¡Disparen contra los docentes!

Otra publicación excelente para explicar la situación laboral de los docentes, ante tantas mentiras y desinformación circulante. Esta vez de Pablo Gentili:


Está claro: la educación funciona bastante mal en casi todo el planeta. Las consecuencias de semejante descalabro se pueden observar por todos los sitios. Eso es lo que suponemos.

Vivimos en un mundo en crisis y la educación está llamada a redimirnos, a romper las cadenas que nos unen al atraso, a salvarnos de la adversidad, a empujarnos a un futuro de felicidad y bienestar. Falla la educación y la crisis se expande, multiplicándose, inventándose día a día en sus más variadas facetas: crisis económica, crisis de confianza, crisis institucional, crisis del modelo (o modelo de crisis), crisis política, crisis social, crisis cultural, crisis familiar, crisis de valores, crisis de abundancia y crisis escasez, crisis por el conformismo y por la insatisfacción, crisis por los excesos de los ricos y por el exceso de pobres, crisis del mundo del trabajo y crisis de un mundo sin trabajo, crisis de la infancia, de la juventud y de la ancianidad, crisis de la vida adulta, crisis en los estadios y en los santuarios, crisis de los vínculos, de los sentidos y de los sentimientos, de los afectos y de la subjetividad, crisis, al fin, crisis por todos lados.

Está claro: la crisis del mundo se reproduce y amplifica por la crisis de la educación. Eso es lo que suponemos.

Así las cosas, mientras no se encuentra el remedio, al menos, se pueden encontrar los culpables. En el Norte y en el Sur, la respuesta es siempre la misma: la educación funciona mal porque los docentes están mal preparados, carecen de las competencias necesarias para hacer de los niños y niñas sujetos emprendedores y competitivos, ciudadanos activos y responsables, consumidores criteriosos (u obsecuentes); porque los docentes son poco adeptos al esfuerzo, corporativos en sus prácticas organizativas y profundamente perezosos.

Los docentes suelen ser presentados como una versión moderna de Rip Van Winkle, el personaje del relato de Washington Irving publicado en 1819. Un hombre que tratando de huir de su insoportable esposa se queda dormido bajo un árbol durante veinte años y, cuando regresa a su aldea, piensa que todo continúa como estaba dos décadas atrás.

Desactualizados, desinformados, dormilones y adeptos a la vagancia, los docentes son identificados por burócratas y tecnócratas, comunicadores y comunicados, padres y madres, políticos y gestores, gente de derechas y gente de izquierdas, hombres de negocios y hombres cuyo trabajo enriquece los negocios de unos pocos hombres, dirigentes y dirigidos; por la sociedad, en suma, como los responsables de haber sembrado el vientre de todas las crisis, la crisis educativa.

No deja de ser sorprendente la unanimidad que concita la docencia para atraer, contra sí, las iras, los arrebatos, el furor y la indignación de todos los que se aventuran a opinar sobre el presente y el futuro de la educación. Y sobre el presente y el futuro de la educación se aventura a opinar todo el mundo. En definitiva, parecería ser que el haber pasado por la escuela nos brinda los conocimientos necesarios para formular un diagnóstico preciso sobre el estado de nuestros sistemas educativos y observar el casi siempre pésimo desempeño de los docentes en las salas de clase. Haber ido a la escuela o tener un hijo en edad escolar nos aporta, sin lugar a dudas, un conocimiento importante sobre el funcionamiento del sistema educativo y una opinión sobre la calidad del trabajo de quienes educan a las nuevas generaciones. Lo que sorprende es que, con llamativa frecuencia, esa experiencia se des-subjetiviza y pasa a ser considerada el fundamento de un diagnóstico riguroso y de precisión matemática para determinar las causas y soluciones de la crisis escolar que estamos viviendo.

Haber estado enfermos nos aporta una valiosa experiencia sobre el dolor y la enfermedad. También, un gran bagaje de opiniones sobre el desempeño de los médicos que nos atienden o atienden a nuestros seres queridos. Entre tanto, aunque todos nos hemos enfermado alguna vez en la vida, son pocos los que aceptarían que esa experiencia es suficiente como para determinar los fundamentos y las prácticas de las políticas públicas de salud a escala global. Nadie negaría que para opinar sobre la salud pública hay que saber algo más que tomar la fiebre a un niño. Entre tanto, para opinar sobre la política educativa solo hay que haber ido a la escuela o, simplemente, imaginar lo que ocurre todos los días en nuestras sala de clase. Para opinar sobre las políticas públicas de salud hay que haber estudiado el tema. Para opinar sobre educación basta con leer el periódico o escuchar a un especialista en banalidades que, con superficialidad pasmosa, dice lo que piensa sobre una institución y un enorme número de trabajadores y trabajadoras que sospecha conocer, apoyándose simplemente en la fuerza mistificadora del sentido común. A los médicos se los respeta, a los docentes, no.

La unánime opinión negativa sobre la docencia se refuerza con los resultados de pruebas, encuestas e investigaciones que confirman supuestamente que los docentes son, por definición y de manera general, unos ineptos. No hay nada parecido a las pruebas PISA en el mundo de la medicina. Tampoco, en el mundo de la ingeniería, de la política, en el mundo empresarial o deportivo. Hay, es verdad, campeonatos de todo tipo en el mundo de hoy. Sin embargo, no porque la selección de Holanda nunca haya ganado el mundial de fútbol, a alguien se le ocurriría decir que sus jugadores son poco profesionales, incapaces, haraganes o indolentes.

Quienes eligen la profesión docente se enfrentan siempre a un designio esquizofrénico, un mandato perverso que la sociedad les atribuye de forma contradictoria. A ellos se les encomienda la difícil tarea de salvar la nación, de revertir las herencias del atraso. Al mismo tiempo, por no ejercer ese papel, se los desvaloriza y humilla cotidianamente, en una especie de amnesia de génesis que borra las causas de todas las crisis, poniéndolas en la mochila de los trabajadores y trabajadoras de la educación.

Una encuesta realizada en varios países de Latinoamérica puso de relevancia que la gente valoriza enormemente el papel de los docentes para mejorar nuestras sociedades, pero la gran mayoría de las personas no desea que sus hijos se dediquen a la docencia, por tratarse de un trabajo ingrato, mal pagado y ejercido por personas sin la debida preparación.

Trato de resistir a la tentación de aclarar que en la docencia hay, en efecto, pésimos trabajadores y trabajadoras. Se trata de una aclaración que reafirma la discriminación que sufren cotidianamente los docentes. Hay maestros y maestras malos, incompetentes y displicentes, claro. Como hay médicos malos, políticos malos, empresarios malos, obispos malos, policías malos y hasta Premios Nóbeles de Economía malos, malísimos. Cuando defendemos a los docentes, parecemos estar siempre obligados a hacer la salvedad que sabemos que hay personas que ejercen la docencia sin la menor condición de hacerlo. No pienso hacer esta aclaración aquí.

Defiendo a los docentes porque creo que la docencia es una profesión que se ejerce, en la mayoría de los casos, por personas que aman su trabajo, que dedican un esfuerzo enorme a sus tareas, que tratan de múltiples formas de mejorar, de capacitarse y de formarse para ser, cada día, mejores; personas que respetan profundamente a los niños, las niñas, los jóvenes y los adultos que educan; personas que, como casi todas las que existen en este planeta, despiertan cada día para cumplir su jornada dignamente, para ayudar con su labor a construir un mundo mejor. Deberíamos pensar en esto cada vez que los humillamos y descalificamos con diagnósticos precipitados que los transforman en la bolsa de entrenamiento de una tropa de pugilistas que aspiran a que sus puñetazos entorpezcan la mirada de la gente común.

