¿POR QUÉ SEGUIMOS DISCUTIENDO SOBRE “IDEOLOGÍA DE GÉNERO”?

 

Quien expresa “ideología de género” tiene que indicar cuál. Se entiende por “ideología” su sentido más amplio: “ideas articuladas respecto de X”. “Idea” es el resultado de procesar de algún modo una serie de sensaciones, experiencias o situaciones. Y “X” será algo que podemos designar o describir de algún modo y que se refiera a un conjunto de situaciones o experiencias.

Por lo tanto, es fácil discutir sobre “ideología” sin saber de qué se está hablando.

Primero, la “X” puede ser un término que no todos usen igual. Supongamos que hablamos de “amor”: ahí ya empiezan las discusiones de qué situaciones vamos a considerar dentro del término. Algunos incluirán necesariamente al matrimonio, otros dirán que es irrelevante. Por ello, empezaría preguntando: ¿qué entendemos por “género”? A ver. Para muchos, “género” es igual que “sexo”, y para muchos otros, “género” es una forma de describir comportamientos sociales, mientras que “sexo” es una forma de describir diferencias biológicas. Es decir, no parten del mismo término, digamos que habrá “género-sexo” y género-social”. Ahí ya hay una discusión y un acuerdo por trabajar. Por mi parte, me inclino a diferenciar los términos, no tiene sentido emplear dos términos para el mismo referente, a menos que haya un cambio. “Género” es algo más que solo “sexo” o diferencias biológicas. Aunque también se puede argumentar que lo biológico determina el comportamiento y que mi “sexo” determina como me comporto. Pero este argumento nos lleva a reducir todo a que la “materia” determina “lo espiritual” finalmente. Es decir, es tan reduccionista que no podría ser argumentada por quienes defienden la existencia de dimensiones supra-naturales, como dios o espíritus.

En segundo lugar, existen diversos sentidos de “ideología” según como califiquemos a ese conjunto de ideas, que se supone, al menos, coherente y refiere claramente a X. Por ejemplo:

  • Si oponemos “idea” a “teoría”, entonces, podremos decir que la “ideología” no busca ser probada de una forma racional.
  • Si oponemos “idea” a “hecho”, diremos que la “ideología” buscar agregar un interés a la realidad. Cada quien podría usar “ideología” en un sentido que descalifique las ideas de otro.

En “ideología de género”, la descalificación es porque se opone “idea” a “certidumbre” (para algunos, “revelación”). Los otros tienen “ideología de género” porque no tiene la certeza o verdad. Lo extraño es que, desde el sentido inicial de “ideología”, nadie está libre de “ideología”. Todos portamos “ideologías”, incluso el que indica la ideología de otro.

(Mi ideología parte de vincular lo que expreso con lo que tiene efecto en las personas, es decir, “idea” es “pensamiento” entendido como la forma que aparece cuando se organizan las experiencias y se contrastan con lo que se percibe a lo largo del tiempo. E “idea” se opone, a mi entender, a toda experiencia sobre la que no se vuelve ni cambia, se opone a la inercia u ociosidad o conformismo, y, quizá, en el fondo, para mí, “idea” implica movimiento, renovación, dinamismo, proyección. Ah, entonces, para mí, “idea” se opone a “axioma” o a “verdad aceptada sin posibilidad de cambio ni adaptación”. No sé si mi ideología es buena, mejor, valiosa o demostrable. Lo que percibo es que me permite comprender otras ideologías, me permite rescatar lo útil y desplazar lo que pueda causar daño a otros. Y eso ayuda a que podamos vivir juntos. Disculpen, me aparté del tema. Regresamos, entonces.)

Ahora, si no explicamos todo lo anterior, que enumero:

  • el sentido de “ideología” que se adopta,
  • lo que entendemos por “idea” y a qué se opone y
  • lo que entendemos por “género” y qué situaciones lo incluyen o no,

entonces, lo que estamos haciendo no es conversar sino solo gritar a ver si es más fuerte mi ruido y los demás se callan, porque parece que todos gritamos de modos distintos.

