La pesca de arrastre de fondo y su posible prohibición

Una de las técnicas más dañinas para los ecosistemas marinos es la pesca de arrastre, un método industrial basado en el uso de enormes redes lastradas con pesadas cargas y dotadas de unas piezas metálicas o de madera que rascan los fondos marinos, rastrillando (y rompiendo) todo aquello que encuentran a su paso, desde los peces hasta los corales centenarios.

Fuente: Greenpeace

Muchas especies, aun en vías de extinción, son capturadas sin razón alguna y después devueltas al mar, con frecuencia ya muertas. Estas pérdidas “colaterales” (bycatch) alcanzan en ciertos casos el 80% o incluso el 90% de lo pescado. Además, amplias superficies del fondo de los océanos, que constituyen el hábitat donde los peces encuentran comida y protección, son aplastadas y destruidas.

Algunas de las especies de profundidad más comunes en los supermercados y pescaderías son: la platija americana, la gallineta nórdica, el fletán, el rape, la maruca y distintos tiburones de profundidad. Podemos encontrarlas tanto en fresco como en congelado y en muchos casos ya procesadas en forma de filetes.

Las redes más grandes utilizadas en la pesca de arrastre tienen una “boca” tan amplia como un campo de fútbol, y dejan cicatrices marinas de más de 4 km de longitud. La heridas que provocan al ecosistema pueden ser permanentes. La pesca de arrastre, por otra parte, deja en suspensión sedimentos (a veces tóxicos) responsables de una turbidez del agua perjudicial para la vida. Este tipo de pesca anula las características naturales del ambiente, que en condiciones normales permiten a los animales marinos vivir, descansar, esconderse.

En el Mediterráneo el arrastre es una seria amenaza para la conservación del coralígeno y fondos de maërl (algas rojas calcáreas), así como para las especies que dependen de ella, como la merluza, la langosta y el salmonete. Xavier Pastor, director ejecutivo de Oceana Europa, ha solicitado que se haga efectivo «de una vez» el cumplimiento de la legislación aplicable (el Reglamento del Mediterráneo y el Plan Integral de Gestión de los recursos del Mediterráneo) y se decrete la prohibición expresa de la pesca con redes de arrastre en las zonas con presencia de estos hábitats.

Por otra parte, la Comisión Europea quiere aumentar la protección al hábitat profundo marino en sus aguas, y para conseguirlo, ha propuesto la eliminación de la pesca de arrastre, reducir los descartes de los peces no deseados, y aplicar las cuotas de pesca de forma científica.

La propuesta fue llevada al Parlamento Europeo. Matthew Gianni, de la Coalición para la Conservación del Fondo Marino, comenta que el proceso podría llevar entre 8 y 12 meses, aunque es “imposible de predecir“. De hecho, la Eurocámara aprobó en diciembre de 2013 una moratoria de cuatro años: ver artículo.


En cambio,  el sector pesquero gallego no cree que la última propuesta de la Comisión Europea de prohibir progresivamente las artes de arrastre de fondo y volanta dirigidas a la captura de especies de aguas profundas vaya a afectarle especialmente; más que nada porque esa flota prácticamente ha desaparecido de los puertos gallegos. «No sobrevivió a las restricciones que en 2006 se impusieron a las redes de enmalle -no poder faenar en fondos de más de 200 metros, 600 si es en aguas comunitarias-».

El Ejecutivo especifica que los buques afectados directamente son, sobre todo, «franceses, españoles y portugueses». Y abunda en que no son solo grandes arrastreros que faenan en Hatton Bank y Rockall, con base en Francia, Galicia -ya pocos y casi todos en Vigo-, Asturias y el País Vasco, sino también otros dedicados a la pesca artesanal con palangre en zonas como las Azores, Madeira y Canarias. Admite también que la medida propuesta será un mazazo muy duro para Bretaña y para las 200 pesquerías que están especializadas en especies profundas, pero lo minimiza indicando que «tendría un impacto muy limitado a escala nacional».

La flota española reclamó en Bruselas mejor gestión de la pesca en aguas profundas a través de estudios científicos que protejan los ecosistemas más vulnerables, en lugar de imponer la prohibición de las redes de arrastre sugerida por la Comisión Europea (CE). "Hay que hacer una apuesta por la gestión y no por la prohibición", defendió en declaraciones a Efeagro el secretario general de la Confederación Española de Pesca (Cepesca), Javier Garat.

