Te cedo la palabra: @arredondoperez en pie de Lengua

Javier Arredondo es un joven profesor leonés que tenemos el gusto de conocer personalmente y del que nos llama la atención tanto su enorme timidez -su modestia verdadera- como su inmensa capacidad de trabajo en el aula. Aunque trata de no meter ruido y de pasar desapercibido, no puede esconder su buen hacer con el alumnado y la bendita red deja constancia de todo ello. Trabajador incansable, entusiasta pedagogo, es un convencido de que las nuevas tecnologías (TIC) son pilares fundamentales para que los alumnos, –as disfruten aprendiendo y enseñando Lengua. Javier, muchísimas gracias por tu generosidad, continúa En pie de Lengua y, tranquilo, no te preocupes lo más mínimo: desde la máxima admiración, te decimos que cualquier cosilla que te pongas te sienta estupendamente…

Marcos Cadenato

“¿Y qué me pongo yo para la ocasión?”

fondo de armarioCrédito de la imagen

Cuando a uno le invitan a dejar su impronta en un espacio tan emblemático como “Te cedo la palabra” de Tres Tizas, aparte de sonrojarse, emocionarse y sentir cómo su ego sube un peldaño, se siente sobrecogido por un sentido de la responsabilidad que le hace preguntarse: “Habiendo visto yo a tantas admiradas gentes vestir sus mejores galas en este espacio (unos por elegantes, otros por atrevidos, otros por originales, otros por sencillos…), ¿qué me pongo yo para la ocasión?” Pero resulta tarea casi imposible encontrar una buena respuesta para quien apenas lleva dos años y medio ejerciendo la bella y complicada profesión de la docencia. Por ello, son varias opciones las que barajo ante el espejo.

Podría vestir, por ejemplo, tal como haré próximamente en el taller que impartiré en el I Encuentro de Docentes de Lenguas en Educación Secundaria, el traje de profesor bloguero que apuesta por un enfoque de las clases audiovisual y basado en proyectos. Un enfoque centrado en los usos educativos del vídeo y de las TIC, eso sí (y ya se ha insistido mucho en ello), como meros instrumentos al servicio del aprendizaje, aunque a veces cueste hacérselo entender al alumnado. Se trata de ese traje que permite comprobar que crear productos audiovisuales suele ser motivador para un altísimo porcentaje del alumnado, el cual aprende haciendo, rehaciendo y viendo, disfruta compartiendo su trabajo con familia y amigos y desarrolla una habilidad muchas veces olvidada en nuestras aulas: la comunicación oral. Pero estas vestimentas ya las usaré en el IES Chaves Nogales el próximo 22 de marzo y no está muy bien visto eso de repetir modelito en dos eventos tan consecutivos, de manera que me veo en la necesidad de buscar otras opciones.

Por ejemplo, ponerme algo más oscuro: la ropa del profesor que llegó al mundo de la educación creyendo que esas metodologías innovadoras que le enseñaron eran el “bálsamo de Fierabrás” para todos los males educativos y que se ha dado de bruces con la realidad al descubrir que la complejidad del panorama educativo es tal que, por mucho que uno perciba ciertos logros en su acción docente, el impacto de esta en la formación de sus alumnos no es tan elevado y, para colmo, sigue dejándose en el camino, por decirlo de algún modo, a alumnos cuyas condiciones socioculturales no son las que debieran ser en un mundo digno. Esa misma ropa también es la del profesor que ha descubierto que, aunque la motivación y la implicación sean mayores con aquella forma de plantear la enseñanza, los resultados académicos que se obtienen al medir con los mismos patrones a  todos los estudiantes no difieren apenas de los de docentes cuyos métodos se enmarcan en un enfoque más tradicional. Ese docente es el que, entre la frustración y el desasosiego, se convence de que solo a través de un proyecto colectivo en el que se implique realmente toda la comunidad educativa se puede lograr una mejora sustancial que afecte a todos y todas por igual.

Revisando el armario, encuentro otro traje que podría vestir, que está en la línea de diseño del anterior, pero con colores más vivos. Es el del docente que, precisamente al bajar de esa nube innovadora, se da cuenta de lo injusto que es generalizar desde su lado del mundo educativo con respecto a aquellos docentes que no innovan tanto (o nada) en sus aulas y aprende a valorar más la labor de muchos de esos compañeros a pesar de las discrepancias metodológicas. Ese docente ha conocido a demasiados compañeros que son un ejemplo de amor por su profesión y de entrega incondicional a sus alumnos. Quizá sea una cuestión de convicción o quizá simplemente una cuestión de formación la que impide a esos profesores dar pasos en otra dirección y la solución no es tan sencilla como decirles “mira, esto es así y es mejor” o forzarlos a un cambio en el que generalmente se sienten perdidos sin recibir apoyo ni herramientas verdaderamente útiles que les permitan ver la necesidad que otros vemos de esas formas de enseñanza alternativas.

