Caperucita 2.0 y el grooming

Un video de Con vos en la web sobre los cuidados que hay que tener al utilizar las redes sociales:



Otra versión:


Según la Wikipedia: "El grooming (en español «acicalar») hace referencia a una serie de conductas y acciones deliberadamente emprendidas por un adulto con el objetivo de ganarse la amistad de un menor de edad, creando una conexión emocional con el mismo, con el fin de disminuir las inhibiciones del niño y poder abusar sexualmente de él. En algunos casos, se puede buscar la introducción del menor al mundo de la prostitución infantil o la producción de material pornográfico." (consulta del 22/08/2015)

Y un material interesante para entender más sobre este tema:

http://www.convosenlaweb.gob.ar/media/2674774/guiagroomingjunio2014.pdf

Descargar la guía con información y consejos para adultos sobre grooming

¿Niños multitarea y adultos monotarea? (El Huffington Post)

Otra publicación que avala lo que vengo sosteniendo y divulgando desde hace unos años en este blog. Y que clasifiqué con su propia etiqueta:
En este caso es este artículo que recomendó la colega Silvina Carraud Moret en la Red CREAR, del que voy a resaltar algunos párrafos:


"...una de las ponentes de 14 años realizó una afirmación muy interesante. Según ella: "Una de las diferencias que tenemos respecto a nuestros padres es que nosotros somos multitarea. Mi madre sólo puede tener una pantalla abierta cuando usa internet, y si está haciendo una cosa no puede hacer otra. Yo, sin embargo, puedo tener abierta mi red social y actualizar mi perfil, al mismo tiempo que contesto un email de un amigo y visito una web con información para un trabajo del colegio"...

Este tipo de afirmaciones forman parte de los tópicos que circulan en numerosos entornos, y que merece la pena tratar por las consecuencias que tiene para los menores el actuar de una forma o de otra."

Frases de ese estilo escucho aún en las escuelas... lamentablemente.  Y no es casualidad, fue una prédica constante de los "especialistas" que los docentes repitieron y muchos aún repiten sin analizar su propia experiencia con los adolescentes. O también puedo pensar que en realidad, algunos sólo repiten lo que leyeron o escucharon, porque los que vamos al aula todos los días con los chicos y las computadoras hace años que venimos diciendo que esto no es así.
Sigamos...


"Cuando un adolescente está sentado frente al ordenador con cuatro pantallas abiertas en su monitor, realmente no está realizando cuatro tareas al mismo tiempo. Está realizando lo que en el entorno de las neurociencias se conoce como "alternancia continuada de la atención". Es decir, dedica unos minutos (o menos) a realizar una tarea. Después pasa a la siguiente y a los pocos minutos a otra más. Y esta es la realidad por una sencilla razón: nuestro cerebro no es capaz de realizar dos tareas a la vez si estas implican a la misma zona del cerebro."

Clarísimo. No necesita mayor análisis. Un ejemplo clásico en la docencia: Profesor explicando y dos alumnos/as hablan entre sí. Cuando les llamamos la atención y les preguntamos algo, no saben la respuesta. Obvio, estaban concentrados en su conversación. No hay multitarea.

"Así es. Un adolescente puede estudiar mientras escucha música instrumental, por ejemplo. Pero si tiene que retener información verbal al mismo tiempo que escucha canciones con letra en su idioma, le resultará extremadamente difícil memorizar. Su cerebro saltará constantemente de la letra de la canción al texto escrito. No se concentrará, agotará a su cerebro y la información no quedará bien fijada. Esto es así porque ambas tareas requieren la activación del mismo centro del lenguaje."

Esto incluso aclara el ejemplo que utilizan varios adultos defensores de la multitarea en su juventud, cuando estudiaban escuchando música. Claro, no es lo mismo música clásica, instrumental o de "consultorio médico", o sea tranquila, que la última canción de Lady Gaga o Ricky Martin, lógico. Y ni hablar si se ponen a pensar en el videoclip o en la coreografía...

"El profesor Jim Taylor, de la Universidad de Denver, explica que la multitarea sólo es posible si se cumplen dos condiciones:

1. Que las tareas impliquen distinto tipo de procesamiento cerebral.
2. Que una tarea no requiera pensamiento y esté tan bien aprendida que se realice de forma automática (correr, montar en bici...)."

Acá encontramos el otro chiste fácil: "Caminar y mascar chicle al mismo tiempo"...
Pero veamos que ocurre al permitir esta ilusión de multitarea:

"El problema es que este falso concepto de multitarea que manejan algunos no es inocuo, y tiene consecuencias significativas. Numerosos estudios, como los de Eppinger, Kray y Mecklinger, demuestran que cuando el cerebro pasa de una tarea a otra, los circuitos neuronales hacen un receso entre la una y la otra. Este proceso no sólo consume más tiempo, sino que también reduce la eficacia en el desarrollo de las tareas.

