¿Por qué algunas canciones nos quedan sonando en la cabeza por mucho tiempo?

Canciones y fragmentos de melodías que se repiten una y otra vez en la cabeza sin que podamos despegarnos de ellas. Esto es algo muy común y a todos nos ha sucedido alguna vez, pero ¿puede llegar esto a convertirse en un problema? La respuesta es sí y su nombre es gusano auditivo o neurogusano.

Levantarnos por la mañana, tarareando insistentemente una melodía sin saber por qué o ir paseando y que, de repente, se nos venga un fragmento o unas líneas de una canción a la cabeza y nos acompañe el resto del día es algo muy habitual y, no por ello, deja de ser curioso, ya que, en la mayoría de los casos, ni siquiera es necesario que esa canción nos guste, que la hayamos escuchado recientemente o que nos sepamos la letra perfectamente. Entonces, ¿por qué sucede?


Una de las explicaciones que dan los expertos es que nos atrae la repetición, es un mecanismo del cerebro. El tema de los gusanos auditivos ya ha sido tratado en varias ocasiones: como es el caso delneurólogo Oliver Sacks en su libro Musicofilia, sin embargo, ya en 1876 Mark Twain escribió un relato en el que hablaba de un hombre al que se le repetían constantemente unas estrofas y de cómo fue “contagiando” a otros con ese mismo “gusano”. 
Otra de las explicaciones que dan los expertos alude a la existencia de los memes que son todas aquellas unidades de una cultura que se transmiten de una persona a otra mediante la imitación y esto es lo que sucede en el caso de las melodías. Si una melodía tiene las características propicias para ser fácilmente recordada, tarareada o silbada tiene muchas posibilidades de quedarse en la cabeza y “contagiarse” a otros.Las famosas canciones pegadizas.

¿Qué es un gusano musical?

Por esa “atracción natural” hacia la repetición son las melodías más sencillas y más fáciles de recordar las que son más propensas a convertirse en gusano musical.
A esto hay que sumarle que actualmente estamos más expuestos a la música: se repite constantemente en la radio, tenemos reproductores de música que llevamos a todas partes, la publicidad está presente en todos los sitios y los publicistas saben utilizar el poder de la música y de las canciones para que su mensaje quede grabado en nuestro cerebro.
Este poder de influencia de la música hace que haya una tendencia a crear canciones de ritmos más repetitivos, prueba de ello son las pegadizas canciones de verano y las músicas de los spots publicitarios más populares. De este modo, son, precisamente, las canciones más simples, menos elaboradas y, en muchos casos, de menor calidad las que entran con más fuerza en nuestra cabeza.
En cuanto a la forma de hacer desaparecer un “gusano musical” las soluciones de cosecha propia son la mejor alternativa, ya que no hay ningún remedio fiable al 100%: hay quien prueba con escuchar otras canciones para borrar la que ya tenemos en mente, otra gente opta por escuchar la melodía que les atormenta una y otra vez hasta que desaparece por aborrecimiento…lo cierto es que el gusano auditivo, por regla general, desaparece de repente, de la misma forma que ha aparecido, por lo que la paciencia será el mejor arma para luchar contra este tipo de gusano.

Fuente: http://www.mundo-geo.es

Escritores y gigantes: Samperio

En nuestro segmento dedicado a la lectura de cuentos, textos y poemas en Gigantes Gentiles, Guillermo Samperio.


Guillermo Samperio – Bajar

La cortina del segmento es El sueño del celta, de y por el músico rosarino Juan Chianelli.

Más cuentos leidos, haciendo clic aquí.

¡Que lo disfruten!

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Apuntes relacionados:

Impronta

¿Sabéis que es la impronta? Sí, hombre, ¿recordáis aquello de que cuando nacen los gansos siguen a lo primero que se mueve? Normalmente es la madre, pero puede ser una persona o incluso un coche de juguete. Técnicamente es un aprendizaje en una fase temprana del desarrollo, que es más o menos rápido y que es, al parecer, independiente de las consecuencias. Y de la impronta, su historia y algunas curiosidades relacionadas con nosotros, los humanos, os hablaré en nuestra historia de hoy.

