MIGUEL HERNÁNDEZ (1910-1942)




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EL CUERVO, de Edgar Allan Poe


"El cuervo" describe la visita a la medianoche de un cuervo a un narrador de luto, como lo ilustró John Tenniel (1858).
El cuervo (inglés: The Raven) es un poema narrativo escrito por Edgar Allan Poe, que fue publicado por primera vez en 1845 y constituye su composición poética más famosa. Son notables su musicalidad, su lenguaje estilizado y su atmósfera sobrenatural. El poema habla de la misteriosa visita de un cuervo parlante a la casa de un amante afligido y del lento descenso hacia la locura de este último. El amante, que a menudo se ha identificado como un estudiante,[1] [2] llora la pérdida de su amada, Leonor. El negro cuervo, posado sobre un busto de Palas, parece azuzar su sufrimiento con la constante repetición de las palabras «Nunca más» (Nevermore). En el poema, Poe hace alusión al folclore y a varias obras clásicas.
Poe afirmaba haber escrito el poema de forma muy lógica y metódica. Su intención era crear un poema que pudiese gustar tanto a las clases populares como a las personas de gusto más refinado, como explica él mismo en el que fue su siguiente ensayo: la «Filosofía de la composición». El poema se inspira parcialmente en la figura del cuervo parlante de la novela Barnaby Rudge de Charles Dickens.[3] Poe toma prestados el complejo ritmo y la métrica del poema «Geraldine», de Elizabeth Barrett.
La publicación de «El cuervo», el 29 de enero de 1845 en el diario New York Evening Mirror, convirtió a Poe en un personaje muy popular en su época. Pronto se hicieron reimpresiones, parodias y versiones ilustradas del poema. Aunque algunos críticos mantienen opiniones diversas acerca de su valor literario, el poema sigue siendo una de las composiciones más famosas que se han escrito.[4]

Contenido


Sinopsis

Una tosca media noche, cuando en tristes reflexiones,
Sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones
Inclinaba somnoliento la cabeza, de repente
A mi puerta oí llamar;
Como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta
Mano tímida a tocar:
"¡Es - me dije - una visita que llamando está a mi puerta:
eso es todo y nada más!".
—Edgar Allan Poe, traducción de Juan Antonio Pérez Bonalde.

"Sin cumplido o miramiento", ilustrado por Gustave Doré (1884).
«El cuervo» sigue a un narrador sin nombre, que al principio está sentado leyendo «un raro infolio de olvidados cronicones», con la intención de olvidar la pérdida de su amada Leonor.[5]
Un «golpeteo en la puerta de [su] habitación»[5] no revela nada, pero incita al alma a «encenderse».[6] Se oye un golpeteo similar, ligeramente más fuerte, esta vez en la ventana. Cuando el joven va a investigar, un cuervo entra a su habitación. Sin prestar atención al hombre, el cuervo se posa sobre un busto de Palas. Divertido por el cómicamente serio comportamiento del ave, el hombre le pregunta su nombre. La única respuesta del cuervo es «nunca más».[6] El narrador se muestra sorprendido ante la capacidad del ave para hablar, si bien no dice otra cosa. Supone que el cuervo aprendió a decir «nunca más» de algún «amo infeliz», y que es lo único que sabe decir.[6] El narrador comenta que su «amigo» el cuervo pronto se irá volando de su vida, así como «otros amigos se han ido volando antes»[6] junto con sus esperanzas. Como contestándole, el cuervo vuelve a decir: «nunca más».[6] El narrador se convence de que esa única palabra, Nevermore, «nunca más», posiblemente adquirida de un viejo amo con mala suerte, es lo único que puede decir.[6]
Aún así, el narrador coloca su silla justo enfrente del cuervo, determinado a saber más sobre él. Se queda pensando por un momento, sin decir nada, pero su mente lo lleva de nuevo a su perdida Leonor. Piensa que el aire se vuelve cada vez más denso y siente la presencia de ángeles. Confuso por la asociación de los ángeles con el ave, el narrador se pone furioso, llamando al cuervo «cosa del demonio» y «profeta». Mientras el hombre grita ante el cuervo, este sólo le responde «nunca más».[7] Finalmente, le pregunta al animal si él se encontraría con Leonor en el cielo. Cuando responde con su típica frase «nunca más», grita y le ordena al cuervo regresar a la «ribera Plutónica»,[7] aunque este jamás se mueve. Presumiblemente en el tiempo de la recitación del poema, el cuervo «aún está sentado»[7] sobre el busto de Palas. La admisión final del narrador es que su alma está atrapada bajo la sombra del cuervo y que será liberada «nunca más».[7]