Defiendo a los docentes, particularmente a los que ejercen la docencia en las escuelas públicas, porque creo que la enorme mayoría de los trabajadores y trabajadoras de la educación son diferentes a ese colectivo indolente que retrata buena parte de la prensa y los más diversos “especialistas” que afirman que vivimos una debacle educativa que nos llevará a la ruina. Los defiendo porque creo que la lista de los responsables de llevarnos a la ruina no comienza hoy, como nunca ha comenzado, en las instituciones donde se construye, cada día, el futuro de nuestra infancia.

No deja de ser cierto que los docentes, a diferencia de otras profesiones, suelen ejercer de manera tortuosa una especie de corporativismo invertido. A pesar de las acusaciones de que los trabajadores de la educación sólo defienden sus intereses y ocultan sus problemas bajo estrictos secretos de sumario, la docencia suele ser una profesión que se muestra públicamente mucho más adepta a evidenciar sus errores que a disimularlos. Por ejemplo, los congresos, simposios y foros profesionales docentes son, en su gran mayoría, eventos en los que se discuten los problemas de la práctica magisterial, los errores cometidos en el aula y la necesidad de mejorarlos; los defectos y no las virtudes de la profesión; los retrocesos y no los avances en el desempeño pedagógico. Puede consultarse la programación de cualquiera de los congresos de docentes que se hayan realizado en su ciudad, para verificar que quienes ejercen la docencia se critican a sí mismos mucho más de lo que los critican sus crueles calumniadores externos. ¿Qué tipo de corporativismo es éste en el que quienes ejercen una profesión se muestran por lo que les falta y no por lo que los caracteriza? Los congresos de educación suelen estar dedicados a poner en evidencia una visión muy crítica o autocrítica de la práctica escolar.

Nada de esto ocurre en otras profesiones. Los médicos se reúnen en congresos para discutir los avances y las buenas prácticas de la medicina, no para compartir la idea de que la mala praxis médica está generalizada en todos los hospitales. Claro que hay médicos que matan personas por su incapacidad profesional. Nunca sería éste el motivo de un congreso internacional, por ejemplo, de cardiólogos. Los ingenieros se reúnen a presentar y conocer los avances de la ingeniería, no para deprimirse colectivamente con los pésimos ejemplos de algunos ingenieros cuya incompetencia generó enormes pérdidas de vidas humanas. Los abogados discuten en sus congresos profesionales los avances de la ciencia jurídica, no la corrupción de ciertos jueces y letrados que ha puesto no pocas veces la justicia al servicio de los más poderosos. Desde el punto de vista etimológico y conceptual, cualquier profesión es más corporativa que la docencia. Sin embargo, raramente se denuncia el corporativismo de los economistas, del clero, del ejército, de la prensa o de los grandes empresarios. Sí, siempre, el de los docentes.

El problema parecería ser que, más allá de que a los docentes les gusta enredarse en sus defectos, ellos reclaman con insistencia sobre las pésimas condiciones que tienen para el ejercicio de su profesión, sus bajos salarios y el persistente abandono de la educación pública en nuestros países. Como resultado de esto, se critica el uso de las huelgas, movilizaciones u otras medidas de fuerza para alcanzar las demandas del sector.

Particularmente, creo que es importante que los docentes revisen sus estrategias de lucha para conquistar el justo reclamo de una educación de calidad para todos. Considero que las huelgas y otras acciones no siempre consiguen generar la adhesión y solidaridad de los sectores más pobres y de las clases medias, quienes necesitan más que nadie de la escuela pública. Hay una enorme dificultad en las organizaciones gremiales docentes para encontrar canales más efectivos de lucha que integren a los sectores sociales que, al igual que el magisterio, nada se benefician con las políticas neoliberales y conservadoras que cuestionan y amenazan el derecho a la educación, transformándolo en un privilegio de pocos.

Sin embargo, este necesario debate, no puede desviar la atención de un hecho insoslayable: en buena parte de nuestros países, la educación pública está bajo el asedio de políticas de privatización y mercantilización que, entre otros factores, precarizan el trabajo docente y degradan las condiciones de ejercicio de la docencia en las escuelas, particularmente en las escuelas públicas. En América Latina, aunque las oportunidades de financiamiento y la promoción de políticas educativas innovadoras y populares han comenzado a revertir la herencia neoliberal, por ejemplo, en países como Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, Ecuador y Venezuela, las condiciones salariales y de trabajo de los docentes siguen siendo frágiles e inestables. En rigor, en casi toda la región, la expansión de los sistemas educativos, promovida durante las últimas décadas, se ha sustentado sobre una persistente precarización del trabajo docente.

No cabe duda que los trabajadores y trabajadoras de la educación deben mejorar y redefinir sus estrategias de lucha. Deben hacerlo para volverlas más efectivas, no para disminuir su intensidad. Las reivindicaciones docentes son justas y necesarias, ellas aspiran a fortalecer la educación pública y ampliar el derecho efectivo a una escuela de calidad para todos. El ataque a las organizaciones sindicales docentes suele ser parte de un ataque más amplio contra cualquier expresión de defensa y transformación democrática de la educación pública.

Los docentes siempre, y más allá de todo paternalismo o visión compasiva, se han sabido defender a sí mismos. Entre tanto, creo que defender a la docencia de los ataques conservadores que hoy sufre desde múltiples espacios, constituye un imperativo ciudadano.

En definitiva, si Ud. está leyendo esta nota es porque algún maestro o maestra, alguna vez, le enseñó a leer. Y seguramente, le enseñó muchas cosas más. Cosas que han sido vitales para constituirse como un sujeto independiente y crítico.

No me cabe duda que Ud. pensará, muy probablemente, que sus maestros o maestras eran mejores que los que hoy están en el aula; esos docentes reales, que trabajan todos los días en nuestras escuelas, formando a los niños y niñas que en algún momento ocuparán nuestros lugares. Pero no nos equivoquemos. Siempre fue así. A su hijo o a su hija, si hoy están en la escuela, les pasará lo mismo. Quizás sea fruto de una inevitable ingratitud o la trama de una desmemoriada condena al desprecio por el presente, por lo que tenemos y por lo que hemos sabido construir colectivamente. Parece que los docentes deben conformarse con un reconocimiento que se conjuga siempre en futuro imperfecto. Nuestros niños, nuestras niñas y nuestros jóvenes les dirán a sus hijos e hijas que sus maestros y maestras eran mucho mejores, más dedicados, más comprometidos, más cariñosos, mejor preparados y exigentes.

Siempre fue así.

Y si siempre lo fue, respetemos a los docentes que trabajan en nuestras escuelas, reconociendo en ellos la herencia de un futuro que nos hará, quizás, hombres y mujeres mejores, más humanos, más solidarios, más generosos y libres.

