Contaminación por campos electromagnéticos (CEM)

Para una correcta realización de la actividad nº 6 de la página 242 del libro de texto sobre la controvertida CEM (Contaminación ElectroMagnética) debida a radiaciones no ionizantes, entre 0 y 300 GHz, os viene muy bien leer este artículo anterior:

Leo en la revista Agenda viva, de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, un artículo muy interesante sobre la llamada contaminación electromagnética (CEM o EMF, en inglés) y su posible repercusión sobre la salud de las personas. Dicha contaminación ha experimentado un incremento espectacular en los últimos años debido al desarrollo de las redes de comunicaciones y de sus infraestructuras asociadas.

En el debate científico sobre este tipo de contaminación hay una gran polémica: Por una parte, un sector de investigadores plantea la no existencia de riesgo para la salud siempre que se cumplan los criterios de niveles del ICNIRP (International Commission on Non-Ionizing Radiation Protection), la OMS y la normativa estatal vigente en España. Por otra parte, otros investigadores plantean la existencia de riesgos biológicos incluso a niveles muy bajos, siendo necesaria una revisión profunda de los niveles a que está expuesta la ciudadanía y de la normativa aplicable respecto de la salud pública.
The International EMF Project has been established to assess health and environmental effects of exposure to static and time varying electric and magnetic fields in the frequency range 0-300 GHz.

Más información (folleto en pdf)
Los efectos potenciales sobre la salud de la exposición a los campos eléctricos y magnéticos estáticos y variables en el tiempo necesita alguna aclaración científica. Los campos electromagnéticos de frecuencias variadas representan una de las influencias más comunes y de más rápido crecimiento  en el medio ambiente, sobre la que se están extendiendo noticias especulativas.

La exposición a los CEM se produce actualmente en diversos grados en todas las poblaciones del mundo, y los niveles continuarán aumentando a medida que avanza la tecnología. Por lo tanto, incluso una pequeña consecuencia sobre la salud de la exposición a los CEM podría tener un gran impacto en la salud pública.

Según la irremediable wikipedia, los diversos daños a la salud que se han investigado son de dos tipos:
  • Efectos térmicos: absorción de calor; se suele considerar que un efecto es térmico si viene acompañado por un aumento de temperatura corporal de al menos un grado. Suceden con intensidades de campo relativamente altas. El resultado es similar al generado por un golpe de calor: incluyen aumento de la tensión sanguínea, vértigo, cansancio, desorientación, cefalea, náuseas y, en casos extremos (con intensidades de potencia mayores que 1000 W por metro cuadrado), cataratas, quemaduras y esterilidad. 
  • Efectos no térmicos o atérmicos; aquellos que no vienen acompañados por un aumento de temperatura. Se discute si serían causados, en caso de existir, por un mecanismo hasta hoy desconocido, o bien sigue tratándose, en última instancia, de una absorción de calor. Sucederían con intensidades de campo menores y aplicadas durante un largo plazo; entre ellos se incluye cáncer, enfermedades inmunes, cambios genéticos, arritmias cardíacas y daños neurológicos.

Los peligrosos COP (Compuestos Orgánicos Persistentes)

Su nombre parece más bien el de un cuerpo de operaciones especiales de la policía, pero en realidad son unos peligrosos contaminantes, los llamados Compuestos Orgánicos Persistentes (COP). España, al formar parte de la Unión Europea y haber firmado el Convenio de Estocolmo (se firmó en 2001 y entró en vigor en mayo de 2004), tiene el compromiso de cesar la fabricación y reducir las emisiones de estas sustancias tóxicas. También debe participar en el control y vigilancia de esta contaminación.

Fuente de la imagen: wikipedia
Pero, hasta el momento, las actuaciones se quedan cortas frente a este problema que afecta a los alimentos, el agua, el suelo o el aire que nos rodea, así como a nuestra salud y la de otros seres vivos. Puesto que no respeta fronteras, a todos nos perjudica que aún haya países productores, como EE.UU. o Italia, que aún no han ratificado el Convenio de Estocolmo (más detalles). Además, otro gran inconveniente es que su cumplimiento es desigual. Por otra parte, falta decisión para adoptar medidas más estrictas. Por ejemplo, para descontaminar los residuos o las industrias o almacenes cuando quedan en desuso.

