De cómo la tecnología puede dar sentido a la evaluación continua.

Fotografía by: Á Fidalgo.

Para una gran parte del profesorado, la evaluación continua significa poner muchos exámenes distribuidos en el tiempo. Es cierto que si juntamos muchos puntos se convierten en una línea continua. Pero no se trata de poner exámenes todos los días, sino de valorar la adquisición de competencias; por ejemplo, con el trabajo del día a día del alumnado.

Realmente cualquier tipo de evaluación requiere analizar un conjunto de evidencias. Lo más habitual es utilizar los clásicos exámenes para dejar evidencias y garantizar la identidad de las personas que las dejan. Así pues, una evaluación continua eficaz y eficiente consistiría en analizar las evidencias que deja el alumnado de forma continua y tener la certeza de la identidad del mismo. Y esto ¿cómo lo podemos hacer?

La respuesta la podemos encontrar en otros campos, por supuesto externos al contexto educativo. Por ejemplo, si usted está buscando un viaje a Colombia para tener unos días de descanso, de forma casi inmediata le aparecerá publicidad de viajes a Colombia, hoteles, restaurantes y lugares para visitar. Todo ello le aparecerá en su navegador, correo, incluso en la visita a este blog. Este mismo planteamiento es el que se utiliza en los estudios de mercado, espionaje, ofrecimiento de productos personalizados, etc.  Expertos aseguran que nuestros proveedores de servicios informáticos saben más de nosotros que nosotros mismos.

Nuestro alumnado utiliza tecnologías (sobre todo móviles) de forma continua. La utilizan en todo momento y lugar, bueno, no siempre. El contexto formativo es un reducto donde se tiene declarada la guerra a los teléfonos móviles (se prohíben, se confiscan y por supuesto no se utilizan). Parece lógico pensar  que si promovemos un uso intensivo de la tecnología, una forma de utilizarla consistiría en analizar las evidencias que deja nuestro alumnado al interactuar con nuestra asignatura (que lo hacen constantemente).

De esta forma tendríamos un “registro fósil” de todo lo que se ha realizado. Basta introducir sistemas de Learning Analytics para obtener información que nos permitirá tomar decisiones, no sólo de evaluación, sino para saber qué es lo que le hace falta a un determinado alumno.

Comprobar la identidad es sumamente sencillo, basta hacer un examen sobre las evidencias que ha dejado un determinado alumno. Es decir, se le preguntará o demandará alguna acción sobre lo que ha realizado.

La gestión de las evidencias sería un factor disruptivo del paradigma formativo. La evaluación continua se podría utilizar para evaluar de una forma más justa, pero también se podría utilizar como proceso formativo, para saber identificar lo que le hace falta a cada alumno y tomar las acciones correctoras oportunas.

El rol del profesorado cambiaría drásticamente, la forma de aprender también y, por supuesto, la forma de evaluar.


LOS MALES DE LA EUROPA SOCIAL: BUSCANDO SOLUCIONES.

El día 11 de mayo se presentó el libro “Los males de la Europa social: buscando soluciones” en la Fundación Francisco Giner de los Ríos (Institución libre de enseñanza)

En el acto han  participado Mercedes Cabrera (Universidad Complutense de Madrid), Vicent Climent (Universitat Jaume I), Adela Cortina (Universitat de València), Roberto Fernández (Crue Universidades españolas y Universitat de Lleida), José García-Velasco (Institución Libre de Enseñanza) y Francisco Michavila (Cátedra UNESCO).

Es un libro realista, oportuno y necesario. Como dice Francisco Michavila  (editor del libro) en su intervención:

“Europa es pluralidad y diversidad,…..,pero también significa integración y transferencia de la  soberanía a un estadio supranacional. La construcción no es un proceso lineal, no son solo pasos hacia adelante, hay pasos adelante y pasos hacia atrás. El problema actual es que actualmente se han dado dos pasos hacia atrás. El norte ha empezado a pelear (y a dominar) al sur, el oeste ha girado la cabeza para no mirar al este. Se anteponen los intereses nacionales a los intereses europeos, incluso hay voces que han considerado al vecino enemigo”

Evidentemente en esta situación no podemos dar un nuevo paso hacia atrás, Europa no puede permitirse ese retroceso. Creo que el libro ayuda a dar un paso hacia adelante, no solo se identifican los problemas sino que se aportan soluciones.