Parece ser que el primero que descubrió (al menos, quien dejó constancia escrita) fue un biólogo llamado Douglas Alexander Spalding allá por los años 1870. Describió cómo un pollito recién nacido “seguirá a cualquier otro en movimiento. Y si se deja guiar sólo por la vista, no parece tener una mayor disposición a seguir a una gallina que a un pato o a un ser humano… Existe un instinto a seguir; y antes que la experiencia, es el sentido del oído el que le vincula al objeto adecuado”. Explicó que si se ponía una capucha a un pollito durante los cuatro días primeros de vida, este huía de su lado nada más quitársela, pero que si se la quitaba un día antes corría hacia él. Así que no sólo la vista, sino también el oído tienen importancia en algunos animales, como los pollitos, a la hora de establecer la impronta.

Posteriormente, el fenómeno fue redescubierto por Oskar Heinroth pero tanto este último como Spalding cayeron en el olvido y sería otro hombre quien se llevaría la gloria por su trabajo sobre la impronta. La historia de este otro hombre empieza allá por el año 1909, en unas zonas pantanosas del Danubio al este de Austria, cerca de Altenberg. A un niño de 6 años y a su amiga un vecino les regaló dos patitos recién nacidos. Los niños criaron a los patitos y estos les seguían a todas partes creyendo que eran sus padres. Aquel niño se llamaba Konrad Lorenz y la niña sería su futura esposa (según la wikipedia, Annemarie; según el libro que cito al final, Gretl).

Lorenz llegó más lejos y 64 años después de aquella experiencia diría: De lo que no nos dimos cuenta fue de que en el mismo proceso los patitos crearon una impronta en mí. (…) Toda una vida de esfuerzos está determinada por una experiencia decisiva en la infancia.

En 1935 describió la impronta de forma más científica. Se percató de que el periodo durante el cual se establece esa impronta es muy pequeño. Si la cría tenía menos de 15 horas de vida o más de 3 días no se creaba dicha impronta. Una vez establecida, el animal se bloqueaba y no podía aprender a seguir una figura materna distinta.

Fue él quien el primero en introducir la palabra imprinting (en alemán prägung) en la ciencia; y fue él quien estableció el concepto de “periodo crítico”, o sea, una ventana durante la cual el entorno actúa irreversiblemente en el desarrollo de la conducta. A Lorenz le parecía muy importante la impronta porque era en sí mismo un instinto.

Niko Tinbergen estuvo con Lorenz en Altenberg en la primavera de 1937 y entre los dos inventaron la ciencia de la etología. Por sus trabajos se llevaron el Premio Nobel de 1973.

Pero llegando un poco más lejos, la cría de oca no seguirá a nada, a no ser que haya algo a lo que seguir. Antes de esa situación, la mente de la oca estará abierta al concepto de cómo es una “madre”. Fijaos que es allí donde el entorno moldea nuestra conducta.

Tal y como con los patitos le habían costado poco en la infancia, cuando fue mayor le empezaron a costar un poco más. Y fue así hasta que se dio cuenta que con estos había que hacer ruidos específicos de pato. En otras palabras: los patos, a diferencia de las ocas, necesitan tanto ver como oír a sus madres. En 1960 Gilbert Gottlieb vio que los ruidos a los que seguían los patitos eran más poderosos si eran de su propia especie, a pesar de que antes de ello no podían saber cuál venía de alguien de su especie y cuándo no. Para acabar de comprobarlo, dejó mudos a los patitos mediante una operación en sus cuerdas vocales mientras estaban en el huevo. Entonces, una vez que nacían, no tenían preferencia por los ruidos de una madre de su especie. La conclusión era que los patitos sabían cuál era el sonido correcto porque lo habían oído antes de salir del cascarón.

Ahora bien, ¿es la impronta una peculiaridad de patos, ocas o similares o los seres humanos y otros animales tenemos también algo similar?

Hay miles de ejemplos en los que los seres humanos son maleables en su juventud, pero todas ellas quedan establecidas en la edad adulta. Por así decirlo, ni la imagen materna de la cría de oca ni la cultura del niño son en modo alguno innatas. Pero la capacidad de absorber ambas cosas sí lo es.