El psicólogo David Meyer y su equipo, de la Universidad de Michigan, han comprobado que cuando se cambia rápidamente de ejercicio mental en sucesivas ocasiones, en lugar de completar una tarea antes de iniciar la siguiente, la eficacia del cerebro se puede ver disminuida hasta en un 50%.

Nuestro cerebro trabaja mejor cuando se emplea en una sola tarea de forma continua, en lugar de saltar de tarea en tarea reiniciando procesos una vez tras otra. Esto es así debido a la intervención de nuestro córtex prefrontal. Se trata de la zona encargada del control ejecutivo, es decir, de la toma de decisiones que se lleva a cabo gestionando nuestros objetivos. Cambiar de tarea significa cambiar de objetivo, y esto conlleva para el cerebro un esfuerzo en tiempo y energía."


Y para finalizar:

"Es importante comenzar a trabajar con niños y adolescentes sobre esta cuestión, antes de que interioricen formas de trabajo mucho menos efectivas, más agotadoras y más lentas. La conclusión es bastante clara: el trabajo de los menores que operan con varias ventanas abiertas al mismo tiempo será menos eficaz y considerablemente más lento. Es más efectivo realizar una tarea, y una vez terminada afrontar la siguiente."

En "mi época" lo llamaban:  ¡Prestar atención sin distraerse!

ver nota completa:

y otro link anterior similar:

¡Disparen contra los docentes!

Otra publicación excelente para explicar la situación laboral de los docentes, ante tantas mentiras y desinformación circulante. Esta vez de Pablo Gentili:


Está claro: la educación funciona bastante mal en casi todo el planeta. Las consecuencias de semejante descalabro se pueden observar por todos los sitios. Eso es lo que suponemos.

Vivimos en un mundo en crisis y la educación está llamada a redimirnos, a romper las cadenas que nos unen al atraso, a salvarnos de la adversidad, a empujarnos a un futuro de felicidad y bienestar. Falla la educación y la crisis se expande, multiplicándose, inventándose día a día en sus más variadas facetas: crisis económica, crisis de confianza, crisis institucional, crisis del modelo (o modelo de crisis), crisis política, crisis social, crisis cultural, crisis familiar, crisis de valores, crisis de abundancia y crisis escasez, crisis por el conformismo y por la insatisfacción, crisis por los excesos de los ricos y por el exceso de pobres, crisis del mundo del trabajo y crisis de un mundo sin trabajo, crisis de la infancia, de la juventud y de la ancianidad, crisis de la vida adulta, crisis en los estadios y en los santuarios, crisis de los vínculos, de los sentidos y de los sentimientos, de los afectos y de la subjetividad, crisis, al fin, crisis por todos lados.

Está claro: la crisis del mundo se reproduce y amplifica por la crisis de la educación. Eso es lo que suponemos.

Así las cosas, mientras no se encuentra el remedio, al menos, se pueden encontrar los culpables. En el Norte y en el Sur, la respuesta es siempre la misma: la educación funciona mal porque los docentes están mal preparados, carecen de las competencias necesarias para hacer de los niños y niñas sujetos emprendedores y competitivos, ciudadanos activos y responsables, consumidores criteriosos (u obsecuentes); porque los docentes son poco adeptos al esfuerzo, corporativos en sus prácticas organizativas y profundamente perezosos.

Los docentes suelen ser presentados como una versión moderna de Rip Van Winkle, el personaje del relato de Washington Irving publicado en 1819. Un hombre que tratando de huir de su insoportable esposa se queda dormido bajo un árbol durante veinte años y, cuando regresa a su aldea, piensa que todo continúa como estaba dos décadas atrás.

Desactualizados, desinformados, dormilones y adeptos a la vagancia, los docentes son identificados por burócratas y tecnócratas, comunicadores y comunicados, padres y madres, políticos y gestores, gente de derechas y gente de izquierdas, hombres de negocios y hombres cuyo trabajo enriquece los negocios de unos pocos hombres, dirigentes y dirigidos; por la sociedad, en suma, como los responsables de haber sembrado el vientre de todas las crisis, la crisis educativa.

No deja de ser sorprendente la unanimidad que concita la docencia para atraer, contra sí, las iras, los arrebatos, el furor y la indignación de todos los que se aventuran a opinar sobre el presente y el futuro de la educación. Y sobre el presente y el futuro de la educación se aventura a opinar todo el mundo. En definitiva, parecería ser que el haber pasado por la escuela nos brinda los conocimientos necesarios para formular un diagnóstico preciso sobre el estado de nuestros sistemas educativos y observar el casi siempre pésimo desempeño de los docentes en las salas de clase. Haber ido a la escuela o tener un hijo en edad escolar nos aporta, sin lugar a dudas, un conocimiento importante sobre el funcionamiento del sistema educativo y una opinión sobre la calidad del trabajo de quienes educan a las nuevas generaciones. Lo que sorprende es que, con llamativa frecuencia, esa experiencia se des-subjetiviza y pasa a ser considerada el fundamento de un diagnóstico riguroso y de precisión matemática para determinar las causas y soluciones de la crisis escolar que estamos viviendo.

