Dotando de sentido a la sinrazón


Todos los finales de curso acaba uno enfadado, sobre todo porque alguien, desde un despacho, considera que la Educación no es un oficio humano sino un tablero estadístico en el que se juega con piezas que cuestan tanto o cuanto dinero. No os cansaré con el tema de las características particulares de mi centro ni con las filigranas que hemos de hacer todos los años para cuadrar horarios (ni de las protestas que elevamos año tras año). Si creéis que exagero, os dejo solo un dato: para el curso que viene tenemos 6 grupos de 1º de ESO (unos 180 alumnos), 3 grupos de 4º ESO (menos de 70) y un 2º de Bachiller (no llega a 30). ¿Se puede hacer más visible el fracaso y el abandono escolar?
Pero no voy a ser pesimista. Esta nota está dedicada a mis alumnos/as de PQPI, un alumnado especialmente destinado al fracaso escolar y al que logramos salvar con mejor intención que recursos. He hablado ya en el blog de mi decisión de no hacer exámenes con este grupo y también he contado algunos de los proyectos que hemos llevado a cabo este año y que he recogido este Symbaloo. Por eso, me parece una sinrazón que ahora, con la FP básica, se nos deje fuera del PQPI y se nos asigne de oficio un programa exclusivamente diseñado para combatir el absentismo y favorecer la integración, un programa que no conduce a ninguna titulación, un programa que viene a decir a nuestro alumnado -a voz en grito- que no se esfuercen por salir del fracaso, que ya tienen un lugar en el que ocupar el rato hasta los 23 años (que es la edad límite). Es una sinrazón porque los programas de PQPI estaban funcionando bien ahora, después de que los profes nos los hayamos tomado en serio y hayamos puesto algo de nuestra parte para que cumplan con su cometido.
A pesar de tanta sinrazón, si algo ha dotado de sentido a este curso de PQPI ha sido la última tarea del año, el trabajo dentro del proyecto El barco del exilio. Por un lado, hemos leído y recuperado al maestro Benedetti y por otro hemos realizado un trabajo sobre el Stanbrook. En este último, los alumnos, por parejas, se ponían en la piel de algunos de los protagonistas que aparecen en esta noticia: El Stanbrook, los últimos exiliados de la República y en el documental "Cautivos en la arena". A partir de ello construían un diario en primera persona sobre las vidas de aquellos que huyeron de la represión franquista.
Los resultados se pueden leer en este documento:

En su día, me sorprendieron mucho el afán y la emoción de Katya y Carliane a la hora de documentarse y revivir las penurias de Helia González, una de esas supervivientes del Stanbrook. Indagando sobre ella, descubrí que seguía activa y reivindicativa. Me puse en contacto con su hijo Jorge y le conté el proyecto. Me dio permiso para enviarle a su madre los diarios de mis alumnos y para publicar este intercambio epistolar. El remate del proyecto llegaría en forma de correo electrónico de la propia Helia, que reproduzco a continuación:

Estimado Toni Solano:
  Mi hijo me hizo llegar en su día los trabajos de sus alumnos -las dos chicas que estaban en jardinería y el chico que también escribió un trabajo muy interesante- y el amable escrito suyo.
  Me ha emocionado en primer lugar su iniciativa de trabajar este tema tan entrañable para mí y luego cómo los alumnos han sabido reflejar tan hondamente la situación que viví.
  Felicito con todo mi cariño a usted y sus alumnos. Gracias, porque solo ustedes los profesores pueden trabajar nuestras memorias para los jóvenes, tan ignorantes de todo esto. Yo doy charlas en los institutos, las universidades y las asociaciones que me solicitan. Creo que la gran ignorancia y las grandes falsedades que han llegado a los oídos de los jóvenes solo nosotros podemos subsanarlas.
  Gracias.
Helia González

Mis alumnos pueden sentirse satisfechos: su tarea ha tenido sentido. Además, todo el grupo ha obtenido su título de ESO, lo que demuestra que hay caminos para luchar contra el fracaso, siempre que seamos algo más que piezas de un ajedrez económico. Todos ellos han demostrado ser más humanos y capaces que quienes diseñan para ellos unos itinerarios sin salida, unas vías muertas de sinrazón educativa.

Crédito de la imagen: 'Escape from Life'

No vamos a disimular


Este es mi segundo año con el PQPI de 2º curso, ese nivel diseñado para que alumnos abocados al fracaso escolar puedan obtener el graduado de Secundaria de manera presencial. Tal vez el año que viene sea el último, si se implanta la Formación Profesional Básica. Sobre ese cambio legal, hay opiniones para todos los gustos: hay quienes piensan que dignificará la etapa con un título profesional, mientras otros pensamos que pone más trabas a quienes, salvando el fracaso, busquen otras salidas académicas. Sin embargo, mi nota no busca entrar en ese debate, sino mostrar algunas reflexiones más prácticas sobre lo que ha supuesto mi experiencia en este nivel.

Durante el curso pasado, establecí para el PQPI una metodología práctica para cumplir con los objetivos establecidos en el currículo de formación de personas adultas por el que se rige este curso. Sin embargo, aún sentía la necesidad de realizar exámenes para obtener alguna evidencia de evaluación en forma de nota numérica. Los resultados eran descorazonadores, pues había alumnos que sin trabajar nada en el aula sacaban un cinco, mientras que otros más constantes y esforzados apenas lograban un tres. Pese a que la rúbrica de evaluación compensaba estos problemas, este año he decidido eliminar definitivamente el examen. Pensé que no valía la pena plantear una prueba simplemente para disimular o para hacer creer que estudiábamos teoría. Las clases en el PQPI son cualquier cosa menos pasivas. Los lunes leemos: puede ser una adaptación del Quijote, relatos de acoso escolar, etc. Los martes planteamos proyectos de escritura y trabajamos en Google drive, que ha desplazado por completo a la libreta tradicional. Buena parte de esos proyectos son propuestas que vemos en la red y a las que nos sumamos enseguida. Los viernes tenemos sesión de debate oral, generalmente a partir de un cortometraje; en ocasiones tenemos alumnos invitados que se quedan para participar.
Las distintas destrezas trabajadas en el aula se recogen en esta rúbrica de autoevaluación:

Así pues, a partir de ahora, no vamos a disimular más. Las notas serán producto de sus autoevaluaciones y de mi aplicación de criterios de observación directa en el aula. Creo que trabajan bastante en el aula, más incluso que alumnos de otros niveles que se limitan a copiar ejercicios de la pizarra. Sus textos van mejorando de una vez a otra, todo un reto si tenemos en cuenta que llevan a la espalda años de barbecho académico.


Si queréis ver cómo va funcionando esta metodología, aparte de los textos que he insertado en esta nota, os dejo los enlaces a su blog de aula:
Por cierto, muy pronto tendrán listos sus diarios del Stanbrook, un particular homenaje al exilio.

Amor y PQPI

El amor, ay, el amor... Para que asome alguna alegría hay que sufrir muchas tristezas y desengaños. Mi relación con el grupo del PQPI representa muy bien la ponzoña de la que hablaba Góngora: "Amor está de su veneno armado, / cual entre flor y flor sierpe escondida". En lo que llevamos de curso hemos tenido numerosos desengaños de los que hablaré algún día, cuando serene el espíritu; las alegrías han sido escasas, pero intensas, como la participación en #poema27 con poemas grabados en clase o sus redacciones sobre la reencarnación.
Pero en el día de #sanpiensamelamor, el grupo y yo nos hemos reconciliado y volvemos a ser una pareja al  más puro estilo Pimpinela. A ver cuánto nos dura.