“Funes, el memorioso” de J. L. Borges

Funes el memorioso de Borges no es solo una metáfora del insomnio como dijo el autor, es una parábola de la memoria humana a través de un personaje excesivo, cuando esta capacidad se proyecta al infinito, y una reflexión sobre el pensamiento: “Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer”. Ante la pretensión de Irineo Funes de crear un vocablo para cada objeto, para cada matiz y hora del día del mismo, para cada número, el propio protagonista anota: “Mi memoria es un vaciadero de basura”.
Cuando el autor entra en la estancia donde Ireneo reposa insomne y tullido después del accidente que lo ha sumido en la postración pero gracias al que su capacidad para recordar se ha tornado ilimitada, lo oye recitar un capítulo de la Naturalis Historia sobre los hombres de memoria prodigiosa.
En el fondo, Irineo Funes es un ordenador humano, se asemeja más a la inteligencia artificial, a una máquina sin capacidad para discernir, cribar, seleccionar, discriminar lo que los sentidos captan. Irineo, que muere joven con apenas veintiún años, es una víctima del exceso de su memoria superlativa.

La memoria a corto plazo: utilidad y límites

La memoria humana necesita un tiempo de reposo para asentarse. Es decir, lo que se ha denominado memoria a corto plazo interactúa con la memoria a largo plazo, pero no necesariamente todo cuanto retenemos a corto plazo se posa y forma parte de nuestra memoria a largo plazo. De hecho, muy poco de ese material se asienta como memoria definitiva. En caso contrario, si todo cuanto nuestros sentidos captan fuera retenido estaríamos en el caso de “Funes el memorioso” de Jorge Luis Borges, rayano en la locura.
Parece que es el hipocampo, una zona del cerebro, que se encarga de realizar ese “depósito” que articula los recuerdos definitivos y que va conformando nuestra memoria personal.
¿Cuántas veces no he experimentado la sensación de fracaso al preguntar a los alumnos por unos contenidos concretos de la asignatura? ¿Os acordáis de los complementos verbales que vimos el curso pasado? ¿Quién recuerda la distinción entre estilo directo e indirecto? Pero probemos a preguntar por esa excursión a Soria para hacer la ruta de Machado, por el concierto con canciones de Miguel Hernández, por, ¿y por qué no?, la gamberrada el día en que tiraron unos platos por la ventana y acudió el jefe de estudios…
Los estudiantes más brillantes trabajan la memoria a corto plazo, la entrenan diariamente, aprenden para los exámenes largas listas de nombres, fechas, fórmulas, conceptos, definiciones, esquemas… Convierten la memoria a corto plazo en una eficiente agenda de trabajo. No sabemos la suerte que correrán todos estos datos archivados, en un porcentaje altísimo serán borrados de sus mentes a las pocas semanas. Su permanencia dependerá de su utilidad, de la repetición en el futuro de esos recuerdos.

La atención en el aprendizaje

¿Por qué los aprendizajes que se sirven de Internet tienden a obtener peores resultados que aquellos realizados por medio de tecnologías tradicionales, o sea, con un discurso lineal?
Quizás uno de los capítulos más interesantes del libro Nicholas Carr, Superficiales al que me he referido en anteriores entradas es el último, titulado “Algo como yo”, los experimentos que se narran y las reflexiones consiguientes.
Así con dos grupos de personas a los que se les ofrecían actividades para medir la memoria. A continuación al primer grupo lo trasladaban a un parque para caminar durante hora, y al segundo se le hacía moverse por las calles bulliciosas de la ciudad durante el mismo tiempo. Pues bien, el primer grupo resultaba mejor en las respuestas del test de recuerdo.

Si hubiera de proseguir con las metáforas yo diría que la Red, el ciberespacio, es la calle más comercial y ruidosa de nuestras ciudades. Todo está concebido para captar, distraer, manipular nuestra atención, es más, se diría que hay una reñida competencia por disputar esos 20´´ de media que el navegante pasa en cada página web según los analistas.
Todo esto no hace más que confirmar la verdad simple que educadores, maestros, pedagogos hemos venido repitiendo durante años: sin atención no hay aprendizaje. La cuestión que se nos viene encima es cómo conseguir captar del alumnado el interés por nuestras materias. Porque lo cierto es que hoy la competencia es más apretada que nunca.

