Manuel Chaves Rey

Manuel Chaves Rey: Páginas sevillanas

No se asusten, que no vengo a hablar del que fue Presidente de la Junta de Andalucía en tiempos recientes. Mi intención es viajar un poco más hacia el pasado y plantarme en la segunda mitad del siglo XIX, concretamente en 1870, fecha en la que nació este escritor, periodista e investigador de la historia local que nos dejó innumerables obras sobre el pasado sevillano.

Su nombre es bien recordado por quienes disfrutan de conocer las tradiciones y vericuetos del pasado de la capital andaluza; sin embargo, pocos, muy pocos, han podido acercarse a sus textos directamente. La mayoría de ellos fueron editados tan sólo en vida del autor en tiradas escasísimas (de 150 ejemplares consta la edición de las Páginas sevillanas de 1894), y solamente unos pocos han visto la luz en tiempos más modernos, siempre en publicaciones de ámbito local.

Mientras las obras de Matute, Guichot, Montoto, Gestoso o Rodríguez Marín, por poner sólo unos pocos ejemplos, se han visto reeditadas con asiduidad, los libros de Chaves Rey dormían el sueño de los justos, olvidados en los anaqueles de las bibliotecas. No creo que sea ajena a esta situación la influencia de su hijo, otro Chaves, de segundo apellido Nogales, muy renombrado. La clara vinculación republicana del hijo y su condición de exiliado, pienso, convirtieron en sospechoso y, hasta cierto punto, peligroso, el apellido Chaves durante los años del franquismo. Hay que esperar a la llegada de la Democracia para que se recupere la memoria del periodista Chaves Nogales y con él, de alguna manera, la de su padre, Manuel Chaves Rey.

Como me parece de justicia la recuperación de su obra, he dedicado algún tiempo al estudio de su vida y obra y me he decido a  preparar una humilde edición del libro Páginas sevillanas, compendio de breves crónicas y relatos sobre la Sevilla que va desde la conquista del rey Fernando III hasta la denuncia del olvido en que la ciudad tenía a finales del siglo XIX al poeta Gustavo Adolfo Béquer. Entre esos márgenes cronológicos, Chaves Rey repasa lugares existentes y desaparecidos, tradiciones, personalidades y gentes anónimas de la ciudad, instituciones y costumbres, sucesos históricos relevantes. Para quienes amen Sevilla o, simplemente, tengan interés por acercarse a la percepción que de ella tenía uno de sus habitantes más destacados, el libro Páginas sevillanas es obra de capital importancia.

Edición y estudio introductorio.


Escaparate de lecturas para el aula

La última semana de agosto es buen momento para traer al blog algunas de las lecturas que he ido conociendo en los últimos tiempos y que pueden servir para el aula. Algunos ya conocéis esos paneles de Pinterest en los que voy recopilando por un lado mis lecturas personales y por otro las Lecturas para el aula de Secundaria -al que he invitado a cuantos amigos he podido y al que podéis contribuir cuantos queráis-. El uso de Pinterest me resulta atractivo por tres razones: 1) el botón de pinear es fácil de usar en el navegador y ahora también en teléfonos inteligentes y tabletas; 2) su aspecto recuerda mucho al escaparate de una librería; 3) haciendo clic en las imágenes podemos dirigir a la página de la editorial, de la librería o de la reseña que más nos interese.
No obstante, al margen de ese catálogo visual de Pinterest ya en marcha, creo necesaria esta nota para resaltar algunas de esas lecturas con mayor detalle.
En la línea de novelas juveniles de amor, destaco tres títulos:

Pomelo y limón, de Begoña Oro (SM). Buenas dosis de enredo amoroso con programas de cotilleo de fondo. Tiene un blog relacionado y juega bien con esa ficción trasladada a la red. Tiene booktrailer.

La sonrisa perdida de Paolo Malatesta, de Ana Alcolea (Oxford). La relación de los protagonistas discurre a la par con una intriga muy bien documentada, con referencias artísticas y geográficas precisas que permiten enriquecer la lectura en el aula. Ideal para algún proyecto interdisciplinar.

Tqmc. Te quiero mucho, de Álvaro García Hernández (Sansy). Una novela que nació a partir del blog del profesor Álvaro García y que podría clasificarse como 'tremendismo sentimental adolescente'. Muy adictiva y con interesantes golpes de efecto literarios. Se puede leer en la red o contactar con la editorial para que te envíen una muestra.