Haber estado enfermos nos aporta una valiosa experiencia sobre el dolor y la enfermedad. También, un gran bagaje de opiniones sobre el desempeño de los médicos que nos atienden o atienden a nuestros seres queridos. Entre tanto, aunque todos nos hemos enfermado alguna vez en la vida, son pocos los que aceptarían que esa experiencia es suficiente como para determinar los fundamentos y las prácticas de las políticas públicas de salud a escala global. Nadie negaría que para opinar sobre la salud pública hay que saber algo más que tomar la fiebre a un niño. Entre tanto, para opinar sobre la política educativa solo hay que haber ido a la escuela o, simplemente, imaginar lo que ocurre todos los días en nuestras sala de clase. Para opinar sobre las políticas públicas de salud hay que haber estudiado el tema. Para opinar sobre educación basta con leer el periódico o escuchar a un especialista en banalidades que, con superficialidad pasmosa, dice lo que piensa sobre una institución y un enorme número de trabajadores y trabajadoras que sospecha conocer, apoyándose simplemente en la fuerza mistificadora del sentido común. A los médicos se los respeta, a los docentes, no.

La unánime opinión negativa sobre la docencia se refuerza con los resultados de pruebas, encuestas e investigaciones que confirman supuestamente que los docentes son, por definición y de manera general, unos ineptos. No hay nada parecido a las pruebas PISA en el mundo de la medicina. Tampoco, en el mundo de la ingeniería, de la política, en el mundo empresarial o deportivo. Hay, es verdad, campeonatos de todo tipo en el mundo de hoy. Sin embargo, no porque la selección de Holanda nunca haya ganado el mundial de fútbol, a alguien se le ocurriría decir que sus jugadores son poco profesionales, incapaces, haraganes o indolentes.

Quienes eligen la profesión docente se enfrentan siempre a un designio esquizofrénico, un mandato perverso que la sociedad les atribuye de forma contradictoria. A ellos se les encomienda la difícil tarea de salvar la nación, de revertir las herencias del atraso. Al mismo tiempo, por no ejercer ese papel, se los desvaloriza y humilla cotidianamente, en una especie de amnesia de génesis que borra las causas de todas las crisis, poniéndolas en la mochila de los trabajadores y trabajadoras de la educación.

Una encuesta realizada en varios países de Latinoamérica puso de relevancia que la gente valoriza enormemente el papel de los docentes para mejorar nuestras sociedades, pero la gran mayoría de las personas no desea que sus hijos se dediquen a la docencia, por tratarse de un trabajo ingrato, mal pagado y ejercido por personas sin la debida preparación.

Trato de resistir a la tentación de aclarar que en la docencia hay, en efecto, pésimos trabajadores y trabajadoras. Se trata de una aclaración que reafirma la discriminación que sufren cotidianamente los docentes. Hay maestros y maestras malos, incompetentes y displicentes, claro. Como hay médicos malos, políticos malos, empresarios malos, obispos malos, policías malos y hasta Premios Nóbeles de Economía malos, malísimos. Cuando defendemos a los docentes, parecemos estar siempre obligados a hacer la salvedad que sabemos que hay personas que ejercen la docencia sin la menor condición de hacerlo. No pienso hacer esta aclaración aquí.

Defiendo a los docentes porque creo que la docencia es una profesión que se ejerce, en la mayoría de los casos, por personas que aman su trabajo, que dedican un esfuerzo enorme a sus tareas, que tratan de múltiples formas de mejorar, de capacitarse y de formarse para ser, cada día, mejores; personas que respetan profundamente a los niños, las niñas, los jóvenes y los adultos que educan; personas que, como casi todas las que existen en este planeta, despiertan cada día para cumplir su jornada dignamente, para ayudar con su labor a construir un mundo mejor. Deberíamos pensar en esto cada vez que los humillamos y descalificamos con diagnósticos precipitados que los transforman en la bolsa de entrenamiento de una tropa de pugilistas que aspiran a que sus puñetazos entorpezcan la mirada de la gente común.

Defiendo a los docentes, particularmente a los que ejercen la docencia en las escuelas públicas, porque creo que la enorme mayoría de los trabajadores y trabajadoras de la educación son diferentes a ese colectivo indolente que retrata buena parte de la prensa y los más diversos “especialistas” que afirman que vivimos una debacle educativa que nos llevará a la ruina. Los defiendo porque creo que la lista de los responsables de llevarnos a la ruina no comienza hoy, como nunca ha comenzado, en las instituciones donde se construye, cada día, el futuro de nuestra infancia.