Análisis

Poe escribió el poema como una obra narrativa, sin crear intencionalmente una alegoría o caer en el didactismo.[2] El tema central del poema es la devoción sin fin.[8] El narrador experimenta un perverso conflicto entre el deseo de recordar y el deseo de olvidar. Parece sentir algo de placer en enfocarse en su pérdida.[9] El narrador asume que «nunca más» es lo único que logra retener el ave, y aun así continúa haciéndole preguntas, sabiendo cuál será la respuesta. Sus preguntas, entonces, son deliberadamente autodespreciativas y lo llevan aún más a ese sentimiento de pérdida.[10] Poe no deja en claro si el cuervo en realidad entiende lo que dice o si su intención es crear una reacción en el narrador del poema.[11] El narrador comienza débil y cansado, se torna desconsolado y arrepentido antes de pasar a la histeria y, al final, a la locura.[12] Christopher F. S. Maligec sugiere que el poema es un tipo de paraclausithyron elegiaco, una forma poética desarrollada por los grecorromanos que consiste en el lamento de un poeta frente a la puerta cerrada de su amada.[13]

El cuervo se posa en un busto de Pallas, un símbolo de sabiduría que sugiere que el narrador es un erudito.

Alusiones

Poe afirma que el narrador es un joven estudiante.[14] Pese a que esto no esté explícitamente en el texto, es mencionado en “La filosofía de la composición”. También se sugiere dentro del poema en el hecho de que comience con el joven leyendo un libro, y por el busto de Pallas Atenea, diosa griega de la sabiduría.[1]
Él está leyendo «más que un montón de pintorescas y curiosas tradiciones olvidadas».[5] Similar a los estudios indicados en la corta historia de Poe, Ligeia, estas tradiciones pueden referir a lo oculto o a la magia negra. Esto se enfatiza en la elección del autor de ubicar el relato en el mes de diciembre, un mes en que se cree que las fuerzas de la oscuridad están especialmente activas. El uso de un cuervo — el “pájaro del demonio” — también sugiere esto.[15] La imagen demoníaca se enfatiza por la creencia del narrador de que el cuervo es de «la ribera Plutónica de la Noche», o un mensajero del más allá, refiriéndose a Plutón, el dios romano del inframundo,[9] también conocido como Hades en la mitología griega.
Poe eligió un cuervo para ser el tema central de la historia porque quería una criatura que no razonara pero que fuera capaz de hablar. Decidió utilizar un cuervo, el cual él que consideró igualmente capaz del habla que un loro al concordar esto con el deseado tono del poema.[16] Poe dijo que el cuervo estaba pensado para simbolizar el triste e interminable recuerdo.[17] También se inspiró en Grip, el cuervo de Barnaby Rudge: A Tale of the Riots of 'Eighty de Charles Dickens. Una escena en particular tiene un parecido con «El cuervo»: al final del quinto capítulo, Grip hace un sonido y alguien dice, «¿Qué fue eso – él, golpeando la puerta?» La respuesta es: «Es alguien golpeando suavemente los postigos.»[18] El cuervo de Dickens podía decir muchas palabras y tenías sus momentos humorísticos, incluyendo el salto del corcho de champaña, pero Poe enfatizó las cualidades más dramáticas del ave. Poe había escrito una crítica de Barnaby Rudge para la Graham's Magazine diciendo, entre otras cosas, que el cuervo debería haber servido para un propósito más poético y simbólico.