Los peligrosos COP (Compuestos Orgánicos Persistentes)

Su nombre parece más bien el de un cuerpo de operaciones especiales de la policía, pero en realidad son unos peligrosos contaminantes, los llamados Compuestos Orgánicos Persistentes (COP). España, al formar parte de la Unión Europea y haber firmado el Convenio de Estocolmo (se firmó en 2001 y entró en vigor en mayo de 2004), tiene el compromiso de cesar la fabricación y reducir las emisiones de estas sustancias tóxicas. También debe participar en el control y vigilancia de esta contaminación.

Fuente de la imagen: wikipedia
Pero, hasta el momento, las actuaciones se quedan cortas frente a este problema que afecta a los alimentos, el agua, el suelo o el aire que nos rodea, así como a nuestra salud y la de otros seres vivos. Puesto que no respeta fronteras, a todos nos perjudica que aún haya países productores, como EE.UU. o Italia, que aún no han ratificado el Convenio de Estocolmo (más detalles). Además, otro gran inconveniente es que su cumplimiento es desigual. Por otra parte, falta decisión para adoptar medidas más estrictas. Por ejemplo, para descontaminar los residuos o las industrias o almacenes cuando quedan en desuso.

En cuanto a las investigaciones, lo prioritario es promover la investigación de
alternativas más seguras, para facilitar cuanto antes la retirada de estos productos tan tóxicos. Se ha comprobado que cuando se han dejado de usar algunos contaminantes tóxicos han bajado mucho sus niveles.

Vivimos rodeados de contaminantes orgánicos persistentes, la mayoría generados por el hombre, entre las que se encuentran nombres y siglas como aldrina, el hexa y heptaclorobenceno, clordano, endrina, HAP, DDT, PCB, lindano, dioxinas, furanos, retardantes de llama bromados... Los COP han generado alarma en todo el mundo, sobre todo porque son tóxicos para el medio ambiente y la salud. Las exposiciones largas o muy altas a estos compuestos, se ha visto que provocan o tienen relación con la aparición de enfermedades, como el cáncer y la diabetes y con alteraciones en el normal funcionamiento de muchos órganos y sistemas, como el nervioso, el hormonal o el inmunológico. Pero es que, además, los COP son sustancias que:
  • Tienen el don de la ubicuidad. Se han encontrado en el aire, el agua, el suelo, lejos incluso de donde se usan o fabrican porque tienen mucha facilidad para dispersarse.
  • Permanecen intactas durante largos periodos de tiempo, de ahí lo de persistentes. Algunos PCB, por ejemplo, durante un siglo y medio. Por eso aunque ya haya muchos países que han prohibido su uso o están reduciendo sus emisiones, como España o casi todos los de la Unión Europea, siguen estando presentes en nuestro entorno.
  • Pasan a las futuras generaciones a través de la placenta y la leche materna, en una etapa especialmente vulnerable para el desarrollo.
  • Están en el aire de nuestras ciudades, casas, colegios, oficinas, etc., entre otras cosas porque forman parte de multitud de productos: televisores, ordenadores, lavadoras, teléfonos móviles, cables, moquetas, colchones, espumas, coches, pinturas, aceites lubricantes, transformadores eléctricos, pesticidas... Muchos de esos productos, cuando se desmontan o se tiran en cualquier sitio y empiezan a deteriorarse, emiten partículas y vapores tóxicos que respiramos a diario.
Estos son algunos de ellos:

PBDE (Polibromodifenil éteres)
Son los retardantes bromados de llama. Algunos ya están prohibidos y unos cuantos, restringidos. Forman parte de plásticos, pinturas, textiles, aparatos eléctricos. En animales, causan alteraciones hormonales, daños en hígado, neuronas y sistema reproductor.

PCB (Policlorobifenilos)
Se pueden encontrar aún en aceites lubricantes de viejos transformadores o máquinas eléctricas, o como aditivos de pinturas, plásticos, papel... Están en la lista de responsables probables de cáncer. Causan problemas neurológicos e inmunológicos.

DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano)
Pesticida muy usado en el pasado para combatir plagas de insectos (como los que transmiten la malaria o el tifus). Está prohibido pero aún se emplea en algunos países para el control de la malaria. Sus derivados, DDE y DDD son tan tóxicos como el mismo DDT. Faltan estudios para confirmar sus efectos en humanos.

HCH (Hexaclorociclohexanos)
Su principal representante es el lindano, que genera durante su fabricación los otros dos tipos de HCH. Los tres se usaron como insecticidas en agricultura y silvicultura. El lindano, también en animales y personas (por ejemplo, como antipiojos). Potencialmente cancerígeno.

