La polémica del uso de biocombustibles y sus alternativas

Ya os he comentado en clase la polémica sobre el uso de alimentos básicos vegetales para la producción de biocombustibles por el encarecimiento de dichos productos.

Por ello, voy a hacer un refrito de artículos anteriores en este blog para tratar con más extensión este tema y sus posibles alternativas:

En un artículo muy interesante del número de noviembre de 2007 de la revista National Geographic de España se tratan los pros y los contras de los biocombustibles (bioetanol y biodiésel), donde se puede obtener una serie de datos que he resumido en el siguiente pdf:


Para más información visitad la siguiente web (en inglés). 

Por otra parte, la producción y consumo de biocombustibles, como el etanol, no contribuyen a la disminución neta de emisiones de efecto invernadero según los cálculos hechos sobre diferentes escenarios del mundo por dos equipos de economistas. Sólo en el caso de que se cultivara en terrenos baldíos la materia prima, como es el maíz o la caña de azúcar, las ventajas superarían a los inconvenientes.

Ver artículo completo en elpais.com


Leo en el suplemento especial Negocios del periódico El País un estupendo y extenso artículo sobre los pros y los contras, predominando estos últimos, del uso de los biocombustibles sobre aspectos fundamentales para la humanidad, como la seguridad, la alimentación mundial, el cambio climático, etc.

Por otra parte, se destaca el hecho de la disparidad en los costes de producción de los biocarburantes en países, como EE UU y la Unión Europea, respecto de otros como Brasil, lo que hace que pueda ser viable esta fuente de energía alternativa si se disminuyen los costes respecto de los combustibles fósiles.

Las malas cosechas de los últimos años, las escasas reservas de cereales, la subida del precio del crudo por encima de los 120 dólares, así como la fuerte demanda de los biocarburantes son los causantes de que se hayan disparado todas las alarmas. En el punto de mira está precisamente esta fuente alternativa de energía utilizada sobre todo en los países más desarrollados, que ha sido en buena parte causante de la subida de precios al servirse de cereales, semillas oleaginosas y azúcar. No se trata ni mucho menos de eliminarla, pero sí, como observa la FAO, de poner coto a los subsidios que reciben quienes la producen y a liberalizar por completo su comercio.

En otro artículo del mismo suplemento se analiza la situación actual y las previsiones futuras, parece ser no muy halagüeñas, sobre la producción de biocarburantes en España: ver artículo completo.

Los biocombustibles han pasado de héroes a villanos. En la cumbre de junio de 2008 de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) quedó claro que se han convertido en un factor de encarecimiento de los alimentos.


En 2008 se desarrollaron de forma significativa los biocarburantes de la segunda generación que se producen a partir de biomasa “lignocelulósica”, es decir, de desechos agrícolas (como la paja del cereal, el rastrojo del maíz, la celulosa de la caña de azúcar, la cáscara de los cereales, hojas…), resíduos forestales (restos de poda y tala de árboles) o cultivos energéticos ex profeso. Además se incluyen los conocidos como “biocombustibles sintéticos”, esto es, los que se obtienen a partir de la gasificación de biomasa (BtL, Biomass-to Liquid).

Últimamente se contempla otra alternativa, ya que se puede producir carburante a partir de microalgas, celulosa u otras materias no alimenticias y que se pueden cultivar en laboratorio. En España varias empresas, como Microalgas de Acciona, trabajan en la producción de biocarburantes a partir de microalgas. Estos seres unicelulares crecen más rápido que las plantas y son fáciles de manipular y se desarrollan en una gran variedad de medios acuosos, sin robar espacio a los suelos aptos para la agricultura.


Ya se comentó hace tiempo en este blog que la utilización de ciertos productos agrícolas básicos para la producción de biocombustibles ha traído el grave problema del encarecimiento de estos alimentos y, por tanto, un agravamiento del hambre en los países que dependen de esta materia prima.

El objetivo ahora se centra en lograr biocarburantes prácticamente de cualquier sustancia susceptible de reciclarse y utilizarse en su producción: parte no comestible de los vegetales, residuos forestales, paja de cebada, bacterias transformadas mediante biotecnología (el inevitable Craig Venter ya está en ello con su nueva empresa Synthetic Genomics), heces fecales, la fritanga o aceite refrito, etc.