Baloncesto y literatura: el pase extra

Mi vida navega entre un número indeterminado de pasiones inconfesables y algunas, muy pocas, que me siento capaz de mostrar sin rubor. A este último grupo pertenecen el baloncesto y la literatura, dos actividades que en una mirada superficial mantienen escasa o nula relación; pero que a poco que se profundice en su conocimiento ofrecen puntos de contacto evidentes, sorpresivos y, si me lo permiten, inspiradores.

- Bueno, ya ha regresado el bloguero con sus marranadas pseudointelectualoides. Eres tan previsible como las lluvias otoñales, amigo mío.

- Siento que tengas esa opinión de mi humilde persona, Comentarista Implícito. Lo cierto es que creía haber cerrado tiempo atrás las heridas de nuestra relación, y si no había logrado convencerte de la autencidad de mis intenciones, al menos pensaba que seríamos capaces de coexistir sin violencia en este espacio.

- Déjate ya de cuentos, bloguero, y adelante con la sutileza del día. Sorpréndeme, si puedes.

El caso es que de entre las muchas jugadas que se producen durante un partido de baloncesto es el pase extra una de mis preferidas. Para los no iniciados en la práctica y disffrute de ese deporte, diré que el pase extra es una forma de atacar una férrea defensa individual de ayudas. Se trata de mover el balón por el perímetro de la zona contraria, provocando con la celeridad del pase y los amagos de entrada o lanzamiento a canasta el desajuste de unos defensores que tienden a abandonar al atacante que les corresponde para ayudar en la defensa del que parece va a ser el encargado de atacar el aro. Habitualmente, el veloz movimiento del balón suele llevar a los defensores a intentar seguirlo, aunque terminen por dejar libre de marca a un jugador atacante que acaba por lanzar y anotar. Como mi explicación puede resultar algo oscura os dejo un video en el que se muestra la jugada con claridad.

Para mí, esta estrategia de ataque se me presenta como un relato en el que se narra el tránsito del orden al caos. Permítanme la salida de tono, pero creo que tiene algo de bíblico. En el principio fue el orden de las defensas -cada oveja con su pareja, en roman paladino-; tras él llegó el desconcierto y la locura, el desajuste, el qué será de nosotros; y, finalmente, la paz resultante del cumplimiento de un plan previamente escrito. El lanzamiento del jugador libre de marca se me antoja una especie de juicio final que premia o castiga. Y todo ello en no más de veinticuatro segundos. Espectacular.

Pero además de ser un texto vagamente narrativo en el que resuenan ciertos ecos míticos, veo en el pase extra algunas coincidencias evidentes con técnicas literarias concretas. La sobreabudancia de pases entre los atacantes me resulta equivalente a la repetición de una misma idea que se advierte en los escritores medievales que optan por el uso de la amplificatio. Veamos un ejemplo de Juan Ruiz.

Si tuvieres dinero tendrás consolación,
Placeres y alegría y del Papa ración,
Comprarás el Paraíso, ganarás la salvación:
Donde hay mucho dinero hay mucha bendición.

Yo vi en corte de Roma, do está la Santidad,
Que todos al dinero tratan con humildad,
Con grandes reverencias, con gran solemnidad;
Todos a él se humillan como a la Majestad.

Creaba los priores, los obispos, abades,
Arzobispos, doctores, patriarcas, potestades;
A los clérigos necios, dábales dignidades,
De verdad hace mentiras; de mentiras, verdades.

Hacía muchos clérigos y muchos ordenados,
Muchos monjes y monjas, religiosos sagrados,
El dinero les daba por bien examinados:
A los pobres decían que no eran ilustrados.

Yo he visto a muchos monjes en sus predicaciones
Denostar al dinero y a las sus tentaciones,
Pero., al fin, por dinero otorgan los perdones,
Absuelven los ayunos y ofrecen oraciones.

Dicen frailes y clérigos que aman a Dios servir,
Mas si huelen que el rico está para morir
Y oyen que su dinero empieza a retiñir,
Por quien ha de cogerlo empiezan a reñir.

