LA PROGRAMACIÓN, NO EL DISPOSITIVO, ES NUESTRA BRECHA DIGITAL

Hacia la luz me encamino, materia arrugada al final de mi vida útil.Es gracioso o sintomático, no sé. Cuando se escribe o habla de tecnología, suele aparecer algún dispositivo en la foto del artículo o en la mente del que escucha. Lo que suele presentarse es el dispositivo y el rostro feliz de la persona. Se destaca lo inmediatamente tangible, lo que hace contacto con el espectador. ¿Se ve en esas fotos o imágenes lo que encuentra la persona que manipula el dispositivo de la foto o la imagen mental? La pantalla, que es el espacio donde la persona concentra su atención, no se destaca, o se ve de costado. Y si se ve, es de tamaño reducido o no representa la actividad que realiza la persona: es un imagen quieta. Las fotos de gente que usa tecnologías no suelen mostrar lo que se hace (que es difícil mostrar, admito), sino que más bien solo enseñan los efectos en las personas y el aparato que causa ese efecto.

Pero esto último es falso. El aparato no causa ese efecto, aunque es lo que se percibe. Es la actividad de la persona lo que genera sus manifestaciones (es lo que intenta mostrar el informe Chaudron et alia, 2015, con relación a los niños menores de 8 años). Y esa actividad no es generada por el aparato. Entonces ¿cuál es la relación que vincula a uno y otro? Al parecer, la experiencia que se crea en esa interacción debe ser fuerte. Experiencia que surge de la interacción entre el dispositivo y la persona. El dispositivo reacciona y realiza acciones ante las acciones de la persona. Es lo que se llama “interactividad“, es decir, la persona y el dispositivo realizan en conjunto una actividad (Quiring, 2016). En la siguiente cita, Quiring (2016: 6) señala la debilidad de considerar las características tecnológicas (el dispositivo, digamos) aisladas del contexto funcional y significativo que les da sentido como experiencia:

Por otra parte, al tratar de determinar los resultados de la interactividad contando exclusivamente las características tecnológicas y mediante la medición de todo tipo de resultados cognitivos, afectivos o conativos es basarse en una simple y inadecuada lógica de estímulo-respuesta. Las características tecnológicas no pueden tomarse simplemente “tal cual”, sino que se perciben, se ignoran, se interpretan (y otras actividades) por los usuarios que trabajan con el sistema tecnológico. Este problema se agrava por el hecho de que muchos estudios no tratan de desentrañar ni teórica ni empíricamente la interdependencia de las características tecnológicas empleadas. Muchos estudios experimentales no dan respuesta a la pregunta de cómo interactúan texto, visual y materiales de audio, sino que simplemente los combinan en su creación de estímulo y por lo tanto confunden sus resultados.
(…)
Los resultados muestran que la interactividad se trata de mucho más que la simple percepción de características tecnológicas. Los usuarios añaden claramente una dimensión social (interactividad es, por ejemplo, acerca de la comunicación, el intercambio, la participación, la conexión), una dimensión individual (surf, jugar) y una dimensión de contenido (hasta a la dateness) y una dimensión de la imagen a la vista tecnológico dominado conceptos teóricos académicos.

Fuego 13¿Qué nos sugiere esto? Lo que se ve, lo que se suele recordar de la tecnología actual no es lo que la distingue ni le hace justicia. Claramente, se establece una relación entre “aparato” y persona, pero el dispositivo no genera esa relación, sino la actividad conjunta. Entonces, hay un aspecto del dispositivo que proporciona esa actividad. Algo en el dispositivo está preparado para responder a las posibles acciones de la persona, aunque las personas son distintas y su forma de actuar no sea uniforme. Las personas no actúan ante estos dispositivos como actúan con un martillo o un tenedor o una correa. Más bien actuamos “como si” el dispositivo contuviera una mente o fuese un ser animado. Entonces, aquí tenemos dos características que fundamentan esa interactividad:

  1. El aparato o conjunto de aparatos (por ejemplo, un Home Theather) se presenta dividido en dos componentes relacionados con la realización de la actividad, como mínimo. Un componente que interactúa con la persona y que esta puede interpretar o comprender como representación de la actividad que realiza (“interfaz“). Y otro componente que procesa datos para ayudar a desarrollar la actividad (lo que en mi opinión es el “dispositivo“, que se encarga de transformar un tipo de señal en otro).
  2. Responde a muchas situaciones no previstas, porque hay una variabilidad en la forma de actuar de las personas, en la forma de manipular el dispositivo, de interactuar con él. Es decir, está configurado para responder a distintos tipos de prácticas (en el sentido que planteo aquí), no de uso o acciones o instrucciones.

