Sesquidécada: julio 1999

Hay libros que uno acaba de leer con la inquietante sensación de no haberlos saboreado al completo, de no haber paladeado bien los matices... con la sensación de haberlos tomado a destiempo y haber echado a perder su bouquet. Me ocurrió con La región más transparente, de Carlos Fuentes, con Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, con las Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, y también con una de las lecturas rescatadas en esta sesquidécada: Rayuela, de Julio Cortázar.

Leí Rayuela con la impaciencia de un joven ante su primer amor, con la exigencia -moral y profesional- de disfrutar de una obra maestra. Me impactó el universo de la Maga, Horacio Oliveira y Rocamadour; noté que paseaba por las calles de un París mítico y, todavía hoy, quince años después, veo a los personajes vagar por sus calles con un cierto halo de nostalgia. Aunque había leído bastantes relatos de Cortázar, me pareció una escritura nueva, un estilo distinto, intelectual pero profundamente humano. Sé que he de volver a Rayuela cuando llegue su momento, con la serenidad de un tiempo sin prisas y sin miedo, como se reviven los amores juveniles desde la atalaya de la edad. 

Reconozco que la segunda lectura que rescato me impresionó tanto o más que la anterior. Se trata de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll. Os voy a ahorrar cualquier reseña de esta novela mal catalogada como infantil, como tantas otras de su estilo. El universo de Lewis Carroll es una delicia para cualquier lector en general y para los filólogos en particular. Por cierto, si os gusta Carroll y tenéis ocasión, leed el relato de Fredric Brown La noche a través del espejo, otra delicatessen.

Por último, no voy a dejar pasar la ocasión de reseñar una joya de la literatura tal vez relegada por la grandeza de otras obras del autor. Se trata del Tirano Banderas, de Ramón María del Valle-Inclán. En esta época de calor no sé si será procedente embarcarse en una "novela de tierra caliente" sin sufrir en demasía. Lo que sí recomiendo es que os acerquéis en alguna ocasión a esa prosa inimitable de Valle, a su humor negro, al preciosismo lingüístico y literario de sus diálogos, a la creación de un arquetipo, el del tirano americano, que ha traspasado ya las fronteras del tiempo y del espacio. Lecturas que son un lujo a nuestro alcance.

Novadors y buena compañía



Mi primer Novadors fue en 2009 y llegué a él de la mano de mi maestra y mentora en el mundo de las TIC: Ana Ovando. Aquel Novadors, junto a Getxolinguae y Espiral Edublogs supusieron la confirmación de que mis ídolos de la red eran personas de carne y hueso; de hecho, algunos de ellos acabaron siendo buenos amigos en la red y fuera de ella.
Hoy día me resulta imposible hacer una crónica de mi paso por Novadors14 y mencionar a todos aquellos con los que compartí aunque fuese unos minutos. Estos encuentros presenciales tienen sus ventajas y sus inconvenientes: por un lado, puedes abrazar a esa gente a la que conoces en lo virtual y echas de menos en lo presencial, pero por otro resulta complicado hablar con todos en tan poco tiempo. No insistiré en la emoción de poner cara a tantos avatares de Twitter o el placer de tomarse un aperitivo con profesionales a quienes admiras profundamente. Si queréis conocer todo lo que pasó, os recomiendo que rebusquéis entre los enlaces que recopiló Sergio Mestre en este storify.


Ante la incapacidad de mencionar uno a uno sin dejarme a nadie, en esta nota voy a agradecer de manera general el cariño de todos los que acompañaron en esa jornada y también manifestar mi particular reconocimiento a Juanfra Álvarez por su paciencia y profesionalidad durante el taller y las pechakuchas. 
De paso, aprovecho para enlazar mi pechakucha "Sueñan los profes con tareas eclécticas", en la que se hacía referencia al proyecto "20 años después...", que surgió a partir del MOOC sobre Aprendizaje Basado en Proyectos del INTEF, y del que podéis encontrar más información en mi blog De textos.
Gracias a las ubicuas tecnologías, tenéis ocasión de ver y escuchar la pechakucha en distintos formatos y desde distintos puntos de vista, pero no os preocupéis, porque, en el fondo, lo que importa es soñar.
Feliz verano
 