Un ejemplo: el acento. Las personas cambian sus acentos fácilmente su juventud, generalmente, adoptando el de la gente que los rodea. Pero en algún momento entre los 25 y los 35 años esta flexibilidad, sencillamente, desaparece. A partir de ahí, incluso si una persona emigra a otro país y vive allí durante años, su acento cambiará muy poco.

En 1967, un psicólogo de Harvard, Eric Lenneberg, publicó un libro en el que planteaba que la capacidad de aprender el lenguaje está sometida también a un periodo crítico que termina de manera brusca en la pubertad. Pero, ¿cómo podría demostrarse una cosa así? Sencillo: privando de todo tipo de lenguaje a un niño hasta los 13 años y entonces intentar enseñarle a hablar. Obviamente, nadie en su sano juicio haría un experimento similar. Pero todos hemos oído hablar de niños salvajes y seguro que alguna cosa nos podrían mostrar.

En 1800 fue encontrado en Languedoc un niño llamado Víctor, el niño salvaje de Aveyron, que había estado en estado salvaje hasta los 11 o 12 años de su vida. A pesar de dos años de esfuerzo, su profesor no consiguió hacerle hablar y cuando dejé a mi alumno seguía siendo completamente mudo. El segundo caso del siglo XIX fue Kaspar Hauser, un joven descubierto en Nuremberg en 1828 que parecía haber estado en una única habitación sin casi contacto humano durante sus 16 años de vida. Incluso después de una enseñanza muy cuidada, la sintaxis de Kaspar seguía encontrándose en un estado de confusión desastroso.

Otro caso bastante más trágico fue el de una niña de 13 años llamada Genie, descubierta en Los Ángeles, que había estado encerrada en una habitación totalmente en silencio, casi siempre atada a una silla con un orinal o enjaulada en una cuna. Su vocabulario constaba de dos palabras: stop it y no more. Su rehabilitación fue igual de trágica, pasando unos padres adoptivos a otros. Algunos de esos hogares la maltrataron. En uno de ellos, en que fue severamente castigada (no se sabe exactamente de qué manera) por vomitar, adquiriendo nuevamente miedo por abrir la boca, con lo que nuevamente dejó de hablar. Hoy vive en una institución para adultos ubicada en Los Ángeles. Aprendió mucho, tenía un grado de inteligencia elevado y su capacidad para resolver rompecabezas correspondía con una edad superior a la suya. Sin embargo, jamás aprendió a hablar. No podía entender cómo hacer una frase interrogativa simplemente cambiando el orden, ni cómo cambiar un “tú” por un “yo”.

Todos estos ejemplos sugieren que el lenguaje no se desarrolla siguiendo simplemente un programa genético, ni tampoco es sólo absorbido por el ambiente externo: el lenguaje requiere una impronta.

Hay otro curioso aspecto en el que es básica la impronta y es el del incesto. Ya en 1981, Edward Westermarck, un pionero de la sociología, publicó un libro en el que sugería que los seres humanos evitaban el incesto más por instinto que por obedecer las leyes. Pasaron 40 años antes que alguien pudiera dar una experiencia que lo corroborara. Arthur Wolf analizó los datos demográficos registrados por la fuerza japonesa que ocupó Taiwan en el siglo XIX. Observó que los taiwaneses habían practicado dos tipos de matrimonio concertados. En uno de ellos, la pareja se conocía el día de la boda (aunque el compromiso se había establecido años atrás), y en el otro la novia era adoptada por la familia del novio desde niña y criada por la familia política (en este caso, ambos experimentarían algo similar a casarse con un hermano). Si se cumplía lo que Westermarck afirmaba, estos últimos matrimonios tendrían más problemas que los primeros.

Wolf recogió información de 14.200 mujeres taiwanesas contratadas para matrimonio menor durante la última parte del siglo XIX y la primera del XX y los matrimonios que habían vivido en la misma familia tenían un riesgo 2,65 veces mayor de terminar en divorcio que los primeros. No solo eso: con frecuencia los padres tenían que obligar a la pareja que se había conocido desde pequeña a que consumara el matrimonio, en algunos casos bajo amenaza de castigo físico. Aun así, tenían un 40% menos de hijos y un tercio de dichos matrimonios acabó cometiendo adulterio, en contraposición al 10% de los otros matrimonios.

