionada por la imagen y la presentación.
4.- Forma mesiánica de hablar de lo que están haciendo y una tendencia a la exaltación
5.- Identificación de sí mismos con el Estado hasta el punto de considerar idénticos los intereses y perspectivas de ambos.
6.- Tendencia a hablar de ellos en tercera persona o utilizando el “nosotros”.
7.- Excesiva confianza en su propio juicio y desprecio del consejo o crítica ajenos.
8.- Exagerada creencia en lo que pueden conseguir personalmente
9.- Creencia de ser responsables no ante un tribunal terrenal de sus colegas u opinión pública, sino ante un tribunal más alto, como el de la Historia o Dios.
10.- Creencia de que en ese tribunal serán justificados.
11.- Inquietud, irreflexión e impulsividad.
12.- Pérdida de contacto con la realidad, a menudo unida a un progresivo aislamiento.
13.- Tendencia a permitir que su visión “más amplia”, en especial su rectitud moral, haga innecesario considerar oros aspectos tales como viabilidad, coste y posibilidad de obtener resultados no deseados: obstinación a no cambiar de rumbo.
14.- Incompetencia, pero no la clásica en la que se toman malas decisiones por su complejidad, sino incompetencia en la que el exceso de confianza del líder lleva a no tomarse la molestia de ver los aspectos prácticos de una directriz política.

Y así, el libro habla de personajes de la historia reciente y cercana de cómo estos dos puntos, las enfermedades y el síndrome de Hybris, han afectado a diferentes políticos, y en épocas bastante delicadas como la guerra de Vietnam, el 11S, la crisis de los misiles en Cuba, etc.

Por ejemplo, el presidente norteamericano Grover Cleveland (1885–1889 y 1893–1897) tenía cáncer de mandíbula y de hecho, fue secretamente operado a bordo de un yate en Nueva York. A la prensa se le dijo sólo que padecía un dolor de muelas. Antes de convertirse en presidente, Woodrow Wilson había tenido hipertensión durante muchos años así como numerosos incidentes neurológicos. En 1919, mientras asistía a la Conferencia de Paz de París “mostró predisposición a hacer cosas que eran antinaturales en él”. Otros dijeron que había desarrollado una mentalidad “obsesiva”. ¿Cómo sería en aquel momento su capacidad para negociar? Posteriormente tuvo un ictus y no podía ni leer ni escribir y no pudo tener ninguna reunión de gabinete hasta 7 meses después.

Del presidente francés Paul Deschanel (1855-1922) se dice que tenía síndrome de Elpénor, un trastorno del sueño que provoca que en la vigilia el paciente pueda mostrar comportamientos anormales, incluso agresivos. Pues bien, en una ocasión recibió al embajador británico, el conde de Derby, completamente desnudo a excepción de sus condecoraciones. Hoy día se cree que tenía una demencia frontotemporal.

Winston Churchill tenía una angina de pecho. Un día, en la cama y fumando un cigarro, tuvo una acalorada discusión con el general Marshall sobre un vital tema de la unidad de mando.

¿Es importante para el público? No sé si lo es o debería o no serlo, pero quienes ostentan el poder sí que lo consideran importante. Por ejemplo, a pesar de que Roosevelt tenía polio y estaba siempre en silla de ruedas, de las 35.000 fotografías que se tomaron de él, sólo 2 de ellas muestran la silla de ruedas.

De Stalin se sabe que tenía una mentalidad extremadamente paranoica. Un día, mientras paseaba con un oficial naval por delante de los guardias de seguridad que estaban colocados a intervalos de 10 metros, comentó que iba pensando cuál de ellos iba a pegarle un tiro por la espalda. Incluso hizo que dispararan contra un guardia personal después de que este último se arreglara las botas para que no crujieran, alarmando a Stalin de que se acercara a él sin oírle.

Aunque, como Robert Dallek, biógrafo del presidente Johnson: ¿Quién debe decidir cuándo un presidente ha sobrepasado los límites el buen juicio racional?

