Antonio Gamoneda: Ha de llover

Poema inédito que leyó el martes, 8 de abril de 2008 en nuestro Instituto, y que nos emocionó de forma absoluta:

Ha de llover
Hay sequía en la luz y la ceniza llora,
como mi madre, sin lágrimas.
Ha de llover.
Ha de llover hasta que se levanten los maíces sagrados y sea posible la
/celebración de la muerte.
Ha de llover.
¿Por qué no? ¿ Por qué no ha de llover
en la tiniebla intestinal y en las hirvientes médulas?
Ha de llover
en los niños frenéticos y en los adoradores nocturnos
y en los ancianos extraviados en la música.
Ha de llover
en el aire poblado de ausentes y en la felicidad ensangrentada.
Ha de llover sobre esta piedra enferma
donde, en la noche, cunde un resplandor
procedente de astros inservibles.
Ha de llover. Tiene que llover con dulzura
sobre los suicidas del amanecer.
Ha de llover
en la superficie cristianizada por la industria. Ha de llover
hasta que aúllen las alondras y,


bajo las catenarias, en Vega Magaz,
los ferroviarios se desnuden
y detengan la máquina que llora.
Ha de llover en la extremaunción
sacramentalmente perversa. Ha de llover
en el interior del hierro y en el pensamiento
de los cianóticos y
de los niños prematuros.
Ha de llover
sobre las secretarias parturientas,
sobre los tísicos y los asesinos,
sobre los comandantes y las monjas.
Ha de llover en los prostíbulos
y en los ministerios incomprensibles
y en las fístulas eternas. Sí,
ha de llover. Y las serpientes
aprenderán a silbar con dulzura
unas seiscientas melodías olvidadas. Son
reconocibles por su olor a sombra
y a sustancia inguinal. Dichas serpientes
han de silbar en las cajas de ahorro
y en los urinarios y en las tumbas.
Ha de llover. Hoy es martes
de salvación. Hoy resucitan
los fusilados de Villamañán.
Ha de llover en las grandes letrinas
notariales hasta que aparezcan los títulos
de propiedad de la luz y de la tristeza hipotecaria
y las cartas de amor de Francisco Franco

Ha de llover, ha de llover dulcemente, sobre las niñas que abortan
/en octubre y
sobre los padres invisibles.
Ha de llover en la agonía de Jorge Pedrero
y sobre los visitantes clandestinos.
Ha de llover. Causa analógica:
se sabe que los agonizantes son felices
rodeados de llanto.
Ha de llover,
ha de llover sobre los huesos de Felipe Segundo
y de los Caídos por Dios y por España.
Agua para los prostáticos
y su dolor universal, agua también
para los sifilíticos y los curas.
Agua para los Borbones,
y para los mendigos y las mujeres desnudas
que gritaron los gritos amarillos
de mil novecientos treinta y seis.
Ha de llover.
Ha de llover en los pantanos
rebosantes (se dice) de fascismo y de
melancolía azul. Han de existir
poderosas razones ecuménicas
para que llueva en los pantanos. Ha
de ser físicamente necesario a causa
de la prosperidad del incesto y de los cuchillos


olvidados en las iglesias. Ha
de llover.
Ha de llover, sí, pero no han de olvidarse
los manantiales del odio ni las acequias
secretas de los monasterios ni
la humedad de las sociedades anónimas.
Ha de llover jamás y siempre. Con
desesperación agraria. Ha de llover
hasta que enloquezcan los metales
y el sílice y las inmensas madres
del Barrio de la Sal.
Ha de llover.
Ha de llover ya.
¿Está lloviendo?
Sí, está lloviendo. Las madres,
bajo la lluvia, van
al penal incesante. Son blancas y locas,
llevan fuego y amor.
Ah de la lluvia,
ah del amor, ah del fuego.
Llueve
en mi pasado y en mis venas. Va a llover
también en mi desaparición.
Ah de la lluvia
sobre las madres locas. Ya arde, bajo el agua,
San Marcos con amor, ya están ardiendo
dulcemente los juicios sumarísimos.
Ah de la lluvia.
(Tuxtla Gutiérrez, Madrid, León. Noviembre-diciembre de 2007)




Fuente: Revista Fórnix

El poema “ha de llover” muestra la situación que se está viviendo en aquella época. Antonio se trasladó a León con su madre después de la muerte de su padre, a una casa que queda muy cerca de la estación del norte. Allí contemplará los trenes y su carga humana que dejarán una gran huella en la psicología y en la memoria infantil, y que traspasará a alguno de sus poemas como es este caso.