HCB (Hexaclorobenceno)
Fungicida que se usaba en la agricultura. Se forma también en la fabricación de algunos compuestos químicos y puede transformarse en dioxinas y furanos. A altas dosis causa lesiones en la piel, cólicos, debilidad y enfermedades metabólicas que pueden llegar a ser mortales.

Fuente del texto: OCU Salud, nº 99

La contaminación atmosférica y sus efectos ambientales

Para comenzar el bloque de contenidos sobre la contaminación de los sistemas terrestres fluidos, veremos dos presentaciones de Eduardo Gómez, como siempre "apañadas" y completadas con datos más recientes y enlaces a artículos de interés sobre este apasionante tema.

Descargar la presentación desde Google Drive
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Los peligrosos COP (Compuestos Orgánicos Persistentes)

Su nombre parece más bien el de un cuerpo de operaciones especiales de la policía, pero en realidad son unos peligrosos contaminantes, los llamados Compuestos Orgánicos Persistentes (COP). España, al formar parte de la Unión Europea y haber firmado el Convenio de Estocolmo (se firmó en 2001 y entró en vigor en mayo de 2004), tiene el compromiso de cesar la fabricación y reducir las emisiones de estas sustancias tóxicas. También debe participar en el control y vigilancia de esta contaminación.

Fuente de la imagen: wikipedia
Pero, hasta el momento, las actuaciones se quedan cortas frente a este problema que afecta a los alimentos, el agua, el suelo o el aire que nos rodea, así como a nuestra salud y la de otros seres vivos. Puesto que no respeta fronteras, a todos nos perjudica que aún haya países productores, como EE.UU. o Italia, que aún no han ratificado el Convenio de Estocolmo (más detalles). Además, otro gran inconveniente es que su cumplimiento es desigual. Por otra parte, falta decisión para adoptar medidas más estrictas. Por ejemplo, para descontaminar los residuos o las industrias o almacenes cuando quedan en desuso.

En cuanto a las investigaciones, lo prioritario es promover la investigación de
alternativas más seguras, para facilitar cuanto antes la retirada de estos productos tan tóxicos. Se ha comprobado que cuando se han dejado de usar algunos contaminantes tóxicos han bajado mucho sus niveles.

Vivimos rodeados de contaminantes orgánicos persistentes, la mayoría generados por el hombre, entre las que se encuentran nombres y siglas como aldrina, el hexa y heptaclorobenceno, clordano, endrina, HAP, DDT, PCB, lindano, dioxinas, furanos, retardantes de llama bromados... Los COP han generado alarma en todo el mundo, sobre todo porque son tóxicos para el medio ambiente y la salud. Las exposiciones largas o muy altas a estos compuestos, se ha visto que provocan o tienen relación con la aparición de enfermedades, como el cáncer y la diabetes y con alteraciones en el normal funcionamiento de muchos órganos y sistemas, como el nervioso, el hormonal o el inmunológico. Pero es que, además, los COP son sustancias que:
  • Tienen el don de la ubicuidad. Se han encontrado en el aire, el agua, el suelo, lejos incluso de donde se usan o fabrican porque tienen mucha facilidad para dispersarse.
  • Permanecen intactas durante largos periodos de tiempo, de ahí lo de persistentes. Algunos PCB, por ejemplo, durante un siglo y medio. Por eso aunque ya haya muchos países que han prohibido su uso o están reduciendo sus emisiones, como España o casi todos los de la Unión Europea, siguen estando presentes en nuestro entorno.
  • Pasan a las futuras generaciones a través de la placenta y la leche materna, en una etapa especialmente vulnerable para el desarrollo.
  • Están en el aire de nuestras ciudades, casas, colegios, oficinas, etc., entre otras cosas porque forman parte de multitud de productos: televisores, ordenadores, lavadoras, teléfonos móviles, cables, moquetas, colchones, espumas, coches, pinturas, aceites lubricantes, transformadores eléctricos, pesticidas... Muchos de esos productos, cuando se desmontan o se tiran en cualquier sitio y empiezan a deteriorarse, emiten partículas y vapores tóxicos que respiramos a diario.
Estos son algunos de ellos:

PBDE (Polibromodifenil éteres)
Son los retardantes bromados de llama. Algunos ya están prohibidos y unos cuantos, restringidos. Forman parte de plásticos, pinturas, textiles, aparatos eléctricos. En animales, causan alteraciones hormonales, daños en hígado, neuronas y sistema reproductor.

