Sesquidécada: junio 1998

Junio de 1998 tiene sabor de letras hispánicas: Juan José Millás, Adolfo Bioy Casares, Luis Mateo Díez o José Saramago son los pobladores de aquellas lecturas de hace quince años. Esta sesquidécada se ocupará únicamente de los dos últimos, quizá porque más adelante haya tiempo de hablar de los otros.
Luis Mateo Díez es uno de los grandes escritores de finales del siglo XX que, a mi juicio, no ha tenido todo el reconocimiento que merece. Su prosa elegante pero sencilla, su humor fino, la indagación en las relaciones humanas y en los recovecos de la memoria, hacen de sus novelas un remanso de literatura de gran calidad. Tuve, además, la suerte de escucharlo en alguna de sus charlas públicas y pude comprobar que también en las distancias cortas sabe mantener ese discurso ameno y sobrio a la vez. Ya tuve ocasión en otra sesquidécada de recomendar algunas de sus novelas (Las horas completas o La fuente de la edad, geniales), pero la lectura que cumple ahora quince años es Camino de perdición, una especie de road movie o de odisea de lo cercano que, precisamente por lo próximo a la cotidianidad resulta aun más inquietante.

Poco puedo explicar de José Saramago que no hayan detallado ya cientos de artículos y ensayos sobre este escritor y pensador que supo advertirnos en más de una ocasión de que el emperador andaba desnudo. Al igual que con Luis Mateo Díez, resulta difícil seleccionar alguna de sus obras por encima de las demás. Ya hablé en este blog de una de mis preferidas, pero hoy toca mencionar el Ensayo sobre la ceguera, una alegoría sobre la humanidad que considero imprescindible, incluso por encima de otros clásicos de la literatura o la filosofía (menos panfletos de autoayuda y más Saramago, habría que decir). Al hilo de aquella distopía de una sociedad invidente que tanto me impactó, escribí una reseña de la que rescato algún fragmento:
La novela nos lleva a ese umbral del horror que supone un mundo sin referencias, en el que el dominio de la incertidumbre desemboca en la desesperación. Hay mucho de los clásicos del horror: la blancura de la ceguera es la blancura final de la Narración de Arthur Gordon Pym, el magistral relato de Poe, autor también recordado en esa escena dantesca del sótano del supermercado, o cuando los perros despedazan los cadáveres por las calles. (...)  La propia ceguera humana es la responsable del horror, de la aniquilación de unos seres por otros. El camino hacia la destrucción sólo procede de la incapacidad de "ver" lo que somos y de asumir "imaginariamente" lo que constituyen nuestros actos. La ceguera física no es más que una acentuada manifestación de una ceguera más profunda...
Para quienes no saben qué leer este verano, tras esta nota pueden elegir entre el discurso evocador del leonés o la inquietante realidad visionaria del portugués. Felices lecturas.

Simplificar

Siempre me ha gustado simplificar; pero, habitualmente, la fiebre reductora me conduce al terreno de las trampas. Ya de pequeño, recuerdo que disfrutaba con la simplificación de ecuaciones y me parecía mágico que esas retahílas de incógnitas pudiesen quedar reducidas a una expresión mínima. Reconozco que nunca llegué a comprender plenamente un proceso que realizaba de forma mecánica, como llevado por una fuerza interior que se apoderaba de mi lápiz para -¡oh, milagro!- arrojar un resultado válido. Más adelante descubrí otras simplificaciones a las que encontraba más sentido: reinados completos encerrados en esquemas, movimientos literarios que se ajustaban a los estrechos límites de un diagrama o textos capaces de habitar entre la escueta trama de un mapa de conceptos. A diferencia de la matemática, en estas otras simplificaciones sí que era consciente del proceso. Y de la falacia. Aprendí la técnica, obviamente.

Y aquí estoy. Reduciendo y engañando para comprender y hacer comprender. Un ejemplo. Miren la foto.