Aunque la relación entre la enfermedad y la capacidad para gobernar no es simple, es algo de lo que las sociedades democráticas tienen que ser más conscientes. Y aquí entra lo que el médico personal puede y/o debe decir. Si ir más lejos, el hijo del médico personal de Nixon, también médico, pudo leer los archivos médicos de su padre que habían estado sellados, y dijo que hay cosas tan confidenciales que nunca las revelará. Hay quien piensa que, efectivamente, toda declaración pública e los médicos sobre sus pacientes constituirían una infracción del juramento hipocrático. Ahora bien, ¿da derecho eso a los médicos personales de los jefes de estado a mentir sobre la salud de estos, pues esto también debilitaría la confianza pública en la integridad e independencia de la profesión médica. Y si el público no puede confiar en los médicos, ¿en quién puede hacerlo?

John F. Kennedy tenía la enfermedad de Adison, cosa que él mismo creyó que tenía que tener en secreto. Hay quien dice que los fracasos de los primeros años de su gobierno, más de por su inexperiencia, fueron por su enfermedad.

En Inglaterra, en 2005, la legislación definió la pérdida de capacidad mental dando una serie de síntomas:
- son incapaces de entender la información relevante para la decisión
- no pueden retener la información relevante
- son incapaces e usar la información como parte del proceso de toma de decisiones
- no pueden comunicar la decisión

En 1960, el Estado de California votó la creación de la Comisión de Requisitos Judiciales para que se ocupara de los jueces que pudieran no estar capacitados para continuar en sus funciones. De los 10 primeros casos de jueces que acabaron retirados, 3 e ellos fueron por causa de grave deterioro mental.

Pero ya no sólo la demencia: la vejez es un factor de riesgo para la depresión y muchas otras dolencias. A De Gaulle se le llegó a oír decir que le advirtieran si detectaban que no estaba en plena posesión de sus facultades mentales; no obstante, a los 78 años todavía se aferraba a su puesto.

La oportunidad e ejercer liderazgo decisivo y polémico es uno de los puntos fuertes de la democracia representativa y de vez en cuando se requiere cierta osadía. Pero la democracia representativa también exige que la toma de decisiones por parte de los dirigentes esté abierta al escrutinio democrático, que aquellos digan la verdad y que, una vez tomadas las decisiones clave, sean responsables de ellas y, si resulta que no están capacitados, estén dispuestos a dimitir de sus cargos.

(…)

A lo largo de más de 40 años he visto con mis propios ojos la metamorfosis de muchos políticos en jefes de Estado do de Gobierno en diferentes países. Con harta frecuencia, esas manos y la mente que las rigen se tornan incapaces de tomar de manera eficaz las mejores decisiones. Disponemos de procedimientos para tratar de garantizar que las personas que toman las decisiones clave en el comercio y en la empresa, así como en las fuerzas armadas, funcionen al máximo de su capacidad. Es hora de que todas las naciones democráticas tomen medidas para salvaguardar la capacidad de sus dirigentes.

(…)

Muchos déspotas adoptan una conducta que a menudo da la impresión exterior de que padecen una enfermedad mental reconocida. Ni Hitler ni Stalin estaban locos en ningún sentido admitido por la profesión médica, mientras que Mussolini sí lo estuvo en sus últimos años a causa de su depresión.

Otra cuestión es si el síndrome de Hybris es esencialmente lo mismo que el trastorno de personalidad narcisista (TPN), pero aunque parecidos no parece ser lo mismo enteramente.

Un libro largo que gustará a los amantes de la historia contemporánea que quieran conocer las interioridades de algunos de los personajes más famosos de la época y las enfermedades o síndrome de Hybris que padecieron.

Portada del libro

Titulo: En el poder y en la enfermedad
Autor: David Owen

[Libro] El ojo desnudo

He de reconocer que no estoy autorizado para dar una visión objetiva del libro que os quiero comentar hoy, ya que el autor, Antonio Martínez Ron (@aberron) es amigo personal, periodista divulgador y un auténtico enamorado de la ciencia.

El libro trata de la historia de la luz y de cómo la percibimos vista desde todos los puntos de vista posibles. Desde los tiempos de Aristóteles, pasando por Galileo, Hook, Kepler, Descartes, Flammarion, Halley, Lowell, Huygens, Leeuwenhoek… hasta de los ojos de Dalton. Yo había leído hacía tiempo la historia de Dalton y el daltonismo, pero el autor se fue a ver aquellos ojos personalmente y hablar con la gente y los científicos de aquel lugar donde están guardados.

También habla de los efectos ópticos y cómo interacciona lo que vemos con lo que hay, cómo se quedaron parados al ver el tránsito de Mercurio como una cosa insignificante al lado del Sol, tanto que Kepler la había confundido con una mancha solar.