Por si acaso, no descalifico al grito. El grito es expresión de una emoción o un sentimiento, que puede ser de temor o de rabia o de dolor. Hay que escuchar el grito y descubrir si lo que se hiere es esencial para la otra persona o es solo un intento de unos terceros por causar algún tipo de caos que los favorezca. Lo que quiero resaltar es que esta búsqueda de lo esencial no puede hacerse si no hay interlocutores, no hay criterios de acuerdo previos y ambas partes no ponen por escrito sus “ideas” de manera detallada y explícita de cómo deberían quedar las cuestiones. Y se deben detectar cuáles son las coincidencias para discutir solo sobre las diferencias y para sopesar los efectos de cada opción en cada persona involucrada.

¿Demasiado racional? Y además demasiada imaginación y sensibilidad, creo. Pero vivir juntos es ser racionales, imaginativos y sensibles, de otro modo, a la primera o segunda o tercera oportunidad se pierden las personas en sus “ideas” y se olvidan las personas mismas y… ya tuvimos de eso demasiado, y seguimos.

Concluyo en que la razón para seguir discutiendo el tema propuesto debe ser encontrar un acuerdo para vivir juntos. Si no se quiere discutir, entonces, realmente no se quiere vivir juntos. Y discutir no es gritar sino buscar la comprensión en sus dos sentidos: compartir lo que se siente y describir lo que sucede entre todos. Dicho de otro modo y para ir más allá de lo que he escrito: ya no habría que preguntarnos por qué seguimos discutiendo, sino cómo debemos discutir para seguir viviendo con libertad y dignidad.

Mark of the Vampire (MGM, R-1972). Photo (8" X 10").

 

 

 

 

 

 

LA PROGRAMACIÓN, NO EL DISPOSITIVO, ES NUESTRA BRECHA DIGITAL

Hacia la luz me encamino, materia arrugada al final de mi vida útil.Es gracioso o sintomático, no sé. Cuando se escribe o habla de tecnología, suele aparecer algún dispositivo en la foto del artículo o en la mente del que escucha. Lo que suele presentarse es el dispositivo y el rostro feliz de la persona. Se destaca lo inmediatamente tangible, lo que hace contacto con el espectador. ¿Se ve en esas fotos o imágenes lo que encuentra la persona que manipula el dispositivo de la foto o la imagen mental? La pantalla, que es el espacio donde la persona concentra su atención, no se destaca, o se ve de costado. Y si se ve, es de tamaño reducido o no representa la actividad que realiza la persona: es un imagen quieta. Las fotos de gente que usa tecnologías no suelen mostrar lo que se hace (que es difícil mostrar, admito), sino que más bien solo enseñan los efectos en las personas y el aparato que causa ese efecto.

Pero esto último es falso. El aparato no causa ese efecto, aunque es lo que se percibe. Es la actividad de la persona lo que genera sus manifestaciones (es lo que intenta mostrar el informe Chaudron et alia, 2015, con relación a los niños menores de 8 años). Y esa actividad no es generada por el aparato. Entonces ¿cuál es la relación que vincula a uno y otro? Al parecer, la experiencia que se crea en esa interacción debe ser fuerte. Experiencia que surge de la interacción entre el dispositivo y la persona. El dispositivo reacciona y realiza acciones ante las acciones de la persona. Es lo que se llama “interactividad“, es decir, la persona y el dispositivo realizan en conjunto una actividad (Quiring, 2016). En la siguiente cita, Quiring (2016: 6) señala la debilidad de considerar las características tecnológicas (el dispositivo, digamos) aisladas del contexto funcional y significativo que les da sentido como experiencia:

