Sesquidécada: enero 1998

Hace ahora quince años, comencé 1998 inmerso en el Siglo de Oro, una época muy bien sintetizada en un ensayo de Bartolomé Bennassar que leía por aquellos días, La España del Siglo de Oro, y que considero muy recomendable para quienes busquen un acercamiento general a la sociedad y cultura en la que se forjaron las mejores obras de nuestra literatura. En aquellos días, me afanaba con numerosas lecturas centradas en ese periodo y, básicamente, con dos frentes abiertos. Uno de ellos, la imagen de la mujer en la literatura del Siglo de Oro, ya ha ocupado las últimas sesquidécadas. El otro caballo de batalla fue un estudio sobre los gitanos también en la literatura áurea; como ya expliqué, este estudio correspondía a un curso de doctorado sobre 'Minorías y literatura en los siglos de oro', dirigido por Julio Alonso Asenjo, quien un tiempo después se convertiría en el mentor de mi inacabada tesis doctoral. 

A partir de aquellas lecturas, surgió en mí un interés creciente por los límites de lo literario, por esos subgéneros que en muchas ocasiones han sido ignorados por la crítica a pesar de contar en su día con gran público (el caso de los diarios, de la literatura conventual, de entremeses costumbristas, de relaciones de sucesos...). En enero de 1998 leí dos ensayos de carácter general sobre los gitanos, uno de J.P.Clébert y otro de J.P.Liégeois, pero la monografía más interesante fue una obra de Bernard Leblon: Les Gitans dans la littérature espagnole. Gracias a él descubrí, por ejemplo, la constante aparición de gitanos en obras teatrales breves, en la comedia barroca y en buena parte de los textosa de Cervantes, por ejemplo en Pedro de Urdemalas o en la clásica novela ejemplar La Gitanilla, que a pesar del nombre no era gitana auténtica.

Para quienes deseen acercarse al tema, publico ahora aquel trabajo que aborda de una manera muy somera aspectos antropológicos, culturales y literarios de la cultura gitana, junto con la reseña de la citada obra de Leblon en forma de anexo. Seguro que a estas alturas hay bibliografía más reciente, pero creo que puede resultar interesante para tener una visión global y para curiosear sobre unos textos descatalogados y difíciles de hallar. Para mí fue un trabajo sumamente enriquecedor en el que aprendí muchísimas cosas sobre una cultura con la que tengo que convivir a diario en las aulas.

El Quijote sincopado


¿Se puede pedir fluidez en la lectura y a la vez proponer la realización de un cortometraje sincopado? ¿Aceptaría Cervantes que su obra inmortal se trocease en pequeños fragmentos confeccionados a su vez con imágenes estáticas a modo de almazuela? Y lo más terrible de todo ello, ¿habría profes tan temerarios como para proponer a sus alumnos una lectura tan heterodoxa del Quijote?
Pues aquí estamos, con el proyecto del Quijote sincopado, del que quizá habíais oído hablar en la red. Un proyecto que hoy ofrecemos con los trabajos ya publicados y con toda la ilusión compartida que conlleva haber culminado un proyecto colaborativo que nos ha ocupado todo el curso.
Toda la información del proyecto está en la página web, así que no vamos a hablar sobre el proyecto, sino, más bien, sobre el proceso.
Nacía el mes de septiembre, agobiante e ilusionante a partes iguales, de 2011 cuando un profesor establecido en Mallorca (@daniyecla) se puso a buscar temerarios que quisieran afrontar el reto con él. Como es evidente, a la primera llamada a través de Twitter nadie se arriesgó. Dio la casualidad que Jordi Adell (@jordi_a) le dio el contacto de otro pirata educativo, tan transgresor o más que él, afincado en Castellón (@tonisolano). Nació entre el insular y el peninsular una relación telemático-pedagógica que ha dado como primer fruto este proyecto, seguro que el primero de una serie: la trasmutación de un texto escrito del siglo XVII a un lenguaje propio del siglo XXI, no sólo audiovisual, sino compartido a través de Youtube.
Desde el primer momento, los dos profesores manejaron un lenguaje que sabían complejo, a la par que cercano para los estudiantes. El profesor isleño ya había trabajado este tipo de lenguaje y sabía que a los estudiantes les gustaba. El problema radicaba en el proceso. Los estudiantes estaban encantados en realizar el corto, pero sin reflexionar en el proceso y con la mínima preparación. Por su parte, el docente de tierra firme llevaba tiempo trabajando adaptaciones de clásicos a otras tipologías y medios con resultados satisfactorios. De modo que, como diría Sancho, se juntaron el hambre con las ganas de comer y así se enredó todo. 
La coordinación del proyecto se hacía en Google docs y Twitter, compartiendo enfoque, criterios de evaluación y seguimiento del proyecto con un diario de campo. Por su parte, los alumnos iban trabajando guiones, story boards, rodajes y memorias a lo largo del curso.
Este es, pues, el resultado final de toda esa locura comenzada por un egregio loco y seguida siglos después por otro par de osados. Lo bueno es que nuestros alumnos han sabido poner en todo ello el toque necesario de lucidez.

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