Cito dos párrafos de la introducción que creo que lo definen a la perfección.

Este libro es, a la vez, una reivindicación de los valores europeos y de la lucha de los europeístas en pos de un mundo mejor y más habitable. El sueño europeo y los anhelos, o los desvelos, de lo que se califica como europeísmo”

“Este libro suma ideas y suma voluntades. Suma compromisos intelectuales y suma análisis fundados en la esperanza de un tiempo mejor para el proyecto común de los europeos”

Ficha técnica del libro.

Algunas imágenes del acto


Con miedo se puede aprobar, pero nunca formar.

Dicotomía. Fotografía by Á Fidalgo.

Si no estudias no aprobarás, si no llevas las tareas al día no aprobarás , si no vas a clase no aprobarás, si no te sabes de memoria este libro no aprobarás… Si el alumnado no aprueba fracasa en lo que la sociedad supone que es su trabajo y su meta.  Por tanto, es lógico que todo alumnado tenga miedo al fracaso, miedo a que la sociedad le condene y relegue a una posición social inferior a los que aprueban y miedo a hipotecar su futuro.

El temor al suspenso puede ser un aliciente para que el alumnado se esfuerce en aprobar.  Pero la misión del profesorado no es que el alumnado tenga temor al suspenso, sino amor al aprendizaje.  Surge una controversia sobre que es más eficaz: el temor o el amor a una asignatura. Ya Maquiavelo, en el siglo XVI, planteaba  a través de su obra “El príncipe” (capítulo XVII)  este dilema ¿qué es mejor ser temido o ser amado? . El propio Maquiavelo daba la respuesta:  “es mejor ser temido y amado, pero como resulta difícil combinar ambas  cosas, es mucho  más seguro ser  temido”.

Cinco siglos después, en el contexto educativo, seguimos aplicando el consejo de Maquiavelo. Es mucho más sencillo infundir temor al suspenso que infundir amor por nuestra asignatura. A fuerza de repetírselo, todo nuestro alumnado sabe que para aprobar una asignatura debe:  asistir siempre a clase, estar atento (durante la misma), llevar al día la asignatura, hacer los deberes, leer la lección antes de ir  clase, practicar en casa con problemas, hacer lo que el profesorado diga y, sobre todo, del tiempo que pasa fuera de la escuela dedicarlo a estudiar. Si el alumnado no hace todas estas cosas tendrá un castigo: “el suspenso”.

Es cierto que parte del  alumnado sigue todos estos consejos por el temor a suspender, sin embargo hay una gran parte de ese alumnado que no puede seguir esos consejos y por tanto sabe ya de antemano que va a fracasar. Si tropieza varias veces, o de forma continua curso tras curso, sabe que va a fracasar y si esto es así  el alumnado afectado piensa: ¿por qué perder tiempo asistiendo a clase? ¿por qué perder tiempo estudiando? ¿por qué perder tiempo en aprender? Es mejor abandonar que sufrir el escarnio en plaza pública.

Si el profesorado se centra en el amor, en conseguir que su alumnado se enamore de su asignatura estará fomentando el amor por aprender, por  descubrir, en definitiva, por el conocimiento. Y si tropieza no pasa nada, ya que es parte natural del proceso de aprendizaje. El alumnado debe pensar que el tropiezo no es el camino al fracaso, es el camino al éxito.

Es cierto que es mucho más difícil ser amado que temido, pero como también decía Maquiavelo: “Ser temido depende de la voluntad del príncipe, ser amado depende de la voluntad de los hombres”.  Centrémonos en la voluntad de nuestro alumnado, si lo conseguimos tendremos su voluntad puesta a disposición de nuestra asignatura y del conocimiento.  No temerán al suspenso, amarán al aprendizaje.