Simplificando

¿Qué piensan? En lo formal, simplicidad: dos colores en una corta gama nada más. En el contenido, decrepitud, abandono, vejez, modernidad destruída. Si son sevillanos identificarán la farola sin demasiados problemas y al hacerlo surgirán nuevas ideas: veinte años ya desde la Exposición Universal de 1992; abandono de las instituciones de un espacio que lo fue de orgullo; indignación, quizás, por haber desaprovechado la oportunidad que la Exposición dio a la ciudad.

Sin embargo, esas ideas no son la verdad o, al menos, no son toda la verdad. La Exposición transformó la ciudad y en la Isla de la Cartuja se han instalado una serie de empresas tecnológicas que -según nos dicen- están aguantando moderadamente bien la crisis, muchos edificios siguen utilizándose y se han construído otros nuevos, la universidad ha trasladado allí algunos de sus centros. La foto es una falacia, aunque sea simple. Menos es más, se repite hasta la extenuación, aunque en numerosas ocasiones no sea más que una manera elegante de hurtar la información necesaria para comprender o de canalizar el sentido en la dirección deseada por el emisor.

Pese a todo, la simplificación es atractiva; adictiva, incluso: 3x + 5x = (3 + 5) x = 8x. Es estupendo que todo quede reducido a 8x, sin importar la idiosincrasia de cada una de esas incógnitas, su pasado, su corazoncito palpitante, su historia personal. Simplemente son un conjunto de ocho. Nada más. A eso lo llamo yo tranquilidad espiritual y Jorge Guillén lo llamó perfección:

Dije: Todo ya pleno.
Un álamo vibró.
Las hojas plateadas
Sonaron con amor.
Los verdes eran grises,
El amor era sol.
Entonces, mediodía,
Un pájaro sumió
Su cantar en el viento
Con tal adoración
Que se sintió cantada
Bajo el viento la flor
Crecida entre las mieses,
Más altas. Era yo,
Centro en aquel instante
De tanto alrededor,
Quien lo veía todo
Completo para un dios.
Dije: Todo, completo.
¡Las doce en el reloj!

Guillén aún es capaz de simplificar más hasta eliminar las connotaciones temporales y paisajisticas. En una pirueta lírica, el poeta reduce la perfección, siglos y siglos de reflexión en torno a esa idea, a una humilde butaca.

¡Beato sillón! La casa
corrobora su presencia
con la vaga intermitencia
de su invocación en masa
a la memoria. No pasa
nada. Los ojos no ven,
saben. El mundo está bien
hecho. El instante lo exalta
a marea, de tan alta,
de tan alta, sin vaivén.

Ha reducido; pero ha hecho trampas, lo sabemos. Tenemos la intuición de que el mundo no está tan bien hecho, aunque Guillén se empeñe en afirmar lo contrario. ¡Qué grande es don Jorge! ¡Y qué mentiroso! Un auténtico maestro.


Simplificar

Siempre me ha gustado simplificar; pero, habitualmente, la fiebre reductora me conduce al terreno de las trampas. Ya de pequeño, recuerdo que disfrutaba con la simplificación de ecuaciones y me parecía mágico que esas retahílas de incógnitas pudiesen quedar reducidas a una expresión mínima. Reconozco que nunca llegué a comprender plenamente un proceso que realizaba de forma mecánica, como llevado por una fuerza interior que se apoderaba de mi lápiz para -¡oh, milagro!- arrojar un resultado válido. Más adelante descubrí otras simplificaciones a las que encontraba más sentido: reinados completos encerrados en esquemas, movimientos literarios que se ajustaban a los estrechos límites de un diagrama o textos capaces de habitar entre la escueta trama de un mapa de conceptos. A diferencia de la matemática, en estas otras simplificaciones sí que era consciente del proceso. Y de la falacia. Aprendí la técnica, obviamente.

Y aquí estoy. Reduciendo y engañando para comprender y hacer comprender. Un ejemplo. Miren la foto.

Simplificando

¿Qué piensan? En lo formal, simplicidad: dos colores en una corta gama nada más. En el contenido, decrepitud, abandono, vejez, modernidad destruída. Si son sevillanos identificarán la farola sin demasiados problemas y al hacerlo surgirán nuevas ideas: veinte años ya desde la Exposición Universal de 1992; abandono de las instituciones de un espacio que lo fue de orgullo; indignación, quizás, por haber desaprovechado la oportunidad que la Exposición dio a la ciudad.

