Etiquetas ambientales de la DGT

La DGT realiza la clasificación del parque de vehículos correspondiente al 50% más limpio (unos 16
millones). Esta categorización se origina en el Plan nacional de calidad del aire y protección de la atmósfera 2013-2016 (Plan Aire) en el que se afirma que tanto las partículas como el dióxido de nitrógeno tienen en el tráfico rodado la principal fuente de emisión en las grandes ciudades y propone la clasificación de los vehículos en función de los niveles de contaminación que emiten.

La clasificación del parque tiene como objetivo discriminar positivamente a los vehículos más respetuosos con el medio ambiente y ser un instrumento eficaz en políticas municipales, tanto restrictivas de tráfico en episodios de alta contaminación, como de promoción de nuevas tecnologías a través de beneficios fiscales o relativos a la movilidad y el medio ambiente.

La clasificación de los vehículos está consignada en el registro nacional de vehículos de la DGT y a la misma podrán acceder en tiempo real los organismos con competencia en materia de movilidad, seguridad vial, tributaria o en medio ambiente y se detalla a continuación:
Cero emisiones

Ciclomotores, triciclos, cuadriciclos y motocicletas; turismos; furgonetas ligeras, vehículos de más de 8 plazas y vehículos de transporte de mercancías clasificados en el Registro de Vehículos de la DGT como vehículos eléctricos de batería (BEV), vehículo eléctrico de autonomía extendida (REEV), vehículo eléctrico híbrido enchufable (PHEV) con una autonomía mínima de 40 kilómetros o vehículos de pila de combustible.


Turismos, furgonetas ligeras, vehículos de más de 8 plazas y vehículos de transporte de mercancías clasificados en el Registro de Vehículos como vehículos híbridos enchufables con autonomía menor que 40 km, vehículos híbridos no enchufables (HEV), vehículos propulsados por gas natural, vehículos propulsados por gas natural (GNC y GNL) o gas licuado del petróleo (GLP).
En todo caso, deberán cumplir los criterios de la etiqueta C.




Turismos y furgonetas ligeras de gasolina matriculadas a partir de enero de 2006 y diésel a partir de 2014. Vehículos de más de 8 plazas y de transporte de mercancías, tanto de gasolina como de diésel, matriculados a partir de 2014. Por tanto, los de gasolina deben cumplir la norma Euro 4,5 y 6 y en Diésel la Euro 6.




Turismos y furgonetas ligeras de gasolina matriculadas a partir de enero del año 2000 y de diésel a partir de enero de 2006.Vehículos de más de 8 plazas y de transporte de mercancías tanto de gasolina como de diésel matriculados a partir de 2005. Por tanto, los de gasolina deben cumplir la norma Euro 3 y en Diésel la Euro 4 y 5.




El plan de la DGT es continuar con la clasificación del resto del parque de vehículos hasta tener etiquetados los 32 millones de vehículos de los que actualmente se compone nuestro parque automovilístico.

Cada autoridad con competencia en materias relativas a la fiscalidad, movilidad y medio ambiente podrá decidir en cada momento qué incentivos ofrece a los vehículos menos contaminantes en su ámbito de competencia. Por ejemplo, la DGT permite ya circular en el carril bus VAO a vehículos “Cero emisiones”.
Imáges y texto tomadas de: http://www.dgt.es/es/seguridad-vial

¿Ecoetiquetado o ecoconfusión?

El último apartado del bloque temático de Gestión Ambiental trata de los instrumentos utilizados para realizar dicha gestión. Como bien indica vuestro libro de texto, los instrumentos son de varios tipos: medidas legales, ayudas financieras I+D, medidas fiscales (ecotasas, desgravaciones fiscales), ordenación del territorio, la EIA (Evaluación de Impacto Ambiental) y la ecoeficiencia de las empresas y productos (ecoauditorías y ecoetiquetas). Relacionado con estas últimas, es este artículo de mayo de 2012 de la OCU:

Las etiquetas ecológicas o ecoetiquetas son símbolos que se otorgan a aquellos productos cuya producción y reciclado producen un menor impacto sobre el medio ambiente debido a que cumplen una serie de criterios ecológicos definidos previamente por el análisis de su ciclo de vida.

