Rosario, caso testigo de un modelo de despojo

“Ciudad del Boom Ciudad del Bang” es el crudo relato de la realidad, muy lejos ya del esplendor y del eslogan fácil.

El hecho concreto, por ejemplo, de que haya en la ciudad 50.000 familias con necesidades de vivienda y al mismo tiempo, 80.000 departamentos del boom inmobiliario vacíos, es sólo una parte de la radiografía que pocos se detienen a analizar, y mucho menos a resolver.

El documental se presenta así:

Un nuevo tipo de conflicto social perfora la actual bonanza latinoamericana. La renta extraordinaria surgida de las industrias extractivas derrama sobre las urbes, convencida de su rol como agente de progreso. El aluvión sojero-minero-petrolero se entremezcla con el dinero narco, adopta formato financiero y se vuelca a la especulación inmobiliaria. Rosario es un caso testigo. Pero no es el único. Rosario arde, a pura adrenalina arde. Y en esa hoguera promiscua quizás se dibuje una nueva imaginación política.

El trabajo es una realización de Martín Céspedes, a partir de un guión e investigación del Club de Investigaciones Urbanas y Mario Antonio Santucho. Lo presentan la Revista Crisis y el Club de Investigaciones Urbanas.

Una obligación de bien nacido

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Lo único que queda de tragedias como estas son las ausencias.

Ausencias que tienen una entidad demoledora, porque estarán siempre ahí. En forma de pena, de pregunta, de negación, de incredulidad, de incompletitud, de bronca. Cromañón, Kheyvis, Once, ahora Salta y Oroño tienen algo en común: rodando por la pendiente de la desidia y mediocridad los inescrupulosos tomaron cada vez más velocidad y se llevaron puesto un manojo de gente común, de a pié, la que nos cruzamos cada día en el bondi, en el super, en un aula. Gente que pasó del sueño a la pesadilla sin escalas y sin culpas, y que de anónima duele más, si pudiera, porque son vos y son yo; son nosotros.

No olvidar a las víctimas, a sus familias y amigos, a los sacrificados hombres y mujeres que no descansaron hasta agotar la última esperanza es vital para nuestra conciencia individual y social. Tanto como lo es no olvidar a los oportunistas, a los malos periodistas, a los bocones, a los agoreros, a los administradores desleales que ni por vergüenza hicieron algo con lo que se les encomendó, a los traidores de la fe pública.

Mis respetos a las víctimas y sus familias. Mi repudio a los causantes de esta desgracia, junto con un enérgico reclamo de justicia.

No olvidar es, más que una consigna, una obligación de bien nacido.

El parche del parche

El viernes pasado caí en la cuenta de que finalmente se terminó la reparación de la calzada en la esquina de Corrientes y Córdoba. Vapuleada por vehículos de todo tipo como pocas -sobre todo en la zona de las paradas de colectivos-, ahora luce bastante más sólida porque usaron cemento en vez de brea -como hicieron hasta ahora-, aunque sólo en los lugares más castigados. Ojalá dure.

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