Sin embargo, esas ideas no son la verdad o, al menos, no son toda la verdad. La Exposición transformó la ciudad y en la Isla de la Cartuja se han instalado una serie de empresas tecnológicas que -según nos dicen- están aguantando moderadamente bien la crisis, muchos edificios siguen utilizándose y se han construído otros nuevos, la universidad ha trasladado allí algunos de sus centros. La foto es una falacia, aunque sea simple. Menos es más, se repite hasta la extenuación, aunque en numerosas ocasiones no sea más que una manera elegante de hurtar la información necesaria para comprender o de canalizar el sentido en la dirección deseada por el emisor.

Pese a todo, la simplificación es atractiva; adictiva, incluso: 3x + 5x = (3 + 5) x = 8x. Es estupendo que todo quede reducido a 8x, sin importar la idiosincrasia de cada una de esas incógnitas, su pasado, su corazoncito palpitante, su historia personal. Simplemente son un conjunto de ocho. Nada más. A eso lo llamo yo tranquilidad espiritual y Jorge Guillén lo llamó perfección:

Dije: Todo ya pleno.
Un álamo vibró.
Las hojas plateadas
Sonaron con amor.
Los verdes eran grises,
El amor era sol.
Entonces, mediodía,
Un pájaro sumió
Su cantar en el viento
Con tal adoración
Que se sintió cantada
Bajo el viento la flor
Crecida entre las mieses,
Más altas. Era yo,
Centro en aquel instante
De tanto alrededor,
Quien lo veía todo
Completo para un dios.
Dije: Todo, completo.
¡Las doce en el reloj!

Guillén aún es capaz de simplificar más hasta eliminar las connotaciones temporales y paisajisticas. En una pirueta lírica, el poeta reduce la perfección, siglos y siglos de reflexión en torno a esa idea, a una humilde butaca.

¡Beato sillón! La casa
corrobora su presencia
con la vaga intermitencia
de su invocación en masa
a la memoria. No pasa
nada. Los ojos no ven,
saben. El mundo está bien
hecho. El instante lo exalta
a marea, de tan alta,
de tan alta, sin vaivén.

Ha reducido; pero ha hecho trampas, lo sabemos. Tenemos la intuición de que el mundo no está tan bien hecho, aunque Guillén se empeñe en afirmar lo contrario. ¡Qué grande es don Jorge! ¡Y qué mentiroso! Un auténtico maestro.


Seis y medio

Una última entrada, amigos, antes de cubrir los muebles, cerrar el chiringuito, apagar la luz y bajar la persiana. Os queríamos acompañar en estas últimas horas de este curso que, bien mirado, empezó ayer mismo; coliflarnos entre vuestros últimos exámenes e informes; animaros y, en la medida de lo posible, robaros una sonrisa. Vamos, un post ligerito, como para un seis y medio;-)

  • Os imaginamos, compañeros, a estas alturas de la peli, evaluando, calificando esa última prueba de suficiencia en la que habéis recogido, condensado, unos objetivos mínimos que os parecen irrenunciables. ¿Lo son realmente?

Einstein

Crédito de la imagen

Un consejo: relajaos. Vuestra nota no va a alterar lo inevitable. Hacednos caso: la suerte, la fatalidad, conocen atajos que no figuran en nuestro gps.

notas rajoy

Crédito de la imagen

  • Os intuimos haciendo memoria(s). Engorroso trámite.

Una sugerencia: abrid el diccionario y echad un vistazo al término que define nuestra tarea. Sed rigurosos: lo sois con vuestros alumnos.

Enseñar

¿Hemos enseñado (3) o enseñado (2) o quizás enseñado (4)? Tal vez, en más de una ocasión -y eso es lo terrible- hayamos enseñado (1). Ojalá no nos hayamos enseñado (6) a enseñar (1).