PCB (Policlorobifenilos)
Se pueden encontrar aún en aceites lubricantes de viejos transformadores o máquinas eléctricas, o como aditivos de pinturas, plásticos, papel... Están en la lista de responsables probables de cáncer. Causan problemas neurológicos e inmunológicos.

DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano)
Pesticida muy usado en el pasado para combatir plagas de insectos (como los que transmiten la malaria o el tifus). Está prohibido pero aún se emplea en algunos países para el control de la malaria. Sus derivados, DDE y DDD son tan tóxicos como el mismo DDT. Faltan estudios para confirmar sus efectos en humanos.

HCH (Hexaclorociclohexanos)
Su principal representante es el lindano, que genera durante su fabricación los otros dos tipos de HCH. Los tres se usaron como insecticidas en agricultura y silvicultura. El lindano, también en animales y personas (por ejemplo, como antipiojos). Potencialmente cancerígeno.

HCB (Hexaclorobenceno)
Fungicida que se usaba en la agricultura. Se forma también en la fabricación de algunos compuestos químicos y puede transformarse en dioxinas y furanos. A altas dosis causa lesiones en la piel, cólicos, debilidad y enfermedades metabólicas que pueden llegar a ser mortales.

Fuente del texto: OCU Salud, nº 99

La contaminación atmosférica y sus efectos ambientales

Para comenzar el bloque de contenidos sobre la contaminación de los sistemas terrestres fluidos, veremos dos presentaciones de Eduardo Gómez, como siempre "apañadas" y completadas con datos más recientes y enlaces a artículos de interés sobre este apasionante tema.

Los líquenes como bioindicadores

Los bioindicadores son sistemas biológicos sensibles a las variaciones en la calidad ambiental (en nuestro caso, en la calidad del aire). En cuanto se produce una alteración en su entorno, algunos seres vivos desarrollan una determinada respuesta, cambiando sus funciones vitales o su composición química o genética y pueden llegar a almacenar el agente que ha causado ese cambio.

Cuando hablamos de bioindicadores nos referimos a especies que nos permiten deducir alguna característica del medio en el que están. Por lo general, se utilizan como indicadores de la calidad del hábitat; como detectores de presencia, concentración o efecto de la contaminación; como detector de cambios o alteraciones en el medio… Un ejemplo clásico de bioindicador era el canario en las minas. Cuando el canario se moría, se entendía que había aumentado la concentración de los gases tóxicos que componen el grisú.

Los bioindicadores tienen varias maneras de “manifestar su protesta” como puede ser simplemente mediante su presencia o ausencia. Otra forma es mediante malformaciones o mediante la abundancia del indicador.

Además de todo esto, algunos seres vivos son capaces de acumular el agente contaminante. Se les llama bioacumuladores. En algunos casos, los líquenes también tienen utilidad como bioacumuladores.

La mayor ventaja de los bioindicadores es que continuamente están en su hábitat, cosa que un equipo de medición no hace (pues toman las muestras del aire de forma periódica), por lo que si en algún instante, por muy corto que sea, tiene lugar algún hecho que pueda afectar al medio ambiente, los indicadores biológicos lo detectarán, mientras que probablemente los equipos de análisis no estarían operativos y no lo detectarían.

Otra ventaja es que los bioindicadores son organismos vivos. Eso quiere decir que sus respuestas nos indican directamente si se está produciendo algún daño sobre los seres vivos. Midiendo únicamente valores físico-químicos, estos efectos sólo pueden suponerse.

Los bioindicadores  permiten evaluar la calidad del suelo, el aire o el agua de manera muy útil, fiable y económica.

Fuente: CTM de 2º de bachillerato. Ed. Mc Graw Hill.

Los líquenes son muy sensibles a los efectos de algunos contaminantes (ver tabla anterior para el caso del dióxido de azufre). Cada especie de liquen puede tolerar unas concentraciones determinadas de contaminantes y, si se superan, desaparecen. Cuando hay contaminación en un lugar sólo encontraremos aquellos líquenes más resistentes.
Fuente del texto anterior:  web del IES  Legio VII de León.

Por último, aquí tenéis una imagen del tronco de unos chopos cercanos a mi anterior instituto. ¿Podéis identificar qué tipo de líquenes son y qué nivel de contaminación indican?

De la Ruta Verde alrededor del IES García Morato

Los peligrosos COP (Compuestos Orgánicos Persistentes)

Su nombre parece más bien el de un cuerpo de operaciones especiales de la policía, pero en realidad son unos peligrosos contaminantes, los llamados Compuestos Orgánicos Persistentes (COP). España, al formar parte de la Unión Europea y haber firmado el Convenio de Estocolmo (se firmó en 2001 y entró en vigor en mayo de 2004), tiene el compromiso de cesar la fabricación y reducir las emisiones de estas sustancias tóxicas. También debe participar en el control y vigilancia de esta contaminación.

