Sesquidécada: enero 1997

En enero de 1997 leía La deshumanización del arte, de Ortega y Gasset. Personalmente, me resultaba chocante que la propuesta estética más destacada del periodo de entreguerras abogase por el elitismo y el rechazo deliberado de lo humano y lo social. Quince años después de aquella lectura y casi un siglo después de Ortega, me dan ganas de escribir un ensayo sobre "La deshumanización de la educación". En ese libro hablaría de la paradoja de estos tiempos en los que, por un lado, se trata a los educadores con criterios fabriles, del mismo modo que a un operario de la industria mecánica, por poner un ejemplo (ya saben, medir la productividad, mejorar la eficacia, controlar los niveles de consecución de objetivos), mientras por otro lado se habla de la vocación docente, de la entrega del maestro a los jóvenes, de la necesidad que tienen todos los niños y adolescentes de ser tratados como personas y no como tornillos (alguien debería recordar que la escuela pública, para cumplir objetivos, no puede desechar piezas que no cumplan el estándar). Pero no tengo el cuerpo muy orteguiano, de modo que haré lo posible por abandonar el tono ensayístico y quizá también el tono reivindicativo de las últimas notas, para entregarme a lo que siempre ha querido ser este blog, un lugar amable para hablar de literatura, lengua y enseñanza.

Escribiré, pues, de novelas, algunas de las que leí en ese mismo mes de enero de 1997 que celebra esta sesquidécada. Seré breve para no cansar. La primera es María, de Jorge Isaacs, una auténtica novela romántica al más puro estilo de las telenovelas actuales. Jovencitos enamorados desde niños, separaciones, disgustos, amor, más disgustos... todos los elementos que caracterizan el género. No creo que sea una novela muy recomendable para los estudiantes actuales, pero igual atrapa a los aficionados al culebrón de las tardes televisivas.

La segunda es Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías. Tal vez no sea su mejor novela (pienso que Corazón tan blanco es superior), pero tiene los ingredientes que definen el estilo de su autor: esa prosa enredada en digresiones sin fin, el continuo vaivén de la narración sobre el eje de un hecho nuclear, etc. Recuperar esta lectura me ha animado a empezar la última novela de Marías, Los enamoramientos.
Por último, quiero reivindicar un clásico del género policíaco patrio: el inspector Plinio, el detective creado por Francisco García Pavón, en esta ocasión enredado en las peripecias de Las hermanas Coloradas. Quizá los aficionados a la novela negra no estén muy dispuestos a aceptar como protagonistas a un policía de Tomelloso y a su amigo el veterinario, pero deben reconocer que las intrigas de la España rural son mucho más cercanas que cualquier asesinato del CSI. Seguro que Ortega y Gasset no hubiera perdonado a García Pavón por esa contaminación con la realidad. Y a mí tampoco.


Sesquidécada: enero 1997

En enero de 1997 leía La deshumanización del arte, de Ortega y Gasset. Personalmente, me resultaba chocante que la propuesta estética más destacada del periodo de entreguerras abogase por el elitismo y el rechazo deliberado de lo humano y lo social. Quince años después de aquella lectura y casi un siglo después de Ortega, me dan ganas de escribir un ensayo sobre "La deshumanización de la educación". En ese libro hablaría de la paradoja de estos tiempos en los que, por un lado, se trata a los educadores con criterios fabriles, del mismo modo que a un operario de la industria mecánica, por poner un ejemplo (ya saben, medir la productividad, mejorar la eficacia, controlar los niveles de consecución de objetivos), mientras por otro lado se habla de la vocación docente, de la entrega del maestro a los jóvenes, de la necesidad que tienen todos los niños y adolescentes de ser tratados como personas y no como tornillos (alguien debería recordar que la escuela pública, para cumplir objetivos, no puede desechar piezas que no cumplan el estándar). Pero no tengo el cuerpo muy orteguiano, de modo que haré lo posible por abandonar el tono ensayístico y quizá también el tono reivindicativo de las últimas notas, para entregarme a lo que siempre ha querido ser este blog, un lugar amable para hablar de literatura, lengua y enseñanza.