Desde Río de Janeiro

Todos contra los docentes

Una publicación de una colega que resume y explica muy bien la realidad de los docentes frente a las pavadas y frases maliciosas que se dicen en los medios de comunicación. Los invito a leerla completa. Gustavo


"Hace unos meses decidí, luego de escribir sobre el informe PISA, quitar de mi blog mis textos sobre educación. En pocos días mi artículo se había desparramado, había levantado voces airadas, simpatías, antipatías… el sentido de haberlo escrito se había difuminado y sanseacabó, “eliminar”, listo. Decidí no volver a publicar textos polémicos que no fueran literarios. Pero hoy, la verdad, estoy en el borde. En el borde de la indignación gigantesca, esa que dura como todo el año. Así que acá va lo que pienso de la catarata de desprecio hacia los docentes que anda circulando por las redes sociales y los programas de televisión:
1. Los docentes no trabajamos cuatro horitas de morondanga. No se puede generalizar sobre eso: hay maestras de grado y de jardín, hay profesores de materias especiales, hay profesores de secundaria. La carga horaria en general que uno cumple depende del trabajo al que logra acceder (por ejemplo, una profesora jovencita tendrá un bajo puntaje y quizás en este momento del año haya sido desplazada de los cursos que con penuria logró tomar a lo largo del año pasado en los actos públicos y tiene que comenzar nuevamente a asistir a los actos acompañada de su suerte para buscar nuevos trabajos). Conozco profesores que tienen 20 horas semanales titulares y complementan su sueldo con horas provisionales (no se puede poseer más de 20 módulos titulares) trabajando mañana, tarde y noche, viajando de escuela en escuela. Ayer me cansé de hacer zapping y escuchar que los profesores trabajan “unas dos horitas a la semana”… Los profesores viajan de escuela en escuela, entre mañana, tarde y noche, de curso en curso de “dos horitas”, tomando colectivos, remises, taxis o en su propio auto, envueltos en el trajín de juntar un sueldo que les permita vivir. ¿Eso repercute en la educación que imparten a sus alumnos? Obviamente, pero es tema de otro texto y no de éste. ¿Hay docentes que trabajan cuatro horas o dos horas nada más? Sí, obviamente, hay docentes que tienen trabajos diferentes al de la docencia, hay docentes que tienen maridos o esposas adinerados, hay docentes que pertenecen a la clase alta, hay docentes que se ganaron el loto. Pero esos son los menos, se imaginarán.
2. Los docentes no estamos perpetuamente de licencia. Es increíble que la gente diga eso. Y no solo eso. Dicen que hay por cada cargo cuatro o cinco personas cobrando sueldo sin trabajar. Es una barbaridad decir eso. Hoy leí un cartelito compartido en Facebook en donde alguien acusaba a los docentes de sacar licencia por “enfermedad de mascota”. ¿De qué están hablando? Otra vez: conozco profesores que no faltan ni una vez al año, profesores que a veces se enferman y deben faltar, profesores grisáceos que abusan de las licencias porque tienen algún médico inescrupuloso amigo y consiguen fácilmente certificados médicos para presentar ante Reconocimientos Médicos, donde el médico que recibe y controla el certificado que presenta también es su amigo… son muy pocos los últimos casos, como se imaginarán. Si uno toma una suplencia, probablemente tarde mucho en cobrarla. Conozco profesores que trabajaron todo un año sin cobrar. Conozco profesores que no cobraron.
Las escuelas son lugares en donde no se puede entrar alegremente con una enfermedad contagiosa. Y la docencia es un trabajo muy complejo que no se puede llevar adelante con una enfermedad. Pero los docentes no viven enfermos… son personas que a veces se enferman, como todas. Tienen que ir al médico y luego, con el certificado, a ver a otro médico que le dará los días que considere necesarios para el reposo o recuperación. Y luego llevar el papelito que le den escuela por escuela, dentro de las 48 horas de emitido. Lo de las mascotas es una pena que no cuente, lo bien que me vendría que existiera esa licencia.
3. Los docentes no hacen nada, son unos vagos. Ahí está en mi opinión uno de los problemas que ocasionan la crisis de la educación actual. En nuestro país, la gente opina que los docentes deben ser pobres y trabajar gratis porque su tarea no sirve para nada. Ayer escuchaba a una diputada hablar en un programa de televisión. Dijo que ganaba 25.000 pesos. Las docentes que estaban sentadas adelante de sus ojos habían declarado que ganaban cerca de 5.000. Dijo que en este país, cada persona ganaba de acuerdo a sus capacidades, a su talento, que todos tenían la posibilidad de trabajar y ganar diferentes sueldos. Hablaba tan rápido que pasaban desapercibidas sus palabras, al parecer. A mí no me pareció en absoluto algo inocente: ¿cómo puede alguien no entender que la gran mayoría de los docentes somos personas que elegimos esa profesión a pesar del sueldo que sabemos que en este país vamos a ganar? Esta buena señora gana 25.000 pesos… ¿tiene capacidades superiores a las de los médicos de los hospitales públicos, a las de los bomberos, a las capacidades de los miembros de la Cruz Roja, a las de los de Defensa Civil, a las de los policías? ¿A las de los profesores en Letras, a las de los de Historia, de Biología, de Filosofía, a las capacidades de los contadores, abogados, ingenieros, etcétera, etcétera, etcétera, que circulamos por las aulas de las escuelas públicas dando clase? ¿Tiene “más talento”? ¿Merece vivir con más dinero porque eligió una profesión “mejor” ?
4. Los docentes no tenemos tres meses de vacaciones. Es indignante que me digan eso. Yo terminé de trabajar en navidad, prácticamente, agotada hasta la exasperación. Y el 17 de febrero ya estaba tomando exámenes. Y tuve 15 días de receso en invierno. Y punto.
5. Los docentes no están capacitados. Bueno, trabajo de profesora porque tengo un título que me habilita para eso, entre otras incumbencias. Todos los docentes tienen uno, terciario o universitario. Nos anotamos en un listado, cumplimentamos requisitos, tomamos los cargos que tenemos en actos públicos. No pasábamos por ahí, por la puerta de la escuela, alguien nos chifló de adentro y nos quedamos. No andábamos por ahí sin haber ido nunca a la escuela, sin saber absolutamente nada de nada y, como no servíamos para nada, nos ofrecieron estar al frente de clases y escribir miles de papeles y aguantarnos los toscazos.
He repetido en muchos lugares que las personas que no trabajan en las escuelas públicas no tienen la menor idea de lo que sucede ahí. Tengo dos títulos docentes, podría elegir cualquier lugar para trabajar. Tengo un título universitario de la UNLP. Amo la docencia, defiendo la educación pública, mis hijos se están educando de esa manera. Elijo mi profesión y sé que voy a cobrar poco, pero no pretendan que me voy a contentar con eso y no voy a protestar. Si los profesores ganáramos un sueldo digno, podríamos tener menos alumnos y dejar de viajar como locos enceguecidos de escuela en escuela. Y la educación que recibirían los chicos sería de mejor calidad. Podríamos planificar más ambiciosamente. Y así seguiría la lista de los “podríamos”. Yo doy clase en edificios destartalados, en aulas que no son aulas sino pedazos de durlock roto y ensamblado, con palomas mirándome desde techos agujereados o, directamente, desde un tinglado porque no hay techo. En invierno, con los guantes puestos y la bufanda,  cuento cuentos y sale el vaporcito de mi boca y los chicos me miran ateridos y trabajo igual. En verano, transpirando agobiada, a veces abajo de un árbol porque los pobres alumnos no dan más del calor. Y trabajo igual. Llevo mis tizas y mi borrador porque a veces no hay. Llevo el caloventor de mi casa. Me llevo a mí misma y trabajo con esos centenares de adolescentes, los escucho, converso con ellos, me intereso en lo que les pasa, intento levantar puentes en esa desolación que tienen y hablo de las posibilidades de ingresar en la universidad pública, de la necesidad de estudiar y de ser buena persona para poder ser… poder ser…
Jamás le diría a un alumno que va a ganar dinero según la profesión que elija. Les digo que piensen qué trabajo les gustaría hacer, qué se imaginan haciendo “cuando sean grandes”… Algunos contestan que se imaginan haciendo delivery de pizzas… con su propia moto. Otros me dicen que se imaginan curando perritos… veterinario. Otros me dicen que se imaginan “técnicos radiólogos”, o “mecánicos dentales”… y yo sospecho que hay algún pariente asesor por ahí. Otros se imaginan enseñando, como yo. ¿Y saben qué? Cuando una alumna o alumno me dice que cuando sea grande quiere ser docente… ese alumno me lo está diciendo entre paredes descascaradas, ante un calefactor que no funciona o un ventilador de techo sin aspas, frente a una ventana que no tiene vidrios y me lo dice igual. Qué diría la diputada. Supongo que le contestaría algo como “bueno, querido, siempre podés cuando te recibas dar clase en una privada con alumnos como la gente”… rapidito se lo diría, casi sin respirar.
No voy a entrar en el tema de lo difícil que es dar clase en estas épocas. En las problemáticas de los niños y adolescentes actuales. En el desborde emocional y físico al que llegamos los que trabajamos en las escuelas tratando de enseñar y contener a la vez. En las agresiones permanentes. ¿Cómo una se va a asombrar ante un padre que viene a insultarnos, ante un alumno que nos putea de arriba a abajo, si la opinión colectiva en este momento está confirmando todas las acusaciones enumeradas arriba? ¿Cómo revertiremos esto?
El día que los docentes ganan un sueldo digno, el día que los docentes ocupen un lugar respetado, el día que los docentes dejen de ser los acusados de ignorantes, de vagos, de corruptos, de lacras, de perdedores…. el día que los docentes podamos entrar en el aula y ésta sea un lugar digno y los alumnos nos observen con respeto cordial, saquen sus carpetas y lapiceras y tengan ganas y actitud positiva ante la clase… ese día… los alumnos aprobarán las pruebas PISA y comprenderán lo que lean. Yo no sé si ese día seré más o menos feliz que ahora adentro de las escuelas, lo que sí sé es que seguramente podré trabajar mejor y al finalizar el año no sentiré la enorme frustración de haber trabajado en vano para la gran mayoría ante el éxito solitario de unos pocos."
Enlace directo: 
http://opinion.infobae.com/graciela-adriana-lara/2014/02/27/todos-contra-los-docentes/