Por otra parte, al tratar de determinar los resultados de la interactividad contando exclusivamente las características tecnológicas y mediante la medición de todo tipo de resultados cognitivos, afectivos o conativos es basarse en una simple y inadecuada lógica de estímulo-respuesta. Las características tecnológicas no pueden tomarse simplemente “tal cual”, sino que se perciben, se ignoran, se interpretan (y otras actividades) por los usuarios que trabajan con el sistema tecnológico. Este problema se agrava por el hecho de que muchos estudios no tratan de desentrañar ni teórica ni empíricamente la interdependencia de las características tecnológicas empleadas. Muchos estudios experimentales no dan respuesta a la pregunta de cómo interactúan texto, visual y materiales de audio, sino que simplemente los combinan en su creación de estímulo y por lo tanto confunden sus resultados.
(…)
Los resultados muestran que la interactividad se trata de mucho más que la simple percepción de características tecnológicas. Los usuarios añaden claramente una dimensión social (interactividad es, por ejemplo, acerca de la comunicación, el intercambio, la participación, la conexión), una dimensión individual (surf, jugar) y una dimensión de contenido (hasta a la dateness) y una dimensión de la imagen a la vista tecnológico dominado conceptos teóricos académicos.

Fuego 13¿Qué nos sugiere esto? Lo que se ve, lo que se suele recordar de la tecnología actual no es lo que la distingue ni le hace justicia. Claramente, se establece una relación entre “aparato” y persona, pero el dispositivo no genera esa relación, sino la actividad conjunta. Entonces, hay un aspecto del dispositivo que proporciona esa actividad. Algo en el dispositivo está preparado para responder a las posibles acciones de la persona, aunque las personas son distintas y su forma de actuar no sea uniforme. Las personas no actúan ante estos dispositivos como actúan con un martillo o un tenedor o una correa. Más bien actuamos “como si” el dispositivo contuviera una mente o fuese un ser animado. Entonces, aquí tenemos dos características que fundamentan esa interactividad:

  1. El aparato o conjunto de aparatos (por ejemplo, un Home Theather) se presenta dividido en dos componentes relacionados con la realización de la actividad, como mínimo. Un componente que interactúa con la persona y que esta puede interpretar o comprender como representación de la actividad que realiza (“interfaz“). Y otro componente que procesa datos para ayudar a desarrollar la actividad (lo que en mi opinión es el “dispositivo“, que se encarga de transformar un tipo de señal en otro).
  2. Responde a muchas situaciones no previstas, porque hay una variabilidad en la forma de actuar de las personas, en la forma de manipular el dispositivo, de interactuar con él. Es decir, está configurado para responder a distintos tipos de prácticas (en el sentido que planteo aquí), no de uso o acciones o instrucciones.

Entonces, no es un mero dispositivo. Cada vez más, estos “aparatos” (ya me cuesta llamarlo así) demuestran una autonomía mayor y una variabilidad o adaptabilidad a la interacción con la persona. Y eso se debe a su “programación“. En otras palabras, llamamos “programación” a la capacidad del dispositivo de interactuar con una persona generada previamente y/o sostenida a lo largo de esas interacciones. El dispositivo solo procesa datos, digitalmente en la actualidad (podría no ser así siempre o era posible no hacerlo así antes: el mecanismo de Anticitera, otro enlace), pero, como parte de esa programación, presenta ese flujo de datos de una manera que la persona lo comprenda así como transforma las acciones de la persona en el tipo de datos que puede manejar.

Ahora se puede entender que el dispositivo ya no es más que dispositivo, es un entorno de interacción, porque está programado para estar adaptado a la persona. Es el escenario en que se imagina estar la persona que interactúa. Asume, se sumerge en el dispositivo. Se encuentra en el entorno que lo nutre de un modo que prefiere, de acuerdo con las características socio-culturales de la persona y para realizar actividades que la sociedad y las personas establecen y modifican continuamente.

Cucaracha cylonEste entorno que proponen las tecnologías actuales con cada dispositivo o conjunto articulado de dispositivos se basa en las interacciones y en la realización de actividades a partir de ellas, para lo cual presentan a la persona interfaces o medios de interactuar que debe percibir e interpretar en relación con la actividad. Es decir, las interfaces se basan en procesos de información y comunicación estructurados, organizados, adecuados a cada grupo socio-cultural. En otras palabras, todas las tecnologías que ofrecen bienes o servicios interactivos requieren de las tecnologías de información y comunicación o TIC (por eso, las TIC son una meta-tecnología).