Entre las lecturas que abordan temas de mayor dramatismo encontramos:

Alejandra, de Lola Gándara (Edebé). Una joven que desaparece y que esconde una extraña doble vida. Aunque los personajes son quizá muy prototípicos, es fácil de leer y se mantiene la intriga hasta el final.

Palabras envenenadas, de Maite Carranza (Edebé). Otra joven desaparecida, pero con un fondo muy distinto a la anterior. Novela muy dura de la que no se puede desvelar nada sin romper la intriga. Antes de llevarla al aula es conveniente que la lea el docente y valore su oportunidad.

21 relatos contra el acoso escolar, Varios autores (SM). Un tema abordado desde diversos puntos de vista y por distintos autores de renombre. Hay algunos relatos que se salen de los convencionalismos y que vale la pena leer en el aula.

Fuera de esas categorías están dos libros también distintos entre sí. 
El reino de Eidos, de Silvia Gosp (Alupa), es una novela de fantasía que reúne magia y mitología en una trama que combina con acierto los elementos más habituales del género

Por otro lado, Yo conocí a Muelle, de Jorge Gómez Soto (SM) recupera la prehistoria del grafiti español con una intriga juvenil de amistad y luchas callejeras. Muy interesante para trabajar también de manera interdisciplinar.

Espero que os sirva y que compartáis aquí, en Pinterest, en vuestros blogs o en cualquier red social vuestras recomendaciones para el aula.

Más notas relacionadas con lecturas juveniles:


Texto para practicar el comentario crítico

   La Asociación Psiquiátrica de EE.UU. edita una especie de guía Michelin de la locura que incorpora las nuevas adicciones, sea a las compras, al sexo o a… ¡Internet! La dolencia ha cruzado el Atlántico y ya es tratada en la unidad de juego patológico del hospital de Bellvitge, como nos ha contado Ana Macpherson en la sección de Tendencias. Sus primeros síntomas son tan cotidianos (necesidad de mirar la pantalla apenas te levantas para revisar el correo, los mensajes, la cuenta de Facebook y los tuits) que debemos estar ante una pandemia. En casa, en la calle, en el trabajo nos cruzamos cada día con centenares de personas en ese estado de alelamiento cibernético. De hecho, en ocasiones tenemos la duda de si alguna no será, en realidad, una app humana que ha sido activada y poseída por las aplicaciones informáticas que en su día se descargó. ¿Y todo eso, para qué? De entrada, hemos renunciado a nuestra capacidad de memorizar números de teléfono. Para eso tenemos el móvil. Al paso que vamos olvidaremos cómo se coge un bolígrafo y veremos mermada nuestra escritura gracias a herramientas diabólicas como el corrector ortográfico o el corta y pega. Eso sí, creeremos vivir en una idílica y cómoda democracia en red, en la que todos nos desnudamos inocentemente, mostramos imágenes íntimas y escribimos la última estupidez que se nos haya ocurrido. Pareceremos controladores aéreos encerrados en una torre, cuyo único contacto virtual con la realidad es la señal del radar. Y dejaremos una huella indeleble con todas las bobadas que se nos hayan ocurrido, con o sin piña colada, como lanzar una tuitería sobre la fealdad de Franck Ribéry cuando el problema del futbolista francés es que, a los dos años, sufrió un accidente de tráfico que le destrozó la cara.


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Reformas veraniegas

Pues ya se va terminando el periodo vacacional. Llegarán ahora el estrés, las colecciones otoñales de abanicos, mecheros y llaveros, las nuevas temporadas de las series y los realities, el reencuentro con la vida normal, que se dice pronto.

Como mis planes veraniegos se han visto trastocados por causas de fuerza mayor, he pasado la mayor parte del tiempo en casa, maquinando para no aburrirme demasiado y que los días no se hicieran tan interminablemente largos como los de Santiago de Chile, según dice dice don Nicanor Parra. El caso es que, dada mi alergia a los albañiles y demás artistas domésticos, me he decidido por acometer reformas en el hogar virtual y he blanqueado, pulido y dado la vuelta a la ya vieja Aula de Letras (que quince años no es nada, etcetera).

Lo primero ha sido limpiar el diseño general de las páginas para que ofrezcan una apariencia algo más moderna, a mi modo de ver.

