Cuentos de Asia

En el libro Retorno a la Patagonia, Bruce Chatwin se refiere a sí mismo como un viajero literario. Tal vez así, pensando en algún viaje imaginario, fueron naciendo en este blog los cuentos de Asia que se citan en los posts siguientes, ordenados de más reciente a más antiguo. En casi todos los casos, los cuentos populares que hay en ellos se han versionado libremente. Porque, como alguien dijo, cuando se cuenta una historia, el énfasis acostumbra a cambiar según la época en la que vive la persona que la cuenta…

Bruce Chatwin

O río da inmersión na lingua

Houbo na terra de Kottaiam, no estado hindú de Kerala, preto da Costa de Malabar, un río milagreiro de augas máxicas. Era un río sagrado paras as súas xentes, que formaba na metade do seu curso, máis ou menos, unha especie de pequena lagoa coas augas que baixaban dos montes.

Contan que as augas daquel río, e naquela precisa lagoa, adquiriran co paso do tempo unha propiedade especial, única. Os sedimentos que viñan de certas montañas afastadas facían que calquera que se bañase alí, home ou muller, de inmediato quedaba transformado en pedra caliza. Pero o máis extraordinario era que aquel que conseguía sobrevivir a unha inmersión nas súas augas, recibía os dons dun poeta, e comezaba a falar a mesma lingua da poesía...

Ismaíl que estás en los sueños

Hace un tiempo mi amigo Ismaíl estuvo en Barcelona, donde fue invitado. Allí conoció a Marta Mata, la gran maestra y pedagoga, y según me contaron después entablaron una agradable conversación. A pesar de que este detalle es un poco confuso, sí es cierto que, además, coincidió con César Coll, Artur Noguerol y Jaume Trilla, entre otros personajes. A él todos le parecieron demasiado grandes, aunque muy buena gente. Y siempre agradeció la amabilidad de sus palabras.

En un libro publicado en aquella ciudad, Ismaíl descubrió una historia que le gustó nada más leerla. Tenía un lejano origen turco, y tal vez por eso le trajo algunos recuerdos. Decía así…

Había un gnomo minúsculo que, cuando retumbaban los truenos en las tormentas, se tumbaba en el suelo y levantaba sus pequeñas piernas hacia el cielo.

-¿Por qué haces eso? –le preguntó una vez un zorro parlante.

-Para proteger a la tierra, que contiene muchísimos seres vivos! –contestó el gnomo-. Si, por cualquier desgracia, el cielo cayese de repente, ¿te das cuenta de lo que ocurriría? Por eso levanto mis piernas, para sostenerlo.

-¿Con tus debiluchas piernecitas quieres sostener el inmenso cielo? –preguntó, mientras sonreía, el zorro parlanchín.

-Aquí cada uno tiene su cielo y sus propios sueños –dijo el gnomo-. Vete, tonto, que tú no lo puedes entender…

Nasrudín y el asno del padre

Un día le robaron a Nasrudín el asno que había sido el compañero de su vida. Mediante los servicios de un pregonero, prometió una buena cantidad de dinero a quien le devolviese el asno. Pero nadie se presentó.

Entonces Nasrudín se decantó por las amenazas. Anunció que el ladrón sería duramente castigado, incluso azotado en la plaza pública.

Y nada. Nadie vino.

Entonces, mandó anunciar por todas partes que, si no se le devolvía su asno, haría lo que hizo su padre, sin precisar nada más.

Al día siguiente apareció el ladrón y le devolvió el asno. Le confesó a Nasrudín que aquella amenaza lo había intimidado e impresionado mucho: “Haré lo que hizo mi padre”. Y le preguntó:

-¿De verdad lo habrías hecho?
-Sin dudarlo.
-¿Y qué hizo tu padre?
-Se compró otro asno...

Cuentos del mulá Nasrudín

El sueño del dragón

Hace mucho, en las montañas que hay entre China y Corea, un hombre que dormía tuvo un sueño. Soñó con un dragón terrible, espantoso. En una actitud muy amenazante, abrió sus fauces en llamas y bramó con toda su imponente fuerza. Entonces, el hombre, casi enloquecido, le preguntó:

-Pero ¿qué va a pasar? Estoy aterrado, ¿me vas a devorar ahora?
-¿Qué quieres que te diga? -le respondió el dragón-. ¡Es tu sueño!