Una legisladora que no se olvida de los docentes

  



Cuando escuché el discurso de la Presidenta el 1º de marzo quedé perpleja.  Quise tomarme unos días para escribir desde la reflexión y no desde la bronca.  
Me refiero a la falacia de que los maestros trabajamos 4 horas y tenemos 3 meses de vacaciones.  Estos agravios son propios de quien quiere tener en mano férrea la voluntad de los trabajadores.  Sus dichos refuerzan la alianza con los sectores más reaccionarios de nuestro país, que piensan que los maestros de la escuela pública son vagos y realizan paros motivados por un bienestar personal y mezquino.  Nada más lejos de nuestra realidad.  
Sileoni, el ministro de Educación, dijo que no estamos en el país de la Carpa Blanca.  Fui ayunante de esa Carpa.  Con orgullo peleamos miles de docentes de una forma creativa, y esa lucha se convirtió en un símbolo de las luchas populares.  Es cierto, no estamos en ese momento del país, pero esa referencia me recordó las palabras de la entonces ministra Decibe, y de los entonces ministros de Menem. 
Nos sentimos parte de un país que para desarrollarse igualitariamente debería preservar a sus docentes e incentivarlos a la producción de conocimiento, con condiciones concretas y no con discursos para alimentar un relato progresista. 
Los docentes debemos ser también protagonistas y como tales, productores de conocimiento. En ese marco, la lucha de los maestros pone la centralidad en la construcción colectiva del conocimiento como parte ineludible de nuestro trabajo.

Laura García Tuñón

MAESTRA TITULAR ESCUELA 15 DISTRITO ESCOLAR 6
LEGISLADORA PORTEÑA DE BS. AS. PARA TODOS


 (18/03/2012)

Mitos y realidades sobre la docencia (3)

 

Continúo con esta sección que empecé para difundir las respuestas de los colegas docentes, luego de las palabras equivocadas de la Presidente de la Nación... 
En esta oportunidad publico la opinión de Gabriel Brener, que originalmente leí en Facebook, pero creo que la fuente a la que debo referirme es esta: 
ALAI, América Latina en Movimiento:

Argentina

Desacierto, política educativa y del árbol que no deja ver…

Gabriel Brener

Fueron desacertadas las palabras presidenciales sobre los tres meses de vacaciones y las cuatro horas de trabajo de los docentes. Aunque solo fue un pasaje fugaz entre diversas apreciaciones no menores en materia educativa, lo que prendió en el cuerpo docente es aquella descripción sentida como descalificación, y más aun a remolque de paritarias fracasadas. A diferencia de varios presidentes que escuché (y lo hago desde los 80) que solo discurseaban con progresismo pedagógico pero sus políticas efectivas, tal como el juego del pacman se iban comiendo la promesa de cada palabra, en este caso los desafortunados términos no se corresponden con los cambios de política educativa de los últimos años. Quiero decir que la apertura de paritarias como mecanismo de sostén democrático de institucionalidad educativa, la mejoría progresiva del salario docente ( aun deficitaria), el porcentaje del PBI destinado a  educación, la ley nacional y de educación técnica, las políticas de inclusión digital entre otras, dan cuenta de otro rumbo en las políticas públicas en educación, a contramano del vaciamiento del Estado y la gesta mercantil del neoliberalismo, por supuesto aun muy lejos del logro de una escuela inclusiva y democrática .
 
Es admirable la elocuencia discursiva de nuestra mandataria, incluso (y algunos critican este aspecto) suele entusiasmarse con cierto registro pedagógico. Y precisamente lo que aquí ha fallado es su registro de la sensibilidad docente en aquello que refiere a dedicación y relación con el trabajo. Quizás porque metió el dedo en aquellas fibras intimas que activan la cualidad defensiva de un espíritu de cuerpo  y los docentes solemos operar de ese modo cuando nos sentimos agredidos. Y así como hay quienes se ajustan al reglamento, con consecuencias lamentables, una enorme cantidad de docentes invierte mucho tiempo y energía fuera de la escuela para ser mejores en ella.
 
Y me hago cargo de pertenecer a este cuerpo para decir que varias veces solemos tirar la pelota para afuera cuando se trata de nuestros problemas. Con estos pibes no se puede, y que querés con la familia que tiene, a mi no me prepararon para esto, yo no puedo con este sistema, etc.
 
Richard Sennett [1] llama pronombre peligroso a un falso nosotros, que lejos de referir al hacer cooperativo que confiere identidad a un colectivo, se trata de un nosotros que se cierra sobre si mismo marcando frontera con lo que queda por fuera, un nosotros defensivo que percibe aquello como amenaza o agresión. 
 
En el cotidiano escolar para muchos colegas a veces la TV representa esa amenaza, o las tecnologías digitales, con las net y los celulares a la cabeza. Resistimos su ingreso, amortiguamos sus efectos y no hacemos otra cosa que  mostrar nuestros defectos. Alejando aun más la cultura escolar de aquellas culturas infantojuveniles de la revolución digital.
 