La propuesta de la Comisión sobre el asunto, presentada en julio de 2012, pretendía "garantizar una explotación sostenible y disminuir las capturas accesorias". Para ello, abogaba por retirar de manera progresiva las redes de arrastre de fondo o de redes de enmalle, al considerar esos métodos "más nocivos que otros para los ecosistemas". En opinión de Garat, prohibir la pesca de arrastre en aguas profundas es algo "completamente desproporcionado".

Parece un poco cansino, pero es lo de siempre: los intereses económicos en contraposición con los intereses ecológicos, cuando debería ser al revés, es decir, que se armonizaran ambas posturas en un modelo claro de desarrollo sostenible.

La pesca de arrastre de fondo y su posible prohibición

Una de las técnicas más dañinas para los ecosistemas marinos es la pesca de arrastre, un método industrial basado en el uso de enormes redes lastradas con pesadas cargas y dotadas de unas piezas metálicas o de madera que rascan los fondos marinos, rastrillando (y rompiendo) todo aquello que encuentran a su paso, desde los peces hasta los corales centenarios.

Fuente: Greenpeace

Muchas especies, aun en vías de extinción, son capturadas sin razón alguna y después devueltas al mar, con frecuencia ya muertas. Estas pérdidas “colaterales” (bycatch) alcanzan en ciertos casos el 80% o incluso el 90% de lo pescado. Además, amplias superficies del fondo de los océanos, que constituyen el hábitat donde los peces encuentran comida y protección, son aplastadas y destruidas.

Algunas de las especies de profundidad más comunes en los supermercados y pescaderías son: la platija americana, la gallineta nórdica, el fletán, el rape, la maruca y distintos tiburones de profundidad. Podemos encontrarlas tanto en fresco como en congelado y en muchos casos ya procesadas en forma de filetes.

Las redes más grandes utilizadas en la pesca de arrastre tienen una “boca” tan amplia como un campo de fútbol, y dejan cicatrices marinas de más de 4 km de longitud. La heridas que provocan al ecosistema pueden ser permanentes. La pesca de arrastre, por otra parte, deja en suspensión sedimentos (a veces tóxicos) responsables de una turbidez del agua perjudicial para la vida. Este tipo de pesca anula las características naturales del ambiente, que en condiciones normales permiten a los animales marinos vivir, descansar, esconderse.

En el Mediterráneo el arrastre es una seria amenaza para la conservación del coralígeno y fondos de maërl (algas rojas calcáreas), así como para las especies que dependen de ella, como la merluza, la langosta y el salmonete. Xavier Pastor, director ejecutivo de Oceana Europa, ha solicitado que se haga efectivo «de una vez» el cumplimiento de la legislación aplicable (el Reglamento del Mediterráneo y el Plan Integral de Gestión de los recursos del Mediterráneo) y se decrete la prohibición expresa de la pesca con redes de arrastre en las zonas con presencia de estos hábitats.

Por otra parte, la Comisión Europea quiere aumentar la protección al hábitat profundo marino en sus aguas, y para conseguirlo, ha propuesto desde julio del año pasado la eliminación de la pesca de arrastre, reducir los descartes de los peces no deseados, y aplicar las cuotas de pesca de forma científica. “Si quieres capturar pescado de las profundidades marinas, has de hacerlo de forma sostenible“, aseguró Oliver Drewes, portavoz de la comisión para asuntos marinos y pesca.

La propuesta fue llevada al Parlamento Europeo. Matthew Gianni, de la Coalición para la Conservación del Fondo Marino, comenta que el proceso podría llevar entre 8 y 12 meses, aunque es “imposible de predecir“. Esto podría significar que la pesca de arrastre podría prohibirse en 2015.

En cambio,  el sector pesquero gallego no cree que la última propuesta de la Comisión Europea de prohibir progresivamente las artes de arrastre de fondo y volanta dirigidas a la captura de especies de aguas profundas vaya a afectarle especialmente; más que nada porque esa flota prácticamente ha desaparecido de los puertos gallegos. «No sobrevivió a las restricciones que en 2006 se impusieron a las redes de enmalle -no poder faenar en fondos de más de 200 metros, 600 si es en aguas comunitarias-».