En cuanto a las investigaciones, lo prioritario es promover la investigación de
alternativas más seguras, para facilitar cuanto antes la retirada de estos productos tan tóxicos. Se ha comprobado que cuando se han dejado de usar algunos contaminantes tóxicos han bajado mucho sus niveles.

Vivimos rodeados de contaminantes orgánicos persistentes, la mayoría generados por el hombre, entre las que se encuentran nombres y siglas como aldrina, el hexa y heptaclorobenceno, clordano, endrina, HAP, DDT, PCB, lindano, dioxinas, furanos, retardantes de llama bromados... Los COP han generado alarma en todo el mundo, sobre todo porque son tóxicos para el medio ambiente y la salud. Las exposiciones largas o muy altas a estos compuestos, se ha visto que provocan o tienen relación con la aparición de enfermedades, como el cáncer y la diabetes y con alteraciones en el normal funcionamiento de muchos órganos y sistemas, como el nervioso, el hormonal o el inmunológico. Pero es que, además, los COP son sustancias que:
  • Tienen el don de la ubicuidad. Se han encontrado en el aire, el agua, el suelo, lejos incluso de donde se usan o fabrican porque tienen mucha facilidad para dispersarse.
  • Permanecen intactas durante largos periodos de tiempo, de ahí lo de persistentes. Algunos PCB, por ejemplo, durante un siglo y medio. Por eso aunque ya haya muchos países que han prohibido su uso o están reduciendo sus emisiones, como España o casi todos los de la Unión Europea, siguen estando presentes en nuestro entorno.
  • Pasan a las futuras generaciones a través de la placenta y la leche materna, en una etapa especialmente vulnerable para el desarrollo.
  • Están en el aire de nuestras ciudades, casas, colegios, oficinas, etc., entre otras cosas porque forman parte de multitud de productos: televisores, ordenadores, lavadoras, teléfonos móviles, cables, moquetas, colchones, espumas, coches, pinturas, aceites lubricantes, transformadores eléctricos, pesticidas... Muchos de esos productos, cuando se desmontan o se tiran en cualquier sitio y empiezan a deteriorarse, emiten partículas y vapores tóxicos que respiramos a diario.
Estos son algunos de ellos:

PBDE (Polibromodifenil éteres)
Son los retardantes bromados de llama. Algunos ya están prohibidos y unos cuantos, restringidos. Forman parte de plásticos, pinturas, textiles, aparatos eléctricos. En animales, causan alteraciones hormonales, daños en hígado, neuronas y sistema reproductor.

PCB (Policlorobifenilos)
Se pueden encontrar aún en aceites lubricantes de viejos transformadores o máquinas eléctricas, o como aditivos de pinturas, plásticos, papel... Están en la lista de responsables probables de cáncer. Causan problemas neurológicos e inmunológicos.

DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano)
Pesticida muy usado en el pasado para combatir plagas de insectos (como los que transmiten la malaria o el tifus). Está prohibido pero aún se emplea en algunos países para el control de la malaria. Sus derivados, DDE y DDD son tan tóxicos como el mismo DDT. Faltan estudios para confirmar sus efectos en humanos.

HCH (Hexaclorociclohexanos)
Su principal representante es el lindano, que genera durante su fabricación los otros dos tipos de HCH. Los tres se usaron como insecticidas en agricultura y silvicultura. El lindano, también en animales y personas (por ejemplo, como antipiojos). Potencialmente cancerígeno.

HCB (Hexaclorobenceno)
Fungicida que se usaba en la agricultura. Se forma también en la fabricación de algunos compuestos químicos y puede transformarse en dioxinas y furanos. A altas dosis causa lesiones en la piel, cólicos, debilidad y enfermedades metabólicas que pueden llegar a ser mortales.

Fuente del texto: OCU Salud, nº 99

Los peligrosos COP (Compuestos Orgánicos Persistentes)

Su nombre parece más bien el de un cuerpo de operaciones especiales de la policía, pero en realidad son unos peligrosos contaminantes, los llamados Compuestos Orgánicos Persistentes (COP). España, al formar parte de la Unión Europea y haber firmado el Convenio de Estocolmo (se firmó en 2001 y entró en vigor en mayo de 2004), tiene el compromiso de cesar la fabricación y reducir las emisiones de estas sustancias tóxicas. También debe participar en el control y vigilancia de esta contaminación.