Escribiré, pues, de novelas, algunas de las que leí en ese mismo mes de enero de 1997 que celebra esta sesquidécada. Seré breve para no cansar. La primera es María, de Jorge Isaacs, una auténtica novela romántica al más puro estilo de las telenovelas actuales. Jovencitos enamorados desde niños, separaciones, disgustos, amor, más disgustos... todos los elementos que caracterizan el género. No creo que sea una novela muy recomendable para los estudiantes actuales, pero igual atrapa a los aficionados al culebrón de las tardes televisivas.

La segunda es Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías. Tal vez no sea su mejor novela (pienso que Corazón tan blanco es superior), pero tiene los ingredientes que definen el estilo de su autor: esa prosa enredada en digresiones sin fin, el continuo vaivén de la narración sobre el eje de un hecho nuclear, etc. Recuperar esta lectura me ha animado a empezar la última novela de Marías, Los enamoramientos.
Por último, quiero reivindicar un clásico del género policíaco patrio: el inspector Plinio, el detective creado por Francisco García Pavón, en esta ocasión enredado en las peripecias de Las hermanas Coloradas. Quizá los aficionados a la novela negra no estén muy dispuestos a aceptar como protagonistas a un policía de Tomelloso y a su amigo el veterinario, pero deben reconocer que las intrigas de la España rural son mucho más cercanas que cualquier asesinato del CSI. Seguro que Ortega y Gasset no hubiera perdonado a García Pavón por esa contaminación con la realidad. Y a mí tampoco.


Ayudar a “mirar” los textos

Para enseñar a los alumnos a componer un texto no basta con informarles de cómo se hace: cuáles son las características de la clase de texto que van a escribir, cómo se estructura, cuáles son sus principales rasgos lingüísticos y paralingüísticos. Todo esto es insuficiente. Incluso si se ilustra con un ejemplo. Incluso si el ejemplo es bueno.

Es necesario que los alumnos aprendan a identificar estas características examinando, con nuestra ayuda, varios textos de la misma clase que el que van a componer. Estas características son las que habrán de tener en cuenta en su composición.

Pero para ayudarles a mirar los textos y a ver cómo  están hechos, es necesario que nosotros los hayamos analizado previamente, y que sepamos qué es lo relevante en ellos.

¿Y cómo sabemos qué es lo relevante en un texto? Nos ayudan los conocimientos que nos proporciona la lingüística textual, aunque los textos reales que los alumnos han de aprender a componer no se corresponden exactamente con los tipos de textos descritos por las tipologías textuales. Los textos que usamos en los diferentes ámbitos de la actividad social son noticias, notificaciones, convocatorias, reglamentos, poemas, informes, columnas de opinión, etc., es decir géneros de textos. Las tipologías textuales nos sirve –a los profesores- para “iluminar” algunas zonas de un determinado género, pero otras quedan a oscuras si la única lámpara de que nos servimos son los tipos de texto.

Necesitamos, por tanto, descripciones específicas para cada género textual. Y si no contamos con ellas, o no han sido elaboradas para el ámbito escolar, tendremos que elaborarlas o adaptarlas a partir de nuestros conocimientos lingüísticos.

Imaginemos que el texto que vamos a enseñar a componer es una carta al director. E imaginemos también que contamos con un contexto real que da sentido y justifica esta actividad: un hecho de actualidad sobre el que los alumnos van a opinar, una situación por la que se quiere  protestar, un comportamiento que  merece sus criticas (o su elogio), etc. Tenemos lo más importante: un motivo para escribir, algo que comunicar y una actitud que expresar. Pero esto no basta: los alumnos también han de conocer las características del género de texto que van a componer. Han de leer cartas al director que les sirvan de modelo y han de analizar –con nuestra ayuda- sus características.

Pero, ¿cómo les ayudamos?

En primer lugar, debemos analizar nosotros los textos y seleccionar los rasgos que nos parezcan más relevantes. Y a partir de este análisis, hemos de elaborar algún instrumento que ayude a los alumnos a mirar los textos, a extraer las informaciones que necesitan y a organizarlas. Este instrumento –que puede tener la forma de una ficha de observación- servira más adelante también como ficha de control para la revisión del texto,  durante y al final del proceso-.