Los orígenes de las ecoetiquetas se pueden encontrar en la creciente conciencia global de proteger el medio ambiente por parte de los gobiernos, las empresas y el público en general. Inicialmente, sobre todo en los países desarrollados, algunas empresas reconocieron que esa conciencia global podía generar una ventaja competitiva para ciertos productos. Entonces se incluían etiquetas con expresiones tales como “reciclable”, “baja energía” y “contenido reciclado”.

Estas etiquetas atraían a los consumidores que las veían como una forma de reducir los impactos ambientales a través de sus hábitos de consumo. Sin embargo, se inducía a la confusión, ya que al no existir unas guías estándar y de investigación a cargo de terceras partes, los consumidores no podían asegurar la veracidad de las afirmaciones realizadas en los productos.

Fuente: revista OCU Compra Maestra nº 370, mayo 2012
Según un estudio de 2012 de la OCU (publicado en el nº 370 de la revista OCU Compra Maestra) sobre el ecoetiquetado:

"Por un lado, el significado de muchos de estos símbolos y logotipos no es suficientemente conocido por el consumidor. Por otro lado, abundan las ecoetiquetas que se conceden las marcas sin una supervisión independiente, así como los reclamos infundados o engañosos. Una indefinición que, a falta de una regulación legal que obligue a cumplir ciertos preceptos, no contribuye precisamente a generar confianza.
Al hacer nuestro estudio hemos podido comprobar la recurrencia de estos y otros problemas. Y es que más de la mitad de las alegaciones resultaron ser confusas o no se justificaban de ninguna manera. Sin embargo, el problema no se reduce al exceso de autodeclaraciones poco verificables, concretas y con poca o nula base científica. También reside en la escasa repercusión de etiquetas que sí suponen una garantía.

Mercadona nos brindó un buen ejemplo de esta problemática: pese a que todos sus productos de celulosa tenían la certificación FSC, dejó de imprimirla porque sus clientes no la identificaban. En lugar de eso, prefirió usar el logo de WWF (World Wildlife Fund), una organización que apoya el sistema FSC, y que resulta más familiar para sus compradores.

El caso es que seis años después de nuestro anterior estudio, subsisten muchas de las lacras ya descubiertas entonces, incluido un elevado grado de confusión por culpa de un gran número de etiquetas inútiles o con doble sentido y de la coexistencia de varias etiquetas diferentes para un mismo mensaje".

Tras revisar 116 productos y comprobar que 3 de cada 4 llevan alguna etiqueta medioambiental, pero que solo la mitad de ellas tienen alguna utilidad, la OCU exige adoptar algunas medidas:

• Una reglamentación bien definida de los sistemas de ecoetiquetado. Y que se regule legalmente cómo deben presentarse y en qué deben fundamentarse las alegaciones medioambientales.
• Armonizar las iniciativas de ecoetiquetado mediante un enfoque común para un mismo tipo de información.
• Promover la integración para evitar el absurdo de que existan etiquetas europeas, nacionales, autonómicas y hasta privadas para un mismo producto.
• Divulgar mejor y con total transparencia para poder identificar los productos con información ambiental y saber interpretar esa información.
• Llevar a cabo controles antes, durante y después de que un producto empiece a usar una certificación ambiental. Y que todas las etiquetas y autodeclaraciones inútiles desaparezcan del mercado.

Mucha más información sobre el ecoetiquetado en la web de  Eco Smes.

¿Ecoetiquetado o ecoconfusión?

