Paradojas e inconvenientes de los LMS tradicionales en el ámbito universitario

La llegada del EEES (Espacio Europeo de Educación Superior) ha puesto de relieve la necesidad de incorporar las TIC al proceso educativo. Ello en sí mismo no representa novedad alguna, pues las TIC ya forman parte habitual de nuestras vidas educativas, con una presencia cada vez mayor que se inicia con la implantación de los primeros LMS (Learning Management Systems), allá por los años 90, y que alcanza su máximo auge en torno a 2003 con la popularización de la enseñanza on-line.

Juan Freire destaca en su artículo ¿Cómo matan las universidades la posibilidad de innovación?: Software libre para educación propietaria que, desde sus inicios, los LMS eran sistemas comerciales cerrados, de difícil aprendizaje y de difícil adaptación a necesidades específicas fuera de las predefinidas por el propio sistema. El elevado coste de este tipo de plataformas hizo que las Universidades comenzasen a optar por soluciones de código abierto, como Moodle, con una significativa implantación a lo largo de los últimos años.

Pero la intención del EEES va bastante más allá, y la novedad que se plantea respecto al uso de las TIC en la educación reside en lograr que el empleo de estas herramientas suponga innovación pedagógica, potenciando el trabajo en grupo y la relación social, y facilitando el aprendizaje cooperativo. Así, el primer problema reside en que los LMS poco pueden aportar en estos aspectos más informales y de tipo social del aprendizaje, al tratarse de entornos muy poco flexibles, enfocados casi exclusivamente al aprendizaje formal, organizado, estructurado y gestionado de forma centralizada por un profesor en torno a un aula, en la línea de la antigua Web 1.0, donde el alumno apenas goza de protagonismo. Estos LMS proponen un modelo donde "el aula es una isla privada", al permitirse únicamente las relaciones dentro del aula, y no producirse flujo de contenidos ni interacción con su exterior en ninguna dirección.

Si nos detenemos a analizar este escenario de nuestra Universidad, en el que se da una presencia importante de plataformas institucionales de tipo LMS, pronto vislumbramos las curiosas paradojas que llegan a producirse:

  • A pesar de la fuerte evolución de las TIC, no parece que las prácticas docentes hayan cambiado sustancialmente. En muchos casos, las TIC se han incorporado a la Universidad ligadas a prácticas docentes directivas y poco participativas. Es un hecho más que conocido que muchos profesores sólo usan estas plataformas poco más que como repositorio de documentos.
  • Por contra, los profesores concienciados en el uso de las TIC se encuentran con una plataforma institucional esencialmente 1.0, tecnología obsoleta en plena expansión del fenómeno Web 2.0.
  • Desde el punto de vista de los alumnos, típicamente usuarios avanzados en las herramientas 2.0, los LMS tradicionales son plataformas obsoletas, con contenidos cerrados y prestaciones inferiores a las que habitualmente usan. Enrique Dans, en su artículo Educación online: plataformas educativas y el dilema de la apertura (publicado en la Revista de Universidad y Sociedad del Conocimiento), se refiere a esta situación como antinatural, una regresión al pasado en la que se debe renunciar a la filosofía de trabajo que se está implantando en el mercado profesional.

Aún usando el modelo de "isla privada", los LMS pueden resultar herramientas de utilidad para el aprendizaje formal, ámbito en el que no existe una alternativa que ofrezca una funcionalidad similar, fundamentalmente en lo que se refiere a la planificación y asignación secuencial de tareas y a la evaluación y seguimiento del alumno.

Pero es cierto también que donde resulta realmente útil esta funcionalidad es en el caso de la formación no presencial, poco habitual en el caso universitario donde, en cambio, Internet se está convirtiendo cada vez más en una plataforma donde se desarrollan procesos de aprendizaje informal que el sistema educativo no puede obviar, tal y como se expresa también Juan Freire en su artículo de esa misma revista Cultura digital y prácticas creativas en educación. Muchas veces, la necesidad de contenidos y ayuda surge de la propia conversación con personas que comparten intereses y problemas comunes. En toda comunidad, y en la universitaria más, si cabe, sus integrantes atesoran una enorme y valiosísima cantidad de conocimiento no estructurado, sólo conocido por cada persona, que incluso no siempre es consciente de él, y que resulta difícil de comunicar al resto de la comunidad. El gran reto que tienen ante sí las plataformas de E-Learning es lograr convertir en explícito una parte importante de este conocimiento tácito.

En este sentido, los LMS apenas ofrecen soporte al aprendizaje informal ya que se requiere, fundamentalmente, de relaciones sociales entre los miembros de la comunidad de interés, o dicho de otra forma, se necesita que "las aulas no sean islas cerradas y los alumnos se puedan relacionar y charlar en los pasillos".

Otro gran inconveniente derivado del modelo de "isla privada" de los LMS es que tanto los contenidos facilitados por profesores como los creados por los alumnos (es decir, su e-portfolio) no pueden ser accedidos desde fuera del aula. Este dilema acerca de la privacidad de los contenidos está muy de actualidad desde el momento en que instituciones tan prestigiosas como el MIT empezaran a publicar material docente sin restricciones (Open CourseWare). La disponibilidad de contenidos se está convirtiendo en una potente herramienta para incrementar la relevancia y visibilidad de la institución en la Red, lo que supone un claro escaparate e indicador de su calidad, llegando a ser un factor competitivo de crucial importancia, hecho al que Enrique Dans dedica precisamente el artículo anteriormente citado.

Sin duda, es el momento de evolucionar hacia el aprendizaje social y las Universidades no pueden quedarse al margen. Seguiremos con ello en un próximo post.

