Sesquidécada: abril 1999

El protagonista de esta sesquidécada es bien conocido: Ramón del Valle-Inclán. Más de una vez he declarado mi veneración por Luces de bohemia, la que considero su obra maestra. Sin embargo, la relectura de otras de sus obras me llevan a considerar a Valle como una de las figuras más destacadas de la literatura y cultura del siglo XX. Pienso en sus Comedias bárbaras, en las Sonatas, en las novelas del Ruedo ibérico, en el Tirano Banderas... tan distintas unas de otras, tan magistrales todas ellas y creo que tardaremos bastante en encontrar una figura de tamaña valía.

Recupero en esta ocasión una de sus obras menores, los esperpentos que configuran Martes de carnaval: Los cuernos de don Friolera, La hija del capitán y Las galas del difunto (por suerte, podemos ver incluso su versión televisiva). Aunque la unidad del conjunto reside en las referencias al estamento militar y al concepto del honor, creo que lo más valioso es su estilo y la agudeza de su visión crítica. Parece que detrás de cada palabra haya una carga de profundidad hacia una sociedad entumecida y anclada en lo más rancio y trasnochado. 
Quisiera aprovechar también para rescatar una pequeña obrita que aparece en mi edición de Espasa titulada ¿Para cuándo son las reclamaciones diplomáticas? Es tan breve que se puede leer en apenas unos minutos. ¿Lo probáis? 

Son solo unos minutitos...

Si la habéis leído os animo a compararla con alguna de las viñetas de Néstor Alonso, como esta que ilustra mi nota o con otras del mismo estilo. ¿Tanto se diferencian estos tipos grises de los de Valle?

Me hubiese gustado disponer de una máquina del tiempo para ver la España de Valle y poder compararla con la nuestra. O quizá mejor traerme a Valle a esta España del siglo XXI que tan poco se ha distanciado de la suya en muchos aspectos. Como dice Curro en Los cuernos de don Friolera, "en general, la clase de oficiales es decente. El mal está en los altos espacios. ¡Allí no entienden si no es por miles de pesetas!".
Valle seguro que nos hubiese ilustrado bien sobre la marca España y el casticismo, aunque me da la impresión de que el esperpento se le quedaría corto en ocasiones.