El Ejecutivo especifica que los buques afectados directamente son, sobre todo, «franceses, españoles y portugueses». Y abunda en que no son solo grandes arrastreros que faenan en Hatton Bank y Rockall, con base en Francia, Galicia -ya pocos y casi todos en Vigo-, Asturias y el País Vasco, sino también otros dedicados a la pesca artesanal con palangre en zonas como las Azores, Madeira y Canarias. Admite también que la medida propuesta será un mazazo muy duro para Bretaña y para las 200 pesquerías que están especializadas en especies profundas, pero lo minimiza indicando que «tendría un impacto muy limitado a escala nacional».

La flota española reclamó en Bruselas mejor gestión de la pesca en aguas profundas a través de estudios científicos que protejan los ecosistemas más vulnerables, en lugar de imponer la prohibición de las redes de arrastre sugerida por la Comisión Europea (CE). "Hay que hacer una apuesta por la gestión y no por la prohibición", defendió en declaraciones a Efeagro el secretario general de la Confederación Española de Pesca (Cepesca), Javier Garat.

La propuesta de la Comisión sobre el asunto, presentada en julio de 2012, pretendía "garantizar una explotación sostenible y disminuir las capturas accesorias". Para ello, abogaba por retirar de manera progresiva las redes de arrastre de fondo o de redes de enmalle, al considerar esos métodos "más nocivos que otros para los ecosistemas". En opinión de Garat, prohibir la pesca de arrastre en aguas profundas es algo "completamente desproporcionado".

Parece un poco cansino, pero es lo de siempre: los intereses económicos en contraposición con los intereses ecológicos, cuando debería ser al revés, es decir, que se armonizaran ambas posturas en un modelo claro de desarrollo sostenible.

La sobreexplotación del atún rojo

Aprovechando que mañana vamos a comentar en clase el problema de la sobrepesca de algunas especies, como el atún rojo, os pongo este artículo:

Cada año la venta internacional de atún rojo duplica con creces las capturas acordadas por los países que lo pescan, lo que pone en riesgo la sostenibilidad de esta especie protegida, según asegura un informe encargado por la fundación civil de beneficencia PEW. El trabajo llama la atención sobre la brecha identificada entre las cuotas de captura asignadas y el volumen de venta en los principales mercados del mundo de atún del Atlántico oriental y del Mediterráneo, considerado el "oro rojo" del mar.

Las cuotas, que dicta anualmente la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT), se fijaron en 2009 en 21.780 tm y en 13.525 tm para 2010, pero se ha constatado que durante esos dos años se llegó a vender hasta 70.646 tm, un 100 % por encima de los límites de captura. Para su análisis, el informe cotejó los documentos de exportación oficiales, los registros de capturas y los informes por países del ICCAT en busca del atún pescado en exceso.

El asesor y estratega político Rémi Parmentier, que aboga por la divulgación del estudio, declaró a EFEverde que "la sostenibilidad del atún rojo del Atlántico pende de la voluntad política de los países. Todo el mundo reconoce y sabe que hay pesca ilegal y que la falta de control pone en peligro la especie" (Fuente: EFECOM ).

Después de más de 3.000 años de explotación, el atún rojo del Atlántico oriental y Mediterráneo está al borde de su extinción comercial a causa del comercio internacional y un exceso de capturas, en una buena parte ilegales. Según los científicos, su población de reproductores ha descendido en más de un 85%. En poco más de una década, el desarrollo descontrolado de la industria de pesca al cerco y engorde de atún en el Mediterráneo ha llevado a esta especie al borde del colapso. La pesquería se agota sin que, de momento, la Unión Europea y el resto de países implicados hayan actuado para salvarlo.

El desastre en la gestión y control de la pesquería del atún rojo es el ejemplo más ilustrativo de la crisis pesquera global, lo que se ha venido a denominar: “la locura de la pesca”, mostrando una de las tasas de pesca ilegal más elevadas del mundo. Un desastre de índole ambiental, económica y social, en el que no sólo hay implicados buques con banderas de conveniencia o “buques pirata” provenientes de lejanos países. De hecho, los principales responsables son países comunitarios, junto a otros estados ribereños del Mediterráneo, incapaces hasta ahora de controlar unas flotas que pescan ilegalmente para satisfacer la demanda de este producto en el mercado internacional, principalmente, en Japón.

Bajo la presión de la industria atunera y de los países responsables de la grave situación del atún rojo, entre ellos España, ICCAT ha aprobado una cuota excesiva para asegurar la recuperación de la población de esta especie altamente cotizada. Las Partes Contratantes del ICCAT han decidido reducir la cuota tan sólo 600 t, quedando en 12.900 t para 2011, frente a una cuota inferior a 6.000 t que pedía WWF, siguiendo las recomendaciones más precautorias de los científicos, y que permitiría su recuperación antes de 2020. Por ello, esta decisión no contribuye en los esfuerzos por recuperar esta especie amenazada.

