Reflexiones sobre la incorporación del aprendizaje informal al sistema educativo





La formación y los sistemas educativos, con independencia de que la enseñanza sea presencial o no, estuvieron y están tradicionalmente centrados en el aprendizaje formal. Nos referimos con este término al aprendizaje tradicional, tal y como lo entendemos todos, donde los contenidos son explícitos y muy estructurados, y el conocimiento es transmitido y evaluado de una manera unidireccional, del profesor a los alumnos, que lo adquieren de una manera esencialmente individualista. Por otra parte, en este tipo de aprendizaje las relaciones son verticales, dirigidas de arriba abajo, demasiado formales y organizadas, y claramente centralizadas por el profesor, donde el alumno apenas disfruta de protagonismo, con un aroma que nos recuerda a la vieja Web 1.0. Pero, además de verticales, estas relaciones son fundamentalmente internas y cerradas. Las aulas son verdaderas islas privadas, ya que apenas hay flujo ni interacción con el exterior.

En cambio, la realidad es que la mayor parte del aprendizaje y transferencia de conocimiento se encuentra soportada por actividades informales. Incluso en el aprendizaje formal, las relaciones reales entre profesores y alumnos no pueden restringirse exclusivamente al aula, y resulta claro que existe una necesidad importante de continuar el contacto con profesores, y también compañeros, en un aprendizaje posterior más informal. Ocurre muchas veces también que no sabemos ni siquiera lo que queremos aprender y, otras veces, la necesidad de contenidos y ayuda surge de la propia conversación con personas con las que compartimos intereses comunes. En toda comunidad sus integrantes atesoran una enorme y valiosísima cantidad de conocimiento sin estructurar, donde no existen profesores. Es el denominado conocimiento tácito, cuyo descubrimiento es el gran objetivo del aprendizaje informal. Nos referimos con este término al aprendizaje que obtenemos en el día a día, resultado de nuestra interacción con el mundo y, sobre todo, con la sociedad, permitiéndonos ser más autodidactas, abiertos y sociales. En cualquiera caso resulta indiscutible que el peso del aprendizaje informal sobre el conocimiento que adquiere una persona aumenta con su edad, hasta convertirse en la fuente más importante de la formación continua al largo de su vida profesional. Siendo esto así, parece difícil entender que el aprendizaje informal sea el gran olvidado en los sistemas educativos a todos los niveles. Si bien las razones eran fáciles de entender hace sólo unos pocos años, por la dificultad que entrañaba acercar el mundo y la sociedad a las aulas, en la actualidad tales excusas ya no son válidas. Las redes sociales se revelan cómo las herramientas idóneas por su enorme potencial en este ámbito, razón por la cuál es habitual hablar indistintamente de aprendizaje informal y aprendizaje social. El objetivo es formar alumnos adecuadamente maduros de acuerdo a su edad, abiertos, con criterio, con una gran capacidad de socialización, con un elevado grado de autonomía y de carácter autodidacta de cara al futuro, y con una capacidad contrastada para gestionar adecuadamente su red y su entorno personal de aprendizaje.

Pensemos en una analogía muy sencilla que le escuché una vez a Santos Guerra. Cuando los alumnos tienen sed, en el aprendizaje formal el profesor se dedica a usar una jarra con la que ir llenando los vasos de cada uno. En el aprendizaje informal, en cambio, el profesor no es el proveedor del agua, sino que se dedica a enseñar al alumno a buscarla, luego a decidir si es potable o no, y finalmente a compartirla con sus iguales.

Otra diferencia frente al escenario que teniamos hace sólo unos años es que, en la actualidad, Internet pone a nuestra disposición una inmensa cantidad de conocimiento, y además mucho más organizada y accesible, por ejemplo vía Google, que lo que cualquier profesor podría hacerlo. Internet se está convertiendo cada vez más en un espacio donde se desarrollan procesos de aprendizaje informal que los sistemas educativos y formativos no pueden obviar.

Pero Google no sabe hacernos preguntas, no sabe decirnos qué contenidos son más idóneos o fiables, no sabe decirnos qué autores de contenidos son más o menos expertos o adecuados y, sobre todo, Google no sabe despertar nuestra curiosidad, y la curiosidad es precisamente una de las herramientas de aprendizaje más útiles pero, en cambio, no hay mucho espacio para ella en las aulas y en el aprendizaje formal.

