Connor no tiene quien le escriba

Soy (a veces) un impostor. Vamos a dejarlo así: mentiroso o embaucador son demasiado connotativas. Impostura es, sin duda, el término más acertado para describir el punto de partida de estas dos propuestas didácticas.

Aquí un servidor suplanta a Connor O´Malley, el protagonista de Un monstruo viene a verme y a una joven descolocada por una insólita declaración de amor.

Clicando sobre cada webquest podéis  ver los motivos, más que justificados, para este embuste. Me he hecho pasar también (os iré contando) por director de hotel y gerente de un polideportivo.

Me lo voy a tener que hacer mirar… En fin.

 

 

 

 

 

 

*zalantza (eusk.): duda

Un último esfuerzo, compañer@s; ya se ve la playa detrás de la PDI.

Aster Navas

@irakasle


Entre el séptimo y el octavo arte



Esta semana pasada, la Academia de Cine ha organizado la jornada ‘Cine y Educación’ con el objetivo de analizar y debatir sobre la necesidad de integrar el cine en el sistema educativo español, como objeto de estudio, recurso didáctico y medio de expresión. En esa jornada, en la que participó nuestra amiga y compañera Mercedes Ruiz, entre otros profesionales de ambos campos, se evidenció por un lado el interés de muchos docentes por fomentar la educación audiovisual en el aula, pero también las carencias y dificultades a la hora de ponerlo en práctica. 
Como docente he comprobado que el alumnado desconoce el buen cine. Precisamente, el curso pasado estuvimos trabajando el cine mudo y comprobé que muy pocos conocían a figuras como Buster Keaton o Harold Lloyd. Dedicar tiempo a ellos en el aula supuso una experiencia distinta y muy productiva que les abrió nuevos horizontes de creatividad. Este año he vuelto a recuperar fragmentos cómicos y resulta igual de terapéutico y educativo.
Al igual que ocurre con la literatura, para acercarse a los grandes del género cinematográfico se necesita formación y sensibilización. Para la lectura desarrollamos planes con los que intentamos que nuestros alumnos evolucionen desde la literatura juvenil hasta los clásicos, fomentando la autonomía, el espíritu crítico y el placer estético. Sin embargo, la introducción del cine en las aulas es, por lo general, algo anecdótico, discontinuo, lúdico y destinado a menudo a rellenar tiempos vacíos. No suele haber en los centros un plan audiovisual, una filmoteca, una dedicación horaria en las asignaturas para la educación mediática ni para el estudio del cine como expresión artística. 
Aprovechando que los profesionales del cine y la educación han entrado en una mágica conjunción estos días, os animo a que realicéis vuestras propuestas para un posible pacto Cine-Educación a través del formulario que se enlaza en esta página: 

También os recomiendo que descarguéis la revista de la Academia de Cine con el monográfico Cine y Educación:

Y, por último, os invito a que llevéis el cine a las aulas, educando y disfrutando con él a la vez, apreciando al máximo el valor del Séptimo Arte y soñando con que, quizá algún día, la sociedad apreciará el acto de "Educar" como el Octavo Arte.

Enlaces de interés:



Avanzamos en nuestro Proyecto

espantin

Fuente de la imagen

Tuve el privilegio de visitar el Centro de Infantil y Primaria CRA de Lena en Campomanes (Asturias) para asesorar y avanzar en el Proyecto “El huerto de Espantín” que están elaborando dentro de los llamados Contrato-Programa del Principado. Dos profesores del Centro, Clara y Alejandro,  habían recibido una formación de tres sesiones de trabajo con Fernando Trujillo  y, después, se lo habían explicado a sus compañeros. A partir de esta formación en cascada, el profesorado había empezado a dar los primeros pasos a partir de un canvas (organizador gráfico) y una línea del tiempo donde fueron haciendo una lluvia de ideas que, posteriormente, tuvimos que ir ordenando para facilitar, simplificar y organizar su trabajo.

Comenzamos la sesión con una reflexión sobre si la formación que habían recibido les había servido para cambiar su aula, y fui detectando las dificultades que se habían encontrado al empezar a diseñar este proyecto ya que solo dos profesores acudieron a la formación de Fernando Trujillo. A la vez, di orientaciones para mejorar, clarificar, distribuir tareas  y avanzar. Expliqué la diferencia entre actividad y tarea, y analizamos varias secuencias didácticas para que vieran los elementos comunes que había en ellas.

Además, toqué la “Evaluación” dando herramientas para la autoevaluación, coevaluación y evaluación docente.

