2.1. Mi biblioteca literaria: poesía


La poesía es un género complejo y heterogéneo que gusta de romper límites, etiquetas y cánones consagrados. Esta es la razón de que no toda sea lírica, ni en verso, y que no flirtee con lenguaje, temas y motivos siempre poéticos. 
Tampoco se rinde ante la definición que la reserva para la expresión de sentimientos e ideas: hay poemas que son narraciones en versos y otros que desmenuzan el lenguaje hasta reducirlo a una ininteligible cadena de sonidos, al igual que consiguió Huidobro en Altazor.
En la imagen que acompaña esta entrada, cito a algunos poetas que habitan en mi biblioteca y que la alimentan con sus rimas, símbolos, metáforas, desvelos, plenitud y polifonía sin par.
No todos son los mejores ni los más reconocidos, pero sí son los que han preservado mi fe en el verso y los que me han descubierto otros autores desconocidos, olvidados u ocultos a los ojos de los lectores de mi generación. Espero que, de alguna manera, supongan una revelación para otros.


Popplet de #haiku en #díadelapoesía

He creado este mural con Popplet para compartir los mejores haikus -poemas japoneses de dos a tres versos- que he leído en el  de Twitter.  Responde al llamamiento que se hizo desde el blog de Leer.es para celebrar el día de la poesía, al tiempo que constituye una muestra de solidaridad con las últimas catástrofes que han asolado Japón y conmemora cinco años de tweets que están cambiando el mundo.



Popplet de #haiku en #díadelapoesía

He creado este mural con Popplet para compartir los mejores haikus -poemas japoneses de dos a tres versos- que he leído en el  de Twitter.  Responde al llamamiento que se hizo desde el blog de Leer.es para celebrar el día de la poesía, al tiempo que constituye una muestra de solidaridad con las últimas catástrofes que han asolado Japón y conmemora cinco años de tweets que están cambiando el mundo.




"Cómo nace un texto", por Jorge Luis Borges


"Cómo nace un texto" es mi primer homenaje a este cuarto de siglo sin Borges. Reconozco que no ha sido premeditado, pues he topado con este texto mientras curioseaba en Colección 1 a 1, una página web argentina que ofrece una rica selección de actividades y recursos, de todas las materias básicas, a docentes, padres y alumnos. He encontrado el texto en la actividad "Borges: la ficción dentro de la ficción", dentro del apartado de Lengua y Literatura, que incorpora un enlace al suplemento digital del diario Clarín en el que está publicado. Lo he incrustado como imagen interactiva con kwout para que disfrutéis de todos los textos, y archivos de audio sobre el maestro Borges.


Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder. En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí "eso es una solución personal mía", creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo "si se trata de un cuento porteño", lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. Porque ¿quién puede saber, exactamente, cómo hablaban aquellos orilleros muertos?: nadie. Es decir, que yo puedo proceder con comodidad. En cambio, si un escritor elige un tema contemporáneo, entonces ya el lector se convierte en un inspector y resuelve: "No, en tal barrio no se habla así, la gente de tal clase no usaría tal o cual expresión."
El escritor prevé todo esto y se siente trabado. En cambio, yo elijo una época un poco lejana, un lugar un poco lejano; y eso me da libertad, y ya puedo fantasear o falsificar, incluso. Puedo mentir sin que nadie se dé cuenta, y sobre todo, sin que yo mismo me dé cuenta, ya que es necesario que el escritor que escribe una fábula "por fantástica que sea" crea, por el momento, en la realidad de la fábula.



"Cómo nace un texto", por Jorge Luis Borges


"Cómo nace un texto" es mi primer homenaje a este cuarto de siglo sin Borges. Reconozco que no ha sido premeditado, pues he topado con este texto mientras curioseaba en Colección 1 a 1, una página web argentina que ofrece una rica selección de actividades y recursos, de todas las materias básicas, a docentes, padres y alumnos. He encontrado el texto en la actividad "Borges: la ficción dentro de la ficción", dentro del apartado de Lengua y Literatura, que incorpora un enlace al suplemento digital del diario Clarín en el que está publicado. Lo he incrustado como imagen interactiva con kwout para que disfrutéis de todos los textos, y archivos de audio sobre el maestro Borges.


Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder. En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí "eso es una solución personal mía", creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo "si se trata de un cuento porteño", lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. Porque ¿quién puede saber, exactamente, cómo hablaban aquellos orilleros muertos?: nadie. Es decir, que yo puedo proceder con comodidad. En cambio, si un escritor elige un tema contemporáneo, entonces ya el lector se convierte en un inspector y resuelve: "No, en tal barrio no se habla así, la gente de tal clase no usaría tal o cual expresión."
El escritor prevé todo esto y se siente trabado. En cambio, yo elijo una época un poco lejana, un lugar un poco lejano; y eso me da libertad, y ya puedo fantasear o falsificar, incluso. Puedo mentir sin que nadie se dé cuenta, y sobre todo, sin que yo mismo me dé cuenta, ya que es necesario que el escritor que escribe una fábula "por fantástica que sea" crea, por el momento, en la realidad de la fábula.



Adelanto del centenario de Gabriel Celaya

El 18 de marzo se conmemora el centenario del nacimiento de Gabriel Celaya. Para entonces, es posible que la red se inunde con sus versos, que los blogs proclamen que "La poesía es un arma cargada de futuro" y que el poeta tendría que abandonar -de nuevo- su torre de marfil para acercar la lírica al ciudadano de a pie. 
Hoy me adelanto por egoísmo o por impaciencia o por el deseo de creer que la poesía todavía es un arma cargada de futuro, con las voces de Paco Ibáñez, Joan Manuel Serrat o el propio Gabriel Celaya. 




"La poesía es un arma cargada de futuro"


Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.


De Cantos iberos (1955)






Adelanto del centenario de Gabriel Celaya

El 18 de marzo se conmemora el centenario del nacimiento de Gabriel Celaya. Para entonces, es posible que la red se inunde con sus versos, que los blogs proclamen que "La poesía es un arma cargada de futuro" y que el poeta tendría que abandonar -de nuevo- su torre de marfil para acercar la lírica al ciudadano de a pie. 
Hoy me adelanto por egoísmo o por impaciencia o por el deseo de creer que la poesía todavía es un arma cargada de futuro, con las voces de Paco Ibáñez, Joan Manuel Serrat o el propio Gabriel Celaya. 




"La poesía es un arma cargada de futuro"


Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.


De Cantos iberos (1955)