[18] La similitud no pasó desapercibida: James Russel Lowell, en su A Fable for Critics, escribió el verso, «Here comes Poe with his raven, like Barnaby Rudge / Three-fifths of him genius and two-fifths sheer fudge.», que en español sería: Aquí viene Poe con su cuervo, como Barnaby Rudge / tres quintos de su genialidad y dos quintos de puras tonterías.[19] Poe podría haberse valido también de varias referencias a cuervos en la mitología y el folclore. En la mitología nórdica, Odín poseía dos cuervos llamados Hugin y Munin, quienes representaban el pensamiento y la memoria.[20] El cuervo también se gana una reputación de mal augurio en el libro Génesis.[16] De acuerdo al folclore hebreo, Noé envía un cuervo blanco para examinar las condiciones mientras seguían en el arca. Este se entera de que la inundación está comenzando a disiparse, pero no vuelve inmediatamente con las noticias. Se le cambia el plumaje a negro como castigo, y se lo obliga a comer carroña por siempre. En Las metamorfosis de Ovidio, un cuervo también comienza blanco antes de que Apolo lo castigara, al convertirlo en negro, por enviar un mensaje de la infidelidad de una amante. La idea de un cuervo mensajero en el cuento de Poe puede haber sida inspirada en estas historias.[20]
Poe también menciona al Bálsamo de la Meca, una referencia al Libro de Jeremías de la Biblia: «no hay bálsamo en Gilead; ¿no hay ningún médico ahí? ¿Por qué no se ha recobrado entonces la salud de la hija de mi pueblo?»[21] En ese contexto, el bálsamo de Gilead es una resina usada para fines medicinales (lo cual sugiere, quizá, que el narrador necesita ser curado después de la pérdida de Lenore). Él también refiere a «Aidenn», otra palabra del Jardín del Edén, aunque Poe la usa para preguntar si Lenore ha sido aceptada en el paraíso. Por otro lado, el narrador imagina que un serafín ha entrado en la habitación. Piensa que ellos intentan llevarse sus recuerdos de Lenore, para lo cual utilizan nepenthe, una droga mencionada en la Odisea de Homero para inducir el olvido.

Estructura poética

El poema está hecho compuesto por 18 estrofas de 6 líneas cada una. Generalmente, la métrica es trocaica octómetra — ocho troqueos por línea. Cada troqueo teniendo una sílaba acentuada seguida de otra sin acentuar.[3] La primera línea del poema original, por ejemplo (con / para representar sílabas acentuadas y x para representar a aquellas no acentuadas):
Estructura silábica de un verso (versión original en inglés/ Traducción)[5]
Stress/x/x/x/x/x/x/x/x
SyllableOnceup-onamid-nightdrear-y,whileIpon-deredweakandwear-y
Trad.: U-na fos-ca me-dia-no-che, cuan-do_en tris-tes re-fle-xio-nes
Edgar Allan Poe, sin embargo, afirmó que el poema era una combinación de octómetro acataléctico, heptámetro cataléctico, y tetrámetro cataléctico.[14] El esquema rítmico es ABCBBB y hace gran uso de la rima interna («dreary» y «weary»; «Once upon» y «while I pon-») y de la aliteración («Doubting, dreaming dreams...»).[22] El poeta del siglo veinte Daniel Hoffman sugirió que la estructura y métrica del poema es tan rígida que parece casi artificial, aunque su cualidad “magnética” lo supera.[23]
Poe basó la estructura de «El cuervo» en la complicada rima y ritmo del poema «Lady Geraldine's Courtship» de Elizabeth Barrett; había criticado el trabajo de Barrett en el artículo de enero de 1845 de la revista Broadway Journal y dijo que «su inspiración poética es lo más alto que podemos concebir. Su sentido del arte es puro en sí mismo.»
Acerca de «Lady Geraldine's Courtship» dijo, «Jamás he leído un poema que combinara de esa manera tanta de la más feroz pasión con tanta de la más delicada imaginación.»[24]