Estas ideas son conocidas. Están basadas en muchos estudios sobre la enseñanza de la composición escrita. Pero he querido exponerlas aquí, porque mañana voy a tratar de todo esto en el Máster de Secundaria, y quiero asegurarme de que quede claro (aun con el riesgo de que se confunda la transparencia con la simplicidad).

En relación con todo esto, pondré un enlace con un trabajo de Anna Camps que está disponible en la Red, pues me parece de lectura obligada, Proyectos de lengua entre la teoría y la práctica.

(En la presentación, una recapitulación de ideas clave sobre el proceso de la composición de textos).

ShareThis

¿QUÉ ES UN POST?

Foto

Vamos con las segunda entrada.
Un post en un blog se caracteriza por ser un texto abierto, que se enriquece con los comentarios; por ser hipertextual (fotos, vídeos, enlaces, texto…); y porque puede recoger muchos servicios de la web 2.0.
Para hacer una práctica de esto último, conoceremos una “chuche 2.0″ muy sencilla como es Bubbl.us, que nos permite hacer mapas conceptuales o esquemas en forma de árbol.  También aprenderemos a “embeber” códigos HTML en el blog.

Lo que tienes que hacer:

  1. Regístrate en bubbl.us.
  2.  Realiza un mapa conceptual con la teoría que hemos dado ya este año sobre morfología (sustantivos, tipos de predicados según el p. de v. sintáctico, perífrasis verbales…).
  3.  Una vez terminado guárdalo y copia su código HTML. Pega este código en el blog después de haber escrito una entrada que explica el ejercicio y que enlaza este blog. Si el HTML te da problemas, pégalo como foto .jpg.
  4. Después, vas a comentar también la entrada que ha hecho un compañero o compañera.
  5. Vete a Berriketan y lee algún post que se ha escrito en el blog que está a continuación del tuyo en el apartado 4A de la columna de la derecha.
  6. ¿Qué día es hoy? Lo evalúo en siete días. Etiquetas bubb.us, lengua_castellana

El esperpento valenciano de los recortes en Educación (II)


Manifestación por la Educación del 21 de enero,
con el edificio del Banco de Valencia de fondo,
símbolo de la quiebra y del poder económico.  
Las últimas declaraciones del ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, tampoco presagian un final feliz para este drama, sino que lo escora peligrosamente hacia el esperpento al afirmar que "Un sistema en el que el aumento de los recursos ha llevado a la disminución de los resultados es uno que requiere una profunda –y urgente– reflexión", lo que anticipa un recorte mayor de los 3.000 millones de euros que se han hecho hasta ahora en Educación.
Para ello no han sido necesarias las recomendaciones de la agencia de calificación de deuda Fitch, que se quejaba de que las comunidades autónomas gastaban demasiado en escuelas y hospitales, sino que forma parte de un plan perfectamente orquestado por el Partido Popular desde que chupaba banquillo en la oposición. Mariano Rajoy ya lo dejó entrever en su discurso de investidura al anunciar un Bachillerato de tres años donde “se valorara la excelencia”. Lo confirma la noticia que publica elEconomista.es sobre el anuncio que el ministro de Educación hará mañana de la supresión de 4º de ESO para que se convierta en 1º de Bachillerato, una cuestión polémica que sin dejar de ser legítima necesitará de una nueva ley de educación que, en aras de la meritocracia y en contra del "aprobado fácil", tal y como lo ha expresado en otros medios, elimine muchas de las medidas de atención a la diversidad que incorporaba la LOE, aumente los conciertos -junto con su dotación económica- y elimine Educación para la Ciudadanía, definitivamente, no por razones pedagógicas, sino ideológicas. 
Esta reforma legislativa obedecerá a ciertos objetivos de fondo que tomarán el acortamiento de la edad obligatoria hasta los quince años como caballo de Troya. El primero será recortar más puestos de trabajo en la Enseñanza, al eliminar muchos grupos que hoy pertenecen a 4º de ESO, Diversificación (PDC) y PCPI. De hecho, varios responsables políticos de Educación, entre los que se contaba el entonces conseller de esta área, José Ciscar, manifestaron, tras el discurso de investidura, que la ampliación del Bachillerato se realizaría sin la contratación de nuevos profesores, lo que se traduciría en un aumento de horas para los funcionarios de carrera, pero cobrando el mismo sueldo, y la obligación de impartir asignaturas para las que no están capacitados, como ocurre en la Comunidad de Madrid, con el consiguiente perjuicio a la calidad educativa. El segundo objetivo sería lograr más trabajadores jóvenes, con menor cualificación profesional y menos críticos con las condiciones laborales para suplir la mano de obra inmigrante que está volviendo a sus países de origen por culpa de la crisis. La búsqueda de la excelencia no sería más que la excusa perfecta para desarticular el actual sistema educativo, que a pesar de todas sus imperfecciones, se cuenta entre los más igualitarios de Europa, pues abocaría a los alumnos con problemas de aprendizaje o que no tienen recursos suficientes con los que pagar clases particulares a no obtener título alguno, aunque acaben sus estudios obligatorios, para que formen la clase de trabajadores que desean los empresarios que defienden el contrato único y el despido libre. Sus hijos, en cambio, disfrutarán de los conciertos de Bachillerato que se concederán, ya que le salen más baratos a la Administración si no repara en la calidad del servicio, o de la enseñanza exclusivista de la privada, en pos de unos méritos que, en el fondo, no siempre podrán ganar con esfuerzo, sino a golpe de talonario, por mucho que lo quieran camuflar como pago a actividades extraescolares.  
Así puede quedar la Educación Pública, atrapada, de nuevo, por ese perverso regreso al futuro, donde los servicios públicos están desprestigiados y se relegan a labores de beneficencia, mientras que los privados convierten las necesidades básicas en signos de distinción para los que siempre han tenido más.