Cuenta alguna historia

Nadie puede prometer que los cuentos vayan a darnos más o verdades o certezas. Tal vez los viejos mitos se las proporcionaban a los griegos de Homero o a los pueblos indígenas de América, como si fuesen, por ejemplo, una especie de mapas del mundo. Pero aunque aquella época ya no es la nuestra, seguimos siendo criaturas que cuentan historias. Porque en ellas hemos encontrado un remedio para superar nuestra soledad, una buena manera para crear un sentimiento de integración comunitaria.

Por eso, si la vida nos ha confiado muchos cuentos, algunos piensan que deberíamos contárselos, de nuevo, a todos los que no pueden leer la enciclopedia de la vida. De ese modo, el tiempo y la memoria se renovarían continuamente. Y así se evitará la confirmación de lo que alguien dijo hace tiempo: aquellos que no recuerden su historia, estarán condenados a repetirla…

Había en la antigua ciudad de Bagdad un loco que no decía y no escuchaba nada. Un día le preguntaron:

-Pobre loco, ¿por qué no pronuncias nunca ni una palabra?
-¿A quién queréis que me dirija? –respondió-. No veo aquí a nadie que pueda darme una respuesta.

Sobre a vida

A Víctor Lozano Ferradás, in memoriam.

Un rei persa, a quen o pobo chamaba “o xusto”, viaxaba unha vez a través do seu reino. Nunha montaña bañada polo sol, viu un venerable ancián que coas costas dobradas traballaba. O rei achegouse e descubriu que o ancián estaba a plantar unha árbore.

-Que fas? -preguntou o rei.
-Planto nogueiras -respondeu o ancián.
-Ti, que es tan vello -admirouse o rei-, para que plantar unha planta cuxa follaxe non verás, a cuxa sombra non descansarás e cuxos froitos non comerás?

O ancián mirouno serenamente e contestou:

-Aqueles que nos precederon plantaron e nós puidemos obter as colleitas. Agora plantamos nós para que poidan recoller os que veñen detrás...


Sobre a vida

A Víctor Lozano Ferradás, in memoriam.

Un rei persa, a quen o pobo chamaba “o xusto”, viaxaba unha vez a través do seu reino. Nunha montaña bañada polo sol, viu un venerable ancián que coas costas dobradas traballaba. O rei achegouse e descubriu que o ancián estaba a plantar unha árbore.

-Que fas? -preguntou o rei.
-Planto nogueiras -respondeu o ancián.
-Ti, que es tan vello -admirouse o rei-, para que plantar unha planta cuxa follaxe non verás, a cuxa sombra non descansarás e cuxos froitos non comerás?

O ancián mirouno serenamente e contestou:

-Aqueles que nos precederon plantaron e nós puidemos obter as colleitas. Agora plantamos nós para que poidan recoller os que veñen detrás...


El pobre cabrón

El Punyab o Punjab es una región geográfica dividida entre dos estados, India y Pakistán. Se trata de una zona de antiguas culturas, como atestiguan los restos de las ciudades de Mohenjo Daro y Harappa. Tal vez por ello este relato es una muestra de la vieja sabiduría de los pueblos…

Un día, un mulá, un predicador musulmán, decía en la mezquita de un pueblo un sermón sobre los pecadores y los tormentos que les aguardaban en el infierno. Arrebatado por su propia elocuencia, que era famosa, y que se inflamaba minuto a minuto, reparó de pronto en un pobre granjero que esta sollozando. Desde el púlpito lo veía con el rostro bañado en lágrimas.

-Conque lloras por tus pecados, ¿eh? –dijo el predicador, muy satisfecho por el efecto que su sermón obraba en su público-. Creo que mis palabras te han hecho reflexionar, ¿no es así? Cuando me he referido a los tormentos del infierno, has recordado tus pecados, ¿verdad?

-No, no –repuso el hombre a la vez que se enjugaba las lágrimas-. No estaba pensando en mis pecados. Pensaba en mi pobre macho cabrío, que el año pasado se puso muy enfermo y murió. ¡Una pérdida horrible! Mi macho cabrío tenía una barba preciosa, muy parecida a la tuya. Nunca he visto dos barbas que se pareciesen tanto.

Entonces, los aldeanos se echaron a reír ante aquella salida tan ocurrente. Y el predicador, según cuentan, se refugió en sus oraciones.