“Adivina qué es…” 1 (13/14) y “Enigma científico” 1 (13/14)

Un curso más comenzamos con las nuevas convocatorias de los concursos “Adivina qué es… y “Enigma Científico”. La resolución de ambas cuestiones debe realizarse como comentario a este artículo (No a la fotografía) hasta el 13 de Noviembre a las 24,00 horas. Recordad que es muy importante ser lo más preciso posible en vuestra respuesta […]

El riesgo de la contaminación en la UE.

Corresponsal: Esther Abós Zumeta Podría decirse que en las ciudades europeas disfrutamos de una calidad de aire superior al que se respira en las grandes ciudades de Asia, donde la mayoría de los días no se puede ver más allá de los cien metros debido a una atmósfera extremadamente contaminada. Pero no por ganarles en […]

Artefactos Digitales para el Diseño de Actividades y Tareas de Aprendizaje

Artefactos Digitales para el Diseño de Actividades y Tareas de Aprendizaje  es un magnífico documento de Conecta 13 que todo profesor 2.0 debe tener a mao a la hora de diseñar tareas con herramientas digitales para sus alumnos.

Cecilia Payne-Gaposchkin

Durante mucho tiempo se pensó que la composición de las estrellas como nuestro Sol debían ser muy similares a la composición de planetas como el nuestro. La persona que nos sacó de ese error no fue un astrónomo… sino una astrónoma. La maravillosa Cecilia Payne. Lo que vais a leer está sacado del libro Eurekas y Euforias, de Walter Gratzer, otro de aquellos libros maravillosos que recomiendo leer. Me encanta la conclusión final. Sin más preámbulo os copio y pego lo que dice ese libro.

Cecilia Payne-Gaposchkin (1900-1979) fue una astrónoma de gran relieve que sin duda hubiera logrado aún más de lo que consiguió si no hubiera tenido que luchar contra los prejuicios de una profesión aferrada a la tradición. Licenciada en Cambridge inmediatamente después de la primera guerra mundial, intentó inicialmente hacerse bióloga, pero la física formaba parte de su Tripos en Ciencia Natural y así se encontró en el Laboratorio Cavendish, aterrorizada por unos profesores predominantemente misóginos, especialmente Ernest Rutherford, en cuyas clases fue obligada, como única mujer, a sentarse en la primera fila y ser la receptora de las ironías olímpicas del gran hombre.

El trabajo de laboratorio era el terreno del doctor Searle, una némesis barbada y explosiva que producía terror en mi corazón. Si uno cometía un error era enviado a permanecer «de pie en el rincón» como un niño que se ha portado mal. No tenía paciencia con las estudiantes femeninas. Decía que perturbaban el equipamiento magnético y más de una vez le oí gritar: «¡Vaya y quítese su corsé!», pues la mayoría de las chicas llevaban entonces esas prendas en las que los huesos de ballena que les daban rigidez empezaban a ser reemplazados por varillas de acero. Pese a todas sus excentricidades, nos dio una excelente formación en todo tipo de medidas precisas y en el tratamiento correcto de los datos.

La epifanía de Cecilia Payne llegó una tarde cuando, como ella dijo, se le abrió espectacularmente la puerta a un nuevo mundo:

Estaba prevista una conferencia en la Gran Sala del Trinity College. El profesor Eddington iba a anunciar los resultados de la expedición que había dirigido en 1919 para observar el eclipse en Brasil. A los estudiantes del Newnham College se les habían asignado cuatro entradas para la conferencia y (casi por accidente, pues uno de mis amigos no pudo ir) una entrada me tocó a mí. La gran sala estaba abarrotada. El orador era un hombre delgado y de tez oscura que parecía ajeno a su audiencia y hablaba con una completa indiferencia. Hizo un esbozo de la Teoría de la Relatividad en lenguaje popular, como nadie mejor que él podría hacerlo. Describió la contracción de Lorentz-Fitzgerald [una manifestación de la relatividad], el experimento de Michelson-Morley [medida de la velocidad de la luz] y sus consecuencias [la eliminación del éter de la física, de acuerdo con la teoría de Einstein]. Llegó al desplazamiento de las imágenes estelares cerca del Sol tal como predecía Einstein y describió su verificación de la predicción. El resultado fue una completa transformación de mi imagen del mundo. De nuevo fui consciente del estruendo que produjo la comprensión de que todo movimiento es relativo. Cuando volví a mi habitación descubrí que podía reproducir la conferencia palabra por palabra … Creo que durante tres noches no dormí. Mi mundo había quedado tan sacudido que experimenté algo muy parecido a una depresión nerviosa.