Dejo una pregunta planteada para su reflexión, y sobre la que me gustaría que tratase mi próxima entrada del blog:  ¿Puede el sistema educativo favorecer el aprendizaje informal y lograr que sea más efectivo? 
Publicado en Sin categoría

Reflexiones sobre la incorporación del aprendizaje informal al sistema educativo





La formación y los sistemas educativos, con independencia de que la enseñanza sea presencial o no, estuvieron y están tradicionalmente centrados en el aprendizaje formal. Nos referimos con este término al aprendizaje tradicional, tal y como lo entendemos todos, donde los contenidos son explícitos y muy estructurados, y el conocimiento es transmitido y evaluado de una manera unidireccional, del profesor a los alumnos, que lo adquieren de una manera esencialmente individualista. Por otra parte, en este tipo de aprendizaje las relaciones son verticales, dirigidas de arriba abajo, demasiado formales y organizadas, y claramente centralizadas por el profesor, donde el alumno apenas disfruta de protagonismo, con un aroma que nos recuerda a la vieja Web 1.0. Pero, además de verticales, estas relaciones son fundamentalmente internas y cerradas. Las aulas son verdaderas islas privadas, ya que apenas hay flujo ni interacción con el exterior.

En cambio, la realidad es que la mayor parte del aprendizaje y transferencia de conocimiento se encuentra soportada por actividades informales. Incluso en el aprendizaje formal, las relaciones reales entre profesores y alumnos no pueden restringirse exclusivamente al aula, y resulta claro que existe una necesidad importante de continuar el contacto con profesores, y también compañeros, en un aprendizaje posterior más informal. Ocurre muchas veces también que no sabemos ni siquiera lo que queremos aprender y, otras veces, la necesidad de contenidos y ayuda surge de la propia conversación con personas con las que compartimos intereses comunes. En toda comunidad sus integrantes atesoran una enorme y valiosísima cantidad de conocimiento sin estructurar, donde no existen profesores. Es el denominado conocimiento tácito, cuyo descubrimiento es el gran objetivo del aprendizaje informal. Nos referimos con este término al aprendizaje que obtenemos en el día a día, resultado de nuestra interacción con el mundo y, sobre todo, con la sociedad, permitiéndonos ser más autodidactas, abiertos y sociales. En cualquiera caso resulta indiscutible que el peso del aprendizaje informal sobre el conocimiento que adquiere una persona aumenta con su edad, hasta convertirse en la fuente más importante de la formación continua al largo de su vida profesional. Siendo esto así, parece difícil entender que el aprendizaje informal sea el gran olvidado en los sistemas educativos a todos los niveles. Si bien las razones eran fáciles de entender hace sólo unos pocos años, por la dificultad que entrañaba acercar el mundo y la sociedad a las aulas, en la actualidad tales excusas ya no son válidas. Las redes sociales se revelan cómo las herramientas idóneas por su enorme potencial en este ámbito, razón por la cuál es habitual hablar indistintamente de aprendizaje informal y aprendizaje social. El objetivo es formar alumnos adecuadamente maduros de acuerdo a su edad, abiertos, con criterio, con una gran capacidad de socialización, con un elevado grado de autonomía y de carácter autodidacta de cara al futuro, y con una capacidad contrastada para gestionar adecuadamente su red y su entorno personal de aprendizaje.

Pensemos en una analogía muy sencilla que le escuché una vez a Santos Guerra. Cuando los alumnos tienen sed, en el aprendizaje formal el profesor se dedica a usar una jarra con la que ir llenando los vasos de cada uno. En el aprendizaje informal, en cambio, el profesor no es el proveedor del agua, sino que se dedica a enseñar al alumno a buscarla, luego a decidir si es potable o no, y finalmente a compartirla con sus iguales.

Otra diferencia frente al escenario que teniamos hace sólo unos años es que, en la actualidad, Internet pone a nuestra disposición una inmensa cantidad de conocimiento, y además mucho más organizada y accesible, por ejemplo vía Google, que lo que cualquier profesor podría hacerlo. Internet se está convertiendo cada vez más en un espacio donde se desarrollan procesos de aprendizaje informal que los sistemas educativos y formativos no pueden obviar.

Pero Google no sabe hacernos preguntas, no sabe decirnos qué contenidos son más idóneos o fiables, no sabe decirnos qué autores de contenidos son más o menos expertos o adecuados y, sobre todo, Google no sabe despertar nuestra curiosidad, y la curiosidad es precisamente una de las herramientas de aprendizaje más útiles pero, en cambio, no hay mucho espacio para ella en las aulas y en el aprendizaje formal.

Dejo una pregunta planteada para su reflexión, y sobre la que me gustaría que tratase mi próxima entrada del blog:  ¿Puede el sistema educativo favorecer el aprendizaje informal y lograr que sea más efectivo? 
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