Dotando de sentido a la sinrazón


Todos los finales de curso acaba uno enfadado, sobre todo porque alguien, desde un despacho, considera que la Educación no es un oficio humano sino un tablero estadístico en el que se juega con piezas que cuestan tanto o cuanto dinero. No os cansaré con el tema de las características particulares de mi centro ni con las filigranas que hemos de hacer todos los años para cuadrar horarios (ni de las protestas que elevamos año tras año). Si creéis que exagero, os dejo solo un dato: para el curso que viene tenemos 6 grupos de 1º de ESO (unos 180 alumnos), 3 grupos de 4º ESO (menos de 70) y un 2º de Bachiller (no llega a 30). ¿Se puede hacer más visible el fracaso y el abandono escolar?
Pero no voy a ser pesimista. Esta nota está dedicada a mis alumnos/as de PQPI, un alumnado especialmente destinado al fracaso escolar y al que logramos salvar con mejor intención que recursos. He hablado ya en el blog de mi decisión de no hacer exámenes con este grupo y también he contado algunos de los proyectos que hemos llevado a cabo este año y que he recogido este Symbaloo. Por eso, me parece una sinrazón que ahora, con la FP básica, se nos deje fuera del PQPI y se nos asigne de oficio un programa exclusivamente diseñado para combatir el absentismo y favorecer la integración, un programa que no conduce a ninguna titulación, un programa que viene a decir a nuestro alumnado -a voz en grito- que no se esfuercen por salir del fracaso, que ya tienen un lugar en el que ocupar el rato hasta los 23 años (que es la edad límite). Es una sinrazón porque los programas de PQPI estaban funcionando bien ahora, después de que los profes nos los hayamos tomado en serio y hayamos puesto algo de nuestra parte para que cumplan con su cometido.
A pesar de tanta sinrazón, si algo ha dotado de sentido a este curso de PQPI ha sido la última tarea del año, el trabajo dentro del proyecto El barco del exilio. Por un lado, hemos leído y recuperado al maestro Benedetti y por otro hemos realizado un trabajo sobre el Stanbrook. En este último, los alumnos, por parejas, se ponían en la piel de algunos de los protagonistas que aparecen en esta noticia: El Stanbrook, los últimos exiliados de la República y en el documental "Cautivos en la arena". A partir de ello construían un diario en primera persona sobre las vidas de aquellos que huyeron de la represión franquista.
Los resultados se pueden leer en este documento:

En su día, me sorprendieron mucho el afán y la emoción de Katya y Carliane a la hora de documentarse y revivir las penurias de Helia González, una de esas supervivientes del Stanbrook. Indagando sobre ella, descubrí que seguía activa y reivindicativa. Me puse en contacto con su hijo Jorge y le conté el proyecto. Me dio permiso para enviarle a su madre los diarios de mis alumnos y para publicar este intercambio epistolar. El remate del proyecto llegaría en forma de correo electrónico de la propia Helia, que reproduzco a continuación:

Estimado Toni Solano:
  Mi hijo me hizo llegar en su día los trabajos de sus alumnos -las dos chicas que estaban en jardinería y el chico que también escribió un trabajo muy interesante- y el amable escrito suyo.
  Me ha emocionado en primer lugar su iniciativa de trabajar este tema tan entrañable para mí y luego cómo los alumnos han sabido reflejar tan hondamente la situación que viví.
  Felicito con todo mi cariño a usted y sus alumnos. Gracias, porque solo ustedes los profesores pueden trabajar nuestras memorias para los jóvenes, tan ignorantes de todo esto. Yo doy charlas en los institutos, las universidades y las asociaciones que me solicitan. Creo que la gran ignorancia y las grandes falsedades que han llegado a los oídos de los jóvenes solo nosotros podemos subsanarlas.
  Gracias.
Helia González

Mis alumnos pueden sentirse satisfechos: su tarea ha tenido sentido. Además, todo el grupo ha obtenido su título de ESO, lo que demuestra que hay caminos para luchar contra el fracaso, siempre que seamos algo más que piezas de un ajedrez económico. Todos ellos han demostrado ser más humanos y capaces que quienes diseñan para ellos unos itinerarios sin salida, unas vías muertas de sinrazón educativa.

Crédito de la imagen: 'Escape from Life'

Memoria de la buena


En el ámbito docente, hay dos tipos de memoria: la que sirve para reflexionar, aprender y mejorar, y la que se archiva en un departamento para que nadie la lea. La memoria que me interesa es la primera, memoria de la buena, la que trato de recoger en este blog o en los distintos blogs de aula que mantengo. Recopilé hace poco los trabajos de 2º de ESO dentro del Plan Lector; ahora toca hacer memoria, de la buena, de lo que hemos trabajado en 1º de Bachiller. 
Como en el curso anterior, hemos desarrollado el proyecto "Piénsame el amor y te comeré el corazón", un proyecto que aglutina diversas competencias y que exige el dominio de destrezas comunicativas en diversos códigos y medios. Como novedades, este año teníamos los libros del proyecto, así que los materiales eran más accesibles y homogéneos; también hemos optado por el modelo pechakucha, sin paliativos, lo que ha resultado una gran sorpresa, ya que el alumnado se ha adaptado bastante bien a este modo de contar.


Por otro lado, para dar respuesta a las competencias digitales, hemos mantenido el proyecto del Portafolio Digital, en el que cada alumno ha difundido sus trabajos.
El balance general ha sido satisfactorio. La mayor parte de los problemas se han debido a la falta de tiempo para trabajar en grupo o para hacer compatibles las tareas con otras asignaturas. Creo que, más allá de las posibles mejoras, ha valido la pena insistir en las presentaciones orales y en la autoevaluación. Se van, al menos, con la experiencia de defender ante un público un proyecto de investigación... en menos de 7 minutos, que no es fácil.
Os dejo los enlaces para que podáis ver los trabajos: