Aprender haciendo mucho: los mitos de ser "multitasking"

Otra publicación, esta vez de una docente venezolana, en la misma línea de las entradas que voy agrupando con la etiqueta multitarea en [PQS] Para que sepan.
 
Manejar directo a una reunión, revisar el celular para enviar un mensaje al encargado de llevar el café y a quien tiene la presentación, retocar el maquillaje, calcular el tiempo que nos tomará llegar con el tráfico complicado y tomarnos el primer café del día. Todo simultáneamente. Sí, las mujeres pareciéramos estar mejor equipadas para la multitarea o «multitasking», pero eso es un mito.

El escenario anterior pudo ser el perfecto momento previo a una película de terror: vuela el café caliente por los aires cuando nos agachamos a recoger el celular que se ha caído al piso del carro, mientras frenamos repentinamente al enterarnos que quien debía llevar la presentación a esa reunión tan importante no podrá llegar. El resultado final: se nos ha corrido la máscara de pestañas.

En realidad, ser multitarea está sobrevalorado. Nadie puede hacer muchas cosas al mismo tiempo y hacerlas con los más altos niveles de excelencia. Aunque nuestro cerebro está capacitado para manejar varias tareas a la vez (caminamos y respiramos simultáneamente, por ejemplo), la automatización es necesaria para que eso ocurra con propiedad.

¿Nuestro cerebro es multitasking?

Ser multitarea es asunto de la evolución (Thank you, Mr. Darwin!). Pero aun cuando hemos respirado y caminado simultáneamente toda la vida, las nuevas tecnologías digitales nos han brindado una mejor comprensión de lo que significa verdaderamente ser multitarea. Si un computador es capaz de procesar grandes cantidades de información de formas distintas, ¿por qué no nuestro cerebro?

Hoy día es una necesidad hacer varias cosas a la vez (además de caminar y respirar). Pero creer ciegamente que hacer muchas cosas a la vez es signo de mayor productividad es un gran error. En realidad lo que hacemos es pasar de una tarea a otra con pasmosa velocidad y eso, amigos míos, no es lo mismo que caminar y respirar. Al contrario, es caminar un paso sosteniendo la respiración y luego, antes de dar el siguiente paso, respirar.

Científicamente hablando, a parte de las funciones propias del cuerpo (sí, como caminar y respirar), nuestro cerebro sólo puede realmente concentrarse en una tarea a la vez. Por ello, cuando creemos estar haciendo muchas cosas simultáneamente, en realidad hacemos una tras otra velozmente.

Mitos sobre ser multitasking

Cocinar mientras escuchamos atentamente la radio parece no presentar dificultad para nadie. Pero si nos pidieran que luego de escuchar ese programa radial, deberemos resumir los puntos fundamentales tratados, entonces la cosa cambia. Haremos pausas mientras cortamos la cebolla para escuchar con mayor atención, no lo duden.

MITO 1: Ser multitarea es un asunto nuevo, propio de los millenials.
FALSO. Ya lo dijimos, Mr. Darwin nos enseñó que la evolución es la explicación a que podamos caminar, respirar y conversar con un amigo al mismo tiempo. La vida misma de los seres humanos depende de su capacidad multitasking. Los procesos corporales no hacen una fila para llevarse a cabo. Ocurren simultáneamente.

En la actualidad llevamos una vida tan apresurada que se nos exige atender asuntos diversos en un breve tiempo, llevándonos muchas veces al colapso. Los llamados millenials son los más afectados, porque han crecido en un ambiente que les obliga a realizar muchas cosas a la vez. Revisar decenas de redes sociales antes de llegar al trabajo o a clase, puede significar una ceguera auto-inducida en cuanto al medio que les rodea.

MITO 2: Ser multitarea nos hace más eficiente.
FALSO. No sólo es falso, es un desastre que se piense que es posible ser más eficiente mientras más multitarea se es. Nuestro cerebro se convierte en un francotirador, que dispara atención a diestra y siniestra procurando matar tareas aquí y allá. ¿Cuál es el saldo? Probablemente pocas bajas y las que contabilizamos, de seguro no murieron de un solo tiro. Hacer mucho a la vez sólo debilita la atención que brindamos a cada tarea.

Estudios científicos han comprobado que saltar de una tarea a otra reduce hasta un 40% nuestra productividad y, en consecuencia, la eficiencia de nuestro desempeño se reduce también. La cantidad de errores que cometemos tiende a aumentar exponencialmente y, al final, esto aumenta el tiempo para realizar cada tarea en lugar de reducirlo.

MITO 3: Ser multitarea es beneficioso para nuestro cerebro.
FALSO. No sólo podemos ocasionar un terrible accidente de tránsito si usamos nuestro teléfono mientras manejamos, sino que además estresa a nuestro cerebro enormemente. Esto provoca que ese maravilloso cuerpo de materia gris producto de la evolución (Thanks again, Mr. Darwin!) se encuentre tan sobre estimulado que le será imposible reaccionar con rapidez en asuntos sencillos.

Nuestro cerebro, como nuestros músculos, requiere descanso, requiere un instante de solaz para pasar de una tarea a la otra. Sus conexiones neuronales no son infinitas, pero actuando como seres multitarea asumimos erróneamente que así es. El cerebro no puede estar en constante estado de alerta, pues eso aumenta –a la larga- el ritmo cardíaco. Pero comprendamos también que si estudiamos para un examen mientras veíamos el último juego de la Serie Mundial y los resultados no son buenos, entonces agregamos a nuestro cuerpo más estrés y problemas de autoestima.

¿Se aprende haciendo más o menos?

El aprendizaje en un entorno que nos obliga a ser multitarea se hace cada vez más complicado. En años recientes, se ha demostrado que la tendencia multitarea provoca que nuestro cerebro envejezca más rápidamente. Nuestra memoria se afecta y cada vez más tendemos a tener menos capacidad de retener cosas a corto plazo.

Si escuchamos Mozart o Pink Floyd mientras estudiamos Cálculo, es muy probable que en algún momento la música secuestre toda la atención de nuestro cerebro y tengamos que empezar nuevamente el proceso de despeje de variables. ¿Es negativo entonces escuchar música mientras se estudia? No necesariamente, pero debemos saber cómo aprovechar las bondades estimulantes de la música mientras estudiamos. De cualquier manera, cada cerebro es un mundo y a algunos le vendrá mejor Mozart que Pink Floyd.

Lo cierto es que si tenemos en mano nuestro smartphone mientras leemos algunos reportes financieros, podemos aprovechar las ventajas de ese dispositivo para verificar datos o fuentes de información. No obstante, si permitimos que nuestros dedos y nuestros ojos se distraigan con la revisión de la lista de trending topics en Twitter, estaremos perdidos.

El asunto es la atención. Si atendemos muchas tareas a la vez, una de ellas capturará nuestra atención y las demás sufrirán las consecuencias. Somos capaces de hacer mucho y de aprender mucho en muy poco tiempo, pero eso no significa que debamos (y podamos) hacerlos simultáneamente. Así pues, una máscara de pestañas mal puesta siempre será síntoma de que algo estamos haciendo mal.

Fuente: Ziegler D., M. (2016). Aprender haciendo mucho: los mitos de ser «multitasking». [Blog] teachlr blog. Disponible en: https://blog.teachlr.com/los-mitos-de-ser-multitasking [Último accesso 17 Dic. 2016].

[Libro] Vamos a comprar mentiras

Las empresas que fabrican alimentos funcionales y cosméticos o bien nos engañan o bien nos inducen a que pensemos algo que no es real, cada uno aplique la definición que crea que encaja mejor. Esa es la conclusión que uno saca cuando lee el libro que quiero comentaros hoy. Está escrito por José Manuel López Nicolás, doctor en Ciencias Químicas de la Universidad de Murcia, al que tengo el gusto y placer de conocer personalmente y al que he escuchado en numerosas y maravillosas charlas. Os hago el habitual resumen.

El término alimento funcional fue propuesto en la década de los 80 en Japón, pero se centra en aquellos que confieren al consumidor una determinada propiedad beneficiosa para la salud, independientemente de sus propiedades puramente nutritivas. Pueden obtenerse eliminando un componente (lactosa, gluten, etc), incrementando la concentración de un componente que ya tenían (vitaminas, minerales, etc) o añadir un componente que no tenían (un lactobacilo o ácidos grasos como el omega-3).

Lo primero que hay que decir es que no hacen falta si llevamos una dieta equilibrada. Y, la verdad, después de haber leído el libro, no puedo dejar de preguntarme si servirían de algo en caso de no llevar dicha dieta equilibrada. La pregunta es, ¿es cierto lo que publicitan? Y en caso de ser así, ¿es por lo que anuncian a bombo y platillo?

Antes de la creación de la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) y la puesta en marcha del Reglamento (CE) 1924/2006, todo lo que rodeaba a la publicidad alimentaria era un cachondeo donde reinaba el fraude y la mentira. En 2009, el famoso Actimel recibió en Alemania el Premio a la Mentira Publicitaria Más Insolente por el eslogan “Actimel activa tus defensas”. Pero no era la única: de 44.000 solicitudes presentadas sólo se aprobaron 222.

El problema es que se dejaron una puerta abierta. En el Reglamento (CE) 1169/2011 dicen que si pones en un producto el 15% de la cantidad diaria recomendada de vitamina B6 ya puedes decir que “ayuda al normal funcionamiento del sistema inmunitario”. Utilizan la técnica del asterisco, es decir, muestran algo que se ve mucho y que induce al ciudadano a pensar que aquello es por lo que el producto es bueno, pero si mira lo que dice el asterisco es porque incluye ese porcentaje de la vitamina que le permite ponerlo. Lo que no dice es que un plátano, por ejemplo, contiene tres veces más de vitamina B6 y es tres veces más barato. Y esa técnica del asterisco la utilizan marcas como Danone con el citado Actimel o Hacendado. ¿Legal? Sí ¿Ético? Cada uno juzgue por sí mismo.

Por otro lado, el Reglamento (CE) nº 1924/2006 dice que (…) la utilización de declaraciones nutricionales y de propiedades no deberá: a) ser falsa, ambigua o engañosa. Y es dudoso que aquí entre la técnica del asterisco.

Algo similar sucede con los “Bio” y “Eco” que sólo pueden aplicarse a alimentos que procedan de la agricultura y ganadería ecológica, desapareciendo los Biomanán, Biofrutas y yogur Bio, entre otros. El Biomanán pasó a Bimanán, los Biofrutas a Bifrutas y los Danone pasaron a Activia. Las leches calcio pueden decir que ayudan al mantenimiento de los huesos (Reglamento (UE) 1169/2011) si aportan 5,6 microgramos de vitamina K por cada 100 ml. Una cantidad ridícula, pues en 100 gramos de una ensalada de lechugas variadas hay 315 microgramos de Vitamina K.

Explica los problemas actuales por el gran consumo de azúcar que hacernos, pero no sólo el que nos ponemos en el café, sino en el de las bebidas azucaradas. El problema es tan grave que en Nueva York quisieron incluso prohibir las bebidas que contenían más de 16 onzas (0.464 litros), pues 6.000 ciudadanos de esa ciudad mueren cada año por obesidad y uno de cada ocho presenta problemas de diabetes. Por tanto, recomienda reducir el consumo de azúcar.

Habla del daño que están haciendo esos anuncios que dicen “sin aditivos”, “sin colorantes”, “sin conservantes” (“sin porquerías”, como hizo la marca Hero). ¿Qué es lo que la mayoría de la gente piensa cuando lee esos eslóganes? Pues que son malos. Y no lo son. Sin muchos de esos productos muchos no podríamos tener comida disponible. Por cierto, el producto que se anunciaba “sin porquerías”, habían sustituido en la etiqueta los clásicos E-500 ii, E-503 ii y E-399 i por el nombre del producto químico. ¿No podemos considerar esto un intento de engaño? Además, fijaos en la perversión porque si por porquerías se referían a esos aditivos, sí que los llevaban realmente.

Habla de los bulos que corren muchas veces por Internet, como que el colorante 4-metilimidazol en Coca-Cola y Pepsi era una sustancia cancerígena. Y de hecho lo es, siempre y cuando seas capaz de consumir 21.000 latas diarias… Antes morirías por un tsunami de cola.

El autor deja clara su posición, en lo que a los medios de comunicación se refiere:

No soporto la equidistancia como norma. Siempre he defendido que no se puede cruzar el río sin mojarse. Debido a esta forma de pensar, debo ser contundente a la hora de dar mi opinión sobre la creciente presencia de la pseudociencia en los medios de comunicación. Me parece indignante y un peligro contra la salud que cada vez más medios cedan su púlpito para que homeópatas, antivacunas, antiantenas, conspiranoicos, futurólogos, esotéricos o similares expresen libremente sus opiniones sin ningún rigor científico ni posibilidad de réplica. El medio de comunicación es totalmente responsable no solo de entrevistar a estos personajes cuyo mensaje está calando en la sociedad, sino de otorgarles portadas, contraportadas, programas de TV o radio en horario de máxima audiencia.

Nos habla también de la nanotecnología y su papel en la alimentación. Un pelo tiene de grosor entre 80.000 y 100.000 nanómetros de anchura y una hoja de papel unos 100.000. Un nanómetro sería la longitud que crece una uña ¡en un segundo! El diámetro de la doble hélice del ADN tiene de diámetro unos 2,5 nanómetros y hay virus que tienen del orden de 100.