El problema de los anillos de Saturno, las aberraciones en los telescopios, los límites físicos de la observación, el problema con los colores, el día en que a Leeuwenhoek le dieron un ojo de ballena para que pudiera examinarlo y aquel anciano hombre lo diseccionó; las estrategias de Gassendi para averiguar la velocidad del sonido y Mersenne pensando en hacer lo mismo pero a través del eco.

También nos habla de la medición de la velocidad de la luz, los problemas que tuvieron para explicar la birrefringencia que se da en el espato de Islandia y cómo descubrieron la polarización de la luz. El descubrimiento de los conos, los bastones, la visión tricromática, la ceguera al color (sí hay una enfermedad en la que las personas no ven los colores y puede ser grave, ya que en 1876 un accidente de tren en Suecia se atribuyó a esta enfermedad del guardavías que confundió una indicación).

Pero cuando hablas de luz, también debes hablar de átomos, desde Leucipo y Demóccrito a nuestros días. Por cierto, allá por el 1632 la idea de los átomos chocaba con la idea de la transubstanciación, o sea, la conversión del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo. Aquello, entonces, carecía de sentido y era una herejía. Aquel temor les llevó a prohibir la enseñanza del atomismo en las escuelas de la Compañía de Jesús y se llegaron a recitar oraciones contra los átomos en algunos de sus centros.

También habla de las personas que pesaron el aire y aparecen nombres como Boyle, Lavoisier y todas las teorías que han ido apareciendo a lo largo del tiempo.

También hablar de ópica es hablar de electromagnetismo, por lo que también nos habla de Faraday y Maxwell, los rayos catódicos, la historia de la fotografía, la radiactividad, las auroras polares, los que subieron a las capas superiores de la atmósfera para ver qué pasaba allí, etc. Y, cómo no, la emoción de poder devolver a alguien la vista y de lo mucho que nos queda por recorrer.

Una de las ventajas de este libro, en mi opinión, es que el autor no es científico y explica las cosas desde un punto de vista tal que cualquier persona que no tenga formación lo entenderá de forma fácil. Es por ello que, como pocas veces puedo decir en libros de divulgación, es apto para todos los públicos, sobre todo, los apasionados por la ciencia, su historia y sus personajes. Un libro para disfrutar leyéndolo.

Portada del libro

Título: El ojo desnudo
Autor: Antonio Martínez Ron

[Libro] Química entre nosotros

Este libro habla de las relaciones entre sexos en la sociedad, sea la humana o no. Todo ello explicado desde el punto de vista bioquímico. Si alguna vez pensáis que lo que sale de vuestra mente está un algún lugar en el que la ciencia no pueda aportar nada, tendréis que replantearos esta situación, pues si bien los animales tienen unos parecidos asombrosos a nosotros, por otro lado, hay casos en que se pone de manifiesto que la química lo es todo. Os comento lo que más me ha llamado la atención del libro.

Algunos animales, como el modesto ratón de la pradera, actúan, en lo que se refiere al sexo y al amor, de forma asombrosamente parecida a nosotros. Crean vínculos monógamos, se “enamoran”, lloran la pérdida d su parea, echan de menos a su familia, practican el sexo como respuesta a estímulos químicos, engañan a sus “cónyuges”. Y, por si fuera poco, se ha podido demostrar que algunos de los genes que intervienen en este tipo de conductas también influyen en nuestras conductas.

Se han llegado a hacer experimentos con ratones en distintas circunstancias sociales: después de una separación de sus familias o una separación de sus parejas se les colgaba de la cola. Estos últimos actuaban como si nada les importase. Los científicos sabían de cuál era cada grupo sólo verles al primer instante. Vamos, que estaban deprimidos, y se notaba.

En 1960, Luis Guerrero, un médico que trabajaba en un hospital de Santo Domingo, se topó con que algunas historias de niñas que se estaban convirtiendo en niños. No disponía de medios para investigar, así que poco pudo hacer. Posteriormente se trasladó a los EEUU sin olvidar nunca aquella historia de Las Salinas. Allí despertó la curiosidad de sus colegas y les convenció de que viajaran a Las Salinas, en la República Dominicana.