Historia de la publicación


La ilustración de Édouard Manet del poema fue una de las tantas realizadas luego de la primera publicación.
Poe primero le dio «El cuervo» a su amigo y antiguo patrón George Rex Graham de la Graham's Magazine de Filadelfia. Graham rechazó el poema, que podría no haber estado en su versión final, aunque le dio a Poe $15 por caridad.[25] Poe intentó entonces poner su poema en American Review: A Whig Journal,, que le pagó $9 por él.[26] Aunque fue vendido primero a The American Review, que lo imprimió en 1845, «El cuervo» fue publicado por primera vez en el «Evening Mirror» el 29 de enero de 1845, aún antes de la publicación oficial.[14] Nathaniel Parker Willis, editor de Mirror, lo presentó como «inigualable en la poesía en inglés para sutil concepción, magistral ingenio de la versificación, y constante, sustentante del impulso imaginativo... se fijará en la memoria de quien lo lea».[4] Luego de esta publicación el poema apareció en periódicos por todo los Estados Unidos, incluyendo el New York Tribune (8 de febrero de 1845), Broadway Journal (vol. 1, 8 de febrero de 1845), Southern Literary Messenger (vol. 11, marzo de 1845), Literary Emporium (vol. 2, diciembre de 1845), Saturday Courier, 16 (25 de julio de 1846), y el Richmond Examiner (25 de septiembre de 1849).[27] También ha aparecido en numerosas antologías, comenzando con Poets and Poetry of America editado por Rufus Wilmot Griswold en 1847.

Ilustradores

Publicaciones posteriores de «El cuervo» incluyeron imágenes hechas por prestigiosos ilustradores. Particularmente, en 1858 «El cuervo» apareción en un antología británica de Poe con ilustraciones de John Tenniel, el ilustrador de Alicia en el País de las Maravillas. «El cuervo» fue publicado independientemente con espléndidos grabados por Gustave Doré en 1884, quien murió antes de su publicación.[28] En 1875, una edición francesa con texto en francés e inglés fue publicada con litografos hechos por el afamado impresionista Édouard Manet y con traducción del simbolista Stephane Mallarmé.[29] Muchos artistas del siglo XX e ilustradores contemporáneos crearon ilustraciones basadas en "El cuervo", incluyendo a Edmund Dulac, István Orosz,[30] [31] Ryan Price,[32] Odilon Redon y Gahan Wilson.

Composición

Filosofía de la composición

Poe capitalizó el éxito de «El cuervo» publicando a continuación su ensayo «Filosofía de la composición» (1846), en que detalló la creación del poema. Su descripción es probablemente exagerada, aunque el ensayo sirve como una importante visión general de la teoría literaria de Poe.[33] En él explica que cada componente del poema se basa en la lógica: el cuervo entra en la habitación para huir de la tormenta (la «lóbrega medianoche» en el «lóbrego diciembre»), y su posar en un pálido busto fue para crear un contraste visual con el negro del ave. Ningún aspecto del poema fue un accidente, dice Poe, sino que está basado en el total control del autor.[34] Incluso el término Nevermore (En inglés «nunca más», pronunciado /ˈnɛ.və(ɹ).mɔː(ɹ)/) fue usado por el efecto del sonido de la vocal larga (aunque Poe podría haberse inspirado por la palabra usada en los trabajos de Lord Byron o Henry Wadsworth Longfellow[35] ). Poe había experimentado con el sonido de la o larga en muchos otros poemas: «no more» en Silencio (cuento), «evermore» en "The Conqueror Worm"[1] El tema en sí mismo, dice, fue elegido porque «la muerte... de una bella mujer es sin duda el tema más poético del mundo». Dicho desde «los labios... de un desconsolado amante» es lo más apropiado para lograr el efecto deseado.[2] Más allá de lo poético, la pérdida de Leonore podría haberse inspirado por eventos de la vida de Poe, como la temprana muerte de su madre, Eliza Poe, o la duradera enfermedad de su esposa, Virginia.[9] Por último, Poe consideró a "El cuervo" un experimento que le viniera bien al gusto crítico y popular, accesible a los altos y medios mundos literarios.[2] Se desconoce por cuánto tiempo Poe trabajó en «El cuervo»; la especulación abarca desde un único día a diez años. Poe recitó un poema que se cree que fue una temprana versión con un final alternativo de «El cuervo» en 1843 en Saratoga, Nueva York.[3] Una temprana versión podría haber utilizado un búho en lugar de un cuervo.[36]