Países como EEUU, China, Japón, Rusia, Taiwan han apostado fuerte por la nanotecnología, pero en España, a pesar de contar contar con una buena base científica, el número de empresas que realizan investigación en este campo no superan el centenar. Hemos de investigar en nanotecnología, pero es también importante explicar al público los conocimientos generados por esas investigaciones.

También habla de la confusión que inducen las empresas al consumidor con eslóganes como “Reducir el colesterol” o “Ralentizar el envejecimiento celular”. ¿Son eslóganes de publicidad alimentaria o sanitaria? Si fuera sanitaria, la normativa exigiría que demostraran su efectividad con pruebas.

El Gobierno de Navarra llamó productos “milagro” a los complementos alimenticios por ser aquellos que se comercializan como poseedores de propiedades para el tratamiento o prevención de enfermedades, para modificar el estado físico o psicológico, o para restaurar, corregir o modificar funciones fisiológicas, sin estar respaldadas por suficientes pruebas técnicas o científicas acreditadas, expresamente reconocidas por la administración sanitaria. Y es que si lo hicieran sería realmente un milagro.

Respecto a los cosméticos, estamos totalmente desprotegidos.

Según la legislación actual la interpretación e la publicidad debe hacerse tomando como parámetro el del consumidor medio, que es aquel normalmente informado y razonablemente atento y perspicaz, quien, además, deberá haber interpretado el anuncio en su conjunto teniendo en cuenta los factores sociales, culturales y lingüísticos.

¿Normalmente informado? ¿Razonablemente atento y perspicaz? ¿Interpretar el anuncio en su conjunto? Todas estas subjetividades son resquicios legales a los que se han acogido las empresas para escapar de las multas, ya que según argumentan ellas no tienen la culpa de que el consumidor se crea al pie de la letra ciertos mensajes publicitarios claramente exagerados.

Así que el título de ese capítulo viene como anillo al dedo: “Nueve de cada diez empresas de cosméticas te toman el pelo”.

Lancôme hace gala, por ejemplo, de “reactivar genes y estimular las proteínas de la juventud recuperando la piel su calidad original en tan solo 7 días”. ¿Alguien puede decir cuáles son los genes y proteínas de la juventud? ¿Existen los genes y proteínas de la vejez o de la niñez? Como ya se ve, en el campo de los cosméticos es un despiporre. Curiosamente, para los americanos (la FDA), eso de activar los genes rebasaba la línea entre la cosmética y la medicina, pero en Europa no; así que según las legislaciones, en Europa reactiva los genes y en América no. ¿Es un despiporre o no?

También explica cómo L’Oréal decía las maravillas de una proteína llamada arginina, pero hay un problema: la arginina no es una proteína, sino un aminoácido. La firma cambió su publicidad diciendo que era un “activo esencial” porque con la quimiofobia que existe en la sociedad, ¿cómo iban a llamarla amino-ÁCIDO?

Habla de aquellos productos que se publicitan “sin parabenos”, un tipo de conservantes, por la sospecha de que podían causar cáncer de mama. Según estudios posteriores no es así pero sigue publicitándose y, lo que es más irónico, esos productos utilizan otros conservantes de los que no se han hecho estudios a largo plazo.

Y si eres estudiante también explica por qué una sardina te ayudará igual o mejor que el De Memory con la memoria pero más barato (del orden de 100 veces).

Finalmente, explica las líneas generales a seguir en caso de que sospechemos algún tipo de publicidad engañosa y enumera los que considera culpables de este tipo de cosas. El último culpable somos nosotros. Y realmente somos nosotros quienes compramos esos productos que nos venden con eslóganes que, aun siendo legales, son engañosos (o, si preferís, inducen a engaño).

O todos (legisladores, administración, medios de comunicación, científicos, ciudadanos, etc.) arrimamos el hombro o la trampa siempre irá por delante del conocimiento… que no les quepa la menor duda.

Si bien el autor ha dado el primer paso para intentar cambiar las cosas, yo ya he dado el segundo dejando de comprar un buen lote de productos que habitualmente compraba.

Un libro diferente, que se ha convertido en el referente de lo que podemos esperar sobre lo que nos anuncian en el sector de la alimentación funcional y la cosmética. Recomendado para todos los públicos.

Portada del libro

Título: “Vamos a comprar mentiras”
Autor: José Manuel López Nicolás