El poema me gusta mucho porque muestra los tiempos de gran convulsión social y revoluciones, tal y como los vive un niño que apenas tiene 5 años.
Cuando se produce la insurrección militar de 1936, León, que desde el primer momento quedó en el bando franquista, se convirtió en campo de concentración y de exterminio. Él aprende a leer de un libro de poesía cuyo autor es su padre.
En la memoria de Gamoneda quedan fijadas las imágenes de los prisioneros, los gritos de las mujeres ante la sangre de los fusilados…

Antonio Gamoneda vive su infancia entre la pobreza y la ausencia de su padre, por eso el tema principal de muchos de sus poemas es la muerte.

Antonio Gamoneda: Ha de llover

Poema inédito que leyó el martes, 8 de abril de 2008 en nuestro Instituto, y que nos emocionó de forma absoluta:

Ha de llover
Hay sequía en la luz y la ceniza llora,
como mi madre, sin lágrimas.
Ha de llover.
Ha de llover hasta que se levanten los maíces sagrados y sea posible la
/celebración de la muerte.
Ha de llover.
¿Por qué no? ¿ Por qué no ha de llover
en la tiniebla intestinal y en las hirvientes médulas?
Ha de llover
en los niños frenéticos y en los adoradores nocturnos
y en los ancianos extraviados en la música.
Ha de llover
en el aire poblado de ausentes y en la felicidad ensangrentada.
Ha de llover sobre esta piedra enferma
donde, en la noche, cunde un resplandor
procedente de astros inservibles.
Ha de llover. Tiene que llover con dulzura
sobre los suicidas del amanecer.
Ha de llover
en la superficie cristianizada por la industria. Ha de llover
hasta que aúllen las alondras y,


bajo las catenarias, en Vega Magaz,
los ferroviarios se desnuden
y detengan la máquina que llora.
Ha de llover en la extremaunción
sacramentalmente perversa. Ha de llover
en el interior del hierro y en el pensamiento
de los cianóticos y
de los niños prematuros.
Ha de llover
sobre las secretarias parturientas,
sobre los tísicos y los asesinos,
sobre los comandantes y las monjas.
Ha de llover en los prostíbulos
y en los ministerios incomprensibles
y en las fístulas eternas. Sí,
ha de llover. Y las serpientes
aprenderán a silbar con dulzura
unas seiscientas melodías olvidadas. Son
reconocibles por su olor a sombra
y a sustancia inguinal. Dichas serpientes
han de silbar en las cajas de ahorro
y en los urinarios y en las tumbas.
Ha de llover. Hoy es martes
de salvación. Hoy resucitan
los fusilados de Villamañán.
Ha de llover en las grandes letrinas
notariales hasta que aparezcan los títulos
de propiedad de la luz y de la tristeza hipotecaria
y las cartas de amor de Francisco Franco

Ha de llover, ha de llover dulcemente, sobre las niñas que abortan
/en octubre y
sobre los padres invisibles.
Ha de llover en la agonía de Jorge Pedrero
y sobre los visitantes clandestinos.
Ha de llover. Causa analógica:
se sabe que los agonizantes son felices
rodeados de llanto.
Ha de llover,
ha de llover sobre los huesos de Felipe Segundo
y de los Caídos por Dios y por España.
Agua para los prostáticos
y su dolor universal, agua también
para los sifilíticos y los curas.
Agua para los Borbones,
y para los mendigos y las mujeres desnudas
que gritaron los gritos amarillos
de mil novecientos treinta y seis.
Ha de llover.
Ha de llover en los pantanos
rebosantes (se dice) de fascismo y de
melancolía azul. Han de existir
poderosas razones ecuménicas
para que llueva en los pantanos. Ha
de ser físicamente necesario a causa
de la prosperidad del incesto y de los cuchillos