El último apartado del bloque temático de Gestión Ambiental trata de los instrumentos utilizados para realizar dicha gestión. Como bien indica vuestro libro de texto, los instrumentos son de varios tipos: medidas legales, ayudas financieras I+D, medidas fiscales (ecotasas, desgravaciones fiscales), ordenación del territorio, la EIA (Evaluación de Impacto Ambiental) y la ecoeficiencia de las empresas y productos (ecoauditorías y ecoetiquetas). Relacionado con estas últimas, es este artículo de mayo de 2012 de la OCU:

Las etiquetas ecológicas o ecoetiquetas son símbolos que se otorgan a aquellos productos cuya producción y reciclado producen un menor impacto sobre el medio ambiente debido a que cumplen una serie de criterios ecológicos definidos previamente por el análisis de su ciclo de vida.

Los orígenes de las ecoetiquetas se pueden encontrar en la creciente conciencia global de proteger el medio ambiente por parte de los gobiernos, las empresas y el público en general. Inicialmente, sobre todo en los países desarrollados, algunas empresas reconocieron que esa conciencia global podía generar una ventaja competitiva para ciertos productos. Entonces se incluían etiquetas con expresiones tales como “reciclable”, “baja energía” y “contenido reciclado”.

Estas etiquetas atraían a los consumidores que las veían como una forma de reducir los impactos ambientales a través de sus hábitos de consumo. Sin embargo, se inducía a la confusión, ya que al no existir unas guías estándar y de investigación a cargo de terceras partes, los consumidores no podían asegurar la veracidad de las afirmaciones realizadas en los productos.

Fuente: revista OCU Compra Maestra nº 370, mayo 2012
Según un estudio reciente de la OCU (publicado en el nº 370 de la revista OCU Compra Maestra) sobre el ecoetiquetado:

"Por un lado, el significado de muchos de estos símbolos y logotipos no es suficientemente conocido por el consumidor. Por otro lado, abundan las ecoetiquetas que se conceden las marcas sin una supervisión independiente, así como los reclamos infundados o engañosos. Una indefinición que, a falta de una regulación legal que obligue a cumplir ciertos preceptos, no contribuye precisamente a generar confianza.
Al hacer nuestro estudio hemos podido comprobar la recurrencia de estos y otros problemas. Y es que más de la mitad de las alegaciones resultaron ser confusas o no se justificaban de ninguna manera. Sin embargo, el problema no se reduce al exceso de autodeclaraciones poco verificables, concretas y con poca o nula base científica. También reside en la escasa repercusión de etiquetas que sí suponen una garantía.

Mercadona nos brindó un buen ejemplo de esta problemática: pese a que todos sus productos de celulosa tenían la certificación FSC, dejó de imprimirla porque sus clientes no la identificaban. En lugar de eso, prefirió usar el logo de WWF (World Wildlife Fund), una organización que apoya el sistema FSC, y que resulta más familiar para sus compradores.

El caso es que seis años después de nuestro anterior estudio, subsisten muchas de las lacras ya descubiertas entonces, incluido un elevado grado de confusión por culpa de un gran número de etiquetas inútiles o con doble sentido y de la coexistencia de varias etiquetas diferentes para un mismo mensaje".

Tras revisar 116 productos y comprobar que 3 de cada 4 llevan alguna etiqueta medioambiental, pero que solo la mitad de ellas tienen alguna utilidad, la OCU exige adoptar algunas medidas:

• Una reglamentación bien definida de los sistemas de ecoetiquetado. Y que se regule legalmente cómo deben presentarse y en qué deben fundamentarse las alegaciones medioambientales.
• Armonizar las iniciativas de ecoetiquetado mediante un enfoque común para un mismo tipo de información.
• Promover la integración para evitar el absurdo de que existan etiquetas europeas, nacionales, autonómicas y hasta privadas para un mismo producto.
• Divulgar mejor y con total transparencia para poder identificar los productos con información ambiental y saber interpretar esa información.
• Llevar a cabo controles antes, durante y después de que un producto empiece a usar una certificación ambiental. Y que todas las etiquetas y autodeclaraciones inútiles desaparezcan del mercado.

Mucha más información sobre el ecoetiquetado en la web de  Eco Smes.

¿Ecoetiquetado o ecoconfusión?