Al finalizar la sesión, decidimos entre todos  que el profesorado del Centro se reunirá para distribuir las tareas que el alumnado hará en Infantil y en Primaria. Posteriormente, cada grupo o persona diseñará la secuencia didáctica de la tarea que le ha correspondido. Para terminar, se volverán a reunir todas las profesoras y profesores para ver el proyecto en su globalidad, conocer el trabajo de las personas o grupos, y hacer aportaciones para mejorar el proyecto.

A continuación, podéis ver la presentación que utilicé en esta formación.


“El ABP y el desarrollo competencial del alumnado”

 

Click to view slideshow.

Recordando el bombardeo de Gernika en su 80 aniversario. Algunas recreaciones del “Guernica” de Pablo Picasso por alumnos de 1º de la ESO. Investigación histórica, denuncia social y arte se dan la mano.


El pasado 26 de abril, invitada por el IES Rosario de Acuña de Gijón, compartí con 16 docentes del claustro la formación sobre ABP y el desarrollo competencial del alumnado. Este grupo de profesoras y profesoras, la mayoría del ámbito científico y tecnológico, el curso pasado recibió formación sobre competencias, Flipped Classroom, y dinámicas de trabajo cooperativo.

Este curso siguen formándose para mejorar la manera de enseñar, de aprender y de evaluar en el aula. Tienen ilusión y  ganas de apostar por un cambio, aunque algunos ya están próximos a la jubilación.

Fueron dos horas intensas y gratificantes para mí.

Al final de la sesión, les comenté que me había dado pena poner ejemplos de tareas del ámbito socio-lingüístico cuando ellos, a excepción de una persona, pertenecían al ámbito científico-tecnológico. Me quedé felizmente sorprendida con la respuesta de algunos que dijeron que, la mayoría de lo que habían escuchado, lo podían contextualizar en su materia. Pienso que dice mucho de ellos y de su gran profesionalidad.

A continuación, podéis acceder a la presentación que utilicé.