Desde entonces, muchos estudios han confirmado esos hallazgos. Como podemos ver, evitar el incesto es algo que llevamos en los genes, y no es por una cuestión de leyes. Esa aversión por el incesto entre quienes crecen juntos en la misma familia parece ser un claro ejemplo de impronta durante un periodo crítico de los primeros años de vida, independientemente de que sean familia directa o adoptada. Y parece ser más fuerte en las mujeres que en los hombres.

Así pues, puede que no vayamos persiguiendo lo primero que se mueve al nacer, pero queda claro que la impronta la tenemos, de algún modo, en nuestra propia naturaleza.

Fuentes:
Matt Ridley, ¿Qué nos hace humanos?
Consilience, Edward O. Wilson

Espacio y tiempo más allá y más acá del ojo y de lo cotidiano

A veces no terminamos de comprender lo muy extraña que le hubiera debido parecer nuestra ciencia, y nuestra concepción del mundo, a gentes de hace apenas cuatro o cinco siglos, o más atrás. Definitivamente, los instrumentos que nos permiten explorar lo muy pequeño y lo muy grande, arrancado con los microscopios y los telescopios, fueron la fuente de la revolución científica que trajo el establecimiento del método científico. Que no es otra cosa que un protocolo para considerar que el conocimiento adquirido a través de la experiencia es objetivo, y no subjetivo. Es decir, que da igual el observador, lo observado será siendo lo mismo.

En la raíz de esa exploración de los espacios mínimos y máximos está la lente. Que es el instrumento que hemos usado para domesticar la luz. Para hacerla converger en un punto y poder observar. O para hacerla diverger y poder amplificar la información qué hay en esa luz. O, combinándolas, aprovechar las propiedades de ambos tipos.

Hoy tenemos más maneras de explorar los mundos pequeños y los gigantescos. Hoy hemos aprendido a mirar con más detalle las distintas informaciones que proceden de allí. Fotones de todas las longitudes de ondas, partículas subatómicas, cargas eléctricas, gravedad… Hoy tenemos más información sobre esos mundos que la que nos da la mera luz.

Para los mundos de tiempos muy cortos o de tiempos muy prolongados hemos descubierto otra herramienta. El cálculo diferencial y el cálculo integral. Aquí nuestro microscopio y nuestro telescopio es, en los dos casos, la matemática.

No puedo ni imaginar lo extraño que hubiera resultado para gentes del siglo II d.C., p.ej., ver este vídeo…

EJERCICIOS PARA ESCAPE DEL CALLEJÓN

Preparé ejercicios complementarios para los juegos de la serie LA HUIDA en los que los chicos a partir de los 7-8 años aproximadamente, deben resolver cuestiones espaciales y, mediante observación, descubrir objetos en la imagen del juego y ubicarlos según consignas que deben leer e interpretar. Claro que también pueden jugar muchas veces con el mismo, pues los objetos del INVENTARIO -escondidos- nunca aparecerán en los mismos lugares, ¡antes de lograr escapar!
La HUIDA es una serie muy adecuada para la Educación especial ya que no le da al jugador un tiempo límite para hacer las acciones, de manera que cualquier chico -con más o menos dificultades en el manejo del mouse para clickear arrastrar, etc.- en algún momento logrará escapar del lugar, una vez que logre descubrir esos objetos escondidos, muchas veces arrastrando otros para reubicarlos.
La idea es que además los alumnos puedan reconstruir la escena reinventando partes de la historia de persecución del famoso ladrón Gistrucho, reordenando los demás objetos que aparecen en la misma.

Ejemplo de parte de uno de los ejercicios:


NO ABANDONES EL CALLEJÓN ANTES DE…
(Para ayudar a Raisa K, la detective que está colaborando en esta investigación de Interpol)

Ubicar bastante carteles en la puerta más ancha.
Mandar a los fantasmas donde está la tumba.
Ocultar las botas (por ejemplo detrás del sillón).
Los sombreros de bruja junto al cesto de basura.
El tesoro junto a la pócima amarilla sobre los libros.
El oso de peluche en el costado izquierdo del sillón.
Y además, quiero reunir –para llevarme-:
El camión de transportes, la mochila roja, el morral verde, el sombrero, la bolsa marrón y una lámpara para iluminar el camino. Debo salir cuanto antes.