Recepción crítica e impacto

En parte por su doble impresión, «El cuervo» hizo de Edgar Allan Poe un nombre famoso casi inmediatamente;[37] la gente comenzó a identificar poema con poeta, con lo cual Poe se ganó el apodo de «El cuervo»[38] El poema fue pronto ampliamente reimpreso, imitado y parodiado.[37] Aunque esto hizo lo hizo popular en su día, no le dio a Poe un gran éxito financiero.[39]
El New World dijo, «La gente lee el poema y lo elogia... con justa razón, creemos, ya que nos parece lleno de originalidad y fuerza»[4] The Pennsylvania Inquirer lo reimprimió con el encabezado «Un hermoso poema».[4] Elizabeth Barrett escribió a Poe, «Tu 'cuervo' ha producido sensación, un ataque de horror, aquí en Inglaterra. Algunos de mis amigos se han dejado llevar por el miedo que produce y otros por su música. Oigo personas angustiadas por 'Nunca más'».[40] La popularidad de Poe resultó en invitaciones para recitar «El cuervo» y a conferencias - con concurrencias públicas y privadas. En un salón literario, un invitado apuntó, «escuchar [a Poe] repetir 'El cuervo'... es un evento único en la vida.»[41] Recordó que, «Él apagaría las luces hasta dejar la habitación casi oscura, entonces se pararía en el centro del apartamente y recitaría... en la más melodiosa de las voces... tan maravilloso era su poder como lector que los oyentes temerían respirar, no sea que el hechizo se rompiera».[42] Las parodias surgieron especialmente en Boston, Nueva York y Filadelfia, incluyendo «The Craven» (El cobarde) de «Poh!», «The Gazelle »(La gacela), «The Whippoorwill» (El chotacabras), y «The Turkey» (El pavo)[38] Una parodia, «The Pole-Cat», llamó la atención de Andrew Johnston, un abogado que lo envió a Abraham Lincoln. Aunque Lincoln admitió el gran sentido del humor del poema, jamás había leído antes «El cuervo».[43]
«El cuervo» fue elogiado por los escritores William Gilmore Simms y Margaret Fuller,[44] aunque fue criticado por William Butler Yeats, quien lo llamó «insincero y vulgar... su despempeño, una jugarreta rítmica».[2] El trascendentalista Ralph Waldo Emerson dijo, «No veo nada en él».[45] Una crítica para la Southern Quarterly Review escrita en julio de 1848 decía que el poema estaba arruinado por «una salvaje y desenfrenada extravagancia» y que las cosas menores como el golpeteo a una puerta y una cortina revoloteando solamente afectarían a «un niño quien se hubiera afectado al borde de la imbecilidad por historias de fantasmas».[46] Un anónimo escritor que se hacía llamar «Outis» sugirió en el Evening Mirror que «El cuervo» fue plagiado desde un poema llamado «The Bird of the Dream» (El pájaro del sueño) de un autor anónimo. El escritor mostró 18 similitudes entre los poemas, como respuesta a las acusaciones de Poe de plagio contra Henry Wadsworth Longfellow. Se ha sugerido que Outis era en realidad Cornelius Conway Felton, si no Poe mismo.[47] Después de la muerte de Poe, su amigo Thomas Holley Chivers dijo que «El cuervo» fue plagiado de uno de sus poemas.[48] En particular, él afirmó haber sido la inspiración para la métrica del poema así como de la frase «nunca más».[49]
«El cuervo» ha influenciado muchas obras modernos, incluyendo Lolita de Vladimir Nabokov en 1955, «The Jewbird» de Bernard Malamud en 1963 y «The Parrot Who Knew Papa» de Ray Bradbury en 1976.[50] El poema es muy referenciado en la cultura popular, a través de películas, programas de televisión, música y más.
En 2005, el músico y humorista uruguayo Leo Maslíah publicó el disco Clásicos,[51] en el cual incluye la canción El Cuervo, una reelaboración de este poema (siguiendo la misma línea narrativa y métrica, aunque cambiando el nombre de Leonore por el de María Paz).