El esperpento valenciano de los recortes en Educación (II)


Manifestación por la Educación del 21 de enero,
con el edificio del Banco de Valencia de fondo,
símbolo de la quiebra y del poder económico.  
Las últimas declaraciones del ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, tampoco presagian un final feliz para este drama, sino que lo escora peligrosamente hacia el esperpento al afirmar que "Un sistema en el que el aumento de los recursos ha llevado a la disminución de los resultados es uno que requiere una profunda –y urgente– reflexión", lo que anticipa un recorte mayor de los 3.000 millones de euros que se han hecho hasta ahora en Educación.
Para ello no han sido necesarias las recomendaciones de la agencia de calificación de deuda Fitch, que se quejaba de que las comunidades autónomas gastaban demasiado en escuelas y hospitales, sino que forma parte de un plan perfectamente orquestado por el Partido Popular desde que chupaba banquillo en la oposición. Mariano Rajoy ya lo dejó entrever en su discurso de investidura al anunciar un Bachillerato de tres años donde “se valorara la excelencia”. Lo confirma la noticia que publica elEconomista.es sobre el anuncio que el ministro de Educación hará mañana de la supresión de 4º de ESO para que se convierta en 1º de Bachillerato, una cuestión polémica que sin dejar de ser legítima necesitará de una nueva ley de educación que, en aras de la meritocracia y en contra del "aprobado fácil", tal y como lo ha expresado en otros medios, elimine muchas de las medidas de atención a la diversidad que incorporaba la LOE, aumente los conciertos -junto con su dotación económica- y elimine Educación para la Ciudadanía, definitivamente, no por razones pedagógicas, sino ideológicas. 
Esta reforma legislativa obedecerá a ciertos objetivos de fondo que tomarán el acortamiento de la edad obligatoria hasta los quince años como caballo de Troya. El primero será recortar más puestos de trabajo en la Enseñanza, al eliminar muchos grupos que hoy pertenecen a 4º de ESO, Diversificación (PDC) y PCPI. De hecho, varios responsables políticos de Educación, entre los que se contaba el entonces conseller de esta área, José Ciscar, manifestaron, tras el discurso de investidura, que la ampliación del Bachillerato se realizaría sin la contratación de nuevos profesores, lo que se traduciría en un aumento de horas para los funcionarios de carrera, pero cobrando el mismo sueldo, y la obligación de impartir asignaturas para las que no están capacitados, como ocurre en la Comunidad de Madrid, con el consiguiente perjuicio a la calidad educativa. El segundo objetivo sería lograr más trabajadores jóvenes, con menor cualificación profesional y menos críticos con las condiciones laborales para suplir la mano de obra inmigrante que está volviendo a sus países de origen por culpa de la crisis. La búsqueda de la excelencia no sería más que la excusa perfecta para desarticular el actual sistema educativo, que a pesar de todas sus imperfecciones, se cuenta entre los más igualitarios de Europa, pues abocaría a los alumnos con problemas de aprendizaje o que no tienen recursos suficientes con los que pagar clases particulares a no obtener título alguno, aunque acaben sus estudios obligatorios, para que formen la clase de trabajadores que desean los empresarios que defienden el contrato único y el despido libre. Sus hijos, en cambio, disfrutarán de los conciertos de Bachillerato que se concederán, ya que le salen más baratos a la Administración si no repara en la calidad del servicio, o de la enseñanza exclusivista de la privada, en pos de unos méritos que, en el fondo, no siempre podrán ganar con esfuerzo, sino a golpe de talonario, por mucho que lo quieran camuflar como pago a actividades extraescolares.  
Así puede quedar la Educación Pública, atrapada, de nuevo, por ese perverso regreso al futuro, donde los servicios públicos están desprestigiados y se relegan a labores de beneficencia, mientras que los privados convierten las necesidades básicas en signos de distinción para los que siempre han tenido más.


