Inmunidad entretejida

Los tejidos del sistema inmune incluyen órganos bien definidos, con límites y localización clara (timo, bazo, ganglios linfáticos, médula ósea) y otro difuso (MALT). El MALT es el tejido linfoide asociado a mucosas; y consiste en células inmunes entremezcladas con muchas otras, sin organización ni estructura entre ellas, pero formando una red.

Hoy por hoy, estos son los tejidos. ¿Qué quiere decir ese “hoy por hoy”? ¿Es que estamos en pleno cambio evolutivo y acelerado? ¡No, no! Jejeje… No, es que “tejido inmune” es un concepto para interpretar la realidad. Es una creación de la mente humana. Y conforme más sabemos, tenemos que variar el concepto para ajustarlo a lo nuervo que descubrimos. En ese sentido es probable que la piel se termine incluyendo entre los tejidos inmunes. Por varias y poderosas razones: fabrica péptidos antibióticos que secreta con el sudor; sintetiza vitamina D (¿deberíamos decir más bien hormona D?) que influye enormemente en la capacidad inmune de nuestro organismo… Yo, de hecho, me inclinaría a incluir la ya. Incluso como órgano endocrino del sistema inmune, con la vitamina D como interruptor. Porque las razones son poderosas. Peroooo… Pero resulta que en selectividad no la admiten. Porque los libros de texto de las editoriales españolas no recogen esa idea aún… En fin… Así funcionan las cosas… Y nosotros, mientras, teniendo que repetir conceptos antiguos, no vaya a ser que a nuestro alumnado lo suspendan por conocer datos que catedráticos de universidad desconocen… Y mientras, como consecuencia de esa falta de enfoque, vivimos una epidemia de déficit de vitamina D y, como consecuencia, nuestra salud está comprometida. ¿Qué relación hay entre los enfoques memorísticos y anticuados de selectividad y ese hecho, esa epidemia? No lo sé… Pero sospecho que sí que alguna hay, que no llegan las ideas a la población hasta que no aparecen en los libros de texto, y que no aparecen el los libros de texto si no se piden en selectividad…

Pero a lo que vamos. A que repases los tejidos inmunes comúnmente aceptados. En ellos hay tejidos primarios y secundarios.

Hematopoyesis
Tomado de Wikipedia

Los primarios, lugares de producción y maduración de células inmunes. Es decir: las células nacen en una versión no activa y luego adquieren sus capacidades. Eso quiere decir maduración. La médula ósea es el principal de ellos. Ahí nacen todas las células inmunes. Muchas de ellas migran a otros sitios para madurar. Como los monocitos, que viajan por la sangre hasta los tejidos para madurar en macrófagos o en células dendríticas. O como los linfocitos T, cuyos precursores nacen en la médula ósea y viajan hasta el timo para convertirse en células capaces de ejercer su papel. Pero en la médula ósea no solo nacen células. También maduran. Es el caso de los linfocitos B. Ellos no tienen que migrar a ninguna parte, dentro de su lugar de nacimiento adquieren también sus capacidades.

¿Qué es madurar para los linfocitos? Pues verás, dos cosas: adquirir su especificidad (a qué antígenos reconocerán) mediante un proceso complejo que incluye alterar los cromosomas (recombinación somática); y eliminar a aquellos que, por casualidad, reaccionen contra moléculas del propio cuerpo (deleción clonal). Así logramos una asombrosa variedad, del orden de 1011 variedades distintas de linfocitos T y B, capaces de reconocer a un repertorio de moléculas amplísimo antes siquiera de tomar contacto con ellas. Y, a la vez, que ninguna de esas células nos dañe a nosotros mismos (si todo va bien, si no hay algún fallo que desemboque en enfermedad). Eso es madurar.

Estructura ganglio linfático Estructura ganglio linfático
Ganglio tomado de BIOL 230 Detalle tomado de BIOL 230

Los órganos secundarios (bazo, MALT, ganglios linfáticos) son puntos de encuentro entre antígeno y linfocitos. Cada uno de ellos controla una posible vía de acceso de los patógenos. El MALT busca frenar su entrada a través de las mucosas de vías digestivas, genitourinarias, respiratorias. Los ganglios linfáticos están para evitar que la infección intente entrar en la sangre desde los tejidos periféricos. El bazo (en su región llamada pulpa blanca) si la infección ya se ha propagado por la sangre. A su vez, los ganglios son centinelas que se reparten diferentes partes del cuerpo. Toda la linfa procedente de los tejidos debe pasar por alguno de ellos. Los linfocitos B se alojan en su corteza y los T en su precorteza, esperando. Su médula ganglionar es el punto de encuentro entre antígenos y células.

¿Cómo desembarcan los linfocitos en los órganos secundarios? Porque en sus lugares de destino hay capilares con células endoteliales que tienen receptores que los linfocitos reconocen y a los que se adhieren. Y porque la llegada de antígenos desencadena la producción de sustancias que los atraen hacia allí.

O sea, muelles de atraque y sirenas de alarma. Todo dispuesto para la lucha. Tejidos conectados, tejidos entretejidos. Para que luches por no morir.

Profesionalidad del sistema inmune

Complejidad… ¿Qué otra cosa se podía esperar del sistema inmune? Ese que nos lleva defendiendo cientos de millones de años de los patógenos. Porque no solo hay que escapar de los depredadores, sino también de los patógenos. Y es que donde hay algo que comer, hay algo que se lo come. Y nosostros, todos, somos algo que comer.

Para abordar esa complejidad puede servir una mirada a las células inmunitarias desde el punto de vista de su vocación profesional. Y a los órganos como los escenarios donde desarrollan su profesión. O donde las células nacen, también.