Entonces, no es un mero dispositivo. Cada vez más, estos “aparatos” (ya me cuesta llamarlo así) demuestran una autonomía mayor y una variabilidad o adaptabilidad a la interacción con la persona. Y eso se debe a su “programación“. En otras palabras, llamamos “programación” a la capacidad del dispositivo de interactuar con una persona generada previamente y/o sostenida a lo largo de esas interacciones. El dispositivo solo procesa datos, digitalmente en la actualidad (podría no ser así siempre o era posible no hacerlo así antes: el mecanismo de Anticitera, otro enlace), pero, como parte de esa programación, presenta ese flujo de datos de una manera que la persona lo comprenda así como transforma las acciones de la persona en el tipo de datos que puede manejar.

Ahora se puede entender que el dispositivo ya no es más que dispositivo, es un entorno de interacción, porque está programado para estar adaptado a la persona. Es el escenario en que se imagina estar la persona que interactúa. Asume, se sumerge en el dispositivo. Se encuentra en el entorno que lo nutre de un modo que prefiere, de acuerdo con las características socio-culturales de la persona y para realizar actividades que la sociedad y las personas establecen y modifican continuamente.

Cucaracha cylonEste entorno que proponen las tecnologías actuales con cada dispositivo o conjunto articulado de dispositivos se basa en las interacciones y en la realización de actividades a partir de ellas, para lo cual presentan a la persona interfaces o medios de interactuar que debe percibir e interpretar en relación con la actividad. Es decir, las interfaces se basan en procesos de información y comunicación estructurados, organizados, adecuados a cada grupo socio-cultural. En otras palabras, todas las tecnologías que ofrecen bienes o servicios interactivos requieren de las tecnologías de información y comunicación o TIC (por eso, las TIC son una meta-tecnología).

Pongo un ejemplo extremo y todavía no existente pero probable: una ropa que cambia de color según los deseos de la persona que la lleva, que podría servirse de tinta electrónica o de mímesis de propiedades biológicas de camaleones o similares. Esta ropa requerirá que los deseos se manifiesten de algún modo, de manera intencional, quizá a través de comandos de voz o de gestos sobre la ropa, que deben convertirse, a través de sensores, en alteraciones químicas. La actividad es “vestirse”, solo que en este caso no es necesario cambiar de ropa sino solo modificarla. Lo que sucede es una experiencia, no un uso. Me preparo para salir, me cambio de ropa o la modifico. Alguien dirá: “usa la ropa electrónica”, como se dice “usa una ropa inadecuada”. En ambos casos, sin embargo, no se realiza una actividad, solo se constata una situación que no va más allá, que no explica la elección o el error o el éxito.

Ahora, voy un poco más allá. Se argumenta que el uso de la tecnología tiene efectos negativos en ciertos aprendizajes. Y se habla de la tecnología y de su uso como manipulación de dispositivos. Para quienes argumentan esto, la solución es simple: limitemos el uso. Solo se permitiría trabajar con cierto tipo de tecnología y no con otro y en determinados horarios. En mi opinión (y Quiring estaría de acuerdo), esto es conductismo y es considerar los efectos de las tecnologías de manera superficial y unilateral. También demuestra una falta de comprensión de la tecnología: la tecnología es reducida a sus aparatos, cuando lo importante de la tecnología es el planteamiento de nuevas actividades, de nuevos escenarios, es decir, la tecnología es un entorno de prácticas sociales.

ENTONCES, la cuestión no es quitar, limitar o prohibir el dispositivo, sino programarlo de un modo distinto. Pero quienes planean quitar el dispositivo y censurar su “adicción” seguramente pasan por alguna de dos experiencias (supongo):

  1. No saben programar, no saben cómo disfrutar del dispositivo, perdón, del entorno en el dispositivo.
  2. No conocen suficiente de las personas para saber lo que podrían querer o necesitar.

