Vivir 365 días del libro

No soy un ávido lector, ni siquiera exquisito. Puede decirse que soy un lector intermitente. Me gusta leer, cuando la lectura me atrapa. Esta semana me ha cautivado la prosa de Chaves Nogales.

Con cierta envidia leo las sesquidécadas del maestro Toni Solano ya que hace quince años se leía una media de cuatro libros al mes, me quedé perplejo cuando Alex Garrote me contó en una cena en noviembre que seguramente llegaría a los cuarenta libros leídos al finalizar 2016, es un apasionado de la novela negra. Como reto personal me propuse leer tres libros al mes este 2017, apartándome un poco de las pantallas (el libro electrónico aún no ha terminado de conquistarme). Recopilo las lecturas en un blog en Tumblr, de momento vamos bien. También comparto mis lectura en un grupo de Facebook que te recomiendo, se llama “Estoy leyendo…”.

Repito, concibo la lectura como algo parecido a esta viñeta:

libro

(Desconozco de quién es, me la encontré en Twitter)

No me preocupa dejar un libro a medias, quizá el que más me pesa sea “La Montaña Mágica”. Puede ser que mi itinerario lector no haya sido el adecuado para llegar a Mann o Joyce, de momento. Me gusta la idea de itinerario lector, se la escuché a Lucas Ramada, cuando lo entrevisté en el podcast El Recreo. Como comentaba ayer en la red del pajarito azul, Pennac me absolvió de esa lectura inacabada, en su libro “Como una novela” escribía:  “Pero está claro que no es culpa de Thomas Mann que yo no haya podido, hasta ahora, alcanzar la cumbre de su Montaña mágica […] Entonces tenemos dos opciones: o pensar que la culpa es nuestra, que nos falta una casilla, que albergamos una parte irreductible de estupidez, o hurgar del lado de la noción muy controvertida de gusto e intentar descubrir el mapa de los nuestros.”

Uno de los autores que salvo en uno de sus libros (“Tres vidas de Santos”) nunca me ha fallado ha sido Eduardo Mendoza, reciente premio Cervantes 2016. Me gustó su discurso, sobre todo cuando dijo: para los que creamos nuestro mayor enemigo es la vanidad. No creo, como el propio premiado dice, que su premio sea a un género (menor dicen algunos). Para mí es un premio merecido a un autor muy cervantino.

La compañera Lourdes Domenech propone en su blog un reto interesante, nos plantea elegir en este día del libro, secundarios en la literatura. Escribe: A los secundarios del cine se les tiene en buen lugar, ¿por qué no a los literarios? .

Voy con el mío: del libro “La ciudad de los prodigios” de Eduardo Mendoza, el personaje Delfina, creo que es clave para comprender el personaje principal Onofre Bouvila y su evolución.

¿Te animas? Deja tu propuesta en Twitter con el hashtag #misecundariofavorito

Como decía Dori “Sigue leyendo, leyendo, leyendo” ¿o no era así? Tengo memoria de pez.

Gorka Fernández


Conversaciones en Conversalibros y Conversacines

Crédito de la imagen

Mi realidad familiar, invadida por celulosa, presidida por baños, tomas y demás cuestiones sometidas a una rutina horaria inviolable me impide mantener un programa de radio semanal como venía haciendo en la radio comunitaria sevillana Radiópolis. Esto hace que me refugie en el podcast. Hace unos meses me ofrecieron dirigir el Educ@conTIC Podcast, algo que llenó ese hueco y compensó la carencia de producción hertziana.

El podcast de Educ@conTIC ha llegado a la cincuenta edición, en esta última entrevistamos a Manel Rives sobre apps. Te la recomiendo.

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La próxima entrega será un especial de estos cincuenta episodios en cincuenta minutos.

El podcast te permite trabajar desde casa, pero te impide disfrutar la frescura del directo, la emoción de sentirte en el aire.

Chus de León, compañero y amigo de Radiópolis, sabía de mi necesidad de hacer radio. Él dirige el programa Conversacines con el objetivo de crear un debate distendido, conversación sobre cine. La dinámica consiste en proponer a la audiencia una película y a la semana siguiente se realiza el debate. No hace falta ser un cinéfilo, ni un entendido, solo se necesita haber visto la película y conversar sobre ella. Por el estudio, los martes a las 22:00 h., pasan semana a semana varias personas a hablar sobre cine. Únicamente se mantienen constantes Chus (director-presentador) y César Bardés, cinéfilo y crítico cuyo blog que te recomiendo. El blog del programa y el twitter también son dos lugares donde los conversacineros intercambiamos pareceres.