Otras veces las familias ocupan esa sombra amenazante. Cuando no podemos con un pibe invocamos a cuatro vientos que aparezca su familia, aunque a los poco minutos estamos deseando que la familia de fulano deje de venir a la escuela y nos deje educar a su hijo tranquilos.
 
 Ante aquel “pronombre peligroso”, herencia de una escuela en la que prevalece el trabajo individual por sobre el colegiado, ante aquel nosotros ultrajado por el tsunami neoliberal del individualismo como salvación, prefiero un nosotros que recupera la resistencia de la CTERA sosteniendo con sus manos la escuela pública vaciada por el Estado y estigmatizada por el mercado y que ha demostrado que ser docente y no luchar es contradicción pedagógica. También elijo un nosotros que reconozca al ausentismo docente como asunto grave a cambiar, que no es otra cosa que defender la escuela pública, un nosotros que jerarquiza el derecho del educador como trabajador y la escuela como derecho social, anteponiendo siempre los derechos de los más pequeños.
 
Elijo un nosotros que critica las palabras fuera de lugar, que necesita rectificaciones, y que puede ser autocritico. Un nosotros que reconoce el sentido del tránsito político más amplio, y no queda entrampado con una infracción. Un nosotros de mirada crítica sin caer en la trampa del árbol que impide ver el bosque.
 
Me anima la mecha encendida de un nosotros que incluye al gobierno y a la CTERA, con todas sus diferencias, desprolijidades e intereses en conflicto, y la urgente necesidad de llegar a un acuerdo. Casi con la misma intensidad que me desanima la premonición de aquello que tanto escuche desde chico, que si entre hermanos se pelean…
 
Martes 7 de Marzo de 2012
 
Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y  Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Docente e Investigador de la UBA. Ex director de escuela secundaria. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009  Ed. Miño y Dávila Bs As.


[1] SENNETT, Richard (2000): La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo. Barcelona, Anagrama.

Mitos y realidades sobre la docencia (3)

 

Continúo con esta sección que empecé para difundir las respuestas de los colegas docentes, luego de las palabras equivocadas de la Presidente de la Nación... 
En esta oportunidad publico la opinión de Gabriel Brener, que originalmente leí en Facebook, pero creo que la fuente a la que debo referirme es esta: 
ALAI, América Latina en Movimiento:

Argentina

Desacierto, política educativa y del árbol que no deja ver…

Gabriel Brener

Fueron desacertadas las palabras presidenciales sobre los tres meses de vacaciones y las cuatro horas de trabajo de los docentes. Aunque solo fue un pasaje fugaz entre diversas apreciaciones no menores en materia educativa, lo que prendió en el cuerpo docente es aquella descripción sentida como descalificación, y más aun a remolque de paritarias fracasadas. A diferencia de varios presidentes que escuché (y lo hago desde los 80) que solo discurseaban con progresismo pedagógico pero sus políticas efectivas, tal como el juego del pacman se iban comiendo la promesa de cada palabra, en este caso los desafortunados términos no se corresponden con los cambios de política educativa de los últimos años. Quiero decir que la apertura de paritarias como mecanismo de sostén democrático de institucionalidad educativa, la mejoría progresiva del salario docente ( aun deficitaria), el porcentaje del PBI destinado a  educación, la ley nacional y de educación técnica, las políticas de inclusión digital entre otras, dan cuenta de otro rumbo en las políticas públicas en educación, a contramano del vaciamiento del Estado y la gesta mercantil del neoliberalismo, por supuesto aun muy lejos del logro de una escuela inclusiva y democrática .
 
Es admirable la elocuencia discursiva de nuestra mandataria, incluso (y algunos critican este aspecto) suele entusiasmarse con cierto registro pedagógico. Y precisamente lo que aquí ha fallado es su registro de la sensibilidad docente en aquello que refiere a dedicación y relación con el trabajo. Quizás porque metió el dedo en aquellas fibras intimas que activan la cualidad defensiva de un espíritu de cuerpo  y los docentes solemos operar de ese modo cuando nos sentimos agredidos. Y así como hay quienes se ajustan al reglamento, con consecuencias lamentables, una enorme cantidad de docentes invierte mucho tiempo y energía fuera de la escuela para ser mejores en ella.
 
Y me hago cargo de pertenecer a este cuerpo para decir que varias veces solemos tirar la pelota para afuera cuando se trata de nuestros problemas. Con estos pibes no se puede, y que querés con la familia que tiene, a mi no me prepararon para esto, yo no puedo con este sistema, etc.
 
Richard Sennett [1] llama pronombre peligroso a un falso nosotros, que lejos de referir al hacer cooperativo que confiere identidad a un colectivo, se trata de un nosotros que se cierra sobre si mismo marcando frontera con lo que queda por fuera, un nosotros defensivo que percibe aquello como amenaza o agresión. 
 
En el cotidiano escolar para muchos colegas a veces la TV representa esa amenaza, o las tecnologías digitales, con las net y los celulares a la cabeza. Resistimos su ingreso, amortiguamos sus efectos y no hacemos otra cosa que  mostrar nuestros defectos. Alejando aun más la cultura escolar de aquellas culturas infantojuveniles de la revolución digital.
 
Otras veces las familias ocupan esa sombra amenazante. Cuando no podemos con un pibe invocamos a cuatro vientos que aparezca su familia, aunque a los poco minutos estamos deseando que la familia de fulano deje de venir a la escuela y nos deje educar a su hijo tranquilos.
 
 Ante aquel “pronombre peligroso”, herencia de una escuela en la que prevalece el trabajo individual por sobre el colegiado, ante aquel nosotros ultrajado por el tsunami neoliberal del individualismo como salvación, prefiero un nosotros que recupera la resistencia de la CTERA sosteniendo con sus manos la escuela pública vaciada por el Estado y estigmatizada por el mercado y que ha demostrado que ser docente y no luchar es contradicción pedagógica. También elijo un nosotros que reconozca al ausentismo docente como asunto grave a cambiar, que no es otra cosa que defender la escuela pública, un nosotros que jerarquiza el derecho del educador como trabajador y la escuela como derecho social, anteponiendo siempre los derechos de los más pequeños.
 
Elijo un nosotros que critica las palabras fuera de lugar, que necesita rectificaciones, y que puede ser autocritico. Un nosotros que reconoce el sentido del tránsito político más amplio, y no queda entrampado con una infracción. Un nosotros de mirada crítica sin caer en la trampa del árbol que impide ver el bosque.
 
Me anima la mecha encendida de un nosotros que incluye al gobierno y a la CTERA, con todas sus diferencias, desprolijidades e intereses en conflicto, y la urgente necesidad de llegar a un acuerdo. Casi con la misma intensidad que me desanima la premonición de aquello que tanto escuche desde chico, que si entre hermanos se pelean…
 
Martes 7 de Marzo de 2012
 
Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y  Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Docente e Investigador de la UBA. Ex director de escuela secundaria. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009  Ed. Miño y Dávila Bs As.


[1] SENNETT, Richard (2000): La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo. Barcelona, Anagrama.

Mitos y realidades sobre la docencia (II)

 

Continuando con la sección que inicié el 20/3, hoy voy a difundir la carta de otra colega docente: Laura Soulié

CARTA A MI PRESIDENTA

Estimada Cristina: y perdoná la confianza de llamarte por tu nombre y además tutearte., pero sos la misma Cristina que voté hace algunos meses.
Y que volvería a votar sin lugar a dudas hoy, porque se, sin fanatismos estoicos, todo lo que hiciste bien por mi país y todo lo que seguramente vas a seguir haciendo bien. MI patria lo necesita y te necesita con toda la garra y fuerza que vos tenés.