Pedimos a la luz una imagen...Lo primero ya ha sido argumentado. Les sucede lo que al peatón que tiene miedo del automóvil porque ve la máquina y no la persona que la conduce. Ninguna tecnología es una realidad ajena a las personas. No es algo imposible de vadear o introducirse. No existe aparte de las personas, al otro lado de una membrana que no podemos atravesar. La tecnología es un modo construido de la realidad, somos nosotros que damos forma a nuestro entorno.

Lo segundo no parece claro: ¿por qué afirmo que “no conocen suficiente de las personas“? Quien prohíbe la tecnología no se pregunta por qué la necesita quien la busca. Simplemente, censura esos bajos placeres mundanos, ese entretenimiento fácil, esa libido satisfecha que acusa. Para quienes buscan prohibirla o limitarla hay algo en esa forma de mediación con el mundo que es preferible a todas las otras que rodean a la persona. ¿Por qué es preferida? No es un asunto de novedad. No es facilidad, porque sucede que no es fácil aprender a bajar películas y hay muchos riesgos. ¿Por qué aprender algo nuevo? Porque hay una ganancia a futuro, no solo inmediata. Se adquiere una práctica socio-cultural que permite adaptar mejor las actividades a cada interés particular: abre la puerta a otras posibilidades. Las TIC son adaptativas porque son programables. Y, en la medida que la programación se aprende, se proyecta de formas diversas. Es como tener el dinero necesario para redecorar mi casa muchas veces. Proponen muchos caminos, o, como podrían gustar los críticos, son la Hidra de Lerna: cortar una cabeza es procrear dos más. Esa adaptabilidad, aunque no la ejerza la mayoría todavía, la perciben. Y la ejercen algunas personas en las que esa mayoría confía, conoce o aprovecha (como el open source o el hacktivismo ético).

ENTONCES, el problema de la tecnología como causa de los males o de “amplificación” de los mismos es un espejismo. No es la tecnología, el problema somos nosotros que no somos conscientes de nuestras experiencias y sus límites. La tecnología es un entorno creado por nosotros. Lo que nos da es lo que hemos puesto allí. El problema es que estamos divididos en quienes programan y quienes ejecutan o reaccionan a la programación (se manipula la interfaz con fines oscuros, A.Llorca, Á. 2016). Acusar a la tecnología es buscar un chivo expiatorio o esquivar la mirada a los problemas sociales. El problema es por qué unos programan y otros no. Allí está la verdadera brecha digital, no es una brecha de acceso sino de conocimiento, como recoge Trucano (2016):

La “brecha digital”, que se pensó una vez sobre todo en términos de acceso a la tecnología, y cada vez más como una función de acceso a energía confiable (de hecho, la brecha digital en gran parte del mundo se alinea estrechamente con la “brecha de la electricidad ‘), ahora se entiende así como acerca de las habilidades y capacidades de las personas a beneficiarse del acceso a la tecnología (la denominada “segunda brecha digital”).

Aquí termino. La esencia de las TIC y la tecnología actual es la programación, no el dispositivo, es el entorno para realizar actividades, no un aparato a ser manipulado según instrucciones (sean efectivas y éticas, eso no basta). La experiencia con la tecnología y las TIC se da en la práctica, no en el uso. Los problemas no se resuelven quitando la tecnología, sino ampliando la capacidad de las personas para beneficiarse de ellas.

BIBLIOGRAFÍA

  1. A. Llorca, Á. (2016, agosto 1). Dark Patterns o cómo la interfaz puede estar diseñada para engañarnos. Recuperado 4 de septiembre de 2016, a partir de http://www.genbeta.com/a-fondo/dark-patterns-o-como-la-interfaz-puede-estar-disenada-para-enganarnos
  2. Chaudron, S., Beutel, M. E., Donoso Navarrete, V., Dreier, M., Fletcher-Watson, B., Heikkilä, A. S., … & Mascheroni, G. (2015). Young Children (0-8) and digital technology: A qualitative exploratory study across seven countries. http://www.research.ed.ac.uk/portal/files/18945050/Chaudron_et_al_2015_children_0_8_and_digital_technology_europe_report_libre.pdf
  3. Puelles, A. A. (2007). Acerca del software y del conocimiento Libres: una guía para filósosfos. Argumentos de razón técnica: Revista española de ciencia, tecnología y sociedad, y filosofía de la tecnología, (10), 181–197.
  4. Quiring, O. (2016). Interactivity. En P. Rössler, C. A. Hoffner, & L. van Zoonen (Eds.), The International Encyclopedia of Media Effects (pp. 1-13). Hoboken, NJ, USA: John Wiley & Sons, Inc. Recuperado a partir de http://doi.wiley.com/10.1002/9781118783764.wbieme0191
  5. Stallman, R. M. (2004). Software libre para una sociedad libre. Madrid: Traficantes de Sueños. Recuperado el 26-08-2016 http://bibliotecadigital.org/jspui/bitstream/001/144/8/84-933555-1-8.pdf
  6. Trucano, M. (2016, agosto 23). UNESCO Office in Bangkok: Promising Uses of Technology in Education in Poor, Rural and Isolated Communities Around the World. Recuperado 4 de septiembre de 2016, a partir de http://www.unescobkk.org/education/ict/online-resources/databases/ict-in-education-database/item/article/promising-uses-of-technology-in-education-in-poor-rural-and-isolated-communities-around-the-world/
  7. Zorzoli, P. (2002). Investigación sobre el movimiento del software libre. Recuperado el 26-08-2016. Recuperado a partir de http://www.casanas.com.ar/artsAdj/Zorzoli_-_sobre_el_movimiento_del_swl.pdf

LA INTERFAZ ES LA (PR)ESENCIA DE LAS TIC

 

Interface observed on the street #2

Primero con la línea de comandos (DOS, por ejemplo, críptico para quienes no lo conocieron, un hermano menor y pueril para los que saben de Linux), luego las GUI o interfaces gráficas para el usuario, donde la coordinación mano-ojo es vital para controlar y exprimir la potencia de una máquina de propósito múltiple que es la computadora personal. Pero se vienen las interfaces más naturales, como la voz que ordena, pide o motiva… al CPU, una interfaz oral que viene y va, que promete y a medias cumple. Es la interfaz de Viaje a las Estrellas, donde la interacción con la computadora es continua y transparente. Pero también están las interfaces kinéticas, del movimiento que conduce y hace reaccionar. Empezó el WII, donde se proyectaba a la máquina, luego está el Kinect, donde la máquina mira y percibe a la persona, pero es efectivo en cierto rango y es algo rengo, y luego llega Leap Motion que sigue las evoluciones de nuestro cuerpo es un espacio de 3 dimensiones con exactitud milimétrica (y cuesta solo la mitad que el Kinect: 150 versus 70 dólares). Es la evolución, pues.

Leap Motion

Más allá de esta veloz y selectiva historia (hay otros hitos, pero quiero solo destacar los saltos), está la idea de la interfaz, es decir, lo que Martinet llamaría la "doble articulación" de la comunicación hombre-máquina. En otras palabras, un movimiento o una figura coloreada no es solo eso, es una posibilidad de control o un bosque de información. Ya en las interfaces "touchscreen" (otro tipo de interfaz), los contactos múltiples convierten un gesto en una orden: hacer como que se coge una pizca se trasmuta en disminuir el tamaño de un objeto visual, en un contexto, como la navegación; en cambio, en un juego puede ser levantar un objeto.

Leap Motion Demo/explanation (inglés)

Esta trasmutación de doble articulación es hacer que la representación de la información sea, al mismo tiempo, un acto. La organización de la información se percibe en más de tres dimensiones, pues implica un complejo entramado de signos. Quizá cabe aquí la noción de "metaliteracity" o meta-alfabetización como el correlato educativo de esta preeminencia de la interfaz: no basta aprender una, sino desarrollar la capacidad de comprenderlas todas, lo que, en esencia, significa saber articular esas dimensiones en la superficie, es decir, a través de la percepción y el hacer mismos. Como quería un personaje de Heliópolis de Ernst Jünger, "la superficie y la profundidad son lo mismo".

Jana Belzer- ITP on Leap by Leap Motion from Paul Roberts on Vimeo.