No deja de ser cierto que los docentes, a diferencia de otras profesiones, suelen ejercer de manera tortuosa una especie de corporativismo invertido. A pesar de las acusaciones de que los trabajadores de la educación sólo defienden sus intereses y ocultan sus problemas bajo estrictos secretos de sumario, la docencia suele ser una profesión que se muestra públicamente mucho más adepta a evidenciar sus errores que a disimularlos. Por ejemplo, los congresos, simposios y foros profesionales docentes son, en su gran mayoría, eventos en los que se discuten los problemas de la práctica magisterial, los errores cometidos en el aula y la necesidad de mejorarlos; los defectos y no las virtudes de la profesión; los retrocesos y no los avances en el desempeño pedagógico. Puede consultarse la programación de cualquiera de los congresos de docentes que se hayan realizado en su ciudad, para verificar que quienes ejercen la docencia se critican a sí mismos mucho más de lo que los critican sus crueles calumniadores externos. ¿Qué tipo de corporativismo es éste en el que quienes ejercen una profesión se muestran por lo que les falta y no por lo que los caracteriza? Los congresos de educación suelen estar dedicados a poner en evidencia una visión muy crítica o autocrítica de la práctica escolar.

Nada de esto ocurre en otras profesiones. Los médicos se reúnen en congresos para discutir los avances y las buenas prácticas de la medicina, no para compartir la idea de que la mala praxis médica está generalizada en todos los hospitales. Claro que hay médicos que matan personas por su incapacidad profesional. Nunca sería éste el motivo de un congreso internacional, por ejemplo, de cardiólogos. Los ingenieros se reúnen a presentar y conocer los avances de la ingeniería, no para deprimirse colectivamente con los pésimos ejemplos de algunos ingenieros cuya incompetencia generó enormes pérdidas de vidas humanas. Los abogados discuten en sus congresos profesionales los avances de la ciencia jurídica, no la corrupción de ciertos jueces y letrados que ha puesto no pocas veces la justicia al servicio de los más poderosos. Desde el punto de vista etimológico y conceptual, cualquier profesión es más corporativa que la docencia. Sin embargo, raramente se denuncia el corporativismo de los economistas, del clero, del ejército, de la prensa o de los grandes empresarios. Sí, siempre, el de los docentes.

El problema parecería ser que, más allá de que a los docentes les gusta enredarse en sus defectos, ellos reclaman con insistencia sobre las pésimas condiciones que tienen para el ejercicio de su profesión, sus bajos salarios y el persistente abandono de la educación pública en nuestros países. Como resultado de esto, se critica el uso de las huelgas, movilizaciones u otras medidas de fuerza para alcanzar las demandas del sector.

Particularmente, creo que es importante que los docentes revisen sus estrategias de lucha para conquistar el justo reclamo de una educación de calidad para todos. Considero que las huelgas y otras acciones no siempre consiguen generar la adhesión y solidaridad de los sectores más pobres y de las clases medias, quienes necesitan más que nadie de la escuela pública. Hay una enorme dificultad en las organizaciones gremiales docentes para encontrar canales más efectivos de lucha que integren a los sectores sociales que, al igual que el magisterio, nada se benefician con las políticas neoliberales y conservadoras que cuestionan y amenazan el derecho a la educación, transformándolo en un privilegio de pocos.

Sin embargo, este necesario debate, no puede desviar la atención de un hecho insoslayable: en buena parte de nuestros países, la educación pública está bajo el asedio de políticas de privatización y mercantilización que, entre otros factores, precarizan el trabajo docente y degradan las condiciones de ejercicio de la docencia en las escuelas, particularmente en las escuelas públicas. En América Latina, aunque las oportunidades de financiamiento y la promoción de políticas educativas innovadoras y populares han comenzado a revertir la herencia neoliberal, por ejemplo, en países como Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, Ecuador y Venezuela, las condiciones salariales y de trabajo de los docentes siguen siendo frágiles e inestables. En rigor, en casi toda la región, la expansión de los sistemas educativos, promovida durante las últimas décadas, se ha sustentado sobre una persistente precarización del trabajo docente.

No cabe duda que los trabajadores y trabajadoras de la educación deben mejorar y redefinir sus estrategias de lucha. Deben hacerlo para volverlas más efectivas, no para disminuir su intensidad. Las reivindicaciones docentes son justas y necesarias, ellas aspiran a fortalecer la educación pública y ampliar el derecho efectivo a una escuela de calidad para todos. El ataque a las organizaciones sindicales docentes suele ser parte de un ataque más amplio contra cualquier expresión de defensa y transformación democrática de la educación pública.

Los docentes siempre, y más allá de todo paternalismo o visión compasiva, se han sabido defender a sí mismos. Entre tanto, creo que defender a la docencia de los ataques conservadores que hoy sufre desde múltiples espacios, constituye un imperativo ciudadano.

En definitiva, si Ud. está leyendo esta nota es porque algún maestro o maestra, alguna vez, le enseñó a leer. Y seguramente, le enseñó muchas cosas más. Cosas que han sido vitales para constituirse como un sujeto independiente y crítico.