Buen verano; feliz y merecido descanso. Moderación en bañadores y bikinis: no vayáis por ahí enseñándolo (5) todo.

Tres Tizas


Esfuerzos y recompensas


Se acabó el curso y llegan días de informes y memorias. Al margen de toda esa burocracia de archivo que nadie lee, creo que vale la pena escribir unas memorias reales, las que muestran no solo los resultados sino todo el proceso que ha habido detrás, porque lo bueno de trabajar proyectos por competencias es que al final se hacen visibles todos los pequeños avances del año. Es posible que ya conozcáis la mayoría de actividades en las que he estado embarcado, pero dejo a continuación el enlace a los sitios de referencia y a los blogs de los distintos niveles (también podéis acceder desde la presentación que abre esta nota):

Proyectos:
Blogs:
Más allá de esa muestra de trabajos que desmiente todos los tópicos sobre el escaso trabajo de profes y alumnos, me gustaría aprovechar este cierre de curso para agradecer a mis alumnos y alumnas el entusiasmo y esfuerzo que han demostrado en los proyectos en los que los he embarcado (y también a los profes que se sumaron a ellos). De manera general, creo que han disfrutado y aprendido mucho. Mientras unos lo han hecho explícito en memorias o autoevaluaciones, otros lo han declarado de manera discreta, con pequeños gestos, despidiéndose con cariño en pasillos y aulas. Sin embargo, este año me quedo con el mejor regalo que puede recibir un docente: el agradecimiento sorpresa de todo un grupo. A tales esfuerzos, tales recompensas.


PROYECTO AUDIOVISUAL "LO TUYO ES PURA LEYENDA"




Parecía que no, pero ha llegado el día. Tras meses de trabajo de docentes y alumnos, os presentamos por fin Lo tuyo es pura leyenda, un proyecto audiovisual colaborativo realizado durante el curso 2012-2013 de forma simultánea por alumnos de 4º de ESO de 5 centros educativos de diferentes puntos de España: Colegio Ágora Portals (Mallorca), IES Basoko (Pamplona), IES Las Flores (Málaga), Colegio Sagrada Familia (Alcoi, Alicante) e IES Aurora Picornell (Palma de Mallorca).

El proyecto, ideado por el profesor J. Daniel García del Colegio Ágora Portals y secundado por otros siete docentes, tenía como objetivo que los alumnos creasen cortometrajes basados en las leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer, acompañados de una memoria del proyecto que recogiese el proceso de producción del cortometraje (sinopsis, tratamiento, escaleta, guión literario, guión técnico, storyboard...) junto al cartel publicitario del corto y su tráiler. El proyecto implica un proceso en 4 fases en las que se aúnan el estudio y aprecio de la literatura, la comprensión lectora, la utilización de los medios audiovisuales, la expresión escrita, la exposición oral y el trabajo colaborativo.





Hemos realizado una premier paralela de los cortos en los 5 centros, hemos salido en la tele, en Onda Cero, en periódicos locales, en boletines oficiales de Educación y en Cero en conducta; pero lo más importante de todo: hemos aprendido y lo hemos pasado bien.


Este plural no es mayestático. Han aprendido los profesores y los alumnos, las familias y hasta podríamos decir que los centros. Y todo con un nexo común: el estudiante y Gustavo Adolfo Bécquer.


Este proyecto, que al principio parecía una locura, ha llegado a buen puerto.
Cinco colegios e institutos de toda España se han coordinado y han aunado sus esfuerzos ante  un mismo objetivo: enseñar disfrutando-aprender divirtiéndose. Y, finalmente, tenemos que  decirlo: lo hemos conseguido.


Durante el proceso, hemos aprendido qué es el  lenguaje audiovisual:  el plano, la secuencia, el storyboard, la escaleta, el guión literario y técnico ya no son términos desconocidos para nosotros. Hemos repasado nuestra ortografía, la gramática; hemos hablado de literatura, de historia, de arte, de cine... Y hemos conversado  entre nosotros a través de hangouts que han deconstruido el aula hacia un mundo actual interconectado.