Lo más interesante de esta primera reforma no creo que sea la simple apariencia sino lo inclusión de un canal RSS que permita hacer un seguimiento de las nuevas incorporaciones de recursos en el web, ya que antes se perdían en el exceso en que se estaba convirtiendo. Además, he incluído una página específica en la que se listan los nuevos recursos añadido para facilitar la tarea de búsqueda.

Ya puestos, he reformado, corregido y añadido tres de las unidades que dedico a otros tantos escritores. De esta manera, las páginas específicas “Comprender a Antonio Machado“, “Luis Cernuda” y “Ramón Mª del Valle-Inclán (grotesco personaje)” tiene ahora nueva apariencia, nuevos materiales y una mejor usabilidad.

Mientras andaba liado con estos cambios, localicé por la Red una ya antíquisima antología de textos burlescos de los Siglos de Oro que daba verdadera pena verla, así que me puse manos a la obra y la rediseñé por completo para hacerla más útil a día de hoy.

Otra sección que he reformado drásticamente ha sido la de Publicaciones. En ella había bastantes publicaciones electrónicas que preparé en el pasado y que ahora no parece demasiado interesante mantenerlas por la abundancia de lugares donde encontrarlas (no era así a finales de los años 90 del pasado siglo). En el fondo tengo alma de impresor antiguo, así que he cambiado el concepto y pretendo seguir ofreciendo en esta sección publicaciones electrónicas, pero más cuidadas, y textos raros o curiosos. Por el momento pueden encontrarse mis propios libros, así como las versión en PDF y EPUB de La muerte de Ivan Ilich, de León Tolstoi, los Poemas, de Edgar Allan Poe, y, en breve, de las Páginas sevillanas, de Manuel Chaves Rey. Los libros clásicos se presentan para descarga libre (aunque es posible que en el futuro ofrezca la posibilidad de comprarlos en versión impresa), mientras que los escritos por mí están disponibles para la compra a través de la editora bajo demanda Lulu, por si alguien desea colaborar en el esfuerzo de mantenimiento del web (aunque ya sabe el asiduo lector de este blog que suelo ofrecer versiones libres para la lectura en pantalla).

Otra de las novedades importantes que he introducido en la web de Aula de Letras ha sido la recuperación del aula virtual Moodle que había eliminado hace algún tiempo por diferentes problemas de seguridad. Vuelve a estar ahora en línea, aunque para acceder a los cursos se requiere registro gratuito, por el aquel de dificultar a los malos el posible estropicio. En el aula pueden encontrarse los cursos completos de Lengua y Literatura Española para 1º y 2º de Bachillerato, Literatura Universal de 2º de Bachillerato, Imagen fija y en movimiento, Blogs y escritura y un curso introductorio a la microficción.

Nueva apariencia tiene también RevAL, la Revista de Aula de Letras, en la que algunos de los usuarios se han dignado colaborar en tiempos pasados y que dormía el sueño de los justos. Entre mis pretensiones está la de darle nueva vida, prestando con ella un espacio abierto a la participación de todos aquellos que quieran decir algo sobre estas humanidades nuestras tan vapuleadas por la postmodernidad.

Como puede apreciarse, un verano completito de cambios el que ha sufrido la anciana Aula de Letras  y que se hacía necesario para sobrevivir en este mundo virtual cada vez más micro, instantáneo, coyuntural, urgente y, en ocasiones, vacío de contenidos libres para usar en el aula o en la casa o donde se quiera.

Ahora ya las vacaciones están tocando a su fin y el volumen de reformas y novedades será, por fuerza, algo menor, porque hay que trabajar, amigos míos, que los profesores tenemos muchas vacaciones y nos pasamos dos meses tumbados al sol sin dar un palo al agua.

 