11 ideas para Enseñar y Aprender mejor

cambiar el aula

recursos on-line

Recursos para trabajar en el aula



Diez años después…

El sábado, 22 de abril, se cumplieron diez años de la primera entrada que publiqué en este blog, Aguja de marear. Aquel viaje inaugural fue el punto de partida para una travesía para la que aún no vislumbro puerto, aunque haya padecido marejadas de desigual intensidad y momentos de calma tensa, que me obligaron a plegar las velas a la espera de tiempos mejores.
Los detalles del viaje se fraguaron en un curso de animación a la lectura en el CEFIRE de Valencia, en una sesión práctica que maridaba con las TIC por la notoriedad que estaban adquiriendo los blogs como epicentro del enfoque por proyectos en Segundo Ciclo de Secundaria. La ponente fue Angus Iglesias, que presentó la antología de la Generación del 27 en línea que realizó con sus alumnos de 4º de ESO en forma de wiki y cuyo diario pedagógico recogió en un blog creado con Blogspot. La práctica de esa sesión, por lo tanto, se centró en que nos familiarizáramos con la plataforma de Google, para crear nuestro propio blog y explorar aquel territorio hasta entonces desconocido para muchos de los que estábamos allí. Nos organizaron por parejas, pues no había ordenadores suficientes en la sala del CEFIRE, y proyectaron los pasos necesarios para crear una cuenta en Gmail -que todavía conservo- e iniciar sesión en Blogger. Tras enredar con plantillas, "headers" (o cabeceras), "footers" y demás elementos virtuales, nos introdujo en el proceloso mar de los "gadgets", de los artilugios digitales, de herramientas TIC como Librarything (que recuperé años más tarde), Google Calendar o Google Maps, bien fuera para incrustarlas en la "sidebar" (o columna lateral), bien para figurar en alguno de los "posts" o entradas de la "timeline", por estricto orden cronológico inverso. Tenía como pareja de PC a Amparo Abarca, compañera de especialidad, con la que trabajé después y a la que tengo gran aprecio, pues amenizó aquella sesión que pudo ser árida por la abundancia de conceptos técnicos nuevos. Sin embargo, Aguja de marear no nació en el pesebre del CEFIRE, sino unas horas más tarde, cuando llegué a casa y pude manipular mi propio ordenador. Necesitaba algo de tiempo y soledad para asimilar lo que había aprendido ese día con el fin de ponerlo en práctica en un blog de prueba, en fase de borrador. que virtualizase esos conocimientos. Para ello, primero necesitaba un nombre, que comenzase por "a" para que fuera indexado al inicio de cualquier lista de blogs, de los que aún quedan numerosos ejemplos. Tras darle algunas vueltas, elegí "aguja de marear" porque era sinónimo de bitácora, de diario náutico, y porque recordaba a la que compuso Quevedo para atacar a Góngora. El propósito, en este primer momento, no estaba definido; tan solo pretendía compartir las tareas que realizaba en los cursos de formación del profesorado, para provecho del lector ocasional, y de otros materiales que tenía almacenados en mi disco duro.
El segundo momento o renacimiento del blog vino como proyecto final del Diploma de Posgrado de Literatura Infantil y Juvenil que cursé con Gemma Lluch en la Universidad de Valencia. Esto supuso una reorientación definitiva hacia el fomento de la lectura, que paulatinamente se amplió con la escritura creativa y la aplicación de las TIC en el aula. Esta ampliación fue consecuencia de la actividad diaria y de la relación con autores de Literatura Juvenil en la Comunidad Valenciana, por un lado, y de la curiosidad por las Nuevas Tecnologías, ya fuera desde el aprendizaje informal que alimentaban otros blogs, webs y redes sociales (Twitter, Facebook, Pinterest, etc.), como del formal, en cursos especializados, muchos de ellos en línea, pero también presenciales, para la implementación de las TIC. Para las asechanzas del día y día -y sus necesidades-, creé el blog de aula Anatomía del verbo, en 2008, destinado a alumnos, padres y compañeros a los que les pueda ser útil mi trabajo.
La comunión entre los tres fines, así como los modelos para administrar, mejorar y adecuar a los tiempos, siempre cambiantes, del ámbito educativo, los encontré en los espacios digitales de Re(paso) de Lengua, de Toni Solano; A pie de aula, de Lourdes Domenech; Darle a la lengua, Felipe Zayas; Depasseig, de Elisabet Roig; Darabuc, de Gonzalo García; Blogge@ndo; En ocasiones... leo libros, de Carlota Bloom; Apuntes de Lengua, de Pep Hernández; Profesor en la Secundaria, de Joselu; Sapere aude!, de Esther Esorihuela; La bitácora de la Lengua, de Alberto G.; El umbral de la palabra, de Mª José Chordá; Palabras azules; De poetas y piratas, de Elisa Tormo; y tantos otros que aún están frente al teclado o que han decidido hacerse a un lado por circunstancias puramente vitales.
Por último, he recopilado las entradas más representativas de Aguja de marear y algunas de las repercusiones que ha tenido en otros espacios digitales en la línea cronológica que aparece a continuación, elaborada con Storify.

Vivir 365 días del libro

No soy un ávido lector, ni siquiera exquisito. Puede decirse que soy un lector intermitente. Me gusta leer, cuando la lectura me atrapa. Esta semana me ha cautivado la prosa de Chaves Nogales.

Con cierta envidia leo las sesquidécadas del maestro Toni Solano ya que hace quince años se leía una media de cuatro libros al mes, me quedé perplejo cuando Alex Garrote me contó en una cena en noviembre que seguramente llegaría a los cuarenta libros leídos al finalizar 2016, es un apasionado de la novela negra. Como reto personal me propuse leer tres libros al mes este 2017, apartándome un poco de las pantallas (el libro electrónico aún no ha terminado de conquistarme). Recopilo las lecturas en un blog en Tumblr, de momento vamos bien. También comparto mis lectura en un grupo de Facebook que te recomiendo, se llama “Estoy leyendo…”.

Repito, concibo la lectura como algo parecido a esta viñeta:

libro

(Desconozco de quién es, me la encontré en Twitter)

No me preocupa dejar un libro a medias, quizá el que más me pesa sea “La Montaña Mágica”. Puede ser que mi itinerario lector no haya sido el adecuado para llegar a Mann o Joyce, de momento. Me gusta la idea de itinerario lector, se la escuché a Lucas Ramada, cuando lo entrevisté en el podcast El Recreo. Como comentaba ayer en la red del pajarito azul, Pennac me absolvió de esa lectura inacabada, en su libro “Como una novela” escribía:  “Pero está claro que no es culpa de Thomas Mann que yo no haya podido, hasta ahora, alcanzar la cumbre de su Montaña mágica […] Entonces tenemos dos opciones: o pensar que la culpa es nuestra, que nos falta una casilla, que albergamos una parte irreductible de estupidez, o hurgar del lado de la noción muy controvertida de gusto e intentar descubrir el mapa de los nuestros.”