Fuente de la imagen: wikipedia
Pero, hasta el momento, las actuaciones se quedan cortas frente a este problema que afecta a los alimentos, el agua, el suelo o el aire que nos rodea, así como a nuestra salud y la de otros seres vivos. Puesto que no respeta fronteras, a todos nos perjudica que aún haya países productores, como EE.UU. o Italia, que aún no han ratificado el Convenio de Estocolmo (más detalles). Además, otro gran inconveniente es que su cumplimiento es desigual. Por otra parte, falta decisión para adoptar medidas más estrictas. Por ejemplo, para descontaminar los residuos o las industrias o almacenes cuando quedan en desuso.

En cuanto a las investigaciones, lo prioritario es promover la investigación de
alternativas más seguras, para facilitar cuanto antes la retirada de estos productos tan tóxicos. Se ha comprobado que cuando se han dejado de usar algunos contaminantes tóxicos han bajado mucho sus niveles.

Vivimos rodeados de contaminantes orgánicos persistentes, la mayoría generados por el hombre, entre las que se encuentran nombres y siglas como aldrina, el hexa y heptaclorobenceno, clordano, endrina, HAP, DDT, PCB, lindano, dioxinas, furanos, retardantes de llama bromados... Los COP han generado alarma en todo el mundo, sobre todo porque son tóxicos para el medio ambiente y la salud. Las exposiciones largas o muy altas a estos compuestos, se ha visto que provocan o tienen relación con la aparición de enfermedades, como el cáncer y la diabetes y con alteraciones en el normal funcionamiento de muchos órganos y sistemas, como el nervioso, el hormonal o el inmunológico. Pero es que, además, los COP son sustancias que:
  • Tienen el don de la ubicuidad. Se han encontrado en el aire, el agua, el suelo, lejos incluso de donde se usan o fabrican porque tienen mucha facilidad para dispersarse.
  • Permanecen intactas durante largos periodos de tiempo, de ahí lo de persistentes. Algunos PCB, por ejemplo, durante un siglo y medio. Por eso aunque ya haya muchos países que han prohibido su uso o están reduciendo sus emisiones, como España o casi todos los de la Unión Europea, siguen estando presentes en nuestro entorno.
  • Pasan a las futuras generaciones a través de la placenta y la leche materna, en una etapa especialmente vulnerable para el desarrollo.
  • Están en el aire de nuestras ciudades, casas, colegios, oficinas, etc., entre otras cosas porque forman parte de multitud de productos: televisores, ordenadores, lavadoras, teléfonos móviles, cables, moquetas, colchones, espumas, coches, pinturas, aceites lubricantes, transformadores eléctricos, pesticidas... Muchos de esos productos, cuando se desmontan o se tiran en cualquier sitio y empiezan a deteriorarse, emiten partículas y vapores tóxicos que respiramos a diario.
Estos son algunos de ellos:

PBDE (Polibromodifenil éteres)
Son los retardantes bromados de llama. Algunos ya están prohibidos y unos cuantos, restringidos. Forman parte de plásticos, pinturas, textiles, aparatos eléctricos. En animales, causan alteraciones hormonales, daños en hígado, neuronas y sistema reproductor.

PCB (Policlorobifenilos)
Se pueden encontrar aún en aceites lubricantes de viejos transformadores o máquinas eléctricas, o como aditivos de pinturas, plásticos, papel... Están en la lista de responsables probables de cáncer. Causan problemas neurológicos e inmunológicos.

DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano)
Pesticida muy usado en el pasado para combatir plagas de insectos (como los que transmiten la malaria o el tifus). Está prohibido pero aún se emplea en algunos países para el control de la malaria. Sus derivados, DDE y DDD son tan tóxicos como el mismo DDT. Faltan estudios para confirmar sus efectos en humanos.

HCH (Hexaclorociclohexanos)
Su principal representante es el lindano, que genera durante su fabricación los otros dos tipos de HCH. Los tres se usaron como insecticidas en agricultura y silvicultura. El lindano, también en animales y personas (por ejemplo, como antipiojos). Potencialmente cancerígeno.

HCB (Hexaclorobenceno)
Fungicida que se usaba en la agricultura. Se forma también en la fabricación de algunos compuestos químicos y puede transformarse en dioxinas y furanos. A altas dosis causa lesiones en la piel, cólicos, debilidad y enfermedades metabólicas que pueden llegar a ser mortales.

Fuente del texto: OCU Salud, nº 99