Siempre fui peronista, cuando aparecieron en escena Néstor y vos…mucho no les creí, hasta que me demostraron lo contrario.
No voy a detallar todo lo que lograron, eso sería propaganda política para los que no te votaron y no me interesa hacerla, cada uno elige lo que quiere y se hace cargo.

Pero bueno, quiero contarte que soy docente.
Una docente más de las miles que tiene tu patria.

En mi caso soy una docente rural que tiene 55 años, y puedo contarte que no iba precisamente en limusina a dar clase. Iba a dedo, lloviera, tronara, hiciera frío o calor. Como todas las docentes rurales y hoy con muchos más peligros. Subía al camión o al auto que me levantaba esperando que en esos 70 km no nos pasara nada.Porque tenía una familia esperándome que regresara. Dos hijos.

Y al llegar a la escuela me encontraba con un montón de hijos más, a los que amé y amo profundamente.
Así como un albañil construye una casa ajena pero no puede levantar la suya, los docentes pasamos muchas horas educando hijos de otros papás…y no podemos estar con los nuestros.

Pero es una elección, o lo fue en una época. Hoy la docencia en muchos casos se ha convertido en una salida laboral, no está mal, siempre y cuando se sume a ello la vocación.
La vocación de formar niños que serán los líderes de mañana….
Vos mejor que nadie sabe que el país no termina en Buenos Aires , aunque aquí también llueve y hace frío.

Yo no escribo por mi, yo pienso en los docentes de la patagonia..patria mía y tuya que con fríos que calan los huesos recorren caminos de nieve para llegar a sus escuelitas. O los maestros del norte…a lomo de burro..o caminando…

O los de las grandes ciudades en escuelas de riesgo, donde no saben si algún alumno puede volverse agresivo y no saber como poder contenerlo llegando a situaciones límites como ha pasado más de una vez.

Cristina, nosotros no trabajamos 4 horas y tenemos 3 meses de vacaciones. Y vos lo sabés muy bien, solo que caíste en el “lugar común” de la mayoría de la gente y repetiste lo que probablemente sentías vos.

No se como fue tu historia..pero te imagino yendo a la escuela, delantal blanco….recordás a tus maestras?? Pucha que en esa época se les tenía respeto, MAESTRA…MAESTRO ahora ni siquiera la Presidenta nos respeta.

Pero no es nuestra culpa, tenemos un sistema educativo obsoleto, permisivo, invalidante, que no nos permite que los alumnos puedan desarrollar su creatividad porque hay TIEMPOS QUE CUMPLIR, PLANIFICACIONES QUE RESPETAR.

Entonces…la vocación de docente se remite a lo que exigen de arriba…y los tiempos no dan para dedicarse como uno quiere a educar a los alumnos. Los tiempos los pone el estado y más vale que los cumplan!. El alumno promueve aunque no sepa nada porque hay que incluirlo. Totalmente de acuerdo Presidenta, pero inclusión con calidad por favor. Los alumnos NO SON EL FUTURO, SON EL PRESENTE y es HOY cuando debemos enseñarle principalmente valores, pero que valores les podemos enseñar cuando la sociedad toda los ignora. Qué respeto pueden tenernos nuestros alumnos cuando nuestra Presidenta casi nos trata de vagos.

Ubicate Cristina, esas 4 horas son mucho más que 4, son las otras 4 ,5 o 6 que pasamos preparando material en nuestro hogar y a veces echamos de lado a nuestros propios hijos para poder preparar las clases para los hijos de los otros.
Con suerte podemos llegar a tener un sábado o domingo libre..pero nunca los dos días, tenemos que trabajar.

¿ Tenés idea que a muchos docentes les dicen “taxis” porque salen de una escuela a otra corriendo…trabajan 3 turnos, mañana, tarde y noche….? y llegan cansados a sus hogares…tratando de abrazar felices a sus hijos pero sabiendo que a pesar de lo trabajado..no llega a fin de mes con GRAN sueldo docente que nos pagan. Y no van en taxis a las escuelas van en “bondi” y mientras viajan almuerzan. ¿ Estás enterada de la cantidad de docentes que se capacitan por su cuenta para poder mejorar la calidad?? ¿¿¿¿ 4 horas Cristina??? ¿¿¿Cuánto se capacitan los de tu gabinete para reconocer las necesidades de los trabajadores???

Y no podemos dormirnos en las bancas aunque nos pagaran 35mil pesos. Y aclaro soy defensora a muerte de la democracia, mi vida por ella..pero señores políticos no sean corruptos, no sean vagos, no sean ladrones.

Que ejemplo le dan a nuestros adolescentes cuando ven que quienes tienen nuestra voz y voto son corruptos e indecentes. Claro, yo que los chicos pensaría: no estudio y me dedico a la política más fácil, más plata.

Empezá limpiando tu patio trasero Cristina. Porque el patio de nuestras escuelas se llena de almas sanas y maestras y maestros que las acompañan para que crezcan más cerca de la honestidad y con los valores y principios que nuestros abuelos nos enseñaron. Y eran gente de bien…y queremos que nuestros alumnos también sean gente de bien.

Vacaciones…. 3 meses… creo que cuando estudiaste te quedó una asignatura pendiente que es Matemática, mirá un almanaque y contá los días de vacaciones que tenemos reales y que bienvenidos sean porque después de estar un año lectivo con todas las presiones que vienen de arriba, con la frustración del deber NO CUMPLIDO y no por nuestra culpa…sino por las permisivas resoluciones , bien merecido tenemos ese tiempo de descanso.

Hagamos una cosa, no nos des aumento, ni siquiera le saques dieta a los hambrientos polítiqueros. Dedicate a cambiar el sistema, hace un cambio EN SERIO. Donde la docencia sea un orgullo porque por fin podemos educar a los alumnos. Un cambio que permita mejorar la calidad y no la cantidad de la educación.

Las escuelas no son fábricas de producir egresados porque si, QUEREMOS ALUMNOS EGRESADOS CON CONOCIMIENTOS, QUE SEPAN DE VALORES, QUE PUEDAN APRENDER EN LA VIDA TODO LO QUE SEA NECESARIO…y por sobre todas las cosas…queremos alumnos que si algún día llegaran a ser líderes o políticos no se duerman en sus bancas ni desde la Presidencia denigren a los trabajadores como vos lo hiciste con nosotros.

Me duele, nos duele a todos los docentes que SEGUIMOS HACIENDO PATRIA a pesar de toda la corrupción, a pesar de los sueldos magros, a pesar de las presiones, y seguiremos haciéndola, A PESAR DE TUS DESATINADOS DICHOS.

Yo quiero una Presidenta que respete a quienes trabajan y castigue a quienes roban, fomentan corruptelas , se duermen en sus laureles.

Firma: Laura Soulié

Mitos y realidades sobre la docencia (II)

 

Continuando con la sección que inicié el 20/3, hoy voy a difundir la carta de otra colega docente: Laura Soulié

CARTA A MI PRESIDENTA

Estimada Cristina: y perdoná la confianza de llamarte por tu nombre y además tutearte., pero sos la misma Cristina que voté hace algunos meses.
Y que volvería a votar sin lugar a dudas hoy, porque se, sin fanatismos estoicos, todo lo que hiciste bien por mi país y todo lo que seguramente vas a seguir haciendo bien. MI patria lo necesita y te necesita con toda la garra y fuerza que vos tenés.