No me cabe duda que Ud. pensará, muy probablemente, que sus maestros o maestras eran mejores que los que hoy están en el aula; esos docentes reales, que trabajan todos los días en nuestras escuelas, formando a los niños y niñas que en algún momento ocuparán nuestros lugares. Pero no nos equivoquemos. Siempre fue así. A su hijo o a su hija, si hoy están en la escuela, les pasará lo mismo. Quizás sea fruto de una inevitable ingratitud o la trama de una desmemoriada condena al desprecio por el presente, por lo que tenemos y por lo que hemos sabido construir colectivamente. Parece que los docentes deben conformarse con un reconocimiento que se conjuga siempre en futuro imperfecto. Nuestros niños, nuestras niñas y nuestros jóvenes les dirán a sus hijos e hijas que sus maestros y maestras eran mucho mejores, más dedicados, más comprometidos, más cariñosos, mejor preparados y exigentes.

Siempre fue así.

Y si siempre lo fue, respetemos a los docentes que trabajan en nuestras escuelas, reconociendo en ellos la herencia de un futuro que nos hará, quizás, hombres y mujeres mejores, más humanos, más solidarios, más generosos y libres.

Desde Río de Janeiro

Todos contra los docentes

Una publicación de una colega que resume y explica muy bien la realidad de los docentes frente a las pavadas y frases maliciosas que se dicen en los medios de comunicación. Los invito a leerla completa. Gustavo