Texto completo traducido

El cuervo (Tradución Libre)

El cuervo
de Edgar Allan Poe
Cierta noche aciaga, cuando, con la mente cansada,
meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral
y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido,
como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.
"Es un visitante -me dije-, que está llamando al portal;
sólo eso y nada más."
¡Ah, recuerdo tan claramente aquel desolado diciembre!
Cada chispa resplandeciente dejaba un rastro espectral.
Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma en mis libros,
ni consuelo a la pérdida abismal
de aquella a quien los ángeles Leonor podrán llamar
y aquí nadie nombrará.
Cada crujido de las cortinas purpúreas y cetrinas
me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal
que, para calmar mi angustia repetí con voz mustia:
"No es sino un visitante que ha llegado a mi portal;
un tardío visitante esperando en mi portal.
Sólo eso y nada más".
Mas de pronto me animé y sin vacilación hablé:
"Caballero -dije-, o señora, me tendréis que disculpar
pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido
y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal
que dudé de haberlo oído...", y abrí de golpe el portal:
sólo sombras, nada más.
La noche miré de lleno, de temor y dudas pleno,
y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;
pero en este silencio atroz, superior a toda voz,
sólo se oyó la palabra "Leonor", que yo me atreví a susurrar...
sí, susurré la palabra "Leonor" y un eco volvióla a nombrar.
Sólo eso y nada más.
Aunque mi alma ardía por dentro regresé a mis aposentos
pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz.
"Esta vez quien sea que llama ha llamado a mi ventana;
veré pues de qué se trata, que misterio habrá detrás.
Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.
¡Es el viento y nada más!".
Mas cuando abrí la persiana se coló por la ventana,
agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.
Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,
con aire envarado y grave fue a posarse en mi portal,
en un pálido busto de Palas que hay encima del umbral;
fue, posóse y nada más.
Esta negra y torva ave tocó, con su aire grave,
en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.
"Ese penacho rapado -le dije-, no te impide ser
osado, viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;
¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?"
Dijo el cuervo: "Nunca más".
Que una ave zarrapastrosa tuviera esa voz virtuosa
sorprendióme aunque el sentido fuera tan poco cabal,
pues acordaréis conmigo que pocos habrán tenido
ocasión de ver posado tal pájaro en su portal.
Ni ave ni bestia alguna en la estatua del portal
que se llamara "Nunca más".
Mas el cuervo, altivo, adusto, no pronunció desde el busto,
como si en ello le fuera el alma, ni una sílaba más.
No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna
hasta que al fin musité: "Vi a otros amigos volar;
por la mañana él también, cual mis anhelos, volará".
Dijo entonces :"Nunca más".
Esta certera respuesta dejó mi alma traspuesta;
"Sin duda - dije-, repite lo que ha podido acopiar
del repertorio olvidado de algún amo desgraciado
que en su caída redujo sus canciones a un refrán:
"Nunca, nunca más".
Como el cuervo aún convertía en sonrisa mi porfía
planté una silla mullida frente al ave y el portal;
y hundido en el terciopelo me afané con recelo
en descubrir qué quería la funesta ave ancestral
al repetir: "Nunca más".
Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra
al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar;
eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada
sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar.
¡Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar,
y ya no usará nunca más!.

