ENTRE EL TEMOR Y LA TRASCENDENCIA – CIENCIA, POESÍA Y PRÁCTICA

Caballos. 14 horses on my mind.

Hay una similitud entre poesía y ciencia en un aspecto: ambas son prácticas sociales, pero quienes las practican niegan que lo sean, porque arguyen que son trascendentes, no ancladas en el contexto o su definición no depende de circunstancias de cualquier tipo. En el primer caso, porque no toda persona que hace poemas es un poeta, es decir, pocos pueden crear poesía, arguyen. En el segundo caso, la validez de una teoría no proviene de la cantidad de personas que la tomen por verdadera, es decir, por más que todos la practiquen, no convierte a nadie en científico.

Me temo que son temores infundados al calificar a la poesía o la ciencia como prácticas sociales, serlo no las hace menos ellas mismas, es decir, no anula su definición o sus características distintivas. Creo que sería bueno aclara lo que significa el término “práctica social o cultural” y aplicarlo a esos casos. A algo nos llevará, espero.

¿Coffee BreakQUÉ ES UNA PRÁCTICA, SOCIAL O CULTURAL?

Empecemos aclarando el punto respecto a lo que es una práctica social o una práctica cultural o una práctica socio-cultural. Una práctica es un tipo de actuación o de ejecución de acciones que se define porque se puede repetir de alguna manera y porque tiene un esquema básico, es decir, existen funciones que deben realizarse necesariamente a través de algunas de las acciones. Decimos que dos personas pueden realizar la misma práctica aunque no hagan lo mismo por esa razón, por ejemplo, bailar, porque si A baila mambo y B baila vals, no hacen las mismas acciones, pero ambos mueven el cuerpo en relación con una música.

Como vemos, denominar “práctica X” a un conjunto de acciones depende de cómo se cumplen las funciones y proviene de un acuerdo tácito, asentado en la historia y trasmitido de maneras evidentes y subterráneas no bien comprendidas todavía (¿cómo he aprendido a usar un transporte público? En la escuela, no, evidentemente). persona-sociedadEn este sentido, toda práctica es social o cultural, porque parte de lo que las personas conocen y comparten. Reconocen en las acciones un cierto perfil, una función, un objetivo o finalidad (diría “un significado común”), y, generalmente, pero no siempre, reconocen un conjunto de acciones usualmente asociadas. Para entender esto recordemos lo que pasó en el arte entre el siglo XIX y el XX, donde hubo una ruptura entre grupos de personas que no se ponían de acuerdo sobre a qué llamar arte, aunque todos reconocían acciones con una finalidad equivalente en lo que hacía el otro, aunque los resultados fuesen tan terriblemente distintos y traumáticamente inaceptables para muchas personas.

Ante la antinomia de Bordieu entre mecanismo y finalismo (Bourdieu, 2010), y en línea con el “habitus”, la práctica se presenta en la cotidianidad como “experiencia”, la que nace de la tensión entre lo subjetivo y lo objetivo, las que más bien considero abstracciones desde las situaciones públicas (compartibles, repetibles, con consecuencias en otros) y privadas (personales, intransferibles, únicas). Bourdieu plantea que el “habitus” se incorpora (literalmente, el cuerpo hace de esponja) de manera silenciosa, no se aprende conscientemente, sino que se “prende” de la persona durante las diversas actuaciones. Desde mi punto de vista, la práctica sucede en un espectro más amplio de experiencias que el “habitus” (Reckwitz, 2002), y lo pienso como muestro en la figura adjunta, donde la subjetividad (en el sentido de intimidad, no de “perteneciente al sujeto”), el significado y la acción son una convergencia de distintos matices de “subjetividad” y de “objetividad”. La práctica, por si acaso, no en el sentido de ejecución o de manifestación de una concepción previa, sino en el sentido de una necesidad que debe satisfacerse de manera continua, es decir, una actividad, como lo entiende Engeström (1989).