La memoria y sus metáforas

El ordenador ha sido una de las metáforas más recurrentes para representar la memoria humana por parte de bastantes investigadores y estudiosos de las tecnologías. Sin embargo asemejar el cerebro humano y sus competencias a un sistema binario de bits, el “pensamiento calculador” del que hablaba Martin Heidegger, es desafortunado. Cualquier metáfora relacionada con el mundo botánico o zoológico, el árbol o la medusa, resultarían más apropiadas.
Uno de los experimentos más citados en el avance de las tecnologías cibernéticas fue el diseño y construcción del ELIZA ideado por Joseph Weizenbaum, un programa en que el ordenador sostenía conversaciones con humanos, e incluso, se contemplaron sus grandes posibilidades, como realizar labores terapéuticas con pacientes y enfermos psiquiátricos.
Conseguir una inteligencia artificial capaz de actuar y responder a los problemas de la forma que lo haríamos los humanos ha sido una de las quimeras perseguidas por los ingenieros y tecnólogos informáticos desde hace décadas.
El creador de ELIZA, Weizenbaum, reflexionó más tarde escribiendo que los ordenadores habían sido asumidos acríticamente en la postguerra por los gobiernos, la sociedad, haciendo de ellos una tecnología insustituible e irreversible, como antes lo fueron el reloj o los mapas, cuyo abandono sumiría a la humanidad en el caos.

La lectura digital: luces y sombras

Los experimentos llevados a cabo con la lectura a través de ordenador, en Internet, revelan que estos usuarios retienen menos contenidos que aquellos que efectúan una lectura a partir de un medio analógico o impreso.

Así en un estudio de contraste entre dos grupos que escuchaban la misma conferencia, al primer grupo se le permitía el uso del ordenador para ahondar en aspectos de la propia temática de la conferencia, el segundo debía atender exclusivamente al experto. Los resultados en comprensión fueron favorables al segundo grupo. El primero efectuaba las actividades habituales a las que nos entregamos en Internet como la compra on line, inicio de sesión en la red social, búsqueda en Google de temas de la charla, etc.

También en actividades de recuerdo que tienen que ver con el argumento de obras de ficción, el grupo que accede a un texto impreso lineal obtiene mejor resultado que el que lee el texto a través de hipervínculos.

No todo son débitos en este somero repaso del aprovechamiento de la lectura a través de Internet. Las capacidades en que este incide positivamente van desde el reconocimiento de formas similares, la rapidez y reflejos en la evaluación de sitios web, a la resolución de problemas puntuales, pero desde luego el desarrollo de aquellas está a favor del libro en las cuestiones relativas al léxico, la cultura, la memorización, la aritmética… (Nicholas Carr, Superficiales )

La Escuela debería combinar el uso de tecnologías, tradicionales e innovadoras, analógicas y digitales, esclareciendo lo que puede beneficiar y resultar insuficiente, siempre en función de los objetivos perseguidos en el aprendizaje.

¿Somos lectores más rápidos, más eficaces en la Red?

Algo que comúnmente podemos observar en el aula cuando los alumnos realizan tareas en el ordenador es lo que podríamos calificar la multitarea. No solamente se limitan a buscar o resolver las tareas fijadas. Son capaces durante la sesión de consultar el correo electrónico, mirar las actualizaciones de Twenti o Facebook, escuchar música o un vídeo, cuando no de entretenerse en un videojuego.
La distracción no la ha inventado Internet, el aula, la propia interrelación social, tienen numerosas fuentes de distracción. Lo que quiero decir es que la Red tiene unos elementos distractores propios, intrínsecos, que no presentan ni un manual, ni un cuaderno de ejercicios, ni un libro de ficción, etc.
La lectura en la pantalla habitual se asemeja al vistazo, se ha descrito como un escaneado en forma de F – también relacionado con “fast” rápido -, y se ha medido el tiempo medio que pasamos en cada página web, y aunque es variable según nacionalidades, viene a ser de unos 20´´ ( Jakob Nielsen).
Estamos leyendo más cantidad, Internet no puede prescindir del código lingüístico, pero es una lectura aleatoria, no lineal ni fija. Es una lectura para desbrozar, sin orientación, en que la simple consulta se convierte en un fin, no en un medio para alcanzar nuestro objetivo.