Uno de los autores que salvo en uno de sus libros (“Tres vidas de Santos”) nunca me ha fallado ha sido Eduardo Mendoza, reciente premio Cervantes 2016. Me gustó su discurso, sobre todo cuando dijo: para los que creamos nuestro mayor enemigo es la vanidad. No creo, como el propio premiado dice, que su premio sea a un género (menor dicen algunos). Para mí es un premio merecido a un autor muy cervantino.

La compañera Lourdes Domenech propone en su blog un reto interesante, nos plantea elegir en este día del libro, secundarios en la literatura. Escribe: A los secundarios del cine se les tiene en buen lugar, ¿por qué no a los literarios? .

Voy con el mío: del libro “La ciudad de los prodigios” de Eduardo Mendoza, el personaje Delfina, creo que es clave para comprender el personaje principal Onofre Bouvila y su evolución.

¿Te animas? Deja tu propuesta en Twitter con el hashtag #misecundariofavorito

Como decía Dori “Sigue leyendo, leyendo, leyendo” ¿o no era así? Tengo memoria de pez.

Gorka Fernández


2.3. Mi biblioteca literaria: novela y cuento

Estamos hechos de historias. Ya lo afirmó Eduardo Galeano en uno de sus más célebres microrrelatos. Somos historias y caminamos con ellas, día tras día, a todas horas, y casi en cualquier lugar. No importa que solo entretengan o informen o sorprendan o nos ayuden a socializar con extraños y conocidos. Necesitamos historias para vivir y ser vividos por los demás.
La realización artística, escrita y ficticia de parte de esa materia narrativa se concreta en la prosa de cuentos y novelas, hasta erigirse en el tronco central de la gran mayoría de las bibliotecas. Allí residen los mundos probables de los que hablaba Alejo Carpentier y la seguridad interior de que no estamos solos, tal y como le atribuían a C.S. Lewis en la magnífica película Tierras de penumbra.
El fuste de mi biblioteca lo integran, no obstante, tanto escritores en castellano como en otros idiomas, muchos de ellos clásicos, aunque sin descuidar a los contemporáneos. Junto a los títulos que leí y estudié en el Bachillerato y en los que profundicé durante la carrera, como Don Quijote, el Lazarillo o las obras principales de Pérez Galdós, descubrí otros que me marcaron en menor o mayor medida: los cuentos de Borges; los de César Vallejo; La letra escrita, de Rafael Chirbes; Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño; Rayuela, de Julio Cortázar; El crimen del cine Oriente, de Javier Tomeo; Soldados de Salamina, de Javier Cercas; Nubosidad variable, de Carmen Martín Gaite; Los mares del sur, de Vázquez -Montalbán y un largo etcétera de libros escritos en castellano de los que, a buen seguro, olvido unos cuantos (no sé si con justicia o no).
Si atendemos a las traducciones de lenguas extranjeras, la variedad es aún mayor: La conjura de los necios, de J. Kennedy Toole; En el camino, de Jack Kerouac; Trópico de cáncer, de Henry Miller; El caballero de la carreta, de Chrétien de Troyes; 1984 y Rebelión en la granja, de George Orwell; La presa, de Kenzaburo Oé; Mefisto, de Klaus Mann; Demian, de Hermann Hesse; El extranjero, de Albert Camus; Las ciudades invisibles y El barón rampante, de Italo Calvino; Bartleby, el escribiente, de Herman Mellville; etc.
En resumen, la lista que comencé con Librarything para novela y cuento tal vez sea la más incompleta de todas y la que más horas de placer me proporciona. Allí se conjugan mis tanteos pasados, mis descubrimientos estudiantiles, con los autores que más me seducen en la actualidad o aquellos que mejor han resistido el paso del tiempo y del olvido. Espero que, una vez avanzada en su catalogación, sea de provecho para que otros lectores conquisten estos mundos probables y hagan suya esta manía irreductible de saber que nos estamos solos.



Sesquidécada: abril 2002

En la anterior sesquidécada apuntaba una vez más a la cuestión del fomento de la lectura y la literatura en el aula de Secundaria. Casi al final de mi nota mencionaba la polarización entre Jordi Sierra i Fabra y los clásicos de Cátedra, extremos de una escala graduada de competencia lectora. Creo que ese apunte hecho a la ligera merece un poco de reflexión, así que he aprovechado esta sesquidécada de abril para rescatar, curiosamente, las lecturas de El Buscón de Quevedo y una novela juvenil de Jordi Sierra i Fabra que siempre triunfa en la ESO: 97 formas de decir 'te quiero'.