Plantilla para la evaluación de una exposición oral



La comunicación oral humana utiliza un 87% de signos no verbales, tales como los gestos de los interlocutores, su tono de voz, vestimenta o distancia que pueden guardar durante una conversación presencial, frente al 13% restante reservado para las palabras. Por tanto, lo que transmitimos es tan importante o más que lo que decimos en muchas situaciones comunicativas, ya sean cotidianas o profesionales, como entrevistas de trabajo, debates o conferencias.
La Escuela, en cambio, no ha reconocido la importancia de la comunicación oral en la proporción que resultaría necesaria en la vida real de muchos estudiantes, en parte, por la deriva hacia la comunicación escrita que implican tanto el sistema actual de evaluación como las bases metodológicas más tradicionales de la enseñanza de lenguas. Esta deriva tiene como excusa principal la especial dificultad a la hora de calificar, de manera objetiva, una prueba oral más allá de los contenidos puramente conceptuales y la desconfianza en la estandarización de parámetros que se utilicen como descriptores o rúbricas, es decir, de habilidades que debe dominar un estudiante al finalizar un proceso de aprendizaje, pues muchos compañeros alegan que cualquier estándar puede esconder una falsedad, una manipulación más o menos interesada por múltiples razones.
En lo que respecta a mi práctica docente, también comparto esa desconfianza en la excesiva estandarización de los instrumentos de evaluación, ya que muchas veces conllevan una atomización de la calificación que la alejan de una valoración efectiva de la capacidad del alumno, puesto que la suma de tantas notas menores, los árboles, a veces, no dejan ver el bosque. Por otra parte, creo que es un riesgo menor y mucho más calculado que dejarse llevar por la evaluación impresionista, por la calificación " a ojo", que suele estar más condicionada por las circunstancias personales de lo que un evaluador estaría dispuesto a admitir.
La plantilla para la evaluación de una exposición oral que comparto en esta entrada obedece más a necesidades prácticas, del día a día en el aula, que al ánimo de solucionar problemas de índole teórica. Por ello, su planteamiento y ciertos elementos que contiene, aun sin vulnerar el rigor lingüístico, pueden ser revisados e incluso modificados. La búsqueda de un enfoque menos convencional para tratar los contenidos literarios en tercero de ESO durante el curso pasado fue el empuje definitivo. La visión historicista de la literatura suele desembocar en cierta apatía y, en algún caso, rechazo entre el alumnado de este nivel, que percibe, entonces, la materia como poco participativa, plagada de movimientos, nombres propios y de textos que, a menudo, exceden en mucho su capacidad interpretativa. La exposición oral puede constituir una solución adecuada si se adopta como raíz de un enfoque más amplio, el de los proyectos de trabajo, donde se reparta los papeles de cada alumno y se respeten las tres fases principales: planificación, elaboración y ejecución.
Esta plantilla no solo contempla el reparto de papeles y la valoración de las tres fases, sino que pretende orientar al alumno durante todo el proceso, ya que tomarán los parámetros que ofrece este documento tanto como criterios de evaluación que el profesor tendrá en cuenta como objetivos que deberán alcanzar tras la exposición. Muchos están inspirados en errores o vicios que se han ido recopilando de exposiciones orales de otros cursos, de entradas de blogs que trataban de combatirlos mediante retahílas de consejos o de una bibliografía selecta que citaré al final. Además, también tiene en cuenta la elaboración de un guión escrito  previo y la presentación de un power point en calidad de materiales de apoyo para la exposición. Sin embargo, no se ha tenido en cuenta la vestimenta o la apariencia del orador porque no se ha considerado relevante en el ámbito de Secundaria, aunque se puede añadir en el documento en doc si se considera oportuno, así como eliminar alguno de sus apartados por entender que la lista es demasiado prolija o exhaustiva para el uso que se le quiera dar.


PARA SABER MÁS:

CAMPS, Anna (comp.) et alii, Secuencias didácticas para aprender a escribir, Editorial Graó, nº 187, Barcelona, 2003.

GARCÍA-CAEIRO, Ignasi, VILÀ, Montserrat, BADIA, Dolors, LLOBET, Montserrat, Expresión oral, Biblioteca de Recursos Didácticos Alhambra, Alhambra Longman, Madrid, 1994.

INSTITUTO CERVANTES, Saber hablar, Antonio Briz Gómez (coord.), Santillana Ediciones Generales (Aguilar), Madrid, 2008.

PÉREZ ESTEVE, Pilar, ZAYAS, Felipe (eds.), Competencia en comunicación lingüística, Alianza Editorial, Madrid, 2007.

RODRÍGUEZ GONZALO, Carmen (ed.), La Lengua escrita y los proyectos de trabajo. Propuestas para el aula, Perifèric Edicions, Valencia, 2008.

VILÀ I SANTASUSANA, Montserrat (coord.), El discurso oral formal. Contenidos de aprendizaje y secuencias didácticas, Editorial Graó, nº 216, Barcelona, 2005.

Por último, resultan imprescindibles algunos de los enlaces que guardo con la etiqueta "oral" en el marcador social Míster Wong para comprender el proceso de elaboración de esta plantilla.