El último apartado del bloque temático de Gestión Ambiental trata de los instrumentos utilizados para realizar dicha gestión. Como bien indica vuestro libro de texto, los instrumentos son de varios tipos: medidas legales, ayudas financieras I+D, medidas fiscales (ecotasas, desgravaciones fiscales), ordenación del territorio, la EIA (Evaluación de Impacto Ambiental) y la ecoeficiencia de las empresas y productos (ecoauditorías y ecoetiquetas). Relacionado con estas últimas, es este artículo de mayo de 2012 de la OCU:

Las etiquetas ecológicas o ecoetiquetas son símbolos que se otorgan a aquellos productos cuya producción y reciclado producen un menor impacto sobre el medio ambiente debido a que cumplen una serie de criterios ecológicos definidos previamente por el análisis de su ciclo de vida.

Los orígenes de las ecoetiquetas se pueden encontrar en la creciente conciencia global de proteger el medio ambiente por parte de los gobiernos, las empresas y el público en general. Inicialmente y sobre todo en los países desarrollados, algunas empresas reconocieron que esa conciencia global podía generar una ventaja competitiva para ciertos productos. Entonces se incluían etiquetas con expresiones tales como “reciclable”, “baja energía” y “contenido reciclado”.

Estas etiquetas atraían a los consumidores que las veían como una forma de reducir los impactos ambientales a través de sus hábitos de consumo. Sin embargo, se inducía a la confusión, ya que al no existir unas guías estándar y de investigación a cargo de terceras partes, los consumidores no podían asegurar la veracidad de las afirmaciones realizadas en los productos.

Fuente: revista OCU Compra Maestra nº 370, mayo 2012
Según un estudio reciente de la OCU (publicado en el nº 370 de la revista OCU Compra Maestra) sobre el ecoetiquetado:

"Por un lado, el significado de muchos de estos símbolos y logotipos no es suficientemente conocido por el consumidor. Por otro lado, abundan las ecoetiquetas que se conceden las marcas sin una supervisión independiente, así como los reclamos infundados o engañosos. Una indefinición que, a falta de una regulación legal que obligue a cumplir ciertos preceptos, no contribuye precisamente a generar confianza.
Al hacer nuestro estudio hemos podido comprobar la recurrencia de estos y otros problemas. Y es que más de la mitad de las alegaciones resultaron ser confusas o no se justificaban de ninguna manera. Sin embargo, el problema no se reduce al exceso de autodeclaraciones poco verificables, concretas y con poca o nula base científica. También reside en la escasa repercusión de etiquetas que sí suponen una garantía.

Mercadona nos brindó un buen ejemplo de esta problemática: pese a que todos sus productos de celulosa tenían la certificación FSC, dejó de imprimirla porque sus clientes no la identificaban. En lugar de eso, prefirió usar el logo de WWF (World Wildlife Fund), una organización que apoya el sistema FSC, y que resulta más familiar para sus compradores.

El caso es que seis años después de nuestro anterior estudio, subsisten muchas de las lacras ya descubiertas entonces, incluido un elevado grado de confusión por culpa de un gran número de etiquetas inútiles o con doble sentido y de la coexistencia de varias etiquetas diferentes para un mismo mensaje".

Tras revisar 116 productos y comprobar que 3 de cada 4 llevan alguna etiqueta medioambiental, pero que solo la mitad de ellas tienen alguna utilidad, la OCU exige adoptar algunas medidas:

• Una reglamentación bien definida de los sistemas de ecoetiquetado. Y que se regule legalmente cómo deben presentarse y en qué deben fundamentarse las alegaciones medioambientales.
• Armonizar las iniciativas de ecoetiquetado mediante un enfoque común para un mismo tipo de información.
• Promover la integración para evitar el absurdo de que existan etiquetas europeas, nacionales, autonómicas y hasta privadas para un mismo producto.
• Divulgar mejor y con total transparencia para poder identificar los productos con información ambiental y saber interpretar esa información.
• Llevar a cabo controles antes, durante y después de que un producto empiece a usar una certificación ambiental. Y que todas las etiquetas y autodeclaraciones inútiles desaparezcan del mercado.

Mucha más información sobre el ecoetiquetado en la web de  Eco Smes.