Poca defensa necesita Francisco de Quevedo Villegas en un blog de profesores y trasfondo literario, en el que ya ha aparecido reseñado en otras ocasiones y donde ha protagonizado incluso relatos de terror. Si el ingenio verbal pudiese medirse objetivamente, Quevedo encabezaría todas las listas; eso sí, probablemente también encabezaría las que midiesen el sarcasmo. De todas sus obras en prosa, la más digerible hoy día es el Buscón, una novela corta al estilo picaresco, llena de humor inteligente y mucha mala uva. Quevedo, si fuese tuitero, estaría actualmente en la cárcel o en una tertulia televisiva, según quienes fuesen el objeto de sus dardos. Requiere el Buscón para su deleite lector una buena preparación filológica y un cierto dominio del contexto histórico, ya que, si no es así, el lector se arriesga a enfrentarse a un rimero de chistes sin gracia. Por contra, el lector avisado podrá leer una y otra vez ese relato encontrando nuevas agudezas e ingenios. En mi caso, aquella lectura de 2002 era ya la tercera; en bachiller lo había leído sin apenas captar su grandeza; en la carrera, con el fondo teórico del Barroco, pude sacarle buen jugo; y en esta tercera ocasión, para compararlo con El capitán Alatriste de Pérez-Reverte (con chanzas prácticamente calcadas del original), pude volver a disfrutarlo como corresponde.

En el otro extremo, tenemos a quien he llamado el rey Midas de la literatura juvenil, Jordi Sierra i Fabra, y su novela juvenil 97 formas de decir 'te quiero'. Toda la opacidad de Quevedo desaparece y deja lugar al estilo sencillo de una trama que busca enganchar a un lector joven, con un misterio salpicado de amor, con unos protagonistas que se perciben cercanos. Llegué a esta novela precisamente por la recomendación de mis alumnos de ESO, que me animaron a leerla y a mandarla "como obligatoria". Así lo hice, tanto leerla como mandarla como obligatoria, aunque siempre he procurado que sea a través de propuestas con guía de lectura y posterior debate, no con controles escritos. Debo decir que en 2º de ESO siempre gusta, y eso que ya tiene unos cuantos años.

He mencionado que Sierra i Fabra se encuentra al otro extremo de Quevedo y, cuando hablo del otro extremo, no hablo de calidades, sino de público. Mientras el primero trata de ganarse a ese público juvenil, esquivo ante la lectura, criado en la era multimedia, el autor barroco buscaba justamente lo contrario, asegurarse el favor del público minoritario, de aquellos que podían desentrañar las oscuras metáforas, los saltos al vacío de sus figuras retóricas. En esos extremos nos movemos los profes, confundidos a veces por la idea de que la literatura dirigida a un público amplio es mala literatura, lectura de baja calidad. He oído y leído defensas apasionadas de los clásicos en el aula a personas que no han vuelto a acercarse a ellos desde que abandonaron sus carreras, personas que leen sus best sellers y critican los de otros. También es cierto que muchos de los que defienden a ultranza los clásicos en la ESO parten de sus experiencias personales, olvidando que a ellos ya les gustaba la lectura cuando se encontraron con la literatura en mayúsculas. Imaginad que los profes de matemáticas, en lugar de comenzar por las operaciones sencillas, lanzasen a sus alumnos a disertar sobre la belleza del teorema de Fermat o sobre los conjuntos infinitos de Cantor. Todo requiere su preparación, su camino de aprendizaje, y los clásicos necesitan mucho acompañamiento y mucha pasión por defenderlos con tareas de acercamiento y recreación y no con censuras ni soflamas.
Por otro lado, la polarización entre clásicos o literatura juvenil no tendría sentido si la literatura (y el fomento de la lectura en general) tuviese el lugar que le corresponde en los currículos. Prácticamente extinguida en el Bachillerato y mal planteada en la ESO, resulta difícil establecer planes que promuevan la competencia lectora desde la literatura juvenil hasta los clásicos como un continuo, una escala graduada que permita ofrecer literatura de calidad para todos los públicos, para todos los intereses, desterrando de paso la idea de que todos los adultos ilustrados degustan los clásicos con el mismo fervor con que los defienden públicamente.

El Proyecto Lingüístico de Centro

Razones para elaborar un proyecto lingüístico de Centro