La pesca de arrastre de fondo y su posible prohibición

Debido a la pregunta de Berta en clase, he intentado informarme de cuál es la situación de la técnica de pesca de arrastre y su posible prohibición. Parece ser que la cuestión está en estudio. Veamos:

Una de las técnicas más dañinas es la pesca de arrastre, un método industrial basado en el uso de enormes redes lastradas con pesadas cargas y dotadas de unas piezas metálicas o de madera que rascan los fondos marinos, rastrillando (y rompiendo) todo aquello que encuentran a su paso, desde los peces hasta los corales centenarios.

Fuente: Greenpeace

Muchas especies, aun en vías de extinción, son capturadas sin razón alguna y después devueltas al mar, con frecuencia ya muertas. Estas pérdidas “colaterales” (bycatch) alcanzan en ciertos casos el 80% o incluso el 90% de lo pescado. Además, amplias superficies del fondo de los océanos, que constituyen el hábitat donde los peces encuentran comida y protección, son aplastadas y destruidas.

Algunas de las especies de profundidad más comunes en los supermercados y pescaderías son: la platija americana, la gallineta nórdica, el fletán, el rape, la maruca y distintos tiburones de profundidad. Podemos encontrarlas tanto en fresco como en congelado y en muchos casos ya procesadas en forma de filetes.

Las redes más grandes utilizadas en la pesca de arrastre tienen una “boca” tan amplia como un campo de fútbol, y dejan cicatrices marinas de más de 4 km de longitud. La heridas que provocan al ecosistema pueden ser permanentes. La pesca de arrastre, por otra parte, deja en suspensión sedimentos (a veces tóxicos) responsables de una turbidez del agua perjudicial para la vida. Este tipo de pesca anula las características naturales del ambiente, que en condiciones normales permiten a los animales marinos vivir, descansar, esconderse.

En el Mediterráneo el arrastre es una seria amenaza para la conservación del coralígeno y maërl (avellanó), así como para las especies que dependen de ella, como la merluza, la langosta y el salmonete. Xavier Pastor, director ejecutivo de Oceana Europa, ha solicitado que se haga efectivo «de una vez» el cumplimiento de la legislación aplicable (el Reglamento del Mediterráneo y el Plan Integral de Gestión de los recursos del Mediterráneo) y se decrete la prohibición expresa de la pesca con redes de arrastre en las zonas con presencia de estos hábitats.

Por otra parte, la Comisión Europea quiere aumentar la protección al hábitat profundo marino en sus aguas, y para conseguirlo, ha propuesto desde julio del año pasado la eliminación de la pesca de arrastre, reducir los descartes de los peces no deseados, y aplicar las cuotas de pesca de forma científica. “Si quieres capturar pescado de las profundidades marinas, has de hacerlo de forma sostenible“, aseguró Oliver Drewes, portavoz de la comisión para asuntos marinos y pesca.

La propuesta fue llevada al Parlamento Europeo. Matthew Gianni, de la Coalición para la Conservación del Fondo Marino, comenta que el proceso podría llevar entre 8 y 12 meses, aunque es “imposible de predecir“. Esto podría significar que la pesca de arrastre podría prohibirse en 2015.

En cambio,  el sector pesquero gallego no cree que la última propuesta de la Comisión Europea de prohibir progresivamente las artes de arrastre de fondo y volanta dirigidas a la captura de especies de aguas profundas vaya a afectarle especialmente; más que nada porque esa flota prácticamente ha desaparecido de los puertos gallegos. «No sobrevivió a las restricciones que en el 2006 se impusieron a las redes de enmalle -no poder faenar en fondos de más de 200 metros, 600 si es en aguas comunitarias-».

El Ejecutivo especifica que los buques afectados directamente son, sobre todo, «franceses, españoles y portugueses». Y abunda en que no son solo grandes arrastreros que faenan en Hatton Bank y Rockall, con base en Francia, Galicia -ya pocos y casi todos en Vigo-, Asturias y el País Vasco, sino también otros dedicados a la pesca artesanal con palangre en zonas como las Azores, Madeira y Canarias. Admite también que la medida propuesta será un mazazo muy duro para Bretaña y para las 200 pesquerías que están especializadas en especies profundas, pero lo minimiza indicando que «tendría un impacto muy limitado a escala nacional».