La primera estrofa del fragmento formula la idea -la corrupción del clero-, mientras que las cinco siguientes abundan sobre dicha tesis, apuntando hacia diversas categorías de clérigos y sus comportamientos. Sin duda, Juan Ruiz hace uso del pase extra, aunque no ha incluido en su obra el lanzamiento final del jugador libre. Es como si le hubiese dado la vuelta a la técnica y primero hubiese lanzado y después hecho circular el balón.

Unos siglos después, Garcilaso hace uso también de la estrategia. Sin embargo, el autor toledano vive nuevos tiempos y la moderación renacentista le obliga a limitar su amplificatio a la mínima expresión. De hecho, en el ejemplo que he seleccionado  solamente existe un pase más, contundente y preciso, definitivo.

En tanto que de rosa y de azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

El primer terceto expone la idea -Carpe Diem- y las razones que justifican el disfrute del presente. Hasta ahí todo bien. La sorpresa llega con el segundo terceto, el colofón del poema: el tiempo no sólo ataca el físico de la muchacha descrito en los dos cuartetos de la composición, sino que nos afecta a todos, porque todos somos la rosa. Pase extra, canasta de tres puntos, falta personal y tiro libre adicional.

La historia de la literatura demuestra que este pase extra definitivo puede ser mucho más hiriente. Juan Ramón Jiménez nos deja un ejemplo perfecto.

Cuando yo era el niño Dios, era Moguer, este pueblo,
una blanca maravilla; la luz con el tiempo dentro.
Cada casa era palacio y catedral cada templo;
estaba todo en su sitio, lo de la tierra y el cielo;
y por esas viñas verdes saltaba yo con mi perro,
alegres como las nubes, como los vientos, ligeros,
creyendo que el horizonte era la raya del término.

Recuerdo luego que un día en que volví yo a mi pueblo
después del primer faltar, me pareció un cementerio.
Las casas no eran palacios ni catedrales los templos,
y en todas partes reinaban la soledad y el silencio.
Yo me sentía muy chico, hormiguito de desierto,
con Concha la Mandadera, toda de negro con negro,
que, bajo el tórrido sol y por la calle de En medio,
iba tirando doblada del niño Dios y su perro:
el niño todo metido en hondo ensimismamiento,
el perro considerándolo con aprobación y esmero.

¡Qué tiempo el tiempo! ¿Se fue con el niño Dios huyendo?
¡Y quién pudiera ser siempre lo que fue con lo primero!
¡Quién pudiera no caer, no, no, no caer de viejo;
ser de nuevo el alba pura, vivir con el tiempo entero,
morir siendo el niño Dios en mi Moguer, este pueblo!

Tres estrofas que equivalen a tres circulaciones completas del balón en el ataque baloncestístico. La primera de ellas fija el estado de las cosas o de la defensa: Moguer, la luz, las casas, los templos… Todo está en su sitio en “Moguer, este pueblo”, al igual que la correspondencia entre defensor y atacante al principio de la jugada. En la segunda estrofa, como en la segunda circulación de balón, en cambio, se aprecian los desajustes: las casas ya no son palacios ni catedrales los templos, lo negro se impone a la luz del principio. Algo ha provocado el desajuste: el tiempo, la muerte.

Pero es en la tercera estrofa en la que asistimos al pase extra definitivo, al lanzamiento demoledor. Una tercera circulación del balón en clave de grito desesperado, de deseo que lleva al lector hasta el lanzamiento final: “morir siendo el niño Dios en mi Moguer, este pueblo”. El poema termina como se inicia, con el balón volviendo al jugador que dio comienzo al ataque lanzando un “este pueblo” demoledor al filo de la posesión. Pase extra en estado puro.

- Anonadado me dejas, bloguero. Esta vez has superado mis expectativas. En la escala de marranería pedante te doy un diez sobre diez. ¿Qué nos espera después? ¿La relación entre el coast to coast y la autobiografía ficticia? ¿El pick and roll y la cuestión social? ¿Tal vez la equivalencia entre defensa zonal y epopeya?

- ¡Ay, Comentarista Implícito, si tú supieras que no eres más que un escolta libre de marca incapaz de encontrar el aro!