Sin más (ni más) y otras “aulofonías”

Me quieres gordi

Imagen base

Sí, vacíabolsillos también está bien. Y perroflauta. Y gordi… Pero, el mayor hallazgo lingüístico de estos últimos años ha sido sin más. 

Empezó tímidamente pero, sin más ni más, el latiguillo ha ido ganando adeptos y hoy resulta difícil encontrar un hablante que no lo utilice. Podéis incluso tropezar con una hipoteca que se ha aprovechado de este filón para andar de boca de en boca; los publicistas no van a la cama a dormir.

Pero abordemos sin más dilación, sin más preámbulo el término que nos ocupa:

  • Resulta interesante su funcionalidad: nos permite zanjar una conversación en la que no nos interesa abundar o ni siquiera entrar y, sobre todo, demostrar el glamouroso desinterés de quien está de vuelta de casi todo o es difícilmente impresionable. Una muletilla cool perfecta para los adolescentes. Escuchad a vuestros alumnos o consultad la frikipedia. Es una de sus frases preferidas junto con ¡Te relajas!, ¡Eres un pro! ¿Cómo te quedas?, ¡Ai mai…! ¿Qué me estás contando…? o ¡Te reviento…! Toda una aulofonía.
  • Sobre su origen, abrigo una hipótesis -si Menéndez Pidal levantara la cabeza…- un tanto peregrina: dado que no está recogida por la RAE, habría que buscar la influencia de otra lengua tangente. En euskera existe una expresión -beste barik o besterik gabe- que se utiliza con un valor semántico muy similar y en contextos muy parecidos; tropezamos con ejemplos en todos los registros:
    • Besterik gabeko tipo batekin maitemindu nintzen (Me enamoré de un tío del montón). 
    • Lourdes Oñederra, hablando del eje temático de su última obra, Intemperies, afirma: Eguneroko bizitzak du pisua, besterik gabeko horrek (todo el peso está en la vida diaria, en ese sin más (rutina, cotidianeidad, falta de sorpresa). 

No me deis, sin embargo, demasiado crédito: la ignorancia es atrevida. Es muy posible que el proceso se haya desarrollado en sentido inverso.

  • Creo que es, sobre todo, digna hija de su tiempo. Estamos viviendo una época mediocre que nos produce una apatía colectiva, una época sin más. La ilusión -Madrid 2020- pasa por horas muy bajas y el lenguaje lo refleja rigurosamente. Por otro lado ya no nos sorprende nada en ningún ámbito; nada ni nadie nos cautiva, nos seduce.  No esperamos gran cosa; hacerlo -y más verbalizarlo- nos volvería más vulnerables, más frágiles. ¡Qué lejos está de aquel ¡venga! de los 90 con que respondíamos a un gracias o a un hasta luego.

preikestolen

Imagen base

Sin más es un escudo excelente, un refugio ante la incertidumbre; un síntoma de precariedad emocional que nos deberíamos hacer mirar.

Desencanto no; lo siguiente.

Aster Navas