"Hace unos meses decidí, luego de escribir sobre el informe PISA, quitar de mi blog mis textos sobre educación. En pocos días mi artículo se había desparramado, había levantado voces airadas, simpatías, antipatías… el sentido de haberlo escrito se había difuminado y sanseacabó, “eliminar”, listo. Decidí no volver a publicar textos polémicos que no fueran literarios. Pero hoy, la verdad, estoy en el borde. En el borde de la indignación gigantesca, esa que dura como todo el año. Así que acá va lo que pienso de la catarata de desprecio hacia los docentes que anda circulando por las redes sociales y los programas de televisión:
1. Los docentes no trabajamos cuatro horitas de morondanga. No se puede generalizar sobre eso: hay maestras de grado y de jardín, hay profesores de materias especiales, hay profesores de secundaria. La carga horaria en general que uno cumple depende del trabajo al que logra acceder (por ejemplo, una profesora jovencita tendrá un bajo puntaje y quizás en este momento del año haya sido desplazada de los cursos que con penuria logró tomar a lo largo del año pasado en los actos públicos y tiene que comenzar nuevamente a asistir a los actos acompañada de su suerte para buscar nuevos trabajos). Conozco profesores que tienen 20 horas semanales titulares y complementan su sueldo con horas provisionales (no se puede poseer más de 20 módulos titulares) trabajando mañana, tarde y noche, viajando de escuela en escuela. Ayer me cansé de hacer zapping y escuchar que los profesores trabajan “unas dos horitas a la semana”… Los profesores viajan de escuela en escuela, entre mañana, tarde y noche, de curso en curso de “dos horitas”, tomando colectivos, remises, taxis o en su propio auto, envueltos en el trajín de juntar un sueldo que les permita vivir. ¿Eso repercute en la educación que imparten a sus alumnos? Obviamente, pero es tema de otro texto y no de éste. ¿Hay docentes que trabajan cuatro horas o dos horas nada más? Sí, obviamente, hay docentes que tienen trabajos diferentes al de la docencia, hay docentes que tienen maridos o esposas adinerados, hay docentes que pertenecen a la clase alta, hay docentes que se ganaron el loto. Pero esos son los menos, se imaginarán.
2. Los docentes no estamos perpetuamente de licencia. Es increíble que la gente diga eso. Y no solo eso. Dicen que hay por cada cargo cuatro o cinco personas cobrando sueldo sin trabajar. Es una barbaridad decir eso. Hoy leí un cartelito compartido en Facebook en donde alguien acusaba a los docentes de sacar licencia por “enfermedad de mascota”. ¿De qué están hablando? Otra vez: conozco profesores que no faltan ni una vez al año, profesores que a veces se enferman y deben faltar, profesores grisáceos que abusan de las licencias porque tienen algún médico inescrupuloso amigo y consiguen fácilmente certificados médicos para presentar ante Reconocimientos Médicos, donde el médico que recibe y controla el certificado que presenta también es su amigo… son muy pocos los últimos casos, como se imaginarán. Si uno toma una suplencia, probablemente tarde mucho en cobrarla. Conozco profesores que trabajaron todo un año sin cobrar. Conozco profesores que no cobraron.
Las escuelas son lugares en donde no se puede entrar alegremente con una enfermedad contagiosa. Y la docencia es un trabajo muy complejo que no se puede llevar adelante con una enfermedad. Pero los docentes no viven enfermos… son personas que a veces se enferman, como todas. Tienen que ir al médico y luego, con el certificado, a ver a otro médico que le dará los días que considere necesarios para el reposo o recuperación. Y luego llevar el papelito que le den escuela por escuela, dentro de las 48 horas de emitido. Lo de las mascotas es una pena que no cuente, lo bien que me vendría que existiera esa licencia.
3. Los docentes no hacen nada, son unos vagos. Ahí está en mi opinión uno de los problemas que ocasionan la crisis de la educación actual. En nuestro país, la gente opina que los docentes deben ser pobres y trabajar gratis porque su tarea no sirve para nada. Ayer escuchaba a una diputada hablar en un programa de televisión. Dijo que ganaba 25.000 pesos. Las docentes que estaban sentadas adelante de sus ojos habían declarado que ganaban cerca de 5.000. Dijo que en este país, cada persona ganaba de acuerdo a sus capacidades, a su talento, que todos tenían la posibilidad de trabajar y ganar diferentes sueldos. Hablaba tan rápido que pasaban desapercibidas sus palabras, al parecer. A mí no me pareció en absoluto algo inocente: ¿cómo puede alguien no entender que la gran mayoría de los docentes somos personas que elegimos esa profesión a pesar del sueldo que sabemos que en este país vamos a ganar? Esta buena señora gana 25.000 pesos… ¿tiene capacidades superiores a las de los médicos de los hospitales públicos, a las de los bomberos, a las capacidades de los miembros de la Cruz Roja, a las de los de Defensa Civil, a las de los policías? ¿A las de los profesores en Letras, a las de los de Historia, de Biología, de Filosofía, a las capacidades de los contadores, abogados, ingenieros, etcétera, etcétera, etcétera, que circulamos por las aulas de las escuelas públicas dando clase? ¿Tiene “más talento”? ¿Merece vivir con más dinero porque eligió una profesión “mejor” ?
4. Los docentes no tenemos tres meses de vacaciones. Es indignante que me digan eso. Yo terminé de trabajar en navidad, prácticamente, agotada hasta la exasperación. Y el 17 de febrero ya estaba tomando exámenes. Y tuve 15 días de receso en invierno. Y punto.
5. Los docentes no están capacitados. Bueno, trabajo de profesora porque tengo un título que me habilita para eso, entre otras incumbencias. Todos los docentes tienen uno, terciario o universitario. Nos anotamos en un listado, cumplimentamos requisitos, tomamos los cargos que tenemos en actos públicos. No pasábamos por ahí, por la puerta de la escuela, alguien nos chifló de adentro y nos quedamos. No andábamos por ahí sin haber ido nunca a la escuela, sin saber absolutamente nada de nada y, como no servíamos para nada, nos ofrecieron estar al frente de clases y escribir miles de papeles y aguantarnos los toscazos.
He repetido en muchos lugares que las personas que no trabajan en las escuelas públicas no tienen la menor idea de lo que sucede ahí. Tengo dos títulos docentes, podría elegir cualquier lugar para trabajar. Tengo un título universitario de la UNLP. Amo la docencia, defiendo la educación pública, mis hijos se están educando de esa manera. Elijo mi profesión y sé que voy a cobrar poco, pero no pretendan que me voy a contentar con eso y no voy a protestar. Si los profesores ganáramos un sueldo digno, podríamos tener menos alumnos y dejar de viajar como locos enceguecidos de escuela en escuela. Y la educación que recibirían los chicos sería de mejor calidad. Podríamos planificar más ambiciosamente. Y así seguiría la lista de los “podríamos”. Yo doy clase en edificios destartalados, en aulas que no son aulas sino pedazos de durlock roto y ensamblado, con palomas mirándome desde techos agujereados o, directamente, desde un tinglado porque no hay techo. En invierno, con los guantes puestos y la bufanda,  cuento cuentos y sale el vaporcito de mi boca y los chicos me miran ateridos y trabajo igual. En verano, transpirando agobiada, a veces abajo de un árbol porque los pobres alumnos no dan más del calor. Y trabajo igual. Llevo mis tizas y mi borrador porque a veces no hay. Llevo el caloventor de mi casa. Me llevo a mí misma y trabajo con esos centenares de adolescentes, los escucho, converso con ellos, me intereso en lo que les pasa, intento levantar puentes en esa desolación que tienen y hablo de las posibilidades de ingresar en la universidad pública, de la necesidad de estudiar y de ser buena persona para poder ser… poder ser…
Jamás le diría a un alumno que va a ganar dinero según la profesión que elija. Les digo que piensen qué trabajo les gustaría hacer, qué se imaginan haciendo “cuando sean grandes”… Algunos contestan que se imaginan haciendo delivery de pizzas… con su propia moto. Otros me dicen que se imaginan curando perritos… veterinario. Otros me dicen que se imaginan “técnicos radiólogos”, o “mecánicos dentales”… y yo sospecho que hay algún pariente asesor por ahí. Otros se imaginan enseñando, como yo. ¿Y saben qué? Cuando una alumna o alumno me dice que cuando sea grande quiere ser docente… ese alumno me lo está diciendo entre paredes descascaradas, ante un calefactor que no funciona o un ventilador de techo sin aspas, frente a una ventana que no tiene vidrios y me lo dice igual. Qué diría la diputada. Supongo que le contestaría algo como “bueno, querido, siempre podés cuando te recibas dar clase en una privada con alumnos como la gente”… rapidito se lo diría, casi sin respirar.
No voy a entrar en el tema de lo difícil que es dar clase en estas épocas. En las problemáticas de los niños y adolescentes actuales. En el desborde emocional y físico al que llegamos los que trabajamos en las escuelas tratando de enseñar y contener a la vez. En las agresiones permanentes. ¿Cómo una se va a asombrar ante un padre que viene a insultarnos, ante un alumno que nos putea de arriba a abajo, si la opinión colectiva en este momento está confirmando todas las acusaciones enumeradas arriba? ¿Cómo revertiremos esto?
El día que los docentes ganan un sueldo digno, el día que los docentes ocupen un lugar respetado, el día que los docentes dejen de ser los acusados de ignorantes, de vagos, de corruptos, de lacras, de perdedores…. el día que los docentes podamos entrar en el aula y ésta sea un lugar digno y los alumnos nos observen con respeto cordial, saquen sus carpetas y lapiceras y tengan ganas y actitud positiva ante la clase… ese día… los alumnos aprobarán las pruebas PISA y comprenderán lo que lean. Yo no sé si ese día seré más o menos feliz que ahora adentro de las escuelas, lo que sí sé es que seguramente podré trabajar mejor y al finalizar el año no sentiré la enorme frustración de haber trabajado en vano para la gran mayoría ante el éxito solitario de unos pocos."
Enlace directo: 
http://opinion.infobae.com/graciela-adriana-lara/2014/02/27/todos-contra-los-docentes/


