Del ‘carpe diem’ al ‘ubi sunt’ en la Escuela 2.0

Ved de cuán poco valor / son las cosas tras que andamos /  y corremos,/ que, en este mundo traidor, / aun primero que muramos /  las perdemos. /  Dellas deshaze la edad,/ dellas casos desastrados /  que acaeçen,/ dellas, por su calidad,/ en los más altos estados /  desfallescen”. Traía a la palestra estos versos de Jorge Manrique y su célebre Coplas a la muerte de su padre (1476) al establecer un ejercicio de intertextualidad, rastreando en la Historia de la Literatura el viejo tópico medieval del ubi sunt?, «¿dónde están?»(«¿qué se hicieron?», «¿cuál se para?»). Vamos que, tras largas deliberaciones  y enumeraciones, se nos acaba mostrando que “todas las cosas de este mundo son, al final, perecederas, como la propia vida terrenal” y, claro, me resultó especialmente familiar esta situación hic et nunc

En esas estaba –digo- cuando reparé que en muy poquito tiempo, unos ocho años, aproximadamente, hemos pasado del Carpe diem de las TIC  -gracias, Lu, por el hallazgo sintáctico- al Ubi sunt? de las coplas manriqueñas… Quizá me pase como a la luna de Víctor Manuel: luna llena, siempre envuelta en un halo de lunática tristeza”… Quizá sea tristeza, quizá sea cansancio, -quizá sea normal, no lo discuto- pero flota en este ambiente de recortes una suerte de escepticismo, de desánimo generalizado, de hartazgo y de pelín de saturación… Sin embargo, no quiero transmitir en este preciso momento ni siquiera un pequeño atisbo de duda, de desconcierto o de abatimiento. No quiero.

Desde los encuentros veraniegos y entusiastas de final del curso pasado Novadors en Alcoi y Aulablog en Peñaranda de Bracamonte, he tenido la oportunidad de participar en dos eventos más: la #kkd que organizó Antonio Garrido en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) y las II Jornadas de Buenas Prácticas en el CITA de Peñaranda y he visto mucho entusiasmo, muchas caras conocidas, pero también nuevos rostros y nuevos proyectos… Sigo pensando que el profesorado que se reúne esos fines de semana para seguir hablando de Educación, de Tecnología, de Lengua o de Historia no es para nada normal. Me explico: que doscientos o trescientos profesores se reúnan “con la que está cayendo” y sigan con actividades, proyectos, ideas, colaboraciones y propuestas educativas es asombroso; sin embargo, uno tiene la duda cada vez más viva de si todos estos años han sido un simple juego de artificio, un carísimo gasto de munición que no ha servido para nada…  Viendo en lo que han quedado o van a quedar en las comunidades autónomas los diferentes programas de Escuela 2.0 y el nuevo Certificado TIC que el ministro Wert ha anunciado -pero que no acaba de ver la luz- a uno le entran aún más dudas…

Nadie dijo nunca que la Tecnología iba a resolver todos los problemas de la Educación, nadie dijo nunca que las TIC fueran imprescindibles e insustituibles, pero algunos sí dijimos –y continuamos diciendo- que la revolución en el aula –¡dejemos la Educación con mayúsculas!-, el día a día del proceso Enseñanza-Aprendizaje, el ten con ten entre profesor y alumnos no descansa sobre una antena de telefonía móvil o de una red eléctrica. No. El ordenador, el Ipad, el smartphone, el netbook, la pizarra digital, el proyector o el mismísimo Internet no sirven de nada si nuestra apuesta es simplemente tecnológica; previo al cambio técnico es preciso una nueva filosofía educativa, unos principios didácticos y metodológicos claros y precisos. Aquí es donde yo lo veo más negro: pasan los años y, quien más quien menos, enciende alguna vez el ordenador en el aula, se ha conectado a Internet para buscar una información, incluso ha abierto un blog en alguno de los  cientos de cursos de Formación que se imparten por todo el país, pero seguimos anclados en las metodologías y las didácticas del siglo diecinueve, en su aspecto más peyorativo.  Pido perdón por repetirlo una vez más, pero “si parece un pato, se mueve como un pato y habla como un pato”, no tengamos ninguna duda: “es un pato”.

Lamentablemente, aunque el tono de mi discurso pueda parecer lastimero –y quizá lo sea- en absoluto pretende manifestar mi satisfacción ante la práctica desaparición del programa Escuela 2.0, tampoco es un horizonte halagüeño contar en breve con estancias escolares en donde se vayan apilando los netbooks, ordenadores y PDIs, a medida que se vayan estropeando; en ningún modo, comulgo “con una política de recortes que nos deja sin futuro”, pero creo que ha llegado el momento en el que estamos obligados a echar el freno de mano y hacer un necesaria y profunda reflexión: ¿qué hemos conseguido hasta ahora en este ámbito?; ¿para qué ha servido lo que muchos profesores han hecho y están haciendo en este campo?; ¿dónde tenemos que poner ahora nuestra vista y fijar nuestros objetivos?; ¿qué hemos hecho mal y qué hemos hecho bien en la aplicación y el desarrollo de las TIC en el aula?; ¿podemos ser optimistas?; ¿otra Educación es posible?; ¿es necesaria?…

Marcos Cadenato

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