UN CANTAR DE GESTA SOBRE MI HÉROE FAVORITO. Propuesta de creación literaria

Espero que disfrutéis tanto con los trabajos de mis alumnos de 3º de ESO como lo he hecho yo cuando los han leído en clase, no solo por el humor que destilan (he llorado de risa), sino también por lo bien hechos que están. 
La propuesta que les planteé para Navidades parecía sencilla, pero entrañaba ciertas dificultades: les pedí que escribieran un cantar de gesta de su héroe favorito (un superhéroe, un dibujo animado, alguien a quien conocen que les haya marcado) respetando la métrica, las características lingüísticas, la estructura y la temática propia del Cantar de Mio Cid. Previamente habíamos comentado en clase el argumento de este poema, habíamos leído y comentado varios fragmentos y habíamos analizado sus características esenciales. 
Mi intención con esta actividad era, por una parte, potenciar la creatividad y utilizar el humor como recurso en la clase de literatura, y por otra parte hacer que los alumnos entendiesen de primera mano los mecanismos lingüísticos, estilísticos y métricos en la elaboración de un cantar de gesta,  no solo a través de la propia creación literaria, sino mediante una reflexión personal posterior. Para ello les pedí que rellenasen una "ficha técnica" (eufemismo con el que he denominado lo que podría ser una iniciación al comentario de texto literario). Para facilitarles el trabajo, les ofrecí un ejemplo escrito por mí que podían utilizar como modelo. Sin duda, mis alumnos han superado en mucho mis escasas dotes poéticas. 

Documento informativo sobre la actividad:

Un cantar de gesta sobre mi héroe favorito


Poemas creados por mis alumnos:





UN CANTAR DE GESTA SOBRE MI HÉROE FAVORITO. Propuesta de creación literaria

Espero que disfrutéis tanto con los trabajos de mis alumnos de 3º de ESO como lo he hecho yo cuando los han leído en clase, no solo por el humor que destilan (he llorado de risa), sino también por lo bien hechos que están. 
La propuesta que les planteé para Navidades parecía sencilla, pero entrañaba ciertas dificultades: les pedí que escribieran un cantar de gesta de su héroe favorito (un superhéroe, un dibujo animado, alguien a quien conocen que les haya marcado) respetando la métrica, las características lingüísticas, la estructura y la temática propia del Cantar de Mio Cid. Previamente habíamos comentado en clase el argumento de este poema, habíamos leído y comentado varios fragmentos y habíamos analizado sus características esenciales. 
Mi intención con esta actividad era, por una parte, potenciar la creatividad y utilizar el humor como recurso en la clase de literatura, y por otra parte hacer que los alumnos entendiesen de primera mano los mecanismos lingüísticos, estilísticos y métricos en la elaboración de un cantar de gesta,  no solo a través de la propia creación literaria, sino mediante una reflexión personal posterior. Para ello les pedí que rellenasen una "ficha técnica" (eufemismo con el que he denominado lo que podría ser una iniciación al comentario de texto literario). Para facilitarles el trabajo, les ofrecí un ejemplo escrito por mí que podían utilizar como modelo. Sin duda, mis alumnos han superado en mucho mis escasas dotes poéticas. 