Atentamente, Detective Raisa K
(Pantalla del juego ESCAPE DEL CALLEJÓN, de la serie LA HUIDA, resuelto por mi alumno Matías.)
(Programación: Rosa Kaufman, y 3D: Daniel Sforzini, 2012)

claustro de despedida

Hoy ha sido mi último día en el IES Profesor Máximo Trueba, de Boadilla del Monte. Bueno, tendré que ir un par de días en septiembre a los exámenes, pero oficialmente soy profesora (por fin, con plaza definitiva) de un instituto de Pinto. No es que me disguste Pinto, ni mucho menos, ni siquiera lo conozco, pero qué pena da dejar un centro en el que te has sentido muy bien.

Me han dado un ramo de flores al acabar el claustro y creo que ha sido la primera vez en mi vida que me pasa eso. No me lo esperaba, ni muchísimo menos, así que no he sabido cómo reaccionar ni qué decir. Se me amontonaban las cosas en la cabeza, pisándose unas a otras.

La verdad es que este trabajo es más oficio que trabajo. Cada año se aprenden cosas nuevas, cada profesor te aporta algo, los alumnos siempre están enseñándote y de este centro siempre hay miles de cosas que llevarse a la cabeza. Me quedo con muchos ratos felices en ese centro. Muchísimos. Sobre todo, me quedo con la complicidad de algunos compañeros. Aurora me ha enseñado a entender a los alumnos, a mirar más allá de las notas, a tener paciencia y quererles. Es la mejor profesora que he conocido y he tenido la suerte inmensa de tenerla en el departamento de enfrente durante tres años. Bárbara es la dedicación personificada, la eficiencia, las ganas de que todo funcione, la dirección más verde y más marea, el esqueleto del instituto, la persona que hace que todo funcione tan bien como funciona. Todo mi departamento me ha mostrado cientos de colores a la hora de enseñar las matemáticas, cada uno con sus matices. De cada uno de ellos me llevo algún truco de clase, alguna idea, alguna ecuación por resolver. Marisa, Claire, Paloma, Mercedes, Ana, Carlos, Ramón, Clara, Marifi, Vicente, Pilar, Santos, Germán, Nieves, Marga, Carolina, María, Mariano, Rosa... Todos forman parte de un equipo al que voy a echar mucho de menos.

Me voy a Pinto, seguramente a dar clase de Bachillerato en turno nocturno. Seguro que también vendrán cosas buenas, pero se me queda en el Trueba un cachito de tiza. Que me la guarden.
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La informática, los docentes y los cambios en la escuela…



En esta ocasión quiero compartir una presentación de Hugo Martínez y un artículo de Gustavo Iaies y Juan Ruibal.

La presentación no es la 1ª que comparto de este autor, pero en esta ocasión, quiero destacar 2 diapositivas:



¿Y por qué las destaco en especial?

Porque es una de las primeras veces que veo que se destaca "lo que el docente necesita"...  algo que parece que fue olvidado en el camino por la constante bajada de línea que dice que "los alumnos ahora tienen "el poder" y "obligan" a los docentes a cambiar su forma de dar clase"...
Claro, este "supuesto" estaba basado en los "poderes fantásticos" de los nativos digitales y su capacidad multitarea... ¿Será que la práctica en las aulas habrá confirmado lo que vengo sosteniendo hace años, desde mi realidad docente, sobre la inexistencia de dichos "nativos digitales" y sus "superpoderes"?

La presentación completa (muy interesante y para el debate):


Y el artículo, creo que revaloriza el rol de la escuela...  fácilmente vapuleada en esos análisis/diagnósticos que la critican "porque no sirve" pero nunca aportan soluciones ni propuestas para el cambio...


El copete es fundamental:

"La inclusión de nuevas tecnologías en las aulas, sin atender a los objetivos y las prácticas esenciales de la educación, es más disruptiva que benéfica."