Pongo un ejemplo extremo y todavía no existente pero probable: una ropa que cambia de color según los deseos de la persona que la lleva, que podría servirse de tinta electrónica o de mímesis de propiedades biológicas de camaleones o similares. Esta ropa requerirá que los deseos se manifiesten de algún modo, de manera intencional, quizá a través de comandos de voz o de gestos sobre la ropa, que deben convertirse, a través de sensores, en alteraciones químicas. La actividad es “vestirse”, solo que en este caso no es necesario cambiar de ropa sino solo modificarla. Lo que sucede es una experiencia, no un uso. Me preparo para salir, me cambio de ropa o la modifico. Alguien dirá: “usa la ropa electrónica”, como se dice “usa una ropa inadecuada”. En ambos casos, sin embargo, no se realiza una actividad, solo se constata una situación que no va más allá, que no explica la elección o el error o el éxito.

Ahora, voy un poco más allá. Se argumenta que el uso de la tecnología tiene efectos negativos en ciertos aprendizajes. Y se habla de la tecnología y de su uso como manipulación de dispositivos. Para quienes argumentan esto, la solución es simple: limitemos el uso. Solo se permitiría trabajar con cierto tipo de tecnología y no con otro y en determinados horarios. En mi opinión (y Quiring estaría de acuerdo), esto es conductismo y es considerar los efectos de las tecnologías de manera superficial y unilateral. También demuestra una falta de comprensión de la tecnología: la tecnología es reducida a sus aparatos, cuando lo importante de la tecnología es el planteamiento de nuevas actividades, de nuevos escenarios, es decir, la tecnología es un entorno de prácticas sociales.

ENTONCES, la cuestión no es quitar, limitar o prohibir el dispositivo, sino programarlo de un modo distinto. Pero quienes planean quitar el dispositivo y censurar su “adicción” seguramente pasan por alguna de dos experiencias (supongo):

  1. No saben programar, no saben cómo disfrutar del dispositivo, perdón, del entorno en el dispositivo.
  2. No conocen suficiente de las personas para saber lo que podrían querer o necesitar.

Pedimos a la luz una imagen...Lo primero ya ha sido argumentado. Les sucede lo que al peatón que tiene miedo del automóvil porque ve la máquina y no la persona que la conduce. Ninguna tecnología es una realidad ajena a las personas. No es algo imposible de vadear o introducirse. No existe aparte de las personas, al otro lado de una membrana que no podemos atravesar. La tecnología es un modo construido de la realidad, somos nosotros que damos forma a nuestro entorno.

Lo segundo no parece claro: ¿por qué afirmo que “no conocen suficiente de las personas“? Quien prohíbe la tecnología no se pregunta por qué la necesita quien la busca. Simplemente, censura esos bajos placeres mundanos, ese entretenimiento fácil, esa libido satisfecha que acusa. Para quienes buscan prohibirla o limitarla hay algo en esa forma de mediación con el mundo que es preferible a todas las otras que rodean a la persona. ¿Por qué es preferida? No es un asunto de novedad. No es facilidad, porque sucede que no es fácil aprender a bajar películas y hay muchos riesgos. ¿Por qué aprender algo nuevo? Porque hay una ganancia a futuro, no solo inmediata. Se adquiere una práctica socio-cultural que permite adaptar mejor las actividades a cada interés particular: abre la puerta a otras posibilidades. Las TIC son adaptativas porque son programables. Y, en la medida que la programación se aprende, se proyecta de formas diversas. Es como tener el dinero necesario para redecorar mi casa muchas veces. Proponen muchos caminos, o, como podrían gustar los críticos, son la Hidra de Lerna: cortar una cabeza es procrear dos más. Esa adaptabilidad, aunque no la ejerza la mayoría todavía, la perciben. Y la ejercen algunas personas en las que esa mayoría confía, conoce o aprovecha (como el open source o el hacktivismo ético).