Desde entonces, Cecilia Payne quedó completamente enamorada de la astronomía. Leyó todos los libros sobre el tema que pudo encontrar en la biblioteca. El maravilloso Hypothéses cosmogoniques de Henri Poincaré se convirtió, recuerda ella, en una fuente perenne de inspiración.

Supe que iba a haber una noche abierta al público en el Observatorio. Fui en bicicleta por Madingley Road y encontré a los visitantes reunidos en el telescopio Sheepshanks, ese curioso instrumento que, en palabras de William Marshall [un astrónomo residente] «combinaba todas las desventajas de un refractor y un reflector» … El brusco pero amable segundo ayudante, Henry Green, estaba ajustando el telescopio y al poco tiempo tuve una vista de una estrella doble cuyas componentes (como él señaló) diferían en color. «¿Cómo puede ser eso si tienen la misma edad?», le pregunté. Él no encontraba una respuesta y viendo que yo seguía con mis preguntas abandonó desesperado. «Te dejaré encargada de esto», dijo, y se fue escaleras abajo. Para entonces, él había orientado el instrumento a la espiral Andrómeda. Yo empecé a explayarme sobre ella (¡el cielo perdone mi presuntuosidad!) y estaba de pie con una niña pequeña en mis brazos diciéndole lo que tenía que mirar. Oí una risa ahogada detrás de mí y encontré a Eddington allí de pie.

Como le oí decir más tarde cuando llegué a conocerle, Henry Green había ido al estudio de «el profesor» y le dijo: «Hay una mujer haciendo preguntas», y le pidió ayuda. Había llegado el momento y no perdí la oportunidad. Le dije que me gustaría ser astrónoma. ¿Fue entonces o fue más tarde cuando me dio la respuesta que iba a sostenerme frente a tantos rechazos? «No puedo ver ninguna objeción insuperable». Le pregunté qué debería leer. Él mencionó varios libros y descubrí que los había leído todos. Así que él me remitió al Monthly Notices y al Astrophysical Journal. Estaban disponibles en la biblioteca del Observatorio en la que dijo que yo sería bienvenida. Para parafrasear el epitafio de Herschel [William Herschel, el astrónomo del siglo XVIII, él me había abierto las puertas de los cielos.

El entusiasmo y la determinación de Cecilia Payne le ganaron la estima de los más jóvenes y más brillantes astrónomos de Cambridge. Así es como conoció a uno de los más famosos:

Una tarde subí en bicicleta al observatorio de Física Solar con una pregunta en mi mente. Encontré a un joven, al que el cabello le caía sobre los ojos, que estaba sentado en el tejado de uno de los edificios y reparándolo. «He venido a preguntar», le grité, «por qué el efecto Stark [el efecto de un campo eléctrico sobre la posición de las líneas de un espectro] no se observa en los espectros estelares». Bajó y se presentó como E. A. Milne, el segundo en el mando del observatorio. Más tarde se convirtió en un buen amigo y una gran inspiración para mí. No sabía la respuesta a mi pregunta, que sigue preocupándome.

A pesar del apoyo de Milne y Eddington, Cecilia Payne no pudo progresar en el mundo cerrado de la astronomía británica, de modo que se trasladó a Harvard donde siguió una carrera notable. Su trabajo más famoso concernía a la composición del Sol. Ella demostró que la interpretación entonces aceptada de las líneas del espectro de la luz solar —según la cual éstas reflejaban la presencia de hierro en gran abundancia en el interior del Sol— estaba equivocada.