Era un viaje peligroso, de unos 250 km en coche desde Santo Domingo. Pero cuando llegaron aquel equipo de científicos en seguida descubrió dos docenas de chicas afeadas que habían nacido con inequívocos rasgos de mujer. Tenían genitales de aspecto femenino, con labios y clítoris. A medida que fueron creciendo, aquellas chicas se ponían lazos en el pelo y en sus vestidos; y hacían las tareas domésticas que en Las Salinas se consideraban cosa de chicas, mientras que los chicos se juntaban para armar jaleo y demás.

Y más o menos en la pubertad les crecía el pene. Los labios mayores se convertían en escrotos que contenían testículos y cambiaba su comportamiento. No era la primera generación que sucedía. Se les llamaba “machihembras” y la mayoría se casaba. Algunas tenían hijos. La machihembra tenía un tenía un pene más pequeño que la media y no le salía mucha barba. Desgraciadamente, sufrían cierto estigma social: imaginad las burlas de un adolescente que antiguamente había sido una niña. Pero eran varones en todos los sentidos y se aceptaban a sí mismos como tales.

Cromosómicamente eran XY. El clítoris no era tal, sino un pene que estaba esperando las instrucciones. También tenían testículos, pero no habían descendido, y los labios mayores eran en realidad la materia prima para el escroto. Parecían niñas pero eran realmente niños.

La causa era una mutación, un error en un gen que tiene las instrucciones para que las células fabriquen una proteína llamada 5-alfa-reductasa. Las células no tienen iniciativa propia, sino que necesitan instrucciones. Pues bien, la 5-alfa-reductasa es una proteína cuya función es convertir la testosterona en un andrógeno aún más potente: la DHT, que indica a las células que tienen que empezar a formar el pene, la próstata y el escroto. Aquella mutación genética provocaba que las machihembras nunca recibieran la señal para empezar a construir los genitales masculinos.

La testosterona también funcionaría, pero no con la misma eficacia. Aunque en estado fetal fabricaban testosterona, no era suficiente; pero cuando llegaban a la pubertad y tenían la fabricación masiva de testosterona proveniente de aquellos testículos no descendidos (con una pequeña ayuda de las glándulas suprarrenales), el desarrollo continuaba.

En EEUU, aproximadamente uno de cada mil bebés nace con genitales ambiguos. Puede nacer una niña con un clítoris sobredimensionado parecido a un pene; o un niño que tenga un micropene o que carezca totalmente del mismo y sus testículos no hayan descendido.

Los cirujanos tienen un dicho: “es más fácil hacer un agujero que un mástil”. Entonces, dado un bebé con genitales ambiguos, sea XX o XY, ¿qué hacer? Aquí comenta el caso de la familia Reimer que ya os comenté en su día.http://www.historiasdelaciencia.com/?p=1215

Las vacas rara vez tienen gemelos. Si cuando los tienen, ambos son machos o hembras, no parece haber problema; pero si son de sexo diferente, normalmente, la hembra es estéril y el macho es perfectamente normal. Entre 1916 y 1917, Frank Lillie, de la Universidad de Chicago descubrió que tenían ovotestículos, una amalgama de gónadas masculinas y femeninas. Lillie se dio cuenta de que los fetos masculinos empezaban a fabricar hormonas “específicamente masculinas” (la testosterona no se descubrió hasta 1935) antes de que la máquina hormonal del feto femenino empezara a bombear. La hembra, por tanto, recibía una dosis de esas hormonas masculinas y, por tanto, se iba masculinizando.

Aproximadamente uno de cada 20.400 bebés varones (definiendo varón por ser XY) nace con una dolencia denominada Síndrome de Inestabilidad de los Andrógenos (SIA). Carecen de receptores a los andrógenos, en particular el DHT. No poseen los amarres celulares para recibir sus instrucciones. Aunque se trata de varones XY, quienes padecen SIA nacen con un cuerpo de aspecto femenino y sus testículos no han descendido. Parecido a las machihembras, pero cuando se hacen mayores sienten atracción por los hombres y en sus cerebros son mujeres.

Pero no hay que confundirlo con la homosexualidad. Un ser humano XY con SIA es una mujer. Si una persona con pene y barba abundante se muestra en total convicción de que tendía que ser una mujer, esa persona es una mujer, no un hombre homosexual. Un hombre que se siente atraído por hombres, que se comporta y siente como un hombre, es efectivamente un hombre; lo único que sucede con su cerebro es que es homosexual.