También pienso que podría engalanarme con las vestiduras del profesor indignado y asustado por la reforma de la ley educativa, con la ropa del que está tremendamente preocupado por la falta de espíritu crítico de su alumnado y por su sumisión a una “globalización” que destruye la identidad personal y cultural, deshumaniza y “ovejiza”, o con el conjuntito del docente que se enfurece ante los prejuicios que pesan sobre su profesión.

Podría seguir investigando a fondo el armario hasta dar con el modelito más sofisticado para lucir en este espacio, pero al final me pasa lo de siempre: la prisa, el agobio y la preocupante saturación laboral en la que veo sumida a demasiada gente en nuestros días (que, por cierto, parece que tenga que “tragar” con todo por pertenecer al grupo de los “privilegiados” que tienen trabajo). Tengo que decidirme. Quizá lo que necesito o lo que necesitamos muchos docentes y no docentes es desvestirnos, desnudarnos, o lo que es lo mismo: parar, pararlo todo. Preguntarnos por nuestra responsabilidad en la sociedad que construimos, en las aulas y fuera de ellas. Indagar en los verdaderos porqués de tantos problemas para construir mejores soluciones. Quitarnos el corsé curricular, burocrático y social.

Sin embargo, vuelvo a pisar el suelo y caigo en la cuenta de que apelar al nudismo no iba a contar con el beneplácito de las autoridades y, por no causar un perjuicio mayor a quien me acoge en su casa, tengo que optar por llevar algo de ropa. Así que decido ponerme algo sencillo para la ocasión (pues ya decía el maestro Serrat que no es conveniente ir camuflado): el traje del docente que se ilusiona por educar a sus alumnos en pie de lengua, que disfruta cuando percibe un atisbo de creatividad y originalidad en el trabajo de sus pupilos, que practica con ellos el sentido del humor aunque también el del cabreo, que grita o se queda en silencio cuando siente que pierde el control de la clase, que busca desahogo en sus compañeros de profesión, que se emociona con una mirada, una sonrisa o un gesto, que intenta ayudar y escuchar a quienes tiene enfrente cuando su egoísmo individual se hace a un lado y se lo permite, que se lleva los problemas de sus alumnos a la almohada, que les echa de menos cuando ya no están en su aula… En resumidas cuentas, el docente imperfecto pero vocacional, que, con sus más y sus menos, somos todos los que apreciamos nuestra profesión.

Con esta ropa me veo aceptable en el espejo. Creo que no le voy a dar más vueltas.

Javier Arredondo


Intermitencias de los blogs


Anoche leía las reflexiones de mi amigo Antonio Omatos en las que sacaba a relucir la necesidad de desconectar, y apenas unas horas después me entero de que ha cerrado -espero que temporalmente- un blog de lengua que aprecio: "El reino de Trapisonda". Creo que todos los que hemos vivido el boom de los blogs y las posteriores mareas de las redes sociales nos hemos planteado en alguna ocasión esa necesidad de desconectar para tomar oxígeno. Otro buen amigo, Joselu, sabe bien de lo que hablo, pues en más de una ocasión ha practicado el silencio o se ha desdoblado en blogs de vidas más o menos efímeras. Otros colegas han ido espaciando sus escritos blogueros, casi hasta la desaparición, en la misma medida en que crecían sus presencias en Twitter -todos echamos de menos el blog del Prrrofesor Potachov, por poner solo un ejemplo-. Y también están quienes se resisten a desaparecer y publican esporádicamente alguna nota en sus blogs, una nota que parece una manita alzada entre las olas del tiempo.
No pretendo con estas líneas hacer una apología de la resistencia 2.0, ni tampoco pretendo que sea un canto del cisne del mundo de los blogs educativos. Si sigo aquí es porque me apetece contar lo que cuento y porque todavía hay amigos que leen lo que escribo. Cuando falle uno de esos elementos me disolveré lo más discretamente posible. Pero, como esta nota menciona de soslayo la nostalgia de los blogs perdidos, no quisiera dejarme en el tintero el recuerdo de algunos compañeros blogueros que dejaron de escribir, pero que deberían formar parte de esta intrahistoria de la blogosfera educativa: Blogs como Tira de lengua, la Blogse, Maribelele y Makelele -ambos en activo en Twitter-, Como una reina, o Nos vemos en el blog, o cualquiera de los diversos espacios en la red de Angus Iglesias. Soy consciente de que me dejo a muchos buenos blogueros que, como Bartleby, han preferido dejar de serlo. Tener un blog es, como diría Cortázar, mantener "algo que es tuyo pero no es tu cuerpo", con "la necesidad de darle cuerda todos los días"... Tal vez no escribamos todos los días, pero el blog siempre está ahí, con su bracito desesperado colgando de nuestra conciencia.