¿Ecoetiquetado o ecoconfusión?

El último apartado del bloque temático de Gestión Ambiental trata de los instrumentos utilizados para realizar dicha gestión. Como bien indica vuestro libro de texto, los instrumentos son de varios tipos: medidas legales, ayudas financieras I+D, medidas fiscales (ecotasas, desgravaciones fiscales), ordenación del territorio, la ya tratada anteriormente EIA (Evaluación de Impacto Ambiental) y la ecoeficiencia de las empresas y productos (ecoauditorías y ecoetiquetas). Relacionado con estas últimas, es este artículo de mayo de 2012 de la OCU:

Las etiquetas ecológicas o ecoetiquetas son símbolos que se otorgan a aquellos productos cuya producción y reciclado producen un menor impacto sobre el medio ambiente debido a que cumplen una serie de criterios ecológicos definidos previamente por el análisis de su ciclo de vida.

Los orígenes de las ecoetiquetas se pueden encontrar en la creciente conciencia global de proteger el medio ambiente por parte de los gobiernos, las empresas y el público en general. Inicialmente y sobre todo en los países desarrollados, algunas empresas reconocieron que esa conciencia global podía generar una ventaja competitiva para ciertos productos. Entonces se incluían etiquetas con expresiones tales como “reciclable”, “baja energía” y “contenido reciclado”.

Estas etiquetas atraían a los consumidores que las veían como una forma de reducir los impactos ambientales a través de sus hábitos de consumo. Sin embargo, se inducía a la confusión, ya que al no existir unas guías estándar y de investigación a cargo de terceras partes, los consumidores no podían asegurar la veracidad de las afirmaciones realizadas en los productos.

Fuente: revista OCU Compra Maestra nº 370, mayo 2012
Según un estudio reciente de la OCU (publicado en el nº 370 de la revista OCU Compra Maestra) sobre el ecoetiquetado:

"Por un lado, el significado de muchos de estos símbolos y logotipos no es suficientemente conocido por el consumidor. Por otro lado, abundan las ecoetiquetas que se conceden las marcas sin una supervisión independiente, así como los reclamos infundados o engañosos. Una indefinición que, a falta de una regulación legal que obligue a cumplir ciertos preceptos, no contribuye precisamente a generar confianza.
Al hacer nuestro estudio hemos podido comprobar la recurrencia de estos y otros problemas. Y es que más de la mitad de las alegaciones resultaron ser confusas o no se justificaban de ninguna manera. Sin embargo, el problema no se reduce al exceso de autodeclaraciones poco verificables, concretas y con poca o nula base científica. También reside en la escasa repercusión de etiquetas que sí suponen una garantía.

Mercadona nos brindó un buen ejemplo de esta problemática: pese a que todos sus productos de celulosa tenían la certificación FSC, dejó de imprimirla porque sus clientes no la identificaban. En lugar de eso, prefirió usar el logo de WWF (World Wildlife Fund), una organización que apoya el sistema FSC, y que resulta más familiar para sus compradores.

El caso es que seis años después de nuestro anterior estudio, subsisten muchas de las lacras ya descubiertas entonces, incluido un elevado grado de confusión por culpa de un gran número de etiquetas inútiles o con doble sentido y de la coexistencia de varias etiquetas diferentes para un mismo mensaje".

Tras revisar 116 productos y comprobar que 3 de cada 4 llevan alguna etiqueta medioambiental, pero que solo la mitad de ellas tienen alguna utilidad, la OCU exige adoptar algunas medidas:

• Una reglamentación bien definida de los sistemas de ecoetiquetado. Y que se regule legalmente cómo deben presentarse y en qué deben fundamentarse las alegaciones medioambientales.
• Armonizar las iniciativas de ecoetiquetado mediante un enfoque común para un mismo tipo de información.
• Promover la integración para evitar el absurdo de que existan etiquetas europeas, nacionales, autonómicas y hasta privadas para un mismo producto.
• Divulgar mejor y con total transparencia para poder identificar los productos con información ambiental y saber interpretar esa información.
• Llevar a cabo controles antes, durante y después de que un producto empiece a usar una certificación ambiental. Y que todas las etiquetas y autodeclaraciones inútiles desaparezcan del mercado.