Sobre el placer del sexo nos recuerda los argumentos de Schopenhauer:

“Tan solo imaginemos que el acto de procreación no fuera ni una necesidad, ni viniera acompañado de un extremo placer; sino que fuera un asunto de pura reflexión racional: ¿podría entonces seguir existiendo la raza humana? ¿Acaso todo el mundo no sentiría tanta compasión por la siguiente generación como para preferir ahorrarle la carga de la existencia?”

El sistema de recompensa sexual se ha convertido en un fetiche de belleza en sí. De lo contrario, ¿cómo se explican los aproximadamente 13.000 millones de dólares que se gastan cada año los estadounidenses en cirugía estética y los 37.000 millones de dólares que se gastan al año en servicios y productos de belleza? El gasto mundial está en torno a los 170.000 millones de dólares.

Los circuitos de recompensa de nuestro cerebro son muy poderosos y a veces una enfermedad lo pone de manifiesto. En 2002 unos médicos de Texas describieron el caso de un hombre cuya esclerosis múltiple le había provocado lesiones en el lado derecho del hipotálamo. Desarrolló un deseo insaciable de tocar pechos de mujer. Un californiano de 59 años aquejado de Parkinson se sometió a una operación en el cerebro, y estaba tomando L-dopa contra el Parkinson, que se convierte en dopamina. Después de la cirugía, los médicos informaron que el paciente reclamaba sexo oral hasta 12 y 13 veces al día a su esposa de 41 años y pese a que ella sufría una dolencia cardíaca. El hombre se masturbaba a menudo y proponía relaciones sexuales a las amigas de su esposa. Posteriormente empezó a contratar strippers y buscar prostitutas. En un momento dado, su esposa le sorprendió intentando masturbarse mientras miraba una fotografía de su nieta de 5 años.

Adam Smith y Jeffrey French experimentaron con parejas de titís. A algunos les nebulizó oxitocina por la nariz de algunos y no de otros. A los que se había administrado la oxitocina pasaban más tiempo acurrucados junto a su pareja. Posteriormente les dio bloqueantes de la oxitocina, o sea, buscaba el efecto contrario. A aquellos a los que se les administró ni siquiera compartían la comida con su pareja.

Cuando un macho de rape se topa con una hembra la abre a mordiscos y penetra en ella, fusionando sus vasos sanguíneos y va disolviéndose hasta que es prácticamente un hipotálamo y una bolsa de testículos adheridos al cuerpo de la hembra. Las hembras de rape no son tan fieles: a veces se encuentran ejemplares que llevan colgando testículos como otros tantos trofeos.

Hay quien afirma que la misma química que nos asocia a nuestra pareja también lo hace con la territorialidad. De alguna manera, las mujeres se convierten en una extensión del territorio en el cerebro masculino y es por ello que quien establece fuertes vínculos con su pareja también se mostrará agresivo a la hora de defenderla: sexo, amor y agresividad estarían mezcladas en el cerebro.

También hay quien dice que los sentimientos que surgen de la adicción a las drogas son muy parecidos a los que nos surgen en el amor, como si este último fuera adictivo. De hecho, el amor nos engancha casi igual que las drogas; la diferencia es que las drogas pueden ser mucho más potentes que los lazos humanos. Todo ello está relacionado con los circuitos cerebrales de las recompensas.

También está el factor aburrimiento que viene después de mucho tiempo. Es el amor de los progenitores que se “enamoran” de sus bebés pero que con el tiempo, al igual que los romances entre adultos, existe el riesgo de aburrimiento, por no hablar de aversión. No obstante, las madres que consumen drogas descuidan realmente a sus bebés ya que afectan a la capacidad de vincularse con sus hijos.

Las separaciones o divorcios pueden ser traumáticas. Algunas personas reaccionan a la pérdida del amor con conductas extremas y se convierten en acosadores o se suicidan. Y tanto queremos evitarlo que hay personas que deciden permanecer en una relación aun sabiendo que la pareja les ha sido infiel.

La monogamia social y la monogamia sexual pueden ser dos cosas completamente diferentes, aunque la mayoría de las sociedades insisten en vincularlas. Por ejemplo, la mayoría de la gente que tiene relaciones sexuales al margen del matrimonio quiere mantener esa experiencia totalmente separada de su vida hogareña. Si una amante viene a visitarlo al trabajo, la echa en seguida. Lo mismo sucede con las drogas: se quiere tener separada de la vida hogareña y si alguien viene a venderla al hogar de alguien lo echa en seguida.