Ha sido toda una experiencia que nos deja un gran sabor de boca y queremos compartirlo, esperamos que os gusten porque Lo tuyo también es pura leyenda 




Al ser un proyecto abierto, cada centro ha adaptado las características básicas del proyecto a las circunstancias específicas de nuestro alumnado. Os dejo aquí la concreción que hemos seguido en el IES Basoko




#puraleyendaXIX

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Dies irae

Dies iræ, dies illa,
Solvet sæclum in favilla,
Teste David cum Sibylla!
Tomás de Celano

Ya está otra vez espiándome a través de la ventana, con sus ridículas calzas verdes y ese sombrerito que le pone cara de amanita phalloides, aunque sin la incertidumbre que el micorrizógeno atesora. A su lado chisporrotea como siempre la lucecita que es su eterna compinche, tan enervante y presuntuosa. Sé que están deseando que les deje el camino franco, porque fuera hiela y la niebla envuelve el edificio como en las peores noches del invierno, y que si lo hago me contarán alguna historia delirante sobre la sombra o las fieras que habitan al oeste de la isla. Pero no voy a hacerlo, esta vez no. No comprendo qué les pasa a estos dos. Al regreso de la última aventura fui lo suficientemente clara: “No estoy dispuesta a ser segundo plato de nadie”, le dije con la intención de que no gritase más “¡Bangueran!” y borrase de una vez su estúpida sonrisa de la cara. No me queda otra alternativa, así que desde este momento dejo de creer en las hadas y que se vayan al infierno el cocodrilo, los niños perdidos, Smee, Garfio, los indios, el Jolly Roger y, sobre todo, los insufribles Peter y Campanilla. Ni una lágrima pienso derramar por ellos. ¡Uf, cómo me duele el vientre! ¡Menos mal que sólo es así el primer día del ciclo!


Piénsame el amor y te comeré el corazón


En el país de #piensamelamor, unos profes acostumbraban a celebrar la vida con palabras. Las extendían al sol, las vestían de sedas y tules e incluso les preparaban nidos para que, una vez caída la noche, pudieran descansar de su intenso oficio. Nombrar todas las cosas del mundo podía ser un trabajo agotador. Cada día era una fiesta, cada día tenía su palabra especial. 
Cuando llegó el momento de cuidar de la palabra poesía, los alumnos se encargaron de ella: la combinaron con muchas otras, en especial con el amor, y la aderezaron con unas figuras tan retóricas que no dejaron de acicalarse para la ocasión.
Las palabras volaban y vivían en los libros. Siglo a siglo, había caído sobre ellas un polvo de estrellas que las hacia mas brillantes, pero a la vez, turbaba el entendimiento con su esplendor. Tanto era así, que llegó a un punto en el que los estudiantes las veían brillar, pero no las entendían. Y ocurrió entonces que unos profes aspirantes a mago se reunieron en un lugar mágico también: Peñaranda de Bracamonte, donde muchos sueños pedagógicos van a echar la siesta.
Y fue allí, en esa conjura docente, donde los profesores imaginaron un proyecto que devolviera el brillo a las palabras para goce de sus estudiantes, el goce de pensarlas, amarlas y comérselas. El sortilegio tomó forma y durante todo un año, los estudiantes disfrutaron de aquella fiesta de la palabra, de la exaltación del amor y la poesía en el aula, del acto cabalístico de darles savia nueva hasta crear retazos de vida animada, de poemas en carne viva. Y así, jugando, nació este proyecto que ahora podréis conocer al completo:


Este es nuestro regalo, este es el regalo de nuestros estudiantes. El regalo de la palabra poética, amor y poesía en el aula.

Más información también en nuestros proyectos:

El complemento indirecto

El complemento indirecto es la función oracional que indica el destinatario de la acción nombrada por el verbo y el complemento directo (CD).
En  www.delenguayliterarura.com tienes una nueva entrada explicando el complemento indirecto. Pincha AQUÍ para acceder. También puedes ver la explicación en vídeo (se recomienda verlo en pantalla completa):

complemento indirecto cómo reconocerlo


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