Descubrió que el Sol estaba formado fundamentalmente por hidrógeno y que el resto era helio. Este resultado, desarrollado en su tesis doctoral, era demasiado revolucionario para la comunidad de Harvard y sólo le atrajo desdenes, especialmente por parte del decano de los astrónomos norteamericanos, el pomposo y poderoso Henry Norris Russell.

Se necesitaron algunos años para que el trabajo de Cecilia Payne fuese confirmado y aceptado. Y, por supuesto, dio la explicación —fusión nuclear— para el aparentemente inagotable suministro de energía del Sol. Ella fue reivindicada por un análisis teórico de no otro que el propio Russell, quien con retraso le dio su pleno crédito, aunque sin reconocer su anterior repudio hacia aquel trabajo. Harvard siguió sin hacer nada por promocionar su carrera y, pese a la magnitud de sus logros, se le impuso una carga docente tan grande que estuvo a punto de acabar con su investigación. Fue muy admirada como profesora y en una etapa posterior de su carrera se las arregló para colaborar en un proyecto de investigación con su hija, quien siguió sus pasos en la astronomía pero en una época más abierta. Para entonces ella había llegado a ser catedrática y directora del departamento de astronomía de Harvard. Se había casado con un bullicioso astrónomo ruso, Sergei Gaposchkin, a quien había conocido en Europa cuando él estaba en mala situación y había conseguido introducirlo en la facultad de Harvard. Él nunca fue realmente mucho más que el ayudante de su mujer, y en una ocasión se le oyó decir con exageración aparentemente inconsciente: «Cecilia es una científica incluso más grande que yo».

En sus memorias, Cecilia Payne aconsejaba a los aspirantes a científico:

Los jóvenes, especialmente las mujeres jóvenes, suelen pedirme consejo. Aquí está, valeat quantum. No emprendas una carrera científica en busca de fama o dinero. Hay maneras más fáciles y mejores de conseguirlos. Empréndela sólo si nada más te satisface; pues nada más es probablemente lo que recibirás.

Walter Gratzer, Eurekas y Euforias.

Las insuficiencias de la economía

La economía es una cien cia limitada. Sirve para lo que sirve, y no sirve para lo que no sirve. El problema es que se está utilizando mal. Como si la economía fuera un sistema de decisiones universal. Y ni lo es ni puede serlo.

Una de las consecuencias más graves es la insostenibilidad que rige el uso de los recursos, con el beneficio como único criterio. Otra de las consecuencias es la desigualdad desatada. Que genera problemas sociales pero también ambientales. Desigualdad que afecta a cuestiones tan básicas como la salud, sin ir más lejos.

Estamos en una crisis que va más allá de lo financiero. Y hay razones que dicen por qué la economía no sirve para salir de ella, razones que atañen a sus insuficiencias como ciencia. O mejor dicho, a sus insuficiencias como tecnología de la decisión.

Que son bien conocidas por los científicos y que se sabe que fueron la causa de la actual crisis.1) Se basa en la eficiencia de Pareto: no empeorar a nadie para mejorar a alguien. Esto, así dicho, tiene buena pinta. Pero la realidad es que la eficiencia de Pareto mantiene distribuciones de Pareto. En la que los ricos no pueden perder para mejorar a los pobres. Esa es la principal consecuencia de esa eficiencia. Por tanto, los datos macroeconómicos no dicen nada del reparto. O mejor dicho, sí dicen. Que va a seguir igual. Que el 80-90% del crecimiento que indica la macroeconomía irá al 10-20% más pudiente. La economía no habla de a quién va el dinero. No de un modo explícito. No en sus ecuaciones. 