ENTONCES, el problema de la tecnología como causa de los males o de “amplificación” de los mismos es un espejismo. No es la tecnología, el problema somos nosotros que no somos conscientes de nuestras experiencias y sus límites. La tecnología es un entorno creado por nosotros. Lo que nos da es lo que hemos puesto allí. El problema es que estamos divididos en quienes programan y quienes ejecutan o reaccionan a la programación (se manipula la interfaz con fines oscuros, A.Llorca, Á. 2016). Acusar a la tecnología es buscar un chivo expiatorio o esquivar la mirada a los problemas sociales. El problema es por qué unos programan y otros no. Allí está la verdadera brecha digital, no es una brecha de acceso sino de conocimiento, como recoge Trucano (2016):

La “brecha digital”, que se pensó una vez sobre todo en términos de acceso a la tecnología, y cada vez más como una función de acceso a energía confiable (de hecho, la brecha digital en gran parte del mundo se alinea estrechamente con la “brecha de la electricidad ‘), ahora se entiende así como acerca de las habilidades y capacidades de las personas a beneficiarse del acceso a la tecnología (la denominada “segunda brecha digital”).

Aquí termino. La esencia de las TIC y la tecnología actual es la programación, no el dispositivo, es el entorno para realizar actividades, no un aparato a ser manipulado según instrucciones (sean efectivas y éticas, eso no basta). La experiencia con la tecnología y las TIC se da en la práctica, no en el uso. Los problemas no se resuelven quitando la tecnología, sino ampliando la capacidad de las personas para beneficiarse de ellas.

BIBLIOGRAFÍA

  1. A. Llorca, Á. (2016, agosto 1). Dark Patterns o cómo la interfaz puede estar diseñada para engañarnos. Recuperado 4 de septiembre de 2016, a partir de http://www.genbeta.com/a-fondo/dark-patterns-o-como-la-interfaz-puede-estar-disenada-para-enganarnos
  2. Chaudron, S., Beutel, M. E., Donoso Navarrete, V., Dreier, M., Fletcher-Watson, B., Heikkilä, A. S., … & Mascheroni, G. (2015). Young Children (0-8) and digital technology: A qualitative exploratory study across seven countries. http://www.research.ed.ac.uk/portal/files/18945050/Chaudron_et_al_2015_children_0_8_and_digital_technology_europe_report_libre.pdf
  3. Puelles, A. A. (2007). Acerca del software y del conocimiento Libres: una guía para filósosfos. Argumentos de razón técnica: Revista española de ciencia, tecnología y sociedad, y filosofía de la tecnología, (10), 181–197.
  4. Quiring, O. (2016). Interactivity. En P. Rössler, C. A. Hoffner, & L. van Zoonen (Eds.), The International Encyclopedia of Media Effects (pp. 1-13). Hoboken, NJ, USA: John Wiley & Sons, Inc. Recuperado a partir de http://doi.wiley.com/10.1002/9781118783764.wbieme0191
  5. Stallman, R. M. (2004). Software libre para una sociedad libre. Madrid: Traficantes de Sueños. Recuperado el 26-08-2016 http://bibliotecadigital.org/jspui/bitstream/001/144/8/84-933555-1-8.pdf
  6. Trucano, M. (2016, agosto 23). UNESCO Office in Bangkok: Promising Uses of Technology in Education in Poor, Rural and Isolated Communities Around the World. Recuperado 4 de septiembre de 2016, a partir de http://www.unescobkk.org/education/ict/online-resources/databases/ict-in-education-database/item/article/promising-uses-of-technology-in-education-in-poor-rural-and-isolated-communities-around-the-world/
  7. Zorzoli, P. (2002). Investigación sobre el movimiento del software libre. Recuperado el 26-08-2016. Recuperado a partir de http://www.casanas.com.ar/artsAdj/Zorzoli_-_sobre_el_movimiento_del_swl.pdf

ENTRE EL TEMOR Y LA TRASCENDENCIA – CIENCIA, POESÍA Y PRÁCTICA

Caballos. 14 horses on my mind.

Hay una similitud entre poesía y ciencia en un aspecto: ambas son prácticas sociales, pero quienes las practican niegan que lo sean, porque arguyen que son trascendentes, no ancladas en el contexto o su definición no depende de circunstancias de cualquier tipo. En el primer caso, porque no toda persona que hace poemas es un poeta, es decir, pocos pueden crear poesía, arguyen. En el segundo caso, la validez de una teoría no proviene de la cantidad de personas que la tomen por verdadera, es decir, por más que todos la practiquen, no convierte a nadie en científico.