Paradojas e inconvenientes de los LMS tradicionales en el ámbito universitario

La llegada del EEES (Espacio Europeo de Educación Superior) ha puesto de relieve la necesidad de incorporar las TIC al proceso educativo. Ello en sí mismo no representa novedad alguna, pues las TIC ya forman parte habitual de nuestras vidas educativas, con una presencia cada vez mayor que se inicia con la implantación de los primeros LMS (Learning Management Systems), allá por los años 90, y que alcanza su máximo auge en torno a 2003 con la popularización de la enseñanza on-line.

Juan Freire destaca en su artículo ¿Cómo matan las universidades la posibilidad de innovación?: Software libre para educación propietaria que, desde sus inicios, los LMS eran sistemas comerciales cerrados, de difícil aprendizaje y de difícil adaptación a necesidades específicas fuera de las predefinidas por el propio sistema. El elevado coste de este tipo de plataformas hizo que las Universidades comenzasen a optar por soluciones de código abierto, como Moodle, con una significativa implantación a lo largo de los últimos años.

Pero la intención del EEES va bastante más allá, y la novedad que se plantea respecto al uso de las TIC en la educación reside en lograr que el empleo de estas herramientas suponga innovación pedagógica, potenciando el trabajo en grupo y la relación social, y facilitando el aprendizaje cooperativo. Así, el primer problema reside en que los LMS poco pueden aportar en estos aspectos más informales y de tipo social del aprendizaje, al tratarse de entornos muy poco flexibles, enfocados casi exclusivamente al aprendizaje formal, organizado, estructurado y gestionado de forma centralizada por un profesor en torno a un aula, en la línea de la antigua Web 1.0, donde el alumno apenas goza de protagonismo. Estos LMS proponen un modelo donde "el aula es una isla privada", al permitirse únicamente las relaciones dentro del aula, y no producirse flujo de contenidos ni interacción con su exterior en ninguna dirección.

Si nos detenemos a analizar este escenario de nuestra Universidad, en el que se da una presencia importante de plataformas institucionales de tipo LMS, pronto vislumbramos las curiosas paradojas que llegan a producirse:

  • A pesar de la fuerte evolución de las TIC, no parece que las prácticas docentes hayan cambiado sustancialmente. En muchos casos, las TIC se han incorporado a la Universidad ligadas a prácticas docentes directivas y poco participativas. Es un hecho más que conocido que muchos profesores sólo usan estas plataformas poco más que como repositorio de documentos.
  • Por contra, los profesores concienciados en el uso de las TIC se encuentran con una plataforma institucional esencialmente 1.0, tecnología obsoleta en plena expansión del fenómeno Web 2.0.
  • Desde el punto de vista de los alumnos, típicamente usuarios avanzados en las herramientas 2.0, los LMS tradicionales son plataformas obsoletas, con contenidos cerrados y prestaciones inferiores a las que habitualmente usan. Enrique Dans, en su artículo Educación online: plataformas educativas y el dilema de la apertura (publicado en la Revista de Universidad y Sociedad del Conocimiento), se refiere a esta situación como antinatural, una regresión al pasado en la que se debe renunciar a la filosofía de trabajo que se está implantando en el mercado profesional.

Aún usando el modelo de "isla privada", los LMS pueden resultar herramientas de utilidad para el aprendizaje formal, ámbito en el que no existe una alternativa que ofrezca una funcionalidad similar, fundamentalmente en lo que se refiere a la planificación y asignación secuencial de tareas y a la evaluación y seguimiento del alumno.

Pero es cierto también que donde resulta realmente útil esta funcionalidad es en el caso de la formación no presencial, poco habitual en el caso universitario donde, en cambio, Internet se está convirtiendo cada vez más en una plataforma donde se desarrollan procesos de aprendizaje informal que el sistema educativo no puede obviar, tal y como se expresa también Juan Freire en su artículo de esa misma revista Cultura digital y prácticas creativas en educación. Muchas veces, la necesidad de contenidos y ayuda surge de la propia conversación con personas que comparten intereses y problemas comunes. En toda comunidad, y en la universitaria más, si cabe, sus integrantes atesoran una enorme y valiosísima cantidad de conocimiento no estructurado, sólo conocido por cada persona, que incluso no siempre es consciente de él, y que resulta difícil de comunicar al resto de la comunidad. El gran reto que tienen ante sí las plataformas de E-Learning es lograr convertir en explícito una parte importante de este conocimiento tácito.

En este sentido, los LMS apenas ofrecen soporte al aprendizaje informal ya que se requiere, fundamentalmente, de relaciones sociales entre los miembros de la comunidad de interés, o dicho de otra forma, se necesita que "las aulas no sean islas cerradas y los alumnos se puedan relacionar y charlar en los pasillos".

Otro gran inconveniente derivado del modelo de "isla privada" de los LMS es que tanto los contenidos facilitados por profesores como los creados por los alumnos (es decir, su e-portfolio) no pueden ser accedidos desde fuera del aula. Este dilema acerca de la privacidad de los contenidos está muy de actualidad desde el momento en que instituciones tan prestigiosas como el MIT empezaran a publicar material docente sin restricciones (Open CourseWare). La disponibilidad de contenidos se está convirtiendo en una potente herramienta para incrementar la relevancia y visibilidad de la institución en la Red, lo que supone un claro escaparate e indicador de su calidad, llegando a ser un factor competitivo de crucial importancia, hecho al que Enrique Dans dedica precisamente el artículo anteriormente citado.

Sin duda, es el momento de evolucionar hacia el aprendizaje social y las Universidades no pueden quedarse al margen. Seguiremos con ello en un próximo post.