Por todo ello, llamar práctica social o cultural o simplemente “una práctica” a la poesía o la ciencia no pone en entredicho lo que pretenden lograr: poemas y teoría científicas. Pero sucede algo perturbador, sin embargo.

Stargazing Through A Window

EMPECEMOS CON LA CIENCIA

Vayamos a tratar el asunto en la ciencia. La ciencia establece propuestas validadas intersubjetivamente acerca de sectores acotados previamente de lo que denominamos realidad. Hasta que dichas propuestas no funcionen o no ayuden a comprender esa realidad, se dirá que son “verdaderas” o “muy probables”. La ciencia parte de varios supuestos sobre los cuales tenemos que estar de acuerdo. Uno poco aludido es el siguiente: “el criterio para afirmar la superioridad de una propuesta tiene que partir de que proporciona un índice mayor de supervivencia”, es decir, lo que hace mejor a una teoría es que vence en una especie de selección natural a sus rivales, porque tiene mejores y más afiladas ventajas sobre otras. Es decir, la continuidad en la realidad es la que ratifica su superioridad. Si no explica mejor que otra, es la otra la que es adoptada por la comunidad de científicos, aunque solo la plantee un solo científico y aunque la mayoría de esos científicos, en una época, no observaron esas ventajas y esa mejor capacidad explicativa. Para los científicos, no tiene sentido decir que “creo en la verdad de Z, aunque no tiene pruebas o experimentos u observaciones que la apoyen”. Estoy de acuerdo en esto, siempre que no pase uno o ambos de lo siguiente:

  1. Z se refiere a lo que no ha sido investigado o que no ha sido determinado lo distintivo de lo que haya que investigar. Supongamos lo que se refiere a lo que pasa después de la muerte. En principio, no hay información que exista nada después, según lo que se puede observar. Pero puede suceder que se plantee asociar ciertas observaciones con una concepción distinta y verificable de lo que es una persona, por lo que podríamos empezar a notar que algunos hechos se deben a una existencia no percibida por las definiciones actuales. No es cuestión de creer simplemente, sino de analizar con mayor granularidad ciertas situaciones.
  2. Z se refiere a lo que ha sido investigado exhaustivamente pero niega la existencia de lo que se cree en ese contexto. Así como la cantidad de científicos que están en contra no es razón para desechar una hipótesis, tampoco la cantidad de investigaciones a lo largo del tiempo lo es. Al final, la teoría heliocéntrica era más explicativa que los epiciclos, o la genética explicaba mejor la formación de las especies que la divina creación ex-nihilo. Claro, todas esas investigaciones se basan en un programa o paradigma suficientemente desarrollado, pero una observación más fina puede introducir una variable o factor no tomado en cuenta. Conan Doyle fue citado en Viaje a las estrellas así: “Cuando eliminas toda solución lógica a un problema, lo ilógico, aunque imposible, es invariablemente lo cierto“, lo que parafraseo así: “si no interviene lo probable, lo imposible es la explicación“.

¿Y a qué todo esto? A que la ciencia depende de lo que su método permita encontrar según la forma de aplicarlo en cada época, es decir, sus principios son metódicos, no axiomáticos. Por lo tanto, es una forma de actuar, una práctica (social o cultural). Incluso, la forma de actuar ha ido variando a lo largo de los siglos, no sabremos cómo será la ciencia del siglo XXIV (aunque nos lo muestra “Star Trek”, ¿o no?).

Mon Oeil

¿Y LA POESÍA?

Ahora, ¿cómo puede ser una práctica social esto de escribir poemas? Partamos de ahí: no es la poesía la actividad de escribir poemas. Tampoco la de escribir buenos poemas. Si así fuera, bailar sería hacer buenos movimientos acordes con la música o investigar (hacer ciencia) sería proponer teorías. No es el resultado lo que define, supongo. Porque si fuese así, mucha gente se dedica a imitar los resultados de otros, pero nunca logran ni poesía, ni baile ni ciencia. Hay algo oculto, una finalidad necesaria a lo que el ser humano busca. No es algo determinado, sino un acercamiento por tentativas, y algunas personas tienen mejor intuición y componentes biológicos para eso que el resto. Y es así, porque incluso la naturaleza humana insiste en cambiar, en no ser estable de una vez para siempre (y extinguirse, en consecuencia).