Me temo que son temores infundados al calificar a la poesía o la ciencia como prácticas sociales, serlo no las hace menos ellas mismas, es decir, no anula su definición o sus características distintivas. Creo que sería bueno aclara lo que significa el término “práctica social o cultural” y aplicarlo a esos casos. A algo nos llevará, espero.

¿Coffee BreakQUÉ ES UNA PRÁCTICA, SOCIAL O CULTURAL?

Empecemos aclarando el punto respecto a lo que es una práctica social o una práctica cultural o una práctica socio-cultural. Una práctica es un tipo de actuación o de ejecución de acciones que se define porque se puede repetir de alguna manera y porque tiene un esquema básico, es decir, existen funciones que deben realizarse necesariamente a través de algunas de las acciones. Decimos que dos personas pueden realizar la misma práctica aunque no hagan lo mismo por esa razón, por ejemplo, bailar, porque si A baila mambo y B baila vals, no hacen las mismas acciones, pero ambos mueven el cuerpo en relación con una música.

Como vemos, denominar “práctica X” a un conjunto de acciones depende de cómo se cumplen las funciones y proviene de un acuerdo tácito, asentado en la historia y trasmitido de maneras evidentes y subterráneas no bien comprendidas todavía (¿cómo he aprendido a usar un transporte público? En la escuela, no, evidentemente). persona-sociedadEn este sentido, toda práctica es social o cultural, porque parte de lo que las personas conocen y comparten. Reconocen en las acciones un cierto perfil, una función, un objetivo o finalidad (diría “un significado común”), y, generalmente, pero no siempre, reconocen un conjunto de acciones usualmente asociadas. Para entender esto recordemos lo que pasó en el arte entre el siglo XIX y el XX, donde hubo una ruptura entre grupos de personas que no se ponían de acuerdo sobre a qué llamar arte, aunque todos reconocían acciones con una finalidad equivalente en lo que hacía el otro, aunque los resultados fuesen tan terriblemente distintos y traumáticamente inaceptables para muchas personas.

Ante la antinomia de Bordieu entre mecanismo y finalismo (Bourdieu, 2010), y en línea con el “habitus”, la práctica se presenta en la cotidianidad como “experiencia”, la que nace de la tensión entre lo subjetivo y lo objetivo, las que más bien considero abstracciones desde las situaciones públicas (compartibles, repetibles, con consecuencias en otros) y privadas (personales, intransferibles, únicas). Bourdieu plantea que el “habitus” se incorpora (literalmente, el cuerpo hace de esponja) de manera silenciosa, no se aprende conscientemente, sino que se “prende” de la persona durante las diversas actuaciones. Desde mi punto de vista, la práctica sucede en un espectro más amplio de experiencias que el “habitus” (Reckwitz, 2002), y lo pienso como muestro en la figura adjunta, donde la subjetividad (en el sentido de intimidad, no de “perteneciente al sujeto”), el significado y la acción son una convergencia de distintos matices de “subjetividad” y de “objetividad”. La práctica, por si acaso, no en el sentido de ejecución o de manifestación de una concepción previa, sino en el sentido de una necesidad que debe satisfacerse de manera continua, es decir, una actividad, como lo entiende Engeström (1989).

Por todo ello, llamar práctica social o cultural o simplemente “una práctica” a la poesía o la ciencia no pone en entredicho lo que pretenden lograr: poemas y teoría científicas. Pero sucede algo perturbador, sin embargo.

Stargazing Through A Window

EMPECEMOS CON LA CIENCIA

Vayamos a tratar el asunto en la ciencia. La ciencia establece propuestas validadas intersubjetivamente acerca de sectores acotados previamente de lo que denominamos realidad. Hasta que dichas propuestas no funcionen o no ayuden a comprender esa realidad, se dirá que son “verdaderas” o “muy probables”. La ciencia parte de varios supuestos sobre los cuales tenemos que estar de acuerdo. Uno poco aludido es el siguiente: “el criterio para afirmar la superioridad de una propuesta tiene que partir de que proporciona un índice mayor de supervivencia”, es decir, lo que hace mejor a una teoría es que vence en una especie de selección natural a sus rivales, porque tiene mejores y más afiladas ventajas sobre otras. Es decir, la continuidad en la realidad es la que ratifica su superioridad. Si no explica mejor que otra, es la otra la que es adoptada por la comunidad de científicos, aunque solo la plantee un solo científico y aunque la mayoría de esos científicos, en una época, no observaron esas ventajas y esa mejor capacidad explicativa. Para los científicos, no tiene sentido decir que “creo en la verdad de Z, aunque no tiene pruebas o experimentos u observaciones que la apoyen”. Estoy de acuerdo en esto, siempre que no pase uno o ambos de lo siguiente:

  1. Z se refiere a lo que no ha sido investigado o que no ha sido determinado lo distintivo de lo que haya que investigar. Supongamos lo que se refiere a lo que pasa después de la muerte. En principio, no hay información que exista nada después, según lo que se puede observar. Pero puede suceder que se plantee asociar ciertas observaciones con una concepción distinta y verificable de lo que es una persona, por lo que podríamos empezar a notar que algunos hechos se deben a una existencia no percibida por las definiciones actuales. No es cuestión de creer simplemente, sino de analizar con mayor granularidad ciertas situaciones.
  2. Z se refiere a lo que ha sido investigado exhaustivamente pero niega la existencia de lo que se cree en ese contexto. Así como la cantidad de científicos que están en contra no es razón para desechar una hipótesis, tampoco la cantidad de investigaciones a lo largo del tiempo lo es. Al final, la teoría heliocéntrica era más explicativa que los epiciclos, o la genética explicaba mejor la formación de las especies que la divina creación ex-nihilo. Claro, todas esas investigaciones se basan en un programa o paradigma suficientemente desarrollado, pero una observación más fina puede introducir una variable o factor no tomado en cuenta. Conan Doyle fue citado en Viaje a las estrellas así: “Cuando eliminas toda solución lógica a un problema, lo ilógico, aunque imposible, es invariablemente lo cierto“, lo que parafraseo así: “si no interviene lo probable, lo imposible es la explicación“.

¿Y a qué todo esto? A que la ciencia depende de lo que su método permita encontrar según la forma de aplicarlo en cada época, es decir, sus principios son metódicos, no axiomáticos. Por lo tanto, es una forma de actuar, una práctica (social o cultural). Incluso, la forma de actuar ha ido variando a lo largo de los siglos, no sabremos cómo será la ciencia del siglo XXIV (aunque nos lo muestra “Star Trek”, ¿o no?).

Mon Oeil

¿Y LA POESÍA?

Ahora, ¿cómo puede ser una práctica social esto de escribir poemas? Partamos de ahí: no es la poesía la actividad de escribir poemas. Tampoco la de escribir buenos poemas. Si así fuera, bailar sería hacer buenos movimientos acordes con la música o investigar (hacer ciencia) sería proponer teorías. No es el resultado lo que define, supongo. Porque si fuese así, mucha gente se dedica a imitar los resultados de otros, pero nunca logran ni poesía, ni baile ni ciencia. Hay algo oculto, una finalidad necesaria a lo que el ser humano busca. No es algo determinado, sino un acercamiento por tentativas, y algunas personas tienen mejor intuición y componentes biológicos para eso que el resto. Y es así, porque incluso la naturaleza humana insiste en cambiar, en no ser estable de una vez para siempre (y extinguirse, en consecuencia).

A mí me impacta el verso “Corrientes aguas, puras, cristalinas, (…)”. Les digo que siento como sube hasta “aguas”, se detiene por un momento en “puras” y baja para seguir “cristalinas”. Es sólo cómo se pronuncia, pero, oh, sorpresa, también es lo que dice: el fluir del agua. Eso es poesía. Encontrar un pronunciar que dice más de lo que dijo quien lo pronunció primero. O como la caja azul del doctor Who: una poesía es más grande conforme uno entra en el tiempo con ella. El que solo unos lo logren no significa que es menos práctica: es una práctica difícil, no una práctica imposible.