Sistema Retículoendotelial
Tomado de Medical Dictionary

La fagocitosis es la manera más obvia de atacar a un patógeno. Para ello contamos con los macrófagos, células localizadas en todos los tejidos susceptibles de ser atacados desde el exterior. Donde forman una estrecha, densa, red. Cualquier patógeno que quiera penetrar tendrá que pasar a través de ellos, sin remedio. Y la fagocitosis no es su única profesión. Una vez puesta en marcha les activa para que desarrollen otras vertientes de su acción. Es que los macrófagos son muy versátiles. P.ej., activa su aspecto de inflamocito, de célula capaz de producir inflamación. Acción que ejecutan vertiendo al medio extracelular moléculas capaces de hacer migrar a otras células, extravasar plasma de los capilares, cambiar el funcionamiento de los tejidos circundantes, etc. Los macrófagos viven entre semanas y años. Los neutrófilos también son fagocitos profesionales. Pero de vida más breve (solo días). Son una fuerza de apoyo temporal y de emergencia a macrófagos, que tienen más vocación de permanencia que los neutrófilos.

Si el patógeno es de un tamaño que hace imposible fagocitarlo (p.ej. un hongo o un protozoo), se opta por atacarlo mediante exocitosis de sustancias dañinas para él. Los neutrófilos saben hacerlo, pero solo en situaciones de emergencia. Los profesionales de la exocitosis son unos parientes suyos, los eosinófilos. Cuando su recuento es elevado en un análisis de sangre, ya puedes ir pensando en una infección parasitaria.

Inflamación
Tomada de Michael Muller (BIOS)

Como te comentaba antes, la inflamación es fundamental en la respuesta inmune. Sirve tanto para complicar la progresión de los patóngenos hacia otras regiones del cuerpo (objetivo: obstaculizar) como para atraer nuevas células que inclinen el resultado de la lucha contra el patóngeno del lado del organismo. Los inflamocitos profesionales, más que los macrófagos, son los mastocitos. Células que, como sus parientes devoradores, están en todos los tejidos. Cerca de los capilares, regulando en caso de necesidad su permeabilidad al plasma y al tráfico de células inmunitarias que habiten en la sangre o viajen por ella. Es verdad, como te decía antes, que los macrófagos pueden actuar como inflamocitos, pero nunca con tanta eficacia como los mastocitos. Los basófilos son inflamocitos profesionales pero, como los neutrófilos, de urgencia. Con una vida también más breve. Residen en la sangre pero pueden migrar a los tenidos y apoyar la inflamación desencadenada por mastocitos.

Fagocitosis e inflamación pueden ponerse en marcha de manera innata. Gracias a que portan fagocitos e inflamocitos receptores capaces de reconocer dianas moleculares raras en los tejidos pero normales en los patógenos (manosas, lipopolisacáridos, etc.). También gracias a receptores para proteínas del complemento. Es decir, que si no los activa el patógeno directamente, los activan otras defensas que sí se hayan percatado de su presencia. Y, claro está, la fagocitosis y la inflamación pueden activarse de manera adaptativa. Gracias a que existen receptores tanto para la parte constante de los anticuerpos como para células de la ese tipo de inmunidad.

La lisis celular es otra actividad inmune. Consistente en romper regiones de la membrana de los patógenos y provocar que sus células estallen o dejen de funcionar. Los linfocitos NK son citolíticos innatos. Detectan la ausencia de la marca de identidad, de pertenencia de una célula al organismo (el MHC de tipo I). Algo que es habitual en células infectadas por virus. Su acción también se puede ver potenciada por anticuerpos, cuya parte constante reconoce. Los linfocitos Tc (CD8) son citolíticos específicos, no innatos. Se activan al reconocer antígenos presentados por el MHC I en la superficie de células infectadas.

La presentación de antígenos es otra función inmune. Consiste en colocar en la superficie celular, junto a proteínas concretas (MHC de tipos I y II) fragmentos resultantes de la digestión intracelular de un patógeno. O proteínas derivadas de su actividad intracelular. Todas las células del cuerpo expresan el MHC I pero solo unas pocas el MHC II. Estas últimas son las células presentadoras de antígeno profesionales, encargadas de activar a linfocitos T y B. Y es que el MHC I provoca ser atacado. No valdría para activar inmunidad. De ahí que haya que usar el MHC II. Las células dendríticas fagocitan y digieren patógenos en los diversos tejidos. Como resultado, exponen múltiples fragmentos de ellas en su superficie. Y, hecho eso, migran. Migran a puntos de encuentro con linfocitos T y B, a lugares donde se favorezca el contacto y puedan ser activados. Los macrófagos también presentan antígeno, pero no migran. Lo hacen en el sitio donde sucede la infección y atienden a las células que llegan allí, llamadas por la inflamación. Los linfocitos B son muy eficaces presentando antígeno a los linfocitos Th, pero solo los que reconocen e internalizan mediante sus receptores específicos.

Otra profesión es reconocer antígeno. Es decir, identificar patrones moleculares específicos del patógeno que está atacando. Los linfocitos T y B tienen receptores en su membrana (TCR y BCR) que les posibilitan actuar así. Los linfocitos B pueden reconocer antígeno directamente pero los linfocitos T han de hacerlo tras un procesamiento. Normalmente digestión y posterior presentación mediante MHC I. Porque los linfocitos T solo interactúan con péptidos cortos, de 8-30 aminoácidos de longitud, no con proteínas completas. Como consecuencia de reconocer antígeno los linfocitos B secretan una versión soluble de su receptor de superficie BCR: los llamados anticuerpos. Que servirán para activar otros pasos de la inmunidad. Normalmente acciones innatas que no detectaron al patógeno pero que, ayudadas por los anticuerpos, lo lograrán.

O no… Y entonces…