Fuente de la imagen: wikipedia
Pero, hasta el momento, las actuaciones se quedan cortas frente a este problema que afecta a los alimentos, el agua, el suelo o el aire que nos rodea, así como a nuestra salud y la de otros seres vivos. Puesto que no respeta fronteras, a todos nos perjudica que aún haya países productores, como EE.UU. o Italia, que aún no han ratificado el Convenio de Estocolmo (más detalles). Además, otro gran inconveniente es que su cumplimiento es desigual. Por otra parte, falta decisión para adoptar medidas más estrictas. Por ejemplo, para descontaminar los residuos o las industrias o almacenes cuando quedan en desuso.

En cuanto a las investigaciones, lo prioritario es promover la investigación de
alternativas más seguras, para facilitar cuanto antes la retirada de estos productos tan tóxicos. Se ha comprobado que cuando se han dejado de usar algunos contaminantes tóxicos han bajado mucho sus niveles.

Vivimos rodeados de contaminantes orgánicos persistentes, la mayoría generados por el hombre, entre las que se encuentran nombres y siglas como aldrina, el hexa y heptaclorobenceno, clordano, endrina, HAP, DDT, PCB, lindano, dioxinas, furanos, retardantes de llama bromados... Los COP han generado alarma en todo el mundo, sobre todo porque son tóxicos para el medio ambiente y la salud. Las exposiciones largas o muy altas a estos compuestos, se ha visto que provocan o tienen relación con la aparición de enfermedades, como el cáncer y la diabetes y con alteraciones en el normal funcionamiento de muchos órganos y sistemas, como el nervioso, el hormonal o el inmunológico. Pero es que, además, los COP son sustancias que:
  • Tienen el don de la ubicuidad. Se han encontrado en el aire, el agua, el suelo, lejos incluso de donde se usan o fabrican porque tienen mucha facilidad para dispersarse.
  • Permanecen intactas durante largos periodos de tiempo, de ahí lo de persistentes. Algunos PCB, por ejemplo, durante un siglo y medio. Por eso aunque ya haya muchos países que han prohibido su uso o están reduciendo sus emisiones, como España o casi todos los de la Unión Europea, siguen estando presentes en nuestro entorno.
  • Pasan a las futuras generaciones a través de la placenta y la leche materna, en una etapa especialmente vulnerable para el desarrollo.
  • Están en el aire de nuestras ciudades, casas, colegios, oficinas, etc., entre otras cosas porque forman parte de multitud de productos: televisores, ordenadores, lavadoras, teléfonos móviles, cables, moquetas, colchones, espumas, coches, pinturas, aceites lubricantes, transformadores eléctricos, pesticidas... Muchos de esos productos, cuando se desmontan o se tiran en cualquier sitio y empiezan a deteriorarse, emiten partículas y vapores tóxicos que respiramos a diario.
Estos son algunos de ellos:

PBDE (Polibromodifenil éteres)
Son los retardantes bromados de llama. Algunos ya están prohibidos y unos cuantos, restringidos. Forman parte de plásticos, pinturas, textiles, aparatos eléctricos. En animales, causan alteraciones hormonales, daños en hígado, neuronas y sistema reproductor.

PCB (Policlorobifenilos)
Se pueden encontrar aún en aceites lubricantes de viejos transformadores o máquinas eléctricas, o como aditivos de pinturas, plásticos, papel... Están en la lista de responsables probables de cáncer. Causan problemas neurológicos e inmunológicos.

DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano)
Pesticida muy usado en el pasado para combatir plagas de insectos (como los que transmiten la malaria o el tifus). Está prohibido pero aún se emplea en algunos países para el control de la malaria. Sus derivados, DDE y DDD son tan tóxicos como el mismo DDT. Faltan estudios para confirmar sus efectos en humanos.

HCH (Hexaclorociclohexanos)
Su principal representante es el lindano, que genera durante su fabricación los otros dos tipos de HCH. Los tres se usaron como insecticidas en agricultura y silvicultura. El lindano, también en animales y personas (por ejemplo, como antipiojos). Potencialmente cancerígeno.

HCB (Hexaclorobenceno)
Fungicida que se usaba en la agricultura. Se forma también en la fabricación de algunos compuestos químicos y puede transformarse en dioxinas y furanos. A altas dosis causa lesiones en la piel, cólicos, debilidad y enfermedades metabólicas que pueden llegar a ser mortales.

Fuente del texto: OCU Salud, nº 99