Día de Internet Segura / Protesta mundial contra el espionaje de la NSA

Dos noticias, bien contradictorias... pero con la seguridad y la privacidad conectándolas directamente...

Por un lado, la Unión Europea intenta informar y proteger a los niños y jóvenes de las conductas dañinas y acciones ilegales que ocurren en el mundo online:



"El evento está promovido por la Comisión Europea y está organizado por INSAFE, la Red Europea por una Internet Segura, y en España por el CENTRO DE SEGURIDAD EN INTERNET: PROTEGELES en el marco del Safer Internet Programme."


Algunas notas sobre este tema:

Diario La Nación de Argentina:
Internet / Martes 11 de febrero de 2014 | 13:49
En el marco del Día de Internet Segura, un reporte elaborado por Chicos.net señala que el 84 por ciento de los adolescentes en América latina conoce poco o nada sobre el uso seguro de los servicios on line

Diario El Tiempo de Colombia:
Por: ÉDGAR LEONARDO MEDINA | 6:35 p.m. | 10 de Febrero del 2014

"Google presenta hoy su nuevo Centro de Seguridad, con consejos y herramientas para promover el uso responsable y seguro de Internet. El sitio, que a partir de hoy se encuentra también disponible en idioma español, retoma los conceptos de su sitio predecesor “Es bueno saberlo” y los presenta en forma más clara e interactiva."

La otra noticia es que también hubo una protesta mundial contra el espionaje de la NSA de EE.UU.


Diario La Nación de Argentina:
Martes 11 de febrero de 2014 | 11:57
Protesta mundial en Internet contra la vigilancia masiva de EE.UU.
A dos años de la campaña on line contra los proyectos antipiratería SOPA y PIPA, la iniciativa digital The Day We Fight Back protesta en contra de los controles y monitoreos de los usuarios en Internet
"Aquellos usuarios que se encuentren fuera de Estados Unidos pueden participar de la protesta al apoyar los 13 principios en contra de la vigilancia masiva, elaborados por organizaciones no gubernamentales y expertos jurídicos de todo el mundo. Disponible en varios idiomas, el sitio se encuentra en https://es.necessaryandproportionate.org/take-action/digitalcourage"


Y nuevamente voy a citar una nota de Ariel Torres en La Nación, donde explica detalles sobre Edward Snowden, la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA), el espionaje en la red de redes y la falsa ilusión de que al tener servidores locales, en nuestros propios países, la información estaría a resguardo. Y muchos detalles técnicos explicados "en español sencillo":

lanacion.com|Tecnología
Sábado 02 de noviembre de 2013
La compu

¿Detienen el espionaje las Internet locales?
Por Ariel Torres | LA NACION

* Más Info en PQS:

La informática debe ser una materia curricular (#InformáticaComoMateria)

Es un pedido que venimos realizando desde hace un año, desde el momento que supimos que en la "Nueva" Escuela Secundaria se dejaba de lado la enseñanza de la Informática como materia. Algo que las escuelas habían ido resolviendo mediante lo que llamé "La Informática camuflada", ya que en realidad, como los planes de estudio tienen muchos años en vigencia (leí que 60 en algunos casos) por razones obvias no la incluían.
Luego de varias reuniones con las autoridades del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires y varios intercambios y muestras de apoyo en las redes sociales, seguimos haciendo propuestas para que de alguna manera se tenga en cuenta lo que las escuelas y docentes fuimos pidiendo en cada reunión y jornada de debate por la NESC.
Toda la información la fui centralizando y organizando en el blog "La Informática Prohibida", los invito a recorrerlo en:

A casi un mes de haber sido publicada la nota que escribí para La Nación con un resumen de la lucha que venimos llevando, cada vez con más apoyo, para que se incluya a la Informática como un espacio curricular en la NESC (Nueva Escuela Secundaria de Calidad) de la CABA, la republico en este blog para los que no la leyeron.