A mí me impacta el verso “Corrientes aguas, puras, cristalinas, (…)”. Les digo que siento como sube hasta “aguas”, se detiene por un momento en “puras” y baja para seguir “cristalinas”. Es sólo cómo se pronuncia, pero, oh, sorpresa, también es lo que dice: el fluir del agua. Eso es poesía. Encontrar un pronunciar que dice más de lo que dijo quien lo pronunció primero. O como la caja azul del doctor Who: una poesía es más grande conforme uno entra en el tiempo con ella. El que solo unos lo logren no significa que es menos práctica: es una práctica difícil, no una práctica imposible.

TRASCENDENCIA Y PROYECCIÓN

Entonces, práctica social o cultural refiere a lo que nos hace comprender lo que hacemos unos y otros aunque no lo hagamos: la captación del sentido de una serie de acciones. Ciencia y Poesía son prácticas sociales porque hay un sentido compartido que queremos lograr, uniendo de alguna forma, históricamente determinada, las experiencias que vivimos y que recopilamos de otros. La ciencia buscaría la explicación, la poesía mostraría la comprensión, ambas buscan la trascendencia, ir más allá del hic et nunc.

Ajá. Éste es el meollo, creo. Ser trascendente no significa o implica aislarse del contexto, las circunstancias o las características distintivas. Ser trascendente no es igual a ser ideal o espiritual o universal o estándar. A los arrecifes conceptuales en que navegaba Bourdieu y de los salió con el “habitus”, hay que agregar el temor de las personas que desarrollan prácticas ancestrales (como la religión, la ciencia, la poesía, el comercio, la enseñanza, la comunicación o el lenguaje, entre muchas otras) de que su actividad desaparezca. Y distinguen entre prácticas sociales y culturales, relativas a una sociedad y actividades esenciales, propias e inherentes del ser humano. Lo paradójico es que eso es el anclaje en la circunstancialidad que ellas mismas quieren evitar. Y se tratan de dar fundamentos sociológicos, antropológicos o biológicos a ese anclaje. Por ejemplo, que el lenguaje es una facultad innata o que las capacidades son dispositivos neuronales. Tanto el lenguaje como las capacidades son constructos que permiten organizar patrones que encontramos, constructos que tienen una tradición que reúne lo que hemos aprendido o hemos creído aprender de esos patrones. Probablemente, eso que llamamos “innato” o “dispositivo neuronal” es una profecía auto-cumplida o una re-interpretación de lo que empezamos hace tiempo a llamar “Lenguaje” o “Capacidad”. Lo que importa es que nuestro constructo trascienda. No importa que sea verdadero, en el sentido que el constructo se encuentre en la realidad, sino que pueda ser ampliado, modificado, redimensionado, para encontrar o crear más realidad. Es decir, que ayude a los que vienen luego. En otras palabras, que tenga una capacidad de proyectar sentido en diversas circunstancias.

Ésta es la cualidad bicéfala de la práctica, es trascendente y es circunstancial. Y debe ser una para ser la otra. Esta cualidad define la práctica en el tiempo de modos diversos. En el ahora, la práctica tiene que ser útil y no totalmente comprensible o definible (o muchos deben tener distintas comprensiones y seguir llamándola igual). En el ayer, debe ser rastreable y haber sido prevista, de algún modo. En el futuro, debe poder adaptarse y reciclarse y redefinirse, así como generar situaciones imprevistas, es decir, ser encontrada en momentos que nunca tuvieron conexión con ella antes. La práctica es la actividad de crear sentido con las acciones basado en trayectorias temporales de significados. Por eso, acciones íntimas, como la poesía, son prácticas sociales y culturales, y acciones racionales y universales como la ciencia también lo son. Y por eso, también, debe haber conversación entre todas estas prácticas ancestrales, porque el sentido es el oxígeno de la humanidad.