olvidados en las iglesias. Ha
de llover.
Ha de llover, sí, pero no han de olvidarse
los manantiales del odio ni las acequias
secretas de los monasterios ni
la humedad de las sociedades anónimas.
Ha de llover jamás y siempre. Con
desesperación agraria. Ha de llover
hasta que enloquezcan los metales
y el sílice y las inmensas madres
del Barrio de la Sal.
Ha de llover.
Ha de llover ya.
¿Está lloviendo?
Sí, está lloviendo. Las madres,
bajo la lluvia, van
al penal incesante. Son blancas y locas,
llevan fuego y amor.
Ah de la lluvia,
ah del amor, ah del fuego.
Llueve
en mi pasado y en mis venas. Va a llover
también en mi desaparición.
Ah de la lluvia
sobre las madres locas. Ya arde, bajo el agua,
San Marcos con amor, ya están ardiendo
dulcemente los juicios sumarísimos.
Ah de la lluvia.
(Tuxtla Gutiérrez, Madrid, León. Noviembre-diciembre de 2007)




Fuente: Revista Fórnix

El poema “ha de llover” muestra la situación que se está viviendo en aquella época. Antonio se trasladó a León con su madre después de la muerte de su padre, a una casa que queda muy cerca de la estación del norte. Allí contemplará los trenes y su carga humana que dejarán una gran huella en la psicología y en la memoria infantil, y que traspasará a alguno de sus poemas como es este caso.

El poema me gusta mucho porque muestra los tiempos de gran convulsión social y revoluciones, tal y como los vive un niño que apenas tiene 5 años.
Cuando se produce la insurrección militar de 1936, León, que desde el primer momento quedó en el bando franquista, se convirtió en campo de concentración y de exterminio. Él aprende a leer de un libro de poesía cuyo autor es su padre.
En la memoria de Gamoneda quedan fijadas las imágenes de los prisioneros, los gritos de las mujeres ante la sangre de los fusilados…

Antonio Gamoneda vive su infancia entre la pobreza y la ausencia de su padre, por eso el tema principal de muchos de sus poemas es la muerte.

CONFERENCIA DE ANTONIO GAMONEDA


En la conferencia, el martes 8 de Marzo, Gamoneda habló de diversos temas acerca de su infancia y trancurso de su vida y sobre que es para él la poesia e hizo una lectura poética con diversos poemas propios e inéditos.




Sobre su vida la conferencia empezó con un detalle significativo que se relató en la presentación de Jacinta Negueruela: En su pueblo, las escuelas estaban cerradas y en su casa sólo había un libro de su padre, que era de poesía. Y así lo contó Gamoneda más tarde, su interés por aprender pese a las dificultades de la vida fue el que le llevó a escribir poesía. Pero como él dijo, su vida no fue un camino de rosas ni mucho menos. Su orfandad le ha marcado de por vida, pero su vida transcurrió, en parte, durante la Guerra Civil española y durante el periodo franquista; el remarca como fecha clave 1936, inicio de la guerra, como punto de inflexión en su vida y origen de los primeros recuerdos que posee en su memoria. Él perteneció a un pequeño grupo antifranquista junto a sus amigos durante la dictadura y todos ellos murieron en esa etapa excepto un amigo que se volvió loco y él.


Pese a todo esto dice: La muerte de mis amigos, mi orfandad, me han dado una impregnación mortal que no me ha impedido el amor por la vida.




Otro tema en el que profundizó mucho fue en lo que significa para él la poesía.


La poesía es el arte de la creación de unos objetos de arte cuya materia es el lenguaje.


La poesía, al igual que la música, es un arte de la memoria, una emanación de la vida. Por eso, el lenguaje poético tiene su origen en la música: al poeta le sucede una aparición de palabras, al igual que las notas en la música, y su ordenación lleva a la creación del conocimiento.


También comentó que la poesía es un acto de creación, pues la poesía crea en nosotros una realidad intelectual que ya existía antes; y también es un acto de revelación, pues muestra lo deconocido en nosotros. Esta explicación le sirve para comentar que San Juan de la Cruz, diciendo al escibir poesía partía de lo desconocido, de un no saber sabiendo.




Finalmente hizo un lectura poética algunos de sus poemas. Recitó poemas como Caigo sobre unas manos o Ha de llover, poema muy aclamado por el público y de una gran intensidad.