Lo mismo que estos párrafos que voy a destacar:

..."¿Estamos pensando estas tecnologías como aplicaciones asesinas o como un aporte al mejoramiento de una tecnología principal: la escuela? Entre los días 13 y 15 de junio en Brasilia, el CEPP organizó una reunión de los responsables de políticas de contenidos digitales de los Ministerios de Educación de la región. Entre los acuerdos, aparece la idea de que las estrategias menos disruptivas con la vida de la escuela tienen mayor impacto que aquellas que pretenden ponerla “patas para arriba” ."...

..."¿Cuáles son esas competencias que la escuela sí o sí tiene que garantizar? Sin duda, son la adquisición de la lectura, la escritura, la comunicación, los conceptos matemáticos, la posibilidad de pensar el mundo natural y social, la introducción en el pensamiento científico.
Entonces, el problema es buscar la mejor “tecnología” para poder enseñar esas competencias."...

..."Quizás, el problema de la introducción de tecnologías en la educación es haberlas pensado como tecnologías asesinas, haberse centrado en cambiar la escuela, en lugar de hacerlo en mejorar la experiencia educativa global de los chicos. Aportar a la mejora del aula, pero también al trabajo en las casas, a los sistemas de apoyo y consultas entre docentes y alumnos, a la participación en foros de interés."... 

..."Las nuevas tecnologías pueden aportar mucho a la educación si dejan de querer construir una escuela a su imagen y semejanza. Deben entender que ella es en sí misma una tecnología, que además de enseñar, transmite valores, experiencias de socialización, modos de trabajar con otros. Y las computadoras pueden aportar a esas tareas, aunque todavía no lo han demostrado en la medida de la promesa que generan."...

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velocidad de obturación

Velocidad de obturación


Todas las noches a las diez, Silvia acompañaba a Mario al garaje. Mario paraba el coche en la esquina de su calle y besaba a Silvia con prisa, mirando la hora y quejándose de sus turnos de trabajo. Al salir del garaje, ella se bajaba con la cámara de fotos y veía cómo el coche de Mario giraba a la izquierda tras el semáforo y se perdía entre el resto de luces.

Silvia estaba obsesionada con las ventanas a raíz de una exposición de Hopper que vio un año atrás. Desde entonces, buscaba sin parar escenas que fotografiar a través de ventanas ajenas, rastreando en cada fachada una grieta de intimidad. A Silvia le fascinaba el hecho de que sus protagonistas anónimos se sintieran seguros, recogidos, llenos de privacidad en su casa sin saber que alguien desde la calle fotografiaba sus cenas con amigos, sus discusiones o sus costumbres al masturbarse. Podía empotrarse en cada una de esas vidas tan rutinarias como la suya, tan aburridas y estúpidas. Silvia las vivía desde fuera, decidiendo la velocidad de obturación del próximo disparo, eligiendo la siguiente escena de una novela gráfica.

Sin embargo, desde hacía dos semanas Silvia repetía caminando el mismo recorrido tras la marcha de Mario. Giró a la izquierda tras el semáforo y caminó hasta el final de la calle, parándose frente a un edificio de ladrillo visto color teja. Se quedó en silencio mirando la fachada del segundo y deseando que fuera una de esas veces que no bajaban la persiana. Efectivamente, dejaron la persiana subida y la ventana abierta. Sólo se veía el borde de la cama, pero mientras Silvia colocaba el objetivo en el cuerpo de la cámara, apareció en ropa interior negra de encaje la mujer pelirroja, igual de exultante que siempre. Segundos después apareció Mario ya desnudo. Ese día Silvia aprovechó a la perfección cada disparo y cada envite, la luz era perfecta y los cuerpos se movían al ritmo de las fotos, dibujando las posturas como si fueran actores dirigidos por ella misma.

Cuando acabaron, la habitación se quedó a oscuras. Silvia trató recordar la última vez que Mario y ella se acostaron. Se acordó de las enormes bragas blancas que llevaba ese día y del mal aliento de Mario. Ella ni siquiera se quitó el sujetador y Mario no hizo nada por quitárselo. Recordó que ni se besaron; ya nunca se besaban, era como si les asquease la saliva del otro. Mario le insistía en que no se concentraba. Ella pensaba en que debería quitar el gotelé.