Luego el aire se hizo denso, como si ardiera un incienso
mecido por serafines de leve andar musical.
"¡Miserable! -me dije-. ¡Tu Dios estos ángeles dirige
hacia ti con el filtro que a Leonor te hará olvidar!
¡Bebe, bebe el dulce filtro, y a Leonor olvidarás!".
Dijo el cuervo: "Nunca más".
"¡Profeta! -grité -, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad
trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje,
a esta morada espectral? ¡Mas te imploro, dime ya,
dime, te imploro, si existe algún bálsamo en Galaad!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".
"¡Profeta! -grité -, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
Por el Dios que veneramos, por el manto celestial,
dile a este desventurado si en el Edén lejano
a Leonor, ahora entre ángeles, un día podré abrazar".
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".
"¡Diablo alado, no hables más!", dije, dando un paso atrás;
¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal!
¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje
quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".
Y el impávido cuervo osado aún sigue, sigue posado,
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará...¡nunca más!.

El cuervo (Traducción Juan Antonio Pérez Bonalde, 1887)

Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original. Traducción de Juan Antonio Pérez Bonalde.

[

El cuervo

Una fosca media noche, cuando en tristes reflexiones,
sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones
inclinaba soñoliento la cabeza, de repente
a mi puerta oí llamar:
como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta
mano tímida a tocar:
"¡Es — me dije — una visita que llamando está a mi puerta:
eso es todo y nada más!".

¡Ah! Bien claro lo recuerdo: era el crudo mes del hielo,
y su espectro cada brasa moribunda enviaba al suelo.
Cuán ansioso el nuevo día deseaba, en la lectura
procurando en vano hallar
tregua a la honda desventura de la muerte de Leonora;
la radiante, la sin par
vírgen pura a quien Leonora los querubes llaman, hora
ya sin nombre... ¡nunca más!

Y el crujido triste, incierto, de las rojas colgaduras
me aterraba, me llenaba de fantásticas pavuras,
de tal modo que el latido de mi pecho palpitante
procurando dominar,
"¡es, sin duda, un visitante —repetía con instancia—
que a mi alcoba quiere entrar:
un tardío visitante a las puertas de mi estancia...,
eso es todo, y nada más!".

Paso a paso, fuerza y bríos fue mi espíritu cobrando:
"Caballero —dije— o dama: mil perdones os demando;
mas, el caso es que dormía, y con tanta gentileza
me vinisteis a llamar,
y con tal delicadeza y tan tímida constancia
os pusísteis a tocar,
que no oí" —dije— y las puertas abrí al punto de mi estancia;
¡sombras sólo y... nada más!

Mudo, trémulo, en la sombra por mirar haciendo empeños,
quedé allí, cual antes nadie los soñó, forjando sueños;
más profundo era el silencio, y la calma no acusaba
ruido alguno... Resonar
sólo un nombre se escuchaba que en voz baja a aquella hora
yo me puse a murmurar,
y que el eco repetía como un soplo: ¡Leonora...!
esto apenas, ¡nada más!
A mi alcoba retornando con el alma en turbulencia,
pronto oí llamar de nuevo, —esta vez con más violencia,
«De seguro —dije— es algo que se posa en mi persiana,
pues, veamos de encontrar
la razón abierta y llana de este caso raro y serio,
y el enigma averiguar.
¡Corazón! Calma un instante, y aclaremos el misterio...
—Es el viento— y nada más!»

La ventana abrí —y con rítmico aleteo y garbo extraño,
entró un cuervo majestuoso de la sacra edad de antaño.
Sin pararse ni un instante ni señales dar de susto,
con aspecto señorial,
fué a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta
de mi puerta el cabezal;
sobre el busto que de Palas la figura representa
fué y posóse —¡y nada más!

Trocó entonces el negro pájaro en sonrisas mi tristeza
con su grave, torva y seria, decorosa gentileza;
y le dije: «Aunque la cresta calva llevas, de seguro
no eres cuervo nocturnal,
viejo, infausto cuervo obscuro, vagabundo en la tiniebla...
Dime: —«¿Cuál tu nombre, cuál
en el reino plutoniano de la noche y de la niebla?...»
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!.»