Fuente: The 80/20 rule
2) La economía se ocupa de maximizar la producción (para maximizar beneficios), no de mejorar el nivel de vida. Que los datos macroeconómicos mejoren no significa que la gente vaya a vivir mejor. Ni peor. Significa que habrá más productos a la venta. No queda claro si habrá más dinero para adquirirlos ni si serán los productos adecuados para tener una vida más plena y feliz.3) La economía no indica finalidades de los productos no dicen para qué se produce lo que vamos a producir más. Ni para quién. Solo dicen que vamos a producir más, no quién los obtendrá y si los disfrutará quien más los necesita. Los datos de crecimiento macroeconómico no garantizan ninguna equidad o sostenibilidad por sí mismos. Solo garantizan que hoy habrá productos. Pero de mañana no dicen nada. Y de si han llegado a quien más los precisa, tampoco. 

4) La economía no atiende lo que no es monetizable (no tiene valor de cambio) por ser insustituible. Es decir, la economía no entiende de lo que no se puede cambiar por dinero. Y hay muchas cosas que no se pueden cambiar por dinero. Porque el dinero es instrumento de cambio. Sirve para comprender cuál es la relación entre peces y libros cuando vas a una tienda. Eso es lo que se llama valor de cambio. Pero ¿qué pasa si algo es insustituible? La economía asume que el valor no es lo mismo que el precio y no le importa. Por lo que esos datos macroeconómicos no nos dicen si estamos perdiendo algo que no podremos recuperar, ni nos indican cómo están evolucionando las relaciones sociales que, a la postre, es lo que importa. Porque la economía no sabe poner precio a un ecosistema o a las relaciones sociales. Y si se dañan pero así se obtiene un beneficio, pues muy bien.

5) La economía, al monetizar mal muchos elementos, no da información de ellos. Y confunde la ausencia de información con valor cero. Así, si hay una crisis en ciernes, no avisa de ella hasta que llega. Y no dicen cómo se abordará. La macroeconomía no está dando suficientes señales de cómo vamos a abordar la triple crisis que nos va a llegar: alimentaria (no disponemos de suelos buenos, que lógicamente ya están ocupados y solo tenemos suelos marginales, de peor calidad, para producir cada vez más comida; ni tecnologías, ya que vivimos de las rentas de la revolución verde, para dar de comer a una población creciente y crecientemente exigente); ambiental (no hace falta comentarla…); energética (fin del petróleo abundante y barato; quizá aún sea abundante, pero no barato; y no están disponibles fuentes de energías que lo puedan suplir por completo, ni lo van a estar en un tiempo). Los datos macroeconómicos no nos dicen si nos estamos preparando suficientemente para eso.

6) La economía no se ocupa de lo abundante, solo de lo escaso. Lo cual quiere decir, aplicado a estos datos macroeconómicos, que vamos a reducir la escasez, pero no a garantizar que los productos sean los adecuados y que lleguen a quien más los necesita. Y también esos datos pueden representar que algo que era abundante ahora es escaso y tenemos que esforzarnos en producirlo. Lo que hace crecer la economía pero disminuir nuestro bienestar. Es curioso que la economía, para crecer, necesita que, primero, haya escasez. Crea los problemas que luego resuelve…

Fuente: Mayra Falcón
7) La economía se preocupa de intercambiar productos por dinero, no de satisfacer a todo el mundo. Por definición la economía deja demanda insatisfecha. Toda la demanda que compraría el producto por debajo del precio. Pero no puede porque por debajo del precio no hay oferta. Lo cual, para artículos que no sean de necesidad, no es un problema. Pero sí lo es para servicios públicos, en los que no puede quedar demanda insatisfecha. 

Fuente: Sala de Inversión
De verdad que me he esforzado en mirar las grietas buscando luz, pero por ellas solo he visto oscuridad. Sobre todo porque creo que la mejoría de los datos macroeconómicos que puedan suceder se deberán a lo que digo en la última frase del último argumento: lo que haga crecer la economía disminuirá nuestro bienestar y la sostenibilidad del planeta. 

Vamos a toda máquina, y con gran eficacia, hacia no se sabe dónde. Porque la economía no lo sabe. No entiende de rumbos, solo de velocidades.