Pero no solo eso. Durante la Edad Media había en muchas ciudades un burdel reconocido y legal. Entre las élites existía un reconocimiento explicito de que el matrimonio y el amor romántico eran dos cosas distintas. La primera regla del libro De amore,de Andreas Capellanus se dice que “EL matrimonio no es una excusa para no amar”, que “el único amor verdadero es el adúltero” y que “dado que el matrimonio era económico y político, no era amor verdadero, y que uno se casaba por motivos prácticos”.

Cuando a un tití macho criado en cautividad se le presenta por primera vez una hembra, se vuelve un mono muy caliente. Durante los primeros diez días se aparea con su nueva novia una media de más de tres veces cada media hora. Ambos forman un vínculo monógamo. Al cabo de 60 días, ya no tienen relaciones sexuales en absoluto. Pero siguen acurrucándose juntos, mucho más que al principio. Pasan de ser una pareja de jóvenes amantes a un matrimonio con muchos años a sus espaldas. Podría denominarse un matrimonio con compañerismo.

Un equipo internacional de científicos anunció en 2011 un estudio que habían hecho observando durante 3 años 164 nidos de carbonero común (Parus major). EL 13% de los pollos eran fruto de apareamientos acaecidos fuera de la pareja. Pero lo curioso es que más que contar el aspecto físico del adúltero, los machos que tenían comportamientos más “intrépidos” engendraban un número sensiblemente mayor de pollos con hembras distintas de su pareja que los machos más “tímidos” que tendían a permanecer junto a su pareja. Y lo mismo con las hembras “intrépidas” que tenían un número de descendientes mayor fruto de un apareamiento fuera de la pareja.

Los sacerdotes católicos romanos a menudo eran hombres casados hasta el Primer Concilio Lateranense de 1123, momento en que la Iglesia declaró:

“Prohibimos terminantemente que los sacerdotes, los diáconos, los vicediáconos y los monjes tengan concubinas o contraigan matrimonio. Decretamos, conforme a las definiciones de los cánones sagrados, que los matrimonios ya contraídos por dichas personas deben disolverse y que las personas sean condenadas a realizar penitencia.”

Una de las razones de ese mandamiento era el temor de Roma de que los descendientes pudieran heredar bienes de la Iglesia.

Hay estudios que encuentran fuertes correlaciones entre la posición que ocupan los empleados en la jerarquía de una empresa y la tendencia a cometer adulterio. Tanto hombres como mujeres. Los estudios mostraban que estas personas tenían más confianza en sí mismas, eran más extrovertidas e intrépidas. No significa que todos lo sean, por supuesto, pero ahí estaban los datos.

Respecto a la pregunta de si los seres humanos están diseñados para ser sexualmente monógamos, la respuesta parece ser: “depende”. Algunos lo están y oros puede que no tanto.

“El amor es una adicción: no solo en sentido metafórico, sino una adicción real. Algunas personas sencillamente son propensas a mantener relaciones sexuales fuera del vínculo social. Ni siquiera esos dichosos pingüinos que viven allá abajo, en el casquete polar, los que aparecían en el documental que todos admirábamos son tan monógamos como pensábamos. Y lo peor de todo: el amos no consiste más que en unos compuestos químicos que estimulan una actividad neuronal en unos circuitos bien definidos y no fue concebido para elevarnos a ningún tipo de plano espiritual superior, sino para engatusarnos maquinalmente y que nos reproduzcamos, maximizando nuestra “aptitud” evolutiva. Es todo tan vil.”

Una investigadora, Kathy French, comentaba un determinado papel de determinadas hormonas como la vasopresina, durante un seminario para sus estudiantes de biología y recordaba entre risas que mucha gente se ofendía: “Decían cosas del tipo: ¡cómo se puede reducir una experiencia emocional y mágica a simples hormonas! ¡Quiero decir, de verdad les ofendía!”

La naturaleza no es moral ni inmoral. Sencillamente, es.

Recomendado para todos los públicos.

Portada del libro

Libro: “Química entre nosotros”
Autores: Larry Young y Brian Alexander
Traducción: Alejandro Pradera