Sesquidécada: agosto 1997

Los meses de agosto producen casi siempre lecturas desordenadas y con cierta tendencia al caos. En esos catálogos veraniegos lo mismo se puede hallar un best seller que un sesudo ensayo, un breve opúsculo o un tocho de mil páginas. En el agosto de 1997 encuentro junto a las recopilaciones de cuentos de verano, regaladas por revistas de la época, un monográfico sobre la filosofía del amor en la literatura española de los Siglos de Oro; pegadito a las historias del Padre Brown, del divertido Chesterton, hallo un librito de divulgación acerca de criptografía. Pero como una sesquidécada debe ceñirse a la selección de entre uno y tres libros, debo rescatar sin duda la magnífica novela Sostiene Pereira, del recientemente fallecido Antonio Tabucchi. Se trata de una obra impresionante en cuanto al estilo y en cuanto al contenido. Ambientada en la ciudad de Lisboa durante la dictadura de Salazar, el personaje de Pereira representa la libertad de prensa y de conciencia, así como la lucha contra el totalitarismo. El ritmo de la narración llega por momentos a ser tan opresor como el contexto en el que se desarrolla la trama.
En aquel de agosto de 1997 también leí los Evangelios, pero abordar mis impresiones sobre su lectura en este blog, tanto en lo literario como en lo político-religioso, puede convertirse en un ejercicio de riesgo extremo para este otro tranquilo mes de agosto en el que aún nos quedan unos cuantos días para disfrutar de lecturas al sol. Por cierto, desde principios de año voy recopilando mis lecturas en un tablero de Pinterest; lo digo por si alguien se anima a compartir también las suyas.

Más sobre contenidos fosilizados en la enseñanza de la lengua

acto género función registro

En el post Fósiles, escrito hace varios meses, ponía ejemplos de contenidos de lengua fosilizados: el esquema de la comunicación, las funciones del lenguaje, la variación lingüística, las tipologías textuales… Elegí estos ejemplos, entre otros muchos posibles, por su pretendida relación con un enfoque comunicativo.

El post tuvo varios comentarios: en algunos había coincidencia o, al menos, proximidad con mis juicios; pero en otros (como en Mundos periféricos) se expresaba la extrañeza por que yo tuviera por “fósiles” unos conocimientos que, al menos desde la perspectiva de la enseñanza del español para extranjeros, parecían útiles. Estos comentarios merecían respuesta para aclarar mi punto de vista, pero no respondí en su momento. Voy a intentarlo en este nuevo post.

Acto de habla, funciones del lenguaje, género discursivo, registro

Considero que estos cuatro conceptos son muy importantes, porque fundamentan un modo de entender la lengua y su enseñanza:

  • Hablar y escribir es interactuar en las diversas esferas de la actividad social con determinadas intenciones.
  • Interactuamos mediante los diferentes géneros discursivos propios de cada ámbito social.
  • Cada género se caracteriza por unos temas, unas formas compositivas y un estilo funcional, es decir, por un determinado registro. Enseñar una lengua es enseñar a apropiarse de estas diversas formas genéricas mediante las que se efectúa la comunicación.
  • La lengua nos proporciona los recursos para actuar mediante el lenguaje en diferentes situaciones y con diferentes finalidades, es decir, mediante los diferentes géneros discursivos. Esta potencialidad lingüística es el sentido que se ha de dar al concepto de “funciones del lenguaje”.

Pero resaltar la importancia de estos conceptos no significa que los alumnos deban estudiarlos, es decir, memorizarlos y dar cuenta de ellos en un examen. Además, estos contenidos llegan al aula en forma necesariamente simplificada, se transmiten de forma dogmática, se apoyan en ejemplos estereotipados y alejados de contextos de comunicación reales, no se muestra la relación que existe entre ellos (lo hago en el mapa conceptual de arriba), no se vinculan a las actividades de lectura y de composición de textos, etc.

Cuando califico estos contenidos como fósiles me refiero, por tanto, al modo como  se tratan en los libros de texto y en el aula, no a su importancia para la fundamentación de una práctica docente reflexiva.