Tras una reunión de radio, Chus me propuso realizar un programa nuevo Conversalibros, es decir, la misma dinámica pero con libros. Sería los últimos martes de cada mes y en el programa trataríamos un libro que hubiese sido llevado a la pantalla. De cabeza dije sí. El mes pasado empezamos con “A sangre fría”

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Ayer le tocó el turno a “El resplandor” nuevamente hablamos del libro y película:

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El próximo mes toca “La isla del tesoro”. Te invito a que te sumes al debate en la red (por qué no tu alumnado) y compartas durante este mes de mayo la lectura de este clásico de Stevenson, tenemos un hashtag #CVLisla y dos cuentas de twitter @conversalibros y @conversacines.

Todo sea por leer, ver cine, conversar, debatir y compartir.

Gorka Fernández


Profe… ¿nos vas a dar apuntes?

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Voy al grano. Te propongo una pequeña investigación, para realizar antes y después de vacaciones de Semana Santa. Consiste en que impartas en tu aula dos sesiones con metodologías diferentes una clásica y otra haciendo partícipes a tu alumnado del aprendizaje y realices una prueba en la que contemples las dos materias, dejamos pasar las vacaciones y el primer día de vuelta al insti ¡Zasca! Examen sorpresa (el mismo).

Te explico cómo lo hice yo. Estamos en septiembre de 2013, mis alumnas han disfrutado de quince refrescantes días de vacaciones. A la vuelta, en la primera hora les someto a un examen, sin previo aviso. Imagina sus caras. Sí, les pongo el  mismo examen que las había hecho hace justo un mes, el 2 de agosto.

Aquel examen pretendía medir lo que habían aprendido y la persistencia del aprendizaje, mediante una u otra metodología.

Por una parte veintiséis preguntas tipo test sobre una materia impartida de manera clásica o “magistral” y otra pregunta de desarrollar (abierto) en la que se les pedía que explicasen una teoría de la motivación que ellas habían trabajado e investigado por su cuenta.

Maticemos.

Para las preguntas de tipo test había preparado unos apuntes de diez hojas en las que se desarrollaba parte del temario impartido desde el 28 de junio (día de inicio del curso). Debían estudiarlo.

Para la prueba abierta a cada una de ellas se les había asignado un autor con su teoría sobre la motivación correspondiente. Ellas investigaron e incluso prepararon una presentación de máximo diez minutos que expusieron al resto de compañeras.

El objetivo del examen, sorpresa, fue el de constatar que el aprendizaje es más persistente en conocimientos adquiridos mediante una metodología de investigación que del modo tradicional (ellas demandaban esta forma).

Según parece, si descartamos la presencia de sesgo positivo en el investigador, se cumple: olvidaron menos en la ejecución de la segunda parte que en la primera, con lo que podríamos demostrar que se aprende más haciendo que recibiendo. Lo importante en este caso no es demostrárnoslo a nosotros, docentes, sino transmitir esta aseveración a nuestro alumnado con esta investigación, carente en parte de validez, pero en la que son parte activa. 

Para poder contrastar contabilice los errores y tuve en cuenta la diferencia entre los cometidos en agosto y en septiembre. Respecto a la prueba abierta, previamente marqué los conceptos claves que la alumna expuso en su primera prueba y lo contrasté con la repetición de los mismos en la de septiembre. Por ejemplo, una alumna pudo exponer cinco conceptos claves en su teoría de la motivación en el primer examen (sin sorpresa), si mantiene esos cinco tendrá cero errores y si ha plasmando solo tres en el examen sorpresa, la diferencia en “errores” (u olvidos) será dos.

En esta tabla se detallan los errores de las nueve alumnas:

tabladiferencias

Cabe destacar que la alumna número 4, cuya diferencia ha sido mayor en la prueba abierta, NO EXPUSO su teoría en público, ya que le pudo la presión. A lo largo del curso venimos trabajando el miedo escénico y ya ha expuesto en otras actividades.

Podemos apreciar que aprendizajes activos son más efectivos que los pasivos. Y lo importante es que las alumnas de forma clara y comprobándolo por sí mismas han percibido la diferencia.

Seguiré optando por el aprender haciendo ¿y tú?

Gorka Fernández