Crédito de la imagen: 'Lost keys'

De vuelta a Internet… en el aula

Algunas historias de la red docente deberían escribirse para que no caigan en el olvido. Sumidos como estamos en el ajetreo de blogs y redes sociales, es normal que no tengamos tiempo para detenernos y mirar hacia atrás, hacia los orígenes de todo lo que hoy nos envuelve. No voy a escribir una nota nostálgica ni reivindicar los tiempos pasados, pero sí quiero aprovechar para recordar la existencia de la red docente Internet en el aula y contar lo que supuso en su día. Es extraño que haya todavía docentes que no conozcan esta red que cuenta casi con 10000 miembros de todo el mundo. Recuerdo perfectamente que a principios de marzo de 2008 recibí una invitación de Felipe Zayas para formar parte de ella. La había creado José Luis Cabello con motivo del Congreso Internet en el Aula que se iba a celebrar de manera virtual y presencial simultáneamente (si no me equivoco, fue la primera vez que se nos ofrecían congresos virtuales, tan habituales hoy día). Me llamó la atención el crecimiento exponencial que vivió esta red en unos días, a pesar de  lo poco que sabíamos entonces de las redes sociales en general y del funcionamiento de Ning en particular.
En apenas dos meses había más de mil personas compartiendo lo que sabían en Internet en el aula. Para mí, uno de los momentos especiales fue el debate sobre el reconocimiento oficial del trabajo con las TIC en el aula, un asunto que había surgido cuando a Lu le negaron, para un mérito al que optaba, la validez de sus magníficos materiales y experiencias. La red se convirtió en un torbellino de ideas y en un foro de debates apasionados del que surgieron amistades que perduran hasta hoy. Quiero pensar que pusimos un granito de arena para que el trabajo en la red dejase de ser tarea de cuatro friquis y pasase a tener un apoyo institucional. De hecho, cuando en 2010 la red Ning avisó de que se convertía en una herramienta de pago, el Instituto de Tecnologías Educativas acabó haciéndose cargo de ella, y comenzó un nuevo ciclo con recursos, actividades, foros y talleres para todos sus miembros.
Por toda esta intrahistoria, cuando me ofrecieron facilitar un Taller Abierto de Aprendizaje en Colaboración sobre Lengua y Literatura, no me pude negar a aportar un poquito de lo que sé a esa red que es de todos, recopilando en un sitio web algunos recursos básicos y comprometiéndome a enseñar lo que yo mismo aprendo día a día. Porque, con independencia de que participes mucho o poco, es importante saber que hay un lugar en el que encontrar colegas y en el que conocer experiencias educativas de todo tipo. Os animo a (re)descubrirlo.

De vuelta a Internet… en el aula

Algunas historias de la red docente deberían escribirse para que no caigan en el olvido. Sumidos como estamos en el ajetreo de blogs y redes sociales, es normal que no tengamos tiempo para detenernos y mirar hacia atrás, hacia los orígenes de todo lo que hoy nos envuelve. No voy a escribir una nota nostálgica ni reivindicar los tiempos pasados, pero sí quiero aprovechar para recordar la existencia de la red docente Internet en el aula y contar lo que supuso en su día. Es extraño que haya todavía docentes que no conozcan esta red que cuenta casi con 10000 miembros de todo el mundo. Recuerdo perfectamente que a principios de marzo de 2008 recibí una invitación de Felipe Zayas para formar parte de ella. La había creado José Luis Cabello con motivo del Congreso Internet en el Aula que se iba a celebrar de manera virtual y presencial simultáneamente (si no me equivoco, fue la primera vez que se nos ofrecían congresos virtuales, tan habituales hoy día). Me llamó la atención el crecimiento exponencial que vivió esta red en unos días, a pesar de  lo poco que sabíamos entonces de las redes sociales en general y del funcionamiento de Ning en particular.
En apenas dos meses había más de mil personas compartiendo lo que sabían en Internet en el aula. Para mí, uno de los momentos especiales fue el debate sobre el reconocimiento oficial del trabajo con las TIC en el aula, un asunto que había surgido cuando a Lu le negaron, para un mérito al que optaba, la validez de sus magníficos materiales y experiencias. La red se convirtió en un torbellino de ideas y en un foro de debates apasionados del que surgieron amistades que perduran hasta hoy. Quiero pensar que pusimos un granito de arena para que el trabajo en la red dejase de ser tarea de cuatro friquis y pasase a tener un apoyo institucional. De hecho, cuando en 2010 la red Ning avisó de que se convertía en una herramienta de pago, el Instituto de Tecnologías Educativas acabó haciéndose cargo de ella, y comenzó un nuevo ciclo con recursos, actividades, foros y talleres para todos sus miembros.
Por toda esta intrahistoria, cuando me ofrecieron facilitar un Taller Abierto de Aprendizaje en Colaboración sobre Lengua y Literatura, no me pude negar a aportar un poquito de lo que sé a esa red que es de todos, recopilando en un sitio web algunos recursos básicos y comprometiéndome a enseñar lo que yo mismo aprendo día a día. Porque, con independencia de que participes mucho o poco, es importante saber que hay un lugar en el que encontrar colegas y en el que conocer experiencias educativas de todo tipo. Os animo a (re)descubrirlo.