Mucha más información sobre el ecoetiquetado en la web de  Eco Smes.

¿Ecoetiquetado o ecoconfusión?

Las etiquetas ecológicas o ecoetiquetas son símbolos que se otorgan a aquellos productos cuya producción y reciclado producen un menor impacto sobre el medio ambiente debido a que cumplen una serie de criterios ecológicos definidos previamente por el análisis de su ciclo de vida.

Los orígenes de las ecoetiquetas se pueden encontrar en la creciente conciencia global de proteger el medio ambiente por parte de los gobiernos, las empresas y el público en general. Inicialmente y sobre todo en los países desarrollados, algunas empresas reconocieron que esa conciencia global podía generar una ventaja competitiva para ciertos productos. Entonces se incluían etiquetas con expresiones tales como “reciclable”, “baja energía” y “contenido reciclado”.

Estas etiquetas atraían a los consumidores que las veían como una forma de reducir los impactos ambientales a través de sus hábitos de consumo. Sin embargo, se inducía a la confusión, ya que al no existir unas guías estándar y de investigación a cargo de terceras partes, los consumidores no podían asegurar la veracidad de las afirmaciones realizadas en los productos.

Fuente: revista OCU Compra Maestra nº 370, mayo 2012
Según un estudio reciente de la OCU (publicado en el nº 370 de la revista OCU Compra Maestra) sobre el ecoetiquetado:

"Por un lado, el significado de muchos de estos símbolos y logotipos no es suficientemente conocido por el consumidor. Por otro lado, abundan las ecoetiquetas que se conceden las marcas sin una supervisión independiente, así como los reclamos infundados o engañosos. Una indefinición que, a falta de una regulación legal que obligue a cumplir ciertos preceptos, no contribuye precisamente a generar confianza.
Al hacer nuestro estudio hemos podido comprobar la recurrencia de estos y otros problemas. Y es que más de la mitad de las alegaciones resultaron ser confusas o no se justificaban de ninguna manera. Sin embargo, el problema no se reduce al exceso de autodeclaraciones poco verificables, concretas y con poca o nula base científica. También reside en la escasa repercusión de etiquetas que sí suponen una garantía.
Mercadona nos brindó un buen ejemplo de esta problemática: pese a que todos sus productos de celulosa tenían la certificación FSC, dejó de imprimirla porque sus clientes no la identificaban. En lugar de eso, prefirió usar el logo de WWF (World Wildlife Fund), una organización que apoya el sistema FSC, y que resulta más familiar para sus compradores.
El caso es que seis años después de nuestro anterior estudio, subsisten muchas de las lacras ya descubiertas entonces, incluido un elevado grado de confusión por culpa de un gran número de etiquetas inútiles o con doble sentido y de la coexistencia de varias etiquetas diferentes para un mismo mensaje".

Tras revisar 116 productos y comprobar que 3 de cada 4 llevan alguna etiqueta medioambiental, pero que solo la mitad de ellas tienen alguna utilidad, la OCU exige adoptar algunas medidas:

• Una reglamentación bien definida de los sistemas de ecoetiquetado. Y que se regule legalmente cómo deben presentarse y en qué deben fundamentarse las alegaciones medioambientales.
• Armonizar las iniciativas de ecoetiquetado mediante un enfoque común para un mismo tipo de información.
• Promover la integración para evitar el absurdo de que existan etiquetas europeas, nacionales, autonómicas y hasta privadas para un mismo producto.
• Divulgar mejor y con total transparencia para poder identificar los productos con información ambiental y saber interpretar esa información.
• Llevar a cabo controles antes, durante y después de que un producto empiece a usar una certificación ambiental. Y que todas las etiquetas y autodeclaraciones inútiles desaparezcan del mercado.

Mucha más información sobre el ecoetiquetado en la web de  Eco Smes.