Asombrado quedé oyendo así hablar al avechucho,
si bien su árida respuesta no expresaba poco o mucho;
pues preciso es convengamos en que nunca hubo criatura
que lograse contemplar
ave alguna en la moldura de su puerta encaramada,
ave o bruto reposar
sobre efigie en la cornisa de su puerta, cincelada,
con tal nombre: «¡Nunca más!».

Mas el cuervo, fijo, inmóvil, en la grave efigie aquella,
sólo dijo esa palabra, cual si su alma fuese en ella
vinculada —ni una pluma sacudía, ni un acento
se le oía pronunciar...
Dije entonces al momento: «Ya otros antes se han marchado,
y la aurora al despuntar,
él también se irá volando cual mis sueños han volado.»
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

Por respuesta tan abrupta como justa sorprendido,
«no hay ya duda alguna —dije— lo que dice es aprendido;
aprendido de algún amo desdichado a quien la suerte
persiguiera sin cesar,
persiguiera hasta la muerte, hasta el punto de, en su duelo,
sus canciones terminar
y el clamor de su esperanza con el triste ritornelo
de jamás, ¡y nunca más»

Mas el cuervo provocando mi alma triste a la sonrisa,
mi sillón rodé hasta el frente al ave, al busto, a la cornisa;
luego, hundiéndome en la seda, fantasía y fantasía
dime entonces a juntar,
por saber qué pretendía aquel pájaro ominoso
de un pasado inmemorial,
aquel hosco, torvo, infausto, cuervo lúgubre y odioso
al graznar: «¡Nunca jamás!»

Quedé aquesto investigando frente al cuervo, en honda calma,
cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y alma.
Esto y más —sobre cojines reclinado— con anhelo
me empeñaba en descifrar,
sobre el rojo terciopelo do imprimía viva huella
luminosa mi fanal—
terciopelo cuya púrpura ¡ay! jamás volverá élla
a oprimir —¡Ah! ¡Nunca más!

Parecióme el aire, entonces,
por incógnito incensario
que un querube columpiase
de mi alcoba en el santuario,
perfumado —«Miserable ser —me dije— Dios te ha oído,
y por medio angelical,
tregua, tregua y el olvido del recuerdo de Leonora
te ha venido hoy a brindar:
¡bebe! bebe ese nepente, y así todo olvida ahora.
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

«Eh, profeta —dije— o duende, mas profeta al fin, ya seas
ave o diablo — ya te envía la tormenta, ya te veas
por los ábregos barrido a esta playa, desolado
pero intrépido, a este hogar
por los males devastado, dime, dime, te lo imploro:
¿Llegaré jamas a hallar
algún bálsamo o consuelo para el mal que triste lloro?»
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

«¡Oh, Profeta —dije— o diablo —Por ese ancho combo velo
de zafir que nos cobija, por el mismo Dios del Cielo
a quien ambos adoramos, dile a esta alma adolorida,
presa infausta del pesar,
sí jamás en otra vida la doncella arrobadora
a mi seno he de estrechar,
la alma virgen a quien llaman los arcángeles Leonora!»
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

«Esa voz, oh cuervo, sea la señal de la partida.
grité alzándome: —¡Retorna, vuelve a tu hórrida guarida,
la plutónica ribera de la noche y de la bruma!...
de tu horrenda falsedad
en memoria, ni una pluma dejes, negra, ¡El busto deja!
¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho! De mi umbral tu forma aleja...»
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!»

Y aún el cuervo inmóvil, fijo, sigue fijo en la escultura,
sobre el busto que ornamenta de mi puerta la moldura....
y sus ojos son los ojos de un demonio que, durmiendo,
las visiones ve del mal;
y la luz sobre él cayendo, sobre el suelo arroja trunca
su ancha sombra funeral,
y mi alma de esa sombra que en el suelo flota... ¡nunca
se alzará..., nunca jamás!




FIN.