Géneros discursivos y tipos de textos

La confusión entre estos dos conceptos debe ser disipada. La alfabetización (cultura letrada, literacidad o como se quiera llamar) consiste en el dominio de las prácticas discursivas propias de las diversas esferas de la vida social: el ámbito público,    el académico, el profesional, etc. Estas prácticas discursivas se llevan a cabo mediantes los géneros discursivos o formas  convencionales que hemos ido creando para ello:  normas y reglamentos, informes y memorias, columnas periodísticas, instrucciones, folletos informativos, cuentos, etc. En consecuencia, el objeto de enseñanza y aprendizaje son las habilidades para comprender y para componer las  diversas clases de textos mediante las que llevamos a cabo estas diversas prácticas  discursivas en los diferentes ámbitos sociales. (En el artículo “Los géneros discursivos y la enseñanza de la composición escrita”, que se acaba de publicar en el número 59 de la Revista Iberoamericana de Educación trato de mostrar la importancia del concepto de género de texto para la enseñanza y el aprendizaje de la composición escrita).

¿Y qué papel desempeñan en todo esto las tipologías textuales? ¿Qué son los tipos de textos?

Los tipos de textos son abstracciones, elaboraciones  teóricas de los lingüistas en su empeño por establecer regularidades dentro de la diversidad discursiva. Se han propuesto tipologías textuales diferentes  basadas en criterios de tipologización también diversos.  Ninguna de estas tipologías pretenden dar cuenta de la complejidad de los textos reales –es decir, los géneros del texto-, sino determinados aspectos de la textualidad.  Así, hay tipologías que se basan en el anclaje del enunciado en el contexto de la enunciación. Según este criterio se distinguen diferentes arquetipos discursivos –discurso en situación, discurso teórico, relato conversacional y conversación– caracterizados por  determinadas marcas lingüísticas. Otras tipologías se ocupan del modo de estar estructuradas las ideas: la estructura narrativa se distingue de la expositiva, argumentativa, etc. Incluso es posible distinguir diferentes  formas de exposición (definición, clasificación, secuencia temporal, causa-consecuencia, etc.).

En definitiva, las tipologías textuales aportan conocimientos sobre regularidades que podemos  observar en los textos –de tipo pragmático, semántico, organizativo…- y que hemos de tener en cuenta al enseñar a leerlos y a componerlos. El papel de las tipologías en la enseñanza es iluminar determinados aspectos de la textualidad y no incrementar los contenidos conceptuales de los que los alumnos han de dar cuenta, de forma memorística y acrítica, en un examen.

En algunos comentarios al post al que me he referido más arriba se hablaba de la utilidad de los tipos de texto como modelo para guiar a los alumnos en su aprendizaje de la composición escrita. Supongo que a estas alturas de este post queda claro que para mí son los géneros discusivos, no los tipos de textos,  los que han de servir como modelos para guiar la composición escrita. Los tipos de textos serán útiles para trabajar determinados aspectos de la textualidad, como el uso de marcas enunciativas, la estructura de un descripción si ésta forma parte de un determinado género (por ejemplo, un folleto publicitario, un cuento una entrevista…)

Tipologías textuales y currículum

¿Son las tipologías textuales un contenido conceptual prescrito en los currículos oficiales?

Si rebuscamos en el Real Decreto 1631/2006, del 29 de diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas correspondientes a la ESO,  no encontraremos por ningún lado el término “tipos de texto” ni el de “tipologías textuales”. Siempre se habla de comprender y componer las clases de textos propios de los diferentes ámbitos sociales.

¿Cómo han llegado a convertirse en un contenido escolar de tipo conceptual?

Probablemente ha sido incluido, de forma innecesaria,  por las administraciones educativas de algunas Comunidades Autónomas en sus currículos, y a partir de ahí, ha sido sacralizado por los libros de texto.

En nuestra tradición escolar han dominado siempre los contenidos conceptuales que el profesor explica y el alumno memoriza y repite; o demuestra que comprende mediante actividades de identificación y análisis de formas verbales. A partir de los años 90, cuando se puso énfasis en el enfoque comunicativo de la enseñanza de la lengua –lo que habría obligado a una revisión en profundidad de los contenidos y de la metodología- se introdujeron conceptos relacionados con el uso de la lengua que adquirieron una naturaleza semejante al resto de contenidos de la tradición escolar. Así, los alumnos debieron aprender a definir los conceptos de adecuación, coherencia y cohesión; a clasificar, reconocer y definir diversos procedimientos de cohesión; y, cómo no, a recitar las características de diferentes tipos de texto y a ejemplificarlos con textos propios y ajenos. El fenómeno ya se había dado años antes con conceptos como los elementos de la comunicación y las funciones del lenguaje, enseñados como se ha indicado más arriba de forma simplificada y dogmática.

Los libros de texto han incluido estos conceptos y han contribuido a su proceso de fosilización.

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