La práctica, entonces, es resultado de que, como seres humanos, no vivimos de solo hacer, sino de encontrar significado, de proyectar el entorno hacia nosotros y a nosotros en el entorno, más allá de tangible o hacer tangible lo que no lo es o no parece serlo. Somos una proyección consciente de sí misma. La pululación de prácticas sociales o culturales, más allá de ciencia y poesía, es la demostración de que seguimos buscando y de que todos lo hacemos. No solo somos lo que hacemos, sino que hacemos lo que estamos buscando ser.

Simple


NOTAS Y DEMÁS…

  • Bourdieu, P. (2010). Outline of a theory of practice (25. printing). Cambridge: Cambridge Univ. Press.
  • Engeström, Y. (1987). Learning by Expanding. An Activity-theoretical approach to developmental research. Recuperado a partir de http://lchc.ucsd.edu/mca/Paper/Engestrom/Learning-by-Expanding.pdf
  • Reckwitz, A. (2002). Toward a Theory of Social Practices: A Development in Culturalist Theorizing. European Journal of Social Theory, 5(2), 243-263. http://doi.org/10.1177/13684310222225432

LO QUE REQUIERE LA POESÍA

En una entrevista, Wislawa Szymborska (poeta polaca y nobel también), en la que habla con realismo y humor de su trabajo, aborda uno de los requerimientos para escribir poesía (amén de otros, pero éste me interesa, por afinidad -y conveniencia profesional, mmm):

"Hoy veo muy clara la diferencia entre la forma de hacer literatura y la forma de hacer arte. La escritura requiere soledad, aislamiento, trabajo y cansancio. He visto pintores trabajando mientras hablaban, riéndose, rodeados de gente, y eso es imposible para un escritor. Necesito tiempo y que nadie me moleste. Mis collages son un juego, para que la gente los disfrute. Son mi forma de descansar. Me canso mucho escribiendo."

Siento una armonía especial con su poesía (lo que incluye a su vida, claro). La ironía sutil, la observación de lo cotidiano, la búsqueda de la simplicidad sin perder de vista lo complejo (más bien porque aborda lo complejo), son características que me emocionan y aprendo (o espero aprender). Por ejemplo, aunque parezca irreverente, o quizá por ello, me fascina este poema (lo que está más allá de toda traducción y sin embargo vive en el lenguaje es, quizá, una forma contradictoria, realista y funcional de definir lo que es poesía), poema que se llama "Opinión sobre la pornografía":

POEMA: Opinión sobre la pornografía

No hay mayor lujuria que el pensar.
Se propaga este escarceo como la mala hierba
en el surco preparado para las margaritas.

No hay nada sagrado para aquellos que piensan.
Es insolente llamar a las cosas por su nombre,
los viciosos análisis, las síntesis lascivas,
la persecución salvaje y perversa de un hecho desnudo,
el manoseo obsceno de delicados temas,
los roces al expresar opiniones; música celestial en sus oídos.

A plena luz del día o al amparo de la noche
unen en parejas, triángulos y círculos.
Aquí cualquiera puede ser el sexo y la edad de los que juegan.
Les brillan los ojos, les arden las mejillas.
El amigo corrompe al amigo.
Degeneradas hijas pervierten a su padre.
Un hermano chulea a su hermana menor.

Otros son los frutos que desean
del prohibido árbol del conocimiento,
y no las rosadas nalgas de las revistas ilustradas,
pornografía esa tan ingenua en el fondo.
Les divierten libros que no están ilustrados.
Sólo son más amenos por frases especiales
marcadas con la uña o con un lápiz.