La memoria e Internet

Diversos estudios se han encargado de determinar qué áreas del cerebro se activan con unas u otras tareas. Así se ha estudiado el comportamiento del cerebro con un grupo de personas lectoras de libros impresos y, alternativamente, con otro grupo que leía páginas digitales. En las primeras las áreas activadas corresponden a las regiones del lenguaje, el léxico y el procesamiento visual. En las segundas, las regiones prefrontales asociadas con la resolución de problemas y toma de decisiones.
Todos estos resultados nos devuelven la importancia de un filósofo de la comunicación como Mac Luhan y su visión de las tecnologías, como prolongaciones del cerebro humano y conformadoras de nuestra mente. En cierto modo, las sucesivas tecnologías nos construyen, edifican nuestro intelecto.
Es obvio que Internet refuerza la memoria a corto plazo – asimilable a la agenda de trabajo -, mientras desdeña la memoria a largo plazo, que es la base de nuestro entendimiento, de los esquemas que nos permiten interpretar el mundo, de la resolución de problemas complejos.
La Escuela debería considerar críticamente el uso de las tecnologías en la enseñanza, no para apartarlas, de todo punto imposible, sino para combinarlas sabiamente.

¿Estamos volviéndonos superficiales?

Lo que venimos observando en los escolares sobre el modo de trabajar con los ordenadores está diagnosticado certaramente en este libro.
El ensayo de Nicholas Carr Superficiales” nos remite a la utilización de la Red, de Internet como un deslizarse por la superficie sin ahondar, sin profundizar en la información que se nos presenta. Ante el caudal sobreabundante y excesivo de datos e imágenes que recibimos, lo que se valora es la rapidez y la eficiencia.
El pensamiento humano se había nutrido de una linealidad – la proporcionada por el documento impreso – y una profundidad – un método de análisis con el fin de establecer las causas de un fenómeno, las consecuencias de un principio, la confirmación de la hipótesis, etc. – en las que descansaba su avance. Hasta ahora.
En la Red la capacidad de concentración o contemplación no tiene premio. Me atrevería a decir que está castigada… Si queremos hacer un alto en nuestra navegación, enseguida recibimos un aviso. La Red está diseñada para interrumpir la atención.

¿Qué pericias estamos desarrollando?

El problema de copiar, cortar y pegar tiene que ver con el uso que hacemos, nuestros alumnos incluidos, de la Red, y de los buscadores, entre ellos el rey, Google.
Es obvio que una de las grandes ventajas que supone Internet es el acceso a una información variada, extensísima, inabarcable, sobre cualquier aspecto, tema humano científico, social, por peregrino que resulte, que nos concierna o interese. Información, en gran parte, hemos de reconocerlo, antes era privilegio de una élite, grupos de poder…
Un continuum de datos incesante que están reclamando nuestra atención permanente so pena de quedarnos fuera del mundo real / virtual.

Sin embargo, esa información tan codiciada, tan preciosa, tan apabullante, se nos ofrece con variedad de códigos textuales, visuales, audios, hipervínculos, y también fragmentada y cambiante.
Las pericias que desarrollan nuestros estudiantes, por ende todo el universo de cibernavegantes, son la capacidad visual, la evaluación y discriminación de hipervículos, páginas web, la rapidez y reflejos mentales…

“En Internet está todo y no está nada”

Estos días con motivo de las evaluaciones de los comentarios de los libros de lectura, de los análisis y recensiones, ha vuelto a plantearse la ya vieja cuestión: ¿Cómo hacer frente al creciente “cortar, copiar y pegar” de los estudiantes?
Los más radicales en esta polémica sostienen que Internet es la madre de todos los plagios, de todas las imposturas y engaños del alumnado, es decir, nuestro principal quebradero de cabeza.
De entrada habría que decir que Internet no ha inventado nada. La copia, el plagio, estaban al orden del día anteriormente. ¡Cuántas veces no hemos atrapado un guión, un resumen “fusilado” por un alumno de otro compañero!
Como docentes, ¿no hemos recurrido a las programaciones, a los currículos de otros centros, de otros profesores? Y muchas veces lo hemos hecho sin citar las fuentes, más o menos con el sistema operativo o antiético con el que se opera en la Red.
La única vacuna existente contra el “copiar y pegar” es partir de que toda la información ya existe, el problema es seleccionarla, comprenderla, organizarla, darle forma…