Siempre fui peronista, cuando aparecieron en escena Néstor y vos…mucho no les creí, hasta que me demostraron lo contrario.
No voy a detallar todo lo que lograron, eso sería propaganda política para los que no te votaron y no me interesa hacerla, cada uno elige lo que quiere y se hace cargo.

Pero bueno, quiero contarte que soy docente.
Una docente más de las miles que tiene tu patria.

En mi caso soy una docente rural que tiene 55 años, y puedo contarte que no iba precisamente en limusina a dar clase. Iba a dedo, lloviera, tronara, hiciera frío o calor. Como todas las docentes rurales y hoy con muchos más peligros. Subía al camión o al auto que me levantaba esperando que en esos 70 km no nos pasara nada.Porque tenía una familia esperándome que regresara. Dos hijos.

Y al llegar a la escuela me encontraba con un montón de hijos más, a los que amé y amo profundamente.
Así como un albañil construye una casa ajena pero no puede levantar la suya, los docentes pasamos muchas horas educando hijos de otros papás…y no podemos estar con los nuestros.

Pero es una elección, o lo fue en una época. Hoy la docencia en muchos casos se ha convertido en una salida laboral, no está mal, siempre y cuando se sume a ello la vocación.
La vocación de formar niños que serán los líderes de mañana….
Vos mejor que nadie sabe que el país no termina en Buenos Aires , aunque aquí también llueve y hace frío.

Yo no escribo por mi, yo pienso en los docentes de la patagonia..patria mía y tuya que con fríos que calan los huesos recorren caminos de nieve para llegar a sus escuelitas. O los maestros del norte…a lomo de burro..o caminando…

O los de las grandes ciudades en escuelas de riesgo, donde no saben si algún alumno puede volverse agresivo y no saber como poder contenerlo llegando a situaciones límites como ha pasado más de una vez.

Cristina, nosotros no trabajamos 4 horas y tenemos 3 meses de vacaciones. Y vos lo sabés muy bien, solo que caíste en el “lugar común” de la mayoría de la gente y repetiste lo que probablemente sentías vos.

No se como fue tu historia..pero te imagino yendo a la escuela, delantal blanco….recordás a tus maestras?? Pucha que en esa época se les tenía respeto, MAESTRA…MAESTRO ahora ni siquiera la Presidenta nos respeta.

Pero no es nuestra culpa, tenemos un sistema educativo obsoleto, permisivo, invalidante, que no nos permite que los alumnos puedan desarrollar su creatividad porque hay TIEMPOS QUE CUMPLIR, PLANIFICACIONES QUE RESPETAR.

Entonces…la vocación de docente se remite a lo que exigen de arriba…y los tiempos no dan para dedicarse como uno quiere a educar a los alumnos. Los tiempos los pone el estado y más vale que los cumplan!. El alumno promueve aunque no sepa nada porque hay que incluirlo. Totalmente de acuerdo Presidenta, pero inclusión con calidad por favor. Los alumnos NO SON EL FUTURO, SON EL PRESENTE y es HOY cuando debemos enseñarle principalmente valores, pero que valores les podemos enseñar cuando la sociedad toda los ignora. Qué respeto pueden tenernos nuestros alumnos cuando nuestra Presidenta casi nos trata de vagos.

Ubicate Cristina, esas 4 horas son mucho más que 4, son las otras 4 ,5 o 6 que pasamos preparando material en nuestro hogar y a veces echamos de lado a nuestros propios hijos para poder preparar las clases para los hijos de los otros.
Con suerte podemos llegar a tener un sábado o domingo libre..pero nunca los dos días, tenemos que trabajar.

¿ Tenés idea que a muchos docentes les dicen “taxis” porque salen de una escuela a otra corriendo…trabajan 3 turnos, mañana, tarde y noche….? y llegan cansados a sus hogares…tratando de abrazar felices a sus hijos pero sabiendo que a pesar de lo trabajado..no llega a fin de mes con GRAN sueldo docente que nos pagan. Y no van en taxis a las escuelas van en “bondi” y mientras viajan almuerzan. ¿ Estás enterada de la cantidad de docentes que se capacitan por su cuenta para poder mejorar la calidad?? ¿¿¿¿ 4 horas Cristina??? ¿¿¿Cuánto se capacitan los de tu gabinete para reconocer las necesidades de los trabajadores???

Y no podemos dormirnos en las bancas aunque nos pagaran 35mil pesos. Y aclaro soy defensora a muerte de la democracia, mi vida por ella..pero señores políticos no sean corruptos, no sean vagos, no sean ladrones.

Que ejemplo le dan a nuestros adolescentes cuando ven que quienes tienen nuestra voz y voto son corruptos e indecentes. Claro, yo que los chicos pensaría: no estudio y me dedico a la política más fácil, más plata.

Empezá limpiando tu patio trasero Cristina. Porque el patio de nuestras escuelas se llena de almas sanas y maestras y maestros que las acompañan para que crezcan más cerca de la honestidad y con los valores y principios que nuestros abuelos nos enseñaron. Y eran gente de bien…y queremos que nuestros alumnos también sean gente de bien.

Vacaciones…. 3 meses… creo que cuando estudiaste te quedó una asignatura pendiente que es Matemática, mirá un almanaque y contá los días de vacaciones que tenemos reales y que bienvenidos sean porque después de estar un año lectivo con todas las presiones que vienen de arriba, con la frustración del deber NO CUMPLIDO y no por nuestra culpa…sino por las permisivas resoluciones , bien merecido tenemos ese tiempo de descanso.

Hagamos una cosa, no nos des aumento, ni siquiera le saques dieta a los hambrientos polítiqueros. Dedicate a cambiar el sistema, hace un cambio EN SERIO. Donde la docencia sea un orgullo porque por fin podemos educar a los alumnos. Un cambio que permita mejorar la calidad y no la cantidad de la educación.

Las escuelas no son fábricas de producir egresados porque si, QUEREMOS ALUMNOS EGRESADOS CON CONOCIMIENTOS, QUE SEPAN DE VALORES, QUE PUEDAN APRENDER EN LA VIDA TODO LO QUE SEA NECESARIO…y por sobre todas las cosas…queremos alumnos que si algún día llegaran a ser líderes o políticos no se duerman en sus bancas ni desde la Presidencia denigren a los trabajadores como vos lo hiciste con nosotros.

Me duele, nos duele a todos los docentes que SEGUIMOS HACIENDO PATRIA a pesar de toda la corrupción, a pesar de los sueldos magros, a pesar de las presiones, y seguiremos haciéndola, A PESAR DE TUS DESATINADOS DICHOS.

Yo quiero una Presidenta que respete a quienes trabajan y castigue a quienes roban, fomentan corruptelas , se duermen en sus laureles.

Firma: Laura Soulié

Mitos y realidades sobre la docencia

 

A casi 20 días del discurso de la Presidente en el Congreso, donde se refirió de esta manera a los docentes:





...empiezo una nueva sección... para intentar mostrar la verdad que no quieren ver los que siguen con el verso este:


Voy a ir publicando cartas de docentes, con la etiqueta "docencia: mitos y realidades"...
...para tenerlas "a mano" cuando estos ataques "resurjan", ya que lamentablemente la Presidente lo que hizo fue darle una caja de resonancia gigante a lo que millones repiten en el supermercado, en el taxi, en la peluquería, en la puerta de las escuelas, etc...