TRASCENDENCIA Y PROYECCIÓN

Entonces, práctica social o cultural refiere a lo que nos hace comprender lo que hacemos unos y otros aunque no lo hagamos: la captación del sentido de una serie de acciones. Ciencia y Poesía son prácticas sociales porque hay un sentido compartido que queremos lograr, uniendo de alguna forma, históricamente determinada, las experiencias que vivimos y que recopilamos de otros. La ciencia buscaría la explicación, la poesía mostraría la comprensión, ambas buscan la trascendencia, ir más allá del hic et nunc.

Ajá. Éste es el meollo, creo. Ser trascendente no significa o implica aislarse del contexto, las circunstancias o las características distintivas. Ser trascendente no es igual a ser ideal o espiritual o universal o estándar. A los arrecifes conceptuales en que navegaba Bourdieu y de los salió con el “habitus”, hay que agregar el temor de las personas que desarrollan prácticas ancestrales (como la religión, la ciencia, la poesía, el comercio, la enseñanza, la comunicación o el lenguaje, entre muchas otras) de que su actividad desaparezca. Y distinguen entre prácticas sociales y culturales, relativas a una sociedad y actividades esenciales, propias e inherentes del ser humano. Lo paradójico es que eso es el anclaje en la circunstancialidad que ellas mismas quieren evitar. Y se tratan de dar fundamentos sociológicos, antropológicos o biológicos a ese anclaje. Por ejemplo, que el lenguaje es una facultad innata o que las capacidades son dispositivos neuronales. Tanto el lenguaje como las capacidades son constructos que permiten organizar patrones que encontramos, constructos que tienen una tradición que reúne lo que hemos aprendido o hemos creído aprender de esos patrones. Probablemente, eso que llamamos “innato” o “dispositivo neuronal” es una profecía auto-cumplida o una re-interpretación de lo que empezamos hace tiempo a llamar “Lenguaje” o “Capacidad”. Lo que importa es que nuestro constructo trascienda. No importa que sea verdadero, en el sentido que el constructo se encuentre en la realidad, sino que pueda ser ampliado, modificado, redimensionado, para encontrar o crear más realidad. Es decir, que ayude a los que vienen luego. En otras palabras, que tenga una capacidad de proyectar sentido en diversas circunstancias.

Ésta es la cualidad bicéfala de la práctica, es trascendente y es circunstancial. Y debe ser una para ser la otra. Esta cualidad define la práctica en el tiempo de modos diversos. En el ahora, la práctica tiene que ser útil y no totalmente comprensible o definible (o muchos deben tener distintas comprensiones y seguir llamándola igual). En el ayer, debe ser rastreable y haber sido prevista, de algún modo. En el futuro, debe poder adaptarse y reciclarse y redefinirse, así como generar situaciones imprevistas, es decir, ser encontrada en momentos que nunca tuvieron conexión con ella antes. La práctica es la actividad de crear sentido con las acciones basado en trayectorias temporales de significados. Por eso, acciones íntimas, como la poesía, son prácticas sociales y culturales, y acciones racionales y universales como la ciencia también lo son. Y por eso, también, debe haber conversación entre todas estas prácticas ancestrales, porque el sentido es el oxígeno de la humanidad.

La práctica, entonces, es resultado de que, como seres humanos, no vivimos de solo hacer, sino de encontrar significado, de proyectar el entorno hacia nosotros y a nosotros en el entorno, más allá de tangible o hacer tangible lo que no lo es o no parece serlo. Somos una proyección consciente de sí misma. La pululación de prácticas sociales o culturales, más allá de ciencia y poesía, es la demostración de que seguimos buscando y de que todos lo hacemos. No solo somos lo que hacemos, sino que hacemos lo que estamos buscando ser.

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NOTAS Y DEMÁS…

  • Bourdieu, P. (2010). Outline of a theory of practice (25. printing). Cambridge: Cambridge Univ. Press.
  • Engeström, Y. (1987). Learning by Expanding. An Activity-theoretical approach to developmental research. Recuperado a partir de http://lchc.ucsd.edu/mca/Paper/Engestrom/Learning-by-Expanding.pdf
  • Reckwitz, A. (2002). Toward a Theory of Social Practices: A Development in Culturalist Theorizing. European Journal of Social Theory, 5(2), 243-263. http://doi.org/10.1177/13684310222225432