Documento informativo sobre la actividad:

Un cantar de gesta sobre mi héroe favorito


Poemas creados por mis alumnos:





El esperpento valenciano de los recortes en Educación (I)


La manifestación del pasado sábado 21 de enero en Valencia fue el segundo acto del drama de los recortes en Educación. El primero comenzó hace un par de años con la escena de la no contratación de miles de interinos, al que le siguió la reducción silenciosa del 5% de nuestro sueldo y que ha culminado, de la manera más anticlimática, con la publicación del Decreto-Ley del Gobierno Valenciano que elimina las vacaciones de los docentes no definitivos que disfrutan de vacante, la eliminación de complementos salariales y el pago de la mitad de los sexenios, para los que no se reconocerán este curso y el siguiente en su cobro futuro. 
Este Decreto, además, contempla una disposición que auguraría el despido del 25% de la plantilla de personal interino, de cualquier servicio público transferido, si el Consell de Hacienda del señor Vela lo estima oportuno, lo que marcaría un tercer acto trágico, donde no solo habrían más parados y más familias en una situación económica desesperada, sino que muchos colegios, institutos, farmacias, hospitales y ambulatorios, por tratar, solo, de los servicios básicos, se verían forzados a cerrar o a mantener una actividad que no satisfaría las necesidades más elementales de los ciudadanos. Esto ya ocurre en los centros concertados y públicos que no reciben el dinero que les adeuda Conselleria d’Educació para sufragar los gastos de mantenimiento, de los que ahora se hace eco la prensa cuando informan de que un colegio ha cerrado porque les han cortado la luz por impago o publican la imagen de los estudiantes tapados con mantas en plena clase porque no tienen dinero para pagar el gasoil de la calefacción, una estampa que saltó de Facebook a los medios de comunicación y que le costó la expulsión, con su posterior readmisión, al alumno que la difundió.
El contraste se encuentra en tantos años de despilfarro y robo indisimulado de las arcas públicas que han precipitado a la Comunidad Valenciana a la quiebra técnica. Desde la presidencia de Eduardo Zaplana, se han gastado miles de millones de euros en proyectos megalómanos, deficitarios, mal gestionados y del todo superfluos para los valencianos como Terra Mítica, el circuito urbano de F1, la Ciudad de la Luz, las instalaciones para la Copa América, la Ciudad de las Artes y las Ciencias o la última y más flagrante malversación, el aeropuerto sin aviones de Castellón, en la que ya se puede admirar la estatua de su hacedor, Carlos Fabra, en un costoso ejercicio de culto a la personalidad perpetrado por el artista Ripollés. La presidencia de Camps añadió las tramas de corrupción Gürtel, que afecta también a Iñaki Urdangarín, la gestión de las aguas residuales en Valencia o la de basuras en Orihuela. No me detengo, sin embargo, en las cuarenta empresas públicas de dudosa legalidad que han originado gran parte de la deuda que la arrastra la Generalitat y que no se pudo paliar con la emisión de bonos patrióticos. Tampoco detallo que el recorte de los mil millones de euros que sufrimos es solo el principio, pues la deuda total alcanzará los 62.000.000.000., una cifra que no se ha logrado por la inversión en Educación, Sanidad o en servicios sociales para mejorar la calidad de vida de los valencianos. De hecho, muchos estudiantes y docentes recordamos que en los tiempos de bonanza económica, cuando nos visitaba el Papa y se regalaban bolsos de Louis Vuitton por doquier, gran parte de los centros educativos se desparramaban en barracones infectos, se obligaba a impartir Ciudadanía en inglés, se contrataban inspectores a dedo para velar que así se hiciera y se promocionaba la optativa de Chino a la vez que se reducía el número de plazas en oposiciones o se tardaban semanas en cubrir una baja laboral. 
En resumen, los servicios públicos de la Comunidad Valenciana no se beneficiaron  cuando hubo dinero, ni originaron la crisis, ni la agravaron, ni su recorte será la solución de nada: será, en todo caso, un parche populista que estallará tarde o temprano y que lastrará el futuro de millones de valencianos.     