Del libro: "Gente en el puente" 1986 (Versión de Abel A. Murcia)

Sin haber leído antes este poema, escribí algo llamado "Pensar es un placer perverso". Adivinarán mi emoción al leer este poema, donde tan divertida, clara e irónicamente (disculpen los adverbios, pero es el mejor tipo de palabra para detectar experiencias: los modos del verbo) se describe la dimensión vital del que piensa ("no hay mayor lujuria que el pensar"), lo que no se percibe a simple vista. Ciertamente, pensar es, por ello, parte esencial de la poesía, un requerimiento sine qua non. Pensar del modo en que Szymborska lo exhibe, así de impúdico. Esta impudicia, tan secreta (y, por lo tanto, también contradictoria), este exhibicionismo paradójico es otra necesidad de la poesía: no es solo exponer las vísceras sino provocar la experiencia de ver eso (que debe llevar a alguna sensación, alguna reacción física) mientras lo que se ve es algo totalmente distinto.

Milwaukee (WIS) Downtown, 100 East Building

En ese sentido, Nietszche escribió, en "Más allá del bien y del mal", "los poetas no se averguenzan de sus vivencias, las explotan". Imaginen esto: el oro o cualquier otro metal debe ser manipulado hasta el hartazgo para que sea útil, para que sea parte de lo humano. Cambiemos oro o metal por "vivencias". Da temor, da vergüenza, produce espasmos, porque no se sabe cómo, no se quiere hacer o porque para qué remover y remover lo que ya pasó. Esto no puede pasar en el proceso de la poesía. Y no solo con las vivencias propias, también con las ajenas, en lo que se puede adivinar o despertar de ellas, lo cual crea otra paradoja en la poesía: estar tan cerca de uno y de los otros y, sin embargo, no vincularse hasta el extremo de impedir procesar de modos distintos las experiencias, lo cual puede significar crear lo que no sucedió, proyectar lo que pudo suceder, inventar, "mentir". Esto es lo que se puede llamar el egoísmo implícito del poeta. Yo lo llamaría su conciencia esquizoide o bien su necesidad de aislamiento. En algunos, esto se logra por el humor o la ironía, en otros, al crear una imagen pública o un alter ego, en muchos, a través de un lenguaje críptico, indescifrable. Explotar las vivencias, amigo Friedrich, lleva por un sendero lleno de sombras y luces desbordantes que pueden trastocar la conciencia, pero, hay que seguirlo.

De regreso a tierra, digo que, por ello, los poemas donde no hay pensar, los que solo exhiben autopsias y los que dicen directamente no llevan poesía. Casi me resisto a llamarlos poemas. Las confesiones, las reflexiones didácticas, los testimonios, no son poesía (por eso, muchos "poemas" míos pasan a destierro, cuando los vuelvo a leer). La sinceridad en los poemas no es porque informa con noticias demostrables, sino porque la experiencia produce sus efectos como tal, incluso a través de la tergiversación de los hechos.

Ahora, ¿cuál es el valor de la poesía? Ésa es otra pregunta. ¿Para qué hacerla, seguir con ella? o ¿la podemos abandonar?, ¿podemos despojarnos de su incómoda presencia?, ¿tiene sentido en un mundo así? Quizá podamos reemplazarla por terapias sicológicas. Hay una tendencia propia del ser humano, que parte de la distinción de poseer una conciencia: la proyección de sí mismo dentro de su propia conciencia. Esta proyección está atada irremediablemente al conjunto de sus recuerdos, en planos sensoriales, emocionales, sentimentales, etc., que, además, se proyectan desde atrás y desde adelante (pasado y expectativas). Y no podemos traducir todo esto a recuadros clarificados, como ventanitas de colores bien pintados. No es posible sistematizarlo, hay que aceptar su caos inherente, su permanente incertidumbre. No siempre se puede vivir en la incertidumbre, pero ésta es una de las condiciones de la poesía: la indeterminación, la extraña indeterminación que nos postula y nos identifica con todo lo que somos. (Y, me parece, éste es el valor de la poesía: la voz de lo incognoscible que habita en nosotros).

Paradox in a Bag