Silvia estaba ya guardando la cámara cuando la luz de la habitación se volvió a encender. Los dos estaban vestidos. La pelirroja agitaba los brazos y gritaba sin parar. Mario intentaba calmarla mientras ella, llorando, le señalaba el anillo de casado. Antes de que Mario pudiera decir nada más, la pelirroja le escupió en la cara y poco después se apagó la luz.

Mientras recorría en silencio toda la avenida de vuelta a casa, Silvia se lamentó por su lentitud: le habría encantado fotografiar el momento justo en el que la pelirroja escupía. Se excitó al recordarlo a cámara lenta, visualizando la ráfaga de disparos con la saliva perfectamente enfocada en el aire hasta que se aplastaba en la cara de Mario sin que él encontrase la excusa a tiempo. Lo encontró sublime.

La mañana siguiente, Mario le despertó con un beso. Silvia se levantó y le observó despacio de arriba a abajo, enfundado todavía en el uniforme del trabajo. Apestaba a sudor cuando le abrazó, besándole sin parar el cuello y diciéndole que la quería, que la quería muchísimo. Ella se separó medio metro y empezó a mover despacio la lengua dentro de la boca mientras él repetía cuánto le había echado de menos toda la noche. Silvia saboreó esos tres segundos a cámara lenta, tomó impulso y estampó su saliva en la mejilla de Mario como si fuera la bala de un revólver. Cuando le señaló las maletas de la puerta, decidió que empezaría a quitar el gotelé esa misma tarde.


[Fotografía de live-14zawa bajo licencia Creative Commons]

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Presentación de mi intervención en EDUmasTIC

Ayer pasé un día feliz en compañía de mis amigos del Colegio Base de Madrid en las jornadas EDU+TIC. Esta es la presentación que utilicé durante mi intervención:

Desde mi blog quiero expresae las gracias a la Fundación “Colegio Base” por la invitación y el exquisito trato que me han dispensado.


Cuando estén listos los vídeos de las intervenciones os lo haré saber.

Página web de las jornadas con enlaces a todas las ponencias.

La multitarea colapsa el cerebro


..."Aunque el avance tecnológico ha puesto de moda la multitarea, un estudio reciente asegura que los que envían un correo electrónico mientras ven un vídeo en YouTube y responden a una llamada por el móvil acaban haciéndose la cabeza un lío. En concreto, se despistan más, retienen menos y, lo que parecía ser su fuerte, tardan más en pasar de una tarea a otra."...

..."Un último experimento de este trabajo, cuyos resultados se publicaron en la revista PNAS, pretendió salvar la honra de los usuarios más activos de la multitarea. Se supone, partiendo de investigaciones previas, que aquellos que habitualmente manejan varios flujos de información a la vez (navegar por Internet, escuchar música y ver la televisión, por ejemplo) están mejor entrenados para cambiar de foco en un momento dado."...
..."Pues tampoco: los usuarios intensivos de la multitarea tardaron en atender a una nueva tarea 167 milisegundos más, como promedio, que los usuarios más ocasionales."...

..."El profesor Clifford Nass, que también ha participado en la investigación, cree que sus resultados son relevantes en una época en que la tecnología ha disparado la multitarea. "Las personas habituales de la multitarea creen que son buenas haciendo varias cosas a la vez", recuerda. Pero el estudio les contradice. "Son peores en cada una de las áreas cognitivas necesarias para la multitarea", añade Nass."...
 
..."¿Pueden aplicarse los resultados de la investigación a otro tipo de tareas no relacionadas con la informática multimedia?
Nos centramos en los flujos multimedia. Sin embargo, y esto es importante, las pruebas a las que les sometimos no son específicamente multimedia. Se usan de forma habitual para medir las habilidades cognitivas. Por eso, creemos que la multitarea multimedia está relacionada con el incremento de la distracción, las representaciones mentales irrelevantes y los problemas para cambiar de una tarea a otra, independientemente de la actividad de que se trate."

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