La informática debe ser una materia curricular
Por Gustavo Cucuzza | Para LA NACION

Bill Gates dice que deberíamos enseñar a programar a los niños a edad temprana, opinión compartida por Mark Zuckerberg, el joven creador de Facebook. Steve Jobs, el carismático fundador de Apple, afirmó que "todo el mundo debería aprender a programar, porque eso te enseña a pensar". Los gobiernos de Inglaterra, Finlandia e Israel ya están enseñando a programar en la escuela primaria.

Mientras esto ocurre en el mundo, el Ministerio de Educación de la ciudad de Buenos Aires no tiene previsto incorporar la informática como materia en la llamada Nueva Escuela Secundaria (NES).

Así es: el proyecto de la NESC (Nueva Escuela Secundaria de Calidad) no contempla entre sus materias la informática, y determina que los actuales profesores de la asignatura deberán optar por una de estas dos posibilidades: convertirse en "facilitadores pedagógicos digitales", que trabajarán en pareja con los profesores de las distintas materias para ayudarlos a utilizar las herramientas TIC (tecnologías de la información y la comunicación) en la enseñanza de su disciplina, o realizar una "reconversión" para ser profesores de educación tecnológica, una asignatura que sí existe en la NES, pero que en su propuesta central no nombra ni siquiera una vez las palabras informática o computación.

¿Cómo justifican las autoridades porteñas la eliminación de la informática como materia? En realidad, no se está eliminando, porque nunca existió. Como los planes de estudio tienen más de 50 años, lo que hicieron en su momento las escuelas -con la autorización del Ministerio de Educación- fue nombrar a docentes de informática en espacios que se fueron "reconvirtiendo": taller de práctica de oficina, mecanografía, tecnología, enseñanza práctica, entre otras. Resulta entonces inexplicable que en este momento, cuando se podrían realizar las reformas necesarias para que la informática dejara de estar "camuflada" dentro de otros espacios, se decida no incluirla.

En la Nueva Escuela Secundaria, la informática es tenida en cuenta para otorgar uno de los títulos de las diez orientaciones, bachiller en informática, pero no se la considera como materia de la formación general para las demás. Esto significa que sólo los alumnos que elijan esa orientación aprenderán, por ejemplo, a buscar y seleccionar información en Internet o a usar un procesador de texto. Éstos son sólo algunos de los contenidos básicos que consideramos que deberían ser aprendidos por todos los alumnos del secundario (sumemos a la lista los cuidados que hay que tener al navegar en la Web y en las redes sociales, el análisis básico de los componentes de una computadora, las diferencias entre software libre y software privativo, el análisis y el aprendizaje para el uso inteligente de las herramientas TIC, programación).

Con mi colega Ricardo Leithner analizamos en un documento colaborativo los contenidos del bachillerato en informática y se lo presentamos a la directora de Planeamiento Educativo del Ministerio de Educación de la ciudad de Buenos Aires, considerando que un gran porcentaje de estos contenidos deberían aprenderlos todos los alumnos de la secundaria y no sólo los que elijan esa orientación.

En otro documento, junto con Marisa Conde, hicimos una propuesta integral sobre cómo consideramos que deberían enseñarse la informática y las ciencias de la computación en la escuela, con un análisis de lo que deberían abarcar y del personal necesario para hacerlo. Esto incluye a los profesores de informática para enseñar los contenidos específicos, a los facilitadores digitales para acompañar a los demás docentes en la incorporación de las netbooks como herramientas para la enseñanza de sus asignaturas y a un responsable técnico por escuela. No hay una contradicción entre la informática como disciplina con un espacio propio y el uso de las TIC en las distintas materias. Está claro que la informática es una disciplina y que la herramienta transversal que se debe usar en las demás asignaturas es la computadora.

Una de las respuestas de las autoridades es que cada escuela decida si quiere usar los espacios de opción institucional para dar contenidos de informática. El problema con esto es que en las escuelas que no lo hicieran los chicos se perderían de aprender contenidos que son fundamentales para su desempeño escolar y su futuro laboral.

Tampoco acordamos con que los profesores de informática "nos transformemos" en facilitadores pedagógicos digitales, ya que esto implicaría acompañar a los docentes de las distintas materias en la enseñanza de sus contenidos usando las TIC como herramienta transversal. Y eso no es enseñar informática, sino enseñar los contenidos de otra materia utilizando las TIC. La informática tiene contenidos propios que necesitan ser desarrollados en un espacio curricular específico, donde los conocimientos puedan ser adquiridos en forma sistemática y gradual, no esporádicamente y atados a los que se ven en otra asignatura.

Por todo esto, los profesores del área, con el apoyo de colegas de las demás asignaturas, propusimos en cada jornada de debate de la Nueva Escuela Secundaria que se tenga en cuenta la opinión de los docentes y de las escuelas, para que la informática tenga su propio espacio curricular en todas las orientaciones de la NES.

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