La flota española reclamó en Bruselas mejor gestión de la pesca en aguas profundas a través de estudios científicos que protejan los ecosistemas más vulnerables, en lugar de imponer la prohibición de las redes de arrastre sugerida por la Comisión Europea (CE). "Hay que hacer una apuesta por la gestión y no por la prohibición", defendió en declaraciones a Efeagro el secretario general de la Confederación Española de Pesca (Cepesca), Javier Garat.

La propuesta de la Comisión sobre el asunto, presentada en julio de 2012, pretendía "garantizar una explotación sostenible y disminuir las capturas accesorias". Para ello, abogaba por retirar de manera progresiva las redes de arrastre de fondo o de redes de enmalle, al considerar esos métodos "más nocivos que otros para los ecosistemas". En opinión de Garat, prohibir la pesca de arrastre en aguas profundas es algo "completamente desproporcionado".

Parece un poco cansino, pero es lo de siempre: los intereses económicos en contraposición con los intereses ecológicos, cuando debería ser al revés, es decir, que se armonizaran ambas posturas en un modelo claro de desarrollo sostenible.

La sobreexplotación del atún rojo

Aprovechando que la semana pasada hemos hablado en clase del problema de la sobrepesca de algunas especies, como el atún rojo, os pongo este artículo:

Cada año la venta internacional de atún rojo duplica con creces las capturas acordadas por los países que lo pescan, lo que pone en riesgo la sostenibilidad de esta especie protegida, según asegura un informe encargado por la fundación civil de beneficencia PEW. El trabajo llama la atención sobre la brecha identificada entre las cuotas de captura asignadas y el volumen de venta en los principales mercados del mundo de atún del Atlántico oriental y del Mediterráneo, considerado el "oro rojo" del mar.

Las cuotas, que dicta anualmente la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT), se fijaron en 2009 en 21.780 tm y en 13.525 tm para 2010, pero se ha constatado que durante esos dos años se llegó a vender hasta 70.646 tm, un 100 % por encima de los límites de captura. Para su análisis, el informe cotejó los documentos de exportación oficiales, los registros de capturas y los informes por países del ICCAT en busca del atún pescado en exceso.

El asesor y estratega político Rémi Parmentier, que aboga por la divulgación del estudio, declaró a EFEverde que "la sostenibilidad del atún rojo del Atlántico pende de la voluntad política de los países. Todo el mundo reconoce y sabe que hay pesca ilegal y que la falta de control pone en peligro la especie" (Fuente: EFECOM ).

Después de más de 3.000 años de explotación, el atún rojo del Atlántico oriental y Mediterráneo está al borde de su extinción comercial a causa del comercio internacional y un exceso de capturas, en una buena parte ilegales. Según los científicos, su población de reproductores ha descendido en más de un 85%. En poco más de una década, el desarrollo descontrolado de la industria de pesca al cerco y engorde de atún en el Mediterráneo ha llevado a esta especie al borde del colapso. La pesquería se agota sin que, de momento, la Unión Europea y el resto de países implicados hayan actuado para salvarlo.

El desastre en la gestión y control de la pesquería del atún rojo es el ejemplo más ilustrativo de la crisis pesquera global, lo que se ha venido a denominar: “la locura de la pesca”, mostrando una de las tasas de pesca ilegal más elevadas del mundo. Un desastre de índole ambiental, económica y social, en el que no sólo hay implicados buques con banderas de conveniencia o “buques pirata” provenientes de lejanos países. De hecho, los principales responsables son países comunitarios, junto a otros estados ribereños del Mediterráneo, incapaces hasta ahora de controlar unas flotas que pescan ilegalmente para satisfacer la demanda de este producto en el mercado internacional, principalmente, en Japón.

Bajo la presión de la industria atunera y de los países responsables de la grave situación del atún rojo, entre ellos España, ICCAT ha aprobado una cuota excesiva para asegurar la recuperación de la población de esta especie altamente cotizada. Las Partes Contratantes del ICCAT han decidido reducir la cuota tan sólo 600 t, quedando en 12.900 t para 2011, frente a una cuota inferior a 6.000 t que pedía WWF, siguiendo las recomendaciones más precautorias de los científicos, y que permitiría su recuperación antes de 2020. Por ello, esta decisión no contribuye en los esfuerzos por recuperar esta especie amenazada.