Eso sí, una condición que voy a respetar, es precisamente que las cartas no contengan faltas de respeto o descalificaciones... 
...sólo quiero mostrar lo que mis colegas dolidos por la falta de respeto y descalificación de la Presidente le contestan contándole la realidad de la labor docente.

Y para empezar, qué mejor que la reflexión de Iris Fernández en su BETA Weblog:

"Nunca tuve un trabajo más duro que el de Maestra"

Hace seis años que dejé de trabajar en escuelas. Extraño muchísimo el aula y tener alumnos, a primera hora sentir el olor a colegio -mezcla de plasticola, cartulina, tintas, perfumes y cremas de las docentes…-.

Y si tanto me gusta, ¿por qué dejé el aula?

Cuando empecé a trabajar como maestra, en el turno tarde del Normal 1, era suplente. Una suplencia, otra, otra… hasta que decidí que necesitaba un trabajo estable y empecé a trabajar en escuelas privadas. A la mañana, una escuela privada en Devoto (7mo grado, área lengua). A la tarde, suplencias en el Normal. Cuarto, segundo… ¿Y cómo llegaba de Devoto a Barrio Norte? En el colectivo. ¿Y cuándo almorzaba? En el colectivo, por supuesto. Nunca estuve tan gorda… comía un sánguche en el colectivo y llegaba justo cuando los alumnos se estaban formando.

Al salir del Normal iba a Filo, estudiaba Ciencias de la Educación. Entonces, durante todo el fin de semana, corregía -claro, tenía lengua y séptimo!- y hacía infinitos informes, sin dejar de lado la carpeta didáctica.

En diciembre nos capacitábamos, reordenábamos y limpiábamos las aulas y hacíamos reuniones de evaluación. En febrero lo mismo, a ordenar, preparar, planificar, elegir un libro… Algunos colegas, en cambio, trabajaban en colonias de vacaciones durante enero y febrero para hacerse unos mangos extra… no descansaban jamás, en todo el año.

La verdad, humildemente, fui una muy buena maestra. Trabajé con toda mi energía para educar a esos chicos, a quienes quise mucho y también me quisieron. Pero me cansé. No se puede vivir toda la vida trabajando de esa manera, parada todo el día, limpiando narices sucias, conteniendo chicos maltratados, teniendo en contra a los padres, gastando plata en libros, en regalitos para el día del niño, en materiales varios, corrigiendo y planificando y no pudiendo disfrutar de una vida de clase media sin que se vaya en eso la salud.

Y me acordé de todo esto leyendo los comentarios de mis colegas sobre los dichos de la presidenta. Me acordé también de un texto que leí en la facultad, donde el autor se preguntaba si los docentes eran o no profesionales, ya que su permanente lucha salarial y su breve capacitación inicial no los ubica claramente en ese lugar.

Yo recuerdo que en los comienzos del gobierno de Néstor los docentes dejaron de ser el residuo de la sociedad en que los había convertido el menemismo, empezaron a estar mejor. Pero ahora, en este momento ¿qué lugar quiere darle a la educación este país? Y sobre todo ¿por qué alimentar esos horribles mitos de la liviandad del trabajo docente, ofendiéndonos y dando lugar a que la gente siga faltándonos el respeto?

Yo apoyo este gobierno, pero como siempre dije, no soy oficialista sino que reflexiono críticamente acerca de cada una de las acciones. Y en este caso, creo que se cometió una injusticia con mis colegas.
Iris Fernández en BETA Weblog

Mitos y realidades sobre la docencia

 

A casi 20 días del discurso de la Presidente en el Congreso, donde se refirió de esta manera a los docentes:





...empiezo una nueva sección... para intentar mostrar la verdad que no quieren ver los que siguen con el verso este:


Voy a ir publicando cartas de docentes, con la etiqueta "docencia: mitos y realidades"...
...para tenerlas "a mano" cuando estos ataques "resurjan", ya que lamentablemente la Presidente lo que hizo fue darle una caja de resonancia gigante a lo que millones repiten en el supermercado, en el taxi, en la peluquería, en la puerta de las escuelas, etc...

Eso sí, una condición que voy a respetar, es precisamente que las cartas no contengan faltas de respeto o descalificaciones... 
...sólo quiero mostrar lo que mis colegas dolidos por la falta de respeto y descalificación de la Presidente le contestan contándole la realidad de la labor docente.

Y para empezar, qué mejor que la reflexión de Iris Fernández en su BETA Weblog:

"Nunca tuve un trabajo más duro que el de Maestra"

Hace seis años que dejé de trabajar en escuelas. Extraño muchísimo el aula y tener alumnos, a primera hora sentir el olor a colegio -mezcla de plasticola, cartulina, tintas, perfumes y cremas de las docentes…-.

Y si tanto me gusta, ¿por qué dejé el aula?

Cuando empecé a trabajar como maestra, en el turno tarde del Normal 1, era suplente. Una suplencia, otra, otra… hasta que decidí que necesitaba un trabajo estable y empecé a trabajar en escuelas privadas. A la mañana, una escuela privada en Devoto (7mo grado, área lengua). A la tarde, suplencias en el Normal. Cuarto, segundo… ¿Y cómo llegaba de Devoto a Barrio Norte? En el colectivo. ¿Y cuándo almorzaba? En el colectivo, por supuesto. Nunca estuve tan gorda… comía un sánguche en el colectivo y llegaba justo cuando los alumnos se estaban formando.

Al salir del Normal iba a Filo, estudiaba Ciencias de la Educación. Entonces, durante todo el fin de semana, corregía -claro, tenía lengua y séptimo!- y hacía infinitos informes, sin dejar de lado la carpeta didáctica.

En diciembre nos capacitábamos, reordenábamos y limpiábamos las aulas y hacíamos reuniones de evaluación. En febrero lo mismo, a ordenar, preparar, planificar, elegir un libro… Algunos colegas, en cambio, trabajaban en colonias de vacaciones durante enero y febrero para hacerse unos mangos extra… no descansaban jamás, en todo el año.

La verdad, humildemente, fui una muy buena maestra. Trabajé con toda mi energía para educar a esos chicos, a quienes quise mucho y también me quisieron. Pero me cansé. No se puede vivir toda la vida trabajando de esa manera, parada todo el día, limpiando narices sucias, conteniendo chicos maltratados, teniendo en contra a los padres, gastando plata en libros, en regalitos para el día del niño, en materiales varios, corrigiendo y planificando y no pudiendo disfrutar de una vida de clase media sin que se vaya en eso la salud.

Y me acordé de todo esto leyendo los comentarios de mis colegas sobre los dichos de la presidenta. Me acordé también de un texto que leí en la facultad, donde el autor se preguntaba si los docentes eran o no profesionales, ya que su permanente lucha salarial y su breve capacitación inicial no los ubica claramente en ese lugar.

Yo recuerdo que en los comienzos del gobierno de Néstor los docentes dejaron de ser el residuo de la sociedad en que los había convertido el menemismo, empezaron a estar mejor. Pero ahora, en este momento ¿qué lugar quiere darle a la educación este país? Y sobre todo ¿por qué alimentar esos horribles mitos de la liviandad del trabajo docente, ofendiéndonos y dando lugar a que la gente siga faltándonos el respeto?

Yo apoyo este gobierno, pero como siempre dije, no soy oficialista sino que reflexiono críticamente acerca de cada una de las acciones. Y en este caso, creo que se cometió una injusticia con mis colegas.
Iris Fernández en BETA Weblog