El esperpento valenciano de los recortes en Educación (I)


La manifestación del pasado sábado 21 de enero en Valencia fue el segundo acto del drama de los recortes en Educación. El primero comenzó hace un par de años con la escena de la no contratación de miles de interinos, al que le siguió la reducción silenciosa del 5% de nuestro sueldo y que ha culminado, de la manera más anticlimática, con la publicación del Decreto-Ley del Gobierno Valenciano que elimina las vacaciones de los docentes no definitivos que disfrutan de vacante, la eliminación de complementos salariales y el pago de la mitad de los sexenios, para los que no se reconocerán este curso y el siguiente en su cobro futuro. 
Este Decreto, además, contempla una disposición que auguraría el despido del 25% de la plantilla de personal interino, de cualquier servicio público transferido, si el Consell de Hacienda del señor Vela lo estima oportuno, lo que marcaría un tercer acto trágico, donde no solo habrían más parados y más familias en una situación económica desesperada, sino que muchos colegios, institutos, farmacias, hospitales y ambulatorios, por tratar, solo, de los servicios básicos, se verían forzados a cerrar o a mantener una actividad que no satisfaría las necesidades más elementales de los ciudadanos. Esto ya ocurre en los centros concertados y públicos que no reciben el dinero que les adeuda Conselleria d’Educació para sufragar los gastos de mantenimiento, de los que ahora se hace eco la prensa cuando informan de que un colegio ha cerrado porque les han cortado la luz por impago o publican la imagen de los estudiantes tapados con mantas en plena clase porque no tienen dinero para pagar el gasoil de la calefacción, una estampa que saltó de Facebook a los medios de comunicación y que le costó la expulsión, con su posterior readmisión, al alumno que la difundió.
El contraste se encuentra en tantos años de despilfarro y robo indisimulado de las arcas públicas que han precipitado a la Comunidad Valenciana a la quiebra técnica. Desde la presidencia de Eduardo Zaplana, se han gastado miles de millones de euros en proyectos megalómanos, deficitarios, mal gestionados y del todo superfluos para los valencianos como Terra Mítica, el circuito urbano de F1, la Ciudad de la Luz, las instalaciones para la Copa América, la Ciudad de las Artes y las Ciencias o la última y más flagrante malversación, el aeropuerto sin aviones de Castellón, en la que ya se puede admirar la estatua de su hacedor, Carlos Fabra, en un costoso ejercicio de culto a la personalidad perpetrado por el artista Ripollés. La presidencia de Camps añadió las tramas de corrupción Gürtel, que afecta también a Iñaki Urdangarín, la gestión de las aguas residuales en Valencia o la de basuras en Orihuela. No me detengo, sin embargo, en las cuarenta empresas públicas de dudosa legalidad que han originado gran parte de la deuda que la arrastra la Generalitat y que no se pudo paliar con la emisión de bonos patrióticos. Tampoco detallo que el recorte de los mil millones de euros que sufrimos es solo el principio, pues la deuda total alcanzará los 62.000.000.000., una cifra que no se ha logrado por la inversión en Educación, Sanidad o en servicios sociales para mejorar la calidad de vida de los valencianos. De hecho, muchos estudiantes y docentes recordamos que en los tiempos de bonanza económica, cuando nos visitaba el Papa y se regalaban bolsos de Louis Vuitton por doquier, gran parte de los centros educativos se desparramaban en barracones infectos, se obligaba a impartir Ciudadanía en inglés, se contrataban inspectores a dedo para velar que así se hiciera y se promocionaba la optativa de Chino a la vez que se reducía el número de plazas en oposiciones o se tardaban semanas en cubrir una baja laboral. 
En resumen, los servicios públicos de la Comunidad Valenciana no se beneficiaron  cuando hubo dinero, ni originaron la crisis, ni la agravaron, ni su recorte será la solución de nada: será, en todo caso, un parche populista que estallará tarde o temprano y que lastrará el futuro de millones de valencianos.